domingo, 16 de noviembre de 2014

La crisis en España, ¿el fin de una era política?

El pasado 9 de noviembre 1,8 millones de catalanes votaron a favor de la independencia. Al mismo tiempo, las encuestas del CIS, Metroscopia y de la Fundación Sistema sitúan a Podemos entre las tres principales fuerzas políticas junto a PSOE y PP. España está viviendo un terremoto político. ¿Por qué? Muchas voces aseguran que se debe a que las instituciones y los partidos están sufriendo un enorme desgaste por culpa de las crisis que se traduce en desafección y desconfianza entre cada vez más ciudadanos. Según el politólogo y sociólogo Ignacio Sotelo esta desafección es fruto de una transformación socioeconómica a nivel global, cuyas consecuencias podrían estar poniendo fin al ciclo político en España nacido en la transición.

La primera mitad del mes de noviembre de 2014 ha sido testigo de una serie de hechos que podrían interpretarse como un terremoto político en España, en el sentido de que se han movido los cimientos sobre los que se ha sostenido el sistema político español desde la transición. En el transcurso de una sola semana, dos elementos fundamentales de la política española que parecían inamovibles hace tan sólo una década, han demostrado no ser tan inmutables y han abierto un periodo de incertidumbre sobre el futuro político del país.

Por un lado, el pasado 9 de noviembre más de dos millones de personas, más de un tercio del censo electoral catalán, se tomaron la molestia de participar en una consulta sobre la futura relación de Cataluña con España a pesar de que era evidente que los resultados no serían vinculantes legalmente. Alrededor de 1,8 millones de personas, el 81% de los participantes, votaron a favor de la independencia. Este resultado refleja que la opción que aboga abiertamente por la ruptura con España, aunque no cuenta con un apoyo superior al 50% entre la población catalana, sí ha conseguido convertirse en una fuerza muy importante. Es un fenómeno que ha explotado en la última década, ya que en junio de 2005 solamente el 13,6% de los catalanes se mostraban favorables a un estado independiente frente al 49,4% de 2014 (según los sondeos del "Centre d'Estudis d'Opinió" de la Generalitat de Cataluña).

Al auge del independentismo se suma la quiebra del llamado bipartidismo. El pasado 5 de noviembre el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó un barómetro que incluía la intención de voto en España para las próximas elecciones generales. Según sus conclusiones, el partido más votado sería el PP con el 27,5%, seguido por PSOE (23,9%) y Podemos (22,5%). Independientemente de la ‘cocina’ añadida a los resultados de la encuesta y de los apoyos concretos que otorga a cada partido, la tendencia electoral que muestra es clara: llega una tercera fuerza que iguala a PP y PSOE en proyección electoral.

Esta tendencia se ha visto confirmada por otras encuestas como la de Metroscopia publicada el pasado 2 de noviembre, que da a Podemos el 27,7% de intención de voto, por encima de PSOE (26,2%) y PP (20,7%), y la encuesta de la Fundación Sistema, que sitúa al PSOE como el partido con mayor intención de voto (31%), seguido de Podemos (21%) y PP (20%).


Crece el hastío

Antes de la aparición del auge del independentismo catalán y de Podemos hace tiempo que se había estado percibiendo otro fenómeno fundamental para comprender lo que está pasando. La encuesta de Metroscopia revela un enorme hastío por parte del electorado y señala este sentimiento como la principal causa del apoyo a Podemos. Así, en respuesta a la pregunta por las causas del apoyo a esta formación política, el 67% de sus simpatizantes encuestados respondieron que se debe “sobre todo al desencanto y decepción con los demás partidos” en un contexto en el que el 91% de considera que la situación política española es “mala o muy mala”.


Por su parte el barómetro del CIS confirma este hastío popular: el 80,5% de los encuestados valora la situación política de España como mala o muy mala, y el 92,6% considera que esta situación política es igual o peor que hace un año. Los encuestados no son muy optimistas, ya que el 75,4% cree que la situación política será igual o peor dentro de un año. En ese contexto de enfado y pesimismo se explica que entre los principales problemas señalados por el CIS destaquen en segundo lugar “la corrupción y el fraude” (por debajo del paro) y “los/las políticos/as en general, la política y los partidos” en cuarto lugar.

A la mala estimación de la situación política le acompaña una pésima valoración de las instituciones. En el barómetro del CIS del pasado mes de abril de 2014 se preguntaba directamente por la valoración de las diferentes instituciones del Estado, y en una escala entre 0 (ninguna confianza) y 10 (mucha confianza), los resultados eran bastante elocuentes: los partidos políticos (1,89), el Gobierno (2,45), los sindicatos (2,51), el Parlamento (2,63), las organizaciones empresariales (2,94) y los parlamentos autonómicos (2,99) no superaban los tres puntos de confianza.

Para comparar, en el barómetro del CIS de octubre de 2006, antes de que comenzara la crisis económica, la desconfianza en los partidos políticos era menor (3,41), así como en los sindicatos (4,22) y en las organizaciones empresariales (4,31). También era mayor la confianza en el Gobierno (4,60), el Parlamento (4,52) y en los parlamentos autonómicos (4,90). En general, en octubre de 2006 un 50,1% de los españoles decía sentirse satisfecho o muy satisfecho con el funcionamiento de la democracia en España frente a un 45,1% que decía sentirse poco o nada satisfecho.    

Es decir, las instituciones que tradicionalmente han dirigido la vida política, económica y social española desde la transición sufren un desgaste y una creciente falta de apoyo entre la población desde el inicio de la crisis económica. Mientras tanto, está emergiendo una fuerza política de reciente creación que en pocos meses se está abriendo un hueco entre una ciudadanía que desconfía de las instituciones, y el independentismo se está fortaleciendo en Cataluña de manera espectacular. ¿Por qué?


La sociedad está cambiando

El sociólogo y politólogo Ignacio Sotelo hace un análisis sobre esta transformación en su ensayo  “España a la salida de la crisis” (editorial Icaria Amtrazyt), y sitúa el punto de partida en la crisis económica: “En tres décadas el neoliberalismo triunfante desemboca en una crisis de grandes dimensiones que ha terminado por consolidar un nuevo tipo de capitalismo, el financiero, con el que el poder pasa de las compañías industriales a los grandes consorcios financieros de inversión. Es el acontecimiento que señala la salida de la crisis, inaugurando una nueva época”.



