martes, 17 de marzo de 2015

Nueva política: la hoguera de los candidatos



Algo insólito ha ocurrido en la política madrileña. A menos de dos meses de las elecciones autonómicas y municipales, los partidos han esperado hasta el último minuto para presentar a sus candidatos. En el caso del PP, PSOE e IU podría interpretarse como un síntoma de crisis y de nervios ante la pujanza de los nuevos partidos, que ponen en serio riesgo el bipartidismo. Sin embargo, también Podemos, Ciudadanos o Ahora Madrid han apurado los tiempos.

Mariano Rajoy ha anunciado los nombres de Cristina Cifuentes y de Esperanza Aguirre a tan sólo 70 días antes de que se celebren las elecciones a la Asamblea de Madrid y al Consistorio de la capital, respectivamente. La mayoría de los comentarios sobre esta decisión han estado relacionados con su tardanza, buscando en ella síntomas de debilidad, crisis y dudas por parte del líder del PP.

El próximo 31 de marzo se firma el decreto de convocatoria electoral y el PSOE también ha cambiado de candidato a la Presidencia regional en el último momento, pasando de Tomás Gómez al exministro Ángel Gabilondo. Tras la espantada de Tania Sánchez, que ha impulsado una lista de convergencia –en la que no participará- para integrar a la izquierda en Podemos, IU se ha sacado de la manga al poeta Luis García Montero.

Lo que hasta hace no mucho parecía un acto suicida en cualquier campaña electoral, como es retrasar el nombramiento del candidato todo lo que se pueda, ahora parece un fenómeno buscado, independientemente de los problemas internos que lo provoquen. Pero, incluso sin los conflictos internos, está cada vez más claro que retrasar el nombre del candidato tiene más ventajas que inconvenientes. ¿Por qué?

Rosa Díez, “chamuscada”

En la era de las tertulias, las redes sociales y los programas políticos de sábado noche. Los políticos se abrasan más rápido que nunca. Y sin motivo aparente.

Es el caso, por ejemplo, de Rosa Díez. La portavoz de UPyD ha pasado de ser la más valorada por los españoles a ser una política del montón.

En noviembre de 2011, a tan solo días de las elecciones generales, era la líder más popular con una nota de 4,95. Tres meses después, descendió al 4,91 sobre 10. En noviembre de 2012, la caída comenzaba a preocupar: 4,31. Su puntuación fue de 4,28 pasado un año. En noviembre de 2014 bajó al cuarto puesto con un 3,63. En febrero de 2015, el último barómetro del CIS publicado con valoración de políticos, Rosa Díez era tercera con un 3,66.

Durante este período, Mariano Rajoy ha vivido una auténtica caída en barrena, pasando del 4,43 en noviembre de 2011 (mes en el que conseguiría la mayoría absoluta) al 2,24 del pasado febrero.

La caída de la popularidad del presidente del Gobierno se debe, como es lógico, al desgaste de su gestión, ¿pero cómo se explica la caída de Rosa Díez? ¿Qué había hecho desde la oposición –aparte de hacer propuestas, poner la cara colorada al PP e iniciar una ofensiva por el caso Bankia- para perder casi 1,30 puntos en tres años y medio?

La respuesta es nada; simplemente, dejar de ser la novedad o paradójicamente, hacerse conocida, desgastarse en el campo político. Quemarse, en definitiva.

Ahora, los encuestados premian la novedad –y aparentemente la falta de notoriedad-. Lo demuestra la nota a Pedro Sánchez, secretario general del PSOE desde julio de 2014 y que en su primer CIS en noviembre de 2014 ya superaba en popularidad a Mariano Rajoy (aunque con un precario 3,85, muy celebrado en Ferraz, frente al 2,31 del presidente). En ese momento Sánchez solamente era superado por Uxue Barkos, pero sería una cifra efímera, porque el CIS del pasado febrero rebajó su calificación al 3,68 en tan sólo tres meses.

La única política que ha conseguido estar siempre en los primeros puestos de popularidad es la navarra Uxue Barkos, de Geroa Bai, que nunca ha bajado del 4 a pesar de ser una desconocida para la inmensa mayoría del electorado español. De hecho, ocho de cada diez encuestados no saben quién es.


