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miércoles, 17 de octubre de 2012

RUSIA SE REIVINDICA EN EL MUNDO


En las últimas semanas se han sucedido una serie de éxitos para Rusia en la escena internacional que refuerzan el papel de este gigante. Aunque continúa muy lejos de ser la superpotencia que en su día fue la URSS, la Rusia de hoy está en el tren del crecimiento económico, su influencia sobre Europa crece a medida que aumenta la dependencia energética de la UE y su papel en las antiguas fronteras soviéticas sigue siendo hegemónico. 


El pasado 2 de octubre se celebraron en Georgia las elecciones a la Presidencia del país. El enemigo de Rusia Mijail Saakasvili perdió y dará paso al millonario Bidzina Ivanishvili, que ha prometido rebajar la tensión entre ambos países después de la invasión rusa en 2008.


Ese año Saakasvili ordenó el ataque a Osetia del Sur, una región independizada de facto de Georgia y apoyada por Rusia. Fue un error de cálculo garrafal de la fuerza y la voluntad de Moscú, que no solamente expulsó a los georgianos, sino que atacó la propia Georgia imponiendo su voluntad. Esa voluntad ha supuesto poner fin a los sueños del ya ex presidente de integrar a Georgia en Occidente con una posible adhesión a la OTAN. Rusia no lo consiente y tras la derrota de Saakasvili, ese desafío en las fronteras rusas se ha alejado aún más.



Soldados rusos en Georgia, 2008.
Precisamente el control de las antiguas fronteras de la URSS por parte de Rusia se ha convertido en una obsesión tras la caída del imperio soviético en 1991. Moscú nunca ha abandonado la idea de ser la heredera de la URSS y de tener cierto derecho de tutela de las antiguas repúblicas soviéticas hoy independientes. Es la política llamada del “extranjero cercano”, y para ello cuenta con firmes aliados integrados en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) como Bielorrusia, Armenia, Kazajistán, Kirguistán o Tayikistán, país con el que el pasado 5 de octubre Rusia firmó un tratado por el que mantiene sus bases militares hasta el año 2042.


Parece un hecho algo exótico y lejano, pero su significado estratégico es muy alto. Tayikistán comparte frontera con Afganistán, por lo que se encuentra en primera fila ante un territorio muy conflictivo y con gran presencia militar occidental, cerca de China y con un potencial muy alto de recursos naturales. Tener soldados rusos en esa frontera supone, ante todo, un mensaje a la OTAN y a EEUU de dónde está el límite de su presencia en Asia Central.

 

Contra la presencia de EEUU en Asia Central

Precisamente los EEUU traspasaron ese límite en 2001 instalando una gran base militar en Uzbekistán rompiendo así el “monopolio” ruso en la zona. Sin embargo, en 2005 el gobierno de Tashkent exhortó a los estadounidenses a abandonar el país. El plazo de la retirada se cumple en 2014, y a pesar de los intentos de EEUU de mantener su presencia tan golosa en la zona después de su retirada de Afganistán también en 2014, el gobierno uzbeko a finales del pasado mes de agosto anunció que mantiene su decisión de que “no haya bases extranjeras en el país”. Otra buena noticia para los rusos.


Aunque Rusia al parecer está recuperando su estatus hegemónico en Asia Central, su política de controlar al “extranjero cercano” ha fracasado estrepitosamente en algunos lugares como los estados bálticos –integrados en la OTAN y en la UE- y es muy polémica en otros como Ucrania o la mencionada Georgia, donde la influencia rusa no es bienvenida pero cuenta con gran fuerza, la que otorga el gas y el petróleo.


Gaseoducto ruso en construcción.
Así, por ejemplo, en 2006 y 2008 Rusia cortó el suministro de gas a Ucrania imponiendo sus condiciones al gobierno surgido en 2004 de la llamada “revolución naranja” que quería acercar Ucrania a Occidente (a la OTAN y a la UE) y alejarla de la influencia rusa. Sin embargo, para Moscú Ucrania continúa siendo clave para considerarse una gran potencia. Por ello su empeño en estar presentes en las decisiones que se tomen en Kiev. Y la caída en desgracia y el encarcelamiento el pasado verano de la ex primera ministra y heroína de la “revolución naranja”, Yulia Timoshenko, es un síntoma de que Moscú continúa muy presente a orillas del Dniéper.
 

Ni los EEUU ni la Unión Europea, tanto en 2008 en Georgia como ese año en Ucrania, tomaron ninguna medida para defender a sus partidarios o amenazaron a Rusia por sus maniobras, excepto algunos gestos aislados de llamadas a boicotear el Eurocopa de fútbol que no quedaron en nada. Es el poder que da el contar con la mayor reserva de gas del mundo y una de las más altas de petróleo.