Este proceso ha sido descrito por el también sociólogo Zygmunt Bauman como “modernidad líquida”, en la que ya nada es estable y fijo. El capital financiero puede literalmente volar de un lugar a otro del planeta globalizado sin sufrir prácticamente ningún obstáculo y utilizando a placer la mano de obra que necesita de forma coyuntural, es decir, temporal. La consecuencia es que “no va a volver el tipo de trabajo de jornada completa para toda la vida en la misma empresa”, afirma Sotelo.

Pero no solamente hay temporalidad, sino que también se ha instalado la precariedad e incluso la exclusión laboral de una parte muy importante de la fuerza de trabajo. En España el paro se ha estabilizado en torno al 25%, afectando sobre todo a la mano de obra no cualificada que tendrá muy difícil volver a encontrar un empleo a largo plazo. Esto supone un problema estratégico, ya que “el tema central de esta nueva etapa del capitalismo es cómo sostener una población no empleable, que ni siquiera se necesita como ‘ejército de reserva’”.  No se trata de un asunto baladí, ya que “cambios de tanto peso en el mercado de trabajo traen consigo una transformación radical del orden socioeconómico”, escribe Sotelo.

Es decir, la hegemonía del capitalismo financiero sobre los otros tipos de capitalismo desarrollados hasta el momento (comercial e industrial), está cambiando el mundo: “Las consecuencias sociales y económicas no pueden ya ser ignoradas: disminución, cuando no, desaparición de los puestos de trabajo que no exijan una alta cualificación, descenso de los salarios. Desmontaje progresivo del Estado social, proletarización de las clases medias, rápido aumento de la desigualdad social, concentrada la riqueza en cada vez menos manos”, escribe Sotelo.

Eso ya está sucediendo. Un informe reciente de la ONG Oxfam afirma que la riqueza de los tres españoles más acaudalados duplica a la del 20% de la población más pobre y que las veinte personas más ricas en España poseen una fortuna similar a los ingresos del 30% más pobre de la población (casi 14 millones de personas).



¿El cambio en la sociedad está afectando a la legitimidad política?

El politólogo, jurista y político italiano Gaetano Mosca, escribió hace más de un siglo sobre la manera que tiene la clase política de perder su legitimidad ante los gobernados. Mosca explicó que “la base jurídica y moral sobre la que se apoya el poder de la clase política en todas las sociedades, es la que llamamos fórmula política”. Se trata de una serie de valores, discursos y comportamientos por parte de la clase política que dan respuesta a la “necesidad, tan universalmente experimentada, de gobernar y sentirse gobernado, no en base a la fuerza material e intelectual, sino a un principio moral”. Es decir, “la fórmula política debe fundarse sobre las creencias y sentimientos más fuertes, específicos del grupo social en el cual está en vigencia”.

Por lo tanto, y aplicando este concepto de Mosca, si la fórmula política se transforma o lo hace la sociedad sobre la que descansa (dando paso a un grado de desigualdad social cada vez más amplio, por ejemplo), la clase política pierde la legitimidad de gobernar que había tenido antes. ¿Es esto lo que está pasando en España?     
Ignacio Sotelo
La creciente desigualdad social, unida al creciente empobrecimiento de las capas sociales medias y trabajadoras (otro ejemplo: Cáritas ha informado que en 2013 atendió a 2,5 millones de personas en riesgo de exclusión social, 600.000 más que en 2012), provocaría incertidumbre y temor, y también supondría un duro golpe para la legitimidad del sistema político, según Ignacio Sotelo. Y, en consecuencia, “el distanciamiento crítico del capitalismo alcanza al régimen político que lo sustenta, la democracia representativa, poniendo en tela de juicio el orden político establecido”. La señal más evidente de que esto está ocurriendo en España sería “el distanciamiento creciente de los ciudadanos, no de la política, sino de los políticos”, escribe Sotelo.

Llegado a este punto, Sotelo se pregunta si se “¿acaba el ciclo de la transición?”. Identifica hasta cinco ciclos políticos diferentes en España desde la guerra contra Napoleón en 1808: el régimen absolutista de Fernando VII, el periodo liberal de Isabel II, la restauración borbónica entre 1875 y 1923 (hasta ahora el ciclo más duradero), el régimen de Franco y finalmente el periodo que comenzó con la Constitución de 1978. ¿Es cierto que está llegando a su fin?   

El hastío que una parte importante de los ciudadanos siente hacia el sistema político español y que se expresa en un auge espectacular de Podemos y del independentismo catalán, cuyos discursos se basan precisamente en la ruptura de ese sistema, podrían interpretarse en clave de fin de ciclo. Sin embargo, no hay que olvidar que los apoyos a Podemos y al independentismo en Cataluña no son mayoritarios en el sentido de superar el 50%. Las encuestas dan a Podemos, como mucho, una intención de voto del 25% del electorado mientras que el 75% restante apoyaría a otras fuerzas políticas que no plantean discursos rupturistas. Lo mismo ocurre en Cataluña, donde el independentismo se ha convertido en una fuerza muy importante a tener en cuenta, pero no es la opción de la mayoría de la población, al menos de una mayoría clara.

Teniendo en cuenta esta situación se podría concluir que la sociedad española, al igual que el resto del mundo, está sufriendo una transformación en el modelo socioeconómico que tiene consecuencias en la política. Una parte muy importante de la sociedad considera agotada la legitimidad de las instituciones políticas del Estado y de sus representantes y apoya opciones que pretenden romper ese marco. Sin embargo, hay muchas más que continúan apoyando las opciones políticas tradicionales, a pesar de que también les afecta la transformación socioeconómica. 

Lo cierto es que en España no existe, hoy por hoy, una mayoría clara que ponga en práctica una ruptura del sistema político. Pero tampoco existe una mayoría que haga innecesarios los cambios en ese sistema. ¿Qué puede pasar?

Sotelo es pesimista. Según él, “lo probable es que en los próximos años, pese a los muchos discursos retóricos sobre la necesidad de cambios profundos, presenciemos el desmoronamiento del orden institucional, que desemboque en un nuevo periodo de inestabilidad, en el que todo puede pasar, como ha ocurrido otras veces en nuestra historia”.   


 Artículo disponible en Ssociólogos.com


domingo, 2 de noviembre de 2014

“La psicología de masas del fascismo”, ¿cómo llegó Hitler al poder?