Pablo Iglesias y Albert Rivera, fuera del Congreso

El CIS es uno de los instrumentos más fiables para medir la intención de voto porque realiza la encuesta con la muestra más amplia. Sin embargo, tiene la desventaja de no computar a los partidos sin representación parlamentaria, y son Podemos y Ciudadanos los que han revolucionado las encuestas en los últimos meses.

El barómetro de Metroscopia del mes de marzo de 2015 coloca a Podemos, PSOE, PP y a Ciudadanos prácticamente empatados, con una diferencia de cuatro puntos entre los dos más alejados.
  
Según este sondeo, el político más popular y el único al que aprueban más que desaprueban los votantes es el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, se encuentra en quinto lugar. Sin embargo, al igual que pasa con Uxue Barkos, Rivera es el más popular pero también el menos conocido con un nada despreciable 71%. A Iglesias le ponen rostro el 98% de los consultados. A Rosa Díez, el 91%. Rajoy es conocido por el 100% de ellos, pese a que le ponen la peor nota. La estrategia del nuevo equipo de Ferraz para aumentar la visibilidad de Pedro Sánchez parece hacer funcionado: 94% de conocimiento.

Albert Rivera ya era el político más valorado, según Metroscopia, en enero de 2015, aunque solo le conocía el 58%. El resto superaba el 90% de conocimiento y mantenía la misma popularidad que en marzo (a excepción de Pedro Sánchez, que entonces era quinto, dos puestos por detrás del barómetro más actual). Tan solo 30 días antes de esa encuesta, en diciembre de 2014, Albert Rivera no aparecía en la terna de políticos más valorados y el más popular era Pablo Iglesias, entonces ya conocido por el 96%. Sólo un mes después era el cuarto entre las preferencias de los españoles.

La espiral de pérdida de legitimidad

De nuevo, la misma pregunta: ¿Por qué Pablo Iglesias, el más popular durante prácticamente toda la segunda mitad de 2014, o Rosa Díez, que lo ha sido casi ininterrumpidamente durante dos años, han pasado al ‘montón’ de políticos? ¿Cómo les ha superado literalmente en el último momento –justo antes de unas elecciones autonómicas y municipales decisivas- un Albert Rivera que, excepto en Cataluña, era un auténtico extraño?

El autor francés Cristian Salmon esgrimiría como respuesta que los políticos se han convertido en un producto de entretenimiento más. Ya no actúan en los escenarios tradicionales en los que se desplegaba el poder político, sino que han tenido que subir al escenario común de la sociedad de la información junto a las demás mercancías mediáticas. Los programas importan menos que la imagen y la promesa de cambio.

La consecuencia es lo que Salmon denomina la “espiral de pérdida de legitimidad”, que destruye la política desarrollada durante siglos convirtiéndola en un bien de consumo más. Sus líderes ya no son respetados hombres y mujeres de Estado, sino personajes que surgen en función de la demanda mediática y que juegan un papel en función a la misma. Y, al igual que cualquier otro producto, caducan cuando no cumplen las expectativas o cuando surge un nuevo producto más atractivo y, sobre todo, más novedoso.

La política ha dejado de ser lo que se hace en el parlamento o en las sedes de los partidos. El ciudadano ha recuperado su espacio y la discusión lo invade todo. En un momento convulso, de crisis económica y social, el debate sobre lo público lo invade todo y está en la calle, en las redes sociales y en las tertulias y programas sobre política del fin de semana, que han tomado el prime time televisivo. El desinterés ha dejado paso a la sobreexposición.

Así pues, no se puede calificar de torpeza o incluso de debilidad nombrar a un candidato a tan sólo dos meses de las elecciones. Se trata, más bien, de un acto de prudencia, ya que, incluso en ese escaso periodo de tiempo, nada impide que los candidatos acaben carbonizados en la hoguera mediática.


Publicado en el blog "Las Malas Noticias".

domingo, 1 de febrero de 2015

Los medios de comunicación, “el espacio donde se crea el poder”



“La política es fundamentalmente una política mediática”, asegura el sociólogo Manuel Castells en su obra “Comunicación y poder”. Los políticos solamente pueden ejercer su influencia y lograr su objetivo de llegar al poder o de conservarlo si son capaces de que su mensaje llegue a sus votantes. Para conseguirlo los medios de comunicación son fundamentales. Por eso, para Castells los medios son “el espacio donde se crea el poder”.   

