domingo, 26 de abril de 2015

Al PP se le "mueren" los votantes, Ciudadanos llega al rescate

El Partido Popular tiene un problema. De acuerdo al barómetro de intención del voto del CIS publicado en enero, el partido genovita se hace viejo y su mayor franja de votantes se sitúa en el tramo de 65 años en adelante. En extremo opuesto, también es la formación que reúne una menor cantidad de voto joven en la entre 18 y 34 años. Da igual tomar la respuesta espontánea o la que conjuga el voto con la simpatía declarada por los encuestados. Mientras el PSOE y Podemos son más transversales, los de Mariano Rajoy están abocados o renovarse o perder apoyo según envejezca su electorado. La situación, como es lógico, empeora con el paso de los años: en 2011, el apoyo de los primeros votantes superaba el 30%.

La brecha entre los partidos tradicionales con los electores noveles va más allá de la corbata y la edad de los líderes políticos. La conexión con la cultura de la Transición desaparece entre las nuevas generaciones. Las viejas estructuras se doblegan bajo el peso de la corrupción. Pero el problema real es el lenguaje y las formas. Y ahí es donde entra Ciudadanos.

Pese a compartir la inmensa mayoría de su ideario político con el PP, Albert Rivera es savia nueva. Treintañero, preparado, seguro de sí mismo, solvente y capaz, el catalán mantiene la compostura cuando Rajoy tartamudea y siente temblar su párpado izquierdo –señal, dicen las malas lenguas de que miente-. Uno puede hablar de renovación sin perder credibilidad. El otro, no.

Rivera es un producto de marketing bien estudiado capaz de ser el buen colega, el novio agradable, el yerno perfecto y el nieto amoroso. La transversalidad social convertida en opción política. De poco sirve que el PP haya contraatacado con ‘cachorros’ jóvenes como Borja Semper o Pablo Casado, cada vez más presentes en los medios de comunicación. El carné azul pesa demasiado.

Querido enemigo

Ciudadanos es hoy, a la vez, el mejor amigo y el peor enemigo del PP. Y, sin embargo, es una doble tabla de salvación: la del votante conservado que ha dejado de verse representado por el puro de Mariano Rajoy o el descaro aristocrático de Esperanza Aguirre y, lo que es más importante, la de los gobiernos autonómicos y municipales del partido.

Los resultados de las elecciones andaluzas apuntan a que Génova tendrá un serio problema en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 24 de mayo. El PP perdió en marzo uno de cada tres votos conseguidos en 2012: 1.064.168 andaluces votaron a Juan Manuel Moreno Bonilla frente a 1.570.833 que respaldaron a Javier Arenas hace tres años. Medio millón de votos menos. La mitad de ellos, unos 223.000, han ido a parar a Ciudadanos, según Metroscopia.
Fuente: Metroscopia


El partido que hasta hace poco limitaba su proyección electoral a Cataluña, ha conseguido entrar en el Parlamento andaluz con nueve escaños y 369.000 votos. ¿Es el descalabro del PP en Andalucía el que ha hecho posible la aparición de Ciudadanos en la comunidad autónoma más grande y poblada de España o ha sido al revés? ¿Se debe el descalabro del PP a la aventura de Ciudadanos fuera de Cataluña?

Simbiosis

La demoscopia demuestra la existencia de una relación simbiótica entre ambas formaciones y cómo Ciudadanos aprovecha la existencia del caladero ajeno para hacerse fuerte.

El barómetro de Metroscopia de enero ya le daba un 8,1% de intención de voto a nivel nacional, cifra que ha ido aumentando: 12,2% en febrero y 18,4% en marzo, prácticamente empatado con el PP (18,6%). La mayoría de los institutos de medición registran un ascenso meteórico y una entrada en tromba en el Congreso de los Diputados: myWord le daba un 19% de intención de voto a principios de marzo; Simple Lógica un 18%. El desembarco en las autonomías también promete: Sigma Dos le otorgaba de15 a 16 escaños en la Comunidad Valenciana o 22-23 diputados en Madrid. Además, sería la llave para gobernar los ayuntamientos de las dos capitales. Un golpe perfecto.

En paralelo, el PP continúa su cuesta abajo. De ganar las elecciones generales de noviembre de 2011 con el 44,62% de los votos, hoy las encuestas más optimistas le conceden prácticamente la mitad de la intención de voto a nivel nacional.

Ambas formaciones están atrapadas por una vorágine mediática de sondeos que refuerzan la moral de la formación naranja y debilita la de los populares, poniendo en práctica una versión acelerada de la espiral del silencio, según la cual el votante busca los grupos más fuertes y esconde su pertenencia a los aparentemente más débiles por simple instinto de supervivencia social. La popularidad proporciona más visibilidad y por lo tanto más expectativas de éxito al grupo en auge. El débil, en cambio, desaparece poco a poco de la escena. Es el mismo proceso que se daba entre los votantes socialistas y Podemos hasta hace tan solo unas semanas.

El votante de derechas ha encontrado por primera vez una válvula de escape hacia la que canalizar su decepción. Antes de ello, casi tres millones de votantes habituales o recientes del PP optaron por la abstención. Ni Vox ni UPyD les convencieron.

La paradoja

El 24 de mayo muchos votantes del PP se pasarán a Ciudadanos y el PP perderá sus mayorías absolutas en muchos municipios y comunidades autónomas. Y ahí es donde Albert Rivera se hará fuerte, pero también débil en su discurso centrista: el sesgo conservador aumenta y el 21,7% de los encuestados por el CIS ya le identifica con el centro derecha.

El PP no tiene aliados naturales. Hasta la fecha la soledad del PP en el mapa político le obligaba a ganar siempre por mayoría absoluta si quería. Ni los partidos nacionalistas ni los diferentes partidos en la izquierda cuentan a priori como posibles socios de gobierno en ayuntamientos, comunidades autónomas y en el Congreso de los Diputados.

Begoña Villacís, candidata de la formación naranja en el Ayuntamiento de Madrid, ya ha anunciado públicamente que pactará con el partido más votado. Su jefe de filas matizó que no entrarán en los gobiernos. La opción inteligente sin mayoría absoluta es facilitar la investidura apelando a la estabilidad y condicionar las políticas de Gobierno desde fuera, siendo el PP el que asuma el desgaste.

El PP está perdiendo votantes, se está desangrando. Pero esos votos no van a caer en el vacío, ya que el voto a Ciudadanos se transformará en un voto indirecto al PP, que salvará así gran parte de sus feudos.

Si la tendencia se mantiene, los años del poder omnímodo se han acabado. El rey ha muerto. Viva el rey.

Artículo escrito en colaboración con Ángel Calleja.

Disponible en la web "Las Malas Noticias"

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