viernes, 11 de julio de 2014

Los días contados de la prensa española

En diez años se extinguirán los periódicos tradicionales en España o se volverán insignificantes en su forma impresa en papel. Lo dice una predicción de Future Exploration Network compartida por la Asociación de la Prensa de Madrid en sus redes sociales. Precisamente las redes sociales representan ya la segunda fuente de información más importante entre los españoles menores de 35 años y la primera entre los menores de 24 años, según el último estudio Reuters Digital News Report 2014. La prensa clásica, los periódicos impresos de las cabeceras que han acompañado a la democracia española desde la Transición, tienen los días contados.

El año 2014 está siendo un año de cambios profundos en España. Juan Carlos I, el rey que simbolizó la transición de la dictadura hacia la democracia, ha dado paso a su hijo Felipe VI para que simbolice, a su vez, el paso hacia un nuevo futuro. Por otro lado, los resultados de las pasadas elecciones europeas han confirmado que el sistema de partidos imperante desde la llegada de la democracia está en entredicho. También se ha puesto en duda el sistema de organización territorial del Estado y, sobre todo, se ha puesto fin al optimismo que reinaba en la sociedad acerca de sus posibilidades de bienestar en el futuro. Hoy mandan el miedo y la incertidumbre.

Pero no son los únicos ejemplos de cambios en los tiempos recientes tras una generación sin movimientos traumáticos en el panorama político y social español. En las últimas semanas se han publicado una serie de datos que avisan sobre el destino de otro actor que ha acompañado a los españoles a lo largo de la democracia: la prensa española tradicional está enferma y no tiene cura. No es que vaya a morir el periodismo, pero sí el formato clásico del periódico impreso en papel. Y puede que esta muerte se lleve con ella a alguna cabecera que nos ha acompañado a lo largo de las últimas décadas.  


La última década de los periódicos

Un estudio de Future Exploration Network, una red global de empresas y organizaciones que tiene el objetivo de prever escenarios de futuro para la toma de decisiones (es decir, los que analizan y crean las tendencias), asegura que a la prensa tradicional española le quedan diez años de vida. Al menos en ese tiempo “su formato actual se volverá insignificante”, afirma. Es decir, en una década se dejará de vender periódicos en los kioscos.   

El caso de España no es el más inmediato. El cambio revolucionario que se avecina afectará primero a la prensa anglosajona, siempre a la vanguardia de las transformaciones. Así, la prensa tradicional de los EEUU pasará a la historia en fecha tan cercana como 2017 y la del Reino Unido en 2019. En el resto de Europa se lo tomarán con más calma. La prensa francesa existirá en su forma impresa hasta 2029 y la alemana hasta 2030. Y los últimos en el mundo en ver un periódico impreso serán los argentinos en 2039. Esas fechas parecen lejanas, pero ocurrirá en solamente 25 años.



La causa de esta muerte del periódico en papel es evidente: Internet. La revolución que ha provocado la red ha supuesto un cambio en la comunicación solamente comparable a la aparición de la imprenta hace 500 años. Son inventos que rompen el mundo concebido hasta ese momento, ya que si la imprenta permitió multiplicar el número de personas que recibían información, internet rompe el concepto del espacio y del tiempo porque permite la distribución de esa información por todo el mundo en cuestión de segundos.

Esa es la clave del futuro, según Future Exploration Network. Los periódicos dejarán de ser estrictamente nacionales para traspasar las fronteras y convertirse en medios globales, un proceso en el que el papel impreso es un estorbo. Una rémora para nostálgicos. Solamente los medios que sean capaces de romper las fronteras y adaptarse sobrevivirán. No porque es tecnológicamente posible, sino porque ya es una demanda dominante.

Otro estudio publicado recientemente, el Reuters Digital News Report 2014, dice que más del 60 por ciento de los menores de 35 años emplea como segunda fuente de información las redes sociales”. Es decir, la actual generación adulta ya consume más información en internet que a través del papel. Y la tendencia va en aumento, ya que, según señala el mismo estudio, los jóvenes entre 18 y 24 años prefieren internet incluso por delante de la televisión. El fin del periódico en papel está servido y que tiemble la televisión a largo plazo.

Datos del estudio Reuters Digital News Report 2014. 

Sin embargo, el fin de un soporte de comunicación no debe significar necesariamente el fin de la empresa periodística que lo administra. Pero en España la crisis del soporte va de la mano de la crisis de la empresa editora.

En un análisis del periodista Carlos Díaz Güell publicado en Zoom News el pasado 22 de junio, el diagnóstico no puede ser más sombrío: “El escenario de los grupos de comunicación españoles -rama prensa escrita-, es estremecedor y los últimos resultados conocidos no permiten albergar demasiadas esperanzas”. Las causas de este escenario serían, según el periodista, “una considerable caída de lectores, una descomunal mengua de la tarta publicitaria, un errático comportamiento del mundo digital y la acumulación de costosos errores cometidos en el pasado”.   

Díaz Güell destripa los últimos números de las cuentas de las principales empresas editoras españolas y muestra un panorama inquietante:

  •  Vocento (ABC): “Perdió en los tres primeros meses de este año 6,4 millones de euros, y aunque reduce las pérdidas en 1,3 millones con respecto al mismo periodo del año pasado, llueve sobre mojado, ya que pese a las mejoras de 2013, los ingresos de explotación en periódicos se sitúan en 428,6 millones, un 9,6% menos que en 2012. En definitiva, Vocento tuvo unas pérdidas en 2013 de 15,1 millones de euros, cifra inferior, bien es verdad, a los 53,3 millones del año anterior”.

  •       Prisa (El País, Cinco Días, As): “En 2013 registró unas pérdidas de 648,70 millones de euros, lo que supone un 154,4% más que en 2012 y al cierre del último ejercicio, la deuda neta total ascendía a 3.227 millones de euros, 144 millones más que un año antes”.