El sociólogo Manuel Castells tiene claro que en la política contemporánea el poder se consigue y se ejerce a través de la comunicación. En su obra “Comunicación y poder”, Castells recuerda que “la política es el proceso de asignación de poder en las instituciones del estado”. Es decir, es a través de la política como se decide qué fuerza política consigue qué cuota de poder dentro del sistema institucional. 

Se trata de un proceso muy complejo en el que se trata de persuadir a los actores decisorios a apoyar una determinada opción política frente a otra. Para conseguirlo, Castells afirma que “las relaciones de poder se basan en gran medida en la capacidad para modelar las mentes construyendo significados a través de la creación de imágenes. (…) Las ideas son imágenes”. Y para que esas imágenes lleguen a sus destinatarios son fundamentales los medios de comunicación, que para Castells son “la forma de comunicación decisiva”.

Manuel Castells.
En las democracias, donde son los ciudadanos los que en última instancia deciden con sus votos esa asignación de poder en las instituciones, no es de extrañar que la política sea “fundamentalmente una política mediática”, según el sociólogo, porque “los líderes que no tienen presencia mediática no existen para el público” y por lo tanto no son elegidos y su capacidad para acceder al poder disminuye o incluso desaparece.

Esta enorme dependencia que tienen los políticos de los medios de comunicación podría hacer creer que los medios son los que al final toman las decisiones y ejercen en última instancia el poder. Sin embargo, Castells asegura que “tampoco significa que los medios de comunicación ostenten el poder. No son el Cuarto Poder. Son mucho más importantes: son el espacio donde se crea el poder. Los medios de comunicación constituyen el espacio en el que se deciden las relaciones de poder entre los actores políticos y sociales rivales. Por ello, para lograr sus objetivos, casi todos los actores y los mensajes deben pasar por los medios de comunicación”.


Las reglas del juego en los medios: el mensaje emocional a través del infoentretenimiento

Existe pues una relación inseparable entre la política y los medios. En este sentido, Castells afirma que “las reglas del juego político en los medios de comunicación dependerán de sus modelos de negocio concretos y de su relación con los actores políticos y la audiencia”.

Medios y política se retroalimentan: los políticos necesitan a los medios para trasladar su mensaje a los votantes, como ya se ha dicho. Pero por otro lado, los medios necesitan a los políticos para que les abran las puertas para acceder a una audiencia controlada emocionalmente por ellos, y acceder así a ese segmento y poder desarrollar su negocio en él. Esto último es así porque los medios “se dirigen a audiencias específicas, interesadas en confirmar sus opiniones más que en informarse en otras fuentes”, asegura Castells, que en este sentido recuerda que para los medios “no se trata simplemente de conseguir una cuota de audiencia, sino de conseguir la audiencia objetivo. Ésta es la lógica fundamental del modelo de comunicación partidista”.

Dada la necesidad recíproca entre los medios y la política la alianza entre ambos es constante: “La política mediática no se limita a las campañas electorales”, escribe Catells. “Es una dimensión constante y fundamental de la política, practicada por los gobiernos, partidos, líderes y actores sociales no gubernamentales por igual”, es decir, todos los actores que necesitan lanzar constantemente mensajes para existir.

Sin embargo, existe un problema práctico: la política resulta demasiado compleja como para resultar interesante de manera habitual para una gran audiencia y por lo tanto rentable para los medios de comunicación. Por ello el mensaje político debe adecuarse a las necesidades de los medios. Castells explica que “la mayoría de las noticias políticas son ajenas a las preocupaciones de la vida diaria y frecuentemente resultan demasiado complejas para que los ciudadanos las sigan con el interés necesario para procesarlas y mucho menos para recordarlas. Sin embargo, cuando las noticias se presentan como infoentretenimiento, lo que incluye su personalización en una figura política concreta de forma que conecte las emociones e intereses del receptor, se procesan más fácilmente y se conservan en la memoria”.

Infoentretenimiento: Castells afirma que “el denominador común es que lo que resulta atractivo para el público aumenta la audiencia, la influencia, los ingresos y los logros profesionales de los periodistas y presentadores. Si trasladamos esto al ámbito político, significa que la información de más éxito es aquella que maximiza los efectos de entretenimiento que corresponden a la cultura de consumismo de marca que se ha hecho predominante en nuestras sociedades”. 

