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martes, 24 de septiembre de 2013

LA PARADOJA DEL PODER EN ALEMANIA

El pasado domingo Angela Merkel arrasó en las urnas. Alemania dio un apoyo masivo a su partido y castigó a los demás. Pero no es suficiente para alcanzar el poder. La ley electoral alemana y los caprichos del destino obligan a la gran vencedora a negociar con los perdedores para alcanzar su tan ansiado objetivo. En Alemania el poder está viviendo una paradoja que convierte en poderoso al débil y dependiente al fuerte. Aunque también el débil puede morir de poder.

La unión de cristianodemócratas de la CDU y la CSU (su hermano pequeño bávaro) liderada por Angela Merkel arrasó en Alemania el pasado 22 de septiembre. Fueron los más votados con el resultado más contundente alcanzado por un candidato alemán en los últimos 26 años. Merkel se hizo con el 41,5% de los votos, lo que le ha proporcionado 311 escaños de los 630 que forman el Bundestag en la nueva legislatura. A bastante distancia le siguen el SPD con el 25,7% y 192 diputados; Die Linke con el 8,6% y 64 diputados; y por último los ecologistas de Die Grüne con el 8,4% y 63 diputados. Son los partidos de siempre, los que han estado representados en el parlamento federal alemán en los últimos años, aunque con una excepción: faltan los liberales del FDP.


Este clásico lleva acompañando la vida parlamentaria alemana desde la fundación de la República Federal en 1949, pero en la nueva legislatura no estará. Los liberales no han conseguido superar la barrera electoral del 5% fijada por la ley electoral alemana para estar representado en el Bundestag. El FDP sólo consiguió el 4,8% de los votos, un verdadero desastre que incluso puede poner en peligro la vida de este pequeño partido de notables, al que solamente le queda una mínima representación institucional en el parlamento regional de Sajonia.

Militantes del FDP.
El FDP ha sido víctima de dos circunstancias: el auge inesperado de un pequeño partido antieuropeísta y anti euro que se ha volcado en el discurso contrario a los rescates de las maltrechas economías del sur de Europa, la Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland). Este pequeño partido de nuevo cuño ha logrado el 4,7% de los votos, un resultado similar a los liberales y por lo tanto igualmente insuficiente para entrar en el Bundestag, pero lo justo como para impedir la supervivencia de su rival liberal en el campo conservador.  

Por otro lado, el FDP ha sido literalmente absorbido por la CDU/CSU, sus socios tradicionales de gobierno y con los que ha compartido gran parte de su programa político. La CDU/CSU ha logrado un 7,7% más de votos que en la última cita electoral y claramente ha engordado su éxito a costa de los liberales, que han perdido un 9,8% de los apoyos con respecto a 2009. Merkel se ha tragado a los liberales, pero con un coste estratégico fatal para ella ya que ha perdido a su aliado y ahora le faltan cinco diputados para la mayoría absoluta, diputados que no le habrían faltado si el FDP hubiera conseguido tan sólo un 0,2% más de votos.

Así pues, a pesar de las cifras tan espectaculares y del apoyo masivo en las urnas, Merkel tiene que negociar. ¿Con quién? Sólo quedan dos posibilidades, y las dos son partidos de izquierdas.    

SPD y Die Linke, ¿una colaboración imposible?
En teoría la izquierda formada por SPD, Grüne y Linke podrían impedir un gobierno de Merkel. Entre los tres suman 319 diputados, ocho más que la CDU/CSU. Sin embargo, hoy por hoy resulta imposible un pacto entre ellos. El SPD, el partido más grande e importante de los tres con 192 diputados, ya ha anunciado por activa y por pasiva, incluso antes de las elecciones, que se niega a pactar con Die Linke. Las causas son históricas –por el pasado estalinista de sectores Die Linke en Alemania oriental-, programáticas e incluso personales.

Die Linke, a su vez, ha basado gran parte de su discurso en tratar deslegitimar el discurso social de los socialdemócratas para arrebatar al SPD la hegemonía en la izquierda. Muchos miembros de este pequeño partido de izquierdas son antiguos socialdemócratas desencantados con el SPD que se pasaron de filas y le han jurado odio eterno a su antiguo partido. Entre ellos destaca el ex líder histórico del SPD, Oskar Lafontaine, ahora también retirado de la jefatura de su nuevo partido.

Los líderes de Die Linke.
Hoy por hoy no existe confianza entre ambos partidos a nivel federal, aunque hay voces cada vez más fuertes que abogan por un entendimiento a corto plazo para poder romper la división en la izquierda y poder gobernar en conjunto. Esas voces son especialmente fuertes en el este alemán, donde dominan en Die Linke la antigua PDS, los herederos directos del partido comunista de la antigua RDA. Curiosamente son precisamente estos sectores los más pragmáticos y los más dispuestos a colaborar con el SPD, que a su vez está más dispuesta a contar con los ex comunistas en la parte oriental del país. De hecho, ambos partidos han colaborado activamente en los últimos años al gobernar en coalición en varios Länder del este, como Brandemburgo, Sajonia-Anhalt, Mecklemburgo o la misma capital, Berlín.

Para poder trasladar este modelo de colaboración al resto del territorio federal hace falta tiempo hasta que se desmonten los prejuicios y desconfianzas mutuas. Pero puede que a corto plazo se avance en ese sentido gracias a los acontecimientos que pueden ocurrir en el Land de Hesse, el territorio en el que se ubica el Banco Central Europeo en Frankfurt. Las elecciones en ese Land se celebraron también el pasado 22 de septiembre y allí la victoria fue claramente para la izquierda, siempre y cuando los tres partidos estén de acuerdo en negociar. Y parece que lo están. Sería un precedente muy importante para futuras colaboraciones entre SPD, Grüne y Die Linke. Pero, por el momento, se descarta a nivel federal.

Por lo tanto, al fallar una coalición con Die Linke, al SPD y a Die Grüne le faltan 57 diputados para superar a CDU/CSU. Así pues, el futuro gobierno alemán estará presidido forzosamente por Merkel.

Merkel y los ecologistas, ¿una asociación prohibida?
La pelota está en el tejado de la canciller. Los medios alemanes especulan desde hace meses con una posible coalición entre la CDU y Die Grünen. Dicen que los ecologistas se han moderado en los últimos años y que su base electoral es perfectamente compatible con los valores defendidos por Merkel. Se trata de profesionales liberales de clase media, funcionarios, etc., con un nivel de renta medio –alto. Die Grüne ha ido dejando atrás su discurso asambleario y hasta cierto punto ácrata y se ha centrado en la ecología y la justicia social. Este paso le ha acercado a la órbita del SPD, con el que ya ha compartido coalición de gobierno entre 1998 y 2005 y con quien colabora asiduamente a nivel regional y local.

Los líderes de Die Grüne.
La CDU, por su parte, está llevando a cabo en Alemania la política social que prohíbe a otros países de la zona euro. Merkel está lejos de parecer la enterradora del estado del bienestar, ya que de eso se encargó el ex canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, lo que explica en parte los fracasos electorales del SPD y su falta de credibilidad como partido socialdemócrata. También con respecto a la defensa del medio ambiente la derecha alemana ha avanzado hacia posiciones ecologistas. Por ejemplo, tras el desastre de Fukishima en enero de 2011, Merkel decidió retomar (forzosamente) la salida de Alemania de la energía nuclear, uno de los puntos centrales del programa de Die Grüne.

