lunes, 17 de julio de 2017

Elecciones en Alemania: ¿seguirá Merkel?

El próximo 24 de septiembre se celebrarán elecciones generales en Alemania. La canciller Angela Merkel, del partido democristiano CDU, se volverá a presentar para gobernar una nueva legislatura al frente de la República Federal Alemana. En caso de ganar, sería ya su cuarta legislatura como canciller y, al llegar al año 2021, podría igualar en número de años en el cargo al recientemente fallecido Helmut Kohl, y con opciones de seguir presentándose. Merkel podría batir los récords de años como canciller. Y por el momento los números parece que le acompañan.

Las últimas encuestas de intención de voto son muy optimistas para los conservadores alemanes, que han recuperado terreno ante sus dos principales adversarios: los socialdemócratas del SPD (adversarios históricos por el control del Gobierno) y los populistas de ultraderecha de Alternativa por Alemania (AfD) (adversarios en la movilización del voto de derechas). Según el último barómetro publicado el pasado 9 de julio por la cadena de televisión pública ZDF, la CDU de Merkel (que también sumaría a sus ‘hermanos’ bávaros de la CSU), conseguiría el 40% de los votos. El SPD tendría que contentarse con un 24% y la AfD con el 7%. En el orden de intención de voto seguiría la izquierda de Die Linke con el 9%; los verdes (Grüne) con el 8%; y los liberales del FDP con el 8%.

Barómetro para ZDF, julio 2017


Este último dato resultaría fundamental para las aspiraciones de Angela Merkel, ya que supondría que el socio natural de los democristianos, el FDP, superaría la barrera electoral del 5% y volvería a entrar en el Bundestag (el parlamento alemán). En las elecciones de 2013 este pequeño pero histórico partido consiguió solamente el 4,8% y no logró representación parlamentaria por primera vez en su historia. Las consecuencias para el sistema político alemán fueron muy importantes, ya que, a pesar de que el partido de Merkel alcanzó el 41,5% de los votos, necesitó un nuevo socio y, ante el riesgo de inestabilidad de un Gobierno en minoría, se resucitó la gran coalición con la SPD, la segunda vez en poco tiempo después de la legislatura 2005-2009. Pero con los datos actuales, según los cuales la intención de voto de situaría en el 40% (según casi todos los institutos demoscópicos), Merkel volvería a gobernar y lo haría con los liberales.  

   
Sin embargo, la evolución de la intención de voto de la CDU no siempre ha sido optimista en los últimos meses. En el primer trimestre de 2017 los números no salían para Merkel. Según una encuesta de Emnid publicada el pasado 4 de marzo, CDU/CSU y SPD empataban con un 33% de intención de voto. Forsa publicó otra encuesta el 8 de marzo que daba a CDU/CSU un 33% y a SPD un 32%, unos datos que se repetían en todos los principales institutos demoscópicos del país, y que suponían una subida muy importante para los socialdemócratas, que solamente habían cosechado un 25,7% de votos en las elecciones de 2013. La causa era el llamado ‘efecto Schulz’ por la designación del ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, como candidato del SPD.


Auge y desplome del SPD en las encuestas

Martin Schulz

Al menos eso decían las encuestas en el mes de marzo. Una coalición de SPD, Grüne y Linke sumaban un 47% (GMS), 48,5% (Allensbach), 49% (Emnid), 46% (Forsa) o 47% (Infratest Dimap). En todos esos casos la suma de CDU/CSU y FDP no superaba el 40%, por lo que una mayoría de izquierdas parecía posible en el Bundestag, lo que, a su vez, empezó a dar alas a los partidarios de este pacto, sobre todo en el seno de SPD y Die Linke, dos partidos enfrentados a nivel federal, aunque ya comparten desde hace tiempo coaliciones de gobierno a nivel de los Länder, sobre todo en el este. La izquierda era optimista y el SPD parecía una excepción en la crisis global de la socialdemocracia.

Pero con el paso de los meses el ‘efecto Schulz’ se ha evaporado. Ni siquiera ha servido a los socialdemócratas para incrementar o mantener sus cuotas de poder en los Länder. El 26 de marzo, una semana después de la proclamación de la candidatura de Schulz, el SPD cosechó unos resultados muy decepcionantes en el Land del Sarre, y el 7 de mayo incluso sufrió una importante derrota en Renania del Norte Westfalia, el Land más poblado de Alemania y la hasta entonces joya de la corona socialdemócrata. Se trataba de una tendencia general, ya que a finales de mayo el SPD retrocedía a una intención de voto en torno al 26% - 25%.

Evolución de la popularidad de Merkel y Schulz
En cuanto a la popularidad de los candidatos, hubo unas semanas en los pasados febrero y marzo que Martin Schulz superaba a Merkel. Sin embargo, esa tendencia se ha invertido, y según el barómetro de la cadena pública de televisión ZDF, el 1 de junio Merkel casi doblaba a Schulz en popularidad: un 59% frente a un 31%. Además, según la web Statista, ante la pregunta “¿Debería jugar un papel importante en el futuro?”, un 67% de los encuestados considera que Merkel sí debería jugar un papel importante en el futuro de Alemania, frente a un 45% que opina lo mismo de Martin Schulz. Siendo aún más concretos, en otra encuesta del mismo portal Statista, el 48% de los encuestados prefiere que el Gobierno federal siga en manos de la CDU, mientras que solamente un 32% quiere un cambio al SPD.

Las causas de este ‘desinflamiento’ del SPD, y sobre todo del retorno de los apoyos a Merkel, son muchas y variables. Por ejemplo, Alemania va bien: el paro es estructural, del 5,5% (junio 2017) y la economía sigue creciendo a un ritmo constante. Merkel, además, ha reaccionado ante el principal argumento de ataque a su gestión: la crisis de los refugiados.


Los refugiados y la ultraderecha

En el verano de 2015 Merkel reaccionó ante una enorme avalancha de refugiados de la cuenca sur y este del Mediterráneo abriendo las fronteras de Alemania, que desde entonces ha acogido a más de un millón de personas. Aunque en un primer momento fue aplaudida, el ambiente entre la sociedad alemana ha ido cambiando paulatinamente en contra de esta política aperturista, una tendencia que se ha visto reflejada en una encuesta de la Fundación Bertelsmann de abril de 2017, según la cual un 54% de alemanes teme que la llegada masiva de refugiados ponga en peligro los servicios públicos debido a la enorme demanda.

Desde el principio, los sectores más conservadores de la política alemana se pusieron a trabajar en contra de la política de acogida de Merkel, que fue utilizada como el principal argumento para desgastar a la canciller. Muchos políticos de la CDU, pero sobre todo los bávaros de la CSU, se rebelaron contra la canciller. Sin embargo, si hubo un partido que se beneficiaba del malestar entre la derecha, ese era la AfD.