  •       Unedisa (El Mundo, Expansión, Marca): “El resultado de explotación del grupo fue en 2012 de 32 millones de euros negativos, y el resultado antes de impuestos registró también unos número rojos de 69 millones. La pérdida final del grupo editor, registrados los deterioros de activos por los malos resultados continuados de las distintas cabeceras, se ha elevado a 511 millones. (…) El 30 de septiembre de 2013 Unedisa presentaba un resultado de explotación negativo de 7,6 millones, 1,5 millones más que en el mismo período de 2012, es decir un deterioro del 24 por ciento”.

Millones de euros de pérdidas para las empresas que tan sólo una década atrás eran los gigantes españoles de la comunicación, con un poder inmenso en la creación y gestión de la agenda pública (“agenda setting” como decía Walter Lippmann) y una influencia política y económica considerable.

Hoy ese poder no existe y mucho menos la independencia que otorgaba esa influencia, ya que las deudas millonarias hacen surgir la pregunta si no son en realidad los acreedores los que deciden una agenda cada vez más fugaz, en la que la velocidad y la intensa competencia con los pequeños medios digitales marcan los tiempos y los tonos de los contenidos. Los grandes periódicos españoles están en crisis. No solamente en sus números. Son como gigantes desorientados que tratan de encontrar un hueco en el mundo de la modernidad líquida” (Zymunt Bauman) en el que lo que cuenta es la flexibilidad y la incertidumbre.


Un cambio generacional

Hace cuatro décadas, en los años 70, la prensa vivió otro tiempo de transformación. El franquismo agonizaba y la democracia comenzaba a asomarse poco a poco. La prensa escrita (llamada así para diferenciarse de la radio y de la televisión) era la reina del periodismo, la que marcaba la tendencia. Los periódicos del franquismo eran antiguos, en estilo, aspecto y contenido. Reflejaban el tiempo anterior, en el que habían funcionado como correas de transmisión de un régimen que quería tenerlo todo atado. No eran aptos para ocupar un lugar central en la futura sociedad democrática española. Por eso, el diario El País, fundado en 1976, simbolizaba ese cambio inevitable en España que era también cultural, social, económico y generacional, además de político.

Primera portada de El País, 1976.
En un reciente laboratorio de periodismo celebrado por la Asociación de la Prensa de Madrid, el periodista Enric Juliana definió el papel que jugó El País en esos días. Su rol, crucial, era “la reordenación de la narración en España”. El País seguía el modelo anglosajón basado en el estilo narrativo objetivo, que tuvo en el caso Watergate su momento estelar y catapultó a la prensa al pedestal del llamado cuarto poder”. España salía de una dictadura que duró una generación, y la que iba a tomar el relevo necesitaba un nuevo estilo narrativo para contar lo que estaba pasando. El diario El País supo adoptar ese estilo e implantarlo en España, lo que le valió una influencia prácticamente hegemónica.

Han pasado 40 años desde la fundación de El País y, de la misma manera que en los años 70 la generación joven de entonces quiso hacerse con el mando, una nueva generación pugna hoy por suceder a sus padres que hicieron la Transición. Vivimos de nuevo días de cambio, también cultural, social, económico y en cierto modo político. Estos momentos de cambio tienen también su propio estilo narrativo. En este caso se trata del relato, o storytelling. Este estilo es consecuencia directa de la era posmoderna en la que se prima la brevedad, la anécdota y el entretenimiento por encima de la información.

Hoy los medios de comunicación no tratan de proporcionar sólo noticias a sus lectores, sino que aspiran poder competir en el mundo inabarcable de internet en el que coinciden millones de mensajes al mismo tiempo y que la mente humana sencillamente no pude asimilar. Vivimos en un mundo de “sobrecarga de la información”, como escribió Christian Salmon, autor de la obra de referencia que nos advierte sobre los efectos del “storytelling”.


Un nuevo estilo para un nuevo tiempo

Las personas son convertidas en consumidores que eligen entre millones de mensajes a los que prestan atención de la misma manera que escogen cualquier otro producto de consumo. Por eso las técnicas de los medios de comunicación para atraer a esos consumidores están más cerca del marketing que del periodismo. El storytelling, el relato, es hoy la piedra angular sobre la que gira el periodismo. Salmon lo describe perfectamente: “Queremos relatos íntimos, sorpresas, golpes de efecto. Lo último just in time. Sin tiempos muertos. Emoción en flujo continuo”. Nada de periodismo objetivo.

Lejos queda la época de la crónica periodística que exige al lector que se tome su tiempo para repasar la actualidad con cierta atención. Este es el estilo que catapultó a El País al Olimpo del periodismo hace una generación. Hoy sólo se puede aspirar a atrapar al lector de forma fugaz, y la única manera de conseguirlo es entreteniéndolo y llamándole la atención con una historia jugosa en Facebook y en Twitter. Se considera un éxito si pasa del titular y entra a ojear el texto antes de que pase a la siguiente historia.

La prueba es que se está multiplicando la consulta de información a través de los teléfonos móviles. Como informa la web media-tics.com: “Los smartphones han superado en audiencia a la TV en Estados Unidos. Los ingresos  móviles ya representan el 60% del consumo de información en algunos mercados  y es el segmento que más crece con diferencia”. Nada menos reposado y tranquilo que la consulta de información a través del móvil, un soporte en el que “la información deberá ofrecerse en capas sucesivas, modulable, escalable. Consultaremos durante unos pocos minutos titulares y resúmenes, luego visionaremos lo que nos interese y navegaremos por diferentes opciones, ampliaciones, referencias, informes, imágenes, ante una amplísima oferta de opciones relacionadas, producidas por la misma editorial o por cualquier otra”, explican en media-tics.com.