Sin embargo, aunque a nivel programático ecologistas y democratacristianos no están ya en las antípodas, ambas bases sí se consideran incompatibles. Una coalición tendría que ser refrenada en Die Grüne por una asamblea de militantes y en la CDU por su dirección federal, y en ambos casos el rechazo es más fuerte que la atracción.

Es muy pronto para hablar de un pacto o futuro pacto entre CDU y Grüne, pero el tiempo dirá si esa colaboración es imposible. Depende del papel que jugará Die Grüne en el futuro en el sistema de partidos alemán, si girará a la izquierda tratando de alcanzar la hegemonía en ese sector, o si en cambio se conformará con ser un partido pequeño y por lo tanto abierto a pactos con los grandes. Y para eso es fundamental conocer qué hará el SPD.

La elección de Merkel, ¿vuelta a la gran coalición?
Ante sus escasas opciones, Angela Merkel no esconde su preferencia por un pacto con sus rivales socialdemócratas. Para ello esgrime dos argumentos: sería el escenario de mayor estabilidad política posible, ya que implicaría a una suma impresionante de 503 diputados de un total de 630. La oposición se reduciría a 127 diputados de Grüne y Die Linke, y el rodillo CDU y SPD sería imbatible. Esto daría estabilidad al Gobierno, sobre todo de cara a las futuras decisiones imprescindibles en el escenario europeo.

El segundo argumento es que la gran coalición ya existió entre 2005 y 2009 con unos resultados bastante aceptables en términos de estabilidad. Se agotó la legislatura y, aunque ambos partidos son rivales naturales, no trataron de boicotearse mutuamente. Es decir, la colaboración ha demostrado ser posible.    

Ahora bien, el escenario de hoy es muy diferente al de 2005. Entonces Merkel era la aspirante a canciller y el SPD terminaba una etapa de siete años en el poder en los que realizó la dolorosa reforma del estado social que le valió el rechazó de amplios sectores de la izquierda. Ambos partidos consiguieron resultados electorales muy altos fruto de una campaña bipolarizada de confrontación sin cuartel y tras la cual el SPD pudo remontar milagrosamente. En ese momento no había mayorías claras y la única salida a unas nuevas elecciones era el pacto basado en la práctica igualdad entre los rivales.

Hoy a Merkel sólo le interesan 5 de los 192 diputados del SPD. Los socialdemócratas no tienen una base negociadora fuerte y convincente desde la que poder exigir demasiadas concesiones a la canciller. Y en este caso esas concesiones son importantes para la credibilidad del SPD.

El poder, una tentación mortal para el SPD
En 2009 el SPD cosechó su peor resultado electoral de la historia con el 23%, sólo un poco peor que el 25,7% del pasado 22 de septiembre. Entonces se achacó el desastre a que la colaboración con Merkel había quemado al SPD y su imagen de izquierdas. Los votantes no se creían sus mensajes socialdemócratas y prefirieron votar a otras formaciones de izquierdas, como Die Grünen y Die Linke, que en ambos casos superaron el 10% de los votos. Es decir, el SPD perdió su credibilidad durante su colaboración con Merkel.

Desde entonces los socialdemócratas tratan de recuperar su imagen y diseñaron la campaña basándose en la recuperación del discurso por la justicia social y contra la precariedad laboral. Uno de los argumentos fundamentales del SPD es la creación de un salario mínimo, una medida que pondría freno a los minijobs que ya afectan al 22% del mercado laboral alemán. Si los socialdemócratas pactan con Merkel, por ejemplo tendrán que conseguir que esta medida se haga realidad para no quemar su último cartucho ante su electorado. Sin embargo, Merkel se ha negado repetida y vehementemente a aplicar un salario mínimo, porque pondría en peligro el secreto del éxito de la economía alemana basado en la reducción de los costes de producción y en aumentar la competitividad empresarial a base de bajar salarios de los trabajadores. Y además, al SPD le falta fuerza como para imponer esa medida a una canciller triunfante.

Por otro lado, la dirección del SPD es muy sensible a la llamada a la responsabilidad (Verantwortung) de Merkel para lograr la estabilidad política. ¿El partido o el país?, ese es el dilema actual de los líderes del SPD que temen enfrentarse a la acusación de poner en peligro la estabilidad de Alemania por un cálculo partidista. Pero por otro lado, en caso de aceptar el abrazo de la canciller, se enfrentarían a una enorme resistencia interna por parte de las bases e importantes sectores socialdemócratas que se niegan en redondo que su partido sea absorbido por su rival de la CDU, lo que tendría seguramente consecuencias desastrosas en el futuro de cara a los votantes.

Los líderes del SPD, Steinbrück y Gabriel.
Hay argumentos entre los socialdemócratas para negarse a la gran coalición. Ahora mismo el SPD es el principal partido de la oposición. Es el único de los tres partidos progresistas que ha sumado votos (pocos) con respecto a las elecciones de 2009 y su posición en el espectro electoral de la izquierda se ha visto mínimamente fortalecida. Las aspiraciones de Grüne y Die Linke de superar electoralmente al SPD se han visto truncadas, y este sería el momento para los socialdemócratas de aprovechar esta legislatura en la oposición para consolidar su hegemonía en la izquierda. Esa hegemonía se vería reforzada probablemente con una Linke dispuesta a trabajar en un futuro no muy lejano junto a SPD y Grüne. La izquierda alemana unida podría tratar de batir así en 2017 a una Angela Merkel seguramente bastante desgastada tras gobernar en solitario y sin socio al que absorber. Hay que recordar que la suma de esos tres partidos ya sería suficiente hoy para desbancar a la canciller.

Además, si el SPD aceptase la gran coalición, estaría dando en bandeja a Merkel la mayoría que necesita para gobernar, lo que sería un golpe para los votantes socialdemócratas que votaron al SPD precisamente para evitar eso. También daría en bandeja la oportunidad a Grüne y Die Linke de ser los únicos partidos de la oposición y repartirse definitivamente al electorado de izquierdas alemán. Si el SPD no consiguiera imponer su programa social a su poderosísima socia se quedaría deslegitimado, solo y sin credibilidad, lo que sería seguramente su fin a no tan largo plazo. Una circunstancia que, con toda seguridad, no estaría mal vista por Merkel y la CDU.

Por otro lado, si el SPD no acepta participar en la gran coalición se le acusaría de falta de responsabilidad y de partidismo, sería señalado como el responsable de que Alemania no tuviera un gobierno estable mientras necesita liderar a Europa en la crisis. Eso alejaría al votante de centro de los socialdemócratas, lo que podría aislar al SPD en el electorado únicamente de izquierdas, un espectro que, además, tendría que compartir con Die Linke y Grüne, absolutamente insuficiente para ganar las elecciones en el futuro. En definitiva, los líderes del SPD se enfrentan a una decisión muy delicada.

