La campaña electoral de las Presidenciales en los EEUU está entrando en una fase decisiva. Con las encuestas dando una ligera ventaja a la demócrata Hillary Clinton sobre el republicano Donald Trump, todo puede ocurrir. Por ello a maquinaria electoral de ambos aspirantes trabaja a todo gas para forzar unos resultados que se antojan demasiado impredecibles teniendo en cuenta que la campaña partió con una clara ventaja de Clinton y que Trump ha ido recortando paulatinamente.
Es una campaña que se caracteriza por la profunda polarización entre ambos candidatos y su visión de los EEUU. Ambas partes tratan de movilizar al electorado avivando ese fuego con el objetivo de crear una imagen negativa de su rival, una técnica de comunicación política muy habitual en las campañas de los EEUU. Pero en este caso la campaña de Clinton parece que apuesta de manera más decidida por esta receta que la de Trump, ya que el argumento principal de la candidata para ser votada parece que se está reduciendo cada día más a señalar a Trump como un 'peligro público' cuya victoria hay que evitar a toda costa movilizando a diferentes segmentos sociales cuyo único elemento común es el temor a una victoria republicana. Es el hilo argumental principal de los siguientes vídeos de campaña de Clinton que apelan directamente al sentimiento de rechazo personal que puede provocar Trump y sus declaraciones:
Trump, por su parte, también usa la campaña negativa para criticar a Clinton y al Gobierno demócrata de Obama. Sin embargo, a diferencia de Clinton, el mensaje de Trump es de ataque hacia el modelo de los EEUU defendido supuestamente por su rival y no hacia su persona. A diferencia de la campaña de Clinton, que personaliza en Trump el discurso populista y xenófobo, el republicano ve en Clinton la representante de una idea de los EEUU que promete superar. Es decir, Trump critica a Clinton por lo que representa y no por quien es, mientras que Clinton hace lo contrario:
Sin embargo, antes que apostar exclusivamente por una campaña negativa, Trump está redoblando sus esfuerzos por reforzar su relato de hombre de éxito que se enfrenta al establishment, utilizando directamente el marco del padre autoritario propio del Partido Republicano, como señaló George Lakoff. Consecuentemente, la campaña republicana está enfocando su discurso en la persona de Trump y en su presunta capacidad de liderazgo personal y, sobre todo, en su "rebeldía" contra las injusticias del sistema, lo que le aleja de la etiqueta de político profesional:
En resumen, ambos rivales están haciendo prácticamente la misma campaña: reducir las elecciones de los EEUU a una decisión sobre si Trump debe ser presidente o no. Clinton está abandonando el discurso constructivo y propositivo mientras redobla los ataques personales contra Trump, mientras que éste está ofreciendo una cara más amable y, sobre todo, decidida para afrontar los retos de la futura presidencia.
Mientras tanto, la diferencia en las encuestas se va reduciendo.
Cuando
el candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, se presentó
a la investidura en el Congreso de los Diputados lo hizo con el apoyo del Grupo
Parlamentario de Ciudadanos además del Socialista. Juntos no sumaban suficientes
votos para ganar, por lo que necesitaban el apoyo de al menos un tercer grupo
amplio, en concreto el de Podemos. Este votó en contra y Pablo Iglesias, su líder,
lo justificó con un discurso muy duro contra el PSOE por haber cedido y llegado
a un acuerdo con Ciudadanos mientras destacaba la importancia de la coherencia
ideológica. En un mapa político marcado por la diversidad y la falta de
mayorías claras se plantea el siguiente dilema: ¿Coherencia ideológica a costa
de no crecer o cesión para llegar a acuerdos y alcanzar el poder?
Después de las
elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, las negociaciones para
alcanzar un acuerdo de investidura para formar un gobierno han demostrado el
alto grado disensión entre los principales actores de la política española. Ya
en la misma noche electoral, algunos portavoces destacaron la existencia de “líneas
rojas” para expresar la voluntad de establecer límites en las negociaciones,
cuando los resultados electorales decían que los partidos debían llegar
obligatoriamente a un acuerdo, ya que ninguno gozaba de una mayoría suficiente para
liderar en solitario la formación del Ejecutivo. Desde la misma noche electoral
se planteó el siguiente conflicto: ¿ceder para llegar a acuerdos o mantener la
coherencia ideológica?
El filósofo y profesor Daniel Innerarity explica en su libro “La política en tiempos de indignación” (Galaxia
Gutenberg, 2015) que “una democracia, más que un régimen de acuerdo, es un
sistema para convivir en condiciones de profundo y persistente desacuerdo”. Es
decir, el desacuerdo entre los diferentes actores es lo normal y eso explica
que existan actores diferentes que persiguen intereses e interpretan la realidad
de forma distinta. Sin embargo, en una democracia esos actores diferentes deben
convivir y eso implica tomar decisiones importantes si se quiere alcanzar de
manera pacífica el objetivo último de cada partido: el poder.
Existe un problema
importante de partida: “El desacuerdo en política goza de un prestigio
exagerado”, según Innerarity, que asegura en este sentido que “el antagonismo
ritualizado, elemental y previsible, convierte a la política en un combate en
el que no se trata de discutir asuntos más o menos objetivos sino de
escenificar unas diferencias necesarias para mantenerse o conquistar el poder”.
Es decir, “los que
discuten no dialogan entre ellos sino que pugnan por la aprobación de un
tercero”, lo que significa que “los discursos no se realizan para discutir con
el adversario o tratar de convencerle, sino que adquieren un carácter
plebiscitario, de legitimación ante el público. La comunicación política
representa un tipo de confrontación elemental donde el acontecimiento está por
encima del argumento, el espectáculo sobre el debate, la dramaturgia sobre la
comunicación”, afirma Innerarity.
La escenificación de la
falta de acuerdo es pues un método para llegar a los votantes, y también, y
sobre todo, para mantener unidos y movilizados a los propios. Como escribe Innerarity, “los actores sociales viven de la
controversia y el desacuerdo. Con ello tratan de obtener no sólo la atención de
la opinión pública sino también el liderazgo de la propia hinchada, que premia
la intransigencia, la victimización y la firmeza. Con frecuencia esto conduce a
un estilo dramatizador y de denuncia, que mantiene unida a la facción en torno
a un eje elemental pero que dificulta mucho la consecución de acuerdos más allá
de la propia parroquia”.
