lunes, 5 de diciembre de 2016

Elecciones en Alemania 2017: la estabilidad de Europa a examen


Tras el año 2016, el año del Brexit, de Trump y del No en Italia, 2017 se presenta fundamental para medir la fuerza de la ola populista que acecha a Europa. Tras las elecciones presidenciales en Francia, en septiembre de 2017 se celebrarán elecciones federales en Alemania, el país fundamental para la estabilidad de Europa. Merkel se volverá a presentar en un contexto político muy diferente al que le ha estado acompañando en sus pasadas citas electorales: el ascenso de un partido populista de extrema derecha que se nutre de los votantes que hasta hace poco consideraban a la canciller la “Mutti” (madre) de Alemania.

El pasado 1 de diciembre la canciller alemana y presidenta del partido cristianodemócrata CDU se sometió a las preguntas de sus afiliados por videoconferencia. En vez de encontrarse con loas a su gestión por parte de sus militantes tras once años de gobierno y una situación económica y política envidiable en medio de un continente azotado por las crisis, Merkel tuvo que escuchar muchos reproches, todos ellos relacionados con su política de acogida de refugiados. Todos repetían el mismo argumento: se han abierto las fronteras de manera irresponsable para dejar entrar en Alemania a cientos de miles de personas sin ningún control.

Estos reproches se produjeron poco antes del congreso de la CDU que ha sancionado una nueva candidatura de Merkel a las elecciones federales que se celebrarán en septiembre de 2017. A pesar de las muestras de unidad y de lealtad a la canciller y líder “ad eternum” del partido (que ha sido reelegida una vez más por casi el 90% de los delegados) ya se muestran algunas críticas relacionadas con su gestión de la crisis de los refugiados. En este sentido, la ‘número dos’ de la CDU a nivel federal, Julia Klöckner, afirmó recientemente en una entrevista a la revista Der Spiegel que desde el partido se había “esperado demasiada comprensión” por parte de los militantes con respecto a la llegada masiva de refugiados. Otro alto cargo de la CDU, Thomas Strobl, aseguró en una entrevista al periódico Die Zeit que habría que endurecer la política con respecto a los refugiados, y en concreto no dudar en expulsarlos de manera masiva, incluso a los que se encuentren enfermos. Declaraciones previas a un congreso en el que la élite de la CDU teme un distanciamiento de la base que no se identifica con la “Willkommenskultur” (cultura de la bienvenida) que propugna Merkel, y que está encontrando refugio en otra formación política en pleno auge.

La crítica frontal a la política de acogida a los refugiados es precisamente el principal argumento del nuevo partido populista de orientación de extrema derecha Alternative für Deutschland (Alternativa por Alemania). Este partido se presentó por primera vez a unas elecciones en el año 2013 y no entró en el parlamento federal (Bundestag) por muy poco al rozar el límite legal del 5% necesario según la ley electoral alemana para tener representación. En ese momento su relato se centraba en la crítica al Euro y a los países del sur de Europa que, según la AfD, se aprovechan de la fortaleza económica de Alemania y de sus contribuyentes.

"La inmigración precisa reglas estrictas", cartel de AfD.
En los últimos tres años este partido ha sufrido ciertas transformaciones e incluso crisis de liderazgo hasta encontrar su hueco definitivo en el sistema de partidos alemán: es el partido protesta (Protestpartei) de la clase media de las zonas rurales y de las regiones con menos presencia porcentual de inmigrantes como son los Länder del este. Así, en las elecciones regionales celebradas en 2016 la AfD ha cosechado unos resultados increíblemente altos para una formación de reciente creación, llegando al 24% en Sajonia Anhalt o al 20,8% en Mecklenburgo Antepomerania. En el oeste más urbano y con mayor presencia de inmigrantes, la subida también ha sido importante, pero no llega a las cifras orientales: en las elecciones de Berlín llegaron al 13,5%, en el rico Baden Württemberg (sede de Mercedes y Porsche) al 15,1% y en Renania Palatinado al 12,6%.


Auge populista en las encuestas

A nivel federal la AfD también está en auge. Según el último sondeo publicado por el instituto Emnid el pasado 3 de diciembre, la intención de voto a la CDU es del 37%, mientras que a la AfD le votaría el 12%. Hace justo un año, el 5 de diciembre de 2015, Emnid daba a la CDU el mismo porcentaje, mientras que la AfD tenía el 8%.

La Alternativa para Alemania es, según estos sondeos, el único partido que ha aumentado significativamente en intención de voto en el último año. Los socialdemócratas del SPD tenían el 25% en diciembre de 2015 y ahora el 22%; los Verdes (Grüne) pasan del 10% al 11%, mientras que la izquierda (Die Linke) se queda estancada en el 10%.

Estos números añaden un problema al auge del populismo de extrema derecha en Alemania y es el de la gobernabilidad. La alternativa a la CDU en la actualidad es muy débil, ya que Grüne y Linke no suman más que el 20%, mientras que el SPD no parece capaz de superar su resultado electoral de 2013 del 25,7%, números que casi descartarían un gobierno alternativo de izquierdas. La CDU se mantendría como el partido mayoritario, pero la aparición de la AfD en el panorama de partidos alemán, ya de por sí muy fraccionado, añade una dificultad más, ya que limita las posibilidades de pactos para la formación de Merkel a la vez que le resta porcentaje de votos.

Hasta 2013 el aliado natural de la CDU eran los liberales de la FDP. Sin embargo, cayeron fulminados en las elecciones y desaparecieron del parlamento. Hoy las encuestas no garantizan un regreso a las instituciones de este pequeño partido, por lo que la CDU, que se va a alejando del 41,5% cosechado en la última cita electoral, necesita un socio diferente para mantenerse en el gobierno. Comienzan así las especulaciones: ¿Una nueva gran coalición a riesgo de que el SPD se precipite hacia una crisis que podría ser letal? ¿Un gobierno en minoría? ¿Una alianza inédita con los Grüne, cada día más pragmáticos? O incluso, ¿un giro espectacular pero muy improbable para abrazar al AfD?

Aunque hoy en día la presencia de la AfD en el Gobierno alemán está prácticamente descartada (existe un consenso de base entre el resto de partidos para no acercarse a los populistas), pase lo que pase su irrupción en el sistema de partidos está provocando que los resultados de las elecciones federales del próximo mes de septiembre se planteen desde un prisma de incertidumbre sobre la gobernabilidad del país, lo podría tener consecuencias sobre la estabilidad de una Unión Europea que no deja de recibir golpes.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

EEUU, el voto de la furia



El 8 de noviembre de 2016 se produjo un hecho aparentemente insólito: el candidato Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en los EEUU. Junto a la victoria del ‘Brexit’ en el Reino Unido y del ‘No’ al proceso de paz en Colombia, este resultado electoral ha completado el elenco de desenlaces políticos sorprendentes en el mundo a lo largo de 2016 porque no fueron pronosticados previamente debido a su presunta irracionalidad. La reacción en todos estos casos siempre ha sido la misma: sorpresa, estupor y búsqueda de las causas. En el caso de los EEUU esta parece que ha sido la furia.


