martes, 24 de septiembre de 2013

LA PARADOJA DEL PODER EN ALEMANIA

El pasado domingo Angela Merkel arrasó en las urnas. Alemania dio un apoyo masivo a su partido y castigó a los demás. Pero no es suficiente para alcanzar el poder. La ley electoral alemana y los caprichos del destino obligan a la gran vencedora a negociar con los perdedores para alcanzar su tan ansiado objetivo. En Alemania el poder está viviendo una paradoja que convierte en poderoso al débil y dependiente al fuerte. Aunque también el débil puede morir de poder.

La unión de cristianodemócratas de la CDU y la CSU (su hermano pequeño bávaro) liderada por Angela Merkel arrasó en Alemania el pasado 22 de septiembre. Fueron los más votados con el resultado más contundente alcanzado por un candidato alemán en los últimos 26 años. Merkel se hizo con el 41,5% de los votos, lo que le ha proporcionado 311 escaños de los 630 que forman el Bundestag en la nueva legislatura. A bastante distancia le siguen el SPD con el 25,7% y 192 diputados; Die Linke con el 8,6% y 64 diputados; y por último los ecologistas de Die Grüne con el 8,4% y 63 diputados. Son los partidos de siempre, los que han estado representados en el parlamento federal alemán en los últimos años, aunque con una excepción: faltan los liberales del FDP.


Este clásico lleva acompañando la vida parlamentaria alemana desde la fundación de la República Federal en 1949, pero en la nueva legislatura no estará. Los liberales no han conseguido superar la barrera electoral del 5% fijada por la ley electoral alemana para estar representado en el Bundestag. El FDP sólo consiguió el 4,8% de los votos, un verdadero desastre que incluso puede poner en peligro la vida de este pequeño partido de notables, al que solamente le queda una mínima representación institucional en el parlamento regional de Sajonia.

Militantes del FDP.
El FDP ha sido víctima de dos circunstancias: el auge inesperado de un pequeño partido antieuropeísta y anti euro que se ha volcado en el discurso contrario a los rescates de las maltrechas economías del sur de Europa, la Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland). Este pequeño partido de nuevo cuño ha logrado el 4,7% de los votos, un resultado similar a los liberales y por lo tanto igualmente insuficiente para entrar en el Bundestag, pero lo justo como para impedir la supervivencia de su rival liberal en el campo conservador.  

Por otro lado, el FDP ha sido literalmente absorbido por la CDU/CSU, sus socios tradicionales de gobierno y con los que ha compartido gran parte de su programa político. La CDU/CSU ha logrado un 7,7% más de votos que en la última cita electoral y claramente ha engordado su éxito a costa de los liberales, que han perdido un 9,8% de los apoyos con respecto a 2009. Merkel se ha tragado a los liberales, pero con un coste estratégico fatal para ella ya que ha perdido a su aliado y ahora le faltan cinco diputados para la mayoría absoluta, diputados que no le habrían faltado si el FDP hubiera conseguido tan sólo un 0,2% más de votos.

Así pues, a pesar de las cifras tan espectaculares y del apoyo masivo en las urnas, Merkel tiene que negociar. ¿Con quién? Sólo quedan dos posibilidades, y las dos son partidos de izquierdas.    

SPD y Die Linke, ¿una colaboración imposible?
En teoría la izquierda formada por SPD, Grüne y Linke podrían impedir un gobierno de Merkel. Entre los tres suman 319 diputados, ocho más que la CDU/CSU. Sin embargo, hoy por hoy resulta imposible un pacto entre ellos. El SPD, el partido más grande e importante de los tres con 192 diputados, ya ha anunciado por activa y por pasiva, incluso antes de las elecciones, que se niega a pactar con Die Linke. Las causas son históricas –por el pasado estalinista de sectores Die Linke en Alemania oriental-, programáticas e incluso personales.

Die Linke, a su vez, ha basado gran parte de su discurso en tratar deslegitimar el discurso social de los socialdemócratas para arrebatar al SPD la hegemonía en la izquierda. Muchos miembros de este pequeño partido de izquierdas son antiguos socialdemócratas desencantados con el SPD que se pasaron de filas y le han jurado odio eterno a su antiguo partido. Entre ellos destaca el ex líder histórico del SPD, Oskar Lafontaine, ahora también retirado de la jefatura de su nuevo partido.

Los líderes de Die Linke.
Hoy por hoy no existe confianza entre ambos partidos a nivel federal, aunque hay voces cada vez más fuertes que abogan por un entendimiento a corto plazo para poder romper la división en la izquierda y poder gobernar en conjunto. Esas voces son especialmente fuertes en el este alemán, donde dominan en Die Linke la antigua PDS, los herederos directos del partido comunista de la antigua RDA. Curiosamente son precisamente estos sectores los más pragmáticos y los más dispuestos a colaborar con el SPD, que a su vez está más dispuesta a contar con los ex comunistas en la parte oriental del país. De hecho, ambos partidos han colaborado activamente en los últimos años al gobernar en coalición en varios Länder del este, como Brandemburgo, Sajonia-Anhalt, Mecklemburgo o la misma capital, Berlín.

