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domingo, 26 de abril de 2015

Al PP se le "mueren" los votantes, Ciudadanos llega al rescate

El Partido Popular tiene un problema. De acuerdo al barómetro de intención del voto del CIS publicado en enero, el partido genovita se hace viejo y su mayor franja de votantes se sitúa en el tramo de 65 años en adelante. En extremo opuesto, también es la formación que reúne una menor cantidad de voto joven en la entre 18 y 34 años. Da igual tomar la respuesta espontánea o la que conjuga el voto con la simpatía declarada por los encuestados. Mientras el PSOE y Podemos son más transversales, los de Mariano Rajoy están abocados o renovarse o perder apoyo según envejezca su electorado. La situación, como es lógico, empeora con el paso de los años: en 2011, el apoyo de los primeros votantes superaba el 30%.

La brecha entre los partidos tradicionales con los electores noveles va más allá de la corbata y la edad de los líderes políticos. La conexión con la cultura de la Transición desaparece entre las nuevas generaciones. Las viejas estructuras se doblegan bajo el peso de la corrupción. Pero el problema real es el lenguaje y las formas. Y ahí es donde entra Ciudadanos.

Pese a compartir la inmensa mayoría de su ideario político con el PP, Albert Rivera es savia nueva. Treintañero, preparado, seguro de sí mismo, solvente y capaz, el catalán mantiene la compostura cuando Rajoy tartamudea y siente temblar su párpado izquierdo –señal, dicen las malas lenguas de que miente-. Uno puede hablar de renovación sin perder credibilidad. El otro, no.

Rivera es un producto de marketing bien estudiado capaz de ser el buen colega, el novio agradable, el yerno perfecto y el nieto amoroso. La transversalidad social convertida en opción política. De poco sirve que el PP haya contraatacado con ‘cachorros’ jóvenes como Borja Semper o Pablo Casado, cada vez más presentes en los medios de comunicación. El carné azul pesa demasiado.

Querido enemigo

Ciudadanos es hoy, a la vez, el mejor amigo y el peor enemigo del PP. Y, sin embargo, es una doble tabla de salvación: la del votante conservado que ha dejado de verse representado por el puro de Mariano Rajoy o el descaro aristocrático de Esperanza Aguirre y, lo que es más importante, la de los gobiernos autonómicos y municipales del partido.

Los resultados de las elecciones andaluzas apuntan a que Génova tendrá un serio problema en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 24 de mayo. El PP perdió en marzo uno de cada tres votos conseguidos en 2012: 1.064.168 andaluces votaron a Juan Manuel Moreno Bonilla frente a 1.570.833 que respaldaron a Javier Arenas hace tres años. Medio millón de votos menos. La mitad de ellos, unos 223.000, han ido a parar a Ciudadanos, según Metroscopia.
Fuente: Metroscopia


El partido que hasta hace poco limitaba su proyección electoral a Cataluña, ha conseguido entrar en el Parlamento andaluz con nueve escaños y 369.000 votos. ¿Es el descalabro del PP en Andalucía el que ha hecho posible la aparición de Ciudadanos en la comunidad autónoma más grande y poblada de España o ha sido al revés? ¿Se debe el descalabro del PP a la aventura de Ciudadanos fuera de Cataluña?

Simbiosis

La demoscopia demuestra la existencia de una relación simbiótica entre ambas formaciones y cómo Ciudadanos aprovecha la existencia del caladero ajeno para hacerse fuerte.

El barómetro de Metroscopia de enero ya le daba un 8,1% de intención de voto a nivel nacional, cifra que ha ido aumentando: 12,2% en febrero y 18,4% en marzo, prácticamente empatado con el PP (18,6%). La mayoría de los institutos de medición registran un ascenso meteórico y una entrada en tromba en el Congreso de los Diputados: myWord le daba un 19% de intención de voto a principios de marzo; Simple Lógica un 18%. El desembarco en las autonomías también promete: Sigma Dos le otorgaba de15 a 16 escaños en la Comunidad Valenciana o 22-23 diputados en Madrid. Además, sería la llave para gobernar los ayuntamientos de las dos capitales. Un golpe perfecto.

En paralelo, el PP continúa su cuesta abajo. De ganar las elecciones generales de noviembre de 2011 con el 44,62% de los votos, hoy las encuestas más optimistas le conceden prácticamente la mitad de la intención de voto a nivel nacional.

Ambas formaciones están atrapadas por una vorágine mediática de sondeos que refuerzan la moral de la formación naranja y debilita la de los populares, poniendo en práctica una versión acelerada de la espiral del silencio, según la cual el votante busca los grupos más fuertes y esconde su pertenencia a los aparentemente más débiles por simple instinto de supervivencia social. La popularidad proporciona más visibilidad y por lo tanto más expectativas de éxito al grupo en auge. El débil, en cambio, desaparece poco a poco de la escena. Es el mismo proceso que se daba entre los votantes socialistas y Podemos hasta hace tan solo unas semanas.

El votante de derechas ha encontrado por primera vez una válvula de escape hacia la que canalizar su decepción. Antes de ello, casi tres millones de votantes habituales o recientes del PP optaron por la abstención. Ni Vox ni UPyD les convencieron.

La paradoja

El 24 de mayo muchos votantes del PP se pasarán a Ciudadanos y el PP perderá sus mayorías absolutas en muchos municipios y comunidades autónomas. Y ahí es donde Albert Rivera se hará fuerte, pero también débil en su discurso centrista: el sesgo conservador aumenta y el 21,7% de los encuestados por el CIS ya le identifica con el centro derecha.