Sin embargo, a pesar de
las ventajas a corto plazo que presenta el desacuerdo, a la hora de alcanzar el
poder puede resultar contraproducente. “Los desacuerdos son más conservadores
que los acuerdos; cuanto más polarizada esté una sociedad menos capaz es de transformarse.
Ser fiel a los propios principios es una conducta admirable, pero defenderlos
sin flexibilidad es condenarse al estancamiento”, dice Innerarity, que incluso
advierte sobre las consecuencias de la falta de flexibilidad en la vida
orgánica de los partidos: “El antagonismo del espacio social se reproduce en el
interior de los grupos en una versión no menos simple y empobrecedora. Por eso
es frecuente que se produzca un dualismo en el seno de los grupos políticos, entre
quienes prefieren el prestigio externo y quienes viven de la aclamación
interior”.
Sumar
o consolidarse
¿Pactar y crecer hacia
fuera a costa de la coherencia interna, o no pactar y no crecer pero mantener la
coherencia interna? Esta es la cuestión a la que Innerarity responde: “Lo que
favorece la coherencia interior suele impedir el crecimiento hacia fuera; en la
radicalidad todos -es decir, más bien pocos- se mantienen unidos, mientras que
las políticas flexibles permiten recabar mayores adhesiones aunque la unidad
propia está menos garantizada”. Pero, “en cualquier caso, lo que nunca debería
olvidarse es que un partido vale la suma de sus votos y de sus alianzas
potenciales, que el poder es tanto lo uno como lo otro”.
La dificultad a la que
se enfrentan los líderes políticos que quieren alcanzar un acuerdo es el giro a
veces excesivamente brusco que deben llevar a cabo en su discurso tras una
campaña electoral en la que los demás actores políticos son criticados y
señalados, porque al fin y al cabo, “las campañas apenas proporcionan la
posibilidad de diálogos constructivos porque sirven fundamentalmente para
agudizar el contraste y polarizar, simplificando la elección que viene después”.
En todo caso, los
líderes no deben olvidar jamás que “la retórica de las campañas forma parte de
nuestras prácticas democráticas, pero gobernar es algo diferente, que obliga a
pactar y hacer concesiones; quien gobierna necesita oponentes con los que
colaborar y no tanto enemigos a quienes desacreditar en todo momento”.
¿Y cuándo ceder y cuándo
no hacerlo?: “La política es el arte de distinguir correctamente en cada caso
entre aquello en lo que debemos ponernos de acuerdo y aquello en lo que podemos
e incluso debemos mantener el desacuerdo”. Como dice Daniel Innerarity: “Nuestros
ideales dicen algo acerca de lo que queremos ser, pero nuestros compromisos
revelan quiénes somos”.
Las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 son las primeras en la reciente historia democrática de España en las que más de dos partidos tienen capacidad de influir decisivamente en la formación del Gobierno de la Nación y en la labor legislativa del próximo Congreso de los Diputados. Hasta el último momento las encuestas han señalado un escenario muy reñido, lo que ha forzado a los partidos a poner en marcha la maquinaria de comunicación con los contenidos más emocionales de las últimas campañas.
Partido Popular: No hagas experimentos El vídeo electoral del PP apela a un mensaje sencillo: "La cosa marcha, cuesta, pero marcha. No lo pongas en peligro votando cosas raras". Como buen vídeo del partido en el Gobierno que espera ser reelegido, pone en valor los éxitos alcanzados durante la legislatura y promete aumentarlos. Apela al esfuerzo, la constancia y la seriedad. Valores emocionales que vinculan con la marca PP y en los que no aparece en ningún momento el rostro del candidato.
PSOE: Resistir es vencer
Este vídeo electoral tiene un muy alto ingrediente emocional. Busca la movilización del voto tradicionalmente socialista a través del relato "resistir es vencer". Frente a encuestas que vaticinan un desastre electoral, este vídeo presenta un escenario de futuro en el que el PSOE logra vencer a pesar de todo y cumplir sus promesas electorales llenando de orgullo a sus votantes. Su objetivo: poner la piel de gallina y retener a los votantes socialistas.
Podemos: Los dos Pablos Iglesias piden el voto a los socialistas
El vídeo de Podemos tiene un doble objetivo: presentar a esta formación como libre de toda mácula frente a los partidos tradicionales y, sobre todo, como la alternativa al PSOE. Está dirigido directamente a los votantes socialistas decepcionados con la intención de atraer su voto apelando a los principios fundadores del socialismo y para ello utiliza el nombre de Pablo Iglesias, aprovechando la confusión entre los nombres del líder de Podemos y del fundador del PSOE.
Ciudadanos: Albert Rivera y la ilusión El vídeo de Ciudadanos es un reflejo de los dos ejes de su campaña: la figura de Albert Rivera y el elemento emocional de la ilusión. No se presentan propuestas concretas, sino mensajes generalistas basados en la esperanza y la emoción articulados en torno a la figura del candidato. Dirigido a los votantes que buscan algo nuevo pero sin compromisos.
Unidad Popular/Izquierda Unida: la verdadera izquierda
Este vídeo electoral quiere presentar a UP/IU como la defensora de las esencias de la izquierda, sin concesiones ideológicas. Reconoce que parte con menor apoyo en las encuestas y trata de convertir esta circunstancia en un valor con el relato: creéis que somos pocos los que defendemos la verdadera esencia de la izquierda, pero en las elecciones demostraremos que no es así. Un claro mensaje a Podemos.
UPyD: el partido contra la corrupción
Es el vídeo más clásico de todos. La lucha contra la corrupción se ha convertido en el principal mensaje de este spot y en el elemento diferenciador de UPyD con respecto al resto de partidos, apelando al papel de la formación magenta en las denuncias en el caso Bankia. Un intento de retener votantes en su fuga a Ciudadanos.
El miedo es una de las emociones más potentes del ser humano. Es capaz de activar todos los instintos de supervivencia. El miedo deja poco margen para una toma de decisiones basada en un análisis racional. Por eso es un arma muy poderosa y muy apetecible a la hora de encauzar la opinión pública a tomar una decisión, y más cuando esa decisión es la elección del futuro presidente de los EEUU. Es lo que ocurrió en las elecciones presidenciales de 1964, en las que el miedo a una guerra nuclear decidió el resultado.