¿Cómo es posible que en Alemania, el país con el movimiento obrero más organizado de Europa, millones de trabajadores apoyaran a Adolfo Hitler a pesar de su carácter reaccionario? Una respuesta interesante pero controvertida a esta pregunta la ofreció Wilhelm Reich en su libro “La psicología de masas del fascismo”: el apoyo masivo al nazismo habría sido consecuencia de la represión sexual propia de un modelo de familia autoritario muy extendido entre las clases medias y entre gran parte de los trabajadores. La represión de los instintos sexuales más profundos y desde la más tierna infancia habría creado individuos con grandes carencias y frustraciones que habrían tratado de compensar participando en un movimiento autoritario y obedeciendo a un líder que reproducía a nivel político esas mismas estructuras autoritarias de la familia.
 
Wilhelm Reich fue un autor muy polémico en su época. Sociólogo, psicoanalista y comunista austriaco (expulsado del partido por “heterodoxo”), vio la llegada de Hitler al poder en Alemania en 1933. Ese año escribió su obra “La psicología de masas del fascismo” para tratar de dar una respuesta a la pregunta que en ese momento se hacían en la izquierda europea: ¿Cómo es posible que millones de trabajadores alemanes, el movimiento obrero más grande y mejor organizado de Europa, no impidieran e incluso apoyaran al fascismo a pesar de tratarse de una ideología reaccionaria que trabajaba en contra de sus intereses como clase social? Y también, ¿cómo es posible que millones de ciudadanos alemanes de clase media aceptaran la muerte de la democracia y el triunfo de un sistema que les perjudicaba en sus aspiraciones individuales, tanto económicas como políticas?

Reich explicó que según el dogma imperante entre los autores marxistas en los años 30, a los que calificó como “vulgares”, eran las condiciones económicas las que determinaban la conciencia de clase y por lo tanto la acción política de las masas. Según este planteamiento, no habría otra fuerza más poderosa que la realidad económica para mover a los individuos hacia una determinada ideología política que debería corresponder a sus intereses. Es decir, en teoría, durante la crisis económica que azotó el mundo a partir de 1929, las masas deberían haber apoyado a las izquierdas porque solamente éstas defendían sus intereses frente a la explotación capitalista despiadada, y los nazis deberían haber carecido casi de de seguidores entre los obreros y las clases medias en peligro por la crisis porque “su esencia se presentaba como la expresión más extrema de la reacción política y económica”.

Sin embargo, la realidad tomó un rumbo muy diferente. Como explicó el autor, “la crisis económica, que hubiera debido imprimir un impulso hacia la izquierda a la ideología de las masas, inició de hecho un deslizamiento hacia la derecha que se apoderó de todas las capas proletarias de la población”. Reich fue incluso más lejos y aseguró que “fueron precisamente las masas empobrecidas las que ayudaron a la instalación en el poder del fascismo, es decir, a la reacción política más despiadada”. ¿Por qué?


¿Por qué se equivocaron los partidos de izquierda?

Reich criticó que el análisis de sus compañeros marxistas no tuviera en cuenta otra variable más poderosa a la hora de predecir el comportamiento político del individuo que no fueran las condiciones económicas. Para Reich, lo que faltaba en el análisis marxista eran las condiciones subjetivas, las fuerzas que anidan en el interior de la personalidad de cada individuo y que pueden incluso ser más poderosas que las condiciones objetivas de su entorno. Reich se refería a la estructura psíquica de cada individuo, que tiene su expresión política en la psicología de las masas.

Según Reich, los partidos de izquierda habrían fracasado ante Hitler porque no supieron trabajar las condiciones subjetivas de los obreros alemanes, mientras que los nazis sí supieron conectar y movilizar la estructura psíquica del proletariado y las clases medias mediante una propaganda muy eficaz. En este sentido, Reich explicó que “la ideología de cada formación social no solamente tiene como función reflejar el proceso económico, sino también enraizarlo en las estructuras psíquicas de los hombres de esa sociedad”. Es decir, mientras que los partidos de izquierda hablaron durante la crisis de la lucha de clases con un éxito moderado entre los obreros, Hitler habló de otros asuntos que conectaban mejor con la mayoría de la población.

¿Cómo fue eso posible? Porque el mensaje de Hitler era absolutamente “irracional” y por ello consiguió un apoyo igualmente totalmente irracional que nada tenía que ver con las causas “objetivas” de los autores marxistas. El movimiento nazi tenía un fuerte componente emocional “que no se sostiene con argumentos racionales”.


El control de las ideas

Reich explicó que la conciencia colectiva no avanza a la misma velocidad que los acontecimientos, por ejemplo una crisis económica: “La situación económica no se traslada inmediata y directamente a la conciencia política”. Existen una serie de controles que impiden esperar una reacción inmediata y explosiva por parte de las clases explotadas contra su situación y el principal control es el ejercido sobre las ideas. En este sentido, Wilhelm Reich citó a Karl Marx para explicar que “las ideas de la clase dominante son también las ideas dominantes de cada época”. Es decir, es posible mantener bajo control a una mayoría sumisa que acepta la explotación y la dominación gracias al control de las ideas

Wilhelm Reich
Pero no se trata de una simple manipulación mediática y del mensaje. Es mucho más profunda. Según Reich se articula a través de la familia, en concreto del concepto de la familia dominante que reproduce a escala doméstica las relaciones de poder y dominación del Estado sobre los individuos: “La familia autoritaria representa la célula productiva más inmediata y la más importante del pensamiento reaccionario: constituye la fábrica de la ideología y de la estructura reaccionarias”, explicó el autor.

En concreto, Reich aseguró que la dominación comienza en los primeros años de vida del individuo con la represión de los instintos sexuales del niño y adolescente, aplicando la prohibición, los castigos y el remordimiento. Se trata de una técnica muy eficaz porque “la inhibición sexual es el medio de ligar al individuo con la familia”. El objetivo de esa unión sería convertir “el lazo biológico del niño con su madre y el de la madre con los niños en una fijación sexual indisoluble y en una falta de aptitud para contraer otros vínculos. El vínculo del niño con su madre es el núcleo de la unión familiar”. Una vez pasa el tiempo y los niños se convierten en adultos, esa unión con la familia se traslada al Estado, ya que “las representaciones de patria y de nación son, en su núcleo subjetivo emocional, representaciones de la madre y de la familia”.  

