Mostrando entradas con la etiqueta petróleo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta petróleo. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de octubre de 2014

¿Lucharán soldados chinos en Oriente Medio?

La geopolítica de la energía está cambiando. Los EEUU ya no son el país que más petróleo consume del mundo ni depende de las reservas en Oriente Medio. Ahora son los países asiáticos los que necesitan que el crudo fluya sin problemas desde los pozos árabes hasta sus economías en crecimiento. ¿Supondrá este cambio que EEUU se apartará de los eternos conflictos en esa zona del planeta, y que será sustituida por las potencias asiáticas emergentes que necesitan asegurar el suministro? Dentro de unos años, ¿patrullarán soldados chinos en Oriente Medio?

Hace una década los EEUU se encontraban inmersos en plena ocupación de Irak. Miles de soldados norteamericanos patrullaban las principales ciudades y carreteras iraquíes y la insurgencia iba ganando cada día más fuerza. La hostilidad de la población local aumentaba mientras los militares eran incapaces de hacer frente a una espiral de violencia que costó la vida a 189.000 iraquíes y a casi 4.500 soldados estadounidenses hasta la retirada en 2010.

Además de las pérdidas humanas, en total la guerra costó aproximadamente 1,3 billones de euros, según las estimaciones del estudio 'Los costes de las guerras', elaborado por el Instituto de Estudios Internacional Watson de la Universidad de Brown. Se trata de una cantidad desorbitada que solamente podría justificarse con un interés geopolítico y estratégico muy fuerte por parte de EEUU en la zona. Y ese interés ha tenido una causa económica concreta, al margen de otras consideraciones culturales, políticas o diplomáticas, que no es otro que asegurar el suministro de petróleo desde la zona del Golfo Pérsico a la economía estadounidense.


La autosuficiencia energética de los EEUU

El presidente Roosevelt y el rey Saud en 1945.
La presencia de los EEUU en la zona se remonta a 1945, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt tomó un “desvío” hacia Arabia Saudí desde la Conferencia de Yalta para reunirse con el rey Abdelaziz bin Saud. Desde entonces los EEUU y los saudíes han sido estrechos colaboradores y aliados, ayudándose mutuamente garantizando el flujo de crudo para la economía estadounidense por un lado, y apoyando la estabilidad del régimen monárquico y despótico por otro. Pero el precio para los EEUU había sido verse cada vez más involucrados en la zona más convulsa del planeta.

Pero la situación está cambiando. Los EEUU están dejando de ser una potencia energéticamente dependiente y se están acercando a marchas forzadas a la autosuficiencia, incluso con capacidad de exportación de petróleo y gas natural tras satisfacer su propia demanda. La clave está en la técnica del “fracking”, muy criticada por los ecologistas por sus nefastas consecuencias para el equilibrio medioambiental. Sin embargo, esta técnica ha hecho rentable la explotación de yacimientos antes cerrados, lo que permite a los EEUU dejar de depender de las reservas en otros lugares del mundo, y en concreto de Oriente Medio.

Mohan Malik
Por ejemplo, según Mohan Malik, profesor en el Centro Asia-Pacífico de Estudios sobre la Seguridad en Honolulú (EEUU), “ciertos cálculos indican que Estados Unidos podría sobrepasar a Arabia Saudí como mayor productor mundial de petróleo ya en 2017 y podría empezar a exportar más petróleo y gas del que importa para 2025” (Publicado en el artículo “El nuevo mapa mundial de la energía”, publicado en Vanguardia Dossier “La geopolítica de la energía”).     

Uno de los estudios que demuestran esta tendencia de los EEUU a la autosuficiencia energética a medio plazo es el “BP Energy Outlook”, que analiza y hace la proyección del mapa mundial de la energía para el año 2035. Según el informe dedicado a los EEUU, en 2035 habrá alcanzado ya esa autosuficiencia energética gracias a que poco a poco su economía dejará de depender del petróleo (pasará del actual 36% del total de su demanda energética al 29% en 2035) a cambio de aumentar la demanda de gas natural (del 30% actual al 35%), de la que los EEUU es el máximo productor mundial. También aumentará el uso de energías renovables del actual 2% al 8% en 2035. Por otro lado, mientras baja la demanda interna, la producción de petróleo en los EEUU aumentará en un 37% y la de gas natural en un 45%, lo que permitirá el uso interno de su propia producción e incluso crear un excedente suficiente para la exportación.