Pero la nueva era de la rapidez a través de internet lo es también de la pérdida de calidad de la información. Un estudio realizado por ING recogido por la web trecebits.com, solamente el 20% de los periodistas online comprueba los datos de sus artículos antes de publicarlos. “Al parecer más que la precisión, se sigue premiando la velocidad”, informa la web. “La mayor parte de los periodistas señala que incluso llega a publicar cuando ya tiene escrito un 60% del texto que quiere hacer, y después continúa ampliando la información”. Llegar antes que la competencia, aunque sea equivocándose, para arañar ese minuto de atención al lector en internet, aunque lo que se escriba no esté contrastado.  

Hoy, lo que da ganancias es la desenfrenada velocidad de circulación”, escribió Zygmunt Bauman, el eminente sociólogo que teorizó sobre la llamada “modernidad líquida”. Estamos viviendo tiempos en los que lo sólido se resquebraja y es inundado por lo líquido que es, por definición, móvil y constante y tiende a arrasar lo sólido. Nada se salva de esta modernidad líquida. “Los códigos y conductas que uno podía elegir como puntos de orientación estables, y por los cuales era posible guiarse, escasean cada vez más en la actualidad”, advirtió Bauman.

Este autor citó a otro profundo observador de nuestro tiempo, el sociólogo Ulrich Beck, que ha acuñado el término “categorías zombis” e “instituciones zombis” para describir a las que “están muertas y todavía vivas”: aquellos representantes de otros tiempos más sólidos a los que la modernidad líquida ha vaciado de contenido o cortado el oxígeno, pero que se resisten a desaparecer definitivamente.       

Tras acompañarnos durante todas nuestras vidas, a los periódicos españoles tradicionales les queda sólo una década de vida antes de convertirse en otra cosa. No sabemos si sus cabeceras sobrevivirán a la transformación. Sólo lo conseguirán si logran adaptarse a la nueva realidad. Entonces sabremos si no son ya unos zombis que siguen vivos a pesar de haber muerto.

sábado, 5 de julio de 2014

¿Somos egoístas o buscamos el bien común? Sobre el origen del pensamiento político conservador y progresista

¿Está en la naturaleza del ser humano la búsqueda del bien común, o en cambio somos seres egoístas? Este debate tan actual ya se producía en la Grecia clásica, hace 2.500 años. Entonces se enfrentaban los partidarios de la democracia contra los seguidores de la aristocracia. Esta lucha iba más allá de la simple pelea por un tipo de gobierno. Estaba en juego la interpretación de la misma esencia de la existencia humana, un conflicto que hoy sigue abierto.  

El profesor de filosofía George H. Sabine reflexionó sobre el comportamiento político del ser humano. Lo hizo en su famoso libro “Historia de la teoría política” (publicado en 1937) y para ello se remontó unos 2.500 años al pasado, a la Grecia del S. V a.C. Era un mundo muy diferente al nuestro, con unas categorías de pensamiento que seguramente no comprenderíamos hoy en día pero en el que ya se abordaban cuestiones básicas sobre el comportamiento político que todavía siguen abiertas al debate en el presente.

Sabine definió la clave del pensamiento político griego como la búsqueda de la “armonía de la vida en común” y que solamente podía realizarse en la ciudad-estado (la polis) y respetando la libertad del individuo. En este punto hay que ser cauteloso desde nuestro punto de vista actual, ya que el concepto de libertad entonces era diferente, como recordó el profesor. Libertad para un griego del S. V. a.C. era, ante todo, “la libertad de comprender, de discutir y de contribuir con arreglo a su innata capacidad y su mérito, no con arreglo a su rango o a su riqueza. El fin de todo ello consiste en producir una vida en común que sea para el individuo la mejor escuela que le permita desarrollar sus facultades naturales y que aporte a la comunidad la ventaja de una vida civilizada”.     

Es decir, la libertad del ciudadano de una polis se daba si podía desarrollar “sus facultades naturales” dentro de su comunidad y “en una vida en común”. Surge aquí la cuestión, ¿cuáles eran esas facultades naturales?


La naturaleza del ser humano

Sabine recordó que esta cuestión provocó un debate muy amplio entre los griegos del S. V. a.C. En un mundo en el que cada comunidad humana era muy diferente en sus culturas, lenguas y tradiciones, los griegos se preguntaban si ¿existe una naturaleza común a todos los humanos más allá de las leyes específicas de cada comunidad política? O por el contrario, ¿los seres humanos son diferentes en su naturaleza como lo son las leyes de cada ciudad o reino?   

Este debate lo ganaron los defensores de la existencia de una ley natural innata a todo ser humano más allá de las leyes locales. Como escribió Sabine: “Salvo para los escépticos, que acabaron por declarar, por cansancio, que una cosa es tan natural como otra y que el uso y la costumbre son literalmente ‘señores de todo’, los demás autores estaban de acuerdo en que algo es natural. Es decir, existe alguna ley que, de ser comprendida, explicaría por qué obran los hombres como lo hacen y por qué creen que algunos modos de obrar son honorables y buenos y otros bajos y malos”.

Por lo tanto se impuso la idea de que todas las personas comparten una naturaleza común que dicta su comportamiento. Nació así el concepto de Derecho Natural y de la existencia de leyes que son comunes a todos los seres humanos porque representan la naturaleza de las personas. Pero nació así una nueva cuestión: ¿Cómo es la naturaleza del ser humano?

Surgieron aquí otra vez dos corrientes enfrentadas. Según Sabine, por un lado estaban los que concebían la naturaleza como “una ley de justicia y rectitud inherente a los seres humanos y al mundo. Esta opinión se apoyaba necesariamente en el supuesto de que el orden es inteligente y benéfico”. Pero por el otro lado, existía otra corriente que “concebía a la naturaleza como no moral y creía que se manifestaba en los seres humanos como autoafirmación o egoísmo, deseo de placer o de poder”.