El poder en Alemania está viviendo una gran paradoja: por un lado Merkel necesita de la izquierda para poder gobernar con la derecha. Por el otro el SPD está tentado de volver al poder a pesar de sus míseros resultados, aunque esa tentación seguramente acabaría por matarlo si no toma la decisión correcta. ¿Y cuál es esa decisión?


martes, 17 de septiembre de 2013

ELECCIONES EN ALEMANIA, EMPIEZA LA CUENTA ATRÁS

El próximo domingo Alemania vota. Hasta ahora la actual canciller Angela Merkel ha contado con una cómoda ventaja en las encuestas, pero por cada día que pasa su posición dominante no deja de menguar. Empieza la cuenta atrás. ¿Quién ganará? ¿Qué escenarios políticos se abren? ¿Qué pasará con Europa? ¿Qué quieren los alemanes? Aquí propongo algunas claves.

Los medios de comunicación alemanes son unánimes al calificar la campaña electoral de intrascendente e incluso de previsible y aburrida. Al menos hasta hace dos semanas, cuando Peer Steinbrück, el candidato socialdemócrata y aspirante a derrotar a Angela Merkel, hizo una actuación más que notable en el único debate televisado entre ambos, y después del cual se han ido recortando las distancias que comenzaron por ser casi abismales. Y es que hay razones para Merkel para no bajar la guardia.

En Alemania no hay crisis económica y los temas de la campaña electoral son los clásicos que enfrentan a la derecha y a la izquierda: crecimiento económico frente a protección social y medioambiental. Pero la crisis sí está presente, inconscientemente y siempre amenazando como una espada de Damocles. Los alemanes ya no viven tan bien como antes. Es la cuarta economía mundial, pero la precariedad laboral ya afecta al 22% y los recortes en los sistemas de la seguridad social y en la prestación de seguro de desempleo son una realidad palpable. Con una tasa de paro de sólo el 5,3% ahora la inmensa mayoría tiene un empleo que le proporciona ingresos, pero ¿qué pasaría si la crisis llega a Alemania y los trabajadores se encuentran desprotegidos y con una red social recortada? Esa es la gran baza discursiva de la izquierda, que se centra en las injusticias sociales y el recorte del estado del bienestar, mientras que la derecha confía en que la economía alemana resistirá a largo plazo.


¿Quién ganará?
En política nunca se debería dar nada por sentado. Es cierto que en Alemania la tendencia en los últimos meses ha sido la de una hegemonía prácticamente monolítica de Angela Merkel en las encuestas. Sin embargo, en los últimos días hay estudios que comienzan a romper esa imagen. Por ejemplo, el SPD de Steinbrück ha subido en intención de voto. Es cierto que el 28% del SPD es bastante inferior al 40% de la CDU, el partido de Merkel, sin embargo en Alemania los gobiernos se hacen con coaliciones, y en los últimos días las diferencias entre las dos grandes coaliciones está menguando. Al final, si la suma de los tres partidos de izquierda (SPD, Verdes y Linke) supera a la de la derecha (CDU y FDP), Merkel puede tener problemas, y hoy la izquierda tiene un 46% mientras que la derecha un 45% según una encuesta de la televisión pública alemana ARD.  


¿Qué coaliciones políticas son posibles?
Merkel desea fervientemente mantenerse en el poder junto a sus socios actuales del FDP. Son los socios naturales de la CDU desde los años 80 y comparten la inmensa mayoría de su discurso económico y político. De hecho, la propia FDP ha enfocado su campaña electoral en la movilización de los votantes de la CDU en su favor atizando el miedo a una posible coalición de izquierdas. Necesitan superar la barrera electoral del 5% de los votos para poder tener representación parlamentaria y entrar así en el Gobierno. Por el momento eso no está claro, ya que el FDP no consigue remontar desde hace meses precisamente del 5% en las encuestas de intención de voto, lo que supone un margen muy estrecho para el día de las elecciones en el que todo puede pasar, incluso no llegar a ese 5%. En ese caso Merkel tendría un grave problema ya que podría ser superada por la coalición de izquierdas.

Para que la izquierda gobierne Alemania hoy por hoy necesitaría contar con Die Linke, un partido que se escapa de la tradicional colaboración entre SPD y Verdes. De hecho, es la heredera de los comunistas de la antigua República Democrática Alemana y se fundó con la unión éstos con socialdemócratas y sindicalistas desencantados como una oposición izquierdista a las reformas que el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder efectuó en el mercado laboral durante la primera mitad de la década de 2000. Es decir, es una organización en muchos sentidos enfrentada a los socialdemócratas, que tampoco se fían de ellos. No está claro que pueda existir un entendimiento entre ambas partes y menos para formar el gobierno que dirigirá Europa, y no está claro que Steinbrück quiera firmar una hipoteca con este partido, aunque sería su única oportunidad para ser canciller.

Sin embargo, existiría una oportunidad para el SPD de entrar en el Gobierno, aunque sin su candidato a la cabeza: reeditando la gran coalición con Merkel, un gobierno CDU y SPD como el que ya gobernó entre 2005 y 2009. Merkel vería esta solución como un mal menor ya que ella seguiría siendo canciller y el SPD a largo plazo acabaría completamente desacreditado como opción de izquierdas. Los socialdemócratas perderían toda su credibilidad al pactar de nuevo con una CDU a la que responsabilizan de la injusticia social en Alemania. Ya en las elecciones de 2009 la participación del SPD en la gran coalición fue castigada con un 23% de los votos, el peor resultado de su historia, y eso podría repetirse en 2017 si vuelven a pactar.

Sin embargo, existen otras posibilidades más exóticas, como entre CDU y los Verdes. Muchos autores apuntan a una posible colaboración entre ambos, que no estaría mal vista por Merkel, pero que sigue siendo rechazada masivamente en el seno de los Verdes. Es muy poco probable, por ahora. 


¿Por qué ha paralizado Merkel la política europea?
El miedo de Merkel a actuar en Europa de manera que pueda perjudicar a su campaña es evidente. Ella ha utilizado el relato de que “Alemania es el país responsable que hace los deberes y paga sus facturas a tiempo frente a los demás países menos serios, sobre todo los del sur, que engañan en las cuentas y viven del dinero del contribuyente alemán”. Ese es el discurso con el que justifica su política de austeridad. Sin embargo, la realidad es que Alemania es el país más fuerte de la UE y eso le convierte de facto en su líder. Ese liderazgo implica tomar medidas y realizar compromisos para combatir la crisis, o mejor dicho, para limitar sus consecuencias. Y eso a su vez cuesta dinero que solamente puede salir del contribuyente alemán.

Actuar en Europa contra la crisis supondría así una grave contradicción para Merkel, por lo que prefiere no hacer nada. Un ejemplo de los riesgos que corre es la metedura de pata (¿involuntaria?) de su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, que anunció públicamente la necesidad de un nuevo rescate a Grecia, fundamentalmente con dinero alemán. Esto abrió una profunda crisis de credibilidad en el Gobierno en plena campaña electoral.