No se trata de informar a los ciudadanos para que puedan tomar una decisión madura a la hora de elegir a la opción política que mejor se ciñe a sus intereses, sino de confirmar discursos políticos entre una audiencia tipo, y de hacerlo de manera que el espectador se sienta atraído y entretenido. Con ello los medios hacen negocio y los políticos trasladan su mensaje. La alianza se vuelve provechosa para ambas partes a costa de eliminar el debate político.

Para que encaje en el infoentretenimiento, ese mensaje debe ir dirigido a las emociones y no a la razón, ya que, como insiste Castells, “a muchos ciudadanos les puede resultar difícil comprender asuntos políticos complicados mientras que la mayoría confía en su capacidad para juzgar el carácter, lo que es una respuesta emocional al comportamiento de las personas encarnado en las narraciones políticas. Así pues, la política mediática es una política personalizada”.

El medio más importante sigue siendo la televisión, según Castells: “A pesar de la creciente importancia de Internet, la televisión y la radio siguen siendo la fuente de información de noticias políticas que inspira más confianza. (…) si se ve, debe ser verdad”. Y la televisión es también el medio más eficaz ya que, como afirma el sociólogo: “Una audiencia masiva requiere un mensaje simple. El mensaje más simple es una imagen, y la imagen más simple con la que la gente más se identifica es un rostro humano”.
   
La televisión es, sobre todo, la que hace posible trasladar el mensaje político como un mensaje emocional e influir así en los votantes, porque “su formato atrae al espectador medio por lo que influyen a la hora de establecer la conexión entre las predisposiciones de la gente y su valoración de los asuntos de los que trata la vida política”, escribe Castells.


Infoentretenimiento y crisis de legitimación política

La necesidad de alimentar el infoentretenimiento obliga o facilita adoptar determinadas tácticas en la lucha política. La más destructiva y también la más utilizada es la política del escándalo, de tal manera que para Castells “es inseparable de la política mediática”.

Según el sociólogo el escándalo “es una característica fundamental a la hora de determinar las relaciones de poder y el cambio institucional. (…) La política del escándalo es una forma de lucha por el poder más enraizada y típica que el desarrollo ordenado de la competencia política de acuerdo con las leyes del estado”. Es por ello que se sigue utilizando sin cuartel.

Como ya se ha explicado, “la política mediática se organiza alrededor de la personalización de la política”. Por lo tanto, “los mensajes más eficaces son los mensajes negativos y puesto que la difamación es la forma definitiva de negatividad, la destrucción de un líder político (…) es el objetivo último de la política del escándalo”. Es decir, mientras el mensaje político se centra fundamentalmente en la personalidad del político y en despertar emociones que deriven en la creación de apoyos, los rivales tratan de contrarrestar ese mensaje atacando con las mismas armas emocionales para restar apoyos.

Los medios de comunicación son fundamentales en este juego. Castells subraya que “una cuestión clave es el papel que desempeñan los medios de comunicación en aumentar el impacto de los escándalos. Es cierto que sin medios de comunicación no hay escándalo”. Se trata de un círculo vicioso que se retroalimenta: los medios necesitan entretener a sus audiencias y el mensaje político necesita despertar emociones entre el electorado. Ambas partes se necesitan.

Sin embargo, el uso indiscriminado de esta táctica tiene sus riesgos, ya que “la omnipresente cobertura mediática de un escándalo puede llevar a la ‘banalización de la corrupción’ y a la ´fatiga por los escándalos’ entre la audiencia”. Y se puede jugar con fuego. Castells avisa: “Dada la generalización de la política del escándalo, (…), el panorama político se ha transformado en todas partes porque la asociación de los políticos con conductas escandalosas contribuye a la desafección de los ciudadanos hacia las instituciones y la clase política, lo que provoca una crisis mundial de legitimación política”.

Los medios de comunicación se han convertido en el lugar central en el que se desarrolla la lucha política. Pare ellos tiene la ventaja de que así se aseguran una audiencia millonaria y se convierten en actores con una gran influencia. Sin embargo, arrastran el mismo desgaste que sus cómplices. Según Castells “lo irónico es que como los medios de comunicación desempeñan un papel en la propagación de los escándalos y la deslegitimación de  las instituciones, corren el riesgo de perder su propia legitimidad ante su audiencia”. 


