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viernes, 22 de enero de 2016

¿Es el fin de las aspiraciones de Pedro Sánchez?

La política española ha vivido el pasado viernes 22 de enero un giro que podría ser definitivo. En pocas horas, dos anuncios espectaculares han hecho trizas la estrategia del PSOE para tratar de convertir a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno y han transformado la gran ventaja estratégica de los socialistas de su posición central entre las fuerzas políticas en un problema.

La semana previa los acontecimientos señalaban a una ligera ventaja de los socialistas en la dura lucha por la investidura. El sorprendente acuerdo con Ciudadanos que hizo posible la presidencia de Patxi López en el Congreso de los Diputados era el aviso de que podía conseguirse algo mucho más importante si este acuerdo se repetía de cara a la investidura. Con el SÍ de Ciudadanos el PSOE superaría los escaños del PP y pondría a Podemos y a sus confluencias en la situación incómoda de tener que elegir entre apoyar un gobierno alternativo a Rajoy (ya sea votando a favor o absteniéndose) o votar en contra.

El resultado hubiera sido brillante para Pedro Sánchez: una derrota del PP y su parálisis temporal con una crisis interna importante en torno al liderazgo; la escenificación de Podemos como el miembro menor de la izquierda frente a un PSOE gobernante; la demostración ante la Unión Europea y los poderes económicos y empresariales de que es capaz de llegar a acuerdos con Ciudadanos y el centro político moderado; y, sobre todo, la victoria incuestionable sobre sus barones territoriales que se oponen abiertamente a su liderazgo.

Esta estrategia tenía un primer acto, y es que Rajoy debía presentar el primero su candidatura a la investidura y perderla. Aunque fuera con los votos favorables de Ciudadanos, pero esta sesión hubiera escenificado el NO de los socialistas y hubiera legitimado la posterior candidatura de Pedro Sánchez como líder del segundo partido más votado, sobre todo ante el importantísimo Comité Federal del PSOE del 30 de enero, que es el que debe dar luz verde a Sánchez en sus políticas de pactos.

Sin embargo, las cosas han venido de otra manera. Los rivales del PSOE no se han quedado dormidos y han trastocado todos estos planes.

Golpes de efecto

El primer golpe de efecto lo dio Pablo Iglesias tras su entrevista con el Rey, cuando anunció ante la sorpresa general que estaba dispuesto a apoyar la presidencia de Pedro Sánchez a cambio de participar en un gobierno de coalición en el que el propio Iglesias se recomendaba como vicepresidente. La reacción de los barones y de otros muchos influyentes socialistas contrarios a cualquier pacto con Podemos no se hizo esperar y respondieron enojados y ofendidos en contra de la oferta de Iglesias. El ambiente en el PSOE a ocho días del Comité Federal volvía a calentarse.

Pero a esta primera bomba informativa le siguió pocas horas después una segunda explosión espectacular. Mariano Rajoy anunció también tras su entrevista con el Rey que no iba a presentar su candidatura a la investidura, a pesar de que Felipe VI se lo había propuesto formalmente al tratarse del líder del partido más votado en las elecciones. Poco después el propio Rajoy matizó sus palabras y explicó que seguía aspirando a la Presidencia del Gobierno, pero que no se presentaría a la investidura hasta conseguir la mayoría que le diera la victoria.

La estrategia del PSOE se ha hecho añicos. Ahora todos los focos están sobre Pedro Sánchez y no sobre Rajoy, y las preguntas son: ¿Se presentará ahora el líder socialista el primero a la sesión de investidura? Y ¿aceptará la oferta de Podemos?

‘Vía Crucis’ del PSOE

La que iba a ser una semana cómoda y triunfal del PSOE con la derrota de Rajoy en el Congreso se ha convertido en un más que probable ‘Vía Crucis’ de cara al Comité Federal del 30 de enero. Los barones y muchos miembros de este órgano no apoyarían con toda seguridad el pacto con Podemos, lo que abriría una dura confrontación entre los partidarios de negociar con Pablo Iglesias y los que no lo están. Se antoja casi imposible para Pedro Sánchez conseguir en este ambiente una mayoría absoluta (por no hablar de unanimidad) en el máximo órgano socialista entre congresos que legitime su candidatura a la investidura con el apoyo de Podemos.

Es, sin duda, una gran victoria táctica de Pablo Iglesias. Por un lado, si Sánchez consiguiera un SÍ del Comité Federal a pactar con Podemos, se abriría un proceso de negociación con el partido morado cuyos resultados son hoy por hoy imprevisibles, ya que una coalición de partidos para formar gobierno como ha ofrecido Iglesias haría saltar muchas chispas en el seno del socialismo que no olvida que Podemos tiene como objetivo estratégico hacerse con la hegemonía en la izquierda. Por otro lado, en el caso de que el PSOE dijera NO a un pacto con Podemos, Iglesias no tardaría ni un segundo en afirmar que los socialistas no quieren el cambio y que Podemos es la única alternativa real de izquierdas, con el claro objetivo de atraer a más votantes socialistas a sus filas en una posible repetición de las elecciones.