El 24 de mayo de 1964 el senador republicano Barry Goldwaterestaba en plena campaña para ser nominado candidato a la Presidencia de los EEUU. Ese día fue entrevistado en un medio de comunicación. Salió el tema del peligro de una guerra nuclear, una amenaza muy real en el contexto de la guerra fría que se vivía entonces, y muy cercana para los votantes de EEUU tras el susto que supuso para el mundo la crisis de los misiles de Cuba tan sólo dos años antes. Ese acontecimiento, en el que ambas partes estuvieron a punto de atacarse, marcó un antes y un después en la percepción que tenía la sociedad sobre el peligro a morir víctima de una explosión nuclear en caso de una guerra entre los EEUU y la URSS. La guerra atómica dejó de ser una hipótesis para convertirse en una posibilidad demasiado real y terrorífica para la mayoría de ciudadanos.
El recuerdo al temor nuclear estaba todavía reciente cuando en la entrevista Goldwater fue preguntado sobre qué opinaba acerca del uso de la bomba atómica. Entonces el senador cometió el fallo que marcaría su carrera política: dijo que era un arma más en el arsenal de los EEUU y que como tal no dudaría en utilizarla contra sus enemigos, en especial en el conflicto de Viernam en el que los EEUU estaban entrando de lleno en ese momento. Fue su sentencia.
Goldwater ganó la nominación republicana a la candidatura para la Presidencia de los EEUU. Entonces los demócratas pusieron en marcha su maquinaría. El presidente Lyndon B. Johnson -que se presentaba a las elecciones como candidato demócrata después de suceder a Kennedy tras su asesinato- aprovechó el fallo de su rival hasta exprimir la última gota.
Los demócratas basaron su estrategia electoral en movilizar la emoción del miedo a una guerra nuclear y presentaron a Golwater como un irresponsable y una persona que con su actitud belicista provocaría un holocausto nuclear. Era un discurso basado en la movilización del miedo como emoción fundamental para evitar la victoria de Golwater.
Lyndon B. Johnson
Esta estrategia era posible porque era verosímil. Goldwater se había labrado durante su carrera política la fama de anticomunista duro e intransigente, y de "halcón" partidario de las políticas de fuerza e intervenciones militares. Por lo tanto, a nadie le extrañó lo que decían los demócratas sobre él y lo creyeron sin ponerlo en duda.
Johnson no se centró en explicar a sus votantes su programa para crear el embrión de un Estado del Bienestar en los EEUU, que llamaba "la Gran Sociedad". Tampoco ofreció un programa de política exterior basado en la paz, ya que su administración se estaba involucrando precisamente cada vez más en el conflicto de Vietnam.
Se limitó a centrar su campaña en alimentar el miedo del votante a una guerra nuclear. Su eslogan de campaña era: "El próximo 3 de noviembre vota por el presidente Johnson. Los riesgos de quedarse en casa son muy altos". Y acompañó esta frase con unas imágenes que han quedado para la historia de la comunicación política como un ejemplo de movilización basado en la emoción. El spot de un minuto presenta a una niña pequeña (y blanca) llamada Daisy desojando una margarita y contando los pétalos que va arrancando. De repente, su voz infantil e inocente es sustituida por una cuenta atrás de tono militar que termina en una explosión nuclear. El mensaje es muy sencillo: Daisy muere por una bomba atómica lanzada por la irresponsabilidad de Goldwater. Nada más. Y nada menos.
La efectividad de este mensaje fue aplastante: Johnson fue reelegido con el 61,1% de los votos y Goldwater nunca pudo quitarse la imagen de belicista que le supuso su derrota.
No es muy habitual que los famosos españoles se "mojen" apoyando explícitamente a algún partido político. Sin embargo, su imagen y su popularidad entre el electorado les convierten en objetivos muy codiciados para los partidos. A continuación les ofrezco algunos ejemplos curiosos de vídeos de apoyos explícitos de actores, escritores o cantantes muy famosos en España en campañas electorales. Estos ejemplos se limitan a los partidos de izquierda ya que he sido incapaz de encontrar algún vídeo de famosos apoyando la campaña electoral del Partido Popular, aunque seguro que los hay.
El próximo 22 de septiembre se celebran las elecciones al parlamento alemán, el Bundestag. Alemania es el país más fuerte económicamente de Europa y la crisis no la está azotando a diferencia de sus vecinos del sur. Sin embargo, los alemanes son totalmente conscientes de su existencia y por eso los partidos políticos han puesto a la crisis en el centro de sus mensajes, ya sea directa o indirectamente. La consecuencia es una campaña electoral clásica, con la economía como el principal eje discursivo. Básicamente, la coalición de gobierno CDU y FDP saca pecho por la situación económica alemana y apuesta por seguir igual que hasta ahora, mientras que la izquierda de SPD, Grüne y Linke pone el acento en el incremento de las desigualdades sociales y apuestan por un discurso basado en más justicia social. Es, en definitiva, una campaña electoral clásica entre los discursos de derecha e izquierda, lo que queda perfectamente reflejado en sus vídeos electorales.
A continuación ofrezco un breve repaso de los principales vídeos electorales de los partidos políticos con representación parlamentaria en el Bundestag:
CDU: todo gira en torno a Angela Merkel
La campaña electoral del partido gobernante, los cristianodemócratas conservadores de la CDU, gira en torno a su candidata, la canciller Angela Merkel. Ella es el pilar fundamental de la campaña porque sus estrategas son conscientes de que ha conseguido unos valores de popularidad personales muy altos con un 59% de simpatía entre el electorado, según los últimos datos del Politbarometer de la cadena de TV pública ZDF, que son 18 puntos más que el porcentaje de intención de voto que las encuestas dan a su partido, un 40% - 41%.
Las esperanzas de la CDU se basan pues en la credibilidad de la imagen de Merkel, que tras dos legislaturas en la cancillería ha logrado crear una imagen protectora y maternalista. Ella es la madre, la "Mutti", de Alemania, y en su campaña aboga porque el elector siga confiando en ella. Como aval presenta la actual situación económica alemana, que presenta como "sólida", "segura" y "predecible", todo ello clásicos valores del discurso conservador.
El vídeo electoral es un reflejo claro de ese mensaje. En el minuto y medio de duración del spot la única imagen es la de una Angela Merkel vestida de rojo que recibe a la cámara en una sala sin decoración que distraiga la mirada del espectador y sentada en un sofá, relajada, proyectando tranquilidad por la buena conciencia de su gestión. En su discurso, repite la clave de su campaña: seguridad y confianza. Ella es la madre que guía a la nación en aguas turbulentas. Por eso contrasta la situación económica de Alemania con la de otros países de su entorno y aconseja que no se busquen cambios a un camino que está demostrando ser exitoso.