Artículo disponible en Ssociólogos.com

domingo, 11 de enero de 2015

Periodismo e internet: más deprisa, más precario y ¿menos riguroso?




En 2015 Internet ya es un medio de comunicación indispensable. Es el tercero con mayor volumen de inversión publicitaria en España y está imponiendo su estilo al resto. Ahora manda la inmediatez, ser más rápidos que la competencia a la hora de publicar las noticias. A eso se reduce cada vez más el trabajo de los periodistas que carecen la mayoría de las veces del tiempo para poder contrastar las fuentes y a los que cada vez se paga peor y se presiona más. La consecuencia es una baja valoración de la información por parte de los ciudadanos y una pérdida de la calidad de la información.

Captar la atención en la sociedad de la información es muy complicado. Cada día se lanzan millones de mensajes y la competencia entre los medios de comunicación es atroz. El escritor francés Christian Salmon plantea que “lo escaso en una sociedad de la información (…) no es la información, que precisamente es sobreabundante; lo escaso, debido a esa sobreabundancia, es la atención de los agentes a quienes está destinada esa masa de información”.

Los ciudadanos son convertidos en consumidores que eligen entre millones de mensajes a los que prestan atención de la misma manera que escogen cualquier otro producto de consumo. En la lucha que mantienen los medios para que su mensaje sea elegido de entre una amplia oferta la rapidez es fundamental, ser los primeros en lanzar la noticia se convierte en una lucha a vida o muerte. Lejos queda la época de la crónica y del reportaje periodístico que exigía al periodista que se tomara su tiempo para elaborar su información bien contrastada. Esta transformación en las prioridades periodísticas viene impuesto por un cambio revolucionario en los medios de comunicación: Internet.


Internet, el tercer medio en publicidad en España

Internet ya se ha instalado definitivamente entre los medios de comunicación en España y va escalando posiciones. Según publica Luis Palacio, director del Informe Anual de la Profesión Periodística de la Asociación de la Prensa de Madrid y de Digimedios.es, internet ya es el tercer medio por volumen de inversión, superado por la televisión y la prensa.  La digitalización está transformando radicalmente el negocio de los medios de comunicación. Paulatinamente, los medios estrictamente digitales van captando una parte cada vez mayor de la cifra de negocio”, escribe Palacio en su artículo “Grupos de comunicación en España: una propiedad tan concentrada como el negocio” publicado en Cuadernos de Periodistas.

Según el artículo de Palacio, “en España, y teniendo en cuenta solo la publicidad denominada gráfica o display (que incluye el vídeo online), la inversión alcanzó en 2013 los 380,5 millones de euros (…) No se trata de la única aproximación, ya que la asociación IAB Spain realiza también una estimación de la publicidad contextual o de enlaces, que eleva la inversión total hasta 832 millones en 2013”.

No es de extrañar que Internet sea un medio atractivo para la publicidad, ya que cada vez pasamos más tiempo navegando. Según la 3ª Ola del Estudio General de Medios (EGM) de 2014, el 63% de la población española accede Internet y afirma que ha permanecido un promedio de 158 minutos diarios ‘enganchados’ a la red.

Pero Internet solamente es el medio. Los soportes para acceder a la red también están evolucionando y ahora resulta cada vez más fácil hacerlo desde cualquier lugar. Ya no es necesario ir a casa o a un cibercafé para conectarse. Cada vez más personas cuentan con un teléfono móvil que les permite acceder a Internet desde cualquier sitio. Así por ejemplo, según los datos del EGM, entre septiembre y noviembre de 2014 el 86% de los internautas accedió a la red a través de un Smartphone, un 33% más respecto a 2013.  

Es decir, si internet crea la posibilidad de la información a tiempo real, el uso masivo de los dispositivos móviles con acceso a la red convierte esa posibilidad en una realidad. Y la consecuencia para los medios de comunicación es que deben informar aún más deprisa si quieren ser los primeros en ser elegidos por los consumidores.