Con el movimiento de Iglesias se ha invertido la situación: de ser Podemos el que tendría que posicionarse ante un eventual pacto PSOE-Ciudadanos contra el PP, ahora es el PSOE el que tiene que posicionarse, y cualquiera de las decisiones que tome conllevan un desgaste.  

Rajoy, por su parte, espera pacientemente este desgaste del PSOE y, de la misma manera que Sánchez esperaba un suicidio político de Rajoy en el Congreso, ahora es el presidente en funciones el que espera que sea su rival el que se inmole en la Cámara. El PP sigue jugando la baza del pacto con Ciudadanos y el apoyo (o abstención) del PSOE, por lo que un fracaso y/o eventual dimisión o derrota de Pedro Sánchez sería fundamental, ya que un nuevo liderazgo socialista podría permitir un nuevo gobierno de Rajoy. Los socialistas tendrían que elegir entre la peste o el cólera: mantener el NO a Rajoy y provocar unas nuevas elecciones en las que, con bastante seguridad, pagarían ante sus votantes su negativa a aprovechar la oferta de Podemos para echar al PP del Gobierno, o apoyar a Rajoy.


En resumen: en un solo día los que parecía que iban perdiendo han provocado un giro en los acontecimientos que puede poner fin a las aspiraciones de Pedro Sánchez de convertirse en presidente del Gobierno. ¿Podrá contraatacar con otro golpe de efecto?

sábado, 16 de enero de 2016

Pedro Sánchez Presidente del Gobierno. ¿Un desenlace imposible?

La actual composición del Congreso de los Diputados ha abierto la caja de pandora de los pactos. De ser un parlamento que en los últimos 30 años ha funcionado al albur del poder ejecutivo como consecuencia de las mayorías absolutas o simples que permitían al partido más votado controlar las instituciones, hoy un puzle de muy difícil combinación marca el trabajo parlamentario. El primero y más importante y urgente de ellos la investidura del nuevo Presidente del Gobierno.

En los medios, en los análisis y en las tertulias se habla de dos bloques ideológicos, incluso de tres. Estarían representados por PP y Ciudadanos (derecha); PSOE, Podemos (y sus mareas) e IU (izquierda); y los nacionalistas, una amalgama heterogénea que incluye tanto a los conservadores del PNV, a izquierdas independentistas como Bildu o Esquerra Republicana, a conservadores independentistas como Democracia y Libertad (la antigua CiU), y a la diputada de Coalición Canaria.

Este esquema por afinidades ideológicas se ha impuesto en el imaginario colectivo de aquellos que aspiran a comprender este escenario altamente confuso. Sin embargo, para disgusto de los amantes de la simplificación, es un esquema que no se ajusta a la realidad, o mejor dicho, la realidad no tiene por qué ajustarse a él.

Comenzando por el bloque de la derecha. ¿Es homogéneo? ¿Supone esta asignación ideológica que PP y Ciudadanos están obligados a entenderse en exclusiva y a ser socios porque comparten ideario y rechazar la negociación con otros? Lo mismo podría decirse del bloque de la izquierda, en el que la desavenencia es lo único que hasta el momento ha caracterizado la comunicación entre PSOE y Podemos, lo que aleja el llamado ‘pacto a la portuguesa’ a pesar de que ambos comparten buena parte del perfil de su electorado.

Por el momento los hechos han demostrado que los supuestos bloques ideológicos no deben servir como guía para comprender la realidad política española, ya que el primer acuerdo firme y con consecuencias prácticas ha sido al que han llegado PSOE y Ciudadanos para nombrar al socialista Patxi López presidente del Congreso, con la abstención del PP y los votos en contra de Podemos. Es decir, un miembro del bloque de derechas y un miembro del bloque de izquierdas han conseguido llegar a un acuerdo sin el apoyo de sus ‘compañeros’ ideológicos. ¿Y si este acuerdo fuera el primer paso hacia un pacto mucho más relevante?

Los números frente a la ideología

Para ser Presidente del Congreso hacen falta más votos a favor que en contra. Se trata de una cuestión de pura aritmética y no ideológica. En el Congreso de los Diputados hay 350 parlamentarios. Para elegir al Presidente del Gobierno en una primera vuelta son necesarios 176 votos como mínimo, es decir, la mayoría absoluta. Como esa cifra se antoja imposible por la actual composición de la Cámara, se pasaría a una segunda vuelta de votación en la que ya solamente es necesaria una mayoría simple, y esa es la cuestión clave.



