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domingo, 19 de octubre de 2014

La izquierda fragmentada, ¿podrá derrotar al PP?

El ciclo político en España está cambiando. Tras el giro espectacular a la derecha del año 2011 que proporcionó al PP mayorías absolutas en casi todas las comunidades autónomas, las principales ciudades del país y finalmente en el Congreso de los Diputados, la tendencia política vuelve a girar hacia la izquierda. Las encuestas revelan una caída importante en la intención de voto al PP y un auge de las opciones de izquierda. Sin embargo, estas se presentan fragmentadas y divididas sin un claro liderazgo por parte de ninguna de ellas. Para arrebatar el poder al PP, los socialistas, IU y Podemos tendrán que pactar y superar muchas diferencias ahora mismo aparentemente irreconciliables. ¿Podrá ponerse de acuerdo para derrotar al PP?

En las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2011 el Partido Popular ganó la mayoría de los gobiernos autonómicos y las alcaldías de las ciudades más importantes del país. Seis meses después, en noviembre de 2011, el PP vivió un momento dulce en las elecciones generales en las que cosechó 10,8 millones de votos, el 44,6% del total. Esto le proporcionó una mayoría absoluta histórica en el Congreso de los Diputados de 186 escaños. En 2015 y 2016 se volverá a celebrar un intenso periodo electoral en España, pero es bastante probable que el PP no vaya a repetir esos resultados.

Las encuestas publicadas más recientemente hablan de un cambio de tendencia en España, de un giro hacia la izquierda de la mayoría del electorado. Sin embargo, esto no significa que esos votos vayan directamente al principal rival del PP, el Partido Socialista. A diferencia de anteriores cambios de ciclo político, en los que la pérdida de votos de uno de los partidos grandes beneficiaba automáticamente a su rival (fenómeno conocido como ‘balancín electoral’), esta vez el voto de la izquierda se está fragmentando en tres opciones diferentes: PSOE, Izquierda Unida, y la recién llegada Podemos. Según las encuestas, entre las tres superan en votos al PP en la mayoría de las plazas, como puede observarse en las siguientes encuestas publicadas después del verano:

  •    Andalucía: La Cadena Ser publicó el pasado 4 de septiembre un barómetro sobre el clima político en Andalucía, cuyas elecciones autonómicas están previstas para 2016. Según esta encuesta, el PSOE ganaría las elecciones con un 31,2% de los votos y el PP se quedaría en segunda posición con el 28,3%. Estos resultados supondrían un notable descenso de apoyos para ambos partidos con respecto a las últimas elecciones en 2012, ya que los socialistas perderían 8,3 puntos y los populares 12,4. Por su parte, IU, el actual socio de gobierno del PSOE andaluz, tendría el 8,8% de los votos. Es decir, la actual coalición de gobierno solamente conseguiría el 40% de los votos, por lo que necesitaría el apoyo de Podemos para asegurarse la mayoría absoluta. Podemos se estrenaría en el Parlamento andaluz como tercera fuerza política y el 18,1% de los votos.

  •  Ayuntamiento de Madrid: El diario ABC publicó el pasado 15 de septiembre una encuesta tras la renuncia de Ana Botella a presentarse a la Alcaldía de la capital. Según este estudio, el PP ganaría pero perdería la mayoría absoluta con el 42,1% de los votos, frente a Podemos (15,1%), PSOE (14,4%), UPyD (10,4%), IU (7,7%) y Ciudadanos (5,3%). Aunque el PP podría intentar un pacto con UPyD y/o Ciudadanos (ambas formaciones incluso podrían presentarse juntas) para conseguir así una mayoría de gobierno, toda la izquierda no tendría más remedio que llegar a un acuerdo para arrebatar la Alcaldía al PP

  • Comunidad Valenciana: El diario El País publicó el pasado 9 de octubre una encuesta de Metroscopia sobre el futuro político de la Comunidad Valenciana en la que se refleja perfectamente la actual tendencia: el PP sería el partido más votado, con cerca de un 30% de los votos, pero perdería 23 escaños de los logrados en las últimas elecciones y se colocaría con 32 escaños a 18 de la mayoría absoluta. Esta podría ser posible con un pacto entre las diferentes opciones de la izquierda valenciana: PSPV (29 escaños), Podemos (17 escaños), Compromís (14 diputados) y Esquerra Unida (7 diputados).

  • Congreso de los Diputados (1): El pasado 31 de agosto, el diario El Mundo publicó una encuesta de Sigma Dos que atribuye al PP la mayoría de los votos en el Congreso de los Diputados (30,1%), pero lejos de la mayoría absoluta. La conjunción de PSOE (22,3%), Podemos (21,2%) e IU (4,1%) podría garantizar una mayoría de izquierdas en la Cámara baja.   


  • Congreso de los Diputados (2): Finalmente, el diario El País publicó el pasado 5 de octubre un barómetro de Metroscopia en el que reflejaba la intención directa de voto más simpatía sobre el total del censo de electores (y no sobre el total de los que finalmente votan). Esta encuesta llega a la conclusión de que el PSOE (20,7%) supera al PP (15,9%), pero necesitaría el apoyo, o al menos la aquiescencia de Podemos (14,3%) y de IU (6,2%) para gobernar España.  



Las elecciones municipales son diferentes

En los casos arriba mencionados la tendencia electoral señala una clara pérdida de votos por parte del PP y un aumento de los mismos en la izquierda, pero fragmentada principalmente entre PSOE, Podemos e IU. Ninguno de los tres logra una hegemonía clara en el campo progresista y necesitaría de los otros dos para gobernar. En este escenario, PSOE e IU han demostrado que saben gobernar juntos en caso de necesidad, pero la gran incógnita es Podemos, que no mantiene buenas relaciones con los otros dos partidos.

Este análisis de pactos se refiere a las elecciones autonómicas y a las generales, ya que el análisis de las municipales es más complicado e incluye una serie de variables diferentes a las otras citas electorales. Por un lado está la posible reforma electoral impulsada por el Gobierno de Rajoy, que prevé la elección directa de los alcaldes a doble vuelta entre los dos partidos más votados, rompiendo así el principio de proporcionalidad actual. Esto daría la alcaldía al partido más votado en cada municipio y sin necesidad de alcanzar la mayoría absoluta, lo que beneficiaría claramente al PP debido a la fragmentación en la izquierda.

Por otro lado, Podemos ha anunciado que no se presentará como marca en solitario a las elecciones municipales, aunque no descarta hacerlo dentro de plataformas electorales locales. Esta es la misma estrategia de IU, que está apostando por las plataformas ‘Ganemos’ (que también cuentan con la presencia de otras formaciones más pequeñas como Equo) en las que dejaría abierta la puerta a Podemos. Esta estrategia simplificará sensiblemente el panorama de siglas de la izquierda que se presentarán a las municipales, pero tendrá como consecuencia previsible una lucha por la hegemonía dentro de Ganemos entre Podemos e IU. El ganador de esa lucha tendría que decidir tras las elecciones si acepta pactar gobiernos locales con el PSOE.