Los datos del recuento señalan que ese voto de la furia le ha supuesto a Trump el mayor número de papeletas jamás conseguido por un candidato republicano con más de 62,2 millones, un hecho poco relevante en sí ya que su rival Hillary Clinton, a pesar de su derrota, le supera. Sin embargo, más de 62 millones de personas han votado a un candidato que ha prometido levantar un muro en la frontera con México, deportar a los inmigrantes sin papeles, encarcelar a su rival, limitar el papel de los EEUU en el exterior, penalizar a las empresas extranjeras, etc. ¿Por qué?

Algunas respuestas las dan los datos a pie de urna, el Exit Polls publicado por el New York Times tras preguntar a los votantes una vez ejercido su derecho (enlace en http://www.nytimes.com/interactive/2016/11/08/us/politics/election-exit-polls.html?_r=0).

Para empezar, destaca que se trata de un voto movilizado en el último momento. La mitad de los encuestados que decidieron el voto una semana e incluso un mes antes de las elecciones eligieron a Trump frente al 37% que lo hicieron por Clinton. En cambio, el 52% de los que ya tenían decidido el voto mucho tiempo antes, incluso en verano, se decidieron por los demócratas. Es decir, el voto a Clinton se ha mantenido fiel en el tiempo mientras que el de Trump se movilizó en el último trecho de la campaña, como atestigua la evolución de las encuestas electorales que daban a Clinton por ganadora prácticamente hasta el último momento.


NYT, Exit Polls 2016

Una vez detectado que los votantes de Trump se animaron en muchos casos a hacerlo en el último momento, habría que preguntarse ¿por qué ese voto? Antes habría que destacar que el voto al candidato republicano no lo fue porque irradiara simpatía. De hecho, el 49% dijo que le gusta Trump pero “con reservas” frente al 53% de los votantes demócratas que dijo apoyar “firmemente” a su candidata. La clave está en otro sitio: el 51% de los votantes republicanos explicaron su voto porque “no les gusta” la rival, y, sobre todo, porque le votaron el 83% de los que perciben que la mayor cualidad de Trump es que “puede traer el cambio necesario”.



“El cambio necesario

“El cambio necesario” es pues una causa determinante del voto republicano. ¿Por qué? Se debe la muy negra visión que los votantes de Trump tienen del presente y del futuro de los EEUU y, sobre todo, del papel que ellos juegan y jugarán en la sociedad. Partiendo del presente, un 90% de los que desaprueban la política de empleo de la ya saliente administración Obama son votantes republicanos, una cifra muy alta incluso en un contexto de alta rivalidad partidista. Sin embargo, ese dato viene acompañado de otro muy elocuente: un 77% de los que se consideran “enfadados” por el trabajo del anterior gobierno son republicanos (frente al 78% de los que se consideran “entusiasmados” que votaron demócrata). “Enfado” es un sentimiento muy extremo. ¿A qué se puede deber?

Para explicarlo el Exit Polls ofrece más datos. El más general es que el 79% de los que consideran la situación económica de los EEUU como “pobre” votaron a Trump. Acercándonos a su ámbito doméstico, entre los que consideran que su situación económica familiar es hoy peor, un 78% eligió al candidato republicano. Y, sobre todo, lo hicieron el 63% de los que creen que la próxima generación de estadounidenses vivirá una vida peor que en el presente. Situación económica pobre, una economía familiar peor y un futuro incierto, esa es la triada que podría explicar el enfado. 


NYT, Exit Polls 2016

La causa de esta visión tan negativa de la situación económica general y particular es la globalización, y en concreto el miedo a sus efectos. Así se entiende que el 65% de los que creen que los tratados comerciales internacionales “se llevan empleos de los EEUU” votaron republicano. Pero la ‘amenaza’ no está solamente fuera, también dentro de las fronteras. Por eso el 84% de los que exigen la deportación de los inmigrantes irregulares votaron a Trump, un porcentaje que incluso aumenta hasta el 86% de votos al candidato republicano entre los que opinan a favor de construir un muro con el vecino meridional de los EEUU, México.

Un voto decidido en las últimas semanas de campaña, que considera que la situación económica y laboral en los EEUU es mala e irá a peor, sobre todo por la globalización y la inmigración. Y sobre todo, un voto “enfadado”. Ese es el perfil del voto de la furia que ha llevado a Donald Trump al despacho oval.    






domingo, 30 de octubre de 2016

El desierto se extiende en España

Los cambios demográficos en 2031
Dos noticias publicadas con pocos días de diferencia advierten que el futuro de España podría estar marcado por la desertización. Por un lado, el INE afirma que en el año 2031 el noroeste español (Galicia, Asturias y Castilla y León) habrá perdido población de forma significativa. Por otro lado, los investigadores alertan de que el cambio climático amenaza con convertir a finales del S. XXI el sur del país en un desierto que sería la continuación del Sáhara. Despoblación y desertización, dos retos que marcarán la agenda política, económica y social del futuro de España.


El INE ha calculado el futuro de la demografía española hasta el año 2031 y sus conclusiones son: el tercio noroeste español perderá aún más población y los grandes focos demográficos se centrarán en el litoral mediterráneo y en el entorno de Madrid. En concreto, las comunidades autónomas de Galicia, Asturias y Castilla y León seguirán perdiendo habitantes poco a poco en un proceso que lleva ya muchos años en marcha y que comenzó durante el desarrollismo económico del franquismo. Hoy es la falta de inmigración y una tasa de natalidad muy baja las causas fundamentales de la pérdida de habitantes en vez de la emigración masiva de los años 60 y 70 del S. XX. Será una muerte lenta en la que la población anciana no será sustituida por generaciones posteriores y que afecta con mayor virulencia a las provincias ya de por sí muy poco pobladas. Así, según el INE la provincia de Zamora perderá en 2031 hasta un 17% de su población, Ávila un 13,1%, Orense un 12,6% y Asturias un 11,6%, por poner algunos ejemplos.

Por otro lado, son pocas las provincias que verán aumentar su población y casi todas tienen un elemento en común: están en el litoral mediterráneo. Las Islas Baleares (+7,7%), Málaga (6,7%), Almería (6,2%), Murcia (+1,3%), Alicante (+0,7%) o Barcelona (+1,3%) crecerán. También lo harán las Islas Canarias y Madrid, que pasará a acercarse a los siete millones de habitantes. En una clara confirmación futura del carácter fundamental de la industria del turismo en la economía española, ya que el aumento de la población se deberá ante todo a la inmigración por motivos de empleo en el sector servicios y también de una generación de ancianos que se trasladará allí en su jubilación, la costa mediterránea y el centro peninsular se consolidarán como los ejes sobre los que gravitará el país. El resto (con la excepción vasca) estará al margen de la agenda.

Lo explicó el periodista Enric Juliana en su artículo “Lo que nos dice la demografía” publicado en La Vanguardia el 5 de julio de 2015 tras la publicación de un mapa que estudia la evolución de la dinámica poblacional europea entre 2001 y 2011 (ver imagen): “España se está desplazando al Mediterráneo”. (…) “En España, la nueva línea de tensión es Oeste-Este. Puesto que la población ha crecido gracias a la inmigración y no a la natalidad, los rojos y los azules intensos nos muestran donde están el dinamismo y la depresión económica. Han crecido el Gran Madrid, toda la costa mediterránea, con fuerza en Catalunya, Baleares y Valencia, y el corredor del Ebro. La España del Oeste se despuebla y envejece”. En 2016 el INE confirma estas conclusiones y las proyecta hacia 2031 vaticinando un grave desequilibrio demográfico en el país.