A partir de aquí sigue la mera especulación.

El PP presentaría a Mariano Rajoy en una primera vuelta que fracasaría ya que, a priori solamente conseguiría los votos positivos propios, 123 (122 si Gómez de la Serna no vota), más los 40 de Ciudadanos si seguimos apostando por la solidaridad entre los bloques ideológicos. En total serían 163 votos, 13 menos de la mayoría absoluta y 24 menos de la suma de los votos de PSOE, Podemos y los nacionalistas, 187 votos que presumiblemente dirían ‘No’ a un nuevo gobierno del PP. En total 163 ‘síes’ frente a 187 ‘noes’ para Rajoy.

Se pasaría a una segunda fase. Patxi López podría presentar al rey la candidatura a la investidura del líder del PSOE, Pedro Sánchez. Con 90 diputados, 33 menos que el PP, podría parecer una operación condenada al fracaso. Sin embargo, si se activara de nuevo el acuerdo que ha permitido al PSOE presidir el Congreso, esos 90 diputados del PSOE podrían contar con el apoyo de los 40 de Ciudadanos, es decir, 130 votos para Pedro Sánchez contra 123 del PP que seguramente votarían ‘No’.

Ni mucho menos sería suficiente para una investidura en una primera ronda porque faltarían 46 votos para la mayoría absoluta. Pero, ¿y en una segunda vuelta en la que sólo es necesaria una mayoría simple? PSOE y Ciudadanos superan al PP, y ¿qué harían Podemos y los nacionalistas?

Podemos cuenta con 42 diputados propios más otros 27 de las ‘mareas’ regionales. En total 69 diputados que tendrán que elegir si permiten un gobierno del PSOE o lo tumban directamente sumando sus votos negativos a los del PP. ¿Estaría dispuesto Pablo Iglesias a ponerse en el mismo lado de Rajoy contra el PSOE? Podemos también podría abstenerse, lo que con la abstención nacionalista sería suficiente para hacer de Pero Sánchez presidente con el siguiente resultado: a favor 130, en contra 123, abstención 97 (aunque seguramente algún diputado nacionalista votaría a favor, como la de Coalición Canaria que gobierna en las islas con el apoyo socialista).

Para llegar a este escenario deben darse muchas carambolas y se debe negociar mucho. Por ejemplo, Ciudadanos ha apoyado la presidencia del Congreso por parte del PSOE para que presida la Cámara un partido diferente al del Gobierno. ¿Cambiaría de parecer Albert Rivera para apoyar a Pedro Sánchez? ¿Qué papel jugaría Podemos? Y los 17 diputados nacionalistas catalanes que apoyan la llamada ‘desconexión’, ¿apoyarían al PSOE o al menos se abstendrían facilitando así la investidura de Pedro Sánchez?


Este sería un desenlace difícil, puede que improbable, pero no imposible.    

miércoles, 8 de julio de 2015

La vorágine electoral después del verano

España está de elecciones. Lleva así desde que empezó 2015 y seguirá así hasta que se hayan celebrado las generales, las que de verdad importan. Las elecciones andaluzas, las municipales y autonómicas y las catalanas solamente se perciben para muchos como meros sondeos (muy detallados y caros) para medir el ambiente antes de la batalla decisiva.

Los principales actores ya se están preparando. El PSOE tiene candidato oficial tras un proceso exprés con bandera gigante incluida. Pedro Sánchez encabezará la lista del PSOE al Congreso de los Diputados en Madrid sin necesidad de pelea interna (al menos visible). Ciudadanos también tiene candidato-marca, Albert Rivera (¿quién si no?) y Podemos, que ya ha convocado un proceso de primarias que ha provocado algunas críticas internas por su supuesto caudillismo, no tardará en presentar a Pablo Iglesias como su estandarte electoral (¿volverán a imprimir su cara en las papeletas como hicieron en las Europeas?). Por parte del PP nadie duda de que el candidato será el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aunque las voces críticas con su figura dentro de su propia casa empiezan a ser cada vez más fuertes y contundentes.

Todos tienen el mismo objetivo: ganar. Aunque esto no signifique exactamente lo mismo en cada caso. Porque si Rajoy no es capaz de revalidar la mayoría absoluta, o al menos de conseguir una mayoría clara, habrá perdido y sus enemigos en el PP saldrán a por él. Porque si el PP consigue apuntalar su poder sin necesidad de una muleta, Ciudadanos y Albert Rivera habrán fracasado al no poder convertirse en un actor político decisivo. Porque si Podemos no consigue superar en votos al PSOE no conseguirá cumplir su objetivo estratégico de hacerse con la hegemonía en la izquierda española. Y porque si el PSOE no supera a Podemos, Pedro Sánchez no será presidente del Gobierno.

