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lunes, 23 de junio de 2014

El Partido Pirata de Alemania. De fenómeno político-mediático a desastre electoral

Hace dos años la política en Alemania vivió un fenómeno parecido al que hoy ocurre en España: el hastío del electorado hacia los grandes partidos provocó la irrupción en las urnas de una pequeña e inexperta formación. Durante meses, los medios de comunicación ensalzaron al Partido Pirata (Piratenpartei) e incluso dieron la bienvenida a una nueva forma de hacer política, fresca, joven, directa, más democrática y basada en las redes sociales. El éxito parecía arrollador e imparable. Sin embargo, en sólo dos años pasaron de una intención de voto del 13% (lo que les hubiera convertido en tercer partido en Alemania) a  un resultado del 1,4% en las pasadas elecciones europeas.

Empezó como una pequeña e inofensiva expresión de rebeldía. El 10 de septiembre de 2006 nació la versión alemana del Partido Pirata, creado en Suecia ese mismo año con el objetivo de protestar contra las prohibiciones que los gobiernos europeos estaban legislando contra las descargas gratuitas de internet. Sus miembros eran pocos y pertenecían a un grupo social concreto y definido. Urbano, joven y “enganchado” a las nuevas tecnologías, según la web de la Central Federal para la Formación política (Bundeszentrale für politische Bildung).

Apenas nadie se hacía eco de sus actividades e incluso de su existencia más allá de la reducida comunidad de internautas activos. Eran una tribu reducida y homogénea. Pero súbitamente se dieron una serie de circunstancias que catapultaron al Partido Pirata al éxito y a la fama: la aparición de las redes sociales y el cansancio entre los votantes de los grandes partidos, CDU y SPD, que en ese momento compartían una gran coalición (2005-2009).

"¿Por qué aparezco en este cartel, si ni
siquiera vais a ir a votar?"
El desencanto de una parte cada vez mayor del electorado, sobre todo joven, con respecto a la política tradicional, abrió la puerta a los piratas que supieron enganchar perfectamente con ese estado de ánimo y acertaron tanto en el mensaje como en los medios de propagarlo. Mientras los grandes partidos todavía se preguntaban qué eran las redes sociales y para qué servían, los piratas ya estaban inundando Facebook y Twitter con su relato inconformista, rebelde y transgresor.

En los carteles electorales podía leerse mensajes como: “Preparados para cambiar”, “Somos románticos”, “Por fin gente normal”, “Existe una actualización para este sistema”, etc… Un lenguaje, unos temas y una forma de presentación que conectaban perfectamente con el electorado joven, urbano, usuario de las redes y muy crítico con el sistema de partidos tradicional. No podía fallar, y no lo hizo precisamente en el lugar más adecuado: Berlín.


Los buenos tiempos

El 18 de septiembre de 2011, justo cinco años después de su nacimiento, el Partido Pirata celebró su primer y espectacular éxito electoral: 120.000 votos, el 8,9% del total, en las elecciones al parlamento regional de Berlín. Fue una gran sorpresa y su inesperada victoria y el exotismo de sus miembros (iban disfrazados de piratas en la noche electoral) provocó las delicias de los medios de comunicación que rivalizaban en su entusiasmo a través de sus titulares. El semanario Focus tituló “Ola perfecta para los piratas”; Der Spiegel tiró por lo obvio (“Los piratas al abordaje del Parlamento”); y el periódico considerado más serio de Alemania, Die Zeit, apostó por las emociones: “El fundador de los piratas llora de alegría”.

Fue el comienzo de un fenómeno mediático sin precedentes en la política alemana. Los medios de comunicación competían por ofrecer el lado más simpático e idealista de estos novatos en la política alemana. Les atribuían valores como “inteligencia emocional”, “transparencia”, “participación”, incluso se les presentó como los adalides de la “democracia  líquida” o “democracia 4.0”, según la cual la existencia de internet permite a los ciudadanos una participación directa en la toma de decisiones sin la necesidad de intermediarios.

Eran el partido de moda. De la noche a la mañana todos querían conocer a los piratas y pertenecer al grupo. Según la web de datos estadísticos http://de.statista.com/, si los piratas tenían 11.720 miembros en diciembre de 2010 (11.394 en diciembre de 2009), en diciembre de 2011, tres meses después del éxito de Berlín, los afiliados ya se habían casi doblado hasta alcanzar los 19.200. Empezaba 2012 y la espiral de éxitos no tenía fin.
 