Merkel alude a los típicos elementos clave del discurso conservador: nada de subida de impuestos, economía saneada, el éxito individual gracias al trabajo duro. Pero también desliza parte del discurso de sus adversarios al defender la igualdad de oportunidades y la justicia social. El vídeo finaliza con un plano de Merkel sonriendo y mirando confiada al futuro, desprendiendo seguridad y calidez, fiel a su papel de madre protectora.
El eslogan de campaña, "juntos lo conseguiremos" (gemeinsam schaffen wir es) evoca a esa imagen de gran familia unida que sería Alemania, y de su madre protectora y solvente que le guía por un mundo imprevisible y turbulento.
Es, en definitiva, la clásica campaña conservadora que la CDU ya utilizó en Alemania en los años 50 cuando su líder era Konrad Adenauer, que al igual que Merkel hoy, se presentaba como una figura paternalista y protectora. El eslogan de la CDU de entonces era "Ningún experimento" (Keine Experimente), que perfectamente podría aplicarse a la de ahora.
SPD: el ciudadano en el centro y retorno a la denuncia social
Los socialdemócratas del SPD son los aspirantes a desbancar al actual gobierno conservador. No lo tienen fácil a tenor de los datos de los sondeos, según los cuales su candidato Peer Steinbrück sólo cuenta con la simpatía directa del 30% de los electores, mientras que su partido sólo conseguiría el 26% de los votos.
Los socialdemócratas saben que no pueden derrotar a los conservadores en solitario, por lo que desde el principio han apostado por una coalición progresista con los Grünen (Verdes). Esto obliga a un discurso de claro contenido social que los diferencie de su principal rival, tratando de desmontar el discurso de Merkel y de romper su imagen de madre protectora.
Así es como el SPD ataca el mensaje de la CDU afirmando que en Alemania la economía no va bien para la mayoría de sus ciudadanos, que las diferencias sociales han aumentado y que es necesario gestionar la riqueza de la economía alemana con criterios de justicia social. Es un discurso claramente socialdemócrata y de oposición, de ataque a su rival.
El elemento central del vídeo del SPD es un atril con el lema de campaña “El NOSOTROS decide” (das
WIR entscheidet). En el minuto y 20 segundos de duración aparecen hasta trece personas de diferente tipo: hombres y mujeres de todos los tramos de edad y oficios que representan al ciudadano medio y
cuentan sus problemas. Estos abarcan la clásica denuncia social de la izquierda: los sueldos miserables, los minijobs, la necesidad de un salario
mínimo, la ayuda estatal a los bancos a costa del contribuyente, la falta de inversión
en servicios sociales, la falta de plazas de guardería para conciliar vida
familiar y laboral, el auge de la sanidad privada y las dificultades económicas de los jubilados. Al final aparece el candidato Peer Steinbrück subido al mismo atril explicando que se compromete a
que esas quejas sean escuchadas y con la promesa de una Alemania más justa en
los social.
El contraste con la campaña de Merkel no puede ser mayor. El hecho de que Steinbrück solamente sea visible durante 10 segundos de los 80 que dura el vídeo es un reflejo de la falta de confianza que inspira entre los electores, y la razón por la que los estrategas de campaña hayan apostado claramente por un discurso de contenidos y no de imagen del candidato. Eso explica también el lema de campaña, que subraya en mayúsculas la palabra NOSOTROS (WIR) tratando de conectar a las siglas y al candidato con la sociedad, contrastando esta cercanía con la actitud de superioridad de Merkel.
El SPD se presenta como el representante del pueblo y por lo tanto como su mejor defensor, apostando por una campaña de clásico perfil socialdemócrata tratando de recuperar así una credibilidad en el discurso social que había perdido desde las reformas del último canciller socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005).
Die Grünen: una clásica campaña de valores progresistas
Die Grünen apuestan por una campaña basada en el discurso progresista clásico. Las encuestas les dan en torno al 11% y 12% de la intención de voto, por lo que en el mejor de los casos sólo podrían acceder al Gobierno mediante una coalición con el SPD. Esto les convierte de facto en los socios menores de los socialdemócratas, realidad que no sólo no esconden para tratar de evitar el voto útil, sino que anuncian abiertamente, como por ejemplo en su web.
Die Grünen pueden presentarse como un complemento al SPD porque cuentan con un voto diferenciado al de los socialdemócratas, aunque sorprendentemente el contenido de su discurso es prácticamente calcado. Es decir, Die Grünen y SPD dicen lo mismo, pero les votan diferentes grupos sociales.
El vídeo electoral de Die Grünen es un clásico ejemplo de campaña de contenidos progresistas y ecologistas. Para empezar, lo presentan sus dos cabezas de lista, un hombre (Jürgen Trittin) y una mujer (Katrin Göring-Eckardt) en un claro mensaje de apoyo a la igualdad. El siguiente elemento identificador es una gran pastilla redonda y verde (el color corporativo) con el lema de campaña "¿Y tú?" (Und Du?), todo un desafío a las estrictas reglas de cortesía alemanas en las que lo habitual es dirigirse de usted a las personas desconocidas y en las que tutearse significa reconocer que se ha alcanzado un grado muy elevado de intimidad.
Esa es la estrategia de Die Grünen, el mensaje directo e íntimo al espectador que ve el vídeo, lo que, por otra parte sólo tiene efecto si se trata de un votante confeso de esta formación o de una persona susceptible de convertirse en ello. Es decir, no es un mensaje apto para una gran masa de votantes, se trata más bien de movilizar a su propio electorado y a sus simpatizantes.
Y para ello utiliza un discurso de contenido claramente progresista. En el vídeo los candidatos empujan la pastilla verde que, acompañada de una música optimista, va rodando por diferentes escenarios en los que se van explicando las propuestas: más plazas de escuela infantil, apuesta por la energía renovable, políticas de apoyo a las familias y a los mayores y apoyo a una agricultura ecológica.
Curiosamente, al final del vídeo Die Grünen hacen una llamada al voto de la Zweitstimme, es decir, al segundo voto que tiene cada votante. En el sistema electoral alemán cada votante tiene dos votos: un voto directo a un candidato que se presenta por su circunscripción electoral (Erststimme) y un segundo voto (Zweitstimme) a una lista cerrada de candidatos a nivel de cada Land. Con esto tratan de concentrar el voto de sus seguidores en una opción y posibilitar así que puedan votar a SPD con su voto directo, demostrando así su compromiso con la coalición rojiverde. La petición de voto a una lista concreta es el principal elemento que nos revela que Die Grünen no es un partido de masas como CDU y SPD, que no hacen distinción en las listas en su petición de voto.