Por otro lado, a la amenaza de desertización demográfica en el tercio noroccidental se suma el peligro del cambio climático. Según ha publicado el Diario El País el pasado 28 de octubre, el investigador del Centro Europeo de Investigación y de Enseñanza de Geociencias Ambientales Joel Guiot advierte: “Aunque se cumplan los objetivos del acuerdo de París, los paisajes mediterráneos cambiarán, los biomas más secos avanzarán hacia el norte”. “La estrecha franja verde del norte de África desaparecerá engullida por el desierto. Los bosques de hoja caduca quedarán arrinconados en las cumbres más altas. Y un tercio de España será tan árido como lo es hoy el desierto de Tabernas, en Almería, si no se reducen las emisiones de CO2”, afirma el artículo. Una desertización que tendrá, sin duda, grandes consecuencias demográficas provocando movimientos migratorios que añadirán al tercio sur español, Andalucía fundamentalmente, al territorio en proceso de despoblación, sobre todo en su zona interior.

Resultados electorales por municipios 26J 2016
Con dos tercios de España amenazados por la desertización solamente quedará viva una tercera parte del territorio donde se concentrará la población y, por consiguiente, la actividad económica, política y social del país. La franja del litoral mediterráneo y Madrid serán los ejes de España. El mapa político estará muy influido por esta evolución que afectará, sobre todo, a los dos partidos tradicionales que son los que hoy siguen manteniendo el poder en esas zonas. Incluso se podría decir que las zonas afectadas por la desertización del futuro son las que hoy ejercen una mayor influencia política sobre el resto del país a través del Partido Popular y del PSOE: El PP ha perdido su capacidad que tenía en 2011 de ganar por mayoría absoluta excepto en Galicia y en Castilla y León, las dos comunidades más afectadas por la pérdida de población en 2031. Asturias, la tercera comunidad, está gobernada por el PSOE, cuyo feudo de Andalucía se verá directamente golpeado por el cambio climático (ver imagen).

Los mapas de hoy nos revelan que las fuerzas políticas emergentes (Podemos y Ciudadanos principalmente) se nutren fundamentalmente de votos en los lugares en los que se produce crecimiento demográfico: Madrid y la costa mediterránea (ver imagen 3). El periodista Enric Juliana lo comentó en su artículo “El mapa del 20D muestra que la España del cambio está en el litoral” publicado el 22 de diciembre de 2015 sobre los resultados electorales de las generales celebradas dos días antes: “En pocas palabras, la adhesión a los dos partidos clásicos tiende a hundirse en la España con mayor dinamismo económico, en las grandes ciudades, evaporándose en el País Vasco y en la inflamada Catalunya. El bipartidismo, por el contrario, aguanta bien en la España interior, sobre todo en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, la vieja Castilla, y en las dos provincias más envejecidas de Galicia (Lugo y Ourense)”. (...) “Hay una España que desea cambios, quizá de manera dispersa y contradictoria. Y hay otra España que prefiere quedarse como está, o cambios muy seguros, timbrados por las fuerzas políticas tradicionales. No es difícil adivinar que en la España metropolitana se concentran las nuevas generaciones fuertemente decepcionadas por el derrumbe de las expectativas sociolaborales provocado por la crisis económica. En la segunda hay más población mayor”.

La población mayor ya ejerce hoy una clara importancia en los resultados electorales. El PP, vencedor en las últimas tres citas electorales españolas a nivel nacional, es el líder indiscutible entre el electorado mayor de 65 años. En cambio, Podemos lo es en la franja hasta los 45 años. Es decir, existe entre los dos partidos una clara brecha generacional que apunta a ser también territorial en la siguiente generación. Según el estudio del INE que advierte sobre la despoblación del noroeste, también se prevé la intensidad del envejecimiento de la población. De mantenerse la situación actual, la pérdida se concentrará en el tramo de edad entre 30 y 49 años, que se reduciría en 4,2 millones en los 15 próximos años (un 28,5 %) y en 6 millones hasta 2066 (40,1 %). En 15 años años habrá más mayores de 65 años a costa de personas entre los 30 y los 50 años, justamente la franja que hoy vota mayoritariamente a Podemos. ¿Lo seguirá haciendo en el futuro? Si es así, Podemos tendrá la hegemonía política.

A priori las proyecciones demográficas y medioambientales en España pintan un futuro complicado para el PP y el PSOE y un escenario muy favorable para Podemos: los lugares donde hoy son electoralmente fuertes coinciden con los lugares que concentrarán la vida política, económica y social de España (prácticamente la vida en un país casi desertizado), y la generación que hoy les vota tendrá la hegemonía demográfica indiscutible.


Sin embargo, vivimos en tiempos de cambios constantes y las predicciones se basan en las variables de hoy. ¿Qué pasará mañana? 

viernes, 7 de octubre de 2016

Los vídeos electorales en los EEUU: Trump protagonista

La campaña electoral de las Presidenciales en los EEUU está entrando en una fase decisiva. Con las encuestas dando una ligera ventaja a la demócrata Hillary Clinton sobre el republicano Donald Trump, todo puede ocurrir. Por ello a maquinaria electoral de ambos aspirantes trabaja a todo gas para forzar unos resultados que se antojan demasiado impredecibles teniendo en cuenta que la campaña partió con una clara ventaja de Clinton y que Trump ha ido recortando paulatinamente.

Es una campaña que se caracteriza por la profunda polarización entre ambos candidatos y su visión de los EEUU. Ambas partes tratan de movilizar al electorado avivando ese fuego con el objetivo de crear una imagen negativa de su rival, una técnica de comunicación política muy habitual en las campañas de los EEUU. Pero en este caso la campaña de Clinton parece que apuesta de manera más decidida por esta receta que la de Trump, ya que el argumento principal de la candidata para ser votada parece que se está reduciendo cada día más a señalar a Trump como un 'peligro público' cuya victoria hay que evitar a toda costa movilizando a diferentes segmentos sociales cuyo único elemento común es el temor a una victoria republicana.

Es el hilo argumental principal de los siguientes vídeos de campaña de Clinton que apelan directamente al sentimiento de rechazo personal que puede provocar Trump y sus declaraciones:







Trump, por su parte, también usa la campaña negativa para criticar a Clinton y al Gobierno demócrata de Obama. Sin embargo, a diferencia de Clinton, el mensaje de Trump es de ataque hacia el modelo de los EEUU defendido supuestamente por su rival y no hacia su persona. A diferencia de la campaña de Clinton, que personaliza en Trump el discurso populista y xenófobo, el republicano ve en Clinton la representante de una idea de los EEUU que promete superar. Es decir, Trump critica a Clinton por lo que representa y no por quien es, mientras que Clinton hace lo contrario: 




Sin embargo, antes que apostar exclusivamente por una campaña negativa, Trump está redoblando sus esfuerzos por reforzar su relato de hombre de éxito que se enfrenta al establishment, utilizando directamente el marco del padre autoritario propio del Partido Republicano, como señaló George Lakoff. Consecuentemente, la campaña republicana está enfocando su discurso en la persona de Trump y en su presunta capacidad de liderazgo personal y, sobre todo, en su "rebeldía" contra las injusticias del sistema, lo que le aleja de la etiqueta de político profesional:



En resumen, ambos rivales están haciendo prácticamente la misma campaña: reducir las elecciones  de los EEUU a una decisión sobre si Trump debe ser presidente o no. Clinton está abandonando el discurso constructivo y propositivo mientras redobla los ataques personales contra Trump, mientras que éste está ofreciendo una cara más amable y, sobre todo, decidida para afrontar los retos de la futura presidencia.