Los primeros datos que ofrecen las encuestas dicen que todo está al rojo vivo. La encuesta de Invymark del mes de junio para La Sexta habla de una victoria mínima del PP que en realidad sería una derrota: el 25.9% de intención de voto. Necesitaría una muleta que podría ser Ciudadanos, pero según el sondeo aún así no sería suficiente: Los de Rivera solamente llegarían al 13,2%. PP y C’s no sumarían más que el 39,1% frente al 46% de la suma de PSOE y Podemos. Pero esa suma es complicada, porque Pedro Sánchez y Pablo Iglesias empatarían cada uno con el 23%.

Si fuera por las preferencias del público, Pedro Sánchez sería el presidente. Siempre según esta encuesta que dice que un 31,1% de españoles le prefiere a él frente a un 20,1% que elegiría antes a Pablo Iglesias. Pero como el sistema político español no es presidencialista cuentan las marcas. Y no estaría claro cual de los dos, Podemos o PSOE, aceptaría ser el socio menor en caso de un empate técnico en el mundo político de la izquierda.

Barómetro de Metroscopia, julio 2015.

El último sondeo de Metroscopia publicado en El País abunda en el mismo escenario: un empate virtual entre PSOE (22,5%) y Podemos (21,5%) con un margen de erros de más menos 3,2 puntos. El PP, por su parte, conseguiría el 23%, lo que, sumado al 15% que conseguiría Ciudadanos no le permitiría gobernar. 

La carrera ya ha empezado. Todos deben necesariamente sumar para despegarse de sus rivales. Al final del camino, ¿conseguirá el PP una amplia mayoría?, ¿quién se hará finalmente con la hegemonía de la izquierda? y ¿quién se presentará al debate de investidura?


Empiezan las ofertas electoralistas

Junto al posicionamiento de los líderes, estamos siendo testigos de las primeras promesas y medidas electorales. Parte del PP parece que está pasando a un discurso algo más progresista ante la ola de izquierdismo que vive el país. Así, por ejemplo, Cristina Cifuentes, la flamante presidenta de la Comunidad de Madrid, y Jesús Posada, el presidente del Congreso de los Diputados, han izado la bandera del arco iris en la semana del Orgullo Gay. Por otro lado, el presidente del Gobierno ha adelantado una bajada del IRPF mientras insiste en que la recuperación económica es una realidad. Rajoy sigue confiando en que los bolsillos, o mejor dicho la expectativa de aumentar sus contenidos, determinen buena parte de los votos y le permitan repetir en La Moncloa.

El PSOE, por su parte, se aferra en que esa expectativa no cuaje entre el electorado y basa su discurso en la denuncia de la desigualdad que está causando la crisis entre los españoles. Mientras los socialistas denuncian la cara amarga del capitalismo, y para cortocircuitar denuncias de radicalismos ideológicos, lo hacen reivindicando los símbolos del Estado y con ello una imagen de centralidad. Es el eterno viaje al centro que nunca se deja de emprender en vísperas electorales.

De eso sabe mucho Podemos, que en su camino hacia la “transversalidad” ya ha tenido que vivir las primeras disensiones internas de un sector que considera que se están traicionando las esencias asamblearias y de izquierdas. Pablo Iglesias tiene claro que la razón de ser y la clave del éxito de Podemos se basa en que permanezcan intactos su imagen y su discurso irreverentes y diferentes frente a los partidos tradicionales, pero a la vez necesita centrar esa misma imagen y ese mismo discurso para atraer al mayor número de votantes del PSOE, fundamentalmente, y ganar así su batalla por la hegemonía de la izquierda. Parece la cuadratura del círculo: ¿se puede ser un rebelde de centro?

Ese es el objetivo de Albert Rivera y de Ciudadanos. Las elecciones municipales y autonómicas del pasado mes de mayo no han supuesto una explosión impresionante de votos a la formación naranja teniendo en cuenta su proyección demoscópica, pero sí la ha puesto en el centro del tablero. Igual que los pactos postelectorales han situado a Podemos en la izquierda con el PSOE como único socio posible, ocupando así el espacio de IU, Ciudadanos juega a dos bandas. Con menos votos, está desempeñando un papel más destacado en la gobernabilidad de ciudades y autonomías importantes, y lo hace sin  hacer ascos a ni al PP, al que permite gobernar en la Comunidad de Madrid, ni al PSOE, al que permite hacerlo en Andalucía.