La lucha entre democracia y aristocracia

En la Grecia del S.V. a.C. este debate creó un conflicto dentro de la comunidad de cada polis y también entre ellas mismas. Un combate que los propios griegos denominaron Stasis (entre otras muchas acepciones): la lucha entre los que defendían un modelo político democrático y los que defendían uno aristocrático.

No era solamente la lucha entre dos modelos de gobierno, sino entre dos visiones enfrentadas sobre la manera de alcanzar el objetivo vital de cada ciudadano griego, es decir, “la armonía de la vida en común” que decía Sabine, ya que esa armonía solamente se podía alcanzar respetando la libertad (dentro de la comunidad, no nuestro concepto de libertad individual actual). Y esa libertad dentro de la comunidad, a su vez, solamente se alcanzaba si se respetaban las “facultades de la naturaleza humana”.

Así pues, la lucha por el modelo político era también la lucha por crear el marco en el que cada griego podía realizarse como persona.

Los que creían que la naturaleza humana era, ante todo, la búsqueda del bien común, eran partidarios de la democracia. Generalmente eran las clases menos pudientes, que defendían que sólo el poder de la comunidad completa de ciudadanos de una polis representaba el marco necesario en el que se podría desarrollar la naturaleza humana y por lo tanto era el único sistema en el que se podría alcanzar la armonía de la vida en común.

En cambio, para los partidarios de la idea de que la naturaleza humana es egoísta, generalmente las clases más pudientes, la mejor forma de gobierno era la aristocracia, el gobierno de los mejores. Solamente de esa manera, gobernando los que habían demostrado ser los más aptos, se podría desarrollar la naturaleza del ser humano y por lo tanto alcanzar la armonía en la comunidad.

Este conflicto no tenía posibilidad de llegar a un consenso ya que no se podía negociar la naturaleza humana: o es egoísta o busca el bien común. Ambas visiones tan incompatibles acabaron desembocando en lo inevitable. La Grecia del S. V a.C. fue escenario de una terrible guerra, la Guerra del Peloponeso, que en esencia (aunque también fue una guerra por el poder geopolítico) significó la lucha entre las ciudades partidarias de la democracia, lideradas por Atenas, contra las que defendían el gobierno aristocrático lideradas por Esparta. Esta lucha también se produjo entre las propias polis. Se debilitaron tanto en esta lucha fratricida que, tras años de guerras fueron engullidas por sus vecinos macedonios y más tarde por los romanos, lo que puso fin al concepto de polis y, con ello, a la búsqueda de la armonía de la vida en común.


Progresistas y conservadores en el mundo contemporáneo

Sin embargo, el debate sobre la naturaleza de ser humano sigue abierto, aunque es cierto que tras siglos de evolución y de adaptación al pensamiento político contemporáneo basado en el concepto de libertad individual, y no en el de libertad como parte de una comunidad como el que poseían los griegos (una diferencia sustancial que tan magistralmente señaló Benjamin Constant en su clásico “La libertad de los antiguos comparada con la de los modernos”).

¿Somos seres que buscan el bien común? Esto es lo que en su esencia defiende el pensamiento político progresista actual. Según esta visión, las leyes del Estado deben adaptarse a la naturaleza humana ayudando a los más débiles de la sociedad a alcanzar sus metas a través de políticas de redistribución de la riqueza. Hoy en día se expresa en que hace falta una sanidad y una educación de acceso universal, un sistema de seguro de desempleo y de pensiones público, etc. sufragado mediante un sistema de impuestos indirecto, en el que cada miembro de la comunidad paga en concordancia a su nivel de ingreso. Es decir, la igualdad sería el medio para adaptar la sociedad a la naturaleza humana y de hacer avanzar a la sociedad.

En cambio, los conservadores defienden el bienestar individual como la esencia de la naturaleza humana. Consideran que las leyes del Estado deben, ante todo, preservar el bienestar individual y defender la propiedad privada, así como crear un espacio en el que cada uno puede desarrollar sus intereses egoístas sin ser molestado, pero respetando la convivencia. Por ello hacen hincapié en la necesidad de que el Estado tenga poca presencia en la sociedad excepto para proteger al individuo y a sus propiedades. Creen en el libre mercado y en la libre competencia como la base de la economía y del crecimiento de la sociedad. En definitiva, la desigualdad sería el motor que haría avanzar a la sociedad y que mejor se adaptaría a la naturaleza del ser humano.

¿Buscamos el bien común o el individual? 2.500 años después el debate sigue abierto.  

lunes, 23 de junio de 2014

El Partido Pirata de Alemania. De fenómeno político-mediático a desastre electoral

Hace dos años la política en Alemania vivió un fenómeno parecido al que hoy ocurre en España: el hastío del electorado hacia los grandes partidos provocó la irrupción en las urnas de una pequeña e inexperta formación. Durante meses, los medios de comunicación ensalzaron al Partido Pirata (Piratenpartei) e incluso dieron la bienvenida a una nueva forma de hacer política, fresca, joven, directa, más democrática y basada en las redes sociales. El éxito parecía arrollador e imparable. Sin embargo, en sólo dos años pasaron de una intención de voto del 13% (lo que les hubiera convertido en tercer partido en Alemania) a  un resultado del 1,4% en las pasadas elecciones europeas.

Empezó como una pequeña e inofensiva expresión de rebeldía. El 10 de septiembre de 2006 nació la versión alemana del Partido Pirata, creado en Suecia ese mismo año con el objetivo de protestar contra las prohibiciones que los gobiernos europeos estaban legislando contra las descargas gratuitas de internet. Sus miembros eran pocos y pertenecían a un grupo social concreto y definido. Urbano, joven y “enganchado” a las nuevas tecnologías, según la web de la Central Federal para la Formación política (Bundeszentrale für politische Bildung).