FDP: para que todo siga igual
La FDP es el partido que sostiene el actual Gobierno de Angela Merkel. Este pequeño partido liberal es desde los años 80 el socio por definición de la CDU y todo un ejemplo de partido bisagra que, a pesar de su tamaño, cuenta con una dilatada experiencia en el poder.
Tiene un electorado no muy numeroso pero históricamente fiel entre las clases sociales adineradas y los profesionales cualificados. En Alemania se le conoce como el partido de "los que mejor ganan" (Besserverdiener). Sin embargo, en esta campaña electoral la FDP se encuentra con un grave problema: según los sondeos no está asegurada su presencia en la próxima legislatura del Bundestag. La ley electoral alemana sólo permite la representación parlamentaria a los partidos que superen el 5% de los votos, y desde hace meses las encuestas no remontan. La FDP se encuentra hoy con una intención de voto del 5% y el 6%, lo que hace que se enciendan todas las alarmas en la formación, y también entre su socio de la CDU.
Precisamente su pertenencia al Gobierno de Merkel y su participación en la buena situación económica de Alemania es el mensaje fundamental de la campaña electoral de la FDP y queda perfectamente reflejado en su eslogan: "Sólo con nosotros" (Nur mit uns).
El vídeo electoral del FDP comienza precisamente con una serie de imágenes urbanas, actividad económica y personas trabajando con una voz en off que explica el número de trabajadores que han encontrado empleo y los incrementos en las cifras de exportación. Son números de un éxito económico que la voz remata con un contundente "A Alemania le va bien" (Deutschland geht es gut). Inmediatamente después aparece el candidato, Reiner Brüderle, sentado en una cafetería, desayunando y leyendo el periódico. Brüderle, vestido con una llamativa corbata amarilla que es su color corporativo, toma el relevo de la voz y afirma "y deseo que también le vaya bien a usted". Le siguen más imágenes de personas trabajando y de actividad productiva y entonces comienza el discurso del candidato.
Durante el minuto restante del spot Brüderle realiza un discurso en el que advierte a los electores sobre los supuestos riesgos de una coalición entre SPD, Die Grünen y Die Linke (rojo-rojo-verde), y avisa sobre posibles subidas de impuestos, ineficacia en la gestión, despilfarro y supuestos ataques a la libertad personal en caso de que gane la izquierda. El spot es contundente. Al final la voz dice al elector que "si quiere otros cuatro años buenos eso sólo es posible con nosotros" (nur mit uns, el lema de campaña) y finaliza afirmando que con el FDP Alemania seguirá fuerte (Damit Deutschland stark bleibt).
El discurso del vídeo refleja perfectamente el discurso del FDP y su temor a no conseguir el 5% necesario para entrar en el parlamento y permitir así una victoria de la izquierda. Por eso apuesta por la movilización de su electorado, e incluso sugiere el apoyo de los votantes de la CDU, de ahí la idea fuerza de que hay que votar FDP para que nada cambie.
Por eso, si el discurso de Die Grünen era intercambiable con el de la SPD para facilitar el intercambio de votos entre sus electores, el discurso de la FDP es perfectamente homologable al de sus socios mayoritarios en el Gobierno: economía eficaz, fuerza, seguridad, empleo, libertad individual, etc,... La prueba de que la FDP pide el voto encubierto a los electores de la CDU es que -al igual que Die Grünen con respecto a la SPD y por el mismo motivo- también se centra en pedir el segundo voto (Zweitstimme), es decir el voto a las listas cerradas, en detrimento al voto a los candidatos directos que serían para los de la CDU.
Die Linke: los marginados defienden a las víctimas del sistema
Finalmente Die Linke (La Izquierda) es el quinto partido en liza para conseguir representación en el Bundestag. Los sondeos le dan a esta formación una intención de voto entre el 8% y el 9%, lo que en caso de que la FDP no consiguiera entrar, abriría teóricamente la posibilidad de un gobierno de izquierdas en Alemania.
Sin embargo, Die Linke públicamente no juega con esa idea. A diferencia de Die Grünen, que apuestan directamente por la coalición con el SPD, Die Linke hace una campaña autónoma y basada fundamentalmente en la denuncia del sistema político y económico alemán, una denuncia que no sólo se refiere a la actual coalición de Gobierno CDU-FDP, sino que también incluye a SPD y Die Grünen.
Esta formación de izquierdas, nacida tras la caída del Muro de Berlín con militantes ex comunistas de la antigua Alemania oriental y a los que hace algunos años se han unido sindicalistas y socialdemócratas decepcionados de la zona oeste del país, es la gran contestataria entre los partidos con representación parlamentaria. Ningún partido le reconoce plenamente una capacidad democrática y una madurez institucional para estar en el Bundestag, incluido el SPD y die Grünen, lo que coloca a Die Linke en la posición del marginado del sistema que puede permitirse criticarlo todo.
Precisamente este es el papel que juega: el del antisistema marginado que defiende a las víctimas del sistema político y económico. El vídeo comienza con una joven explicando los problemas que sufre derivados de la precariedad laboral, pero en medio de su discurso le callan la boca. Le sigue un hombre mayor que se queja de las injusticias en el sistema de pensiones hasta que también es silenciado. Después es el turno de una madre joven que denuncia la falta de posibilidades para poder conciliar vida familiar y laboral mientras vigila a su hijo pequeño que se escapa. El siguiente es un médico también joven que critica las diferencias entre la sanidad privada y la pública hasta que le hacen callar. La imagen vuelve a la joven del principio que pide una sociedad más humana y justa hasta que, otra vez, es interrumpida.
Por último le sigue una imagen con el logo del partido y tres mensajes seguidos: "Para que tomen en serio sus problemas" (Damit Ihre Probleme ernst genommen werden), "hacemos presión para una política social" (Wir machen Druck für eine soziale Politik), "y no sólo durante la campaña electoral" (Und das nicht nur im Wahlkampf), como una clara señal de diferenciación con el resto de partidos a los que se acusa así de acordarse de los ciudadanos solamente cuando hay elecciones.