¿Qué puede esperar Europa si gana la izquierda?
Por otro lado, en caso de ganar una coalición de izquierdas deberían cambiar los parámetros utilizados para combatir la crisis en Europa. Al menos ese es el compromiso electoral de SPD, que asegura que pondrá fin a la política de austeridad de Merkel. En concreto, Steinbrück ha afirmado textualmente que “la superación de la crisis europea va a costar dinero. Y será así: a Alemania solamente le irá bien si la va bien a nuestros vecinos”. El SPD se presenta frente a Merkel como la opción de la justicia social. Eso incluye también la relación de Alemania con el resto de Europa, aunque el discurso del contribuyente agraviado es demasiado poderoso y popular como para rechazarlo sin esperar un importante desgaste e impopularidad.

Sin embargo, no olvidemos que, hoy por hoy, Steinbrück sólo pude ser canciller si le apoya el partido de izquierda Die Linke, que se caracteriza por su crítica directa y brutal contra el sistema financiero y el origen de la crisis. Steinbrück tendría que cambiar las reglas del juego en Europa aunque sólo fuera porque sus socios minoritarios se lo exigirían para mantener su Gobierno. Se abriría así una nueva fase en Europa que implicaría no sólo cambios en la lucha contra la crisis sino en el propio diseño de la UE. Por lo tanto, la reacción del resto de estados europeos a una derrota de Merkel sería, seguramente, de expectativa y de incertidumbre. La pregunta sería ¿y ahora qué? A ello se añadirían los correspondientes castigos en las bolsas al nuevo gobierno de izquierdas y ataques desde los mercados, que no aceptarían tranquilamente un cambio de las reglas que les perjudicaría claramente.

En resumen, en caso de ganar, Steinbrück tendría un problema grave: por un lado una izquierda que sostendría su gobierno y que le exigiría actuar contra la impunidad del poder financiero y cambiar las relaciones alemanas con sus vecinos, y una población mayoritaria que no estaría dispuesta a cargar con los costes económicos que supondría reconstruir la economía europea sin compensación, y sobre todo un poder financiero que no aceptaría cambios en sus privilegios.      


¿Seguirá imponiendo Alemania su política de austeridad a Europa?
Depende de si Merkel es reelegida y de cómo los sea. Si la combinación CDU y FDP logra una victoria clara, será interpretada como la confirmación de la actual política de austeridad y de mano firme, por lo que Merkel seguirá aplicándola. Si Merkel necesita pactar con otros para gobernar tendrá que adaptar las líneas maestras de su política europea a las necesidades del pacto de Gobierno, y si pierde, la credibilidad del nuevo Ejecutivo dependerá de que sea capaz de marcar un ritmo y una política diferentes. Al final todos son esclavos de sus discursos. Si gana la coalición actual de gobierno, Europa tendrá más austeridad y más condiciones draconianas para los rescates. A Merkel se lo impone su discurso muy popular de madre protectora de los intereses de los contribuyentes alemanes frente a los irresponsables y manirrotos del sur de europa. Si no lo hiciera, perdería su credibilidad y con ello a la larga el poder.

En caso de un cambio de Gobierno hacia la izquierda, Steinbrück tendría que buscar un elemento diferenciador y cambiar la política alemana con respecto a Merkel. ¿Supone eso que adoptaría un discurso de defensa del interés europeo común, aunque sea a costa de rescatar otras economías a fondo perdido? Eso cambiaría radicalmente la imagen de Alemania en el exterior, pero a costa de un desgaste político interno desaconsejable. ¿Y una gran coalición? Sería el escenario más complicado, ya que ambos polos opuestos tendrían que cooperar y encontrar un punto en común en el que ambas partes tendrían que ceder. La lucha por ver quién cede menos sería atroz.


¿Cuál es la relación de Alemania con Europa?
Alemania está absolutamente enraizada en Europa, por lo que su crecimiento está totalmente supeditado al crecimiento de Europa. Así pues, Alemania crecerá en la medida en que lo haga Europa como bloque económico y político. Alemania necesita el euro y necesita el inmenso territorio de libre mercado para sus exportaciones. Sin embargo, el discurso populista de Merkel de la austeridad y de la defensa del dinero del contribuyente alemán es nacionalista y atenta directamente contra el principio básico de la interdependencia Alemania-Europa.

Merkel justifica su política dando lecciones a los demás. Dice que la economía de Alemania va bien porque realizó una serie de reformas en su sistema de la seguridad social y en el mercado laboral que han permitido a sus empresas rebajar los costes de producción y ganar en competitividad. Sin embargo, lo que no dice es que eso se ha hecho a costa del nivel adquisitivo de los trabajadores, un proceso que, por otra parte, se está realizando ahora en el sur de Europa de manera traumática.

Esta rebaja del coste de producción basado en la moderación salarial ha permitido a las empresas alemanas mantener su competitividad en un escenario internacional en el que las economías de los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) presentan cifras espectaculares de crecimiento económico. Pero sobre todo, ha permitido a Alemania mantener unas cifras de exportación y una balanza comercial con muy buenos resultados.


Sin embargo, las ventajas sólo son a corto y medio plazo, ya que  los terribles costes sociales en forma de trabajos muy mal remunerados (minijobs) e insuficientes para cubrir las necesidades de cada vez más trabajadores, en realidad están creando un escenario en el que estos trabajadores se están quedando desprotegidos frente a la próxima crisis que tarde o temprano llegará a Alemania cuando no sea capaz de mantener sus cifras de exportación y su balanza comercial por sí misma.

Por lo tanto, tarde o temprano dejará su camino en solitario y necesitará a Europa para crecer y protegerse, y evitar así un derrumbe de su sociedad. Y entonces la cuestión será: ¿el crecimiento alemán será europeo? O por el contrario ¿el crecimiento europeo será alemán? Cuando Alemania necesite a la UE para seguir siendo una potencia, entonces es cuando realmente se abrirá un debate sobre el poder en Europa, ya que ahora Alemania está actuando por su cuenta.


¿Qué esperan los alemanes?
En general los alemanes son muy conservadores. Esperan estabilidad política y bienestar económico. Los gobiernos se caracterizan por sus largos años de existencia. La República Federal de Alemania tiene 64 años, 30 de los cuales fueron gobernados por sólo dos cancilleres: Adenauer (1949-1963) y Kohl (1982-1998). Son dos ejemplos de la cultura de la estabilidad, que hizo también posible la gran coalición SPD y CDU entre 2005 y 2009 para evitar una nueva cita electoral cuando no hubo posibilidad de crear gobiernos de otra manera. Por eso a partir de septiembre los alemanes exigirán mantener esa estabilidad, lo que hace que no se deba descartar una nueva gran coalición teniendo en cuenta las actuales previsiones de resultados que impiden una hegemonía clara para alguno de los dos grandes polos políticos.

Esa estabilidad política tiene que venir acompañada de la continuidad de los buenos datos económicos. Aunque de manera general ha bajado el nivel salarial y ha aumentado la precariedad, es cierto que la actual tasa del paro del 5,3% es prácticamente pleno empleo, lo que crea confianza a una población que vive con la conciencia de que la economía de Alemania va bien y que tienen trabajo, mientras están rodeados de países en los que la economía va mal y el paro es altísimo. Esto da una sensación de privilegio y también de temor de que la crisis se pueda contagiar a Alemania. Aquí es donde el discurso maternal y protector de Merkel ha conseguido una aceptación altísima, ya que está diciendo a los alemanes que están haciendo bien las cosas y que por eso no pagarán las consecuencias.