El PP no tiene aliados naturales. Hasta la fecha la soledad del PP en el mapa político le obligaba a ganar siempre por mayoría absoluta si quería. Ni los partidos nacionalistas ni los diferentes partidos en la izquierda cuentan a priori como posibles socios de gobierno en ayuntamientos, comunidades autónomas y en el Congreso de los Diputados.

Begoña Villacís, candidata de la formación naranja en el Ayuntamiento de Madrid, ya ha anunciado públicamente que pactará con el partido más votado. Su jefe de filas matizó que no entrarán en los gobiernos. La opción inteligente sin mayoría absoluta es facilitar la investidura apelando a la estabilidad y condicionar las políticas de Gobierno desde fuera, siendo el PP el que asuma el desgaste.

El PP está perdiendo votantes, se está desangrando. Pero esos votos no van a caer en el vacío, ya que el voto a Ciudadanos se transformará en un voto indirecto al PP, que salvará así gran parte de sus feudos.

Si la tendencia se mantiene, los años del poder omnímodo se han acabado. El rey ha muerto. Viva el rey.

Artículo escrito en colaboración con Ángel Calleja.

Disponible en la web "Las Malas Noticias"

lunes, 10 de febrero de 2014

“Yo no voté al PP”, un síntoma de cambio en la tendencia electoral

En las elecciones generales de noviembre de 2011 el Partido Popular arrasó con el 44,62% de los votos. Dos años más tarde, según el Barómetro del CIS de enero de 2014, uno de cada cuatro votantes del PP encuestados “no recuerda” haberles votado. Es, sin duda, un síntoma de un cambio en la tendencia electoral.

El 20 de noviembre de 2011 más de 10,8 millones de españoles confiaron su voto al PP y le dieron una mayoría absoluta de 186 diputados en el Congreso, 76 más que el PSOE, que consiguió 6,9 millones de votos en uno de los peores resultados electorales de su historia con un 28,7%.

Dos meses después de las elecciones, en enero de 2012, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicó un barómetro en el que se reflejaba la resaca de la victoria del PP. Un 36,8% de los encuestados opinaba que el país mejoraría ese año y un 43,3% pensaba que el nuevo Gobierno de Rajoy haría las cosas mejor que el anterior gobierno socialista. Eran muy buenos tiempos para el PP y sus votantes miraban el futuro con confianza y estaban satisfechos por haber elegido a la opción ganadora. El barómetro lo reflejaba con un recuerdo de voto al PP del 39,1% entre los encuestados.

Los votantes socialistas, en cambio, estaban desolados. El PSOE había sido desalojado de La Moncloa en medio de un clima de rechazo social a las siglas y a su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. El candidato de 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba, arrastraba ese rechazo como demostraba el barómetro del CIS de enero de 2012, ya que un 74% de los encuestados mostraban ninguna o poca confianza en él. Este clima de desolación afectaba a los votantes y se reflejaba en el barómetro del CIS en que sólo el 23,7% de los votantes recordaban haber elegido al PSOE, cinco puntos menos de los que realmente lo habían hecho.

Sin embargo, dos años después, en el barómetro del CIS de enero de 2014, se refleja una situación completamente distinta con respecto al PP: Rajoy inspira poca o ninguna confianza al 88,1% de los encuestados y, lo más sintomático, sólo el 31,9% recuerda haber votado al PP en 2011. Es decir, casi uno de cada cuatro votantes del PP se ha “olvidado” de lo que había votado en las últimas elecciones generales. En cambio, el porcentaje del recuerdo de voto del PSOE se ha recuperado hasta llegar al 27% y casi corresponde al porcentaje de voto real (28,7%).


La atracción del “carro ganador”

La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, autora del clásico “La espiral del silencio”, observó un fenómeno curioso: un gran número de personas –se calcula que al menos el 5% del total de los electores- prefiere alinearse con el partido que presume que va a vencer sin ninguna otra razón que querer pertenecer al bando ganador, lo que se denomina el “efecto del carro ganador”. Sin embargo, y esto es lo interesante, el deseo de no ser incluido entre los perdedores provoca que otros muchos incluso se suban a él después de las elecciones aunque hayan apostado por los vencidos.

Elisabeth Noelle-Neumann
Noelle-Neumann lo explicaba así: “Si, por una parte, había una tendencia preelectoral reconocible de algunos electores a cambiar su voto en la dirección del ganador previsto, también había, por otra parte, una tendencia postelectoral a que más gente afirmase haber votado por el partido vencedor de lo que indicaran los votos recibidos por éste. Esto podría interpretarse, igual que el “efecto del carro ganador”, como un esfuerzo para estar con los ganadores, en esta ocasión “olvidando” selectivamente haber votado por otro partido”.

Es el caso de los votantes del PSOE que en enero de 2012 habían “olvidado” su voto de tan sólo dos meses antes. Sin embargo, lo curioso es que este mismo fenómeno está ocurriendo dos años después pero entre los votantes del PP.


La evolución del “olvido” del voto al PP


La evolución del “olvido” del voto al PP es paralela al deterioro de su imagen y el aumento de su rechazo social. Los distintos barómetros del CIS así lo atestiguan: si en enero de 2012 recordaban haber votado al PP el 39,1%, en julio de 2012 era el 34%; en octubre de 2012 el 30,8%; en enero de 2013 el 33,8%; en junio de 2013 30,2%; en octubre de 2013 el 29,3; y en enero de 2014 el 31,9%. Una evolución en forma de zigzag que cada vez se va alejando más del resultado real del 44,6% de noviembre de 2011.