IU y Podemos, malas relaciones

Cayo Lara y Alberto Garzón
Teniendo en cuenta el actual grado de fragmentación en la izquierda política española, la gran pregunta que se plantea es si está en condiciones y si las diferentes organizaciones tienen voluntad de llegar a acuerdos para reemplazar al PP en los diferentes gobiernos.

Las relaciones entre PSOE, Podemos e IU no son buenas. Por un lado existe un debate (por no decir enfrentamiento) abierto en el seno de IU sobre la estrategia a seguir con respecto a Podemos. Muchos militantes y cargos están a favor de la integración entre las dos formaciones, pero también existen muchas resistencias, sobre todo en Madrid donde la plataforma ‘Somos IU’ apuesta por la independencia de su organización que ve en peligro ante la avalancha de Podemos, donde tampoco dan carta blanca a una hipotética fusión con IU e incluso a la hora de llegar a pactos puntuales como Ganemos.

En este sentido, el pasado 1 de junio el dirigente de Podemos, el profesor de Ciencias Políticas Juan Carlos Monedero, afirmó en una entrevista al diario Público que "hay un sector de Izquierda Unida que se ha hecho régimen" y que sus responsables van a intentar construir otra vez "una sopa de siglas".  "En la campaña (a las elecciones europeas) hemos hablado de la obligación de construir un frente amplio. Y un frente amplio no es una suma de siglas. Traicionaríamos a la militancia si nos juntáramos las cúpulas de diferentes partidos y pactáramos una lista electoral. Eso sería un fraude a la ciudadanía y no lo vamos a hacer".


Podemos y PSOE, la lucha por la hegemonía

Por otro lado, las relaciones entre Podemos y el PSOE son bastante mejorables. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, afirmó el pasado 21 de septiembre en una entrevista en televisión que "el populismo ha encontrado su expresión institucional en Podemos. (…) No quiero que se aprovechen de la indignación y se propongan cosas irreales”. Días antes, en el Comité Federal del PSOE, el mismo Sánchez aseguró que “hay un partido que se frota las manos ante el auge del populismo" en referencia al PP frente a Podemos.

Pedro Sánchez
La estrategia socialista pasa por recuperar al mayor número de votantes de Podemos (en gran número ex votantes del PSOE), presentando a esta formación como una opción que ofrece "soluciones falsas a problemas reales" (19 de septiembre), y recuperar así la hegemonía en la izquierda. Para no entorpecer esta estrategia, el PSOE no ha descartado ningún escenario futuro de pacto, excepto con el PP, cerrando así la puerta a una posible gran coalición entre los dos grandes partidos y obligando a estudiar a fondo todas las opciones que puede ofrecer un acuerdo con las otras izquierdas políticas.   

Por su parte, Podemos se considera antagonista del Partido Socialista. Son múltiples los mensajes por parte de los dirigentes de Podemos equiparando al PSOE con el PP y posicionando a ambos partidos como élite a derrotar. Es por ello que Podemos descarta públicamente cualquier acercamiento o negociación postelectoral con el PSOE, al menos por el momento. En este sentido, el dirigente de Podemos, Luis Alegre, aseguró el pasado 13 de septiembre ante los medios de comunicación que "es más previsible encontrarnos con un pacto de Estado entre el PP y el PSOE para taparse mutuamente los casos de corrupción y para evitar que terminen con causas jurídicas”, que un pacto con los socialistas.

Pero las opciones siguen abiertas. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, a diferencia del resto de dirigentes de su formación, nunca ha cerrado definitivamente la puerta a los socialistas. El pasado 30 de mayo afirmó a ElPlural.com que “les doy el beneficio de la duda. Nosotros no somos sectarios”. 

Pablo Iglesias
La estrategia de Podemos está dirigida a fortalecer su imagen y a presentarse como el partido hegemónico de la izquierda fragmentada. Su aspiración es terminar con la fragmentación de la izquierda a su favor: provocar la gibarización del PSOE y la absorción de IU, y desde esa posición de fuerza imponer sus condiciones. El pasado 6 de octubre, el diario El Mundo publicó un artículo en el que atribuía a Pablo Iglesias la frase: “Después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista tendrá que elegir entre hacer presidente a Mariano Rajoy (lo que el PSOE ya ha descartado públicamente) o a mí”. Según El Mundo, Iglesias habría afirmado que esto llevaría al PSOE a una situación sin salida, ya que “si apoyan la investidura de Rajoy será su perdición. Y si apoyan la nuestra también será su perdición”, al perder definitivamente la hegemonía de la izquierda a favor de Podemos.
    
Sin embargo, Podemos se encuentra en una encrucijada parecida. Según las encuestas, a pesar de su despegue sensacional en la intención de voto a nivel nacional, autonómico y municipal, no consigue un apoyo mayoritario claro y parece que podría estancarse en las previsiones actuales, prácticamente igual o un poco inferior al PSOE. Ninguna de las dos fuerzas sería superior a la otra y ambas deberían pactar en casi igualdad de condiciones. Y en esas circunstancias Podemos se enfrentaría a un dilema serio.

Según el CIS, gran parte de sus seguidores son antiguos votantes socialistas, unos 400.000 de los 1,2 millones que eligieron a Podemos en las últimas elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Están desencantados con el PSOE pero, sobre todo, son contrarios a que el PP siga gobernando en sus ciudades, comunidades autónomas y por supuesto en La Moncloa. ¿Cómo reaccionarían si Podemos se niega a pactar con el PSOE y el PP siguiera gobernando en su ciudad, comunidad o en España? Por otro lado, el discurso de la ‘casta’ ha calado profundamente en otro amplio sector de votantes de Podemos, sobre todo entre los más activos miembros de los círculos locales. ¿Aceptarían un pacto con el PSOE?

En todo caso, si Podemos no logra un resultado contundente que le coloque en una posición de hegemonía que le permita elegir escenario, es muy posible que sufra un desgaste muy fuerte de parte de su electorado por no poder cumplir con sus expectativas y sentirse engañados.      

Tanto PSOE como Podemos quieren liderar la izquierda y presentarse ante el otro con una posición de fuerza. El PSOE aspira a recuperar la hegemonía clara en la izquierda y vaciar a Podemos de votantes, mientras que Podemos aspira a convertir al PSOE en una fuerza residual. Ambas formaciones son rivales por el mismo espacio y ambas aspiran a liderar el cambio de tendencia político en España. ¿Quién se impondrá? Y ¿podrán ponerse de acuerdo y arrebatar el poder al PP?