Socio de un club emergente

Rusia sabe que la energía es su gran baza en el mundo, lo que le permite estar entre los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), los estados que han experimentado un mayor crecimiento económico en la última década y que mejor proyección tienen para el futuro, con expectativas de superar a la UE a medio plazo y a EEUU a largo plazo. Si Moscú pertenece a este club es por sus reservas energéticas, pero sabe que tiene que diversificar y apostar para mantener su status.



Por eso el pasado 28 de septiembre la empresa petrolífera Rosneft firmó un acuerdo con Venezuela para explotar conjuntamente con la empresa estatal venezolana PDVSA la Faja petrolífera del Orinoco a cambio de un crédito de 1.500 millones de dólares. Es la primera vez que Rusia sale de su territorio para explotar yacimientos ajenos. Pero no se trata sólo de petróleo. El presidente venezolano Hugo Chávez explicó el día de la firma del acuerdo que las "relaciones cada día son más solidas", y destacó el "tremendo apoyo" de Moscú para tener capacidad operativa y logística en seguridad y defensa. Un mensaje muy claro para Washington.
 

El acuerdo con Venezuela es una “invasión” clara de Rusia de una zona que los EEUU continúan considerando como su esfera de influencia, y más cuando se trata de un país con una de las mayores reservas de petróleo del mundo. Pero no es la única. El pasado 9 de octubre Irak permitió la explotación de un campo petrolífero a un consorcio ruso-japonés. Es la primera vez que una empresa rusa vuelve a Irak después de que los EEUU las vetara por el rechazo ruso a la invasión de 2003. Pero el negocio no queda ahí: el mismo 9 de octubre se hizo oficial la venta de armas rusas a Irak por valor de 4.200 millones de dólares.
Acuerdo Rusia-Irak.


Moscú vuelve a Oriente Próximo, donde aún mantiene una base naval en Siria desde los tiempos de la URSS. Y es en Siria, antigua aliada de la Unión Soviética y muy buen cliente de la industria de armas, donde Rusia está poniendo en práctica su nueva autoestima frente a los EEUU y a Europa al vetar, junto a China, todas las resoluciones de la ONU para debilitar o condenar al régimen de Bashar Al-Assad. Es, ante todo, una demostración de músculos ante la comunidad internacional.


Rusia está en racha y se está reivindicando en el mundo. Sin embargo, mientras los éxitos se acumulan en el exterior, aumentan las protestas y el rechazo en el interior contra el régimen autoritario de Vladimir Putin. ¿Supondrá algún obstáculo al creciente poder ruso?   

lunes, 23 de enero de 2012

RUSIA, LA ENERGÍA DE EUROPA

Si Rusia cerrara en pleno invierno sus gasoductos, Europa se congelaría. Es lo que ocurrió en enero de 2009, cuando Moscú cerró el grifo del gasoducto que transcurre por Ucrania por una disputa económica entre los dos países. Las consecuencias se hicieron notar en gran parte de Europa central y del este, totalmente dependientes del gas ruso. Las calefacciones de medio continente no funcionaron y la dureza del invierno hizo imposible que la vida transcurriera con normalidad. Sólo fueron pocos días, pero los suficientes para recordar a Europa que depende de Rusia y de sus materias primas para funcionar.

Rusia es uno de los mayores productores y exportadores de energía del mundo. Solamente en los primeros ocho meses de 2011 exportó un total de 109.400 millones de metros cúbicos de gas por un monto de 36.862 millones de dólares. Son cantidades desorbitantes que, más o menos, cubren el 33% del total de las necesidades energéticas de la Unión Europea. Esta cifra es una media, ya que la dependencia del gas ruso oscila, por ejemplo, entre el 40% del consumo en Alemania a casi el 0% en España (que se nutre del gas argelino). Por lo tanto, no es descabellado decir que la principal economía de la Unión Europea, Alemania, depende energéticamente de Rusia, lo que sería prácticamente lo mismo que decir que Rusia tiene una gran influencia energética y por lo tanto política en la UE.

Un ejemplo de esta influencia ocurrió en agosto de 2008 cuando Rusia invadió Georgia. Los tanques rusos entraron en Tiblisi con la excusa de ayudar a Osetia del Sur, pero con el objetivo claro y descarado de mantener a Georgia lejos de la OTAN y de la esfera de influencia de Occidente. Hubo una guerra y una invasión militar en toda regla, pero la Unión Europea mantuvo un silencio cómplice que de hecho avaló el ataque.