El vídeo de Die Linke es diferente al del resto de partidos. Para empezar, Die Linke no pide el voto a un candidato concreto, de hecho no aparece ninguno ni se nombra a nadie. Se presenta como una organización que denuncia los problemas de los votantes. Y también se diferencia en ese mensaje, que en realidad es doble. El primer mensaje es una denuncia típica de izquierdas sobre la situación de los jóvenes, mayores y sobre la situación de los servicios públicos. Es muy parecida al mensaje de SPD y Die Grünen, que atacan así el relato de la Alemania triunfante y económicamente fuerte que vende Angela Merkel. Sin embargo, mientras hace una denuncia sobre las desigualdades sociales, a la vez también hace una denuncia sobre el presunto déficit democrático del sistema político alemán. Según el mensaje del vídeo, el ciudadano medio es silenciado en sus críticas al sistema y no es tomado en serio por los demás partidos que ignoran sus problemas porque defienden otros intereses.
Die Linke transmite así un mensaje de organización que da voz a los sin voz, y trata de convertir la sistemática marginación institucional y política a la que está sometida por los demás partidos en una ventaja, ya que así demuestra que no es parte de un establishment que trabaja en contra de los intereses del ciudadano medio. Es decir, Die Linke se presenta como un partido que comprende y da voz a los sin voz.
En
menos de tres semanas se celebrarán elecciones federales en Alemania. Las
encuestas dan una victoria segura a la canciller Angela Merkel y a su partido,
el conservador CDU, que repetiría coalición de gobierno con los liberales del
FDP. Sin embargo, esta “certeza” se basa en una serie de variables que no están
del todo claras. ¿Se producirá una unidad de toda la izquierda que podría poner
en peligro la hegemonía de la derecha? ¿Conseguirán los socios liberales de
Merkel entrar en el parlamento? ¿Han decidido ya los ciudadanos su voto?
Hace un par de semanas,
cuando sólo quedaban cinco para la fecha de las elecciones el próximo 22 de
septiembre, una encuesta publicada por el canal de televisión público alemán
ZDF, y cuyas conclusiones fueron analizadas por el diario Süddeutsche Zeitung,
revelaba que a pesar de los presagios y anuncios de la inevitable victoria de
Merkel, un 72% de los encuestados se declaraba perfectamente capaz de votar en
el último momento a un partido diferente al que había indicado al encuestador.
Para añadir mayor incertidumbre, un 63% declaraba no haber decidido aún a quién
iba a votar. En una campaña electoral que todos coinciden en señalar como
aburrida, temerosa y plana, ¿queda margen para la sorpresa?
Carteles electorales
Todo el mundo cuenta
con que va a ganar Angela Merkel. Un 64% de los encuestados arriba mencionados
piensan que será así. Los sondeos son tozudos: desde hace meses la intención de
voto a la CDU no deja de oscilar entre el 39% y el 42%. Estos resultados
convierten a los cristianodemócratas en el partido mejor situado. También
Merkel cuenta con la mayor popularidad directa entre los votantes, con un 60%
frente a su rival directo, el socialdemócrata Peer Steinbrück, al que solamente
prefieren un 31%. El pasado 1 de septiembre se celebró un debate televisado –el
único que habrá- entre Merkel y Steinbrück. Según la sentencia de los medios de
comunicación alemanes acabó en empate, lo que conviene a Merkel y podría considerarse
como una oportunidad perdida para Steinbrück para tratar de remontar su imagen
y unos datos bastante malos para alcanzar la cancillería.
El SPD ¿tira la toalla?
La propia dirección
socialdemócrata parece que ha tirado la toalla. Aunque la designación de Steinbrück como candidato hace un año sorprendió por la falta de oposición y
rivalidades (públicas) en el seno del SPD, hace meses que se ventilan las
desavenencias entre el candidato y el secretario general, Sigmar Gabriel. Ambos
no se ponen de acuerdo en cuestiones clave y además no dejan de señalizar en
público sus diferencias –lo que incluso llevó a la mujer de Steinbrück a
quejarse en plena campaña sobre la falta de lealtad de muchos de los compañeros
de su marido. La causa es que muchos en el SPD creen que han perdido las
elecciones y parece que preparan el camino para el ‘día después’ de las
elecciones, sobre todo Gabriel, que no dudará en cubrirse las espaldas del
fracaso electoral culpando en solitario a Steinbrück.
Peer Steinbrück.
Las cifras de las
encuestas a priori dan combustible a esta actitud, ya que los socialdemócratas
también se encuentran encallados desde hace meses en las mismas cifras de
intención de voto, que oscilan entre el 21% y el 26%. Son datos muy malos para
las aspiraciones del SPD de arrebatarle el gobierno a la derecha y no se alejan
demasiado del 23% conseguido en 2009, lo que fue hasta ese momento el peor
resultado electoral de la historia de la socialdemocracia alemana desde la
Segunda Guerra Mundial.
Pero en un país cuya
representación parlamentaria se divide entre cinco partidos, y en el que es
imposible que uno de ellos consiga en solitario la mayoría absoluta, no es
matemáticamente necesario arrollar en las urnas para gobernar. Alemania se ha
caracterizado desde los años 60 del S.XX en que sus gobiernos siempre han sido
de coalición. Por eso las cuentas electorales se hacen sumando los resultados
de los diferentes socios y haciendo cábalas sobre posibles alianzas. En el caso
de la izquierda, la alianza entre el SPD y los Grüne (verdes) es sólida y ya
hizo posible entre 1998 y 2005 un gobierno de izquierdas. Esta alianza sigue
viva en 2013 hasta el punto de que el votante sabe que si elije a los Grüne
también está votando al SPD, de la misma manera que sabe que si vota al FDP
está votando a Merkel y a su CDU, porque los cristianodemócratas y los
liberales han creado una alianza que se ha mantenido fiel desde los años 80.
Angela Merkel.
Sin embargo, en el
bando de la izquierda los resultados de los Grüne no son suficientes para un
cambio de gobierno. Las encuestas les dan una intención de voto que oscila
entre el 11% y el 15%. Son unos resultados excelentes comparados con los de las
elecciones de 2009, en las que consiguieron el 10,7%. Sin embargo, este partido
se ha ido desgastando en los últimos meses. Hace dos años podía contar con un
porcentaje de intención de voto del 20%, y llegó incluso a la presidencia del
Land de Baden Württemberg, un hito en la historia de este partido que comenzó
en los años 80 como una organización heterogénea de movimientos sociales en la
que se encontraban los ecologistas, activistas antinucleares y militantes de
extrema izquierda. Hoy a los Grüne les votan, sobre todo, profesionales de
clase media y funcionarios. Pero no son suficientes para desalojar a Merkel del
poder, ya que con el SPD, y en el mejor de los sondeos (de la Forschungsgruppe Wahlen), sólo sumarían el 38% de los votos.