Alternativa para Alemania se fundó en la víspera de las elecciones federales de 2013 y a punto estuvo de entrar en el Bundestag con un 4,7% de los votos. Alcanzó popularidad a raíz de la crisis financiera de Grecia, y comenzó a cosechar éxitos electorales en los Länder, donde en muchos casos alcanzó cifras de votos superiores al 10%. Pero fue la crisis de los refugiados la que empezó a poner a este partido populista de ultraderecha en la agenda política nacional: si en septiembre de 2015 (el mes de la apertura de las fronteras de Alemania) la CDU/CSU tenía una intención de voto del 42% y la AfD de solamente el 3,5% según Allensbach, en mayo de 2016 la AfD había subido hasta el 12,5% (+ 9) y la CDU/CSU se había desplomado al 33,5% (-8,5).

La subida de la AfD el mismo año de los éxitos del populismo de derechas (Ukip con el Brexit, Trump, la ultraderecha austriaca, etc.), puso a Europa en vilo, ya que en 2017 las elecciones de Francia y Alemania podían continuar la senda del éxito de este movimiento. En Francia el Frente Nacional consiguió pasar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales para ser aplastados por Macron, y en Alemania sus amigos de la AfD se han ido desinflando poco a poco: en junio de 2017 la intención de voto era de solo el 6,5% (-6 con respecto a mayo de 2016). ¿Por qué?

La respuesta puede ser muy simple: porque la poderosísima personalidad de Merkel ha sido capaz de absorber todas las respuestas a todos los conflictos en la sociedad alemana. Por ejemplo, mientras dirigentes destacados de los conservadores alemanes exigen una cifra tope de refugiados en Alemania, la propia Merkel asegura que mientras ella sea canciller ese tope no existirá. Es decir, tanto los detractores como los defensores de la llegada de refugiados encuentran argumentos en el seno de la CDU sin necesidad de buscar otros partidos.

Otro ejemplo muy reciente: mientras que Merkel decidió abstenerse en la votación de la ley de matrimonio que permite las bodas entre personas del mismo sexo, muchos diputados de CDU y CSU dividieron su voto a favor y en contra. Es decir, los debates que ocupan y preocupan a los alemanes se producen en el seno del mismo partido de Merkel, que ha dejado de lado su etiqueta de democristiano y se ha convertido en completamente transversal. Fuera del debate quedan sus adversarios, tanto el SPD y la AfD, que son incapaces de movilizar a los alemanes en contra del hiperliderazgo de Merkel.



domingo, 25 de junio de 2017

Pedro Sánchez y las primarias del PSOE, o ¿la victoria de la emoción?


La victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE, ¿es la victoria de la emoción a través de un relato?: La historia de un líder injustamente expulsado de palacio por una confabulación de sus lugartenientes que traicionan su confianza, y que meses después, reciben un justo castigo con el retorno de la víctima al poder. ¿Hasta qué punto este relato y las emociones que despierta ha sido fundamental para los resultados de las primarias? El sociólogo Manuel Castells explica que “el componente emocional de la cognición política condiciona la eficacia del procesamiento de la información relativa a asuntos y candidatos. (…) La racionalidad por sí sola no determina la toma de decisiones; es un proceso de la información a un segundo nivel que depende de las emociones activadas”.

El pasado 21 de mayo Pedro Sánchez ganó las primarias del PSOE. Lo hizo de manera contundente, con una mayoría absoluta del 50,26% y 74.805 votos. Por el otro lado, su principal oponente, la líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, pudo contabilizar 59.392 votos, el 39,90% del total. El tercero en liza, Patxi López, quedó a bastante distancia de los dos primeros; consiguió el 9,84% de los votos, un total de 14.652.

López fue el primer candidato en presentarse públicamente. Lo hizo el 15 de enero, un día después del Comité Federal que fijó las fechas del 39 Congreso para los días 17 y 18 de junio. Por delante quedaban seis meses, y prácticamente todos los colaboradores y ‘barones’ territoriales que habían apoyado a Pedro Sánchez durante su primera etapa como secretario general se aliaron en esta candidatura. Todos tenían en común haber sido expulsados del núcleo dirigente del PSOE tras el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 en el cual Pedro Sánchez y los líderes territoriales encabezados por Susana Díaz se enfrentaron abiertamente por el poder, con el desenlace de la dimisión de Sánchez y su retirada de Ferraz.

Parecía que esa retirada del liderazgo del PSOE también iba a serlo de la política, sobre todo, tras su renuncia al acta de diputado en el Congreso. Todo apuntaba a un enfrentamiento entre un Patxi López que aglutinaría el ‘aparato’ afín a Sánchez, y Susana Díaz y los líderes territoriales y sus propios y poderosos ‘aparatos’. Sin embargo, dos semanas después de la presentación de la candidatura de Patxi López, Pedro Sánchez sorprendió al anunciar su propia candidatura en un acto en Dos Hermanas, Sevilla.

En un principio parecía que la ausencia de cuadros experimentados y de ‘aparato’ con capacidad de crear y mantener una campaña sobre el terreno, iba a condenar a Sánchez al papel de comparsa. Sin embargo, pronto se vio que no iba a ser así. Los actos públicos se llenaban, y poco a poco se fue creando una expectativa en torno a la candidatura que le fue dando cuerpo con cada vez más militantes y simpatizantes apoyando y colaborando, al margen de los mensajes que recibían de otras instancias del PSOE, hasta el punto de crear lo que el diario El País llamó una “estructura paralela” con capacidad para recoger avales, organizar mítines y movilizar el voto ¿Cómo fue esto posible?

La clave está en la emoción

El sociólogo Manuel Castells explica en su libro ‘Comunicación y poder’ que “el componente emocional de la cognición política condiciona la eficacia del procesamiento de la información relativa a asuntos y candidatos”. Es decir, frente al tradicional ‘contar apoyos’ de los procesos internos de los partidos, Sánchez se centró en movilizar el componente emocional de los militantes del PSOE, una estrategia que ha empezado a cobrar sentido desde que el sistema de elección del liderazgo a través de delegados ha sido sustituido por el voto directo de la militancia, y, por lo tanto, funcionan los mismos mecanismos de una campaña electoral tradicional.

¿Y cómo activó Sánchez el componente emocional? Aprovechando el relato que sus contrincantes le habían servido en bandeja: La historia de un líder injustamente expulsado de palacio por una confabulación de sus lugartenientes que traicionan su confianza. El Comité Federal del 1 de octubre se convirtió en protagonista de las primarias frente a cualquier otra consideración o propuesta. Patxi López trató sin éxito de fijar el marco del discurso en el ‘día después’ del congreso, superando lo ocurrido en el Comité Federal y apelando a la confraternización frente al conflicto. Ese discurso no interesaba, no era atractivo para la mayoría de la militancia que buscaba integrar sus sentimientos en un relato, y esos sentimientos pedían venganza. Y tampoco lo consiguió Susana Díaz, que se presentaba con el eslogan ‘100% PSOE’, tratando de apropiarse de las esencias del partido, aunque sin especificar en qué consisten.