Apenas nadie se hacía eco de sus actividades e incluso de su existencia más allá de la reducida comunidad de internautas activos. Eran una tribu reducida y homogénea. Pero súbitamente se dieron una serie de circunstancias que catapultaron al Partido Pirata al éxito y a la fama: la aparición de las redes sociales y el cansancio entre los votantes de los grandes partidos, CDU y SPD, que en ese momento compartían una gran coalición (2005-2009).

"¿Por qué aparezco en este cartel, si ni
siquiera vais a ir a votar?"
El desencanto de una parte cada vez mayor del electorado, sobre todo joven, con respecto a la política tradicional, abrió la puerta a los piratas que supieron enganchar perfectamente con ese estado de ánimo y acertaron tanto en el mensaje como en los medios de propagarlo. Mientras los grandes partidos todavía se preguntaban qué eran las redes sociales y para qué servían, los piratas ya estaban inundando Facebook y Twitter con su relato inconformista, rebelde y transgresor.

En los carteles electorales podía leerse mensajes como: “Preparados para cambiar”, “Somos románticos”, “Por fin gente normal”, “Existe una actualización para este sistema”, etc… Un lenguaje, unos temas y una forma de presentación que conectaban perfectamente con el electorado joven, urbano, usuario de las redes y muy crítico con el sistema de partidos tradicional. No podía fallar, y no lo hizo precisamente en el lugar más adecuado: Berlín.


Los buenos tiempos

El 18 de septiembre de 2011, justo cinco años después de su nacimiento, el Partido Pirata celebró su primer y espectacular éxito electoral: 120.000 votos, el 8,9% del total, en las elecciones al parlamento regional de Berlín. Fue una gran sorpresa y su inesperada victoria y el exotismo de sus miembros (iban disfrazados de piratas en la noche electoral) provocó las delicias de los medios de comunicación que rivalizaban en su entusiasmo a través de sus titulares. El semanario Focus tituló “Ola perfecta para los piratas”; Der Spiegel tiró por lo obvio (“Los piratas al abordaje del Parlamento”); y el periódico considerado más serio de Alemania, Die Zeit, apostó por las emociones: “El fundador de los piratas llora de alegría”.

Fue el comienzo de un fenómeno mediático sin precedentes en la política alemana. Los medios de comunicación competían por ofrecer el lado más simpático e idealista de estos novatos en la política alemana. Les atribuían valores como “inteligencia emocional”, “transparencia”, “participación”, incluso se les presentó como los adalides de la “democracia  líquida” o “democracia 4.0”, según la cual la existencia de internet permite a los ciudadanos una participación directa en la toma de decisiones sin la necesidad de intermediarios.

Eran el partido de moda. De la noche a la mañana todos querían conocer a los piratas y pertenecer al grupo. Según la web de datos estadísticos http://de.statista.com/, si los piratas tenían 11.720 miembros en diciembre de 2010 (11.394 en diciembre de 2009), en diciembre de 2011, tres meses después del éxito de Berlín, los afiliados ya se habían casi doblado hasta alcanzar los 19.200. Empezaba 2012 y la espiral de éxitos no tenía fin.
 
Evolución del número de afiliados del Partido Pirata.
Llegaron otras elecciones regionales y el Partido Pirata aprovechó la ola para entrar en los parlamentos de los Länder de Sarre (con el 7,4% de los votos), Schleswig Holstein (con el 8,2%) y en el Land más poblado de Alemania, Nordrhein-Westfalen (con el 7,8% de los votos). La popularidad iba en aumento y con ella el número de afiliados, que en agosto de 2012 ya superó los 34.000 (tres veces más que antes del éxito en Berlín).

Pero la guinda llegó en abril de 2012, cuando en una encuesta del instituto Forsa se atribuyó al Partido Pirata una intención de voto directo del 13%, lo que hubiera convertido a los piratas en el tercer partido a nivel federal por encima de Los Verdes (Die Grünen). Su popularidad era tan grande que uno de cada tres votantes alemanes sentía simpatía hacia ellos e incluso podría imaginarse votarles en alguna ocasión.   


La decadencia

Todo iba viento en popa para los piratas hasta que se dieron de bruces con la realidad. En pleno auge de su popularidad, comenzó la decadencia. Surgió una brecha insalvable entre la dirección del partido, los recién nombrados diputados y el resto de la base de militantes.

"Perdonad. También nos lo imaginábamos más sencillo.
Pero eso no quiere decir que vayamos a claudicar". 
Cuando los diputados de los piratas empezaron a conocer las rutinas parlamentarias se dieron cuenta de que no eran compatibles con la transparencia y la participación directa que les exigían sus bases. Los militantes querían tomar todas las decisiones, hasta las más nimias. Esto chocaba con las complejidades técnicas de la vida parlamentaria. La elaboración y presentación de iniciativas parlamentarias, enmiendas, preguntas, etc. Todo debía ser sometido a la democracia directa. Un imposible para el día a día de un grupo parlamentario.

Los piratas entraron en una contradicción interna grave. Por un lado se mostraban como los únicos defensores de la democracia directa y los únicos que la aplicaban gracias a internet. Era su seña de identidad, el elemento que les diferenciaba del resto de partidos. Sin embargo, a la hora de querer trabajar en la política real, esa participación directa y la transparencia en internet “demostraron ser una maldición, ya que la propia dirección terminó por despedazarse en público a través de las redes sociales” (Der Spiegel).

Surgieron varios conflictos: por un lado entre la dirección y la militancia de base, que calificó a sus dirigentes de traidores por no someter la totalidad de su actividad a referéndum electrónico (incluso se llegó a debatir seriamente celebrar congresos online), y entre la misma élite del partido por falta de un proyecto común y de disciplina a la hora de asumir las decisiones.

Es decir, el Partido Pirata acabó sufriendo la contradicción de ser un partido que funcionaba como partido y que quería estar en un parlamento, pero que abjuraba a los cuatro vientos de su naturaleza de partido. En la propia esencia de su éxito estaba la semilla de su fracaso, ya que los electores les eligieron por ser diferentes al resto de partidos, incluso por ser un no partido, y por eso mismo se acabó rompiendo y hundiendo porque no pudo ser operativo en el parlamento.