Es decir, según estos datos, los EEUU han dejado de ser un país mayoritariamente importador de energía para conseguir no solamente la autosuficiencia energética, sino también un excedente que le permite exportar. “En términos conceptuales, se dibuja un nuevo mapa mundial de la energía dominado por un creciente mercado consumidor de energía en Asia y un creciente mercado productor en Estados Unidos”, asegura al respecto Mohan Malik.


Asia necesita más energía

Al mismo tiempo, en Asia las economías en auge están aumentando espectacularmente su dependencia energética a medida que los EEUU se alejan de ella. Las economías de China, Corea del Sur, India y Japón presionan cada vez con más fuerza por conseguir más recursos energéticos para mantener el crecimiento. El profesor Malik recuerda que estos países “consumen en conjunto más de la mitad del petróleo total mundial”, y la tendencia es que aumentarán su demanda, sobre todo China e India, los dos gigantes asiáticos en auge.

Según el estudio de BP “Energy Outlook 2035”, en 20 años China será el mayor importador de energía del mundo, aumentando su demanda actual del 15% actual al 20%. En concreto, China superará a los EEUU como el mayor consumidor mundial de petróleo en 2027 y a Rusia como el segundo mayor consumidor mundial de gas natural en 2025, solamente superado por los estadounidenses. Por ello, la dependencia de China con respecto al petróleo aumentará del 57% en 2012 al 76% en 2035, mientras que su dependencia de gas natural se incrementará del 25% actual al 41% en 2035. Por su parte, India, a medida que su economía ha ido creciendo, también lo ha ido haciendo su dependencia energética. En concreto, el estudio de BP indica que en 2035 su consumo de energía habrá aumentado en un 132%. En consecuencia las importaciones de petróleo aumentarán en 2035 en un 169% y las de gas en un 573%.

El lugar donde las potencias asiáticas van a buscar la energía que necesitan para sus economías es el lugar donde se produce la mayoría de ésta: Oriente Medio. Por ejemplo, un análisis de la agencia U.S. Energy Information Administration (EIA) afirma que en 2013 China importó el 52% del petróleo de Oriente Medio, una cantidad que cada año va en aumento, teniendo en cuenta que esta zona sigue siendo la mayor productora de crudo del mundo y lo seguirá siendo en 2035 según el informe “World Energy Outlook 2013”, esta vez realizado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

Por lo tanto, a medida que los EEUU van consiguiendo la autosuficiencia energética para su economía, las potencias asiáticas van dependiendo cada vez más de la capacidad de exportación de los países del Golfo Pérsico. Y sobre todo, las economías de China e India dependerán cada vez más de los acontecimientos políticos en Oriente Medio para recibir sus flujos energéticos. Como escribe el profesor Malik, “somos testigos de una loca carrera, de una especie de búsqueda del tesoro para controlar los recursos energéticos por parte de China, India y Japón, sobre todo en aquellos países y regiones que quedan fuera del control de las principales empresas occidentales por razones políticas”.


¿Mandarán algún día China o India soldados a Oriente Medio?

Esas “razones políticas” de las que habla Malik son hoy, entre otras, la guerra civil en Libia, y la inestabilidad en Argelia y en el Sahel provocada por grupos salafistas. Pero sobre todo, la expansión del Estado Islámico en Siria e Irak. El conflicto civil sirio ha traspasado la frontera iraquí y ha llegado a la frontera turca, y se está convirtiendo en una guerra a mayor escala entre suníes y chiíes, apoyados respectivamente por Arabia Saudí e Irán con unas consecuencias y un final impredecibles.

La economía de los EEUU ya no necesita que su ejército intervenga militarmente en la zona como la que se produjo tras la invasión de Kuwait por Sadam Hussein en 1990 o en el propio Irak entre 2003 y 2010 (fechas que coinciden con la mayor tasa de importación de petróleo de la historia de los EEUU). Esto podría explicar la actual intervención limitada a ataques aéreos ordenada por el presidente Obama, que se niega a enviar soldados de tierra, prefiriendo armar a milicias locales.

La mayor importación de petróleo de EEUU coincide con la guerra de Irak.

Pero las grandes potencias asiáticas sí necesitan garantías de estabilidad en Oriente Medio para no poner en peligro su crecimiento. Por ejemplo, según datos de la agencia U.S. Energy Information Administration, en 2013 China importó en 2013 el 8% de su petróleo de Irak, el 8% de Irán, el 19% de Arabia Saudí, y otro 16% de otros estados del Golfo Pérsico. Es decir, en 2013 China importó la mitad del petróleo de una zona políticamente muy inestable e impredecible, no precisamente los mejores ingredientes para asegurar el crecimiento económico del futuro.  