Evolución del número de afiliados del Partido Pirata.
Llegaron otras elecciones regionales y el Partido Pirata aprovechó la ola para entrar en los parlamentos de los Länder de Sarre (con el 7,4% de los votos), Schleswig Holstein (con el 8,2%) y en el Land más poblado de Alemania, Nordrhein-Westfalen (con el 7,8% de los votos). La popularidad iba en aumento y con ella el número de afiliados, que en agosto de 2012 ya superó los 34.000 (tres veces más que antes del éxito en Berlín).

Pero la guinda llegó en abril de 2012, cuando en una encuesta del instituto Forsa se atribuyó al Partido Pirata una intención de voto directo del 13%, lo que hubiera convertido a los piratas en el tercer partido a nivel federal por encima de Los Verdes (Die Grünen). Su popularidad era tan grande que uno de cada tres votantes alemanes sentía simpatía hacia ellos e incluso podría imaginarse votarles en alguna ocasión.   


La decadencia

Todo iba viento en popa para los piratas hasta que se dieron de bruces con la realidad. En pleno auge de su popularidad, comenzó la decadencia. Surgió una brecha insalvable entre la dirección del partido, los recién nombrados diputados y el resto de la base de militantes.

"Perdonad. También nos lo imaginábamos más sencillo.
Pero eso no quiere decir que vayamos a claudicar". 
Cuando los diputados de los piratas empezaron a conocer las rutinas parlamentarias se dieron cuenta de que no eran compatibles con la transparencia y la participación directa que les exigían sus bases. Los militantes querían tomar todas las decisiones, hasta las más nimias. Esto chocaba con las complejidades técnicas de la vida parlamentaria. La elaboración y presentación de iniciativas parlamentarias, enmiendas, preguntas, etc. Todo debía ser sometido a la democracia directa. Un imposible para el día a día de un grupo parlamentario.

Los piratas entraron en una contradicción interna grave. Por un lado se mostraban como los únicos defensores de la democracia directa y los únicos que la aplicaban gracias a internet. Era su seña de identidad, el elemento que les diferenciaba del resto de partidos. Sin embargo, a la hora de querer trabajar en la política real, esa participación directa y la transparencia en internet “demostraron ser una maldición, ya que la propia dirección terminó por despedazarse en público a través de las redes sociales” (Der Spiegel).

Surgieron varios conflictos: por un lado entre la dirección y la militancia de base, que calificó a sus dirigentes de traidores por no someter la totalidad de su actividad a referéndum electrónico (incluso se llegó a debatir seriamente celebrar congresos online), y entre la misma élite del partido por falta de un proyecto común y de disciplina a la hora de asumir las decisiones.

Es decir, el Partido Pirata acabó sufriendo la contradicción de ser un partido que funcionaba como partido y que quería estar en un parlamento, pero que abjuraba a los cuatro vientos de su naturaleza de partido. En la propia esencia de su éxito estaba la semilla de su fracaso, ya que los electores les eligieron por ser diferentes al resto de partidos, incluso por ser un no partido, y por eso mismo se acabó rompiendo y hundiendo porque no pudo ser operativo en el parlamento.

"Existe una actualización para este sistema".

Lo que siguió fue un camino de sufrimientos y muerte lenta para los piratas. Solamente entre noviembre de 2012 y enero de 2014 celebraron cuatro congresos en los que la ejecutiva fue cambiando de nombres sin cesar. Las luchas internas se hacían cada vez más encarnizadas y de la imagen de modernidad, juventud y frescura, se pasó rápidamente a la del ridículo. Los medios de comunicación dieron un giro de 180 grados en el contenido de sus informaciones, y el Partido Pirata dejó de ser el referente de la nueva política para convertirse en un ejemplo de decadencia y de utopía mal gestionada: El periódico conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung escribía: “Los piratas: anatomía de un desastre”; el semanario Der Spiegel se preguntaba “¿Ha fracasado el experimento de la democracia líquida?”; incluso el diario de izquierdas berlinés TAZ (muy próximo al segmento del votante de los piratas) publicó una guía de “9 pasos para la autodisolución” del Partido Pirata.