Para poder trasladar este modelo de colaboración al resto del territorio federal hace falta tiempo hasta que se desmonten los prejuicios y desconfianzas mutuas. Pero puede que a corto plazo se avance en ese sentido gracias a los acontecimientos que pueden ocurrir en el Land de Hesse, el territorio en el que se ubica el Banco Central Europeo en Frankfurt. Las elecciones en ese Land se celebraron también el pasado 22 de septiembre y allí la victoria fue claramente para la izquierda, siempre y cuando los tres partidos estén de acuerdo en negociar. Y parece que lo están. Sería un precedente muy importante para futuras colaboraciones entre SPD, Grüne y Die Linke. Pero, por el momento, se descarta a nivel federal.

Por lo tanto, al fallar una coalición con Die Linke, al SPD y a Die Grüne le faltan 57 diputados para superar a CDU/CSU. Así pues, el futuro gobierno alemán estará presidido forzosamente por Merkel.

Merkel y los ecologistas, ¿una asociación prohibida?
La pelota está en el tejado de la canciller. Los medios alemanes especulan desde hace meses con una posible coalición entre la CDU y Die Grünen. Dicen que los ecologistas se han moderado en los últimos años y que su base electoral es perfectamente compatible con los valores defendidos por Merkel. Se trata de profesionales liberales de clase media, funcionarios, etc., con un nivel de renta medio –alto. Die Grüne ha ido dejando atrás su discurso asambleario y hasta cierto punto ácrata y se ha centrado en la ecología y la justicia social. Este paso le ha acercado a la órbita del SPD, con el que ya ha compartido coalición de gobierno entre 1998 y 2005 y con quien colabora asiduamente a nivel regional y local.

Los líderes de Die Grüne.
La CDU, por su parte, está llevando a cabo en Alemania la política social que prohíbe a otros países de la zona euro. Merkel está lejos de parecer la enterradora del estado del bienestar, ya que de eso se encargó el ex canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, lo que explica en parte los fracasos electorales del SPD y su falta de credibilidad como partido socialdemócrata. También con respecto a la defensa del medio ambiente la derecha alemana ha avanzado hacia posiciones ecologistas. Por ejemplo, tras el desastre de Fukishima en enero de 2011, Merkel decidió retomar (forzosamente) la salida de Alemania de la energía nuclear, uno de los puntos centrales del programa de Die Grüne.

Sin embargo, aunque a nivel programático ecologistas y democratacristianos no están ya en las antípodas, ambas bases sí se consideran incompatibles. Una coalición tendría que ser refrenada en Die Grüne por una asamblea de militantes y en la CDU por su dirección federal, y en ambos casos el rechazo es más fuerte que la atracción.

Es muy pronto para hablar de un pacto o futuro pacto entre CDU y Grüne, pero el tiempo dirá si esa colaboración es imposible. Depende del papel que jugará Die Grüne en el futuro en el sistema de partidos alemán, si girará a la izquierda tratando de alcanzar la hegemonía en ese sector, o si en cambio se conformará con ser un partido pequeño y por lo tanto abierto a pactos con los grandes. Y para eso es fundamental conocer qué hará el SPD.

La elección de Merkel, ¿vuelta a la gran coalición?
Ante sus escasas opciones, Angela Merkel no esconde su preferencia por un pacto con sus rivales socialdemócratas. Para ello esgrime dos argumentos: sería el escenario de mayor estabilidad política posible, ya que implicaría a una suma impresionante de 503 diputados de un total de 630. La oposición se reduciría a 127 diputados de Grüne y Die Linke, y el rodillo CDU y SPD sería imbatible. Esto daría estabilidad al Gobierno, sobre todo de cara a las futuras decisiones imprescindibles en el escenario europeo.

El segundo argumento es que la gran coalición ya existió entre 2005 y 2009 con unos resultados bastante aceptables en términos de estabilidad. Se agotó la legislatura y, aunque ambos partidos son rivales naturales, no trataron de boicotearse mutuamente. Es decir, la colaboración ha demostrado ser posible.    

Ahora bien, el escenario de hoy es muy diferente al de 2005. Entonces Merkel era la aspirante a canciller y el SPD terminaba una etapa de siete años en el poder en los que realizó la dolorosa reforma del estado social que le valió el rechazó de amplios sectores de la izquierda. Ambos partidos consiguieron resultados electorales muy altos fruto de una campaña bipolarizada de confrontación sin cuartel y tras la cual el SPD pudo remontar milagrosamente. En ese momento no había mayorías claras y la única salida a unas nuevas elecciones era el pacto basado en la práctica igualdad entre los rivales.