En cambio, en el resto de partidos el recuerdo de voto se ha mantenido estable o se ha recuperado. En todo caso, siempre se mantiene cerca de los valores reales de las elecciones de 2011. Por ejemplo, si en enero de 2012 un número importante de votantes del PSOE renegaron públicamente de su decisión, el recuerdo rápidamente se recuperó en el siguiente barómetro de julio de 2012 con un 27%; en octubre de 2012 con un 29,8% (un punto más que el porcentaje real de votos); en enero de 2013 con un 27,7%; en junio de 2013 con una ligera caída hasta el 24,7%; en octubre de 2013 de nuevo con un 27,7%; y en enero de 2014 otra vez con un 27%, un número muy próximo al resultado real de 2011 (28,7%).  

Evolución del recuerdo del voto. Elaboración propia.

Los votantes de Izquierda Unida y de UPyD son fieles en el sentido de que no reniegan y dicen públicamente que han confiado en ellos, ya que el porcentaje de recuerdo de voto de ambos coincide básicamente con los resultados reales (IU 6,92%, y UPyD 4,69%). Sin embargo, y a pesar de los repetidos mensajes en los medios de comunicación sobre el supuesto “fin del bipartidismo” y del auge de estos partidos entre la opinión pública, no suman “recuerdos” de más de personas que pretenden subirse al carro ganador a posteriori, como sugería Noelle-Neumann. De hecho, UPyD, registra una caída importante en el último barómetro de enero de 2014 con respecto a recuerdos de voto anteriores: si en 2012 y 2013 la media del recuerdo era en torno del 4% (en octubre de 2013 del 4,9%), en enero de 2014 sólo era del 3,2%, un punto y medio menos que el resultado electoral del 2011.   

Es decir, en el barómetro el CIS de enero de 2014 y tras dos años de Gobierno del Partido Popular, casi uno de cada cuatro de sus votantes de 2011 se ha “olvidado” que les votó, mientras que los votantes del resto de los partidos de ámbito nacional sí recuerdan su voto. Se trata, sin duda, de un síntoma de que se está produciendo un cambio importante en la tendencia electoral que, de seguir así, podría poner fin a la hegemonía política del PP.


La “espiral del silencio” empieza a afectar al PP

La causa de este olvido es un reflejo de que a la mayoría de las personas no les gusta mostrarse públicamente en el bando perdedor. Noelle-Neumann explicaba que “a diferencia de la elite, la mayor parte de la gente no espera obtener un cargo o poder con la victoria. Se trata de algo más modesto: el deseo de evitar el aislamiento”.

En su teoría de “La espiral del silencio”, la politóloga alemana explicó, a grandes rasgos, que el ser humano siente miedo a verse socialmente aislado y por ello busca adaptarse a la opinión pública imperante en ese momento acercándose y apoyando la opinión que considera más fuerte. Eso da fuerza a los seguidores de esa corriente, que animados por ese apoyo creciente, no dudan en exteriorizar su opción dándole aún más publicidad y sensación de fuerza, lo que a su vez atrae a más personas. Por el otro lado, los seguidores de la corriente identificada como menos fuerte tratan de huir del aislamiento ocultando su preferencia, que va perdiendo así presencia social y se refuerza el rechazo.

En resumen: el miedo al aislamiento es la fuerza que pone en marcha la espiral del silencio”, según Noelle-Neumann

Aplicado al PP, el hecho de que vaya perdiendo apoyos a marchas forzadas en su intención de voto desde su espectacular victoria electoral en 2011, alimenta la percepción social de que es una opción en caída libre. Esta percepción, a su vez, aleja a cada vez más personas y, por lo tanto, alimenta la caída apoyos en las encuestas y en la calle. Es decir, el PP ha entrado en una espiral en la que el rechazo genera rechazo, lo que provoca una percepción muy negativa sobre sus posibilidades de éxito en el futuro.

Y las percepciones son vitales para el éxito político. Como explica Luis Arroyo, autor de “El poder político en escena”:La sensación de victoria posible es un requerimiento mínimo, un precio de entrada, para ganar unas elecciones, de manera que si no existiera efecto real neto de bandwagon (subirse al carro del ganador sin más consideraciones), la generación de un estado de opinión en el que un partido político es percibido como el dominante y ganador se convierte en la obsesión de los líderes”.

En el caso del PP, cada día que pasa se aleja de esa percepción de partido dominante  y, por lo tanto, pierde opciones para ganar las siguientes elecciones.

domingo, 10 de noviembre de 2013

UPyD ¿HA ENCONTRADO SU ESPACIO IDEOLÓGICO?

¿A quién representa el partido de Rosa Díez? Este partido de corta existencia se encuentra según las encuestas en una posición en la que aspira a influir en las futuras composiciones de gobierno a todos los niveles: local, regional e incluso nacional. Esa posición se debe a un crecimiento en la intención de voto se mediante un discurso diseñado para captar el mayor número de votos de otros partidos, primero del PSOE y ahora del PP. ¿Quién vota hoy a UPyD? ¿Ha encontrado ya su espacio ideológico?

Los pasados 1, 2 y 3 de noviembre UPyD celebró su II Congreso que finalizó con el mensaje claro de su líder Rosa Díez de que están dispuestos a gobernar: “Hemos hecho una tarea muy importante para preparar el partido para gobernar, para ser un instrumento de gobierno, no dentro de mucho, sino dentro de muy poco tiempo”, dijo. El mismo día en el que comenzaba su evento, UPyD quiso dejar clara su influencia entre los demás partidos a pesar de su pequeña representación institucional y anunció que ponía fin a su apoyo al gobierno socialista de Asturias.