Mientras tanto, la diferencia en las encuestas se va reduciendo.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Alternativa para Alemania: ¿Susto o amenaza seria?


El pequeño Land alemán de Mecklenburgo-Antepomerania saltó el pasado 4 de septiembre a las portadas de la prensa mundial por ser el escenario de un hecho simbólico: el pequeño partido Alternativa para Alemania consiguió adelantar a la CDU de la todopoderosa canciller Angela Merkel en su propia tierra de origen. A parte de este dato, estas elecciones regionales no tienen consecuencias a corto plazo para la gobernabilidad del país más poderoso de Europa. Pero sí podrían ser un aviso de que algo se está fraguando.



Los socialdemócratas del SPD ganaron las elecciones pero se dejaron cinco puntos en el camino. Los cristianodemócratas de la CDU pasaron de la segunda a la tercera posición perdiendo también cinco puntos. Lo mismo que el partido de izquierdas Die Linke, con un fuerte arraigo en el este alemán, que también perdiendo cinco puntos ha descendido hasta una irrelevante cuarta posición cuando hace tan sólo unos años era socio de Gobierno regional. La gran vencedora de las elecciones fue Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland, AfD), que de la nada ha conseguido el 20,8% de los votos colocándose en la segunda posición, aunque a bastante distancia del 30,6% de los socialdemócratas.


El impacto de estos resultados es más simbólico que práctico. Mecklenburgo-Antepomerania es un Land comparativamente pequeño. Tiene 1,6 millones de habitantes (frente a los 12,8 de Baviera o los 17,8 millones de Renania del Norte- Westfalia) y su sociedad es fundamentalmente de carácter rural. Carece de grandes ciudades. Rostock, la urbe más importante tiene poco más de 200.000 habitantes y su capital Schwerin no llega a los 100.000. Tampoco es un Land rico. Su economía se basa en la agricultura y el valor de su PIB por habitante es un 78,3% con respecto a la media de la Unión Europea, mientras que el del conjunto de Alemania es del 115,2%. Es decir, Mecklenburgo-Antepomerania no es precisamente un referente ni un lugar central en el tejido económico y social alemán. Sin embargo, esto no quiere decir que el ascenso local de la AfD no resulte significativo a nivel nacional.



Alternativa para Alemania se creó para poder participar en las elecciones federales de 2013 y no entró en el Parlamento, el Bundestag, por no superar por unas décimas la barrera del 5% de los votos, imprescindible según la ley electoral alemana para poder tener representación parlamentaria tanto a nivel nacional como regional. Sin embargo, desde entonces, la AfD ha logrado entrar en todos los parlamentos de los Länder donde se han celebrado elecciones: nueve de un total de 16 con resultados dispares que ha ido mejorando a medida que avanzaba el tiempo. Así, por ejemplo, si en 2014, el año tras las elecciones federales, el mejor resultado regional de la AfD fue en Brandemburgo con un 12,2%, en 2016 ha conseguido resultados como el 15,1% en el Land rico y occidental de Baden-Würtemberg, o el 24,3% en el Land más humilde y oriental de Sajonia-Anhalt, a lo que se suma ahora el 20,8% de Mecklenburgo-Antepomerania.



Es decir, las cifras demuestran un crecimiento de la AfD a medida que se van produciendo elecciones.  




¿Qué es Alternativa para Alemania?



Alternativa para Alemania se fundó el 6 de febrero de 2013 como un partido euroescéptico y para aglutinar las voces de aquellos que consideran la Unión Europea como un lastre para Alemania antes que una oportunidad. Desde que comenzó la crisis financiera y económica en 2008, y a medida que Alemania no solamente no se veía afectada sino que incluso se beneficiaba políticamente de ella al aumentar su poder en la UE, surgió el discurso demagógico y reduccionista de que Alemania es un país exclusivamente pagador que no recibe nada a cambio de sus sacrificios. La crisis de la economía griega puso sobre la mesa los miedos de la clase media alemana y dio alas al discurso de fondo xenófobo (atizado por la prensa sensacionalista), de que los países del sur de Europa se están “aprovechando” del contribuyente alemán que les paga las infraestructuras y las pensiones.



La AfD nació en ese contexto. Por eso en su programa político aboga abiertamente por la desaparición del Euro y la vuelta de Alemania a la Deutsche Mark, todo un símbolo nacional que en la psicología colectiva alemana (sobre todo de la gente mayor) representa el milagro económico alemán después de la Segunda Guerra Mundial. Paralelamente al desmantelamiento del Euro, la AfD también pide reducir el poder de la Unión Europea (aunque no su desaparición), así como su burocracia. Está a favor de devolver soberanía a los estados nacionales y revertir así poco a poco el proceso de integración europeo. Se trata pues de un típico partido euroescéptico.



Alternativa para Alemania también se presenta como defensora de la familia clásica compuesta por un hombre y una mujer, y en general es partidaria de políticas fiscales regresivas y de eliminar el sistema educativo unitario para todos los alumnos, apostando por favorecer a aquellos con mejor rendimiento para no “entorpecer” su progreso por aquellos con menor rendimiento. Es decir, la AfD no solamente es un partido con un discurso hostil a la Unión Europea, sino que presenta el menú ideológico completo de un partido muy conservador con ramificaciones incluso de carácter ultraderechista, mientras que la prensa alemana lo califica ya habitualmente de “populista de derechas” (rechtspopulist).  



Sin embargo, hay otros elementos todavía más preocupantes en su discurso.





“Ellos frente a nosotros”



Desde que explotó la crisis de los refugiados en Europa en el verano de 2015, y sobre todo desde que la canciller Merkel abanderó en un primer momento una política de acogida, la AfD ha centrado su discurso en el rechazo a este fenómeno. En las elecciones de Mecklenburgo-Antepomerania los refugiados se convirtieron en el argumento electoral central, a pesar de su escasa presencia en esta región. Con lemas como “El asilo necesita fronteras”, “Asegurar las fronteras, parar el terrorismo”, “vamos a tener que pagar la inmigración descontrolada” o “No habrá un segundo milagro económico por los refugiados”, este partido apela directamente a los miedos más profundos del electorado.



La AfD ha retomado un discurso denostado en Alemania desde el Tercer Reich basado en la “comunidad del pueblo” (Volksgemeinschaft), cultural e incluso étnicamente homogéneo, frente al concepto de “sociedad” (Gesellschaft), más abierto e integrador que es el que defienden los partidos tradicionales desde la fundación de la República Federal Alemana en 1949. Es precisamente el rechazo a los partidos y a la política tradicional lo que está dando alas a la AfD en Alemania, de la misma manera que está ocurriendo con otros partidos populistas y extremistas en el resto de Europa o con la candidatura de Trump en los EEUU.



El discurso del conflicto entre “ellos y nosotros”, “los de arriba y los de abajo”, está sustituyendo en Alemania poco a poco el tradicional eje discursivo de derecha e izquierda. En el “ellos”, la AfD coloca a la élite política de todos los partidos y a los extranjeros, es decir, todos aquellos que no corresponden a la imagen del ciudadano medio alemán, al que animan en sus eslóganes a “ser valientes ante la verdad” y a “decir basta”, y al que ofrece la presunta protección de la comunidad del pueblo y de sus valores frente a la intemperie y el caos de los procesos desencadenados por la globalización.