Otro ejemplo ocurrió hace escasas semanas cuando surgieron protestas en Rusia debido al fraude electoral en las legislativas. Se organizó un movimiento ciudadano, hubo manifestaciones y centenares de detenciones, y la popularidad del primer ministro Vladimir Putin –que ha anunciado que volverá a presentarse a las presidenciales en marzo- bajó a porcentajes inimaginables hace pocos años. Sin embargo, y pese a los evidentes casos de irregularidad electoral, la Unión Europea solamente alzó la voz de forma muy tímida, en contraste con las denuncias vehementes lanzadas en otros casos de fraude en las urnas.

Rusia controla la energía europea
Rusia controla la energía de Europa y la Unión Europea lo sabe. Gran culpa de ello lo tienen los gasoductos rusos, diseñados y construidos en gran parte en época de la URSS. Éstos garantizan la dependencia europea de Rusia ya que canalizan por territorio ruso no solamente el gas extraído de las profundidades de Siberia, sino también el que procede de los países independientes de Asia Central, antaño repúblicas soviéticas.  


El Proyecto Nabucco.
Por ello Bruselas lanzó en 2002 un proyecto estratégico de primer nivel para conseguir la diversificación de la procedencia energética, es decir, lograr que el gas que consuma Europa provenga de otras fuentes que no sean Rusia. Este es el llamado Proyecto Nabucco, un gasoducto que trata de llegar directamente desde Europa central a la zona del Cáucaso y a Asia Central sin pasar por territorio ruso. Este proyecto, sin embargo, está sufriendo grandes trabas y retrasos. No ha sido hasta 2010 que Turquía, el país clave del proyecto, ha aprobado y ratificado el paso de esta infraestructura por su territorio. Así, según la página web oficial del proyecto, se prevé que la construcción del gaseoducto comience en 2013 y que entre en funcionamiento en 2017.

Pero Rusia no espera quieta. Recientemente la propia Turquía ha echado un jarro de agua fría sobre la UE al firmar un acuerdo con Rusia para permitir el paso de otro proyecto de gasoducto por su territorio, el llamado South Stream, la competencia directa de Nabucco. Moscú está contraatacando. Sabe que Bruselas busca disminuir su dependencia de Rusia y por ello también se ha embarcado en un ambicioso proyecto de infraestructuras para adelantarse a su competencia, cubrir las posibles rutas alternativas y continuar así con el monopolio y su influencia política sobre la UE.

Es el caso del nuevo gasoducto North Stream, inaugurado el pasado noviembre por la canciller alemana Angela Merkel y el presidente ruso Dmitri Medvédev. Transcurre desde el norte de Alemania, por las profundidades del Mar Báltico, hasta Rusia y sus tierras del extremo norte ricas en yacimientos de gas natural. Gracias al North Stream Rusia puede suministrar gas directamente a Alemania sin intermediarios, especialmente la problemática Ucrania.

Nuevos horizontes: el Lejano Oriente
Por lo tanto la UE está lejos de escapar de su dependencia energética rusa. Es más, ésta parece consolidarse e incluso aumentar gracias a estos nuevos gasoductos lo que le proporciona a Rusia una ventaja estratégica a medio e incluso largo plazo. No es Bruselas la que puede diversificar sus importaciones, sino que es Moscú quien busca diversificar sus clientes y extender así su influencia energética y política a otras áreas, entre ellas la economía más pujante del mundo: China.

Valery Yazev, presidente de la Sociedad de Gas de Rusia, afirmó el pasado mes de noviembre que “Rusia necesita diversificar sus clientes y la dirección hacia el Oriente es la más prometedora para el sector energético ruso, debido a numerosas razones”. “Los programas de desarrollo de infraestructura de gas en Siberia, en el Lejano Oriente, ya están preparados, así como las exportaciones de gas hacia la región de Asia Pacífico”, aseguró.

Las economías más avanzadas y dinámicas son grandes productoras y exportadoras de bienes. Pero para mantener su producción, y por lo tanto su riqueza y nivel de vida, necesitan energía. Rusia tiene energía de sobra y las previsiones hablan de la capacidad rusa de poder exportar gas durante muchos años más. Según la UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) Rusia dispone del 27% de las reservas mundiales de gas natural. Suficiente para seguir abasteciendo a la Unión Europea –que según las previsiones incrementará su dependencia del gas ruso en un 50% en 2030- y continuar así influyendo en su política.

Rusia sigue siendo una gran potencia y es ahora más influyente que nunca en la política europea. Lo que no consiguieron los partidos comunistas ni el Ejército Rojo durante la guerra fría,  lo está consiguiendo el gas.