Esta es la razón por la que la o el canciller que gobernará Alemania entre 2013 y 2017 tendrá muy difícil apartarse de este discurso si no quiere sufrir las consecuencias de una enorme impopularidad. Es decir, los alemanes esperan que el próximo mandatario alemán ofrezca estabilidad y garantice el bienestar, aunque sea a costa de todo lo demás.   

domingo, 8 de septiembre de 2013

ALEMANIA, UNA CAMPAÑA ELECTORAL CLÁSICA - Los vídeos electorales de las elecciones alemanas

El próximo 22 de septiembre se celebran las elecciones al parlamento alemán, el Bundestag. Alemania es el país más fuerte económicamente de Europa y la crisis no la está azotando a diferencia de sus vecinos del sur. Sin embargo, los alemanes son totalmente conscientes de su existencia y por eso los partidos políticos han puesto a la crisis en el centro de sus mensajes, ya sea directa o indirectamente. La consecuencia es una campaña electoral clásica, con la economía como el principal eje discursivo. Básicamente, la coalición de gobierno CDU y FDP saca pecho por la situación económica alemana y apuesta por seguir igual que hasta ahora, mientras que la izquierda de SPD, Grüne y Linke pone el acento en el incremento de las desigualdades sociales y apuestan por un discurso basado en más justicia social. Es, en definitiva, una campaña electoral clásica entre los discursos de derecha e izquierda, lo que queda perfectamente reflejado en sus vídeos electorales.



A continuación ofrezco un breve repaso de los principales vídeos electorales de los partidos políticos con representación parlamentaria en el Bundestag:   


CDU: todo gira en torno a Angela Merkel

La campaña electoral del partido gobernante, los cristianodemócratas conservadores de la CDU, gira en torno a su candidata, la canciller Angela Merkel. Ella es el pilar fundamental de la campaña porque sus estrategas son conscientes de que ha conseguido unos valores de popularidad personales muy altos con un 59% de simpatía entre el electorado, según los últimos datos del Politbarometer de la cadena de TV pública ZDF, que son 18 puntos más que el porcentaje de intención de voto que las encuestas dan a su partido, un 40% - 41%.

Las esperanzas de la CDU se basan pues en la credibilidad de la imagen de Merkel, que tras dos legislaturas en la cancillería ha logrado crear una imagen protectora y maternalista. Ella es la madre, la "Mutti", de Alemania, y en su campaña aboga porque el elector siga confiando en ella. Como aval presenta la actual situación económica alemana, que presenta como "sólida", "segura" y "predecible", todo ello clásicos valores del discurso conservador. 

El vídeo electoral es un reflejo claro de ese mensaje. En el minuto y medio de duración del spot la única imagen es la de una Angela Merkel vestida de rojo que recibe a la cámara en una sala sin decoración que distraiga la mirada del espectador y sentada en un sofá, relajada, proyectando tranquilidad por la buena conciencia de su gestión. En su discurso, repite la clave de su campaña: seguridad y confianza. Ella es la madre que guía a la nación en aguas turbulentas. Por eso contrasta la situación económica de Alemania con la de otros países de su entorno y aconseja que no se busquen cambios a un camino que está demostrando ser exitoso. 

Merkel alude a los típicos elementos clave del discurso conservador: nada de subida de impuestos, economía saneada, el éxito individual gracias al trabajo duro. Pero también desliza parte del discurso de sus adversarios al defender la igualdad de oportunidades y la justicia social. El vídeo finaliza con un plano de Merkel sonriendo y mirando confiada al futuro, desprendiendo seguridad y calidez, fiel a su papel de madre protectora.   

El eslogan de campaña, "juntos lo conseguiremos" (gemeinsam schaffen wir es) evoca a esa imagen de gran familia unida que sería Alemania, y de su madre protectora y solvente que le guía por un mundo imprevisible y turbulento.

Es, en definitiva, la clásica campaña conservadora que la CDU ya utilizó en Alemania en los años 50 cuando su líder era Konrad Adenauer, que al igual que Merkel hoy, se presentaba como una figura paternalista y protectora. El eslogan de la CDU de entonces era "Ningún experimento" (Keine Experimente), que perfectamente podría aplicarse a la de ahora.


SPD: el ciudadano en el centro y retorno a la denuncia social

Los socialdemócratas del SPD son los aspirantes a desbancar al actual gobierno conservador. No lo tienen fácil a tenor de los datos de los sondeos, según los cuales su candidato Peer Steinbrück sólo cuenta con la simpatía directa del 30% de los electores, mientras que su partido sólo conseguiría el 26% de los votos. 

Los socialdemócratas saben que no pueden derrotar a los conservadores en solitario, por lo que desde el principio han apostado por una coalición progresista con los Grünen (Verdes). Esto obliga a un discurso de claro contenido social que los diferencie de su principal rival, tratando de desmontar el discurso de Merkel y de romper su imagen de madre protectora.

Así es como el SPD ataca el mensaje de la CDU afirmando que en Alemania la economía no va bien para la mayoría de sus ciudadanos, que las diferencias sociales han aumentado y que es necesario gestionar la riqueza de la economía alemana con criterios de justicia social. Es un discurso claramente socialdemócrata y de oposición, de ataque a su rival.  




El elemento central del vídeo del SPD es un atril con el lema de campaña “El NOSOTROS decide” (das WIR entscheidet). En el minuto y 20 segundos de duración aparecen hasta trece personas de diferente tipo: hombres y mujeres de todos los tramos de edad y oficios que representan al ciudadano medio y cuentan sus problemas. Estos abarcan la clásica denuncia social de la izquierda: los sueldos miserables, los minijobs, la necesidad de un salario mínimo, la ayuda estatal a los bancos a costa del contribuyente, la falta de inversión en servicios sociales, la falta de plazas de guardería para conciliar vida familiar y laboral, el auge de la sanidad privada y las dificultades económicas de los jubilados. Al final aparece el candidato Peer Steinbrück subido al mismo atril explicando que se compromete a que esas quejas sean escuchadas y con la promesa de una Alemania más justa en los social. 

El contraste con la campaña de Merkel no puede ser mayor. El hecho de que Steinbrück solamente sea visible durante 10 segundos de los 80 que dura el vídeo es un reflejo de la falta de confianza que inspira entre los electores, y la razón por la que los estrategas de campaña hayan apostado claramente por un discurso de contenidos y no de imagen del candidato. Eso explica también el lema de campaña, que subraya en mayúsculas la palabra NOSOTROS (WIR) tratando de conectar a las siglas y al candidato con la sociedad, contrastando esta cercanía con la actitud de superioridad de Merkel. 

El SPD se presenta como el representante del pueblo y por lo tanto como su mejor defensor, apostando por una campaña de clásico perfil socialdemócrata tratando de recuperar así una credibilidad en el discurso social que había perdido desde las reformas del último canciller socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005). 


