lunes, 23 de enero de 2012

RUSIA, LA ENERGÍA DE EUROPA

Si Rusia cerrara en pleno invierno sus gasoductos, Europa se congelaría. Es lo que ocurrió en enero de 2009, cuando Moscú cerró el grifo del gasoducto que transcurre por Ucrania por una disputa económica entre los dos países. Las consecuencias se hicieron notar en gran parte de Europa central y del este, totalmente dependientes del gas ruso. Las calefacciones de medio continente no funcionaron y la dureza del invierno hizo imposible que la vida transcurriera con normalidad. Sólo fueron pocos días, pero los suficientes para recordar a Europa que depende de Rusia y de sus materias primas para funcionar.

Rusia es uno de los mayores productores y exportadores de energía del mundo. Solamente en los primeros ocho meses de 2011 exportó un total de 109.400 millones de metros cúbicos de gas por un monto de 36.862 millones de dólares. Son cantidades desorbitantes que, más o menos, cubren el 33% del total de las necesidades energéticas de la Unión Europea. Esta cifra es una media, ya que la dependencia del gas ruso oscila, por ejemplo, entre el 40% del consumo en Alemania a casi el 0% en España (que se nutre del gas argelino). Por lo tanto, no es descabellado decir que la principal economía de la Unión Europea, Alemania, depende energéticamente de Rusia, lo que sería prácticamente lo mismo que decir que Rusia tiene una gran influencia energética y por lo tanto política en la UE.

Un ejemplo de esta influencia ocurrió en agosto de 2008 cuando Rusia invadió Georgia. Los tanques rusos entraron en Tiblisi con la excusa de ayudar a Osetia del Sur, pero con el objetivo claro y descarado de mantener a Georgia lejos de la OTAN y de la esfera de influencia de Occidente. Hubo una guerra y una invasión militar en toda regla, pero la Unión Europea mantuvo un silencio cómplice que de hecho avaló el ataque.

Otro ejemplo ocurrió hace escasas semanas cuando surgieron protestas en Rusia debido al fraude electoral en las legislativas. Se organizó un movimiento ciudadano, hubo manifestaciones y centenares de detenciones, y la popularidad del primer ministro Vladimir Putin –que ha anunciado que volverá a presentarse a las presidenciales en marzo- bajó a porcentajes inimaginables hace pocos años. Sin embargo, y pese a los evidentes casos de irregularidad electoral, la Unión Europea solamente alzó la voz de forma muy tímida, en contraste con las denuncias vehementes lanzadas en otros casos de fraude en las urnas.

Rusia controla la energía europea
Rusia controla la energía de Europa y la Unión Europea lo sabe. Gran culpa de ello lo tienen los gasoductos rusos, diseñados y construidos en gran parte en época de la URSS. Éstos garantizan la dependencia europea de Rusia ya que canalizan por territorio ruso no solamente el gas extraído de las profundidades de Siberia, sino también el que procede de los países independientes de Asia Central, antaño repúblicas soviéticas.  


El Proyecto Nabucco.
Por ello Bruselas lanzó en 2002 un proyecto estratégico de primer nivel para conseguir la diversificación de la procedencia energética, es decir, lograr que el gas que consuma Europa provenga de otras fuentes que no sean Rusia. Este es el llamado Proyecto Nabucco, un gasoducto que trata de llegar directamente desde Europa central a la zona del Cáucaso y a Asia Central sin pasar por territorio ruso. Este proyecto, sin embargo, está sufriendo grandes trabas y retrasos. No ha sido hasta 2010 que Turquía, el país clave del proyecto, ha aprobado y ratificado el paso de esta infraestructura por su territorio. Así, según la página web oficial del proyecto, se prevé que la construcción del gaseoducto comience en 2013 y que entre en funcionamiento en 2017.

Pero Rusia no espera quieta. Recientemente la propia Turquía ha echado un jarro de agua fría sobre la UE al firmar un acuerdo con Rusia para permitir el paso de otro proyecto de gasoducto por su territorio, el llamado South Stream, la competencia directa de Nabucco. Moscú está contraatacando. Sabe que Bruselas busca disminuir su dependencia de Rusia y por ello también se ha embarcado en un ambicioso proyecto de infraestructuras para adelantarse a su competencia, cubrir las posibles rutas alternativas y continuar así con el monopolio y su influencia política sobre la UE.

Es el caso del nuevo gasoducto North Stream, inaugurado el pasado noviembre por la canciller alemana Angela Merkel y el presidente ruso Dmitri Medvédev. Transcurre desde el norte de Alemania, por las profundidades del Mar Báltico, hasta Rusia y sus tierras del extremo norte ricas en yacimientos de gas natural. Gracias al North Stream Rusia puede suministrar gas directamente a Alemania sin intermediarios, especialmente la problemática Ucrania.

Nuevos horizontes: el Lejano Oriente
Por lo tanto la UE está lejos de escapar de su dependencia energética rusa. Es más, ésta parece consolidarse e incluso aumentar gracias a estos nuevos gasoductos lo que le proporciona a Rusia una ventaja estratégica a medio e incluso largo plazo. No es Bruselas la que puede diversificar sus importaciones, sino que es Moscú quien busca diversificar sus clientes y extender así su influencia energética y política a otras áreas, entre ellas la economía más pujante del mundo: China.

Valery Yazev, presidente de la Sociedad de Gas de Rusia, afirmó el pasado mes de noviembre que “Rusia necesita diversificar sus clientes y la dirección hacia el Oriente es la más prometedora para el sector energético ruso, debido a numerosas razones”. “Los programas de desarrollo de infraestructura de gas en Siberia, en el Lejano Oriente, ya están preparados, así como las exportaciones de gas hacia la región de Asia Pacífico”, aseguró.

Las economías más avanzadas y dinámicas son grandes productoras y exportadoras de bienes. Pero para mantener su producción, y por lo tanto su riqueza y nivel de vida, necesitan energía. Rusia tiene energía de sobra y las previsiones hablan de la capacidad rusa de poder exportar gas durante muchos años más. Según la UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) Rusia dispone del 27% de las reservas mundiales de gas natural. Suficiente para seguir abasteciendo a la Unión Europea –que según las previsiones incrementará su dependencia del gas ruso en un 50% en 2030- y continuar así influyendo en su política.

Rusia sigue siendo una gran potencia y es ahora más influyente que nunca en la política europea. Lo que no consiguieron los partidos comunistas ni el Ejército Rojo durante la guerra fría,  lo está consiguiendo el gas.

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