También sacó pecho sobre su reciente iniciativa en el Congreso de los Diputados sobre la defensa de la unidad de España y la manera de cómo PP y PSOE tuvieron que seguirle el juego, provocando un duro conflicto entre el PSOE y el PSC: “Este grupo de cinco diputados ha tomado de la solapa a los dos principales partidos y ha conseguido que 286 diputados digan que la unidad de la nación es indisoluble”, afirmó una Rosa Díez visiblemente muy satisfecha y que presumió de coherencia: “Hoy puedo decir con orgullo en nombre de todo el partido que somos lo que decimos, decimos lo que hacemos y que somos lo que hacemos”. Ahora sólo falta saber ¿quiénes son esos votantes? Y ¿qué es lo que dice, hace y es UPyD?


Estancamiento en las encuestas
El último Barómetro del CIS, el de octubre de 2013, arroja un poco de agua fría en el optimismo desbocado de UPyD. Aunque esta encuesta le da un 7,7% de intención de voto, que sigue siendo bastante más que el 4,69% de los votos conseguidos en las elecciones generales de 2011, es sólo un 0,4% más que en octubre de hace un año. Es decir, según el CIS, UPyD está estancada. Sus votantes son los mismos que hace un año, al menos en número. Además, si se mide la intención de voto directa, es decir cuando se pregunta al encuestado directamente por qué partido va a votar y cuál es el que mayor simpatía le despierta, UPyD baja hasta el 6%.  

Fuente: El País


Otra encuesta recientemente publicada, la del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales para la revista Temas,  observa también un estancamiento en la intención de voto a UPyD. En este caso, los resultados serían un poco peores, entre un 7,2% en caso de baja participación electoral, y de un 6,8% en caso de que la participación sea alta. Hace un año, esta encuesta le daba a UPyD un resultado mejor: entre un 7,8% y un 8,9%. Esta ligera bajada de los datos de UPyD en el último año, a pesar de que las condiciones siguen siendo las mismas (crisis económica, desconfianza hacia los partidos tradicionales, etc.), hace que este estudio afirme que “este partido puede estar llegando a su tope de posibilidades políticas efectivas en torno al 6/7%”

Encuesta del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales para la revista Temas.


De camino hacia el centro-derecha
UPyD puede estar dejando de crecer y puede que se haya estabilizado entre un tipo concreto de electorado. Según las encuestas, ese electorado vendría, sobre todo, del PP, un partido que está sufriendo una sangría impresionante de apoyos desde su mayoría absoluta en 2011. Según el estudio para la revista Temas, “los votos que pierde el PP no van a parar a un solo partido, aunque UPyD crece de manera apreciable en los espacios de centro”. Es decir, este partido se está beneficiando de la huída de votos del PP. Por lo tanto, ¿se está convirtiendo UPyD en una formación de centro derecha?

Así lo ve el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales, que asegura que “los espacios de centro-centro es donde está penetrando UPyD, que ya tiene la mayoría de los apoyos en los espacios del 4 y del 5, con una creciente inflexión hacia los espacios situados en el centro derecha del espectro político”. Es decir, si el espectro ideológico español se midiera de uno a 10, siendo 10 la ultraizquierda y 1 la ultraderecha, la mayoría de la población situaría a UPyD en el 4,78, y a su líder Rosa Díez en el 4,98. Es decir, en el centro ligeramente escorado a la derecha.

Sin embargo, curiosamente, los votantes de UPyD sitúan a su partido en el 5,42, es decir, en el centro pero ligeramente escorado hacia la izquierda. ¿Es esta percepción un resto de tiempos pasados? Podría ser. Antes de las elecciones de 2011, UPyD se presentaba como una alternativa a un PSOE en el Gobierno muy desgastado y en ello tuvo mucho que ver el origen socialista de la propia Rosa Díez. Esto atrajo a muchos votantes socialistas, seducidos por un discurso centrado en la justicia social presuntamente herida por el PSOE y la profundización en los valores democráticos. Esto tuvo sus consecuencias en la percepción que se tenía de esta formación. Por ejemplo en 2010, los seguidores de este partido se atribuían un 6,25 en la escala, es decir, claramente en el centro izquierda.

Desde entonces, UPyD ha ido “derechizando” su imagen hasta llegar al 5,42 actual entre sus votantes y al 4,78 entre el resto de la población. La imagen de Rosa Díez vive el mismo proceso, ya que si hoy se la ubica en el mismo centro (4,98), hace un año se le situaba más hacia la izquierda, en el 5,98.

Es decir, UPyD no crece en intención de voto, pero en el margen en el que lo hace, su camino es hacia la derecha. ¿Es como simple consecuencia de su estrategia de caza de votantes de un PP malherido? O ¿se trata de una consecuencia lógica de un partido con un discurso de derechas?

Seguramente se trate de una combinación de ambos factores. Por un lado, UPyD trata de hacer leña del árbol caído de la crisis del PP, de la misma forma que se benefició en 2011 de la crisis del PSOE. Pero también es cierto que entre su acervo ideológico se encuentra en lugar muy destacado la defensa de la unidad de España y el enfrentamiento con los nacionalismos, hoy sobre todo con el catalán en pleno conflicto soberanista, y una posición dura con respecto a los presos de ETA. Son discursos muy aptos para pescar en el caladero del PP, a los que se suman gestos como el fin del apoyo al gobierno socialista en Asturias y el discurso ‘estándar’ de crítica a ambos partidos grandes, ya que el de Díez insiste constantemente en ser “diferente” y acusa a PP y a PSOE de ser los responsables de la crisis.  


¿Ha venido UPyD para quedarse?
Precisamente la crisis es la que ha hecho posible la eclosión de UPyD y su irrupción en el sistema político español. No tanto la crisis económica, como la crisis de confianza en los partidos políticos mayoritarios y en las instituciones políticas. UPyD se presenta como el partido de la transparencia, contra el derroche y de la participación democrática. Precisamente las demandas clave de buena parte de la ciudadanía desencantada con el sistema político español nacido en la Transición. UPyD es un partido actual, sin pasado orgánico. ¿Podría ser esa una de las claves de su éxito?