"Existe una actualización para este sistema".

Lo que siguió fue un camino de sufrimientos y muerte lenta para los piratas. Solamente entre noviembre de 2012 y enero de 2014 celebraron cuatro congresos en los que la ejecutiva fue cambiando de nombres sin cesar. Las luchas internas se hacían cada vez más encarnizadas y de la imagen de modernidad, juventud y frescura, se pasó rápidamente a la del ridículo. Los medios de comunicación dieron un giro de 180 grados en el contenido de sus informaciones, y el Partido Pirata dejó de ser el referente de la nueva política para convertirse en un ejemplo de decadencia y de utopía mal gestionada: El periódico conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung escribía: “Los piratas: anatomía de un desastre”; el semanario Der Spiegel se preguntaba “¿Ha fracasado el experimento de la democracia líquida?”; incluso el diario de izquierdas berlinés TAZ (muy próximo al segmento del votante de los piratas) publicó una guía de “9 pasos para la autodisolución” del Partido Pirata.

El fenómeno mediático se acabó convirtiendo en un infierno y la imagen de los piratas se arruinó con la misma rapidez con la que se encumbró. Las consecuencias electorales no se dejaron esperar. En las elecciones generales al Bundestag el pasado septiembre de 2013, los piratas solamente consiguieron el 2,2% de los votos y no pudieron superar la barrera del 5% para tener representación parlamentaria, cuando tan solo un año y medio antes las encuestas les daban el 13% de intención de voto. Las pasadas elecciones europeas del 25 de mayo, generalmente propicias para el voto protesta, el resultado fue aún peor: un 1,4%.  

Ante esta experiencia surgen una serie de preguntas: ¿Son los piratas de Alemania una lección para otros fenómenos políticos y mediáticos? ¿Puede funcionar una organización política en un sistema de partidos sin ser un partido? Y, en definitiva, ¿puede una organización que se convierte en fenómeno mediático sobrevivir a las modas?   

Artículo disponible en Ssociólogos.com


jueves, 12 de junio de 2014

¿Por qué los votantes abandonan al PSOE para marcharse a Podemos?

En las pasadas elecciones al Parlamento Europeo la pequeña formación política Podemos logró cinco escaños, es decir, más de 1,2 millones de votos en toda España. Dos semanas después, el “efecto Podemos” sigue aumentando y con él las previsiones de un éxito arrollador para la nueva formación: según un barómetro publicado por El Periódico el pasado 8 de junio, en el caso de que se celebraran elecciones generales, Podemos lograría hasta 58 escaños en el Congreso de los Diputados, situándose como tercera fuerza política y lo haría a costa de PSOE e IU. ¿Qué ha pasado para que una formación nueva y sin experiencia arrebate decenas de miles de votos a los partidos tradicionales? La clave está en el storytelling, y sobre todo en la diferencia de percepción de los mensajes: lo importante es ser verosímil.


Según el barómetro publicado el pasado 8 de junio en El Periódico y elaborado por GESOP, Podemos lograría 58 escaños en el Congreso de los Diputados, el 15% del total de los votos. Solamente tendría por delante al PP con hasta 127 diputados y el PSOE, con hasta 89. Muy por detrás se situarían IU (15-17) y UPyD (13-14). El PP ganaría las elecciones y la izquierda quedaría fraccionada entre dos grandes formaciones, PSOE y Podemos, mientras que el crecimiento de IU y UPyD se quedaría paralizado.

Publicado en El Periódico del 8 de junio 2014.

Sin embargo, lo más interesante de este barómetro sería que Podemos se sitúa en una posición de gran influencia para poder aspirar a poner en peligro la hegemonía del PSOE en la izquierda precisamente gracias a los propios votantes socialistas, que según este estudio estarían abandonando el PSOE en masa para pasarse a Podemos. ¿Por qué?

Este barómetro se publicó tan sólo dos semanas después de excelente y sorprendente resultado cosechado por Podemos en las elecciones europeas, con cinco escaños en el Parlamento Europeo y 1,2 millones de votos. Desde entonces se está produciendo un auténtico ‘boom’ de popularidad que va mucho más allá de lo meramente político. Podemos es un claro caso de fenómeno mediático, cuya popularidad va en aumento.  


Podemos se nutre de votantes socialistas

El instituto Metroscopia ha publicado en El País un interesante estudio sobre el votante de Podemos en las elecciones del pasado 25 de mayo. Según este perfil, el 66% es mayor de 35 años; el 50% tiene empleo; el 22% está en el paro; el 15% es estudiante; el 9% está jubilado y el 4% realiza trabajos domésticos. Es decir, la mayoría tiene empleo y es de mediana edad.

Este estudio hace también un buceo interesante en los orígenes electorales de estos votantes:
-       ¿Qué votó en las europeas de 2009?: PP: 4.5%; PSOE: 33.6%; IU: 17.2%; UPyD: 2.2%; No tenía edad 11.2%.
-       ¿Qué votó en las Elecciones Generales de 2011?: PP: 5.2%; PSOE: 29.9%; IU: 26.1%; UPyD: 5.2%; Otros/blanco 15.6%.

Es decir, en gran medida se trata de electorado socialista descontento que ha optado por Podemos antes que el PSOE, además de un número considerable de votantes de IU. Teniendo en cuenta que tradicionalmente en las elecciones europeas los votantes suelen tomarse licencias y castigar con su voto a los partidos tradicionales, ¿podrán recuperar el PSOE e IU a sus votantes? Metroscopia indica que IU sí pero el PSOE no:

-       ¿Qué votarán en las próximas Elecciones Generales?: PSOE: 4.5%; IU: 25.4%; UPyD: 4.5%; PODEMOS: 51.5%; Sin decidir: 6.7%.