En este sentido, el profesor Malik afirma que el fin de la dependencia energética de los EEUU con respecto a Oriente Medio “ha impulsado a algunos analistas y autoridades del Golfo Pérsico a especular sobre el futuro post-estadounidense y tratar de encontrar nuevos socios seguros para llenar el vacío, posiblemente los poderes militares asiáticos en auge, como China e India. Ambos han costeado incrementos de dos dígitos en gastos de defensa”. Según datos del prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), India y China encabezan el “top 20” de los estados importadores de armas entre 2009 y 2013. Solamente India, por ejemplo, ha importado el 14% del total de las armas vendidas en todo el mundo durante ese periodo de tiempo.

¿Supondrá esto que en caso de retirada de los EEUU de Oriente Medio serán China e India las próximas potencias que intervengan en la zona para asegurar sus suministros energéticos e intervenir en los mercados?

Para el profesor Malik la retirada de los EEUU de Oriente Medio no debería darse por hecha a pesar de alcanzar la autosuficiencia energética. “El mero hecho de que sus amigos y aliados sigan dependiendo enormemente del petróleo de Oriente Medio exige que Washington siga comprometido en la región”, afirma. Sin embargo, deja una puerta abierta a la posibilidad de la retirada estadounidense del avispero: “En caso de que los Estados Unidos se retirara de la zona, China ampliaría sin duda sus vínculos con los productores de energía y concluiría pactos de petróleo por seguridad en la región”.

¿Es posible que más pronto que tarde llegue el día en el que soldados chinos o indios patrullen en Oriente Medio e incluso que se enfrenten con los yihadistas para asegurar el petróleo con destino a su país?  

Artículo disponible en Ssociologos.com

miércoles, 17 de octubre de 2012

RUSIA SE REIVINDICA EN EL MUNDO


En las últimas semanas se han sucedido una serie de éxitos para Rusia en la escena internacional que refuerzan el papel de este gigante. Aunque continúa muy lejos de ser la superpotencia que en su día fue la URSS, la Rusia de hoy está en el tren del crecimiento económico, su influencia sobre Europa crece a medida que aumenta la dependencia energética de la UE y su papel en las antiguas fronteras soviéticas sigue siendo hegemónico. 


El pasado 2 de octubre se celebraron en Georgia las elecciones a la Presidencia del país. El enemigo de Rusia Mijail Saakasvili perdió y dará paso al millonario Bidzina Ivanishvili, que ha prometido rebajar la tensión entre ambos países después de la invasión rusa en 2008.


Ese año Saakasvili ordenó el ataque a Osetia del Sur, una región independizada de facto de Georgia y apoyada por Rusia. Fue un error de cálculo garrafal de la fuerza y la voluntad de Moscú, que no solamente expulsó a los georgianos, sino que atacó la propia Georgia imponiendo su voluntad. Esa voluntad ha supuesto poner fin a los sueños del ya ex presidente de integrar a Georgia en Occidente con una posible adhesión a la OTAN. Rusia no lo consiente y tras la derrota de Saakasvili, ese desafío en las fronteras rusas se ha alejado aún más.



Soldados rusos en Georgia, 2008.
Precisamente el control de las antiguas fronteras de la URSS por parte de Rusia se ha convertido en una obsesión tras la caída del imperio soviético en 1991. Moscú nunca ha abandonado la idea de ser la heredera de la URSS y de tener cierto derecho de tutela de las antiguas repúblicas soviéticas hoy independientes. Es la política llamada del “extranjero cercano”, y para ello cuenta con firmes aliados integrados en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) como Bielorrusia, Armenia, Kazajistán, Kirguistán o Tayikistán, país con el que el pasado 5 de octubre Rusia firmó un tratado por el que mantiene sus bases militares hasta el año 2042.


Parece un hecho algo exótico y lejano, pero su significado estratégico es muy alto. Tayikistán comparte frontera con Afganistán, por lo que se encuentra en primera fila ante un territorio muy conflictivo y con gran presencia militar occidental, cerca de China y con un potencial muy alto de recursos naturales. Tener soldados rusos en esa frontera supone, ante todo, un mensaje a la OTAN y a EEUU de dónde está el límite de su presencia en Asia Central.