Los politólogos Rokkan y Lipset divulgaron en los años 60 el concepto de clivaje, un anglicismo que quiere decir “fisura” o “escisión”, y con el que trataron de analizar el surgimiento de los partidos políticos. Simplificando bastante la explicación de esta teoría, estos científicos pensaban que los partidos surgían como consecuencia de la existencia de conflictos sociales. Así, por ejemplo, del conflicto campo-ciudad surgieron los partidos agrarios; del conflicto entre trabajadores y propietarios de las fábricas surgieron los partidos socialistas; de los conflictos entre el Estado y la Iglesia surgieron los partidos cristianodemócratas; del conflicto centro-periferia nacieron los partidos nacionalistas; etc.  

Cabe preguntarse si UPyD ha nacido de un clivaje. ¿Es la consecuencia de la demanda de una parte de la ciudadanía descontenta con el sistema de partidos anterior a la crisis? Si fuera así habrá partido magenta para rato, ya que habría encontrado su sitio en un sistema de partidos al que no le ha quedado más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas demandas políticas. Es lo que opina Rosa Díez, que está convencida de que su partido ha llegado para quedarse. Por eso se presenta como la llave para dar y quitar gobiernos (como en Asturias), y en definitiva, como un actor fundamental en el sistema de partidos que tanto critica. La pregunta es si su sitio en el espectro de partidos es el centro derecha.

Todavía es pronto para saberlo, pero parece que este es el caso. UPyD se encuentra sumergido en el segundo ciclo político desde su fundación. En el primero (hasta 2011) se presentó como un partido progresista con el objetivo de cazar votos entre el electorado socialista, y en el segundo (desde 2011) defiende un discurso conservador para atraer a los votantes del PP. Como consecuencia UPyD aparece cada vez más como un partido de centro derecha, y parece que en este proceso está consiguiendo hacerse un hueco en el sistema de partidos, pero a costa de haber alcanzado su techo de intención de voto con un 6-7%. Puede estar allí mucho tiempo, sobre todo porque UPyD va en dirección contraria a la tendencia general en la sociedad española que es de avance hacia posiciones de izquierda (en 2013 la media de ubicación de los españoles en el espectro ideológico es de 6,12, es decir, de izquierda moderada, según el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales).


Es decir, puede que UPyD consiga muchos votos pescando en el caladero del PP que le permitan jugar un intenso papel institucional en el futuro, pero eso le posiciona como un partido de centro derecha, una ubicación ideológica que no podrá abandonar a corto o medio plazo si no quiere perder su credibilidad entre sus nuevos votantes y en la sociedad en general. Ahí radica el problema para UPyD: esos votos serán menos de los que habría podido conseguir si hubiera persistido en continuar su primer impulso y hubiera seguido compitiendo por los votantes de izquierda moderada, ya que esa es la tendencia ideológica de la mayoría de la población.    

martes, 19 de febrero de 2013

LA PRENSA Y LOS ESCÁNDALOS POLÍTICOS: EL CÓMPLICE NECESARIO


La política española está siendo sacudida por una tormenta de escándalos de corrupción que diariamente son publicados en los medios de comunicación. La sensación que dejan estos escándalos en la opinión pública es que la corrupción se ha apoderado del país, por lo que la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y en sus políticos está sufriendo un durísimo golpe. Pero esa desconfianza también afecta a los medios de comunicación, el mensajero suicida que traslada estos escándalos hasta los ciudadanos.   


El caso Bárcenas sólo es el último de una larga lista de escándalos de corrupción españoles. La lista de los que actualmente copan las páginas de los periódicos y los minutos en las radios y televisiones es preocupantemente larga: el caso Noos que implica a la Familia Real española, el caso Gürtel –emparentado con el caso Bárcenas-, el caso Palma Arena, el caso Pallerols de financiación ilegal de Unió Democràtica de Catalunya, etc. Estos casos, entre otros, son noticia hoy. Ayer fueron otros y antes de ayer otros. Los españoles conviven con los escándalos de corrupción en los medios de comunicación prácticamente desde hace veinte años. Y no es casualidad.

 

El catedrático de sociología Manuel Castells explica que los medios de comunicación han sustituido al parlamento o la plaza pública como el lugar del debate político. Como dice en su libro Comunicación y poder: “Los medios de comunicación son el espacio donde se crea el poder”. La consecuencia de la política mediática es la adaptación de la política a las necesidades de los medios. Estos necesitan contar historias atractivas y “entretenidas”, y eso se hace mejor con un rostro humano que con las siglas de un partido. Así pues, la consecuencia es la personalización de la política.

 

Ataque a la honradez del rival


Los electores buscan líderes de los que se puedan fiar, por lo que la (imagen de) honradez se convierte en uno de los pilares fundamentales para cualquier carrera política. O al revés, destruir la (imagen de) honradez del rival se convierte así en una de las prioridades de los contendientes políticos en su lucha por el poder. Aquí entran en juego los medios de comunicación, fundamentales para llevar a cabo el ataque decisivo entre políticos y difundirlo entre sus electores: el escándalo.

 

El problema es que este enfrentamiento basado en el escándalo se ha generalizado de tal manera que ya es lo habitual. Como dice Castells, “la política del escándalo es una forma de lucha por el poder más enraizada y típica que el desarrollo ordenado de la competencia política de acuerdo con las leyes del estado”.



Es decir, el escándalo de corrupción es parte de la munición habitual en la lucha diaria por el poder, un hábito que en España comenzó a partir de 1993 cuando el socialista Felipe González ganó las elecciones contra todo pronóstico y el PP comenzó a usar los escándalos para hacer caer su gobierno (casos Roldán, Filesa, GAL, Mariano Rubio, etc.).  