Según este análisis, la familia reproduciría a pequeña escala a la nación y representaría a la patria, con la que se formarían unos lazos de lealtad que impedirían cualquier actitud hostil hacia el poder estatal. En otras palabras, según Reich el miedo a la libertad sexual sería el principal obstáculo para la revolución contra la explotación económica y contra las clases dominantes, y la mejor vía para apoyar las opciones políticas reaccionarias que reproducen las relaciones de poder que se dan en las familias autoritarias.


La clase media, el principal apoyo de Hitler

La familia era la base de la estructura social de las clases medias porque proporcionaba la ayuda económica y era la base de la existencia de los pequeños y medianos negocios, ya que a diferencia del gran capital que explota a los obreros, “la clase media se explota a sí misma” (empleando a familiares en el negocio, manteniendo a la mujer en el hogar, etc). A su vez, esta explotación familiar se basaba en una estructura patriarcal con una fuerte represión sexual, lo que reproducía en la familia la dominación del poder estatal: “La posición del padre en el Estado y en la economía se refleja en su actitud patriarcal con respecto al resto de la familia. El padre representa en la familia al Estado autoritario, de donde el padre se convierte en el más precioso instrumento del poder estatal”, afirmó Reich.  

Esa posición autoritaria del padre facilitó el acceso del nazismo a las clases medias, según Reich, ya que el liderazgo carismático de Hitler representaba a ese padre autoritario. Hitler encarnaba a la nación y la relación de la masa era emocionalmente individual: es decir, cada uno de sus seguidores creía tener una relación individual con Hitler y sentía una confianza infantil hacia Hitler, una actitud provocada desde la infancia por la familia autoritaria que extirpaba cualquier tipo de iniciativa independiente: “Cuanto más ha perdido el individuo, a consecuencia de su educación, su sentido de la independencia, tanto más se manifiesta la necesidad infantil de apoyo por la identificación afectiva con el führer. (…) El pequeño burgués reaccionario se descubre a sí mismo en el führer, en el Estado autoritario; en razón de esa identificación se siente defensor de la nacionalidad”, escribió Reich. 

La clase media fue, con diferencia, la que mayor apoyo prestó a los nazis en su camino hacia el poder (“El grueso de las tropas de la cruz gamada fueron las clases medias”). La familia autoritaria creó el marco para que el mensaje de Hitler fuera bien recibido en esa clase social. Pero, ¿cuál era ese mensaje?


El mensaje de Hitler: la lucha contra el sistema a favor del sistema

El propio Partido Nazi tenía un origen pequeño burgués y el componente emocional del mensaje del nazismo funcionó porque, según Reich, coincidía con las estructuras de esta capa social: “En lo esencial el origen pequeño burgués de sus ideas coincidía con las estructuras de las masas, dispuestas a darles la mejor acogida”. Es decir, el mensaje del nazismo se acoplaba como un guante a las clases medias. ¿Por qué?

Las clases medias vivían atemorizadas por la expansión del gran capital que amenazaban con destruir su modo de vida. El pequeño comercio se arriesgaba a ser absorbido por las grandes empresas en las ciudades y las pequeñas propiedades campesinas estaban amenazadas por los grandes latifundios en el campo. Temían perder su estatus social y acabar “degradadas” a clase obrera, hacia la que sentían una mezcla de temor y desprecio. Las clases medias vieron en el nazismo una oportunidad de enfrentarse a sus dos miedos, el gran capital y la clase obrera, y a tener una expresión política propia: “Las clases medias se pusieron en movimiento y, bajo el disfraz del fascismo, efectuaron su entrada en la escena política como fuerza social”, escribió Reich.  

Las clases medias interpretaron su apoyo a los nazis como “una lucha contra el sistema, y por tal entendía el régimen marxista de la socialdemocracia”. Pero también sentían un violento rechazo al gran capital. Como escribió Reich: “Nunca hubiera podido ganar Hitler para su causa a las clases medias si no hubiera prometido iniciar la lucha contra el gran capital”. Precisamente el gran capital era un aliado fundamental para los nazis y su objetivo fundamental de acabar con las fuerzas de izquierda, según Reich, por lo que obligatoriamente existió una contradicción con las aspiraciones de las clases medias de realizar la “revolución nacional”.

Esa contradicción fue superada con éxito por Hitler porque conectó con esta clase social en su aspecto más íntimo, según Reich: “El estudio de la eficacia psicológica de Hitler sobre las masas debía partir de la idea de que un führer o representante de una idea, no podía tener éxito más que si sus conceptos personales, su ideología o su programa se encontraban en armonía con la estructura media de una amplia capa de individuos integrados en una masa”. Es decir, Hitler contó con la ayuda de la estructura de la familia autoritaria para imponer un mensaje altamente irracional y emocional entre la clase media que “olvidó” sus aspiraciones revolucionarias contra el gran capital guiados por un liderazgo carismático y autoritario.   


Los obreros, también con Hitler

Pero las masas que llevaron al movimiento nazi al poder no provenían solamente de las clases medias, ya que solamente con ellas no era suficiente alcanzar una mayoría decisiva en las sociedades de los años 30. Como ya se ha señalado, un número muy considerable de trabajadores, incluso muchos organizados en el movimiento obrero, apoyaron a los nazis a pesar de que representaban supuestamente justo lo contrario de sus intereses objetivos. Según Reich, lo hicieron porque “se aburguesaron”, es decir, adoptaron una conciencia de clase media y con ella adoptaron las mismas estructuras que permitieron calar el mensaje nazi.

A diferencia del proletariado en época de Marx y Engels a mediados y finales del S.XIX cuando los obreros sufrían unas condiciones de vida miserables, en los años 30 del S. XX, los obreros (los alemanes, sobre todo), disfrutaban de unas condiciones de vida mucho mejores, lo que les habría alejado de su motivación revolucionaria y les habría acercado emocionalmente a las clases medias. Los obreros habrían adoptado así los modelos pequeño-burgueses de familia autoritaria, facilitando el acceso de la ideología nazi a un grupo social en el que, según los analistas marxistas de la época, no debería haber tenido cabida.

Hitler pudo contar así con el apoyo masivo de la clase media y con una amplia capa de la clase trabajadora porque en ambas funcionaba la estructura de la familia autoritaria. Por lo tanto, y a modo de conclusión, Reich explicó que para combatir a las ideologías reaccionarias no hay que apostar por un discurso basado en la realidad “objetiva”, sino adentrarse en la estructura psíquica de cada individuo que no tiene por qué coincidir con la realidad que le rodea. Por todo ello, la única manera de atacar a las fuerzas reaccionarias y conseguir que triunfe la revolución, es atacando el concepto de familia autoritaria y la represión sexual de sus miembros.