 

Contra la presencia de EEUU en Asia Central

Precisamente los EEUU traspasaron ese límite en 2001 instalando una gran base militar en Uzbekistán rompiendo así el “monopolio” ruso en la zona. Sin embargo, en 2005 el gobierno de Tashkent exhortó a los estadounidenses a abandonar el país. El plazo de la retirada se cumple en 2014, y a pesar de los intentos de EEUU de mantener su presencia tan golosa en la zona después de su retirada de Afganistán también en 2014, el gobierno uzbeko a finales del pasado mes de agosto anunció que mantiene su decisión de que “no haya bases extranjeras en el país”. Otra buena noticia para los rusos.


Aunque Rusia al parecer está recuperando su estatus hegemónico en Asia Central, su política de controlar al “extranjero cercano” ha fracasado estrepitosamente en algunos lugares como los estados bálticos –integrados en la OTAN y en la UE- y es muy polémica en otros como Ucrania o la mencionada Georgia, donde la influencia rusa no es bienvenida pero cuenta con gran fuerza, la que otorga el gas y el petróleo.


Gaseoducto ruso en construcción.
Así, por ejemplo, en 2006 y 2008 Rusia cortó el suministro de gas a Ucrania imponiendo sus condiciones al gobierno surgido en 2004 de la llamada “revolución naranja” que quería acercar Ucrania a Occidente (a la OTAN y a la UE) y alejarla de la influencia rusa. Sin embargo, para Moscú Ucrania continúa siendo clave para considerarse una gran potencia. Por ello su empeño en estar presentes en las decisiones que se tomen en Kiev. Y la caída en desgracia y el encarcelamiento el pasado verano de la ex primera ministra y heroína de la “revolución naranja”, Yulia Timoshenko, es un síntoma de que Moscú continúa muy presente a orillas del Dniéper.
 

Ni los EEUU ni la Unión Europea, tanto en 2008 en Georgia como ese año en Ucrania, tomaron ninguna medida para defender a sus partidarios o amenazaron a Rusia por sus maniobras, excepto algunos gestos aislados de llamadas a boicotear el Eurocopa de fútbol que no quedaron en nada. Es el poder que da el contar con la mayor reserva de gas del mundo y una de las más altas de petróleo.


Socio de un club emergente

Rusia sabe que la energía es su gran baza en el mundo, lo que le permite estar entre los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), los estados que han experimentado un mayor crecimiento económico en la última década y que mejor proyección tienen para el futuro, con expectativas de superar a la UE a medio plazo y a EEUU a largo plazo. Si Moscú pertenece a este club es por sus reservas energéticas, pero sabe que tiene que diversificar y apostar para mantener su status.



Por eso el pasado 28 de septiembre la empresa petrolífera Rosneft firmó un acuerdo con Venezuela para explotar conjuntamente con la empresa estatal venezolana PDVSA la Faja petrolífera del Orinoco a cambio de un crédito de 1.500 millones de dólares. Es la primera vez que Rusia sale de su territorio para explotar yacimientos ajenos. Pero no se trata sólo de petróleo. El presidente venezolano Hugo Chávez explicó el día de la firma del acuerdo que las "relaciones cada día son más solidas", y destacó el "tremendo apoyo" de Moscú para tener capacidad operativa y logística en seguridad y defensa. Un mensaje muy claro para Washington.
 

El acuerdo con Venezuela es una “invasión” clara de Rusia de una zona que los EEUU continúan considerando como su esfera de influencia, y más cuando se trata de un país con una de las mayores reservas de petróleo del mundo. Pero no es la única. El pasado 9 de octubre Irak permitió la explotación de un campo petrolífero a un consorcio ruso-japonés. Es la primera vez que una empresa rusa vuelve a Irak después de que los EEUU las vetara por el rechazo ruso a la invasión de 2003. Pero el negocio no queda ahí: el mismo 9 de octubre se hizo oficial la venta de armas rusas a Irak por valor de 4.200 millones de dólares.
Acuerdo Rusia-Irak.


Moscú vuelve a Oriente Próximo, donde aún mantiene una base naval en Siria desde los tiempos de la URSS. Y es en Siria, antigua aliada de la Unión Soviética y muy buen cliente de la industria de armas, donde Rusia está poniendo en práctica su nueva autoestima frente a los EEUU y a Europa al vetar, junto a China, todas las resoluciones de la ONU para debilitar o condenar al régimen de Bashar Al-Assad. Es, ante todo, una demostración de músculos ante la comunidad internacional.