Hoy a Merkel sólo le interesan 5 de los 192 diputados del SPD. Los socialdemócratas no tienen una base negociadora fuerte y convincente desde la que poder exigir demasiadas concesiones a la canciller. Y en este caso esas concesiones son importantes para la credibilidad del SPD.

El poder, una tentación mortal para el SPD
En 2009 el SPD cosechó su peor resultado electoral de la historia con el 23%, sólo un poco peor que el 25,7% del pasado 22 de septiembre. Entonces se achacó el desastre a que la colaboración con Merkel había quemado al SPD y su imagen de izquierdas. Los votantes no se creían sus mensajes socialdemócratas y prefirieron votar a otras formaciones de izquierdas, como Die Grünen y Die Linke, que en ambos casos superaron el 10% de los votos. Es decir, el SPD perdió su credibilidad durante su colaboración con Merkel.

Desde entonces los socialdemócratas tratan de recuperar su imagen y diseñaron la campaña basándose en la recuperación del discurso por la justicia social y contra la precariedad laboral. Uno de los argumentos fundamentales del SPD es la creación de un salario mínimo, una medida que pondría freno a los minijobs que ya afectan al 22% del mercado laboral alemán. Si los socialdemócratas pactan con Merkel, por ejemplo tendrán que conseguir que esta medida se haga realidad para no quemar su último cartucho ante su electorado. Sin embargo, Merkel se ha negado repetida y vehementemente a aplicar un salario mínimo, porque pondría en peligro el secreto del éxito de la economía alemana basado en la reducción de los costes de producción y en aumentar la competitividad empresarial a base de bajar salarios de los trabajadores. Y además, al SPD le falta fuerza como para imponer esa medida a una canciller triunfante.

Por otro lado, la dirección del SPD es muy sensible a la llamada a la responsabilidad (Verantwortung) de Merkel para lograr la estabilidad política. ¿El partido o el país?, ese es el dilema actual de los líderes del SPD que temen enfrentarse a la acusación de poner en peligro la estabilidad de Alemania por un cálculo partidista. Pero por otro lado, en caso de aceptar el abrazo de la canciller, se enfrentarían a una enorme resistencia interna por parte de las bases e importantes sectores socialdemócratas que se niegan en redondo que su partido sea absorbido por su rival de la CDU, lo que tendría seguramente consecuencias desastrosas en el futuro de cara a los votantes.

Los líderes del SPD, Steinbrück y Gabriel.
Hay argumentos entre los socialdemócratas para negarse a la gran coalición. Ahora mismo el SPD es el principal partido de la oposición. Es el único de los tres partidos progresistas que ha sumado votos (pocos) con respecto a las elecciones de 2009 y su posición en el espectro electoral de la izquierda se ha visto mínimamente fortalecida. Las aspiraciones de Grüne y Die Linke de superar electoralmente al SPD se han visto truncadas, y este sería el momento para los socialdemócratas de aprovechar esta legislatura en la oposición para consolidar su hegemonía en la izquierda. Esa hegemonía se vería reforzada probablemente con una Linke dispuesta a trabajar en un futuro no muy lejano junto a SPD y Grüne. La izquierda alemana unida podría tratar de batir así en 2017 a una Angela Merkel seguramente bastante desgastada tras gobernar en solitario y sin socio al que absorber. Hay que recordar que la suma de esos tres partidos ya sería suficiente hoy para desbancar a la canciller.

Además, si el SPD aceptase la gran coalición, estaría dando en bandeja a Merkel la mayoría que necesita para gobernar, lo que sería un golpe para los votantes socialdemócratas que votaron al SPD precisamente para evitar eso. También daría en bandeja la oportunidad a Grüne y Die Linke de ser los únicos partidos de la oposición y repartirse definitivamente al electorado de izquierdas alemán. Si el SPD no consiguiera imponer su programa social a su poderosísima socia se quedaría deslegitimado, solo y sin credibilidad, lo que sería seguramente su fin a no tan largo plazo. Una circunstancia que, con toda seguridad, no estaría mal vista por Merkel y la CDU.

Por otro lado, si el SPD no acepta participar en la gran coalición se le acusaría de falta de responsabilidad y de partidismo, sería señalado como el responsable de que Alemania no tuviera un gobierno estable mientras necesita liderar a Europa en la crisis. Eso alejaría al votante de centro de los socialdemócratas, lo que podría aislar al SPD en el electorado únicamente de izquierdas, un espectro que, además, tendría que compartir con Die Linke y Grüne, absolutamente insuficiente para ganar las elecciones en el futuro. En definitiva, los líderes del SPD se enfrentan a una decisión muy delicada.

El poder en Alemania está viviendo una gran paradoja: por un lado Merkel necesita de la izquierda para poder gobernar con la derecha. Por el otro el SPD está tentado de volver al poder a pesar de sus míseros resultados, aunque esa tentación seguramente acabaría por matarlo si no toma la decisión correcta. ¿Y cuál es esa decisión?


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