Por último, según Metroscopia el 60% de quienes votaron a Podemos dice que dudaba entre varios partidos y finalmente optó por el más afín. ¿Por qué decenas de miles de ex votantes socialistas decidieron cambiar su voto?  ¿Por qué dicen que prefieren seguir confiando en Podemos y no volver al PSOE?

Fuente: Metroscopia, gráfico publicado en El País.


La clave está en las historias que cuentan ambas formaciones para convencer a sus votantes. Se trata de tener el mejor “storytelling” y, sobre todo, el más verosímil. Como explica el escritor francés Chsristian Salmon: “Para atraer inversores (en este caso votantes), hay que ser un buen storyteller. Las historias son primordiales para dar sentido a las cifras. Ofrecen el contexto y cautivan la imaginación de la gente”.




La historia de Podemos: un drama que afecta a una minoría pero que resulta verosímil

El siguiente vídeo es un excelente resumen de la historia que utilizó Podemos en su éxito electoral:


El vídeo de Podemos resume en algo menos de tres minutos todo su “storytelling”. No tiene nada que ver con Europa o con unas elecciones europeas: unos especuladores se preparan para hacerse con un edificio y expulsar a sus habitantes que representan a diferentes segmentos de la sociedad. Por un lado está una anciana que sufre una situación de pobreza debido a la escasez de su pensión; una familia con hijos que sufre el paro y no llega a fin de mes; una pareja de mujeres, una de las cuales debe emigrar a América para trabajar; y un joven estudiante que finalmente se rebela, une a todos los vecinos y logra expulsar a los especuladores y evitar los desahucios. Apela a la unión y rebelión de los ciudadanos corrientes frente al poder y pone en valor la resistencia y la lucha contra lo establecido. La moraleja es el propio nombre de la organización: “Podemos”.

Sin embargo, los datos desmienten que se trate de una situación extrema que pueda afectar personalmente a los votantes de Podemos. Según el Banco de España el número de desahucios registrados en el país en 2013 afectó a casi 40.000 personas. Por su parte, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) asegura que entre julio de 2008 y finales de 2012 el número de desahucios llegó a los 171.110. En total más de 210.000 desahucios en cinco años, un número muy alto y muy preocupante que, sin embargo, no llega ni de lejos a afectar directamente a los más de 1,2 millones de votantes de Podemos.

Es decir, evidentemente la inmensa mayoría de los votantes de Podemos no son víctimas directas de los desahucios, pero sí empatizan con ellas y “compran” el discurso de la resistencia frente al miedo a ser expulsado del hogar. Ese temor podría interpretarse más allá como el miedo a perder el estatus y el nivel de vida conseguido en los últimos años antes de la crisis. No se debe olvidar que la mayoría de los votantes tienen más de 35 años. En todo caso, independientemente de que no apele a una “verdad” que sufra directamente la inmensa mayoría de los votantes, existe una identificación con la historia que cuenta Podemos. Aunque la mayoría no sufre directamente el riesgo de un desahucio ni la situación que se describe en el vídeo, se trata de un mensaje verosímil que logra conectar con ellos.


La historia del PSOE: una verdad que afecta a millones pero que resulta inverosímil

El siguiente vídeo es un ejemplo del “storytelling” del PSOE en la campaña de las europeas:


El vídeo en el que el PSOE expone su “storytelling” es en clave europea. El PSOE comienza el vídeo con imágenes en blanco y negro de ciudades europeas mientras relata una serie de datos sobre las consecuencias de la gestión neoliberal de los conservadores al frente de las instituciones comunitarias de la UE. Es el clásico discurso de denuncia de destrucción del Estado del Bienestar por parte de los conservadores, y de llamada de movilización a las urnas para frenar este proceso mediante una mayoría socialdemócrata en el Parlamento Europeo.

El mensaje del PSOE se basa en datos reales que afectan a la inmensa mayoría de los ciudadanos: 27 millones de parados en Europa; un 25% de paro juvenil; 120 millones de europeos en o por debajo del umbral de la pobreza; un rescate bancario con un coste de 1,6 billones de euros para los contribuyentes europeos; recortes de las políticas sociales; etc. Para cambiar esta situación, los socialistas prometen “una Europa que progrese, que proteja y que funcione”. La prioridad sería “la creación de empleo, la economía productiva, el sentimiento de pertenencia europeo y el respeto por las personas”. También subraya su compromiso con la democratización de las instituciones europeas y celebra que estas sean las primeras elecciones en las que se puede influir en el nombramiento del presidente de la Comisión Europea.  

Un “storytelling” basado en datos verdaderos que afectan a millones de personas a las que se pide el voto para cambiar la gestión conservadora por una progresista. Sin embargo, es un mensaje que no ha calado porque no es verosímil para los votantes a los que iba dirigido y que finalmente optaron por Podemos. Se creyeron la primera parte del mensaje, en la que se exponen los problemas y las consecuencias de la política neoliberal, pero no lo hicieron con la segunda en la que los socialistas se presentaban como la solución. Simplemente no se creyeron que los socialistas fueran a solucionar sus problemas y prefirieron apostar por Podemos. ¿Por qué?


El objetivo: Crear un universo narrativo creíble

El escritor francés Christian Salmon lo explica claramente en su libro “Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear las mentes”: El objetivo del marketing narrativo ya no es simplemente convencer al consumidor de que compre un producto, sino sumergirlo en un universo narrativo, meterlo en un universo creíble. Ya no se trata de seducir o convencer, sino de producir un efecto de creencia”.

Mucho antes de la creación de Podemos ya circulaba una historia con mucho éxito entre la ciudadanía, sobre todo a partir del movimiento 15 M en 2011: el “storytelling” del bipartidismo como culpable de la crisis y, sobre todo, como defensor de una clase privilegiada que basa su alto nivel de vida en la explotación, la corrupción y la manipulación de la mayoría de los ciudadanos.