El poder de lo irracional

“La psicología de masas del fascimo” de Wilhelm Reich es una teoría heterodoxa que analiza la causa del apoyo masivo a una ideología extremista, irracional y violenta por parte de una sociedad moderna y educada. Reich despertó una importante polémica con este libro, que cuenta con muchos detractores y también con muchas opiniones favorables abriendo un debate todavía sin fin.  

Hoy es difícilmente aplicable, al menos al pie de la letra. El mundo, al menos en Occidente, se ha transformado de manera decisiva en algunos de los aspectos clave de su teoría. Por ejemplo, el concepto de familia autoritaria ya no existe en las sociedades europeas actuales de la misma manera como en los años 30 del S. XX. Sin embargo, más de ocho décadas después, esta obra de Wilhelm Reich contiene unos elementos interesantes de reflexión acerca de cómo millones de personas guiaron su comportamiento político por lo emocional y lo irracional en una época de crisis.

Artículo disponible en Ssociólogos.com.



domingo, 19 de octubre de 2014

La izquierda fragmentada, ¿podrá derrotar al PP?

El ciclo político en España está cambiando. Tras el giro espectacular a la derecha del año 2011 que proporcionó al PP mayorías absolutas en casi todas las comunidades autónomas, las principales ciudades del país y finalmente en el Congreso de los Diputados, la tendencia política vuelve a girar hacia la izquierda. Las encuestas revelan una caída importante en la intención de voto al PP y un auge de las opciones de izquierda. Sin embargo, estas se presentan fragmentadas y divididas sin un claro liderazgo por parte de ninguna de ellas. Para arrebatar el poder al PP, los socialistas, IU y Podemos tendrán que pactar y superar muchas diferencias ahora mismo aparentemente irreconciliables. ¿Podrá ponerse de acuerdo para derrotar al PP?

En las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2011 el Partido Popular ganó la mayoría de los gobiernos autonómicos y las alcaldías de las ciudades más importantes del país. Seis meses después, en noviembre de 2011, el PP vivió un momento dulce en las elecciones generales en las que cosechó 10,8 millones de votos, el 44,6% del total. Esto le proporcionó una mayoría absoluta histórica en el Congreso de los Diputados de 186 escaños. En 2015 y 2016 se volverá a celebrar un intenso periodo electoral en España, pero es bastante probable que el PP no vaya a repetir esos resultados.

Las encuestas publicadas más recientemente hablan de un cambio de tendencia en España, de un giro hacia la izquierda de la mayoría del electorado. Sin embargo, esto no significa que esos votos vayan directamente al principal rival del PP, el Partido Socialista. A diferencia de anteriores cambios de ciclo político, en los que la pérdida de votos de uno de los partidos grandes beneficiaba automáticamente a su rival (fenómeno conocido como ‘balancín electoral’), esta vez el voto de la izquierda se está fragmentando en tres opciones diferentes: PSOE, Izquierda Unida, y la recién llegada Podemos. Según las encuestas, entre las tres superan en votos al PP en la mayoría de las plazas, como puede observarse en las siguientes encuestas publicadas después del verano:

  •    Andalucía: La Cadena Ser publicó el pasado 4 de septiembre un barómetro sobre el clima político en Andalucía, cuyas elecciones autonómicas están previstas para 2016. Según esta encuesta, el PSOE ganaría las elecciones con un 31,2% de los votos y el PP se quedaría en segunda posición con el 28,3%. Estos resultados supondrían un notable descenso de apoyos para ambos partidos con respecto a las últimas elecciones en 2012, ya que los socialistas perderían 8,3 puntos y los populares 12,4. Por su parte, IU, el actual socio de gobierno del PSOE andaluz, tendría el 8,8% de los votos. Es decir, la actual coalición de gobierno solamente conseguiría el 40% de los votos, por lo que necesitaría el apoyo de Podemos para asegurarse la mayoría absoluta. Podemos se estrenaría en el Parlamento andaluz como tercera fuerza política y el 18,1% de los votos.

  •  Ayuntamiento de Madrid: El diario ABC publicó el pasado 15 de septiembre una encuesta tras la renuncia de Ana Botella a presentarse a la Alcaldía de la capital. Según este estudio, el PP ganaría pero perdería la mayoría absoluta con el 42,1% de los votos, frente a Podemos (15,1%), PSOE (14,4%), UPyD (10,4%), IU (7,7%) y Ciudadanos (5,3%). Aunque el PP podría intentar un pacto con UPyD y/o Ciudadanos (ambas formaciones incluso podrían presentarse juntas) para conseguir así una mayoría de gobierno, toda la izquierda no tendría más remedio que llegar a un acuerdo para arrebatar la Alcaldía al PP

  • Comunidad Valenciana: El diario El País publicó el pasado 9 de octubre una encuesta de Metroscopia sobre el futuro político de la Comunidad Valenciana en la que se refleja perfectamente la actual tendencia: el PP sería el partido más votado, con cerca de un 30% de los votos, pero perdería 23 escaños de los logrados en las últimas elecciones y se colocaría con 32 escaños a 18 de la mayoría absoluta. Esta podría ser posible con un pacto entre las diferentes opciones de la izquierda valenciana: PSPV (29 escaños), Podemos (17 escaños), Compromís (14 diputados) y Esquerra Unida (7 diputados).

  • Congreso de los Diputados (1): El pasado 31 de agosto, el diario El Mundo publicó una encuesta de Sigma Dos que atribuye al PP la mayoría de los votos en el Congreso de los Diputados (30,1%), pero lejos de la mayoría absoluta. La conjunción de PSOE (22,3%), Podemos (21,2%) e IU (4,1%) podría garantizar una mayoría de izquierdas en la Cámara baja.   


  • Congreso de los Diputados (2): Finalmente, el diario El País publicó el pasado 5 de octubre un barómetro de Metroscopia en el que reflejaba la intención directa de voto más simpatía sobre el total del censo de electores (y no sobre el total de los que finalmente votan). Esta encuesta llega a la conclusión de que el PSOE (20,7%) supera al PP (15,9%), pero necesitaría el apoyo, o al menos la aquiescencia de Podemos (14,3%) y de IU (6,2%) para gobernar España.  