Las redes sociales y el periodismo

Si internet es el medio que está revolucionando la información, las redes sociales son el vehículo en el que viaja esta información a través de la red con un enorme impacto entre los usuarios. Según el estudio “Social, Digital & Mobile in Europe 2014”, el 93% de los internautas en España está en las redes sociales y la mayoría las utiliza para informarse de la actualidad. Por ejemplo, según el Digital NewsReport 2014 del Reuters Institute for the Study of Journalism, el 50% de los usuarios españoles de las redes sociales utilizan Facebook para consumir noticias, el 21% usa Twitter y Youtube, y el 10% Google +. En España también es masivo el uso de la aplicación Whats App, de ,los cuales el 26% lo utiliza para acceder a las noticias.  
 
Uso de WhatsApp para acceder a las noticias. (Fuente: Reuters Institute for the Study of Journalism)

Pero las redes sociales no son solamente la manera más rápida y eficaz para que el consumidor acceda a la noticia, sino que también se han convertido en fuentes para los periodistas. Por ejemplo, según un estudio entre periodistas europeos publicado por el portal estadístico alemán statista.de, en “una semana habitual” el 76% reconoce utilizar como fuente Wikipedia, el 68% usa Facebook, el 54% blogs personales, el 50% Youtube, el 45% Twitter y el 36% Linkedin. 

Uso habitual de las redes sociales por periodistas europeos en una "semana típica". (Fuente: Satista.de)

El veterano periodista español Ángel Casas, en una entrevista en el periódico Deia publicada el 29 de diciembre, afirmó: “Siempre estamos en tránsito. El periodismo siempre se está reinventado. Ahora, con las redes sociales estamos dirigiéndonos hacía otra fórmula periodística diferente a la que hemos conocido hasta ahora. La información llega desde muchos sitios y el peligro es que no está muy contrastada porque llega de una manera muy frágil. Eso obliga a estar constantemente con los ojos muy abiertos”.

Por otro lado, la subdirectora del diario ABC, Montserrat Lluis Serret, afirmó en una entrevista al diario digital El Pueblo de Ceuta el pasado 12 de noviembre que “las redes no son periodismo, carecen de la credibilidad y del rigor que se presuponen a la información periodística”. Es decir, según las advertencias de estos dos veteranos periodistas resulta fundamental contrastar la información surgida en las redes sociales antes de tratarla como una fuente fiable. Y contrastar requiere tiempo, y tiempo es lo que los periodistas no tienen.


Noticias sin contrastar

Según un estudio realizado por ING y publicado el pasado mes de junio de 2014, solamente el 20% de los periodistas online comprueba sus fuentes antes de publicar la noticia. En cambio, un 45% reconoce que en la mayoría de los casos publica primero y contrasta después, un 14% reconoce hacerlo en la mitad de los casos y un 21% publica sin contrastar en pocas ocasiones. Es decir, un 59% de los periodistas reconoce no contrastar de manera habitual las fuentes de las noticias antes de publicar.  

"Publico lo antes posible y corrijo después" (Fuente: ING)


Además, este estudio afirma que “los periodistas actúan de manera diferenciada en las redes sociales en comparación con la manera en la que informan a través de los medios tradicionales. El 67% de los periodistas dice que se expresa de manera diferente en las redes sociales, compartiendo su opinión personal de manera más abierta en las redes sociales a pesar del hecho de que los periodistas son percibidos como profesionales objetivos y como reporteros de hechos noticiosos de acontecimientos de importancia general (Journalists act differently on social media compared to the way they report through traditional news channels. 67% of journalists said they express themselves differently on social media, sharing their personal opinion more openly on social media, despite the fact that journalists are seen as being objective and reporters of news facts relating to events of general importance)”.

Es decir, cada vez más periodistas utilizan las redes sociales tanto para informarse como para compartir información, y en ambos casos es mayoritario el número de profesionales que no contrastan las fuentes de sus noticias antes de publicar y que mezclan su opinión personal con las informaciones a pesar de que el público que las consume no es capaz de diferenciar esa opinión de los hechos objetivos.

Pero a las prisas por publicar y a la falta de rigor en muchas informaciones hay que añadir un contexto de creciente precariedad laboral y de presión profesional entre los periodistas.
 