La CDU tendría el 41%
de la intención de voto en ese mismo sondeo, y podría redondear el éxito con el
6% de los votos que le corresponderían al FDP. Este resultado de los liberales
podría parecer un fracaso si se compara con el 14,6% cosechado en las
elecciones de 2009, pero a día de hoy sería todo un éxito. La ley electoral
alemana no concede representación parlamentaria a los partidos que no superen
el 5% de los votos, y el FDP se ha pasado la gran mayoría de la actual
legislatura con una intención de voto de entre el 3,5% y el 5% por una mezcla
de desconfianza y sentimiento de traición de sus principales promesas
electorales, sobre todo de carácter fiscal. Aún hay algunas encuestas dan a los
liberales una intención de voto del 5%, un resultado raspado que no garantiza
hoy por hoy su entrada segura en el Bundestag, y esto acercaría a la CDU
peligrosamente a la suma de SPD y Grüne (41% frente a 38%).
Die Linke, la variable
impredecible
Hay una variable que,
en caso de ausencia del FDP, haría imposible un gobierno en solitario de
Merkel: el resultado de Die Linke (La Izquierda). Este partido formado por ex
comunistas de la antigua RDA y sindicalistas y ex miembros desencantados del
SPD, tiene una intención de voto que oscila entre el 7% y el 10%, según se
consulte a una u otra encuesta. En todo caso ese porcentaje sería suficiente
para impedir un gobierno en solitario de la CDU y acercaría bastante a SPD y
Grüne al poder: con Die Linke, la coalición rojiverde conseguiría hasta un 48%
de los votos. Sin embargo, la pregunta sería: ¿es posible una alianza entre Die
Linke y los socialdemócratas y los ecologistas?
Tanto SPD como Linke
abjuran oficialmente el uno del otro. El SPD ve en este partido su principal
competidor por la izquierda y su estrategia a nivel nacional siempre ha sido la
de restarle legitimidad y negarle capacidad de gestión. El discurso del SPD es
que es “regierungsunfähig”, es decir, “incapaz de gobernar”. Le achacan inmadurez
y radicalismo, y siempre miran al pasado para recordar la participación de
muchos de los militantes de Die Linke en la antigua RDA, restándole así
legitimidad democrática.
Die Linke, por su
parte, acusa al SPD de traicionar los valores de la izquierda, y, al igual que
hace Izquierda Unida en España, le niega a los socialdemócratas la etiqueta de
partido de izquierdas, manteniendo vivo el discurso de los partidos comunistas
desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, curiosamente la mayor animadversión
surge no de los antiguos cuadros comunistas del este de Alemania, sino de los
nuevos militantes de Die Linke del oeste del país. Hace una década este partido
se llamaba PDS (Partido del Socialismo Democrático) y su implantación se
restringía sólo a los territorios de la antigua RDA. A partir de las elecciones
federales de 2005, sin embargo, encontraron en el oeste una fuente importante
de aliados entre los sindicalistas y militantes del SPD desencantados con las
reformas sociales del entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder.
Miles de militantes del SPD, encabezados por el histórico dirigente
socialdemócrata Oskar Lafontaine, se dieron de baja y apoyaron al nuevo partido
de Die Linke que se fundó oficialmente en junio de 2007.
Gregor Gysi.
Desde entonces los ex
miembros del SPD han sido muy beligerantes con sus ex compañeros, una actitud
que contrasta con la de Die Linke en el este de Alemania, donde desde hace años
ha mantenido una relación cordial con el SPD con el que han mantenido y
mantiene coaliciones de gobierno a nivel local y de los Länder (por ejemplo en
Brandenburgo, o en su día en Berlín). El histórico líder del PDS y ahora de Die
Linke, Gregor Gysi, llegó a ser consejero del gobierno de Berlín. Gysi es
partidario de limar asperezas con los socialdemócratas a nivel federal y
comenzar a abrir líneas de contacto para una posible colaboración (o incluso
coalición) en el Bundestag. Voces del SPD también apoyan esta medida, pero aún
hay muchos en ambas organizaciones que recelan de este proyecto de alianza que
podría llevar a los partidos de izquierda al poder.
Angela Merkel está
tranquila, a priori. Sabe que es muy difícil que Die Linke, por un lado, y SPD
y Grüne por otro, se pongan de acuerdo para formar un gobierno. Aún es pronto
para que esa colaboración fructifique. Sin embargo, si se da la carambola y
finalmente el FDP no supera el 5% de los votos, sí que la izquierda podría
sumar suficientes votos negativos a su investidura como para poder evitarla. Es
decir, si los liberales no entran, la CDU sacaría en torno al 40% de los votos
frente a un 44% - 48% de la suma de Die Linke, Grüne y SPD. Merkel no podría
gobernar, pero la izquierda tampoco está en condiciones, hoy por hoy, de
proponer un proyecto de gobierno rojo-rojo-verde. ¿Se tendrían que repetir las
elecciones?
La CDU y Merkel han
reaccionado y su estrategia es pedir encubiertamente el voto por el FDP. El
sistema electoral alemán da dos votos a cada ciudadano: uno por cada lista
cerrada que se presenta al Bundestag, y otro para los candidatos directos de
cada circunscripción electoral. El plan del CDU es que sus militantes dividan
su voto y permitan así a su socio de coalición seguir en el parlamento y
mantener la actual coalición de gobierno.
Sin embargo, como ya se
expuso anteriormente, más del 60% de los electores aún no han decidido a quién
van a votar, lo que hace que las elecciones sean más impredecibles de lo que a
más de uno le gustaría reconocer. Por ello, en caso de que aún con la entrada
de los liberales la suma para gobernar no sea suficiente, Merkel ya tiene previsto
un nuevo plan para evitar la repetición de las elecciones: el retorno a la gran
coalición con el SPD, que ya gobernó Alemania entre 2005 y 2009.