De todas formas, Susana Díaz lo tenía muy difícil ante la campaña de Pedro Sánchez, que decidió que el principal sentimiento que debía activar debía ser la ira. Manuel Castells destaca la importancia de la ira en la movilización emocional del electorado: “La ira es una respuesta a un acontecimiento negativo que contradice un deseo (en este caso el Comité Federal del 1 de octubre). La ira aumenta con la percepción de una acción injusta y con la identificación del agente responsable de la acción” (es decir, Susana Díaz). Y subraya: “Cuando esa ira se dirige hacia un candidato que antes nos gustaba, se produce la aversión”. Es decir, la campaña de Pedro Sánchez jugó sobre todo la carta del ‘antisusanimo’ para ganar.

Y en esto, los medios de comunicación jugaron un papel fundamental.

   
El papel de los medios

Dice Manuel Castells que medios y política se retroalimentan: los políticos necesitan a los medios para trasladar su mensaje a los votantes. Pero, por otro lado, los medios necesitan a los políticos para que les abran las puertas para acceder a una audiencia controlada emocionalmente por ellos, y acceder así a ese segmento y poder desarrollar su negocio en él. Esto es así porque los medios “se dirigen a audiencias específicas, interesadas en confirmar sus opiniones más que en informarse en otras fuentes”, asegura Castells, que en este sentido recuerda que para los medios “no se trata simplemente de conseguir una cuota de audiencia, sino de conseguir la audiencia objetivo. Ésta es la lógica fundamental del modelo de comunicación partidista”. Y la mayoría de los medios se dieron cuenta desde el primer momento de la fuerza del relato ‘sanchista’, y como afirma Castells, “los marcos de las noticias, una vez construidos, retroalimentan a las élites políticas”.

Pero, ¿por qué los medios eligieron el relato de Pedro Sánchez? Christian Salmon, el autor del libro de referencia en comunicación política, “Storytelling”, explica en el ensayo “La ceremonia caníbal. Sobre la performance política” que, debido a la revolución tecnológica, las personas están sometidas a una “sobrecarga de la información” en sus rutinas. Esto también afecta a la comunicación política, que utiliza los mismos medios de comunicación para llegar al cliente-votante que las empresas. En este caso, el político compite con todo un despliegue de programas, historias e imágenes de entre las que tiene que lograr ser visible para poder ser identificado y posteriormente votado. Para conseguirlo ya no sirven los antiguos discursos ni las antiguas técnicas de movilización política.

Ahora recurren a la técnica del relato, cuyo fin no es tanto informar a los ciudadanos como llamar su atención y retenerla mediante el entretenimiento. Los ciudadanos-espectadores “fingimos interesarnos por la crisis, la deuda, el paro, cuando en realidad estamos sedientos de historias, de héroes y de villanos”, asegura Salmon.    “Queremos relatos íntimos, sorpresas, golpes de efecto. Lo último just in time. Sin tiempos muertos. Emoción en flujo continuo”. La emoción es la clave del relato, no la ideología o el programa político. 

El relato, según Salmon, “permite no solo captar la atención como lo hacen el logo, la imagen de marca, sino también fidelizar a las audiencias, guiar y retener las atenciones gracias a auténticos engranajes narrativos”. Y eso en política significa llegar al poder o mantenerse en él.   


Es decir, el relato de Pedro Sánchez era tan fuerte y eficaz que siempre estaba en el primer puesto de la agenda mediática, aunque el propio Sánchez apenas ofreciera entrevistas ni ruedas de prensa. Su relato funcionaba solo, y los medios de comunicación lo necesitaban para aprovechar las primarias del PSOE para hacer de ellas un acontecimiento mediático y          que generara amplias audiencias, … e ingresos por publicidad.

lunes, 2 de enero de 2017

El PSOE en crisis: más poder con menos votos

El Partido Socialista comienza 2017 en crisis, pero paradójicamente, mientras ha ido perdiendo apoyos electorales en las últimas citas en las urnas, ha visto como se ha ampliado su influencia y poder en las instituciones: después de la debacle de 2011, en 2015 consiguió recuperar varios gobiernos autonómicos y muchos grandes municipios perdidos, y tras el intenso año 2016 y la celebración de dos elecciones generales consecutivas, tiene capacidad para influir decisivamente en la agenda de La Moncloa. El PSOE en crisis está consiguiendo más con menos.

El PSOE está en crisis. Así lo dicen los números. Las últimas encuestas revelan que los socialistas sufren por mantenerse alrededor del 20% en intención de voto, cuando hace tan solo unos años, en las elecciones generales de 2008, el 43,87% de los votantes eligieron una papeleta del PSOE. Esta sangría en los resultados ha sido la que ha provocado una crisis de liderazgo que persiste en la cúpula del partido desde que el ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, declinara presentarse a las elecciones generales de 2011. Desde entonces, en cinco años los socialistas han tenido dos candidatos, dos secretarios generales y una gestora que debe organizar un nuevo congreso que dará paso a un liderazgo en 2017. En ese proceso, el PSOE ha perdido casi seis millones de votantes y, lo que es más grave, la imagen de partido ganador, teniendo que pugnar ahora por el protagonismo en la oposición con los partidos emergentes.

Sondeo de Sigma Dos, enero 2017.
Sin embargo, aunque parezca paradójico, en esos mismos cinco años el PSOE ha visto cómo, a pesar de perder la mitad de sus votantes, ha recuperado un importantísimo poder institucional y, lo que es crucial en el nuevo sistema de partidos, se ha situado en una posición envidiable en el centro del tablero político que le otorga una influencia fundamental en las agendas gubernamentales, con capacidad de diálogo a su derecha y a su izquierda.

Este fenómeno es muy evidente a nivel local. En las elecciones municipales de 2015 el PSOE recibió 5.603.823 votos que se tradujeron en un total de 20.823 concejales y concejalas. En las municipales de 2011 los socialistas consiguieron 6.276.087 votos y 21.767 ediles. El contraste con 2007 es aún más fuerte, ya que ese año salieron elegidos 24.029 ediles socialistas con 7.760.865 votos. Es decir, en cuatro años, el PSOE perdió a nivel municipal más de un millón de votos y más de tres mil ediles. Sin embargo, a pesar de que los resultados globales en 2015 son peores, el resultado en clave de poder es mucho más positivo: En las municipales de 2011 el PSOE perdió 19 alcaldías en las capitales de provincia (entre ellas Barcelona y Sevilla) y solamente mantuvo el poder en cuatro: Toledo, Cuenca, Soria y Zaragoza. Cuatro años después, los socialistas gobiernan en 19 capitales y grandes ciudades gracias a coaliciones y acuerdos con otras formaciones políticas, y son socios fundamentales de gobierno en otras siete, entre ellas Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza.

Poder autonómico y legislativo

A nivel autonómico ocurre algo parecido. En las elecciones autonómicas de mayo de 2011 el PSOE obtuvo en total 256 diputados en los parlamentos regionales que se sometían a las elecciones (todos excepto Andalucía, Euskadi, Galicia y Cataluña). Fue una debacle que hizo perder al PSOE en sus feudos regionales como Extremadura y Castilla la Mancha, quedando reducidos los gobiernos autonómicos socialistas de seis a dos: Asturias y Andalucía. Cuatro años después, en mayo de 2015, los socialistas consiguieron un total de 225 diputados autonómicos, es decir 31 menos que en 2011. Sin embargo se hicieron con el gobierno de seis comunidades gracias a coaliciones o acuerdos con otros partidos: Extremadura, Castilla la Mancha, Baleares, Asturias, Aragón y la Comunidad Valenciana, además del gobierno de Andalucía que ya había defendido con éxito en las urnas unos meses antes. Por lo tanto, el PSOE terminó el año 2015 con siete gobiernos autonómicos, uno más que en el año 2007 y siendo el socio fundamental en dos más: Canarias y Cantabria.