Rusia está en racha y se está reivindicando en el mundo. Sin embargo, mientras los éxitos se acumulan en el exterior, aumentan las protestas y el rechazo en el interior contra el régimen autoritario de Vladimir Putin. ¿Supondrá algún obstáculo al creciente poder ruso?   

lunes, 24 de septiembre de 2012

EL (muy) CARO AMIGO ÁRABE


Barack Obama y el rey Abdulah de Arabia Saudí.
Los Estados Unidos y Arabia Saudí mantienen una relación de amistad y dependencia mutua que ha configurado el mapa político de la segunda mitad del S. XX y en la actualidad. Aunque esta relación le está costando cara a los EEUU, ambos se necesitan y se protegen. ¿Por qué?


El pasado mes de junio Venezuela e Irán pidieron una reunión urgente de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) para coordinar una menor producción y exportación de crudo y provocar así una subida del precio del barril. Esta medida habría supuesto un ingreso adicional de millones de dólares para los países miembros de este organismo, pero habría supuesto un golpe muy duro para el resto de las economías, en especial la de EEUU y la UE.

Sin embargo, y a pesar de que habría ganado con ello mucho más dinero, Arabia Saudí, la mayor potencia exportadora de petróleo, reaccionó aumentando su producción y beneficiando con ello sobre todo a los EEUU. Al final no hubo guerra de precios e Irán y Venezuela prescindieron de convocar a la OPEP a finales de julio pasado al subir el precio hasta los 100 dólares, considerado un “precio justo” por ambos países.

Teniendo en cuenta que la OPEP fue fundada en 1960 por los principales países exportadores de petróleo del mundo para defenderse del abuso que imponían en sus relaciones bilaterales las economías de Occidente, ¿por qué Arabia Saudí ha frenado una operación que económicamente podía beneficiarle? Para encontrar la respuesta hay que remontarse al año 1945.



Reunión el día de los enamorados


Franklin D. Roosevelt y el rey Abdulaziz.
El 14 de febrero de 1945, Día de San Valentín, el entonces presidente de los EEUU Franklin D. Roosevelty el rey Abdulaziz de la dinastía Saudí se reunieron en la cubierta del navío de guerra USS Quincy tomar una serie de decisiones con consecuencias hasta nuestros días. Aunque no se han publicado notas oficiales sobre el encuentro, hoy se sabe que ambos llegaron a un acuerdo: los EEUU garantizarían la seguridad y continuidad del rey y de su dinastía en el trono de Arabia, y los saudíes garantizarían el suministro de petróleo crucial para la economía norteamericana.



Este acuerdo fue la conclusión de un largo proceso de acercamiento y de consolidación en la zona que comenzó en 1933 cuando el rey Abdulaziz, conocido en el mundo angloparlante como Ibn Saud, concedió a la empresa Standard Oil la prospección de yacimientos petrolíferos en los territorios que controlaba. El descubrimiento fue asombroso: las mayores reservas del mundo. La reacción norteamericana fue rápida, ya que ese mismo año reconocieron al rey y enviaron a un embajador. La cuestión no era baladí, ya que el rey Abdulaziz era entonces solamente uno más de los reyes beduinos que pugnaban por el control de la Península Arábiga, una zona pobre y desértica en la periferia de la política mundial hasta el descubrimiento de sus pozos petrolíferos.


Abdulaziz tuvo que enfrentarse primero con la dinastía Hachemí, apoyada por los británicos tras la Primera Guerra Mundial. Éstos le prometieron el control de Arabia y de Siria si les apoyaba contra los turcos otomanos en la guerra. Esta familia, que se decía descendiente del profeta Mahoma, apoyó a los aliados –contando con la exótica ayuda de Lawrence de Arabia- pero vio como se le fue hurtando poco a poco los territorios que le habían prometido: Siria caería en manos francesas, Jordania y Mesopotamia serían protectorados británicos –aunque acabarían reinando allí- y el Hiyaz, la tierra santa islámica donde se encuentran Medina y Meca, fue conquistada por Abdulaziz y la dinastía Saudí, que poco a poco fue haciéndose con el poder en casi toda la península.


Desde 1945 el apoyo norteamericano puso fin a toda discusión sobre quién dominaba Arabia. Así, los EEUU proporcionan a los saudíes la ayuda exterior que necesitaban para ser reconocidos en el mundo, pero también los medios para mantenerse en el poder en casa. Esta es la razón por la que Arabia Saudí se encuentra entre unos de los mayores compradores de armas a los EEUU, adquiridas con el dinero que los EEUU gastan en comprar el petróleo saudí.
 