Sin embargo, tanta centralidad puede resultar complicada para los electores acostumbrados a la confrontación entre derecha e izquierda. Aunque puede resultar práctico no casarse con nadie, también puede restar votos. Los de Rivera se entienden como los luchadores por una España sin corrupción y comprometida con la llamada regeneración democrática, aunque sin especificar exactamente qué supone eso. La pregunta que tendrán que responder a su electorado será si el juego a dos bandas realmente supone una mayor democracia y menos corrupción, o si es simplemente mercantilismo.


Cada voto contará y para ello ninguno de los actores implicados dudará en movilizar todas sus fuerzas y discursos para alcanzar su objetivo. Si la situación política y mediática en España ya es convulsa, después del verano nos espera la vorágine, o lo que es lo mismo, una “pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos”, como lo define la RAE.

sábado, 20 de julio de 2013

LOS ESCENARIOS POLÍTICOS QUE PUEDE PROVOCAR BÁRCENAS

Luis Bárcenas, el ex tesorero y ex gerente del PP, está desvelando los peores trapos sucios del partido en el Gobierno y del presidente Mariano Rajoy. Cada día salen a la luz nuevos ejemplos de cómo el PP utilizaba el dinero negro que recibía por parte de empresarios solícitos a cambio de favores. Se trata de uno de los mayores, sino el mayor escándalo de la actual democracia española, mientras Rajoy sigue sin querer comparecer en el Parlamento. La oposición ha anunciado una Moción de Censura y se reclama a gritos la dimisión del presidente y elecciones anticipadas. ¿Qué escenarios políticos se abren en España a partir de ahora?

El periodista Pedro Blanco definió a Mariano Rajoy como “preso de un preso de Soto del Real”. Luis Bárcenas por el momento ha desvelado que ha mantenido una estrecha relación y complicidad con el presidente del Gobierno, al menos hasta el pasado mes de marzo, como atestiguan los SMS que se enviaron mutuamente. También le ha confesado al periodista Pedro J. Ramírez que el PP recibía donaciones millonarias de empresarios a cambio de favores y que no podían justificar por exceder los límites fijados por la ley de financiación de los partidos políticos. Pero Bárcenas no se ha quedado ahí.

Por el momento ha revelado ante el juez que Rajoy y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, recibieron un sobresueldo en negro entre 2008 y 2010, o que el PP pagó la defensa del caso del Yak 42 con los euros de su caja B que, según los datos aportados por Bárcenas al juez, podría ascender a 8,3 millones de euros de dinero negro. El diario El Mundo ha publicado también que el propio Rajoy habría amenazado a Bárcenas con encarcelar a su mujer si seguía hablando, o la nulidad del caso y el cese del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, si guardaba silencio.

Uno por uno y en singular todos estos casos suponen por sí mismos un escándalo grave, pero en su conjunto suponen un verdadero terremoto de consecuencias a primera vista imprevisibles. La oposición exige a Rajoy que comparezca en el Parlamento y explique su relación con Bárcenas y el origen del dinero negro del PP. Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, ha anunciado una Moción de Censura si la mayoría absoluta del PP continúa bloqueando esta comparecencia, y los gritos que piden la dimisión del presidente se multiplican.

Rajoy está asediado, ¿pero realmente no tiene escapatoria? Su situación parece muy precaria, sin embargo cuenta con muy buenas cartas y una situación política, social y económica que le desaconsejan hacer otra cosa que no sea aguantar en el puesto. Aquí se analizan los diferentes escenarios políticos que se podrían abrir a partir del Caso Bárcenas y por qué Rajoy no se mueve:

Moción de Censura: Parece el escenario más probable e inmediato si el PSOE cumple su advertencia –el único grupo parlamentario de la oposición con diputados suficientes para presentarla- y si Rajoy sigue sin comparecer en el Congreso. La Moción de Censura es un mecanismo recogido en los artículos 113 y 114.2 de la Constitución y en los artículos 175 a 179 del Reglamento del Congreso de los Diputados. No se debe olvidar que el Presidente del Gobierno es nombrado por el Congreso –en las elecciones no votamos al presidente, sino a los diputados que le nombran-, por lo que le corresponde al propio Congreso la capacidad de deponerlo. Sin embargo, no se puede poner una Moción de Censura a la ligera. Se necesitan al menos 35 diputados y se caracteriza por la obligación de proponer a un candidato a la Presidencia del Gobierno por parte de los diputados que presentan la moción, una persona que, por otra parte, no tiene por qué ser diputado. Es decir, se obliga a la oposición a ser constructiva y no solamente a deponer el Gobierno. Ya sólo este detalle obliga a la reflexión. En este caso, ¿a quién nombraría el PSOE como candidato para enfrentarse a Rajoy?