La AfD se presenta como la alternativa por la derecha a Merkel después de años de monopolio político en este espacio y de una popularidad incontestable de la canciller que, sin embargo, está empezando a resquebrajarse. Según las últimas encuestas a nivel federal, la CDU perdería 7,5 puntos con respecto a las elecciones de 2013 mientras que la AfD conseguiría el 12% de los votos (Emnid). Estos datos empeorarían según los datos del instituto INSA, que prevé una pérdida de once puntos por la CDU (30,5% en 2017 frente al 41,5% de 2013), mientras que la AfD conseguiría el 15% y se convertiría en tercera fuerza política.



La AfD, ¿susto o amenaza seria? En un año podremos salir de dudas.

jueves, 21 de julio de 2016

“La Democracia tiene problemas”


“La Democracia, la mayor aspiración moral de la humanidad, tiene problemas”. El académico británico Stephen Coleman es tajante para explicar los últimos acontecimientos políticos que están azotando el mundo: Brexit, la crisis política y económica en la Unión Europea, la crisis de los refugiados, el auge de los populismos y radicalismos, y el tan sorprendente como controvertido ascenso de Donald Trump a la candidatura a la Presidencia de los EEUU.
 

Los pasados 7, 8 y 9 de julio la Asociación de Comunicación Política ACOP organizó unas jornadas en las que participaron un grupo de académicos y consultores de prestigio internacional para conversar sobre la “Nueva Política”. Entre ellos el profesor en la Universidad de Leeds, Stephen Coleman, que afirmó: “La democracia se encuentra en un proceso de transición e indeterminación”.


Coleman aseguró que “el reconocimiento y el respeto son la clave de la democracia”, sin embargo, estamos viviendo un problema grave de comunicación: “Los ciudadanos piensan que las instituciones no escuchan, y las instituciones que los ciudadanos no saben expresarse. Es un diálogo de sordos”.


A este problema de comunicación entre los de “arriba” y los de “abajo”, Coleman añadió que “los gobiernos ahora se definen por lo que no pueden gobernar”, como por ejemplo fenómenos globales como el terrorismo, el narcotráfico y las crisis financieras, es decir, elementos que se escapan del control de los estados nación como los hemos conocido hasta el momento. Todo ello hace que ahora sea un momento propicio para la aparición de un fenómeno político muy antiguo y recurrente: el populismo.

Las causas del populismo

Loris Zanatta, ensayista y profesor en la Universidad de Bolonia, explica en su libro “El Populismo” (Editorial Katz) las causas de la actual ola populista en el mundo: “La conmoción causada en las funciones de los Estados, en los sistemas políticos, en las estructuras sociales, en las ideologías y culturas de cada latitud por ese fenómeno llamado globalización, que genera la difundida percepción de una crisis crónica de disgregación. Tanto esas presiones como esta conmoción crean un panorama ideal para que los populistas encuentren espacio y alimento”.
El propio mundo globalizado de la crisis constante, económica, de seguridad, de identidad, de la eterna incertidumbre, es fundamental para explicar el auge de este fenómeno. Según Zanatta, “las recurrentes crisis financieras y las frecuentes crisis de legitimidad de las clases políticas percibidas por muchos como castas parasitarias y aisladas de la sociedad, además de incapaces de resolver los problemas más apremiantes, hace aún más propicia la maduración de la nostalgia por la homogeneidad perdida”.

El populismo es, explica Zanatta, “intolerante con toda forma de representación política pero comprometido con un concepto social que postula la unión armoniosa de la sociedad, invoca el nexo solidario que vincularía a sus miembros por voluntad de Dios o de las leyes naturales, y reivindica una conexión directa entre el pueblo y quien encarna su identidad, el líder”.


Thibault Muzergues
Es decir, “nosotros y ellos”, como explicó el consultor Thibault Muzergues en las jornadas de ACOP. “¿Qué está pasando?”, se preguntó: “Crisis económica, crisis social, crisis de identidad”. Se trataría, según este especialista, de un fenómeno que está transformando las reglas de convivencia tal y como las conocíamos: “Las cosas están cambiando. Lo que era aceptable antes, ya no lo es para la prensa y la sociedad”, asegura Muzergues. Y en ello ha contribuido la revolución tecnológica de Internet, y en concreto las redes sociales, “un vehículo importante para trasladar la frustración de la gente y que es aprovechada por el populismo”, lo que explica “la creciente tensión y agresividad entre los ciudadanos con respecto a la política”.

Stephen Coleman señaló por su parte en las jornadas de ACOP que “el problema del populismo no es que la gente desconfía, sino que confía demasiado” en un mundo con un acceso prácticamente ilimitado a la comunicación. Coleman recordó que, a pesar de la revolución de Internet, “la prensa y la televisión siguen siendo las principales fuentes para informarse y para generar opinión”. Sin embargo, estos medios se ven cada vez más atrapados y arrastrados por las dinámicas de la inmediatez extrema dictadas por la intensa competencia y las posibilidades de información prácticamente instantánea que ofrecen los avances tecnológicos. En este contexto Coleman propone el diálogo sosegado para fortalecer la democracia. Sin embargo, ¿es posible en la actual la cultura de la inmediatez?


El futuro del populismo, ¿ha llegado para quedarse?

En los próximos meses la atención mediática y política se centrarán sin duda en la campaña electoral de los EEUU, probablemente el acontecimiento político más espectacular del año y en el que el populismo también ha conseguido entrar de la mano del candidato republicano Donald Trump.


Peter Brodnitz
El estratega político estadounidense Peter Brodnitz señaló durante las jornadas de ACOP en Bilbao que hay que tener en cuenta el estado emocional a la hora de lanzar un mensaje, y en este sentido afirmó que Trump es un experto: “Su mensaje está enfocado en mantener un estado de ansiedad y enfado para que los ciudadanos hagan una elección emocional”. “Trump moviliza voto con un mensaje de cambio radical para romper el status quo” en un contexto en el que “la clase trabajadora blanca es la más preocupada o enfadada por el futuro económico”, subrayó el experto.

Por ello, Brodnitz concluyó: “Si se logra tranquilizar a la gente, recibirán el mensaje de manera diferente”. Es decir, viene a decir este estratega político, si las circunstancias económicas y sociales vuelven a su cauce, los ciudadanos que hoy son proclives a escuchar y a apoyar a los movimientos populistas dejarían de hacerlo.

Sin embargo, como advierte Loris Zanatta, “los trastornos económicos y sociales de nuestros tiempos son tan profundos y de tan larga duración que el populismo actual no es la simple manifestación de una debilidad democrática, de un paréntesis entre dos épocas ‘normales’. Al contrario, tanto las transformaciones sociales y económicas radicales como la extensión de la democracia a nuevas áreas del mundo durante las últimas décadas inducen a pensar que las crisis de disgregación y as reacciones populistas no harán más que multiplicarse, y que el populismo será un fenómeno permanente y difundido”.

sábado, 18 de junio de 2016

El contexto europeo del PSOE

La campaña electoral del 26 J está marcada por la expectativa del llamado ‘sorpasso’ de Unidos Podemos al PSOE. Las encuestas preelectorales, sobre todo el barómetro del CIS, dan por hecho el adelantamiento de la alianza electoral de Podemos, IU y las mareas a los socialistas. Así, según el CIS, los socialistas lograrían el 21,2% de los votos, mientras que Unidos Podemos se haría con el 25,6%.