Las elecciones municipales son diferentes

En los casos arriba mencionados la tendencia electoral señala una clara pérdida de votos por parte del PP y un aumento de los mismos en la izquierda, pero fragmentada principalmente entre PSOE, Podemos e IU. Ninguno de los tres logra una hegemonía clara en el campo progresista y necesitaría de los otros dos para gobernar. En este escenario, PSOE e IU han demostrado que saben gobernar juntos en caso de necesidad, pero la gran incógnita es Podemos, que no mantiene buenas relaciones con los otros dos partidos.

Este análisis de pactos se refiere a las elecciones autonómicas y a las generales, ya que el análisis de las municipales es más complicado e incluye una serie de variables diferentes a las otras citas electorales. Por un lado está la posible reforma electoral impulsada por el Gobierno de Rajoy, que prevé la elección directa de los alcaldes a doble vuelta entre los dos partidos más votados, rompiendo así el principio de proporcionalidad actual. Esto daría la alcaldía al partido más votado en cada municipio y sin necesidad de alcanzar la mayoría absoluta, lo que beneficiaría claramente al PP debido a la fragmentación en la izquierda.

Por otro lado, Podemos ha anunciado que no se presentará como marca en solitario a las elecciones municipales, aunque no descarta hacerlo dentro de plataformas electorales locales. Esta es la misma estrategia de IU, que está apostando por las plataformas ‘Ganemos’ (que también cuentan con la presencia de otras formaciones más pequeñas como Equo) en las que dejaría abierta la puerta a Podemos. Esta estrategia simplificará sensiblemente el panorama de siglas de la izquierda que se presentarán a las municipales, pero tendrá como consecuencia previsible una lucha por la hegemonía dentro de Ganemos entre Podemos e IU. El ganador de esa lucha tendría que decidir tras las elecciones si acepta pactar gobiernos locales con el PSOE.


IU y Podemos, malas relaciones

Cayo Lara y Alberto Garzón
Teniendo en cuenta el actual grado de fragmentación en la izquierda política española, la gran pregunta que se plantea es si está en condiciones y si las diferentes organizaciones tienen voluntad de llegar a acuerdos para reemplazar al PP en los diferentes gobiernos.

Las relaciones entre PSOE, Podemos e IU no son buenas. Por un lado existe un debate (por no decir enfrentamiento) abierto en el seno de IU sobre la estrategia a seguir con respecto a Podemos. Muchos militantes y cargos están a favor de la integración entre las dos formaciones, pero también existen muchas resistencias, sobre todo en Madrid donde la plataforma ‘Somos IU’ apuesta por la independencia de su organización que ve en peligro ante la avalancha de Podemos, donde tampoco dan carta blanca a una hipotética fusión con IU e incluso a la hora de llegar a pactos puntuales como Ganemos.

En este sentido, el pasado 1 de junio el dirigente de Podemos, el profesor de Ciencias Políticas Juan Carlos Monedero, afirmó en una entrevista al diario Público que "hay un sector de Izquierda Unida que se ha hecho régimen" y que sus responsables van a intentar construir otra vez "una sopa de siglas".  "En la campaña (a las elecciones europeas) hemos hablado de la obligación de construir un frente amplio. Y un frente amplio no es una suma de siglas. Traicionaríamos a la militancia si nos juntáramos las cúpulas de diferentes partidos y pactáramos una lista electoral. Eso sería un fraude a la ciudadanía y no lo vamos a hacer".


Podemos y PSOE, la lucha por la hegemonía

Por otro lado, las relaciones entre Podemos y el PSOE son bastante mejorables. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, afirmó el pasado 21 de septiembre en una entrevista en televisión que "el populismo ha encontrado su expresión institucional en Podemos. (…) No quiero que se aprovechen de la indignación y se propongan cosas irreales”. Días antes, en el Comité Federal del PSOE, el mismo Sánchez aseguró que “hay un partido que se frota las manos ante el auge del populismo" en referencia al PP frente a Podemos.

Pedro Sánchez
La estrategia socialista pasa por recuperar al mayor número de votantes de Podemos (en gran número ex votantes del PSOE), presentando a esta formación como una opción que ofrece "soluciones falsas a problemas reales" (19 de septiembre), y recuperar así la hegemonía en la izquierda. Para no entorpecer esta estrategia, el PSOE no ha descartado ningún escenario futuro de pacto, excepto con el PP, cerrando así la puerta a una posible gran coalición entre los dos grandes partidos y obligando a estudiar a fondo todas las opciones que puede ofrecer un acuerdo con las otras izquierdas políticas.   

Por su parte, Podemos se considera antagonista del Partido Socialista. Son múltiples los mensajes por parte de los dirigentes de Podemos equiparando al PSOE con el PP y posicionando a ambos partidos como élite a derrotar. Es por ello que Podemos descarta públicamente cualquier acercamiento o negociación postelectoral con el PSOE, al menos por el momento. En este sentido, el dirigente de Podemos, Luis Alegre, aseguró el pasado 13 de septiembre ante los medios de comunicación que "es más previsible encontrarnos con un pacto de Estado entre el PP y el PSOE para taparse mutuamente los casos de corrupción y para evitar que terminen con causas jurídicas”, que un pacto con los socialistas.

Pero las opciones siguen abiertas. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, a diferencia del resto de dirigentes de su formación, nunca ha cerrado definitivamente la puerta a los socialistas. El pasado 30 de mayo afirmó a ElPlural.com que “les doy el beneficio de la duda. Nosotros no somos sectarios”. 

Pablo Iglesias
La estrategia de Podemos está dirigida a fortalecer su imagen y a presentarse como el partido hegemónico de la izquierda fragmentada. Su aspiración es terminar con la fragmentación de la izquierda a su favor: provocar la gibarización del PSOE y la absorción de IU, y desde esa posición de fuerza imponer sus condiciones. El pasado 6 de octubre, el diario El Mundo publicó un artículo en el que atribuía a Pablo Iglesias la frase: “Después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista tendrá que elegir entre hacer presidente a Mariano Rajoy (lo que el PSOE ya ha descartado públicamente) o a mí”. Según El Mundo, Iglesias habría afirmado que esto llevaría al PSOE a una situación sin salida, ya que “si apoyan la investidura de Rajoy será su perdición. Y si apoyan la nuestra también será su perdición”, al perder definitivamente la hegemonía de la izquierda a favor de Podemos.
    