El fenómeno mediático se acabó convirtiendo en un infierno y la imagen de los piratas se arruinó con la misma rapidez con la que se encumbró. Las consecuencias electorales no se dejaron esperar. En las elecciones generales al Bundestag el pasado septiembre de 2013, los piratas solamente consiguieron el 2,2% de los votos y no pudieron superar la barrera del 5% para tener representación parlamentaria, cuando tan solo un año y medio antes las encuestas les daban el 13% de intención de voto. Las pasadas elecciones europeas del 25 de mayo, generalmente propicias para el voto protesta, el resultado fue aún peor: un 1,4%.  

Ante esta experiencia surgen una serie de preguntas: ¿Son los piratas de Alemania una lección para otros fenómenos políticos y mediáticos? ¿Puede funcionar una organización política en un sistema de partidos sin ser un partido? Y, en definitiva, ¿puede una organización que se convierte en fenómeno mediático sobrevivir a las modas?   

Artículo disponible en Ssociólogos.com


domingo, 19 de enero de 2014

Las primarias abiertas del PSOE, ¿un paso más para la democracia?

Los ciudadanos que no sean militantes socialistas ya podrán elegir a los candidatos del PSOE a las próximas elecciones generales. Se trata de un hecho histórico que abre las puertas del Partido Socialista al resto de la sociedad y que cambia totalmente la manera de selección de sus élites, un proceso que hasta ahora se realizaba a puerta cerrada y fuera de la vista de la ciudadanía. Estas primarias abiertas, ¿suponen un paso más para la democracia?

El sábado 18 de enero el Comité Federal del PSOE aprobó las fechas y el reglamento de las primarias abiertas que se celebrarán este año para elegir a los candidatos socialistas que se medirán en las campañas electorales de 2015 –locales, regionales y nacionales-. Por primera vez en la historia de los partidos políticos de España podrán participar todos los ciudadanos, no solamente los militantes socialistas. Los únicos requisitos son ser español, mayor de 16 años, inscribirse en un censo, firmar una adhesión a los principios socialistas y pagar dos euros para contribuir a sufragar la campaña.

Con esta medida el Partido Socialista ha dado un paso importante hacia una mayor democratización de la política española, ya que los ciudadanos no sólo pueden elegir entre los candidatos de los diferentes partidos que se presentan a las elecciones, sino que a partir de ahora podrán intervenir también en el proceso de elección de los candidatos mismos. Los socialistas franceses ya lo hicieron y ahora le toca al PSOE, que ha dado un paso que va en la línea de la tradición socialdemócrata europea de lucha por los derechos democráticos.

Históricamente los partidos socialdemócratas han sido los abanderados de la ampliación del derecho al voto al conjunto de la población. A finales del S. XIX y principios del XX en los países con derecho a sufragio, éste no incluía a la mayoría de la población porque el modelo de estado que imperaba entonces sólo reconocía el derecho al voto masculino y sólo de aquellos que fueran propietarios. Es decir, quedaban fuera todas las mujeres y la mayoría de los hombres. Pero fueron los partidos socialdemócratas los que, sobre todo después de la Primera Guerra Mundial, consiguieron que se instaurase el sufragio universal teniendo en cuenta los intereses de una clase trabajadora que se había desangrado en las trincheras para defender al estado que les debía ese reconocimiento.

Hace un siglo los partidos socialdemócratas fueron así los que consiguieron en gran medida la ampliación del derecho al voto. Sin embargo, durante este tiempo su defensa de la democracia y del derecho de participación no tenía su reflejo en el funcionamiento interno en los partidos. Éste se regía por la llamada Ley de hierro de la oligarquía” formulada por el sociólogo alemán Robert Michels. Resumiendo, esta ley viene a decir que mientras más organizado y burocratizado sea un partido, más depende de sus líderes y menos democrático es.


Una sociedad poliárquica

Cien años después los partidos socialdemócratas europeos están rompiendo esta “Ley de hierro” porque la ciudadanía demanda más y mejor democracia. Ya no es suficiente su participación en la elección de representantes para algunas instituciones del Estado como el Parlamento, sino que el proceso también debe abrirse a otras instituciones, en este caso los partidos políticos que son los que conforman el Parlamento. Se trata de una demanda propia de una sociedad compleja en la que existen muchos centros de poder que influyen decisivamente en nuestras vidas, pero en los que los ciudadanos no tenemos ningún poder o influimos muy poco. 