Otro ejemplo más reciente a nivel autonómico. En las elecciones vascas del pasado 25 de septiembre de 2016 los socialistas bajaron de los 16 escaños alcanzados en 2012 (casi 212.000 votos) a 9 (poco más de 126.000 papeletas). Son siete diputados y unos 86.000 votos menos que hace cuatro años. Sin embargo, el PSE-EE ha conseguido no solamente influir en el Gobierno vasco, sino participar directamente en tres consejerías. Los socialistas han vuelto así a Ajuria Enea después de que en 2009 consiguieran ganar las elecciones con 25 escaños y 318.000 votos. Esta vez han perdido casi dos tercios de sus apoyos de hace siete años, pero vuelven a jugar un papel fundamental en la política vasca.

Por último, a nivel de las elecciones generales, la sangría de votos y de escaños socialistas es más flagrante: Si en 2008 votaron al PSOE 11,2 millones de españoles y los socialistas consiguieron 169 diputados en el Congreso, en 2011 fueron solamente siete millones los que eligieron al PSOE y su Grupo Parlamentario menguó hasta 110 representantes. Los socialistas perdieron el Gobierno y pasaron a la oposición frente a una mayoría absoluta del PP de 186 diputados, lo que le permitió aprobar una serie de leyes y medidas que provocaron el espanto de una oposición absolutamente impotente en el parlamento.

En las elecciones de junio de 2016, la repetición de los comicios debido a la imposibilidad de formar Gobierno tras las elecciones de diciembre de 2015, los socialistas perdieron aún más votos y escaños: solamente votaron al PSOE 5,4 millones de españoles (unos 2,6 millones menos que en 2011 y 5,8 millones menos que en 2008). El resultado fueron 85 diputados, 25 menos que en la debacle de 2011, y casi la mitad que los conseguidos en 2008. Sin embargo, a pesar de contar con menos escaños que hace cuatro años, el PSOE tiene ahora la capacidad de influir notablemente en la agenda del Gobierno del PP, al que ha permitido formarse debido a su abstención en la investidura. El PP necesita al PSOE, y éste ya está empezando a abordar la derogación o el cambio de las leyes y medidas polémicas aprobadas en solitario por el PP en la pasada legislatura cuando los socialistas, con más diputados que ahora, no podían impedirlo: LOMCE, Ley Mordaza, Reforma Laboral, etc.

Mayor flexibilidad

A modo de conclusión se puede afirmar que el PSOE está sufriendo una grave crisis cuantitativa desde 2011, perdiendo votos y representantes de forma constante en cada cita electoral, ya sea local, autonómica o nacional. Sin embargo, a pesar de esta sangría, el PSOE ha sido capaz de recuperar desde 2015, e incluso superar, el poder institucional que tenía cuando ostentaba el Gobierno central entre 2004 y 2011. Es decir, está compensando la crisis cuantitativa con éxitos cualitativos. La causa es el cambio sustancial que está viviendo el sistema de partidos español, que ha pasado de un bipartidismo imperfecto a nivel nacional a un sistema multipartidista. Esto ha permitido repartir los votos y los escaños de manera diferente a la anterior etapa, haciendo casi imposible alcanzar una mayoría absoluta que era la premisa del PP para gobernar y que condenaba al ostracismo al partido de la oposición.

Hoy se puede conseguir más con menos. En 2015 y 2016 el PP ha superado al PSOE en prácticamente todas las citas electorales (excepto en Andalucía y en Euskadi), pero ha visto menguado su poder institucional de manera notable, mientras que los socialistas han llegado a multitud de alcaldías y gobiernos autonómicos porque han tenido la capacidad de alcanzar acuerdos con los nuevos partidos, tanto con Podemos como con Ciudadanos, mientras que el PP carece de esa flexibilidad con ambos. Hoy es el PP el que, a pesar de ganar, está en la oposición, como ocurre en el Ayuntamiento de Madrid, o en los parlamentos de Castilla la Mancha, Comunidad Valenciana, aragón, Baleares, etc.


El PSOE se enfrenta en 2017 al reto de elegir su liderazgo, pero también de redefinir su perfil en el sistema de partidos español. La época de las grandes mayorías y de los apoyos masivos han terminado y los socialistas ya no repetirán más sus resultados espectaculares e históricos de los años 80, 90 y 2000. Sin embargo, el éxito cuantitativo ha dado paso al cualitativo. Puede conseguir más con menos. Sobre todo porque el PSOE es el único partido con capacidad de negociar y alcanzar acuerdos con todos los demás. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Elecciones en Alemania 2017: la estabilidad de Europa a examen


Tras el año 2016, el año del Brexit, de Trump y del No en Italia, 2017 se presenta fundamental para medir la fuerza de la ola populista que acecha a Europa. Tras las elecciones presidenciales en Francia, en septiembre de 2017 se celebrarán elecciones federales en Alemania, el país fundamental para la estabilidad de Europa. Merkel se volverá a presentar en un contexto político muy diferente al que le ha estado acompañando en sus pasadas citas electorales: el ascenso de un partido populista de extrema derecha que se nutre de los votantes que hasta hace poco consideraban a la canciller la “Mutti” (madre) de Alemania.

El pasado 1 de diciembre la canciller alemana y presidenta del partido cristianodemócrata CDU se sometió a las preguntas de sus afiliados por videoconferencia. En vez de encontrarse con loas a su gestión por parte de sus militantes tras once años de gobierno y una situación económica y política envidiable en medio de un continente azotado por las crisis, Merkel tuvo que escuchar muchos reproches, todos ellos relacionados con su política de acogida de refugiados. Todos repetían el mismo argumento: se han abierto las fronteras de manera irresponsable para dejar entrar en Alemania a cientos de miles de personas sin ningún control.

Estos reproches se produjeron poco antes del congreso de la CDU que ha sancionado una nueva candidatura de Merkel a las elecciones federales que se celebrarán en septiembre de 2017. A pesar de las muestras de unidad y de lealtad a la canciller y líder “ad eternum” del partido (que ha sido reelegida una vez más por casi el 90% de los delegados) ya se muestran algunas críticas relacionadas con su gestión de la crisis de los refugiados. En este sentido, la ‘número dos’ de la CDU a nivel federal, Julia Klöckner, afirmó recientemente en una entrevista a la revista Der Spiegel que desde el partido se había “esperado demasiada comprensión” por parte de los militantes con respecto a la llegada masiva de refugiados. Otro alto cargo de la CDU, Thomas Strobl, aseguró en una entrevista al periódico Die Zeit que habría que endurecer la política con respecto a los refugiados, y en concreto no dudar en expulsarlos de manera masiva, incluso a los que se encuentren enfermos. Declaraciones previas a un congreso en el que la élite de la CDU teme un distanciamiento de la base que no se identifica con la “Willkommenskultur” (cultura de la bienvenida) que propugna Merkel, y que está encontrando refugio en otra formación política en pleno auge.