Es una relación contradictoria, sobre todo por parte saudí, ya que ésta se legitima en el mundo musulmán como guardiana de los lugares sagrados del Islam revistiéndose de una versión extremista de esta religión, el wahabismo, que impone la versión más radical de la sharia y desprecia la presencia de “infieles”. Es decir, para mantener esa misma legitimidad no puede reconocer su dependencia de un poder extranjero, algo muy peligroso para la seguridad y continuidad de la casa real.


El precio de la amistad: 11-S, Afganistán, Irak e Irán

Es exactamente lo que ocurrió tras la Segunda Guerra del Golfo en 1991. La vecina Irak invadió y conquistó a la pequeña Kuwait y amenazó a Arabia Saudí. Los EEUU rápidamente organizaron una coalición bajo bandera de la ONU y desembarcaron centenares de miles de soldados en el desierto saudí para, primero, defender a los saudíes de una posible continuación de la ofensiva iraquí, y, segundo, para expulsar a los invasores de Kuwait.


Tras la victoria, los EEUU mantuvieron soldados en Arabia Saudí, lo que provocó que Osama Bin Laden y su organización Al Queda le declarara la guerra a los norteamericanos y a la casa real saudí por permitir la presencia de “infieles” en el territorio más sagrado del Islam. Años más tarde esta amenaza se materializó en los atentados del 11-S llevados a cabo, en su mayoría, por fanáticos saudíes partidarios de Bin Laden. La paradoja es que estos atentados fueron planeados por fanáticos religiosos reclutados y pagados por Arabia Saudí durante la guerra de Afganistán contra la URSS a petición de los EEUU. Ahora los soldados norteamericanos luchan contra estos guerrilleros y sus sucesores en las mismas montañas afganas que los soviéticos hace treinta años.


Estos atentados sirvieron de ‘excusa’ al entonces presidente de los EEUU George W. Bush –hijo del presidente que en 1991 intervino en Kuwait y empresario petrolero- para invadir y conquistar Irak, ya que, según él y su equipo, estos atentados eran demasiado complejos para unos terroristas y las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes podrían ser usadas contra civiles norteamericanos. No existían tales armas y la falta de planificación convirtió la posguerra iraquí en un caos de violencia. Pero Sadam Hussein, el gran enemigo y amenaza de la monarquía saudí, había caído y las bases de EEUU en Arabia Saudí fueron reemplazadas por bases en Irak.   


Roosevelt nunca habría imaginado que, a cambio de garantizar el flujo de petróleo, los EEUU se verían envueltos en una maraña de conflictos y juegos de equilibrio en Oriente Próximo y Medio. Así, además del conflicto con Irak y la trampa de Afganistán, los EEUU están en guerra fría con Irán que amenaza en convertirse en caliente en cualquier momento.



La revolución Islámica de 1979 llevó al poder en Teherán a un régimen clerical radical chií, enemigo histórico del Islam suní. Arabia Saudí, como guardiana de Medina y Meca y como sociedad wahabita, se enfrentó directamente con Teherán implicando a los EEUU en ese conflicto. Aunque fueron los iraquíes los que primero pagaron con su sangre entre 1980 y 1988 la guerra suní contra los persas chiíes, ésta fue financiada con los petrodólares de Arabia Saudí.

 
Más de 30 años después de la revolución islámica el régimen clerical sigue vivo y, una vez más, Arabia Saudí se encuentra entre los máximos enemigos de Teherán junto a Israel. Otra gran contradicción del régimen saudí. Sin embargo ambos temen a Irán y a su programa nuclear, lo que provoca que EEUU amenace y sancione a los iraníes para tratar de frenarlo, aunque en principio parece reacio a entrar en guerra directamente, entre otras cuestiones porque el Fondo Monetario Internacional alerta de que se incrementaría el precio del petróleo en un 30%.
 
 

En febrero de 1945 los EEUU sellaron un pacto por el que garantizaron el flujo de petróleo necesario para mantener su primacía económica en el mundo, pero esa garantía ha salido cara. Guerras, atentados, invasiones, etc. La presencia de EEUU en Oriente Medio y Próximo depende del petróleo, y esa dependencia, aunque había disminuido en los últimos años, vuelve a crecer (ver gráfico).
 
 
Solamente el uso de energías nuevas, al margen del petróleo, podrían alejar a las economías occidentales y a los EEUU de la dependencia de Arabia Saudí, una relación que está saliendo cara a los norteamericanos. Mientras tanto, los saudíes siguen cumpliendo su parte. Hoy el precio del barril de Brent es de 109,50 dólares.