Artículo disponible en Ssociologos.com

viernes, 30 de mayo de 2014

El voto protesta que no fue a los (habituales) partidos protesta: IU y UPyD

Los resultados de las últimas elecciones europeas en España han confirmado una tendencia que se veía venir desde hace tiempo, y es que los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, están perdiendo apoyos a millares. Sin embargo, en vez de caer en manos de los partidos minoritarios que han ido creciendo en los últimos años a costa de esta sangría y que ya son habituales en los sondeos de intención de voto (IU y UPyD), han ido a la abstención y sobre todo a Podemos, que con cinco eurodiputados ha sido la gran sorpresa de estas elecciones.

Durante la campaña electoral de las elecciones europeas ninguno de los sondeos publicados logró acertar el resultado final. Por ejemplo, el barómetro preelectoral del CIS pronosticaba una ligera victoria del PP con 20-21 escaños; el PSOE 18-19; IU cinco; UPyD tres y Podemos uno.

Tampoco anduvieron más acertados los sondeos publicados por los medios de comunicación. Por ejemplo, la encuesta de Metroscopia para El País hablaba de un empate entre PP y PSOE con 19 escaños; seis para Izquierda Plural (IU); dos para UPyD y uno para Podemos, que conseguiría un 2,4% de los votos. Sigma Dos predijo para El Mundo que el PP ganaría las elecciones con 20-21 diputados; el PSOE sería segundo con 18-19; le seguiría Izquierda Plural con seis y UPyD con cuatro. Podemos solamente conseguiría el 1,2% de los votos y se quedaría sin representación. Por su parte, el sondeo de GAD3 para ABC pronosticaba otra victoria conservadora con 21-22 escaños para el PP; 17-18 para el PSOE; cinco para Izquierda Plural y tres para UPyD. Podemos conseguiría entre uno y dos con el 3,5% de los votos.  


Así se preveía que iba a ser el resultado:
Encuesta preelectoral del CIS. Gráfico de El País.

Así fue el resultado electoral:
Gráfico del Diario de Navarra.



Al final, el 25 de mayo ninguno de estos pronósticos se cumplió: el PP ganó, pero con solamente 16 escaños; el PSOE fue segundo con 14; Izquierda Plural es tercera fuerza con seis; Podemos es cuarta fuerza política con cinco escaños y UPyD consiguió cuatro. La participación fue baja en comparación con las citas electorales nacionales o municipales, de un 45,84%, pero no tanto como se pronosticó en un principio (se temían hasta cinco puntos menos). Fue incluso un poco superior a las elecciones de 2009, cuando todavía no se daba el actual escenario político ni económico. Es decir, el 25 de mayo de 2014 votó casi el mismo número de personas que hace cinco años, pero entre 2009 y 2014 tanto el PP como el PSOE han perdido más de dos millones de votantes cada uno. ¿A dónde han ido esos votos?

“Si habitualmente en las europeas el voto de centro se suele abstener, en esta ocasión ha sido el votante conservador el que se ha quedado en casa y se ha fragmentado la izquierda”, explica el presidente de la consultora GAD3, Narciso Michavila, en un artículo publicado en ABC tras las elecciones. Es decir, el votante del PP decidió finalmente castigar a su partido quedándose en casa y no depositando un voto protesta a favor del partido surgido con ese fin, Vox, ni eligiendo a otras formaciones a la caza del descontento conservador, como UPyD.

Esta formación consiguió el 6,5% de los votos, bastante más que el 2,85% de 2009 y en concordancia con las estimaciones preelectorales, pero muy por debajo de las expectativas de crecimiento de esta formación, que según los sondeos de intención de voto (para las elecciones nacionales) llegó a superar el 13% el mes de febrero de 2013.

Y en el caso del votante del PSOE desencantado, un número importante ha ido a parar a Izquierda Unida, que ha conseguido triplicar sus resultados con respecto a 2009. Sin embargo, el que podría haber sido un crecimiento todavía más fuerte de esta formación se ha visto frenado por la aparición de Podemos, que en muchos lugares incluso ha logrado superar a IU como fuerza política más votada.

Como por ejemplo en la Comunidad de Madrid, donde ha conseguido el 11,28% de las papeletas frente al 10,51% de IU: En esta región Podemos ha superado a IU en Madrid capital, y en ciudades de más de 100.000 habitantes como Alcobendas, Alcalá de Henares, Getafe, e incluso en su feudo regional de Rivas Vaciamadrid, donde Podemos es la fuerza más votada.


¿Quiénes son los votantes de Podemos?

El doctor en Ciencias Políticas José Fernández-Albertos analiza en un artículo publicado en eldiario.es algunas claves de su éxito electoral, que se podrían resumir en los siguientes puntos:
  •  Logró la activación del votante de izquierdas que en principio iba a la abstención. Esto explicaría que finalmente la abstención no fuera tan elevada como se predijo.
  •  Es un voto de los castigados por la crisis, ya que es mayor en aquellos lugares donde ésta ha golpeado más y menor donde el nivel socioeconómico es mayor y la crisis ha tenido menos incidencia.
  •  Es un voto más joven que el del resto de partidos, es decir, de personas que se sienten menos vinculadas a las formaciones tradicionales.
  •  Es un voto de ex votantes del PSOE y de IU casi a partes iguales.


Es decir, el votante de Podemos sería un votante de izquierdas desencantado con las formaciones clásicas de este espectro ideológico, no solamente con el PSOE sino también con Izquierda Unida, y que no se plantea votar a UPyD a pesar de que esta formación se presenta como la superación del bipartidismo.


Frustración en IU y UPyD

Al final, los partidos minoritarios que aspiran desde 2011 a quebrar el bipartidismo, IU y UPyD, han visto cómo en las elecciones en las que podrían haber conseguido un salto cuantitativo muy importante, éste se ha frustrado por la aparición de Podemos.

UPyD no ha logrado captar más votantes socialistas desencantados de los que ya había conseguido en 2011, ni tampoco ha logrado crecer a expensas del PP. IU incluso ha perdido posiciones en muchas plazas a costa de Podemos, lo que ha impedido a IU sobrepasar su techo del 10%.

Esto explica la frustración que reflejan las declaraciones de Rosa Díez por un lado (“Los partidos populistas han llegado”), y la resignación de Cayo Lara, que, empujado por una parte importante de su partido, ha ofrecido a Podemos “confluir” en sus políticas, cuando tan sólo unos meses antes el propio Lara y la cúpula de Podemos tuvieron un conflicto por las listas de IU al Parlamento Europeo.

En esta reflexión no se trata de analizar las causas del desplome de PP y PSOE (análisis que ya se han producido y se seguirán produciendo en abundancia). Tampoco se busca encontrar las causas de por qué UPyD e IU han sido incapaces de capitalizar esta caída, a pesar de que en los últimos tres años su estrategia era precisamente explotar el gran enfado social con el llamado bipartidismo para lograr más votos.