La crítica frontal a la política de acogida a los refugiados es precisamente el principal argumento del nuevo partido populista de orientación de extrema derecha Alternative für Deutschland (Alternativa por Alemania). Este partido se presentó por primera vez a unas elecciones en el año 2013 y no entró en el parlamento federal (Bundestag) por muy poco al rozar el límite legal del 5% necesario según la ley electoral alemana para tener representación. En ese momento su relato se centraba en la crítica al Euro y a los países del sur de Europa que, según la AfD, se aprovechan de la fortaleza económica de Alemania y de sus contribuyentes.

"La inmigración precisa reglas estrictas", cartel de AfD.
En los últimos tres años este partido ha sufrido ciertas transformaciones e incluso crisis de liderazgo hasta encontrar su hueco definitivo en el sistema de partidos alemán: es el partido protesta (Protestpartei) de la clase media de las zonas rurales y de las regiones con menos presencia porcentual de inmigrantes como son los Länder del este. Así, en las elecciones regionales celebradas en 2016 la AfD ha cosechado unos resultados increíblemente altos para una formación de reciente creación, llegando al 24% en Sajonia Anhalt o al 20,8% en Mecklenburgo Antepomerania. En el oeste más urbano y con mayor presencia de inmigrantes, la subida también ha sido importante, pero no llega a las cifras orientales: en las elecciones de Berlín llegaron al 13,5%, en el rico Baden Württemberg (sede de Mercedes y Porsche) al 15,1% y en Renania Palatinado al 12,6%.


Auge populista en las encuestas

A nivel federal la AfD también está en auge. Según el último sondeo publicado por el instituto Emnid el pasado 3 de diciembre, la intención de voto a la CDU es del 37%, mientras que a la AfD le votaría el 12%. Hace justo un año, el 5 de diciembre de 2015, Emnid daba a la CDU el mismo porcentaje, mientras que la AfD tenía el 8%.

La Alternativa para Alemania es, según estos sondeos, el único partido que ha aumentado significativamente en intención de voto en el último año. Los socialdemócratas del SPD tenían el 25% en diciembre de 2015 y ahora el 22%; los Verdes (Grüne) pasan del 10% al 11%, mientras que la izquierda (Die Linke) se queda estancada en el 10%.

Estos números añaden un problema al auge del populismo de extrema derecha en Alemania y es el de la gobernabilidad. La alternativa a la CDU en la actualidad es muy débil, ya que Grüne y Linke no suman más que el 20%, mientras que el SPD no parece capaz de superar su resultado electoral de 2013 del 25,7%, números que casi descartarían un gobierno alternativo de izquierdas. La CDU se mantendría como el partido mayoritario, pero la aparición de la AfD en el panorama de partidos alemán, ya de por sí muy fraccionado, añade una dificultad más, ya que limita las posibilidades de pactos para la formación de Merkel a la vez que le resta porcentaje de votos.

Hasta 2013 el aliado natural de la CDU eran los liberales de la FDP. Sin embargo, cayeron fulminados en las elecciones y desaparecieron del parlamento. Hoy las encuestas no garantizan un regreso a las instituciones de este pequeño partido, por lo que la CDU, que se va a alejando del 41,5% cosechado en la última cita electoral, necesita un socio diferente para mantenerse en el gobierno. Comienzan así las especulaciones: ¿Una nueva gran coalición a riesgo de que el SPD se precipite hacia una crisis que podría ser letal? ¿Un gobierno en minoría? ¿Una alianza inédita con los Grüne, cada día más pragmáticos? O incluso, ¿un giro espectacular pero muy improbable para abrazar al AfD?

Aunque hoy en día la presencia de la AfD en el Gobierno alemán está prácticamente descartada (existe un consenso de base entre el resto de partidos para no acercarse a los populistas), pase lo que pase su irrupción en el sistema de partidos está provocando que los resultados de las elecciones federales del próximo mes de septiembre se planteen desde un prisma de incertidumbre sobre la gobernabilidad del país, lo podría tener consecuencias sobre la estabilidad de una Unión Europea que no deja de recibir golpes.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

EEUU, el voto de la furia



El 8 de noviembre de 2016 se produjo un hecho aparentemente insólito: el candidato Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en los EEUU. Junto a la victoria del ‘Brexit’ en el Reino Unido y del ‘No’ al proceso de paz en Colombia, este resultado electoral ha completado el elenco de desenlaces políticos sorprendentes en el mundo a lo largo de 2016 porque no fueron pronosticados previamente debido a su presunta irracionalidad. La reacción en todos estos casos siempre ha sido la misma: sorpresa, estupor y búsqueda de las causas. En el caso de los EEUU esta parece que ha sido la furia.


Los datos del recuento señalan que ese voto de la furia le ha supuesto a Trump el mayor número de papeletas jamás conseguido por un candidato republicano con más de 62,2 millones, un hecho poco relevante en sí ya que su rival Hillary Clinton, a pesar de su derrota, le supera. Sin embargo, más de 62 millones de personas han votado a un candidato que ha prometido levantar un muro en la frontera con México, deportar a los inmigrantes sin papeles, encarcelar a su rival, limitar el papel de los EEUU en el exterior, penalizar a las empresas extranjeras, etc. ¿Por qué?

Algunas respuestas las dan los datos a pie de urna, el Exit Polls publicado por el New York Times tras preguntar a los votantes una vez ejercido su derecho (enlace en http://www.nytimes.com/interactive/2016/11/08/us/politics/election-exit-polls.html?_r=0).

Para empezar, destaca que se trata de un voto movilizado en el último momento. La mitad de los encuestados que decidieron el voto una semana e incluso un mes antes de las elecciones eligieron a Trump frente al 37% que lo hicieron por Clinton. En cambio, el 52% de los que ya tenían decidido el voto mucho tiempo antes, incluso en verano, se decidieron por los demócratas. Es decir, el voto a Clinton se ha mantenido fiel en el tiempo mientras que el de Trump se movilizó en el último trecho de la campaña, como atestigua la evolución de las encuestas electorales que daban a Clinton por ganadora prácticamente hasta el último momento.


NYT, Exit Polls 2016

Una vez detectado que los votantes de Trump se animaron en muchos casos a hacerlo en el último momento, habría que preguntarse ¿por qué ese voto? Antes habría que destacar que el voto al candidato republicano no lo fue porque irradiara simpatía. De hecho, el 49% dijo que le gusta Trump pero “con reservas” frente al 53% de los votantes demócratas que dijo apoyar “firmemente” a su candidata. La clave está en otro sitio: el 51% de los votantes republicanos explicaron su voto porque “no les gusta” la rival, y, sobre todo, porque le votaron el 83% de los que perciben que la mayor cualidad de Trump es que “puede traer el cambio necesario”.