Die Grünen: una clásica campaña de valores progresistas


Die Grünen apuestan por una campaña basada en el discurso progresista clásico. Las encuestas les dan en torno al 11% y 12% de la intención de voto, por lo que en el mejor de los casos sólo podrían acceder al Gobierno mediante una coalición con el SPD. Esto les convierte de facto en los socios menores de los socialdemócratas, realidad que no sólo no esconden para tratar de evitar el voto útil, sino que anuncian abiertamente, como por ejemplo en su web.

Die Grünen pueden presentarse como un complemento al SPD porque cuentan con un voto diferenciado al de los socialdemócratas, aunque sorprendentemente el contenido de su discurso es prácticamente calcado. Es decir, Die Grünen y SPD dicen lo mismo, pero les votan diferentes grupos sociales.


El vídeo electoral de Die Grünen es un clásico ejemplo de campaña de contenidos progresistas y ecologistas. Para empezar, lo presentan sus dos cabezas de lista, un hombre (Jürgen Trittin) y una mujer (Katrin Göring-Eckardt) en un claro mensaje de apoyo a la igualdad. El siguiente elemento identificador es una gran pastilla redonda y verde (el color corporativo) con el lema de campaña "¿Y tú?" (Und Du?), todo un desafío a las estrictas reglas de cortesía alemanas en las que lo habitual es dirigirse de usted a las personas desconocidas y en las que tutearse significa reconocer que se ha alcanzado un grado muy elevado de intimidad. 

Esa es la estrategia de Die Grünen, el mensaje directo e íntimo al espectador que ve el vídeo, lo que, por otra parte sólo tiene efecto si se trata de un votante confeso de esta formación o de una persona susceptible de convertirse en ello. Es decir, no es un mensaje apto para una gran masa de votantes, se trata más bien de movilizar a su propio electorado y a sus simpatizantes.

Y para ello utiliza un discurso de contenido claramente progresista. En el vídeo los candidatos empujan la pastilla verde que, acompañada de una música optimista, va rodando por diferentes escenarios en los que se van explicando las propuestas: más plazas de escuela infantil, apuesta por la energía renovable, políticas de apoyo a las familias y a los mayores y apoyo a una agricultura ecológica. 

Curiosamente, al final del vídeo Die Grünen hacen una llamada al voto de la Zweitstimme, es decir, al segundo voto que tiene cada votante. En el sistema electoral alemán cada votante tiene dos votos: un voto directo a un candidato que se presenta por su circunscripción electoral (Erststimme) y un segundo voto (Zweitstimme) a una lista cerrada de candidatos a nivel de cada Land. Con esto tratan de concentrar el voto de sus seguidores en una opción y posibilitar así que puedan votar a SPD con su voto directo, demostrando así su compromiso con la coalición rojiverde. La petición de voto a una lista concreta es el principal elemento que nos revela que Die Grünen no es un partido de masas como CDU y SPD, que no hacen distinción en las listas en su petición de voto.       


FDP: para que todo siga igual


La FDP es el partido que sostiene el actual Gobierno de Angela Merkel. Este pequeño partido liberal es desde los años 80 el socio por definición de la CDU y todo un ejemplo de partido bisagra que, a pesar de su tamaño, cuenta con una dilatada experiencia en el poder. 

Tiene un electorado no muy numeroso pero históricamente fiel entre las clases sociales adineradas y los profesionales cualificados. En Alemania se le conoce como el partido de "los que mejor ganan" (Besserverdiener). Sin embargo, en esta campaña electoral la FDP se encuentra con un grave problema: según los sondeos no está asegurada su presencia en la próxima legislatura del Bundestag. La ley electoral alemana sólo permite la representación parlamentaria a los partidos que superen el 5% de los votos, y desde hace meses las encuestas no remontan. La FDP se encuentra hoy con una intención de voto del 5% y el 6%, lo que hace que se enciendan todas las alarmas en la formación, y también entre su socio de la CDU.

Precisamente su pertenencia al Gobierno de Merkel y su participación en la buena situación económica de Alemania es el mensaje fundamental de la campaña electoral de la FDP y queda perfectamente reflejado en su eslogan: "Sólo con nosotros" (Nur mit uns).



El vídeo electoral del FDP comienza precisamente con una serie de imágenes urbanas, actividad económica y personas trabajando con una voz en off que explica el número de trabajadores que han encontrado empleo y los incrementos en las cifras de exportación. Son números de un éxito económico que la voz remata con un contundente "A Alemania le va bien" (Deutschland geht es gut). Inmediatamente después aparece el candidato, Reiner Brüderle, sentado en una cafetería, desayunando y leyendo el periódico. Brüderle, vestido con una llamativa corbata amarilla que es su color corporativo, toma el relevo de la voz y afirma "y deseo que también le vaya bien a usted". Le siguen más imágenes de personas trabajando y de actividad productiva y entonces comienza el discurso del candidato.  

Durante el minuto restante del spot Brüderle realiza un discurso en el que advierte a los electores sobre los supuestos riesgos de una coalición entre SPD, Die Grünen y Die Linke (rojo-rojo-verde), y avisa sobre posibles subidas de impuestos, ineficacia en la gestión, despilfarro y supuestos ataques a la libertad personal en caso de que gane la izquierda. El spot es contundente. Al final la voz dice al elector que "si quiere otros cuatro años buenos eso sólo es posible con nosotros" (nur mit uns, el lema de campaña) y finaliza afirmando que con el FDP Alemania seguirá fuerte (Damit Deutschland stark bleibt).

El discurso del vídeo refleja perfectamente el discurso del FDP y su temor a no conseguir el 5% necesario para entrar en el parlamento y permitir así una victoria de la izquierda. Por eso apuesta por la movilización de su electorado, e incluso sugiere el apoyo de los votantes de la CDU, de ahí la idea fuerza de que hay que votar FDP para que nada cambie.  

Por eso, si el discurso de Die Grünen era intercambiable con el de la SPD para facilitar el intercambio de votos entre sus electores, el discurso de la FDP es perfectamente homologable al de sus socios mayoritarios en el Gobierno: economía eficaz, fuerza, seguridad, empleo, libertad individual, etc,... La prueba de que la FDP pide el voto encubierto a los electores de la CDU es que -al igual que Die Grünen con respecto a la SPD y por el mismo motivo- también se centra en pedir el segundo voto (Zweitstimme), es decir el voto a las listas cerradas, en detrimento al voto a los candidatos directos que serían para los de la CDU.      


Die Linke: los marginados defienden a las víctimas del sistema 


Finalmente Die Linke (La Izquierda) es el quinto partido en liza para conseguir representación en el Bundestag. Los sondeos le dan a esta formación una intención de voto entre el 8% y el 9%, lo que en caso de que la FDP no consiguiera entrar, abriría teóricamente la posibilidad de un gobierno de izquierdas en Alemania. 

Sin embargo, Die Linke públicamente no juega con esa idea. A diferencia de Die Grünen, que apuestan directamente por la coalición con el SPD, Die Linke hace una campaña autónoma y basada fundamentalmente en la denuncia del sistema político y económico alemán, una denuncia que no sólo se refiere a la actual coalición de Gobierno CDU-FDP, sino que también incluye a SPD y Die Grünen. 