El jurista y politólogo italiano Norberto Bobbio lo explicó así: “La realidad que tenemos ante nosotros es la de una sociedad centrifuga, que no tiene un solo centro de poder, sino muchos”. Es lo que llama “sociedad poliárquica”.   

Robert A. Dahl
Por su parte, el politólogo estadounidense Robert A. Dahl utiliza este concepto para definir su modelo de ‘democracia poliárquica’ y se plantea la siguiente pregunta: “¿Por qué debe restringirse las ventajas de la democracia a unas personas y no a otras? ¿Por qué no deberían estar a la disposición de todos los adultos?”

Por ello exige la inclusión plena de todos los ciudadanos en los procesos de elección como requisito para poder hablar de democracia. Lo explica así: “A ningún adulto que resida permanentemente en el país y esté sujeto a sus leyes le pueden ser negados los derechos que disfrutan otros (…). Éstos incluyen el derecho al sufragio; (…) a formar y participar en organizaciones políticas independientes (…) y derechos a otras libertades y oportunidades que puedan ser necesarias para el funcionamiento efectivo de las instituciones políticas de la democracia a gran escala”.   

Es decir, según Dahl, no puede haber democracia si no se incluye a todos los ciudadanos en los procesos de elección política. Sin embargo, se puede ir más allá de esta idea y exigir no sólo la inclusión de todos los ciudadanos en el proceso (lo que en su mayor parte ya se ha logrado), sino que este proceso sea más democrático en el mayor número posible de los centros de poder de la democracia poliárquica en la que vivimos.
 
Es decir, que la mayoría de los ciudadanos puedan participar en la mayoría de los centros de poder y conseguir así que sus intereses estén más y mejor representados y sean más y mejor defendidos, ya que para Dahl “los intereses fundamentales de los adultos a los que se niega la oportunidad de participar en el gobierno no estarán adecuadamente protegidos y promovidos por aquellos que gobiernan”.


Con la aprobación de las primarias abiertas el PSOE ha prescindido del privilegio de sus dirigentes y de sus militantes de poder elegir en solitario a los candidatos que se van a enfrentar al PP en las próximas elecciones y que podrían llegar a gobernar. Es un paso importante hacia la igualdad política de todos los ciudadanos porque ya no existe la distinción real provocada por un carnet. En este sentido, Dahl recuerda que la igualdad política es otro requisito fundamental para hablar de democracia

Por ello se pregunta, “¿Si creemos en la igualdad política entre los ciudadanos de un estado, no nos exigirá esto que adoptemos algo parecido a la inclusión de (toda) la ciudadanía?”    

domingo, 10 de noviembre de 2013

UPyD ¿HA ENCONTRADO SU ESPACIO IDEOLÓGICO?

¿A quién representa el partido de Rosa Díez? Este partido de corta existencia se encuentra según las encuestas en una posición en la que aspira a influir en las futuras composiciones de gobierno a todos los niveles: local, regional e incluso nacional. Esa posición se debe a un crecimiento en la intención de voto se mediante un discurso diseñado para captar el mayor número de votos de otros partidos, primero del PSOE y ahora del PP. ¿Quién vota hoy a UPyD? ¿Ha encontrado ya su espacio ideológico?

Los pasados 1, 2 y 3 de noviembre UPyD celebró su II Congreso que finalizó con el mensaje claro de su líder Rosa Díez de que están dispuestos a gobernar: “Hemos hecho una tarea muy importante para preparar el partido para gobernar, para ser un instrumento de gobierno, no dentro de mucho, sino dentro de muy poco tiempo”, dijo. El mismo día en el que comenzaba su evento, UPyD quiso dejar clara su influencia entre los demás partidos a pesar de su pequeña representación institucional y anunció que ponía fin a su apoyo al gobierno socialista de Asturias.

También sacó pecho sobre su reciente iniciativa en el Congreso de los Diputados sobre la defensa de la unidad de España y la manera de cómo PP y PSOE tuvieron que seguirle el juego, provocando un duro conflicto entre el PSOE y el PSC: “Este grupo de cinco diputados ha tomado de la solapa a los dos principales partidos y ha conseguido que 286 diputados digan que la unidad de la nación es indisoluble”, afirmó una Rosa Díez visiblemente muy satisfecha y que presumió de coherencia: “Hoy puedo decir con orgullo en nombre de todo el partido que somos lo que decimos, decimos lo que hacemos y que somos lo que hacemos”. Ahora sólo falta saber ¿quiénes son esos votantes? Y ¿qué es lo que dice, hace y es UPyD?