El objetivo de esta reflexión es plantear una serie de preguntas que todavía esperan respuesta: ¿Consideran los votantes de Podemos que IU y UPyD en el fondo son iguales que PP y PSOE a pesar de su discurso antibipartidista? ¿Han llegado IU y UPyD a su techo electoral? ¿Estamos ante un voto protesta clásico como el que se suele dar en las elecciones europeas?, o el éxito de Podemos ¿es el reflejo de un agotamiento creciente de la legitimidad democrática de los partidos habituales, incluidos IU y UPyD?


Una última pregunta que surge obligatoriamente es si Podemos ha llegado para quedarse y qué repercusiones tendrá en el sistema político español, que el pasado 25 de mayo sufrió el segundo terremoto en lo que llevamos de crisis desde de la aparición del movimiento 15 M en 2011. Esto plantea la cuestión de fondo, y es si la decadencia de PP y PSOE será duradera o no. ¿Ha cambiado para siempre el sistema de partidos español?     

Artículo disponible en el blog Ssociólogos

lunes, 10 de febrero de 2014

“Yo no voté al PP”, un síntoma de cambio en la tendencia electoral

En las elecciones generales de noviembre de 2011 el Partido Popular arrasó con el 44,62% de los votos. Dos años más tarde, según el Barómetro del CIS de enero de 2014, uno de cada cuatro votantes del PP encuestados “no recuerda” haberles votado. Es, sin duda, un síntoma de un cambio en la tendencia electoral.

El 20 de noviembre de 2011 más de 10,8 millones de españoles confiaron su voto al PP y le dieron una mayoría absoluta de 186 diputados en el Congreso, 76 más que el PSOE, que consiguió 6,9 millones de votos en uno de los peores resultados electorales de su historia con un 28,7%.

Dos meses después de las elecciones, en enero de 2012, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicó un barómetro en el que se reflejaba la resaca de la victoria del PP. Un 36,8% de los encuestados opinaba que el país mejoraría ese año y un 43,3% pensaba que el nuevo Gobierno de Rajoy haría las cosas mejor que el anterior gobierno socialista. Eran muy buenos tiempos para el PP y sus votantes miraban el futuro con confianza y estaban satisfechos por haber elegido a la opción ganadora. El barómetro lo reflejaba con un recuerdo de voto al PP del 39,1% entre los encuestados.

Los votantes socialistas, en cambio, estaban desolados. El PSOE había sido desalojado de La Moncloa en medio de un clima de rechazo social a las siglas y a su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. El candidato de 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba, arrastraba ese rechazo como demostraba el barómetro del CIS de enero de 2012, ya que un 74% de los encuestados mostraban ninguna o poca confianza en él. Este clima de desolación afectaba a los votantes y se reflejaba en el barómetro del CIS en que sólo el 23,7% de los votantes recordaban haber elegido al PSOE, cinco puntos menos de los que realmente lo habían hecho.

Sin embargo, dos años después, en el barómetro del CIS de enero de 2014, se refleja una situación completamente distinta con respecto al PP: Rajoy inspira poca o ninguna confianza al 88,1% de los encuestados y, lo más sintomático, sólo el 31,9% recuerda haber votado al PP en 2011. Es decir, casi uno de cada cuatro votantes del PP se ha “olvidado” de lo que había votado en las últimas elecciones generales. En cambio, el porcentaje del recuerdo de voto del PSOE se ha recuperado hasta llegar al 27% y casi corresponde al porcentaje de voto real (28,7%).


La atracción del “carro ganador”

La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, autora del clásico “La espiral del silencio”, observó un fenómeno curioso: un gran número de personas –se calcula que al menos el 5% del total de los electores- prefiere alinearse con el partido que presume que va a vencer sin ninguna otra razón que querer pertenecer al bando ganador, lo que se denomina el “efecto del carro ganador”. Sin embargo, y esto es lo interesante, el deseo de no ser incluido entre los perdedores provoca que otros muchos incluso se suban a él después de las elecciones aunque hayan apostado por los vencidos.

Elisabeth Noelle-Neumann
Noelle-Neumann lo explicaba así: “Si, por una parte, había una tendencia preelectoral reconocible de algunos electores a cambiar su voto en la dirección del ganador previsto, también había, por otra parte, una tendencia postelectoral a que más gente afirmase haber votado por el partido vencedor de lo que indicaran los votos recibidos por éste. Esto podría interpretarse, igual que el “efecto del carro ganador”, como un esfuerzo para estar con los ganadores, en esta ocasión “olvidando” selectivamente haber votado por otro partido”.

Es el caso de los votantes del PSOE que en enero de 2012 habían “olvidado” su voto de tan sólo dos meses antes. Sin embargo, lo curioso es que este mismo fenómeno está ocurriendo dos años después pero entre los votantes del PP.


La evolución del “olvido” del voto al PP


La evolución del “olvido” del voto al PP es paralela al deterioro de su imagen y el aumento de su rechazo social. Los distintos barómetros del CIS así lo atestiguan: si en enero de 2012 recordaban haber votado al PP el 39,1%, en julio de 2012 era el 34%; en octubre de 2012 el 30,8%; en enero de 2013 el 33,8%; en junio de 2013 30,2%; en octubre de 2013 el 29,3; y en enero de 2014 el 31,9%. Una evolución en forma de zigzag que cada vez se va alejando más del resultado real del 44,6% de noviembre de 2011.

En cambio, en el resto de partidos el recuerdo de voto se ha mantenido estable o se ha recuperado. En todo caso, siempre se mantiene cerca de los valores reales de las elecciones de 2011. Por ejemplo, si en enero de 2012 un número importante de votantes del PSOE renegaron públicamente de su decisión, el recuerdo rápidamente se recuperó en el siguiente barómetro de julio de 2012 con un 27%; en octubre de 2012 con un 29,8% (un punto más que el porcentaje real de votos); en enero de 2013 con un 27,7%; en junio de 2013 con una ligera caída hasta el 24,7%; en octubre de 2013 de nuevo con un 27,7%; y en enero de 2014 otra vez con un 27%, un número muy próximo al resultado real de 2011 (28,7%).  

Evolución del recuerdo del voto. Elaboración propia.

Los votantes de Izquierda Unida y de UPyD son fieles en el sentido de que no reniegan y dicen públicamente que han confiado en ellos, ya que el porcentaje de recuerdo de voto de ambos coincide básicamente con los resultados reales (IU 6,92%, y UPyD 4,69%). Sin embargo, y a pesar de los repetidos mensajes en los medios de comunicación sobre el supuesto “fin del bipartidismo” y del auge de estos partidos entre la opinión pública, no suman “recuerdos” de más de personas que pretenden subirse al carro ganador a posteriori, como sugería Noelle-Neumann. De hecho, UPyD, registra una caída importante en el último barómetro de enero de 2014 con respecto a recuerdos de voto anteriores: si en 2012 y 2013 la media del recuerdo era en torno del 4% (en octubre de 2013 del 4,9%), en enero de 2014 sólo era del 3,2%, un punto y medio menos que el resultado electoral del 2011.   