La política como “problema”

El escándalo político en España es pues un arma que se utiliza de manera indiscriminada y abusiva, sin tener en cuenta las consecuencias. Existen y son muy peligrosas, ya que como explica Castells, “Parece haber una conexión, si bien mediada y compleja, entre la política mediática, la política del escándalo y la disminución de la confianza en las instituciones políticas”.


Teniendo en cuenta el constante bombardeo al que están expuestos, no es casualidad que los españoles confíen cada vez menos en sus representantes públicos. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, “Los políticos en general, los partidos políticos y la política” son considerados por los encuestados el tercer problema más importante de España desde octubre de 2009.


La percepción de la política como un problema está aumentando. Así, si hace tres años y medio lo pensaba un 13,3% de los encuestados, en febrero de este año lo consideran así el 30,3%. En comparación, en septiembre de 1993 –el año de la última victoria electoral de Felipe González- sólo el 2,8% de los encuestados identificaron a los políticos como un problema. En cambio, en marzo de 1996, el mes de la primera victoria electoral del PP en una generales tras los escándalos que salpicaron al PSOE, un 14,7% de los encuestados desconfiaba de la política. ¿Casualidad o fruto de un proceso mediático basado en la política del escándalo?
 

El “mensajero suicida”

Los medios de comunicación son, por lo tanto, fundamentales en las luchas por el poder de las organizaciones políticas y cómplices necesarios para la puesta en práctica de la política del escándalo. Sin embargo, los medios deben tener cuidado ya que juegan con fuego. Manuel Castells afirma que “lo irónico es que como los medios de comunicación desempeñan un papel en la propagación de los escándalos y la deslegitimación de  las instituciones, corren el riesgo de perder su propia legitimidad ante su audiencia”. Es lo que el profesor David Fan llama el mensajero suicida.


Los medios de comunicación se han convertido en el lugar central en el que se desarrolla la lucha política. Eso tiene la ventaja de que así se aseguran una audiencia millonaria y que se convierten en actores con una gran influencia. Sin embargo, arrastran el mismo desgaste que sus cómplices.


Según una encuesta de Gallup publicada en septiembre de 2012, un 60% de los estadounidenses –país en el que la política del escándalo es una constante- desconfía de los medios de comunicación de masas. En España la cifra de los que no confían en los medios de masas es del 50%, según el último “Trustbarometer” de la consultora Edelman publicado el pasado 20 de enero.


Los medios de comunicación y la lucha política han entrado en una espiral autodestructiva muy preocupante para sus intereses. Tanto más si se tiene en cuenta que la revolución de internet ha roto los monopolios tradicionales de la comunicación.

miércoles, 13 de febrero de 2013

PP Y PSOE, SE ROMPE EL BALANCÍN ELECTORAL II

(Con datos actualizados de las últimas encuestas de Metroscopia, GESOP y el Barómetro del CIS de enero)

El año 2013 comienza con una incógnita que preocupa a los grandes partidos políticos. El gran desgaste que está sufriendo el PP en el Gobierno no está siendo recogido por el PSOE. ¿A dónde van los electores que ahora no confían en ambas formaciones? ¿A los partidos emergentes de IU y UPyD? ¿A la abstención?, o ¿volverán a alguno de los grandes en las siguientes citas electorales?


Los expertos hablan del ‘efecto balancín’ para explicar el comportamiento electoral de los españoles desde la Transición. Tradicionalmente, cuando un gobierno estaba quemado, se votaba en contra de su gestión y automáticamente el principal partido de la oposición se beneficiaba de ello. Es decir, cuanto peor le iba al partido en el poder, mejor le iba a su oponente. Sin embargo, según los datos de las últimas encuestas, la espectacular bajada de apoyos al PP no está beneficiando a un PSOE que no consigue remontar. Parece que el balancín se está rompiendo. 


El 20 de noviembre de 2011 el PP ganó las elecciones generales con una mayoría absoluta del 44,6% y el PSOE pasó a la oposición con un 28,8%. Un año después el desgaste del PP es evidente. Según las encuestas de Metroscopia (para El país) y GESOP (para El Periódico) publicadas el pasado 3 de febrero, y según el Barómetro del CIS del mes de enero publicado el pasado 6 de febrero, la bajada ha sido espectacular:


Metroscopia
 

Según Metroscopia, que basa sus datos partiendo de una participación del 53%, de la más baja registrada y tiene en cuenta el estado de opinión generado por el ‘caso Bárcenas’, el PP baja a un 23,9% de intención de voto, colocándose prácticamente igual que el PSOE, al que machacó en las elecciones generales de noviembre de 2011 con casi cuatro millones de votos de diferencia. Según la encuesta de GESOP esto se traduciría en la pérdida de 50 escaños por el PP que solamente le sacaría una decena de diputados a un PSOE que en la actualidad sufre una diferencia de 76 diputados en el Congreso.


Por su parte, el CIS es más benévolo con el PP (la encuesta se hizo antes de que estallara el ‘caso Bárcenas’), al que otorga unas expectativas de voto del 35%. Pero son nueve puntos menos que su resultado en las generales.

 

El PSOE no se beneficia del desgaste

En el pasado estos datos habrían significado automáticamente una buena noticia para el principal partido de la oposición, el PSOE. El llamado ‘efecto balancín’ habría llevado el voto descontento con el PP hacia la influencia socialista. No es un secreto que, por ejemplo, las elecciones de 1996 no las ganó Aznar sino que las perdió Felipe González (por los casos de corrupción, Roldán y Filesa), y que en 2004 no venció Zapatero, sino que perdió el PP por haber mentido en su gestión del 11-M (además de sucesos anteriores como el hundimiento del Prestige o el accidente del Yak 42).