Estancamiento en las encuestas
El último Barómetro del CIS, el de octubre de 2013, arroja un poco de agua fría en el optimismo desbocado de UPyD. Aunque esta encuesta le da un 7,7% de intención de voto, que sigue siendo bastante más que el 4,69% de los votos conseguidos en las elecciones generales de 2011, es sólo un 0,4% más que en octubre de hace un año. Es decir, según el CIS, UPyD está estancada. Sus votantes son los mismos que hace un año, al menos en número. Además, si se mide la intención de voto directa, es decir cuando se pregunta al encuestado directamente por qué partido va a votar y cuál es el que mayor simpatía le despierta, UPyD baja hasta el 6%.  

Fuente: El País


Otra encuesta recientemente publicada, la del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales para la revista Temas,  observa también un estancamiento en la intención de voto a UPyD. En este caso, los resultados serían un poco peores, entre un 7,2% en caso de baja participación electoral, y de un 6,8% en caso de que la participación sea alta. Hace un año, esta encuesta le daba a UPyD un resultado mejor: entre un 7,8% y un 8,9%. Esta ligera bajada de los datos de UPyD en el último año, a pesar de que las condiciones siguen siendo las mismas (crisis económica, desconfianza hacia los partidos tradicionales, etc.), hace que este estudio afirme que “este partido puede estar llegando a su tope de posibilidades políticas efectivas en torno al 6/7%”

Encuesta del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales para la revista Temas.


De camino hacia el centro-derecha
UPyD puede estar dejando de crecer y puede que se haya estabilizado entre un tipo concreto de electorado. Según las encuestas, ese electorado vendría, sobre todo, del PP, un partido que está sufriendo una sangría impresionante de apoyos desde su mayoría absoluta en 2011. Según el estudio para la revista Temas, “los votos que pierde el PP no van a parar a un solo partido, aunque UPyD crece de manera apreciable en los espacios de centro”. Es decir, este partido se está beneficiando de la huída de votos del PP. Por lo tanto, ¿se está convirtiendo UPyD en una formación de centro derecha?

Así lo ve el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales, que asegura que “los espacios de centro-centro es donde está penetrando UPyD, que ya tiene la mayoría de los apoyos en los espacios del 4 y del 5, con una creciente inflexión hacia los espacios situados en el centro derecha del espectro político”. Es decir, si el espectro ideológico español se midiera de uno a 10, siendo 10 la ultraizquierda y 1 la ultraderecha, la mayoría de la población situaría a UPyD en el 4,78, y a su líder Rosa Díez en el 4,98. Es decir, en el centro ligeramente escorado a la derecha.

Sin embargo, curiosamente, los votantes de UPyD sitúan a su partido en el 5,42, es decir, en el centro pero ligeramente escorado hacia la izquierda. ¿Es esta percepción un resto de tiempos pasados? Podría ser. Antes de las elecciones de 2011, UPyD se presentaba como una alternativa a un PSOE en el Gobierno muy desgastado y en ello tuvo mucho que ver el origen socialista de la propia Rosa Díez. Esto atrajo a muchos votantes socialistas, seducidos por un discurso centrado en la justicia social presuntamente herida por el PSOE y la profundización en los valores democráticos. Esto tuvo sus consecuencias en la percepción que se tenía de esta formación. Por ejemplo en 2010, los seguidores de este partido se atribuían un 6,25 en la escala, es decir, claramente en el centro izquierda.

Desde entonces, UPyD ha ido “derechizando” su imagen hasta llegar al 5,42 actual entre sus votantes y al 4,78 entre el resto de la población. La imagen de Rosa Díez vive el mismo proceso, ya que si hoy se la ubica en el mismo centro (4,98), hace un año se le situaba más hacia la izquierda, en el 5,98.

Es decir, UPyD no crece en intención de voto, pero en el margen en el que lo hace, su camino es hacia la derecha. ¿Es como simple consecuencia de su estrategia de caza de votantes de un PP malherido? O ¿se trata de una consecuencia lógica de un partido con un discurso de derechas?