“El cambio necesario

“El cambio necesario” es pues una causa determinante del voto republicano. ¿Por qué? Se debe la muy negra visión que los votantes de Trump tienen del presente y del futuro de los EEUU y, sobre todo, del papel que ellos juegan y jugarán en la sociedad. Partiendo del presente, un 90% de los que desaprueban la política de empleo de la ya saliente administración Obama son votantes republicanos, una cifra muy alta incluso en un contexto de alta rivalidad partidista. Sin embargo, ese dato viene acompañado de otro muy elocuente: un 77% de los que se consideran “enfadados” por el trabajo del anterior gobierno son republicanos (frente al 78% de los que se consideran “entusiasmados” que votaron demócrata). “Enfado” es un sentimiento muy extremo. ¿A qué se puede deber?

Para explicarlo el Exit Polls ofrece más datos. El más general es que el 79% de los que consideran la situación económica de los EEUU como “pobre” votaron a Trump. Acercándonos a su ámbito doméstico, entre los que consideran que su situación económica familiar es hoy peor, un 78% eligió al candidato republicano. Y, sobre todo, lo hicieron el 63% de los que creen que la próxima generación de estadounidenses vivirá una vida peor que en el presente. Situación económica pobre, una economía familiar peor y un futuro incierto, esa es la triada que podría explicar el enfado. 


NYT, Exit Polls 2016

La causa de esta visión tan negativa de la situación económica general y particular es la globalización, y en concreto el miedo a sus efectos. Así se entiende que el 65% de los que creen que los tratados comerciales internacionales “se llevan empleos de los EEUU” votaron republicano. Pero la ‘amenaza’ no está solamente fuera, también dentro de las fronteras. Por eso el 84% de los que exigen la deportación de los inmigrantes irregulares votaron a Trump, un porcentaje que incluso aumenta hasta el 86% de votos al candidato republicano entre los que opinan a favor de construir un muro con el vecino meridional de los EEUU, México.

Un voto decidido en las últimas semanas de campaña, que considera que la situación económica y laboral en los EEUU es mala e irá a peor, sobre todo por la globalización y la inmigración. Y sobre todo, un voto “enfadado”. Ese es el perfil del voto de la furia que ha llevado a Donald Trump al despacho oval.    






domingo, 30 de octubre de 2016

El desierto se extiende en España

Los cambios demográficos en 2031
Dos noticias publicadas con pocos días de diferencia advierten que el futuro de España podría estar marcado por la desertización. Por un lado, el INE afirma que en el año 2031 el noroeste español (Galicia, Asturias y Castilla y León) habrá perdido población de forma significativa. Por otro lado, los investigadores alertan de que el cambio climático amenaza con convertir a finales del S. XXI el sur del país en un desierto que sería la continuación del Sáhara. Despoblación y desertización, dos retos que marcarán la agenda política, económica y social del futuro de España.


El INE ha calculado el futuro de la demografía española hasta el año 2031 y sus conclusiones son: el tercio noroeste español perderá aún más población y los grandes focos demográficos se centrarán en el litoral mediterráneo y en el entorno de Madrid. En concreto, las comunidades autónomas de Galicia, Asturias y Castilla y León seguirán perdiendo habitantes poco a poco en un proceso que lleva ya muchos años en marcha y que comenzó durante el desarrollismo económico del franquismo. Hoy es la falta de inmigración y una tasa de natalidad muy baja las causas fundamentales de la pérdida de habitantes en vez de la emigración masiva de los años 60 y 70 del S. XX. Será una muerte lenta en la que la población anciana no será sustituida por generaciones posteriores y que afecta con mayor virulencia a las provincias ya de por sí muy poco pobladas. Así, según el INE la provincia de Zamora perderá en 2031 hasta un 17% de su población, Ávila un 13,1%, Orense un 12,6% y Asturias un 11,6%, por poner algunos ejemplos.

Por otro lado, son pocas las provincias que verán aumentar su población y casi todas tienen un elemento en común: están en el litoral mediterráneo. Las Islas Baleares (+7,7%), Málaga (6,7%), Almería (6,2%), Murcia (+1,3%), Alicante (+0,7%) o Barcelona (+1,3%) crecerán. También lo harán las Islas Canarias y Madrid, que pasará a acercarse a los siete millones de habitantes. En una clara confirmación futura del carácter fundamental de la industria del turismo en la economía española, ya que el aumento de la población se deberá ante todo a la inmigración por motivos de empleo en el sector servicios y también de una generación de ancianos que se trasladará allí en su jubilación, la costa mediterránea y el centro peninsular se consolidarán como los ejes sobre los que gravitará el país. El resto (con la excepción vasca) estará al margen de la agenda.

Lo explicó el periodista Enric Juliana en su artículo “Lo que nos dice la demografía” publicado en La Vanguardia el 5 de julio de 2015 tras la publicación de un mapa que estudia la evolución de la dinámica poblacional europea entre 2001 y 2011 (ver imagen): “España se está desplazando al Mediterráneo”. (…) “En España, la nueva línea de tensión es Oeste-Este. Puesto que la población ha crecido gracias a la inmigración y no a la natalidad, los rojos y los azules intensos nos muestran donde están el dinamismo y la depresión económica. Han crecido el Gran Madrid, toda la costa mediterránea, con fuerza en Catalunya, Baleares y Valencia, y el corredor del Ebro. La España del Oeste se despuebla y envejece”. En 2016 el INE confirma estas conclusiones y las proyecta hacia 2031 vaticinando un grave desequilibrio demográfico en el país.

Por otro lado, a la amenaza de desertización demográfica en el tercio noroccidental se suma el peligro del cambio climático. Según ha publicado el Diario El País el pasado 28 de octubre, el investigador del Centro Europeo de Investigación y de Enseñanza de Geociencias Ambientales Joel Guiot advierte: “Aunque se cumplan los objetivos del acuerdo de París, los paisajes mediterráneos cambiarán, los biomas más secos avanzarán hacia el norte”. “La estrecha franja verde del norte de África desaparecerá engullida por el desierto. Los bosques de hoja caduca quedarán arrinconados en las cumbres más altas. Y un tercio de España será tan árido como lo es hoy el desierto de Tabernas, en Almería, si no se reducen las emisiones de CO2”, afirma el artículo. Una desertización que tendrá, sin duda, grandes consecuencias demográficas provocando movimientos migratorios que añadirán al tercio sur español, Andalucía fundamentalmente, al territorio en proceso de despoblación, sobre todo en su zona interior.

Resultados electorales por municipios 26J 2016
Con dos tercios de España amenazados por la desertización solamente quedará viva una tercera parte del territorio donde se concentrará la población y, por consiguiente, la actividad económica, política y social del país. La franja del litoral mediterráneo y Madrid serán los ejes de España. El mapa político estará muy influido por esta evolución que afectará, sobre todo, a los dos partidos tradicionales que son los que hoy siguen manteniendo el poder en esas zonas. Incluso se podría decir que las zonas afectadas por la desertización del futuro son las que hoy ejercen una mayor influencia política sobre el resto del país a través del Partido Popular y del PSOE: El PP ha perdido su capacidad que tenía en 2011 de ganar por mayoría absoluta excepto en Galicia y en Castilla y León, las dos comunidades más afectadas por la pérdida de población en 2031. Asturias, la tercera comunidad, está gobernada por el PSOE, cuyo feudo de Andalucía se verá directamente golpeado por el cambio climático (ver imagen).