Según estos datos, los socialistas solamente bajarían menos de un punto con respecto a las elecciones del 20 de diciembre. Teniendo en cuenta que en las elecciones de 2011 el PSOE consiguió el 28,73% de los votos y en 2008 el 43,87%, esta cifra es considerada un fracaso grave para el PSOE y su dirección, y podría tener consecuencias nefastas para el futuro de Pedro Sánchez y de su equipo por perder la segunda posición y no ser capaces de hacerse con el liderazgo de la política española.

Sin embargo, si se abre un poco la perspectiva y se tiene en cuenta el entorno europeo de España, la situación del PSOE no es muy diferente a la de otros partidos socialdemócratas o socialistas muy parecidos en su ideología, estructura, historia e incluso contexto. Sin entrar en las causas, aquí solamente se facilitan las últimas cifras de sondeos y resultados electorales de los principales ‘partidos hermanos’ europeos del PSOE.

-       Alemania, SPD: La última vez que gobernaron los socialdemócratas alemanes desde la cancillería de Berlín fue en el año 2005. Gerhard Schröder gobernó el país entre 1998 y 2005, y desde entonces el SPD no ha vuelto a ganar unas elecciones federales, aunque ha participado dos veces en gobiernos de gran coalición entre 2005 y 2009, y desde 2013. Aunque gobierna un número importante de estados federales y alcaldías importantes, los socialdemócratas alemanes no han dejado de bajar en sus resultados electorales federales. Desde la primera derrota en 2005, con el 34,2% de los votos, bajaron hasta el 23% en 2009 y el 25,7% en 2013. Los últimos sondeos de junio de 2016 dicen que la caída no ha terminado y sitúan la intención de voto en el 21%.

-       Francia, PS: Los socialistas franceses ganaron la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2012 con el 28,6% de los votos. Prácticamente desde entonces, el presidente socialista Françoise Hollande no ha dejado de perder popularidad y los socialistas se están batiendo en retirada en la mayoría de las elecciones. En las regionales de diciembre de 2015, la coalición de izquierda en la que se integró el PS alcanzó un total del 23,12% de los votos en unos comicios marcados por el temor al auge del Frente Nacional, que consiguió el 27,73%. Las expectativas no mejoran para los socialistas, que sin embargo gobiernan en importantes instituciones y municipios como París, y a un año de las elecciones presidenciales, las encuestas sitúan la intención de voto para Hollande solamente en el 14% en la primera vuelta frente al 28% del Frente Nacional y más del 20% la derecha tradicional, por lo que el PS quedaría fuera de la segunda vuelta.

-       Reino Unido, Labour: Los laboristas británicos han apostado claramente por apoyar la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea en un referéndum que las encuestas dan por perdido a una semana de celebrarse (47% para quedarse y 53% para el ‘brexit’). Una derrota en las urnas supondría un duro golpe para el primer ministro conservador David Cameron, pero también para los laboristas ya que no habrían podido proporcionar una capacidad de movilización suficiente. Comparado con los socialistas españoles, franceses y los socialdemócratas alemanes, la cifra cosechada en las últimas elecciones generales de mayo de 2015, es algo mejor con el 30,4%. Sin embargo, el sistema electoral mayoritario en el que solamente el diputado más votado es el que recibe el acta de cada distrito, hizo que los conservadores consiguieran una ventaja de 99 escaños en la Cámara de los Comunes con respecto a los laboristas. A pesar de la impresionante victoria de la Alcaldía de Londres en mayo de 2016, los laboristas siguen perdiendo poco a poco posiciones y en Escocia, que siempre había sido un granero de votos, pasaron a tercera fuerza política en el parlamento regional, el peor resultado escocés en un siglo. A pesar de la elección de Jeremy Corbyn como nuevo líder en septiembre de 2015 y de su ‘giro a la izquierda’, las encuestas siguen situando a los laboristas en torno al 30% de la intención de voto, más o menos la misma cifra que en las generales de 2015.

-       Italia, Partido Democrático: Italia es podría ser la gran excepción al panorama complicado de la socialdemocracia europea. Si en las elecciones de 2013 consiguió el 25,4% de los votos, las encuestas a principio de este año situaban la intención de voto en el 33%. Sin embargo, ya existen algunos puntos negros. Según la tabla de popularidad de líderes políticos del mes de junio elaborada por la Asociación de Comunicación Política (ACOP), el primer ministro Matteo Renzi solamente contaría con una aprobación del 28%, dos puntos por debajo incluso de Mariano Rajoy. Una cifra en constante caída ya que en mayo era del 33% mientras que en mayo de 2014 todavía era del 59%. Las elecciones municipales están siendo una prueba de fuego para Renzi y el Partido Democrático y las alcaldías de las principales ciudades como Roma, Milán y Turín tendrán que dirimirse en una segunda vuelta contra la derecha de Forza Italia o el Movimiento Cinco Estrellas.


La situación del socialismo español es muy difícil pero no es muy diferente al del resto de partidos socialistas o socialdemócratas de su entorno europeo. En todos los casos se combina una fuerte presencia municipal y regional (el PSOE gobierna en siete comunidades autónomas) con una cada vez más débil fuerza en los parlamentos nacionales. ¿Se está transformando el socialismo europeo en una fuerza localista y regional en plena fase de pérdida de soberanía nacional de los estados? 

miércoles, 8 de junio de 2016

Los vídeos electorales de la precampaña, ¡todos a por Podemos!

Los vídeos de PP, PSOE y Ciudadanos de la precampaña electoral del 26J tienen todos un mensaje común: la culpa de la repetición de las elecciones y de la inestabilidad política en España es de Podemos. Estos tres partidos pugnan por un perfil de votante que busca una característica con la que tratan de identificarse: la estabilidad y la moderación, incluso la moderación en el cambio político, frente al mensaje del cambio radical. Podemos reacciona aceptando un relato que polariza la contienda política entre ellos y el resto. Una polarización que le beneficia:  



Partido Popular: No a las líneas rojas y estabilidad



No a las líneas rojas, no a los cambios radicales y no a los experimentos. Aunque el eslogan es positivo (A Favor), el mensaje contiene una importante carga defensiva frente a las "líneas rojas" en clara alusión a la expresión utilizada por Pablo Iglesias durante las negociaciones fracasadas tras las elecciones del pasado mes de diciembre. El PP se presenta como el partido positivo frente a unas líneas rojas (Podemos) que sólo ponen trabas.



PSOE: La culpa es de Podemos




Un vídeo largo, de algo más de cuatro minutos para explicar que el próximo 26 de junio volverán a celebrarse elecciones por culpa de Podemos. Se pone en valor el acuerdo alcanzado con Ciudadanos tras las elecciones de diciembre y se asume el liderazgo y el protagonismo para desbancar al PP del Gobierno. Igual que en el vídeo anterior, el eslogan es positivo ("Un Sí por el cambio"), funciona como reacción a una supuesta actitud negativa por parte de Podemos para conseguir el cambio.