Aumenta la precariedad y la presión a los periodistas

El auge de Internet entre los medios de comunicación coincide con el proceso de precarización de la profesión periodística en España. Según el Informe Anual de la Profesión Periodística del año 2014 realizado para la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y publicado el pasado mes de diciembre, el principal problema en la profesión periodística, según los propios periodistas españoles, es el aumento del paro y de la precariedad.


Hasta noviembre de 2014 hubo 9.451 periodistas en paro buscando empleo y según el comunicado que resume el informe publicado por la APM, “en lo que se refiere a las condiciones salariales y laborales (traslados de sedes, horarios, ventajas sociales…), en términos generales, han empeorado. Por ejemplo, el porcentaje de encuestados de los que trabajan en periodismo contratados que han experimentado reducciones de salarios en sus medios pasó del 76,3% en 2013 al 85,1% en 2014; y entre los que trabajan en comunicación corporativa contratados, el porcentaje de los que experimentaron reducciones salariales pasó del 61,2% al 73,3%. Por el contrario, el porcentaje de encuestados que vivió reducciones temporales o completas de empleo en sus empresas ha sido algo menor en este año respecto a 2013”.

A la creciente precariedad laboral se suma un aumento de la presión sobre los periodistas a la hora de realizar su trabajo. Utilizando los datos del Informe Anual de la Profesión Periodística, la periodista Lucía Vera Hervás escribió el pasado 18 de diciembre en el diario Cinco Días: “Los periodistas continúan recibiendo presiones para que modifiquen sus informaciones publicadas. (…) En 2014 ha aumentado un 15,7% con respecto al año pasado los periodistas que han sufrido algún tipo de presión para que transformen sus artículos, y sólo un 20% de los informadores declara no recibir presión alguna. En el 80% de los casos, esas presiones vienen de la misma empresa en la que trabajan, o, incluso, de los propios jefes. Las presiones de las instancias políticas a los periodistas ocupan el 27,8% las empresas anunciantes casi el 20%”.

Es decir, según ellos mismos, los periodistas en España sufren en general malas condiciones de trabajo, tanto salariales como a la hora de poder ejercerlo en libertad. Según el Informe Anual de la APM, en un baremo entre 1 y 10, los periodistas califican con un 4,3 el grado de independencia profesional con el que trabajan. Esto tiene sus consecuencias en la calidad de la información que producen y en la percepción entre los ciudadanos, que puntúan con un 5,3 su confianza en la información que reciben de los medios.
 
Según el director del Informe Anual de la Profesión Periodística, Luis Palacio, este aprobado bajo por parte de la población española se debe a “los intereses políticos, la falta de independencia de periodistas y medios, y los intereses económicos de las empresas propietarias de los medios de comunicación”. Sin embargo, según las conclusiones del propio informe, “los periodistas apuntan a que las causas por las que los usuarios confían poco en la información de los medios son: el sensacionalismo, el convertir el periodismo en espectáculo y los intereses políticos de los grupos de comunicación”.


Conclusión: Más rápido, más presión, y menos calidad

Internet ha revolucionado los medios de comunicación permitiendo un acceso inmediato a la información desde cualquier lugar con conexión, que desde la proliferación de los smartphones puede ser cualquier lugar de la calle. Esta posibilidad de poder informar a tiempo real se ha convertido en una obligación para los medios que sufren una muy fuerte competencia para conseguir llegar a un público saturado de mensajes a tiempo real.

La consecuencia es que los periodistas ya no tienen tiempo para hacer su trabajo con rigor y contrastar las fuentes como deberían y optan en la mayoría de los casos “publicar primero y comprobar después”. A ello se suma una creciente presión por parte de sus jefes o patrocinadores en un contexto de paro masivo y precariedad laboral, lo que hace a los periodistas muy vulnerables a esas presiones.

Las redes sociales, cuya presencia abarca a prácticamente todos los usuarios de internet, se han convertido en el vehículo por el cual hacer llegar esa información la mayoría de las veces no contrastada a los ciudadanos, que a su vez la comparten y son incapaces de distinguir los rumores o falsas informaciones, incluso las opiniones, de la información veraz. Esto produce un aumento cuantitativo de la información a expensas de su calidad, lo que a su vez es percibido por los ciudadanos que valoran cada vez peor la información que consumen.


Artículo disponible en Ssociólogos.com.