Es decir, en el barómetro el CIS de enero de 2014 y tras dos años de Gobierno del Partido Popular, casi uno de cada cuatro de sus votantes de 2011 se ha “olvidado” que les votó, mientras que los votantes del resto de los partidos de ámbito nacional sí recuerdan su voto. Se trata, sin duda, de un síntoma de que se está produciendo un cambio importante en la tendencia electoral que, de seguir así, podría poner fin a la hegemonía política del PP.


La “espiral del silencio” empieza a afectar al PP

La causa de este olvido es un reflejo de que a la mayoría de las personas no les gusta mostrarse públicamente en el bando perdedor. Noelle-Neumann explicaba que “a diferencia de la elite, la mayor parte de la gente no espera obtener un cargo o poder con la victoria. Se trata de algo más modesto: el deseo de evitar el aislamiento”.

En su teoría de “La espiral del silencio”, la politóloga alemana explicó, a grandes rasgos, que el ser humano siente miedo a verse socialmente aislado y por ello busca adaptarse a la opinión pública imperante en ese momento acercándose y apoyando la opinión que considera más fuerte. Eso da fuerza a los seguidores de esa corriente, que animados por ese apoyo creciente, no dudan en exteriorizar su opción dándole aún más publicidad y sensación de fuerza, lo que a su vez atrae a más personas. Por el otro lado, los seguidores de la corriente identificada como menos fuerte tratan de huir del aislamiento ocultando su preferencia, que va perdiendo así presencia social y se refuerza el rechazo.

En resumen: el miedo al aislamiento es la fuerza que pone en marcha la espiral del silencio”, según Noelle-Neumann

Aplicado al PP, el hecho de que vaya perdiendo apoyos a marchas forzadas en su intención de voto desde su espectacular victoria electoral en 2011, alimenta la percepción social de que es una opción en caída libre. Esta percepción, a su vez, aleja a cada vez más personas y, por lo tanto, alimenta la caída apoyos en las encuestas y en la calle. Es decir, el PP ha entrado en una espiral en la que el rechazo genera rechazo, lo que provoca una percepción muy negativa sobre sus posibilidades de éxito en el futuro.

Y las percepciones son vitales para el éxito político. Como explica Luis Arroyo, autor de “El poder político en escena”:La sensación de victoria posible es un requerimiento mínimo, un precio de entrada, para ganar unas elecciones, de manera que si no existiera efecto real neto de bandwagon (subirse al carro del ganador sin más consideraciones), la generación de un estado de opinión en el que un partido político es percibido como el dominante y ganador se convierte en la obsesión de los líderes”.

En el caso del PP, cada día que pasa se aleja de esa percepción de partido dominante  y, por lo tanto, pierde opciones para ganar las siguientes elecciones.

lunes, 2 de septiembre de 2013

¿ESTÁ TODO DECIDIDO EN ALEMANIA?

En menos de tres semanas se celebrarán elecciones federales en Alemania. Las encuestas dan una victoria segura a la canciller Angela Merkel y a su partido, el conservador CDU, que repetiría coalición de gobierno con los liberales del FDP. Sin embargo, esta “certeza” se basa en una serie de variables que no están del todo claras. ¿Se producirá una unidad de toda la izquierda que podría poner en peligro la hegemonía de la derecha? ¿Conseguirán los socios liberales de Merkel entrar en el parlamento? ¿Han decidido ya los ciudadanos su voto?

Hace un par de semanas, cuando sólo quedaban cinco para la fecha de las elecciones el próximo 22 de septiembre, una encuesta publicada por el canal de televisión público alemán ZDF, y cuyas conclusiones fueron analizadas por el diario Süddeutsche Zeitung, revelaba que a pesar de los presagios y anuncios de la inevitable victoria de Merkel, un 72% de los encuestados se declaraba perfectamente capaz de votar en el último momento a un partido diferente al que había indicado al encuestador. Para añadir mayor incertidumbre, un 63% declaraba no haber decidido aún a quién iba a votar. En una campaña electoral que todos coinciden en señalar como aburrida, temerosa y plana, ¿queda margen para la sorpresa?

Carteles electorales
Todo el mundo cuenta con que va a ganar Angela Merkel. Un 64% de los encuestados arriba mencionados piensan que será así. Los sondeos son tozudos: desde hace meses la intención de voto a la CDU no deja de oscilar entre el 39% y el 42%. Estos resultados convierten a los cristianodemócratas en el partido mejor situado. También Merkel cuenta con la mayor popularidad directa entre los votantes, con un 60% frente a su rival directo, el socialdemócrata Peer Steinbrück, al que solamente prefieren un 31%. El pasado 1 de septiembre se celebró un debate televisado –el único que habrá- entre Merkel y Steinbrück. Según la sentencia de los medios de comunicación alemanes acabó en empate, lo que conviene a Merkel y podría considerarse como una oportunidad perdida para Steinbrück para tratar de remontar su imagen y unos datos bastante malos para alcanzar la cancillería.

El SPD ¿tira la toalla?
La propia dirección socialdemócrata parece que ha tirado la toalla. Aunque la designación de Steinbrück como candidato hace un año sorprendió por la falta de oposición y rivalidades (públicas) en el seno del SPD, hace meses que se ventilan las desavenencias entre el candidato y el secretario general, Sigmar Gabriel. Ambos no se ponen de acuerdo en cuestiones clave y además no dejan de señalizar en público sus diferencias –lo que incluso llevó a la mujer de Steinbrück a quejarse en plena campaña sobre la falta de lealtad de muchos de los compañeros de su marido. La causa es que muchos en el SPD creen que han perdido las elecciones y parece que preparan el camino para el ‘día después’ de las elecciones, sobre todo Gabriel, que no dudará en cubrirse las espaldas del fracaso electoral culpando en solitario a Steinbrück.

Peer Steinbrück.
Las cifras de las encuestas a priori dan combustible a esta actitud, ya que los socialdemócratas también se encuentran encallados desde hace meses en las mismas cifras de intención de voto, que oscilan entre el 21% y el 26%. Son datos muy malos para las aspiraciones del SPD de arrebatarle el gobierno a la derecha y no se alejan demasiado del 23% conseguido en 2009, lo que fue hasta ese momento el peor resultado electoral de la historia de la socialdemocracia alemana desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero en un país cuya representación parlamentaria se divide entre cinco partidos, y en el que es imposible que uno de ellos consiga en solitario la mayoría absoluta, no es matemáticamente necesario arrollar en las urnas para gobernar. Alemania se ha caracterizado desde los años 60 del S.XX en que sus gobiernos siempre han sido de coalición. Por eso las cuentas electorales se hacen sumando los resultados de los diferentes socios y haciendo cábalas sobre posibles alianzas. En el caso de la izquierda, la alianza entre el SPD y los Grüne (verdes) es sólida y ya hizo posible entre 1998 y 2005 un gobierno de izquierdas. Esta alianza sigue viva en 2013 hasta el punto de que el votante sabe que si elije a los Grüne también está votando al SPD, de la misma manera que sabe que si vota al FDP está votando a Merkel y a su CDU, porque los cristianodemócratas y los liberales han creado una alianza que se ha mantenido fiel desde los años 80.