El PP tiene mayoría absoluta de 186 diputados en el Congreso, por lo que el resultado de la Moción de Censura está claro. Los socialistas, con 110 escaños, explican que, sin embargo, se presentaría “por dignidad de la Cámara”, para no dejar sin lucha la exigencia de respeto al Parlamento. Sabiendo que van a perder, los socialistas tendrían que presentar a un candidato dispuesto a autoinmolarse. ¿Sería una persona sin grandes ambiciones dispuesta a sacrificarse o sería el líder?

La moción de censura prevé un debate en el Congreso para explicar por qué se presenta, y en ese momento todas las miradas se centrarían en el orador que representaría a su partido. Sería la voz de la oposición frente al PP, aunque no está obligada la presencia de Rajoy al tratarse de un trámite exclusivamente parlamentario. En caso de que se encargue de defender la postura socialista un o una dirigente sin demasiado peso orgánico y mediático, sería un papel demasiado grande para una persona que no pretende liderar al principal partido de la oposición más allá de este debate, y una imagen de poco convencimiento en la utilidad de esta medida. Pero tendría la ventaja de que se ‘quemaría’ a una personalidad sin demasiada relevancia para la futura lucha por el poder. Sin embargo, le restaría toda utilidad y sentido a esta maniobra que no dejaría de ser puramente mediática.   

En ese caso, ¿sería Rubalcaba? Es la gran pregunta, ya que hoy por hoy es el líder del PSOE dentro y fuera del Congreso. Sin embargo, su futuro como candidato a presidente del Gobierno no está claro. Está previsto un proceso de primarias en el que se elegiría al nombre de la persona que se enfrentará al PP en las próximas elecciones. Rubalcaba no ha aclarado si se presentará o no a este proceso, y si tiene pensado continuar al frente del PSOE. Aceptar la responsabilidad de encabezar una Moción de Censura abocada al fracaso le confirmaría como el líder socialista, pero le podría quemar definitivamente de cara al futuro. Si acepta o no la candidatura frente a Rajoy podría considerarse una manera interesante para poder interpretar los planes de futuro de este veterano y hábil político.

Por otra parte, y recordando que no es necesario ser diputado para ser candidato en una Moción de Censura, no es probable que se opte por presentar a algún dirigente con proyección y ambición a dirigir el PSOE o presentarse a las primarias (según han publicado los medios), como Carme Chacón, Patxi López o Eduardo Madina. Ninguno de ellos querría encabezar una Moción de Censura abocada al fracaso y, sobre todo, no se puede apostar por ninguno de ellos sin haber pasado previamente el trámite de las primarias y pensar que ello no tendría consecuencias. No estaría legitimado ante el propio partido y el desgaste interno sería muy alto. Y no hay tiempo para celebrar unas primarias.

Lo complicado en este proceso de presentación de una Moción de Censura es conseguir la unanimidad de los grupos de la oposición para, al menos, presentar un bloque compacto frente al Gobierno. Y eso ahora tampoco está claro. Los catalanes de CiU, por ejemplo, han puesto precio a su apoyo a la Moción de Censura (apoyar la consulta soberanista) y los vascos del PNV ya la han despreciado como “inútil”. UPyD y ERC la apoyan, y el grupo de la Izquierda Plural en el Congreso (IU-ICV-CHA) decidirá en su momento si la apoya o no.

Está por ver que todos ellos acepten a un único candidato contra Rajoy, ya que el Reglamento permite que todos los grupos puedan presentar un candidato propio una vez que se presenta la Moción de Censura, sea cual sea su número de diputados. Y hay que recordar que el Reglamento impide presentar otra moción en el mismo periodo de sesiones. Habría que esperar un año para la siguiente

De todos modos, los trámites para presentar una Moción de Censura pueden ser largos. Si el PSOE lo pidiera en los próximos días seguramente habría que esperar a septiembre ya que el Congreso ahora está de vacaciones hasta el inicio del próximo periodo de sesiones. ¿Qué habrá desvelado Bárcenas hasta entonces?


Elecciones adelantadas: Está claro que no todos los partidos de la oposición tienen la misma estrategia a la hora de encarar el Caso Bárcenas. Por ejemplo, Izquierda Unida se muestra ambigua con respecto a la Moción de Censura. En cambio exige la dimisión de Rajoy y elecciones anticipadas. No es de extrañar, ya que las últimas encuestas electorales prevén una importante subida de escaños de esta formación política si se celebraran elecciones hoy.