Sin embargo, Podemos se encuentra en una encrucijada parecida. Según las encuestas, a pesar de su despegue sensacional en la intención de voto a nivel nacional, autonómico y municipal, no consigue un apoyo mayoritario claro y parece que podría estancarse en las previsiones actuales, prácticamente igual o un poco inferior al PSOE. Ninguna de las dos fuerzas sería superior a la otra y ambas deberían pactar en casi igualdad de condiciones. Y en esas circunstancias Podemos se enfrentaría a un dilema serio.

Según el CIS, gran parte de sus seguidores son antiguos votantes socialistas, unos 400.000 de los 1,2 millones que eligieron a Podemos en las últimas elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Están desencantados con el PSOE pero, sobre todo, son contrarios a que el PP siga gobernando en sus ciudades, comunidades autónomas y por supuesto en La Moncloa. ¿Cómo reaccionarían si Podemos se niega a pactar con el PSOE y el PP siguiera gobernando en su ciudad, comunidad o en España? Por otro lado, el discurso de la ‘casta’ ha calado profundamente en otro amplio sector de votantes de Podemos, sobre todo entre los más activos miembros de los círculos locales. ¿Aceptarían un pacto con el PSOE?

En todo caso, si Podemos no logra un resultado contundente que le coloque en una posición de hegemonía que le permita elegir escenario, es muy posible que sufra un desgaste muy fuerte de parte de su electorado por no poder cumplir con sus expectativas y sentirse engañados.      

Tanto PSOE como Podemos quieren liderar la izquierda y presentarse ante el otro con una posición de fuerza. El PSOE aspira a recuperar la hegemonía clara en la izquierda y vaciar a Podemos de votantes, mientras que Podemos aspira a convertir al PSOE en una fuerza residual. Ambas formaciones son rivales por el mismo espacio y ambas aspiran a liderar el cambio de tendencia político en España. ¿Quién se impondrá? Y ¿podrán ponerse de acuerdo y arrebatar el poder al PP?

Artículo disponible en Ssociologos.com

domingo, 5 de octubre de 2014

¿Lucharán soldados chinos en Oriente Medio?

La geopolítica de la energía está cambiando. Los EEUU ya no son el país que más petróleo consume del mundo ni depende de las reservas en Oriente Medio. Ahora son los países asiáticos los que necesitan que el crudo fluya sin problemas desde los pozos árabes hasta sus economías en crecimiento. ¿Supondrá este cambio que EEUU se apartará de los eternos conflictos en esa zona del planeta, y que será sustituida por las potencias asiáticas emergentes que necesitan asegurar el suministro? Dentro de unos años, ¿patrullarán soldados chinos en Oriente Medio?

Hace una década los EEUU se encontraban inmersos en plena ocupación de Irak. Miles de soldados norteamericanos patrullaban las principales ciudades y carreteras iraquíes y la insurgencia iba ganando cada día más fuerza. La hostilidad de la población local aumentaba mientras los militares eran incapaces de hacer frente a una espiral de violencia que costó la vida a 189.000 iraquíes y a casi 4.500 soldados estadounidenses hasta la retirada en 2010.

Además de las pérdidas humanas, en total la guerra costó aproximadamente 1,3 billones de euros, según las estimaciones del estudio 'Los costes de las guerras', elaborado por el Instituto de Estudios Internacional Watson de la Universidad de Brown. Se trata de una cantidad desorbitada que solamente podría justificarse con un interés geopolítico y estratégico muy fuerte por parte de EEUU en la zona. Y ese interés ha tenido una causa económica concreta, al margen de otras consideraciones culturales, políticas o diplomáticas, que no es otro que asegurar el suministro de petróleo desde la zona del Golfo Pérsico a la economía estadounidense.


La autosuficiencia energética de los EEUU

El presidente Roosevelt y el rey Saud en 1945.
La presencia de los EEUU en la zona se remonta a 1945, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt tomó un “desvío” hacia Arabia Saudí desde la Conferencia de Yalta para reunirse con el rey Abdelaziz bin Saud. Desde entonces los EEUU y los saudíes han sido estrechos colaboradores y aliados, ayudándose mutuamente garantizando el flujo de crudo para la economía estadounidense por un lado, y apoyando la estabilidad del régimen monárquico y despótico por otro. Pero el precio para los EEUU había sido verse cada vez más involucrados en la zona más convulsa del planeta.

Pero la situación está cambiando. Los EEUU están dejando de ser una potencia energéticamente dependiente y se están acercando a marchas forzadas a la autosuficiencia, incluso con capacidad de exportación de petróleo y gas natural tras satisfacer su propia demanda. La clave está en la técnica del “fracking”, muy criticada por los ecologistas por sus nefastas consecuencias para el equilibrio medioambiental. Sin embargo, esta técnica ha hecho rentable la explotación de yacimientos antes cerrados, lo que permite a los EEUU dejar de depender de las reservas en otros lugares del mundo, y en concreto de Oriente Medio.

Mohan Malik
Por ejemplo, según Mohan Malik, profesor en el Centro Asia-Pacífico de Estudios sobre la Seguridad en Honolulú (EEUU), “ciertos cálculos indican que Estados Unidos podría sobrepasar a Arabia Saudí como mayor productor mundial de petróleo ya en 2017 y podría empezar a exportar más petróleo y gas del que importa para 2025” (Publicado en el artículo “El nuevo mapa mundial de la energía”, publicado en Vanguardia Dossier “La geopolítica de la energía”).     

Uno de los estudios que demuestran esta tendencia de los EEUU a la autosuficiencia energética a medio plazo es el “BP Energy Outlook”, que analiza y hace la proyección del mapa mundial de la energía para el año 2035. Según el informe dedicado a los EEUU, en 2035 habrá alcanzado ya esa autosuficiencia energética gracias a que poco a poco su economía dejará de depender del petróleo (pasará del actual 36% del total de su demanda energética al 29% en 2035) a cambio de aumentar la demanda de gas natural (del 30% actual al 35%), de la que los EEUU es el máximo productor mundial. También aumentará el uso de energías renovables del actual 2% al 8% en 2035. Por otro lado, mientras baja la demanda interna, la producción de petróleo en los EEUU aumentará en un 37% y la de gas natural en un 45%, lo que permitirá el uso interno de su propia producción e incluso crear un excedente suficiente para la exportación.