Los mapas de hoy nos revelan que las fuerzas políticas emergentes (Podemos y Ciudadanos principalmente) se nutren fundamentalmente de votos en los lugares en los que se produce crecimiento demográfico: Madrid y la costa mediterránea (ver imagen 3). El periodista Enric Juliana lo comentó en su artículo “El mapa del 20D muestra que la España del cambio está en el litoral” publicado el 22 de diciembre de 2015 sobre los resultados electorales de las generales celebradas dos días antes: “En pocas palabras, la adhesión a los dos partidos clásicos tiende a hundirse en la España con mayor dinamismo económico, en las grandes ciudades, evaporándose en el País Vasco y en la inflamada Catalunya. El bipartidismo, por el contrario, aguanta bien en la España interior, sobre todo en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, la vieja Castilla, y en las dos provincias más envejecidas de Galicia (Lugo y Ourense)”. (...) “Hay una España que desea cambios, quizá de manera dispersa y contradictoria. Y hay otra España que prefiere quedarse como está, o cambios muy seguros, timbrados por las fuerzas políticas tradicionales. No es difícil adivinar que en la España metropolitana se concentran las nuevas generaciones fuertemente decepcionadas por el derrumbe de las expectativas sociolaborales provocado por la crisis económica. En la segunda hay más población mayor”.

La población mayor ya ejerce hoy una clara importancia en los resultados electorales. El PP, vencedor en las últimas tres citas electorales españolas a nivel nacional, es el líder indiscutible entre el electorado mayor de 65 años. En cambio, Podemos lo es en la franja hasta los 45 años. Es decir, existe entre los dos partidos una clara brecha generacional que apunta a ser también territorial en la siguiente generación. Según el estudio del INE que advierte sobre la despoblación del noroeste, también se prevé la intensidad del envejecimiento de la población. De mantenerse la situación actual, la pérdida se concentrará en el tramo de edad entre 30 y 49 años, que se reduciría en 4,2 millones en los 15 próximos años (un 28,5 %) y en 6 millones hasta 2066 (40,1 %). En 15 años años habrá más mayores de 65 años a costa de personas entre los 30 y los 50 años, justamente la franja que hoy vota mayoritariamente a Podemos. ¿Lo seguirá haciendo en el futuro? Si es así, Podemos tendrá la hegemonía política.

A priori las proyecciones demográficas y medioambientales en España pintan un futuro complicado para el PP y el PSOE y un escenario muy favorable para Podemos: los lugares donde hoy son electoralmente fuertes coinciden con los lugares que concentrarán la vida política, económica y social de España (prácticamente la vida en un país casi desertizado), y la generación que hoy les vota tendrá la hegemonía demográfica indiscutible.


Sin embargo, vivimos en tiempos de cambios constantes y las predicciones se basan en las variables de hoy. ¿Qué pasará mañana? 

viernes, 7 de octubre de 2016

Los vídeos electorales en los EEUU: Trump protagonista

La campaña electoral de las Presidenciales en los EEUU está entrando en una fase decisiva. Con las encuestas dando una ligera ventaja a la demócrata Hillary Clinton sobre el republicano Donald Trump, todo puede ocurrir. Por ello a maquinaria electoral de ambos aspirantes trabaja a todo gas para forzar unos resultados que se antojan demasiado impredecibles teniendo en cuenta que la campaña partió con una clara ventaja de Clinton y que Trump ha ido recortando paulatinamente.

Es una campaña que se caracteriza por la profunda polarización entre ambos candidatos y su visión de los EEUU. Ambas partes tratan de movilizar al electorado avivando ese fuego con el objetivo de crear una imagen negativa de su rival, una técnica de comunicación política muy habitual en las campañas de los EEUU. Pero en este caso la campaña de Clinton parece que apuesta de manera más decidida por esta receta que la de Trump, ya que el argumento principal de la candidata para ser votada parece que se está reduciendo cada día más a señalar a Trump como un 'peligro público' cuya victoria hay que evitar a toda costa movilizando a diferentes segmentos sociales cuyo único elemento común es el temor a una victoria republicana.

Es el hilo argumental principal de los siguientes vídeos de campaña de Clinton que apelan directamente al sentimiento de rechazo personal que puede provocar Trump y sus declaraciones:







Trump, por su parte, también usa la campaña negativa para criticar a Clinton y al Gobierno demócrata de Obama. Sin embargo, a diferencia de Clinton, el mensaje de Trump es de ataque hacia el modelo de los EEUU defendido supuestamente por su rival y no hacia su persona. A diferencia de la campaña de Clinton, que personaliza en Trump el discurso populista y xenófobo, el republicano ve en Clinton la representante de una idea de los EEUU que promete superar. Es decir, Trump critica a Clinton por lo que representa y no por quien es, mientras que Clinton hace lo contrario: 




Sin embargo, antes que apostar exclusivamente por una campaña negativa, Trump está redoblando sus esfuerzos por reforzar su relato de hombre de éxito que se enfrenta al establishment, utilizando directamente el marco del padre autoritario propio del Partido Republicano, como señaló George Lakoff. Consecuentemente, la campaña republicana está enfocando su discurso en la persona de Trump y en su presunta capacidad de liderazgo personal y, sobre todo, en su "rebeldía" contra las injusticias del sistema, lo que le aleja de la etiqueta de político profesional:



En resumen, ambos rivales están haciendo prácticamente la misma campaña: reducir las elecciones  de los EEUU a una decisión sobre si Trump debe ser presidente o no. Clinton está abandonando el discurso constructivo y propositivo mientras redobla los ataques personales contra Trump, mientras que éste está ofreciendo una cara más amable y, sobre todo, decidida para afrontar los retos de la futura presidencia.

Mientras tanto, la diferencia en las encuestas se va reduciendo.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Alternativa para Alemania: ¿Susto o amenaza seria?


El pequeño Land alemán de Mecklenburgo-Antepomerania saltó el pasado 4 de septiembre a las portadas de la prensa mundial por ser el escenario de un hecho simbólico: el pequeño partido Alternativa para Alemania consiguió adelantar a la CDU de la todopoderosa canciller Angela Merkel en su propia tierra de origen. A parte de este dato, estas elecciones regionales no tienen consecuencias a corto plazo para la gobernabilidad del país más poderoso de Europa. Pero sí podrían ser un aviso de que algo se está fraguando.