Esta formación de izquierdas, nacida tras la caída del Muro de Berlín con militantes ex comunistas de la antigua Alemania oriental y a los que hace algunos años se han unido sindicalistas y socialdemócratas decepcionados de la zona oeste del país, es la gran contestataria entre los partidos con representación parlamentaria. Ningún partido le reconoce plenamente una capacidad democrática y una madurez institucional para estar en el Bundestag, incluido el SPD y die Grünen, lo que coloca a Die Linke en la posición del marginado del sistema que puede permitirse criticarlo todo.


Precisamente este es el papel que juega: el del antisistema marginado que defiende a las víctimas del sistema político y económico. El vídeo comienza con una joven explicando los problemas que sufre derivados de la precariedad laboral, pero en medio de su discurso le callan la boca. Le sigue un hombre mayor que se queja de las injusticias en el sistema de pensiones hasta que también es silenciado. Después es el turno de una madre joven que denuncia la falta de posibilidades para poder conciliar vida familiar y laboral mientras vigila a su hijo pequeño que se escapa. El siguiente es un médico también joven que critica las diferencias entre la sanidad privada y la pública hasta que le hacen callar. La imagen vuelve a la joven del principio que pide una sociedad más humana y justa hasta que, otra vez, es interrumpida. 

Por último le sigue una imagen con el logo del partido y tres mensajes seguidos: "Para que tomen en serio sus problemas" (Damit Ihre Probleme ernst genommen werden), "hacemos presión para una política social" (Wir machen Druck für eine soziale Politik), "y no sólo durante la campaña electoral" (Und das nicht nur im Wahlkampf), como una clara señal de diferenciación con el resto de partidos a los que se acusa así de acordarse de los ciudadanos solamente cuando hay elecciones.

El vídeo de Die Linke es diferente al del resto de partidos. Para empezar, Die Linke no pide el voto a un candidato concreto, de hecho no aparece ninguno ni se nombra a nadie. Se presenta como una organización que denuncia los problemas de los votantes. Y también se diferencia en ese mensaje, que en realidad es doble. El primer mensaje es una denuncia típica de izquierdas sobre la situación de los jóvenes, mayores y sobre la situación de los servicios públicos. Es muy parecida al mensaje de SPD y Die Grünen, que atacan así el relato de la Alemania triunfante y económicamente fuerte que vende Angela Merkel. Sin embargo, mientras hace una denuncia sobre las desigualdades sociales, a la vez también hace una denuncia sobre el presunto déficit democrático del sistema político alemán. Según el mensaje del vídeo, el ciudadano medio es silenciado en sus críticas al sistema y no es tomado en serio por los demás partidos que ignoran sus problemas porque defienden otros intereses.

Die Linke transmite así un mensaje de organización que da voz a los sin voz, y trata de convertir la sistemática marginación institucional y política a la que está sometida por los demás partidos en una ventaja, ya que así demuestra que no es parte de un establishment que trabaja en contra de los intereses del ciudadano medio. Es decir, Die Linke se presenta como un partido que comprende y da voz a los sin voz.   

         




























lunes, 2 de septiembre de 2013

¿ESTÁ TODO DECIDIDO EN ALEMANIA?

En menos de tres semanas se celebrarán elecciones federales en Alemania. Las encuestas dan una victoria segura a la canciller Angela Merkel y a su partido, el conservador CDU, que repetiría coalición de gobierno con los liberales del FDP. Sin embargo, esta “certeza” se basa en una serie de variables que no están del todo claras. ¿Se producirá una unidad de toda la izquierda que podría poner en peligro la hegemonía de la derecha? ¿Conseguirán los socios liberales de Merkel entrar en el parlamento? ¿Han decidido ya los ciudadanos su voto?

Hace un par de semanas, cuando sólo quedaban cinco para la fecha de las elecciones el próximo 22 de septiembre, una encuesta publicada por el canal de televisión público alemán ZDF, y cuyas conclusiones fueron analizadas por el diario Süddeutsche Zeitung, revelaba que a pesar de los presagios y anuncios de la inevitable victoria de Merkel, un 72% de los encuestados se declaraba perfectamente capaz de votar en el último momento a un partido diferente al que había indicado al encuestador. Para añadir mayor incertidumbre, un 63% declaraba no haber decidido aún a quién iba a votar. En una campaña electoral que todos coinciden en señalar como aburrida, temerosa y plana, ¿queda margen para la sorpresa?

Carteles electorales
Todo el mundo cuenta con que va a ganar Angela Merkel. Un 64% de los encuestados arriba mencionados piensan que será así. Los sondeos son tozudos: desde hace meses la intención de voto a la CDU no deja de oscilar entre el 39% y el 42%. Estos resultados convierten a los cristianodemócratas en el partido mejor situado. También Merkel cuenta con la mayor popularidad directa entre los votantes, con un 60% frente a su rival directo, el socialdemócrata Peer Steinbrück, al que solamente prefieren un 31%. El pasado 1 de septiembre se celebró un debate televisado –el único que habrá- entre Merkel y Steinbrück. Según la sentencia de los medios de comunicación alemanes acabó en empate, lo que conviene a Merkel y podría considerarse como una oportunidad perdida para Steinbrück para tratar de remontar su imagen y unos datos bastante malos para alcanzar la cancillería.

El SPD ¿tira la toalla?
La propia dirección socialdemócrata parece que ha tirado la toalla. Aunque la designación de Steinbrück como candidato hace un año sorprendió por la falta de oposición y rivalidades (públicas) en el seno del SPD, hace meses que se ventilan las desavenencias entre el candidato y el secretario general, Sigmar Gabriel. Ambos no se ponen de acuerdo en cuestiones clave y además no dejan de señalizar en público sus diferencias –lo que incluso llevó a la mujer de Steinbrück a quejarse en plena campaña sobre la falta de lealtad de muchos de los compañeros de su marido. La causa es que muchos en el SPD creen que han perdido las elecciones y parece que preparan el camino para el ‘día después’ de las elecciones, sobre todo Gabriel, que no dudará en cubrirse las espaldas del fracaso electoral culpando en solitario a Steinbrück.

Peer Steinbrück.
Las cifras de las encuestas a priori dan combustible a esta actitud, ya que los socialdemócratas también se encuentran encallados desde hace meses en las mismas cifras de intención de voto, que oscilan entre el 21% y el 26%. Son datos muy malos para las aspiraciones del SPD de arrebatarle el gobierno a la derecha y no se alejan demasiado del 23% conseguido en 2009, lo que fue hasta ese momento el peor resultado electoral de la historia de la socialdemocracia alemana desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero en un país cuya representación parlamentaria se divide entre cinco partidos, y en el que es imposible que uno de ellos consiga en solitario la mayoría absoluta, no es matemáticamente necesario arrollar en las urnas para gobernar. Alemania se ha caracterizado desde los años 60 del S.XX en que sus gobiernos siempre han sido de coalición. Por eso las cuentas electorales se hacen sumando los resultados de los diferentes socios y haciendo cábalas sobre posibles alianzas. En el caso de la izquierda, la alianza entre el SPD y los Grüne (verdes) es sólida y ya hizo posible entre 1998 y 2005 un gobierno de izquierdas. Esta alianza sigue viva en 2013 hasta el punto de que el votante sabe que si elije a los Grüne también está votando al SPD, de la misma manera que sabe que si vota al FDP está votando a Merkel y a su CDU, porque los cristianodemócratas y los liberales han creado una alianza que se ha mantenido fiel desde los años 80.