Es decir, según estos datos, los EEUU han dejado de ser un país mayoritariamente importador de energía para conseguir no solamente la autosuficiencia energética, sino también un excedente que le permite exportar. “En términos conceptuales, se dibuja un nuevo mapa mundial de la energía dominado por un creciente mercado consumidor de energía en Asia y un creciente mercado productor en Estados Unidos”, asegura al respecto Mohan Malik.


Asia necesita más energía

Al mismo tiempo, en Asia las economías en auge están aumentando espectacularmente su dependencia energética a medida que los EEUU se alejan de ella. Las economías de China, Corea del Sur, India y Japón presionan cada vez con más fuerza por conseguir más recursos energéticos para mantener el crecimiento. El profesor Malik recuerda que estos países “consumen en conjunto más de la mitad del petróleo total mundial”, y la tendencia es que aumentarán su demanda, sobre todo China e India, los dos gigantes asiáticos en auge.

Según el estudio de BP “Energy Outlook 2035”, en 20 años China será el mayor importador de energía del mundo, aumentando su demanda actual del 15% actual al 20%. En concreto, China superará a los EEUU como el mayor consumidor mundial de petróleo en 2027 y a Rusia como el segundo mayor consumidor mundial de gas natural en 2025, solamente superado por los estadounidenses. Por ello, la dependencia de China con respecto al petróleo aumentará del 57% en 2012 al 76% en 2035, mientras que su dependencia de gas natural se incrementará del 25% actual al 41% en 2035. Por su parte, India, a medida que su economía ha ido creciendo, también lo ha ido haciendo su dependencia energética. En concreto, el estudio de BP indica que en 2035 su consumo de energía habrá aumentado en un 132%. En consecuencia las importaciones de petróleo aumentarán en 2035 en un 169% y las de gas en un 573%.

El lugar donde las potencias asiáticas van a buscar la energía que necesitan para sus economías es el lugar donde se produce la mayoría de ésta: Oriente Medio. Por ejemplo, un análisis de la agencia U.S. Energy Information Administration (EIA) afirma que en 2013 China importó el 52% del petróleo de Oriente Medio, una cantidad que cada año va en aumento, teniendo en cuenta que esta zona sigue siendo la mayor productora de crudo del mundo y lo seguirá siendo en 2035 según el informe “World Energy Outlook 2013”, esta vez realizado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

Por lo tanto, a medida que los EEUU van consiguiendo la autosuficiencia energética para su economía, las potencias asiáticas van dependiendo cada vez más de la capacidad de exportación de los países del Golfo Pérsico. Y sobre todo, las economías de China e India dependerán cada vez más de los acontecimientos políticos en Oriente Medio para recibir sus flujos energéticos. Como escribe el profesor Malik, “somos testigos de una loca carrera, de una especie de búsqueda del tesoro para controlar los recursos energéticos por parte de China, India y Japón, sobre todo en aquellos países y regiones que quedan fuera del control de las principales empresas occidentales por razones políticas”.


¿Mandarán algún día China o India soldados a Oriente Medio?

Esas “razones políticas” de las que habla Malik son hoy, entre otras, la guerra civil en Libia, y la inestabilidad en Argelia y en el Sahel provocada por grupos salafistas. Pero sobre todo, la expansión del Estado Islámico en Siria e Irak. El conflicto civil sirio ha traspasado la frontera iraquí y ha llegado a la frontera turca, y se está convirtiendo en una guerra a mayor escala entre suníes y chiíes, apoyados respectivamente por Arabia Saudí e Irán con unas consecuencias y un final impredecibles.

La economía de los EEUU ya no necesita que su ejército intervenga militarmente en la zona como la que se produjo tras la invasión de Kuwait por Sadam Hussein en 1990 o en el propio Irak entre 2003 y 2010 (fechas que coinciden con la mayor tasa de importación de petróleo de la historia de los EEUU). Esto podría explicar la actual intervención limitada a ataques aéreos ordenada por el presidente Obama, que se niega a enviar soldados de tierra, prefiriendo armar a milicias locales.

La mayor importación de petróleo de EEUU coincide con la guerra de Irak.

Pero las grandes potencias asiáticas sí necesitan garantías de estabilidad en Oriente Medio para no poner en peligro su crecimiento. Por ejemplo, según datos de la agencia U.S. Energy Information Administration, en 2013 China importó en 2013 el 8% de su petróleo de Irak, el 8% de Irán, el 19% de Arabia Saudí, y otro 16% de otros estados del Golfo Pérsico. Es decir, en 2013 China importó la mitad del petróleo de una zona políticamente muy inestable e impredecible, no precisamente los mejores ingredientes para asegurar el crecimiento económico del futuro.  


En este sentido, el profesor Malik afirma que el fin de la dependencia energética de los EEUU con respecto a Oriente Medio “ha impulsado a algunos analistas y autoridades del Golfo Pérsico a especular sobre el futuro post-estadounidense y tratar de encontrar nuevos socios seguros para llenar el vacío, posiblemente los poderes militares asiáticos en auge, como China e India. Ambos han costeado incrementos de dos dígitos en gastos de defensa”. Según datos del prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), India y China encabezan el “top 20” de los estados importadores de armas entre 2009 y 2013. Solamente India, por ejemplo, ha importado el 14% del total de las armas vendidas en todo el mundo durante ese periodo de tiempo.

¿Supondrá esto que en caso de retirada de los EEUU de Oriente Medio serán China e India las próximas potencias que intervengan en la zona para asegurar sus suministros energéticos e intervenir en los mercados?

Para el profesor Malik la retirada de los EEUU de Oriente Medio no debería darse por hecha a pesar de alcanzar la autosuficiencia energética. “El mero hecho de que sus amigos y aliados sigan dependiendo enormemente del petróleo de Oriente Medio exige que Washington siga comprometido en la región”, afirma. Sin embargo, deja una puerta abierta a la posibilidad de la retirada estadounidense del avispero: “En caso de que los Estados Unidos se retirara de la zona, China ampliaría sin duda sus vínculos con los productores de energía y concluiría pactos de petróleo por seguridad en la región”.

¿Es posible que más pronto que tarde llegue el día en el que soldados chinos o indios patrullen en Oriente Medio e incluso que se enfrenten con los yihadistas para asegurar el petróleo con destino a su país?  

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