El
próximo 22 de septiembre se celebrarán las elecciones al Bundestag, el
Parlamento alemán. En Europa, la esperanza de los opositores a la política de
austeridad de la canciller Angela Merkel es que ella pierda los comicios a
favor del aspirante socialdemócrata Peer Steinbrück. Incluso sus aliados
ideológicos, como el Gobierno de España, apuestan que después de esta cita
electoral cambiará la política alemana, lo que permitirá mayor inversión e
incluso podría poner fin a la recesión de España en 2014, según el ministro de
Hacienda, Cristóbal Montoro. A cinco meses de las elecciones alemanas el
resultado parece estar muy reñido. ¿Ganará la izquierda? ¿Seguirá la derecha?
¿O volverá la gran coalición?
A cinco meses de las
elecciones al Parlamento alemán las encuestas dan unos resultados muy reñidos.
Las últimas encuestas de la llamada “pregunta del domingo” (Sonntagsfrage,
sobre a quién votaría si hoy fuera domingo de elecciones) realizadas entre el
pasado 19 de marzo y el 12 de abril dan una victoria a los crstianodemócratas
de Merkel con una oscilación entre el 39% (Emnid) y el 42% de intención de voto
(Infratest Dimap y Forschungsgruppe Wahlen). Por otro lado, estas encuestas dan
entre un 23% y un 29% de intención de voto para los socialdemócratas del SPD
representados por su candidato Peer Steinbrück.
Es decir, los votos
entre los dos grandes partidos sumarían siempre la mayoría absoluta, pero no
son suficientes para gobernar en solitario. Por lo tanto, los apoyos a los partidos
minoritarios son esenciales para formar gobierno, una práctica habitual en
Alemania desde hace décadas debido a la dificultad e incluso imposibilidad de
los grandes partidos de conseguir mayorías absolutas.
La canciller Angela Merkel, CDU.
Así, según estas
encuestas los Verdes tienen entre el 14% (Forsa y Forschungsgruppe Wahlen) y el
16% (GMS) de la intención de voto, mientras que el socio de Merkel en el
Gobierno, los liberales de la FDP, sólo conseguiría entre un 4% (Infratest
Dimap y Forschungsgruppe Wahlen) y un 6% (Forsa y Allensbach), un desastre
respecto a las elecciones de 2009 cuando consiguieron un 14,6% de los votos. Sin
embargo, esta oscilación entre un 4% y un 6% de los votos no es baladí, ya que
supone la diferencia entre estar o no representado en el Parlamento, ya que
para ello es necesario llegar al 5% de los votos.
Esta barrera sí la
superaría según todos los institutos sociológicos Die Linke, la izquierda
formada por una mezcla de socialistas desencantados y los herederos comunistas
de la RDA, que conseguirían entre un 6% (Allensbach y Forschungsgruppe Wahlen) y
un 9% (Forsa) de los votos.
Por lo tanto, la actual
constelación de votos daría como resultado un gobierno de izquierdas, con una
coalición entre el SPD y los Verdes (como la que gobernó Alemania entre 1998 y
2005), o de derechas entre la CDU y el FDP (como la que gobierna ahora). La
diferencia entre una u otra está en unos porcentajes mínimos, de sólo un uno o
dos.
Die Linke, aunque no
entraría en acuerdos sólidos con el SPD y ni mucho menos en una coalición de
gobierno, desde luego no apoyaría a la CDU, por lo que no pondría en peligro la
hegemonía de la izquierda en el Bundestag en caso de mayoría. Pero sí es
fundamental saber qué pasará con el FDP. ¿Logrará superar el 5% y entrar en el
Bundestag? De ello puede depender el color de la futura coalición de gobierno.
Y saber qué pasará con este pequeño partido bisagra es siempre una incógnita.
La incógnita sobre el futuro
de los liberales
En las pasadas
elecciones en el Land de Niedersachen (Baja Sajonia) del pasado 20 de enero, el
FDP parecía desahuciado en las encuestas, pero logró un 9,9% de los votos, un
1,7% más que en las anteriores de 2008. Es decir, las mayorías en el Bundestag
penden de un hilo. Y con ello el destino de Europa.
Por lo tanto, deben
entrar en juego otro tipo de cuestiones, como por ejemplo, la percepción que se
tiene de los candidatos. A pesar de que su partido sólo lograría como mucho el
42% de la intención de voto, la figura de Merkel es apoyada por el 60% del
electorado (según el barómetro del pasado 22 de marzo de la cadena de televisión pública ZDF, tradicionalmente con tendencia hacia los conservadores),
mientras que el candidato del SPD sólo es apoyado por el 29%.
En el juego de
coaliciones también se hacen quinielas y existen preferencias, que incluso
pueden configurar la campaña electoral. Así, según esta encuesta del ZDF, el
52% de los encuestados prefieren recuperar la gran coalición entre CDU y SPD
que gobernó Alemania entre 2005 y 2009, mientras que sólo un 26% apoyaría
reeditar la colaboración entre CDU y FDP (un 48% incluso lo rechazaría), y un
19% daría su beneplácito a una coalición progresista entre SPD y Verdes (con un
63% de rechazo).
¿Llegará de nuevo la gran
coalición?
¿Se va hacia una nueva
gran coalición en Alemania? ¿Apostarán los grandes partidos alemanes por volver
a unir sus destinos? ¿Qué discursos y compromisos adoptarán en la campaña
electoral? ¿Qué consecuencias tendría ese tipo de gobierno para Europa y para
España?
Peer Steinbrück, candidato del SPD.
Por el momento parece
que el candidato del SPD, Peer Steinbrück, lejos de buscar puntos en común con
la canciller Merkel, está subrayando sus diferencias. Así, en una entrevista reciente
al semanario Der Spiegel, Steinbrück criticó muy duramente la política de austeridad
del gobierno alemán y el coste que esta tiene para la integración europea. Steinbrück
dijo, textualmente, que “la superación de la crisis europea va a costar dinero.
Y será así: a Alemania solamente le irá bien si la va bien a nuestros vecinos”.
Además, lanzó una declaración de guerra en toda regla contra los paraísos fiscales. Todo un desafío al discurso de Merkel y la promesa de un cambio de curso de la
política alemana de 180º.
Si este es el eje del
discurso del SPD en las elecciones, ¿podrán reeditar la CDU y el SPD la gran
coalición? Y, ¿qué pasará con Alemania si los márgenes electorales entre
derecha e izquierda son tan estrechos, que no se puede garantizar la
gobernabilidad del país más poderoso de Europa si no es con un acuerdo entre
los dos grandes partidos?