Ciudadanos: "El de la coleta es un vago"



El vídeo preelectoral de Ciudadanos tiene un mensaje que se refleja indirectamente pero que es clarísimo: Si hay elecciones otra vez el próximo 26 de junio es por culpa de la intransigencia de Podemos. Un hombre caracterizado con coleta y perilla, con una clara alusión a Pablo Iglesias, aparece como un personaje egoísta, inmaduro e incluso ridículo que es retratado como un vago oportunista que busca vivir del cuento mientras los sufridos ciudadanos le observan con desdén y desconfianza. El mensaje es claro: El cambio y la nueva política son necesarios, pero no se debe apostar por Podemos.



Podemos: Desafiante




El vídeo preelectoral de Podemos es una clara respuesta a los tres anteriores. Es muy corto, 39 segundos, y su contenido no es programático ni tampoco aparece Pablo Iglesias ni ningún otro dirigente conocido. El protagonismo es un boxeador vestido con la máscara de Darth Vader en actitud desafiante, como aceptando el envite. El vídeo no es defensivo ni contiene un discurso explicativo sobre la repetición de las elecciones. Es más, es el único vídeo en el que la repetición electoral es valorada de forma positiva, como una nueva oportunidad.

viernes, 8 de abril de 2016

¿Preparando las urnas para el 26 de junio?

La reunión ‘a tres’ entre PSOE, Podemos y Ciudadanos ha fracasado tras el primer encuentro. Parece lo previsible después de que Podemos y Ciudadanos hubieran escenificado sus diferencias y subrayado sus desacuerdos en los días previos en vez de apostar por un discurso conciliador que diera alguna oportunidad al acuerdo. Sin embargo, no es de extrañar que escogieran este tono agresivo, ya que a ambas formaciones no les interesa llegar a ningún acuerdo tripartito.

Albert Rivera le dijo a Pablo Iglesias en una intervención en el Congreso de los Diputados el día antes de la reunión a tres: “A ver si es verdad que usted defiende los derechos humanos en todo el mundo, donde tiene gente que le financia su partido”. Iglesias, por su parte, respondió que resultaría “muy difícil” conformar un gobierno del cambio con “intolerantes” que “querían negar la tarjeta sanitaria a personas que sólo estaban huyendo de la pobreza”. Un cruce dialéctico muy duro que hacía presagiar el fracaso del pacto y aparentemente extraño entre dos partidos que comparten el discurso de la primacía de la necesidad del cambio frente al PP y de llegar a acuerdos en la ‘nueva política’. ¿Qué ha pasado? Pues que la opinión pública no ha quedado congelada ni mucho menos desde que votó el pasado mes de diciembre.

Según el sondeo de Metroscopia publicado el 7 de abril, el mismo día de la reunión, si se repitieran las elecciones el próximo 26 de junio el gran vencedor sería Ciudadanos. La formación de Albert Rivera conseguiría el 17,7% de los votos, casi cuatro puntos más que en las elecciones del 20 de diciembre. Sus interlocutores de la reunión ‘a tres’ serían los damnificados: El PSOE perdería dos puntos y pasaría al 20,1% y Podemos se dejaría casi cuatro puntos en el camino pasando al 17%, por debajo de Ciudadanos que sería la tercera fuerza política. El PP, por su parte, se mantendría igual que en diciembre, incluso subiría un 0,3% hasta llegar al 29%.



Esta tendencia electoral al alza de Ciudadanos frente a una bajada de Podemos y el estancamiento de PP y de PSOE es compartida por otras encuestas publicadas en los últimos días. Por ejemplo Celeste Tel publicó el pasado 6 de abril que Ciudadanos podría sumar hasta siete escaños, el PP dos, el PSOE se quedaría igual o perdería uno, mientras que Podemos podría perder hasta ocho diputados. Otra encuesta, de JM&A publicada el mismo día, incluso se aventura a pronosticar una subida de 21 diputados naranjas en caso de repetición electoral.

Ciudadanos en mejor posición
Pero esta tendencia se mueve y cada día que pasa parece que aumentan las expectativas de los de Albert Rivera. La encuesta de Metroscopia ofrece un vistazo más detenido a lo que pasa y explica que, de todas las fuerzas políticas, Ciudadanos es la que se encuentra en mejor situación de cara a la repetición electoral. Según su análisis “el partido naranja combina su capacidad para retener a sus votantes de diciembre (un 79% de ellos repetiría ahora su voto) con la de ser el partido que mayor número de electores parece lograr atraer desde otras opciones políticas”.

Los otros miembros de la reunión ‘a tres’ no comparten un pronóstico tan halagüeño. Según Metroscopia, “Podemos es, hoy por hoy, el partido que cuenta con una menor fidelidad de voto: 64%”, y el PSOE “sufre fugas en todas las direcciones: sobre todo hacia Ciudadanos (10%) pero también hacia el PP (4%), Unidad Popular (3%) y Podemos (3%)”, además de tener el electorado con la menor determinación de volver a las urnas en caso de repetir los comicios.

Es decir, Ciudadanos estaría viviendo un momento dulce en el que cada día que pasa aumentan sus posibilidades de convertirse en un actor político mucho más influyente si se repitieran las elecciones. Tan influyente que, si esta tendencia se mantuviese, incluso podría facilitar al PP un Gobierno siguiendo sus condiciones, un escenario mucho más cómodo que un imprevisible tripartito con PSOE y Podemos. Ciudadanos ni siquiera necesitaría entrar en el Ejecutivo y sufrir así el desgaste de ser la ‘muleta’ del PP. Con un pacto de investidura y la negociación individual de cada ley, también con la oposición, pondría al Parlamento en el centro del debate y con ello al propio Albert Rivera, que cada año podría revisar su apoyo al PP con motivo de la aprobación de los Presupuestos Generales. Es el modelo que Ciudadanos ya está aplicando en la Comunidad de Madrid, donde vota con la oposición en muchas ocasiones, pero mantiene su apoyo al Gobierno conservador en las votaciones cruciales.

Con este escenario, ¿qué necesidad tiene Ciudadanos de fomentar su participación en las reuniones ‘a tres’? Incluso, ¿qué necesidad tiene de mantener su acuerdo programático con el PSOE?

Sigue la lucha por la hegemonía en la izquierda
Los socialistas son los grandes perdedores tras el fracaso de la reunión. Con Ciudadanos y Podemos amarrados con un acuerdo en el que Pedro Sánchez sería presidente, el PSOE podía reclamar la centralidad política y jugar el papel de mediador entre la izquierda y el centro. Ahora tendrá que elegir hacia qué lado lanzar su primer discurso preelectoral, es decir, señalar al culpable de impedir el ‘Gobierno del cambio’, y según la primera reacción parece que el señalado es Podemos, que no deja de ser el principal competidor de los socialistas en las urnas.

Pablo Iglesias, por su parte, no ha renunciado a su objetivo estratégico de superar al PSOE como partido hegemónico de la izquierda. No es solamente una cuestión de número de votos y de escaños. Podemos aspira a superar al PSOE como referente de la izquierda en un sentido amplio: en el discurso, en la movilización, incluso en la simbología. Si el triunfo del PSOE fue el símbolo del fin del franquismo, el triunfo de Podemos sobre el PSOE debe ser el triunfo de los indignados sobre el ‘sistema de 1978’. Y para ello Pablo Iglesias necesita no aparecer como la muleta del PSOE.