Angela Merkel.
Sin embargo, en el bando de la izquierda los resultados de los Grüne no son suficientes para un cambio de gobierno. Las encuestas les dan una intención de voto que oscila entre el 11% y el 15%. Son unos resultados excelentes comparados con los de las elecciones de 2009, en las que consiguieron el 10,7%. Sin embargo, este partido se ha ido desgastando en los últimos meses. Hace dos años podía contar con un porcentaje de intención de voto del 20%, y llegó incluso a la presidencia del Land de Baden Württemberg, un hito en la historia de este partido que comenzó en los años 80 como una organización heterogénea de movimientos sociales en la que se encontraban los ecologistas, activistas antinucleares y militantes de extrema izquierda. Hoy a los Grüne les votan, sobre todo, profesionales de clase media y funcionarios. Pero no son suficientes para desalojar a Merkel del poder, ya que con el SPD, y en el mejor de los sondeos (de la Forschungsgruppe Wahlen), sólo sumarían el 38% de los votos.

La CDU tendría el 41% de la intención de voto en ese mismo sondeo, y podría redondear el éxito con el 6% de los votos que le corresponderían al FDP. Este resultado de los liberales podría parecer un fracaso si se compara con el 14,6% cosechado en las elecciones de 2009, pero a día de hoy sería todo un éxito. La ley electoral alemana no concede representación parlamentaria a los partidos que no superen el 5% de los votos, y el FDP se ha pasado la gran mayoría de la actual legislatura con una intención de voto de entre el 3,5% y el 5% por una mezcla de desconfianza y sentimiento de traición de sus principales promesas electorales, sobre todo de carácter fiscal. Aún hay algunas encuestas dan a los liberales una intención de voto del 5%, un resultado raspado que no garantiza hoy por hoy su entrada segura en el Bundestag, y esto acercaría a la CDU peligrosamente a la suma de SPD y Grüne (41% frente a 38%).    

Die Linke, la variable impredecible
Hay una variable que, en caso de ausencia del FDP, haría imposible un gobierno en solitario de Merkel: el resultado de Die Linke (La Izquierda). Este partido formado por ex comunistas de la antigua RDA y sindicalistas y ex miembros desencantados del SPD, tiene una intención de voto que oscila entre el 7% y el 10%, según se consulte a una u otra encuesta. En todo caso ese porcentaje sería suficiente para impedir un gobierno en solitario de la CDU y acercaría bastante a SPD y Grüne al poder: con Die Linke, la coalición rojiverde conseguiría hasta un 48% de los votos. Sin embargo, la pregunta sería: ¿es posible una alianza entre Die Linke y los socialdemócratas y los ecologistas?

Tanto SPD como Linke abjuran oficialmente el uno del otro. El SPD ve en este partido su principal competidor por la izquierda y su estrategia a nivel nacional siempre ha sido la de restarle legitimidad y negarle capacidad de gestión. El discurso del SPD es que es “regierungsunfähig”, es decir, “incapaz de gobernar”. Le achacan inmadurez y radicalismo, y siempre miran al pasado para recordar la participación de muchos de los militantes de Die Linke en la antigua RDA, restándole así legitimidad democrática.

Die Linke, por su parte, acusa al SPD de traicionar los valores de la izquierda, y, al igual que hace Izquierda Unida en España, le niega a los socialdemócratas la etiqueta de partido de izquierdas, manteniendo vivo el discurso de los partidos comunistas desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, curiosamente la mayor animadversión surge no de los antiguos cuadros comunistas del este de Alemania, sino de los nuevos militantes de Die Linke del oeste del país. Hace una década este partido se llamaba PDS (Partido del Socialismo Democrático) y su implantación se restringía sólo a los territorios de la antigua RDA. A partir de las elecciones federales de 2005, sin embargo, encontraron en el oeste una fuente importante de aliados entre los sindicalistas y militantes del SPD desencantados con las reformas sociales del entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder. Miles de militantes del SPD, encabezados por el histórico dirigente socialdemócrata Oskar Lafontaine, se dieron de baja y apoyaron al nuevo partido de Die Linke que se fundó oficialmente en junio de 2007.

Gregor Gysi.
Desde entonces los ex miembros del SPD han sido muy beligerantes con sus ex compañeros, una actitud que contrasta con la de Die Linke en el este de Alemania, donde desde hace años ha mantenido una relación cordial con el SPD con el que han mantenido y mantiene coaliciones de gobierno a nivel local y de los Länder (por ejemplo en Brandenburgo, o en su día en Berlín). El histórico líder del PDS y ahora de Die Linke, Gregor Gysi, llegó a ser consejero del gobierno de Berlín. Gysi es partidario de limar asperezas con los socialdemócratas a nivel federal y comenzar a abrir líneas de contacto para una posible colaboración (o incluso coalición) en el Bundestag. Voces del SPD también apoyan esta medida, pero aún hay muchos en ambas organizaciones que recelan de este proyecto de alianza que podría llevar a los partidos de izquierda al poder.

Angela Merkel está tranquila, a priori. Sabe que es muy difícil que Die Linke, por un lado, y SPD y Grüne por otro, se pongan de acuerdo para formar un gobierno. Aún es pronto para que esa colaboración fructifique. Sin embargo, si se da la carambola y finalmente el FDP no supera el 5% de los votos, sí que la izquierda podría sumar suficientes votos negativos a su investidura como para poder evitarla. Es decir, si los liberales no entran, la CDU sacaría en torno al 40% de los votos frente a un 44% - 48% de la suma de Die Linke, Grüne y SPD. Merkel no podría gobernar, pero la izquierda tampoco está en condiciones, hoy por hoy, de proponer un proyecto de gobierno rojo-rojo-verde. ¿Se tendrían que repetir las elecciones?    

La CDU y Merkel han reaccionado y su estrategia es pedir encubiertamente el voto por el FDP. El sistema electoral alemán da dos votos a cada ciudadano: uno por cada lista cerrada que se presenta al Bundestag, y otro para los candidatos directos de cada circunscripción electoral. El plan del CDU es que sus militantes dividan su voto y permitan así a su socio de coalición seguir en el parlamento y mantener la actual coalición de gobierno.

Sin embargo, como ya se expuso anteriormente, más del 60% de los electores aún no han decidido a quién van a votar, lo que hace que las elecciones sean más impredecibles de lo que a más de uno le gustaría reconocer. Por ello, en caso de que aún con la entrada de los liberales la suma para gobernar no sea suficiente, Merkel ya tiene previsto un nuevo plan para evitar la repetición de las elecciones: el retorno a la gran coalición con el SPD, que ya gobernó Alemania entre 2005 y 2009.