Seguramente se trate de una combinación de ambos factores. Por un lado, UPyD trata de hacer leña del árbol caído de la crisis del PP, de la misma forma que se benefició en 2011 de la crisis del PSOE. Pero también es cierto que entre su acervo ideológico se encuentra en lugar muy destacado la defensa de la unidad de España y el enfrentamiento con los nacionalismos, hoy sobre todo con el catalán en pleno conflicto soberanista, y una posición dura con respecto a los presos de ETA. Son discursos muy aptos para pescar en el caladero del PP, a los que se suman gestos como el fin del apoyo al gobierno socialista en Asturias y el discurso ‘estándar’ de crítica a ambos partidos grandes, ya que el de Díez insiste constantemente en ser “diferente” y acusa a PP y a PSOE de ser los responsables de la crisis.  


¿Ha venido UPyD para quedarse?
Precisamente la crisis es la que ha hecho posible la eclosión de UPyD y su irrupción en el sistema político español. No tanto la crisis económica, como la crisis de confianza en los partidos políticos mayoritarios y en las instituciones políticas. UPyD se presenta como el partido de la transparencia, contra el derroche y de la participación democrática. Precisamente las demandas clave de buena parte de la ciudadanía desencantada con el sistema político español nacido en la Transición. UPyD es un partido actual, sin pasado orgánico. ¿Podría ser esa una de las claves de su éxito?

Los politólogos Rokkan y Lipset divulgaron en los años 60 el concepto de clivaje, un anglicismo que quiere decir “fisura” o “escisión”, y con el que trataron de analizar el surgimiento de los partidos políticos. Simplificando bastante la explicación de esta teoría, estos científicos pensaban que los partidos surgían como consecuencia de la existencia de conflictos sociales. Así, por ejemplo, del conflicto campo-ciudad surgieron los partidos agrarios; del conflicto entre trabajadores y propietarios de las fábricas surgieron los partidos socialistas; de los conflictos entre el Estado y la Iglesia surgieron los partidos cristianodemócratas; del conflicto centro-periferia nacieron los partidos nacionalistas; etc.  

Cabe preguntarse si UPyD ha nacido de un clivaje. ¿Es la consecuencia de la demanda de una parte de la ciudadanía descontenta con el sistema de partidos anterior a la crisis? Si fuera así habrá partido magenta para rato, ya que habría encontrado su sitio en un sistema de partidos al que no le ha quedado más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas demandas políticas. Es lo que opina Rosa Díez, que está convencida de que su partido ha llegado para quedarse. Por eso se presenta como la llave para dar y quitar gobiernos (como en Asturias), y en definitiva, como un actor fundamental en el sistema de partidos que tanto critica. La pregunta es si su sitio en el espectro de partidos es el centro derecha.

Todavía es pronto para saberlo, pero parece que este es el caso. UPyD se encuentra sumergido en el segundo ciclo político desde su fundación. En el primero (hasta 2011) se presentó como un partido progresista con el objetivo de cazar votos entre el electorado socialista, y en el segundo (desde 2011) defiende un discurso conservador para atraer a los votantes del PP. Como consecuencia UPyD aparece cada vez más como un partido de centro derecha, y parece que en este proceso está consiguiendo hacerse un hueco en el sistema de partidos, pero a costa de haber alcanzado su techo de intención de voto con un 6-7%. Puede estar allí mucho tiempo, sobre todo porque UPyD va en dirección contraria a la tendencia general en la sociedad española que es de avance hacia posiciones de izquierda (en 2013 la media de ubicación de los españoles en el espectro ideológico es de 6,12, es decir, de izquierda moderada, según el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales).


Es decir, puede que UPyD consiga muchos votos pescando en el caladero del PP que le permitan jugar un intenso papel institucional en el futuro, pero eso le posiciona como un partido de centro derecha, una ubicación ideológica que no podrá abandonar a corto o medio plazo si no quiere perder su credibilidad entre sus nuevos votantes y en la sociedad en general. Ahí radica el problema para UPyD: esos votos serán menos de los que habría podido conseguir si hubiera persistido en continuar su primer impulso y hubiera seguido compitiendo por los votantes de izquierda moderada, ya que esa es la tendencia ideológica de la mayoría de la población.