Para Podemos resulta fundamental que Ciudadanos se marche de las conversaciones y que el PSOE dependa exclusivamente de ellos para tener alguna oportunidad de gobernar. Solamente así Pablo Iglesias podría presionar de tal forma a los socialistas, que la única manera de que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa sería cediendo y demostrando públicamente que depende de Podemos. La formación morada conseguiría así una influencia definitiva sobre el PSOE y la hegemonía cultural en la izquierda, aún teniendo menos diputados. Juega a su favor que Pedro Sánchez sabe que si finalmente se repiten las elecciones, en las filas socialistas serían muchos los que pondrían en duda su idoneidad para volver a liderar el proyecto el 26 de junio y podría ser el fin definitivo a sus aspiraciones políticas.

La única posibilidad de evitar volver a las urnas está por lo tanto en un hipotético pacto PSOE-Podemos que pueda arrastrar a alguna formación menor. Será una partida de póquer hasta el final. Puede que incluso parecida al fatigoso proceso de formación de Gobierno en Cataluña, donde se evitó la repetición de las elecciones literalmente en el último minuto.


Sánchez e Iglesias saben que, según las encuestas, el tiempo va en su contra si se tuvieran que repetir las elecciones, pero ninguno quiere ceder ante el otro en pleno combate por la hegemonía en la izquierda. Ciudadanos, por su parte, ha perdido el interés y se prepara ya para volver a las urnas y salir de ellas con más fuerza. Solamente busca una excusa para salir de las conversaciones de manera que no se le acuse de no querer alcanzar soluciones. El PP, mientras tanto, espera.  

sábado, 19 de marzo de 2016

¿Coherencia o negociación? El dilema de los pactos tras el 20-D

Cuando el candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, se presentó a la investidura en el Congreso de los Diputados lo hizo con el apoyo del Grupo Parlamentario de Ciudadanos además del Socialista. Juntos no sumaban suficientes votos para ganar, por lo que necesitaban el apoyo de al menos un tercer grupo amplio, en concreto el de Podemos. Este votó en contra y Pablo Iglesias, su líder, lo justificó con un discurso muy duro contra el PSOE por haber cedido y llegado a un acuerdo con Ciudadanos mientras destacaba la importancia de la coherencia ideológica. En un mapa político marcado por la diversidad y la falta de mayorías claras se plantea el siguiente dilema: ¿Coherencia ideológica a costa de no crecer o cesión para llegar a acuerdos y alcanzar el poder?

Después de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, las negociaciones para alcanzar un acuerdo de investidura para formar un gobierno han demostrado el alto grado disensión entre los principales actores de la política española. Ya en la misma noche electoral, algunos portavoces destacaron la existencia de “líneas rojas” para expresar la voluntad de establecer límites en las negociaciones, cuando los resultados electorales decían que los partidos debían llegar obligatoriamente a un acuerdo, ya que ninguno gozaba de una mayoría suficiente para liderar en solitario la formación del Ejecutivo. Desde la misma noche electoral se planteó el siguiente conflicto: ¿ceder para llegar a acuerdos o mantener la coherencia ideológica?

El filósofo y profesor Daniel Innerarity explica en su libro “La política en tiempos de indignación” (Galaxia Gutenberg, 2015) que “una democracia, más que un régimen de acuerdo, es un sistema para convivir en condiciones de profundo y persistente desacuerdo”. Es decir, el desacuerdo entre los diferentes actores es lo normal y eso explica que existan actores diferentes que persiguen intereses e interpretan la realidad de forma distinta. Sin embargo, en una democracia esos actores diferentes deben convivir y eso implica tomar decisiones importantes si se quiere alcanzar de manera pacífica el objetivo último de cada partido: el poder.

Existe un problema importante de partida: “El desacuerdo en política goza de un prestigio exagerado”, según Innerarity, que asegura en este sentido que “el antagonismo ritualizado, elemental y previsible, convierte a la política en un combate en el que no se trata de discutir asuntos más o menos objetivos sino de escenificar unas diferencias necesarias para mantenerse o conquistar el poder”.

Es decir, “los que discuten no dialogan entre ellos sino que pugnan por la aprobación de un tercero”, lo que significa que “los discursos no se realizan para discutir con el adversario o tratar de convencerle, sino que adquieren un carácter plebiscitario, de legitimación ante el público. La comunicación política representa un tipo de confrontación elemental donde el acontecimiento está por encima del argumento, el espectáculo sobre el debate, la dramaturgia sobre la comunicación”, afirma Innerarity.

La escenificación de la falta de acuerdo es pues un método para llegar a los votantes, y también, y sobre todo, para mantener unidos y movilizados a los propios. Como escribe  Innerarity, “los actores sociales viven de la controversia y el desacuerdo. Con ello tratan de obtener no sólo la atención de la opinión pública sino también el liderazgo de la propia hinchada, que premia la intransigencia, la victimización y la firmeza. Con frecuencia esto conduce a un estilo dramatizador y de denuncia, que mantiene unida a la facción en torno a un eje elemental pero que dificulta mucho la consecución de acuerdos más allá de la propia parroquia”.

Sin embargo, a pesar de las ventajas a corto plazo que presenta el desacuerdo, a la hora de alcanzar el poder puede resultar contraproducente. “Los desacuerdos son más conservadores que los acuerdos; cuanto más polarizada esté una sociedad menos capaz es de transformarse. Ser fiel a los propios principios es una conducta admirable, pero defenderlos sin flexibilidad es condenarse al estancamiento”, dice Innerarity, que incluso advierte sobre las consecuencias de la falta de flexibilidad en la vida orgánica de los partidos: “El antagonismo del espacio social se reproduce en el interior de los grupos en una versión no menos simple y empobrecedora. Por eso es frecuente que se produzca un dualismo en el seno de los grupos políticos, entre quienes prefieren el prestigio externo y quienes viven de la aclamación interior”.

Sumar o consolidarse

¿Pactar y crecer hacia fuera a costa de la coherencia interna, o no pactar y no crecer pero mantener la coherencia interna? Esta es la cuestión a la que Innerarity responde: “Lo que favorece la coherencia interior suele impedir el crecimiento hacia fuera; en la radicalidad todos -es decir, más bien pocos- se mantienen unidos, mientras que las políticas flexibles permiten recabar mayores adhesiones aunque la unidad propia está menos garantizada”. Pero, “en cualquier caso, lo que nunca debería olvidarse es que un partido vale la suma de sus votos y de sus alianzas potenciales, que el poder es tanto lo uno como lo otro”.

La dificultad a la que se enfrentan los líderes políticos que quieren alcanzar un acuerdo es el giro a veces excesivamente brusco que deben llevar a cabo en su discurso tras una campaña electoral en la que los demás actores políticos son criticados y señalados, porque al fin y al cabo, “las campañas apenas proporcionan la posibilidad de diálogos constructivos porque sirven fundamentalmente para agudizar el contraste y polarizar, simplificando la elección que viene después”.

En todo caso, los líderes no deben olvidar jamás que “la retórica de las campañas forma parte de nuestras prácticas democráticas, pero gobernar es algo diferente, que obliga a pactar y hacer concesiones; quien gobierna necesita oponentes con los que colaborar y no tanto enemigos a quienes desacreditar en todo momento”.

¿Y cuándo ceder y cuándo no hacerlo?: “La política es el arte de distinguir correctamente en cada caso entre aquello en lo que debemos ponernos de acuerdo y aquello en lo que podemos e incluso debemos mantener el desacuerdo”. Como dice Daniel Innerarity: “Nuestros ideales dicen algo acerca de lo que queremos ser, pero nuestros compromisos revelan quiénes somos”.