Angela Merkel.
Sin embargo, en el bando de la izquierda los resultados de los Grüne no son suficientes para un cambio de gobierno. Las encuestas les dan una intención de voto que oscila entre el 11% y el 15%. Son unos resultados excelentes comparados con los de las elecciones de 2009, en las que consiguieron el 10,7%. Sin embargo, este partido se ha ido desgastando en los últimos meses. Hace dos años podía contar con un porcentaje de intención de voto del 20%, y llegó incluso a la presidencia del Land de Baden Württemberg, un hito en la historia de este partido que comenzó en los años 80 como una organización heterogénea de movimientos sociales en la que se encontraban los ecologistas, activistas antinucleares y militantes de extrema izquierda. Hoy a los Grüne les votan, sobre todo, profesionales de clase media y funcionarios. Pero no son suficientes para desalojar a Merkel del poder, ya que con el SPD, y en el mejor de los sondeos (de la Forschungsgruppe Wahlen), sólo sumarían el 38% de los votos.

La CDU tendría el 41% de la intención de voto en ese mismo sondeo, y podría redondear el éxito con el 6% de los votos que le corresponderían al FDP. Este resultado de los liberales podría parecer un fracaso si se compara con el 14,6% cosechado en las elecciones de 2009, pero a día de hoy sería todo un éxito. La ley electoral alemana no concede representación parlamentaria a los partidos que no superen el 5% de los votos, y el FDP se ha pasado la gran mayoría de la actual legislatura con una intención de voto de entre el 3,5% y el 5% por una mezcla de desconfianza y sentimiento de traición de sus principales promesas electorales, sobre todo de carácter fiscal. Aún hay algunas encuestas dan a los liberales una intención de voto del 5%, un resultado raspado que no garantiza hoy por hoy su entrada segura en el Bundestag, y esto acercaría a la CDU peligrosamente a la suma de SPD y Grüne (41% frente a 38%).    

Die Linke, la variable impredecible
Hay una variable que, en caso de ausencia del FDP, haría imposible un gobierno en solitario de Merkel: el resultado de Die Linke (La Izquierda). Este partido formado por ex comunistas de la antigua RDA y sindicalistas y ex miembros desencantados del SPD, tiene una intención de voto que oscila entre el 7% y el 10%, según se consulte a una u otra encuesta. En todo caso ese porcentaje sería suficiente para impedir un gobierno en solitario de la CDU y acercaría bastante a SPD y Grüne al poder: con Die Linke, la coalición rojiverde conseguiría hasta un 48% de los votos. Sin embargo, la pregunta sería: ¿es posible una alianza entre Die Linke y los socialdemócratas y los ecologistas?

Tanto SPD como Linke abjuran oficialmente el uno del otro. El SPD ve en este partido su principal competidor por la izquierda y su estrategia a nivel nacional siempre ha sido la de restarle legitimidad y negarle capacidad de gestión. El discurso del SPD es que es “regierungsunfähig”, es decir, “incapaz de gobernar”. Le achacan inmadurez y radicalismo, y siempre miran al pasado para recordar la participación de muchos de los militantes de Die Linke en la antigua RDA, restándole así legitimidad democrática.

Die Linke, por su parte, acusa al SPD de traicionar los valores de la izquierda, y, al igual que hace Izquierda Unida en España, le niega a los socialdemócratas la etiqueta de partido de izquierdas, manteniendo vivo el discurso de los partidos comunistas desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, curiosamente la mayor animadversión surge no de los antiguos cuadros comunistas del este de Alemania, sino de los nuevos militantes de Die Linke del oeste del país. Hace una década este partido se llamaba PDS (Partido del Socialismo Democrático) y su implantación se restringía sólo a los territorios de la antigua RDA. A partir de las elecciones federales de 2005, sin embargo, encontraron en el oeste una fuente importante de aliados entre los sindicalistas y militantes del SPD desencantados con las reformas sociales del entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder. Miles de militantes del SPD, encabezados por el histórico dirigente socialdemócrata Oskar Lafontaine, se dieron de baja y apoyaron al nuevo partido de Die Linke que se fundó oficialmente en junio de 2007.

Gregor Gysi.
Desde entonces los ex miembros del SPD han sido muy beligerantes con sus ex compañeros, una actitud que contrasta con la de Die Linke en el este de Alemania, donde desde hace años ha mantenido una relación cordial con el SPD con el que han mantenido y mantiene coaliciones de gobierno a nivel local y de los Länder (por ejemplo en Brandenburgo, o en su día en Berlín). El histórico líder del PDS y ahora de Die Linke, Gregor Gysi, llegó a ser consejero del gobierno de Berlín. Gysi es partidario de limar asperezas con los socialdemócratas a nivel federal y comenzar a abrir líneas de contacto para una posible colaboración (o incluso coalición) en el Bundestag. Voces del SPD también apoyan esta medida, pero aún hay muchos en ambas organizaciones que recelan de este proyecto de alianza que podría llevar a los partidos de izquierda al poder.

Angela Merkel está tranquila, a priori. Sabe que es muy difícil que Die Linke, por un lado, y SPD y Grüne por otro, se pongan de acuerdo para formar un gobierno. Aún es pronto para que esa colaboración fructifique. Sin embargo, si se da la carambola y finalmente el FDP no supera el 5% de los votos, sí que la izquierda podría sumar suficientes votos negativos a su investidura como para poder evitarla. Es decir, si los liberales no entran, la CDU sacaría en torno al 40% de los votos frente a un 44% - 48% de la suma de Die Linke, Grüne y SPD. Merkel no podría gobernar, pero la izquierda tampoco está en condiciones, hoy por hoy, de proponer un proyecto de gobierno rojo-rojo-verde. ¿Se tendrían que repetir las elecciones?    

La CDU y Merkel han reaccionado y su estrategia es pedir encubiertamente el voto por el FDP. El sistema electoral alemán da dos votos a cada ciudadano: uno por cada lista cerrada que se presenta al Bundestag, y otro para los candidatos directos de cada circunscripción electoral. El plan del CDU es que sus militantes dividan su voto y permitan así a su socio de coalición seguir en el parlamento y mantener la actual coalición de gobierno.