Sin embargo, esta vez la pérdida de apoyos al PP no significa que vayan al PSOE. Los datos son elocuentes. Así, según el CIS, el PSOE tendría un respaldo del 30,2 %, casi dos puntos más que en octubre y que en las elecciones de 2011. Ganaría dos puntos, pero el PP perdería nueve. Hay siete puntos de diferencia que no pasan a los socialistas. Metroscopia habla de un 23,5% de intención de voto para el PSOE –empate con el PP- y GESOP de una subida de sólo una decena de escaños en el Grupo Socialista del Congreso.
 

Los datos son pues elocuentes: el PP se hunde y el PSOE se estanca o sube muy levemente. La pregunta entonces es, ¿a dónde van los votos que huyen del PP? La respuesta fácil sería hacia los partidos emergentes, en especial IU y UPyD a nivel nacional. Habrá que comprobarlo con datos.

 

El auge de los partidos ‘medianos’

En las generales de noviembre de 2011 Izquierda Unida consiguió el 6,9% de los votos y UPyD el 4,7%. Las encuestas actuales hablan, efectivamente, de una fuerte subida en ambos casos, tanta que ya comienza difícil referirse a ellos como partidos “pequeños”.


Izquierda Unida llegaría en torno al 15% de la intención de voto según Metroscopia,  y según GESOP podría doblar su número de escaños en el Congreso de los Diputados llegando a 22-25. El Barómetro del CIS es más moderado y afirma que obtendría el 9,4 % de los votos,  2,48 puntos más que en los comicios de 2011.


Con respecto a UPyD, según Metroscopia la intención de voto es del 13,6% (con una participación del 53%, hay que recordar). Es una subida espectacular que confirma una tendencia ascendente y que, según GESOP, podría hoy proporcionarle a esta formación entre 23 y 26 diputados en el Congreso donde sólo tiene cinco. Además, su líder Rosa Díez es la mejor valorada de los dirigentes políticos, según Metroscopia. El CIS, más comedido, dice que UPyD aumentaría 2,11 puntos respecto a las generales y obtendría el 6,8 % de los votos.

 

En el escenario más optimista para ambas formaciones, el de Metroscopia, el crecimiento conjunto sumaría casi un 18% de los votos y el PP habría perdido 20,7 puntos desde 2011. ¿Significa esto que los que votaron al PP ahora pasan a IU y a UPyD? Dudoso, sobre todo en el caso de Izquierda Unida, cuya política explícitamente de izquierdas para desmarcarse del PSOE haría muy extraño un cambio tan radical en el voto tan sólo un año después de apoyar a la derecha.


Por el otro lado, según los datos más moderados del CIS ambas formaciones solamente aumentarían conjuntamente en un 4,6%. Si el PSOE, como mucho, sólo aumenta en un 2% según el CIS pero el PP baja un 9%, ¿a dónde van los votos restantes?

 
Los ciudadanos, desencantados

La abstención puede ser el lugar natural de estos votantes en un clima en el que la política y los partidos son percibidos con cada vez mayor hostilidad por parte de los ciudadanos. El CIS muestra que un 21,5% de los encuestados tiene decidido que se abstendría y otro 19,7% no sabe o no contesta.


Este Barómetro del CIS revela que una amplia mayoría de encuestados se refiere a la situación política actual como mala o muy mala (77,4%) e igual o peor que hace un año (90%). Son datos espectaculares que se rematan con una percepción muy negativa del futuro, ya que un 76,7% de los encuestados asegura que la situación política será igual o peor dentro de un año. Nada bueno para los partidos de la oposición que pretenden conseguir el cambio en el gobierno.


Una de las causas de este sentimiento es la nefasta percepción que se tiene de los partidos y de los políticos, que ya son calificados como el tercer problema de los españoles detrás del paro y la economía. Un factor que, sin duda, ha contribuido a minar el prestigio del sistema de partidos es el de la corrupción, que en esta encuesta se sitúa en el cuarto lugar en el ranking de preocupaciones con tendencia a crecer teniendo en cuenta que este barómetro se realizó antes de que se hiciera público el ‘Caso Bárcenas’.


El balancín electoral se ha roto. La crisis está cambiando el sistema político que valía en España desde la Transición. El PP y el PSOE están perdiendo apoyos. Un nuevo partido, UPyD, se está consolidando y otros como IU, que parecían hace poco desahuciados, están recuperando terreno con rapidez. A nivel regional otras fuerzas con un mensaje radical como Amaiur o ERC también crecen a expensas de los partidos nacionalistas tradicionales.


¿Es una tendencia pasajera o se consolidará? Habrá que esperar hasta la siguiente cita electoral en junio de 2014 para el parlamento Europeo para comprobarlo.

lunes, 7 de enero de 2013

PP Y PSOE, SE ROMPE EL BALANCÍN ELECTORAL


El año 2013 comienza con una incógnita que preocupa a los grandes partidos políticos. El gran desgaste que está sufriendo el PP en el Gobierno no está siendo recogido por el PSOE. ¿A dónde van los electores que ahora no confían en ambas formaciones? ¿A los partidos emergentes de IU y UPyD? ¿A la abstención? o ¿volverán a alguno de los grandes en las siguientes citas electorales?


Los expertos hablan del ‘efecto balancín’ para explicar el comportamiento electoral de los españoles desde la Transición. Tradicionalmente, cuando un gobierno estaba quemado, se votaba en contra de su gestión y automáticamente el principal partido de la oposición se beneficiaba de ello. Es decir, cuanto peor le iba al partido en el poder, mejor le iba a su oponente. Sin embargo, según los datos de las últimas encuestas, la espectacular bajada de apoyos al PP no está beneficiando e un PSOE que no consigue remontar. Parece que el balancín se está rompiendo.  
Situación actual en el Congreso de los Diputados.