Los socialdemócratas del SPD ganaron las elecciones pero se dejaron cinco puntos en el camino. Los cristianodemócratas de la CDU pasaron de la segunda a la tercera posición perdiendo también cinco puntos. Lo mismo que el partido de izquierdas Die Linke, con un fuerte arraigo en el este alemán, que también perdiendo cinco puntos ha descendido hasta una irrelevante cuarta posición cuando hace tan sólo unos años era socio de Gobierno regional. La gran vencedora de las elecciones fue Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland, AfD), que de la nada ha conseguido el 20,8% de los votos colocándose en la segunda posición, aunque a bastante distancia del 30,6% de los socialdemócratas.

El impacto de estos resultados es más simbólico que práctico. Mecklenburgo-Antepomerania es un Land comparativamente pequeño. Tiene 1,6 millones de habitantes (frente a los 12,8 de Baviera o los 17,8 millones de Renania del Norte- Westfalia) y su sociedad es fundamentalmente de carácter rural. Carece de grandes ciudades. Rostock, la urbe más importante tiene poco más de 200.000 habitantes y su capital Schwerin no llega a los 100.000. Tampoco es un Land rico. Su economía se basa en la agricultura y el valor de su PIB por habitante es un 78,3% con respecto a la media de la Unión Europea, mientras que el del conjunto de Alemania es del 115,2%. Es decir, Mecklenburgo-Antepomerania no es precisamente un referente ni un lugar central en el tejido económico y social alemán. Sin embargo, esto no quiere decir que el ascenso local de la AfD no resulte significativo a nivel nacional.

Alternativa para Alemania se creó para poder participar en las elecciones federales de 2013 y no entró en el Parlamento, el Bundestag, por no superar por unas décimas la barrera del 5% de los votos, imprescindible según la ley electoral alemana para poder tener representación parlamentaria tanto a nivel nacional como regional. Sin embargo, desde entonces, la AfD ha logrado entrar en todos los parlamentos de los Länder donde se han celebrado elecciones: nueve de un total de 16 con resultados dispares que ha ido mejorando a medida que avanzaba el tiempo. Así, por ejemplo, si en 2014, el año tras las elecciones federales, el mejor resultado regional de la AfD fue en Brandemburgo con un 12,2%, en 2016 ha conseguido resultados como el 15,1% en el Land rico y occidental de Baden-Würtemberg, o el 24,3% en el Land más humilde y oriental de Sajonia-Anhalt, a lo que se suma ahora el 20,8% de Mecklenburgo-Antepomerania.

Es decir, las cifras demuestran un crecimiento de la AfD a medida que se van produciendo elecciones.  


¿Qué es Alternativa para Alemania?


Alternativa para Alemania se fundó el 6 de febrero de 2013 como un partido euroescéptico y para aglutinar las voces de aquellos que consideran la Unión Europea como un lastre para Alemania antes que una oportunidad. Desde que comenzó la crisis financiera y económica en 2008, y a medida que Alemania no solamente no se veía afectada sino que incluso se beneficiaba políticamente de ella al aumentar su poder en la UE, surgió el discurso demagógico y reduccionista de que Alemania es un país exclusivamente pagador que no recibe nada a cambio de sus sacrificios. La crisis de la economía griega puso sobre la mesa los miedos de la clase media alemana y dio alas al discurso de fondo xenófobo (atizado por la prensa sensacionalista), de que los países del sur de Europa se están “aprovechando” del contribuyente alemán que les paga las infraestructuras y las pensiones.

La AfD nació en ese contexto. Por eso en su programa político aboga abiertamente por la desaparición del Euro y la vuelta de Alemania a la Deutsche Mark, todo un símbolo nacional que en la psicología colectiva alemana (sobre todo de la gente mayor) representa el milagro económico alemán después de la Segunda Guerra Mundial. Paralelamente al desmantelamiento del Euro, la AfD también pide reducir el poder de la Unión Europea (aunque no su desaparición), así como su burocracia. Está a favor de devolver soberanía a los estados nacionales y revertir así poco a poco el proceso de integración europeo. Se trata pues de un típico partido euroescéptico.

Alternativa para Alemania también se presenta como defensora de la familia clásica compuesta por un hombre y una mujer, y en general es partidaria de políticas fiscales regresivas y de eliminar el sistema educativo unitario para todos los alumnos, apostando por favorecer a aquellos con mejor rendimiento para no “entorpecer” su progreso por aquellos con menor rendimiento. Es decir, la AfD no solamente es un partido con un discurso hostil a la Unión Europea, sino que presenta el menú ideológico completo de un partido muy conservador con ramificaciones incluso de carácter ultraderechista, mientras que la prensa alemana lo califica ya habitualmente de “populista de derechas” (rechtspopulist).  

Sin embargo, hay otros elementos todavía más preocupantes en su discurso.


“Ellos frente a nosotros”


Desde que explotó la crisis de los refugiados en Europa en el verano de 2015, y sobre todo desde que la canciller Merkel abanderó en un primer momento una política de acogida, la AfD ha centrado su discurso en el rechazo a este fenómeno. En las elecciones de Mecklenburgo-Antepomerania los refugiados se convirtieron en el argumento electoral central, a pesar de su escasa presencia en esta región. Con lemas como “El asilo necesita fronteras”, “Asegurar las fronteras, parar el terrorismo”, “vamos a tener que pagar la inmigración descontrolada” o “No habrá un segundo milagro económico por los refugiados”, este partido apela directamente a los miedos más profundos del electorado.

La AfD ha retomado un discurso denostado en Alemania desde el Tercer Reich basado en la “comunidad del pueblo” (Volksgemeinschaft), cultural e incluso étnicamente homogéneo, frente al concepto de “sociedad” (Gesellschaft), más abierto e integrador que es el que defienden los partidos tradicionales desde la fundación de la República Federal Alemana en 1949. Es precisamente el rechazo a los partidos y a la política tradicional lo que está dando alas a la AfD en Alemania, de la misma manera que está ocurriendo con otros partidos populistas y extremistas en el resto de Europa o con la candidatura de Trump en los EEUU.

El discurso del conflicto entre “ellos y nosotros”, “los de arriba y los de abajo”, está sustituyendo en Alemania poco a poco el tradicional eje discursivo de derecha e izquierda. En el “ellos”, la AfD coloca a la élite política de todos los partidos y a los extranjeros, es decir, todos aquellos que no corresponden a la imagen del ciudadano medio alemán, al que animan en sus eslóganes a “ser valientes ante la verdad” y a “decir basta”, y al que ofrece la presunta protección de la comunidad del pueblo y de sus valores frente a la intemperie y el caos de los procesos desencadenados por la globalización.

La AfD se presenta como la alternativa por la derecha a Merkel después de años de monopolio político en este espacio y de una popularidad incontestable de la canciller que, sin embargo, está empezando a resquebrajarse. Según las últimas encuestas a nivel federal, la CDU perdería 7,5 puntos con respecto a las elecciones de 2013 mientras que la AfD conseguiría el 12% de los votos (Emnid). Estos datos empeorarían según los datos del instituto INSA, que prevé una pérdida de once puntos por la CDU (30,5% en 2017 frente al 41,5% de 2013), mientras que la AfD conseguiría el 15% y se convertiría en tercera fuerza política.

La AfD, ¿susto o amenaza seria? En un año podremos salir de dudas.