Sin embargo, como ya se expuso anteriormente, más del 60% de los electores aún no han decidido a quién van a votar, lo que hace que las elecciones sean más impredecibles de lo que a más de uno le gustaría reconocer. Por ello, en caso de que aún con la entrada de los liberales la suma para gobernar no sea suficiente, Merkel ya tiene previsto un nuevo plan para evitar la repetición de las elecciones: el retorno a la gran coalición con el SPD, que ya gobernó Alemania entre 2005 y 2009.      



domingo, 30 de junio de 2013

MENOS DE TRES MESES PARA CONOCER EL FUTURO DE MERKEL



En menos de tres meses se celebrarán elecciones federales en Alemania. Los ciudadanos alemanes están ante la posibilidad de poner fin al actual gobierno conservador, o bien pueden alargar una legislatura más el mandato de la canciller Angela Merkel. Tomen la decisión que tomen, será crucial para el futuro de Europa, y observando los datos de las encuestas más recientes, parece que esa decisión será la de la continuidad de la canciller. Sin embargo, no está claro que su política de austeridad pueda continuar. - Publicado en MBC Times.

El próximo 22 de septiembre, es decir en menos de tres meses, se celebrarán las que probablemente sean las elecciones alemanas más importantes de la historia reciente de Europa. 61,8 millones de ciudadanos alemanes de los más de 80 millones de habitantes de Alemania podrán ejercer su derecho al voto para elegir a sus representantes en el Parlamento, el Bundestag. De las mayorías que se conformen de esa votación saldrá el próximo Gobierno de ese país, que se ha convertido en la potencia económica y ahora también política más poderosa e influyente del viejo continente.

La prueba es que centenares de millones de miradas observan cada día el devenir del Gobierno de Berlín y centenares de millones de personas dependen de sus decisiones, ya que su fuerza es fundamental para el funcionamiento de la Unión Europea y por lo tanto de los 27 países que la componen (sobre todo de los 17 que conforman la zona Euro).


Por el momento esas decisiones las impone desde 2009 el Ejecutivo conservador resultante de la coalición de los cristianodemócratas del CDU y los liberales del FDP, un Gobierno no exento de tiranteces y dirigido por Angela Merkel, probablemente hoy en día la mujer que más rechazo despierta entre la población del sur de la Unión Europea debido a su política de austeridad para combatir la crisis financiera y económica. Por ejemplo, en España sólo un 39% de los ciudadanos y en Italia un 36% aprueban su gestión, según datos publicados hace un mes por Pew Research Global Attitudes Project. 

Sin embargo, en Alemania este rechazo no existe. Su gestión al frente del Gobierno cuenta con una aprobación del 57% frente a un rechazo del 41%, según Pew Global. Cuando se pregunta directamente por la propia Merkel los datos son también contundentes: un 74% de los alemanes apoya a su líder.

Merkel, la “buena madre” de Alemania
Durante meses el personaje de la canciller ha conseguido independizarse de sus siglas y actuar más como un símbolo (matriarcal) de la sociedad alemana que como representante de la CDU y de sus valores conservadores. Es decir, Angela Merkel es percibida como una especie de “madre” – una “madre buena” como la denomina el sociólogo Tilman Allert de la Universidad Goethe de Frankfurt- que vela por los intereses de los alemanes más allá de las siglas que representa.


Y esto tiene sus consecuencias también en las encuestas electorales. Preguntados si pudieran votar directamente a Merkel o a su rival (el socialdemócrata Peer Steinbrück) en vez de a una lista electoral, un 57% de los alemanes prefiere directamente a Merkel frente a un 30% que prefiere directamente a Steinbrück. La canciller no sólo arrasa entre los electores de su partido (de los que un 94% dice que será fiel a su líder), sino que consigue que un 21% de simpatizantes socialdemócratas la prefieran a ella antes que a su propio candidato, según datos de Infratest dimap de principios del mes de junio.

Pero este “sí” masivo a la persona de Merkel no significa un apoyo incondicional a su partido. No es lo mismo la valoración que se hace de los partidos que de sus líderes, pero comienza a perfilarse un claro adelanto de los conservadores sobre sus rivales. Por ejemplo, según los últimos datos publicados el 21 y el 23 de junio por los institutos demoscópicos Infratest dimap y Emnid respectivamente, la CDU de Merkel sacaría un resultado del 41%, lejos de la mayoría absoluta, pero bastante mejor que los resultados de las últimas elecciones federales de septiembre de 2009, cuando alcanzó el 33,8% de los votos.

Su socio de gobierno, los liberales del FDP, en cambio, se hunden. Si en 2009 consiguieron un 14,6% de los votos, las encuestas a menos de tres meses de las elecciones no les otorgan más del 4% (Emnid) o del 5% (Infratest dimap). La diferencia de un porciento no es baladí, ya que es la diferencia que la ley electoral alemana establece para tener representación parlamentaria: todos los partidos que consigan menos del 5% no estarán representados. Eso sería un desastre para el FDP, un  partido que siempre ha estado en el Bundestag y ha jugado un papel fundamental en la formación de los gobiernos desde la fundación de la República Federal de Alemania en 1949.

Por lo tanto, y según los últimos pronósticos, la actual coalición de Gobierno CDU y FDP conseguiría como mucho un 46% del total, lejos del 48,4% de 2009 y que sostiene actualmente el Ejecutivo. ¿Corren riesgo de ser expulsados del poder?

La oposición a Merkel se va desinflando
Desde hace meses el peligro que corrían los conservadores alemanes era que, a pesar de la popularidad y la imagen integradora de Merkel, pudieran perder las elecciones al no conseguir la mayoría suficiente en el Bundestag para volver a formar Gobierno. En concreto, la “pata coja” de la actual coalición de Gobierno no es la CDU sino los liberales del FDP, como se ha visto arriba. Su derrumbe puede resultar catastrófico para los conservadores, y durante meses fue así.

Peer Steinbrück
A lo largo de la actual legislatura la derecha ha perdido el gobierno de varios Länder (estados federales) debido a la debilidad de su socio liberal y a caídas de popularidad coyunturales que fueron aprovechadas por el SPD que vio como subía en todas las regiones apoyado por su aliado ecologista de los Verdes. Por ejemplo, en 2012 la derecha perdió el gobierno en el Land de Nordrhein Westfalen (Renania Westfalia), el más poblado de Alemania. También sufrió una derrota en el de Schleswig Holstein y perdió miles de votos en el Sarre, aunque en ese caso firmó una coalición de gobierno con sus rivales socialdemócratas. La última derrota de la CDU se produjo en enero de este año en Niedersachsen (Baja Sajonia), donde perdió, aunque por un solo escaño, ante la coalición rojiverde de SPD y los Verdes (Die Grünen).

Puede que la estrechísima victoria rojiverde en la Baja Sajonia fuera una señal de que las tornas pueden volver a favorecer a los conservadores a medida que se va acercando la fecha decisiva del próximo mes de septiembre. Según los datos de las encuestas arriba mencionados, el SPD sólo conseguiría el 25% de los votos, y los Verdes el 14%. En total un insuficiente 39% que no conseguiría superar el 41% de la CDU de Merkel sin contar los votos del FDP.  
  