Según una encuesta de GESOP publicada por el Periódico de Cataluña a principios de este mes de julio, en caso de elecciones anticipadas IU conseguiría 50 diputados (frente a los siete de ahora). Por su parte, el otro partido emergente, UPyD, pasaría de cinco a 33 diputados. Por su parte, los partidos mayoritarios perderían apoyos. El PP perdería hasta 68 diputados, pasando de los 186 actuales a 118-122 escaños. El PSOE sufriría un desgaste menor, ya que pasaría de sus 110 diputados actuales a 104-107. El CIS, en su barómetro del pasado mes de mayo, señaló que el PP perdía 10,6% de su intención de voto con respecto a las elecciones de noviembre de 2011, y el PSOE se quedaba estancado en el 28,2%.

Por lo tanto, si hubiera elecciones anticipadas el PP perdería su comodísima mayoría absoluta. Sin embargo, España entraría en una situación de ingobernabilidad peligrosa. La bajada de los partidos mayoritarios no está siendo acompañada por una  subida correspondiente de los emergentes. No hay que olvidar que IU en el mejor de los casos para ellos conseguiría sólo la mitad de diputados que el PSOE y UPyD menos de un tercio. La consecuencia es que ni PP ni PSOE tendrían una mayoría suficiente para gobernar en solitario y necesitarían pactar con estos partidos emergentes o entre ellos. Se abriría un escenario de consecuencias impredecibles y no es descartable que tuvieran que repetirse las elecciones. Un escenario a la italiana, por lo que está claro que ni PP ni PSOE tienen ni la menor pizca de interés en convocar nuevas elecciones.


Dimisión de Rajoy: Una última y también, por el momento, improbable posibilidad es que Mariano Rajoy no aguante la presión y decida dimitir sin que eso suponga la convocatoria de elecciones. Esto es perfectamente posible ya que, como se ha señalado arriba, es el Parlamento el que nombra al jefe del Ejecutivo, y no es necesario alterar las mayorías en el Congreso.

Por las mismas razones explicadas en el apartado anterior, el PP seguiría sin tener un interés en adelantar las elecciones, por lo que se limitaría a nombrar a un nuevo presidente o presidenta de su elección. En este caso, al igual que sucede con la candidatura obligatoria para presentar una Moción de Censura, la Constitución no especifica que sea obligatorio nombrar a alguien que sea diputado. Esto abriría la lucha por el poder a todo el PP. ¿Quién sería el o la nueva presidente?

El PP está salpicado hasta el fondo por los escándalos del Caso Bárcenas. Prácticamente toda la cúpula directiva desde la época de José María Aznar ha recibido presuntamente sobresueldos de dinero negro, lo que implica a casi todos los posibles candidatos a suceder a Rajoy. Si se ignorase esta circunstancia se perpetuaría el Caso Bárcenas y se trasplantaría al siguiente Gobierno.

Sin embargo, en caso de que fuera así, cabría resolver el problema de la sucesión en el seno del PP. Habría lucha y muy fuerte. Entre los partidarios de Rajoy destacan  su “número dos” en el partido, María Dolores de Cospedal, o su mano derecha en el Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Pero en la ecuación entrarían los enemigos internos que no desaprovechan la ocasión para debilitar a su rival e incluso para tratar de hacerse con el poder.

Esperanza Aguirre, presidenta del PP de Madrid y ex presidenta regional, encabeza desde hace años al sector crítico contra Rajoy. No está desaprovechando el Caso Bárcenas para desmarcarse de la dirección y la estrategia de su partido, y no duda en exigir transparencia y responsabilidades –olvidándose de los escándalos que le salpican como responsable del ejecutivo madrileño como los casos Gürtel o Fundesam. Aguirre es el azote de Rajoy que no descansa, lo que incluso le ha valido una bronca de su amigo y sucesor en la Puerta del Sol, Ignacio González, según informó El País esta semana. Y además está José María Aznar. Hace poco más de un mes hizo una reaparición pública estelar en Antena 3 en la que fustigó a Rajoy e incluso no descartó veladamente que pudiera volver a la vida política activa. Los viejos fantasmas de Rajoy están despertando.

El caso Bárcenas está poniendo en tensión a todo el país. Existen diferentes opciones y escenarios que podrían abrirse a partir de ahora como consecuencia de los escándalos que salpican al principal partido del país. Sin embargo, son muchas y poderosas las razones que hacen pensar que, pase lo que pase, ni Rajoy será derrocado por una Moción de Censura, ni dimitirá y ni mucho menos convocará elecciones anticipadas. De hecho, si lo hiciera, sería incoherente con su actual argumentario: “Bárcenas es un delincuente y no tiene credibilidad”. Rajoy intenta ignorar que es preso de un preso de Soto del Real, como dijo Pedro Blanco.  