El 20 de noviembre de 2011 el PP ganó las elecciones generales con una mayoría absoluta del 44,6% y el PSOE pasó a la oposición con un 28,8%. Un año después el desgaste del PP es evidente. Según la encuesta publicada hace un mes por la revista Temas, el voto del PP se situaría entre el 29,4%y el 32,6% mientras que el del PSOE se encontraría entre el 27,3% y el 30,1%, según el tipo de participación electoral respectivamente. Por otro lado, una encuesta reciente para el periódico El Mundo publicada el pasado 30 de diciembre afirma que el PP obtendría el 36,7% de los y el PSOE el 30,7%.


Aunque la encuesta de El Mundo es bastante más favorable para el PP que la de Temas, habla de una pérdida de ocho puntos tras un año de gobierno, mientras que la de Temas va más lejos y señala un desgate de hasta 15. Encuestas más alejadas en el tiempo, como el Barómetro del CIS del pasado mes de octubre, el PP había perdido 8,7 puntos.

Encuesta de la revista Temas

El PSOE no se beneficia del desgaste del PP

En el pasado estos datos habrían significado automáticamente una buena noticia para el principal partido de la oposición, el PSOE. El llamado ‘efecto balancín’ habría llevado el voto descontento con el PP hacia la influencia socialista. No es un secreto que, por ejemplo, las elecciones de 1996 no las ganó Aznar sino que las perdió Felipe González (por los casos de corrupción, Roldán y Filesa), y que en 2004 no venció Zapatero, sino que perdió el PP por haber mentido en su gestión del 11-M (además de sucesos anteriores como el hundimiento del Prestige o el accidente del Yak 42).


Sin embargo, esta vez la pérdida de apoyos al PP no significa que vayan al PSOE. Los datos son elocuentes. Así, según la encuesta de El Mundo, el PSOE llega hasta el 30,7% de los sufragios frente al 28,8% en las elecciones generales de hace un año, y la revista Temas habla de un apoyo actual entre el 27,3% y el 30,1% según haya una baja o alta participación electoral. El Barómetro del CIS de octubre incluso habla de la pérdida de una décima de apoyo tras un año de oposición, situándose en el 28,6%.


Los datos son pues elocuentes: el PP se hunde y el PSOE se estanca. La pregunta es, ¿a dónde van los votos que huyen del PP? La respuesta fácil sería hacia los partidos emergentes, en especial IU y UPyD a nivel nacional. Habrá que comprobarlo.


En las generales de noviembre de 2011 Izquierda Unida consiguió el 6,9% de los votos y UPyD el 4,7%. Las encuestas actuales hablan, efectivamente, de una fuerte subida en ambos casos. Izquierda Unida, según El Mundo, pasaría ahora a tener el 9,8%. Temas habla de entre el 11,8% y el 12,1%, y el CIS en octubre hablaba del 9,4%. UPyD, por su parte, llegaría hoy al 7,1% (El Mundo), entre el 7,8% y el 8,9% (Temas) y 7,3% (CIS). Es decir, IU se beneficiaría de un crecimiento de entre un 2,5% en el peor y de un 5,2% en el mejor caso, mientras que UPyD se beneficiaría de un aumento de entre un 2,4% y un 4,2%.


En el escenario más optimista para ambas formaciones, el crecimiento conjunto sumaría casi un 10% de los votos, aproximadamente la cifra que dan las encuestas sobre el desgaste del PP. ¿Significa esto que los que votaron al PP y ahora se marchan pasan a IU y a UPyD? Dudoso, sobre todo en el caso de Izquierda Unida, cuya política explícitamente de izquierdas para desmarcarse del PSOE haría muy extraño un cambio tan radical en el voto tan sólo un año después de apoyar a la derecha. Por el otro lado, en el caso pesimista ambas formaciones solamente aumentarían conjuntamente en un 4,9%. Si el PSOE, como mucho, sólo aumenta en un 2% en el mejor de los casos, ¿a dónde van los votos restantes?


Los ciudadanos, desencantados

La abstención puede ser el lugar natural de estos votantes en un clima en el que la política y los partidos son percibidos con cada vez mayor hostilidad por parte de los ciudadanos. En el Barómetro del CIS de diciembre publicado el pasado 4 de enero, una amplia mayoría de encuestados se refiere a la situación política actual como muy mala (42%) y peor que hace un año (49%). Son datos espectaculares que se rematan con una percepción muy negativa del futuro, ya que un 80% de los encuestados asegura que la situación política será igual o peor dentro de un año. Nada bueno para los partidos de la oposición que pretenden conseguir el cambio en el gobierno.


Una de las causas de este sentimiento es la nefasta percepción que se tiene de los partidos y de los políticos, que ya son calificados como el tercer problema de los españoles detrás del paro y la economía. Un factor que, sin duda, ha contribuido a minar el prestigio del sistema de partidos es el de la corrupción, que en esta encuesta se sitúa en el cuarto lugar en el ranking de preocupaciones con tendencia a crecer.


El balancín electoral se ha roto. La crisis está cambiando el sistema político que valía en España desde la Transición. El PP y el PSOE están perdiendo apoyos. Un nuevo partido, UPyD, se está consolidando y otros como IU, que parecían hace poco desahuciados, están recuperando terreno con rapidez. A nivel regional otras fuerzas con un mensaje radical como Amaiur o ERC también crecen a expensas de los partidos nacionalistas tradicionales.

¿Es una tendencia pasajera o se consolidará? Habrá que esperar hasta la siguiente cita electoral en junio de 2014 para el Parlamento Europeo para comprobarlo.