En este caso, la parte débil es paradójicamente la mayoritaria. Los socialdemócratas del SPD han ido perdiendo apoyos en los últimos meses, y parece que cada día que pasa les perjudica cada vez más en sus aspiraciones. A finales de 2012 y principios de 2013 el principal partido de la oposición se movía en valores en torno al 30%, todo un éxito y una señal de que el cambio político era posible en Alemania, teniendo en cuenta de que partían de un exiguo 23% conseguido en las elecciones de 2009, el peor resultado de la historia del partido.

El SPD supo reponerse a este descalabro y evitó una guerra civil que hubiera sido muy plausible teniendo en cuenta la cantidad de facciones en su interior y la hostilidad que se mostraban. En vez de atacarse y responsabilizar a sus rivales del desastre electoral, la dirección del SPD hizo piña y mostró unidad, también a la hora de elegir al candidato a canciller. Según los analistas, esta cuestión –la llamada “K-Frage”- podía haber significado el estallido de las hostilidades internas si no se realizaba de manera consensuada. Pero al final no hubo conflictos y el candidato elegido por la dirección es Peer Steinbrück, ex presidente de Renania Westfalia y ex ministro de Finanzas precisamente de Merkel entre 2005 y 2009 durante la gran coalición entre SPD y CDU.

Esta última parte de su currículo es lo que le hace atractivo a ojos de muchos analistas de cara a revivir una gran coalición entre conservadores y progresistas alemanes, siempre claro que los números no permitan un gobierno rojiverde, la coalición que pondría de patitas en la calle a Merkel. Y esa coalición parece ser la favorita para los socialdemócratas, como quedó claro en la escenificación del congreso de los Verdes a finales del pasado mes de abril y que contó con la presencia estelar del secretario general del SPD, Sigmar Gabriel – aunque, y esto es significativo, no con la del candidato Steinbrück.


Los Verdes son la parte de la pareja progresista que mayor estabilidad ofrece. Están sólidamente instalados en el 14%-15% desde hace meses, aunque hace dos años, en la primavera y el verano de 2011 llegaron a contar con datos de intención de voto en torno al 24%-25%. Fue la época de los grandes triunfos, con el SPD todavía hundido y tras la crisis nuclear japonesa de Fukushima que hizo aumentar la popularidad de las opciones ecologistas en todo el mundo. En Alemania Merkel incluso tuvo que dar marcha atrás a su moratoria para el fin de las centrales nucleares, que cerrarán definitivamente en 2022.

Fue una época de triunfos para los Verdes que desembocaron a finales de marzo de 2011 en su histórica victoria en el Land de Baden Württemberg, en la que consiguieron el 24,2% de los votos superando incluso al SPD que consiguió sólo el 23,1%. Ambos sumaron sus esfuerzos que fueron suficientes para hacer doblemente historia: echar por primera vez en la historia de la RFA a la CDU del gobierno de un Land muy conservador y uno de los feudos electorales de la derecha alemana, y la presidencia de los Verdes de un ejecutivo regional. Pero dos años después la ola está volviendo a la dirección contraria.

¿Una mayoría de gobierno insuficiente?      
Tomando los datos de la intención de voto, podría darse un problema de gobernabilidad en Alemania a partir de septiembre. Por un lado, la suma del porcentaje de votos que apostarían por la coalición rojiverde es ahora del 39%, con tendencia a la baja. Por otro lado, la derecha cuenta con un sólido 41% de la CDU de Merkel y con tendencia a subir, aunque junto a su socio liberal hoy sólo sumaría un 46% en caso de que el FDP consiga superar la barrera electoral del 5% para entrar en el Bundestag. Es decir, no existe hoy por hoy una previsión de una mayoría clara en el Parlamento alemán.

El quinto partido con representación en el Bundestag dificulta aún más la ecuación. Die Linke, (“La Izquierda”) es una mezcla de ex comunistas de la antigua RDA con cierta fuerza y tradición política en el este de Alemania, con ex socialdemócratas y sindicalistas del oeste liderados por el ex ministro y líder histórico del SPD Oskar Lafontaine, desencantados con los socialdemócratas y con sus políticas de reformas sociales en la época del canciller Gerhard Schröder (1998-2005).


Die Linke cuenta ahora con 75 escaños en el Bundestag tras recibir el 11,9% de los votos en las elecciones de 2009. Según los sondeos actuales, esta formación está anclada entre el 8% y el 7% de la intención de votos, lo que le proporciona la llave para muchos acontecimientos.

Lo lógico y lo esperado es que voten en contra de una investidura de Merkel. Pero en el caso de la coalición rojiverde. no está clara su actitud. Lo previsible es que nunca entren a formar parte del Gobierno. Como mucho no se opondrían a una investidura de Steinbrück, lo que equivaldría a un gobierno en minoría de SPD y los Verdes siempre a merced de Die Linke.

En el este de Alemania, donde en Die Linke dominan los ex comunistas del PDS, hay casos de coaliciones de gobierno SPD-Die Linke (como en Berlín hasta 2011 o actualmente en Brandenburgo). Pero las pésimas relaciones entre los ex socialdemócratas en las filas de Die Linke y sus antiguos compañeros harían muy difícil una convivencia en el Parlamento, y mucho más complicado mantener un gobierno federal con la actual responsabilidad y poder sobre la Unión Europea. En resumen, es casi imposible que Steinbrück y sus compañeros accedan a formar un Gobierno que necesitaría constantemente el respaldo de un Lafontaine que predica una política anticapitalista en Europa y que ha basado su carrera en los últimos años a atacar a su antiguo partido.

Así, y si los números no cambian, la única salida para formar un gobierno estable sería reeditar la gran coalición entre SPD y CDU, lo que daría una cómoda suma del 66% de apoyos en el Bundestag. Esta opción mantendría a Merkel en el poder. Seguiría siendo la líder, la “buena madre”, aunque el SPD podría controlarla en gran medida.

El SPD está haciendo una campaña electoral con un discurso de izquierdas, consciente del desgaste ideológico que está sufriendo. Steinbrück está tratando de huir de su imagen compatible con una coalición con la derecha –que tanto daño le está provocando a su imahen- e intenta construir un perfil socialdemócrata que le separe de Merkel. Así, en el último congreso del SPD ha abanderado la crítica contra los paraísos fiscales y la política de austeridad de Merkel con respecto a Europa. También ha alertado sobre el coste en la imagen de Alemania de esta política de la derecha alemana.  


Por lo tanto, y esto es algo que importa mucho en España, en caso de que Merkel volviera a ser elegida canciller ¿podría seguir su política de austeridad en Europa? ¿Permitiría el SPD que las cosas sigan igual?