Políticamente esta historia supuso primero el colapso electoral del PSOE en mayo y en noviembre de 2011 (y una mayoría absoluta espectacular del PP), y a medida que el PP iba aplicando políticas neoliberales y de austeridad extrema, también iba afectando a la intención de voto de los conservadores. Los grandes ganadores de esta situación parecían ser los partidos minoritarios IU y UPyD, que iban subiendo como la espuma en las encuestas de intención de voto, y en pocos meses el llamado bipartidismo se estaba quebrando a favor de una redistribución del voto entre otros partidos más pequeños.

La “historia del bipartidismo culpable de la crisis” no surgió en un día ni consiguió alojarse en las mentes de los ciudadanos de un día para otro. Salmon explica que “el storytelling es una operación más compleja de lo que se podría creer a primera vista: no se trata sólo de contar historias, sino también de compartir un conjunto de creencias capaces de suscitar la adhesión o orientar los flujos de emociones; en resumen, de crear un mito colectivo constrictivo”.

Han hecho falta meses de constantes informaciones periodísticas (sobre todo en televisión) y de creación de consensos y de procesos de deslegitimación de las instituciones para que finalmente se lograra crear ese mito colectivo. Solamente faltaba que alguien lograra estructurarlo y crear los conceptos necesarios y, sobre todo, fabricar un hilo narrativo coherente y fácil de entender y comunicar. Podemos lo ha conseguido al simplificar el mensaje de “nosotros, la gente normal, contra la casta, los privilegiados”.

El éxito de este hilo narrativo ha sido arrollador. Como dijo el gurú del storytelling Steve Denning, citado por Salmon: “Cuando veo cómo unas historias bien atadas pueden penetrar fácilmente en las mentes, hasta yo me sorprendo de la propensión del ser humano a absorber historias”

La lección es clara: si no comunicas con historias, no comunicas. Es lo que Salmon explicó como el espíritu de nuestra época, calificado de posmoderno y que privilegiaría, tras el reflujo de los grandes relatos, las anécdotas, el espejismo de pequeñas historias que ilustran la competencia feroz de los valores y vectores de legitimación”.

Lemas de Podemos que resumen su relato.
Podemos presentó una historia clara, con buenos y malos, fácil de entender y sin matices. El PSOE, por el contrario, presentó una lista de datos de los que hizo su propia interpretación. Simplemente obvió el “storytelling” del bipartidismo (por ejemplo en el debate entre Elena Valenciano y Miguel Arias Cañete se pactó no hablar de la corrupción) y con ello ignoró el riesgo de que se percibiera al PSOE como parte del problema en vez de la solución.

Es decir, el PSOE realizó su campaña enarbolando su papel tradicional de partido hegemónico en la izquierda cuando, al mismo tiempo, según Metroscopia, los votantes de Podemos situaban al PSOE en el 5,4 de la escala izquierda derecha (de 0 más a la izquierda a 10 más a la derecha). Creen que el PSOE es un partido de centro-derecha y por lo tanto alejado de la defensa del Estado del Bienestar y de las políticas socialdemócratas clásicas. Así pues, al presentarse como el defensor de las políticas de izquierda, el PSOE resultaba inverosímil para los votantes de Podemos que en cambio sí creían en los mensajes de esta formación a la cual sitúan en el 3,7 de la escala ideológica, en la izquierda e incluso un poco más centrada que IU a la que posicionan en el 3,4. 


El futuro: ¿Puede Podemos mantener su “storytelling” y el PSOE cambiar el suyo?

Christian Salmon cita en su libro al profesor David Boje: Las historias pueden ser prisiones. Una vez inscritos en historias, con unos personajes y una intriga, estamos implicados con otros que esperan que reaccionemos, hablemos y evolucionemos de una cierta manera”. 

Resulta difícil romper el universo narrativo en el que se posiciona a los diferentes actores. El PSOE tendrá que recurrir a una serie de toma de medidas espectaculares y muy mediáticas, y esperar a que sean aceptadas como verosímiles entre el electorado antes de poder aspirar a preservar su hegemonía en la izquierda.

Por su parte, Podemos necesitará alimentar constantemente su “storytelling” si no quiere decepcionar a sus votantes ávidos de historias que les emocionen y movilicen. Acabarán por tener que recurrir a lo que Salmon denomina la “Estrategia de Sherezade”. Podría resumirse así: basándose en “Los cuentos de las mil y una noches”, Sherezade es el personaje protagonista condenado a muerte por el sultán al que debe contar una historia nueva cada noche para sobrevivir. Podemos tendrá que ir adaptando su “storytelling” a la demanda de su público constantemente para poder sobrevivir, creando nuevas historias y adaptando la actual.

Resumen del relato anti-bipartidista.
El futuro no será fácil ni para el PSOE ni para Podemos, ya que, por ejemplo, Salmon cita en su libro a unos expertos cuando dice que “toda organización es un sistema inmunitario cuya meta, como el de todo organismo, es preservar cierto status quo. (…) Los estudios sobre el cambio confirman la aversión de los individuos y las organizaciones hacia el cambio”.

Si no logra realizar profundas transformaciones y, sobre todo, parecer creíble en ello, el PSOE perderá su posición hegemónica en la izquierda. Y por otro lado, si no logra sorprender constantemente, es posible que Podemos entre en una espiral en la que decepcione a sus votantes y les parezca “viejo” e incluso “régimen” como ellos denominan a las demás formaciones políticas. Es lo que le ha pasado a IU y a UPyD en cierta medida con respecto a elecciones anteriores en las que estos partidos fueron la sorpresa. El pasado 25 de mayo ya eran “viejos y más de lo mismo” para muchos votantes de Podemos.  

Artículo disponible en el blog Ssociólogos.com