  

domingo, 14 de julio de 2013

EL GIRO DE BÁRCENAS

“Un acto de lealtad”. Así explicó Luis Bárcenas al periodista Pedro J. Ramírez su desmentido el pasado mes de enero en el que rechazaba haber pagado sobresueldos a altos cargos del PP y desligaba a su partido del escándalo en el que estaba implicado. Seis meses después el ex gerente y ex tesorero popular amenaza con “tirar de la manta”.
- Publicado en MBC Times.

Luis Bárcenas está hablando. El artículo “Cuatro horas con Bárcenas”, firmado por el director del diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, y publicado el pasado 7 de julio, es el fruto de una conversación entre el ex tesorero y ex gerente del PP y el periodista días antes de que Bárcenas ingresara en prisión. En él se describe cómo aceptaba sobornos de empresarios junto al que fue tesorero del PP antes que él, Álvaro Lapuerta:

“El dinero se entregaba en bolsas, maletines o maletas en el despacho del tesorero Álvaro Lapuerta en la calle Génova y en presencia de Bárcenas, en calidad de gerente. Ambos contaban los billetes y los metían en la caja fuerte, bromeando a menudo sobre si se fiaban el uno del otro o no. 

Cuando el donante abandonaba el despacho, Lapuerta extraía de la cartera de mano una tarjeta de visita y en el reverso escribía con letra diminuta el nombre y la cuantía de la entrega. Bárcenas hacía otro tanto en un libro de caja con sus correspondientes renglones. Periódicamente Lapuerta cotejaba las ajadas tarjetas que siempre llevaba encima con las anotaciones de Bárcenas y, al hallarlas conformes, las certificaba con el correspondiente visé en el margen. 

Al día siguiente de la entrega o como mucho durante la semana posterior Lapuerta llamaba al ministro, secretario de Estado, presidente, consejero autonómico, alcalde o concejal competente en el asunto que afectaba al donante. Según Bárcenas, siempre recurría a la misma literalidad: “¿Qué tal? Soy Álvaro Lapuerta. Te va a llamar fulanito. Tengo interés en que lo recibas. No conozco el tema del que te va a hablar. Sólo te pido que seas amable y te tomes un café con él”. Todos sabían que era el tesorero el que llamaba”.

Esta descripción del modus operandi en el seno de la tesorería del PP que le hizo Bárcenas a Pedro J. Ramírez estalló como una bomba. En la misma pieza periodística se afirma que el dinero recaudado de esta manera irregular, y cuya justificación legal era imposible, se ingresaba en las cuentas bancarias del partido, y parte se destinaba a pagar en negro el sobrecoste de las campañas electorales para eludir la fiscalización del Tribunal de Cuentas y otra parte se quedaba en la caja fuerte y era utilizado para «otros fines»”.

Esta es la clave del escándalo. Esos “otros fines” presuntamente incluían el pago de sobresueldos a altos cargos del PP con el dinero de los sobornos.  Queda reflejado en una serie de documentos en los que Bárcenas habría plasmado de su puño y letra la contabilidad oculta del PP: a quién se daba un sobresueldo y cuanto dinero recibía. Estos llamados ‘Papeles de Bárcenas’ fueron publicados por el diario El País en enero junto a la noticia de que el ex tesorero del PP había llegado a amasar una fortuna impresionante de origen más que sospechoso en un banco suizo.

Desde la información de los sobresueldos ya no se trataba de un caso de corrupción personal. A partir de ese momento se sabía que no hay prácticamente ni un solo dirigente del PP que no esté implicado en este escándalo que puede tener unas consecuencias políticas insospechadas, ya que también afectaría al mismo presidente del Gobierno Mariano Rajoy cuando era ministro en el Gobierno de José María Aznar. Al parecer también se benefició de estos sobresueldos pagados con dinero procedente de los sobornos de los empresarios al PP para ser favorecidos en sus negocios.

Esto es lo que se ha conocido en los últimos días gracias al testimonio del ex tesorero del PP. Sin embargo, hace medio año Bárcenas todavía desmentía todas las informaciones que lo situaban en el centro de una trama corrupta que salpicaba a todo el partido. Su objetivo era salvar la cara a sus ex compañeros del PP y al partido en el que había trabajado durante 30 años, “un acto de lealtad”.


Bárcenas el “leal”
La agencia EFE informó en un teletipo el pasado 23 de enero que “El ex tesorero del PP Luis Bárcenas ha asegurado que nunca ha pagado sobresueldos a miembros de la cúpula del partido y ha pedido que no se implique a esta fuerza política en las cuentas que él ha mantenido en Suiza”. El teletipo, que fue recogido por los principales medios de comunicación, continuaba ofreciendo las declaraciones de Bárcenas que insistía en que “nunca se ha pagado con recibos a dirigentes populares, ni se han firmado "recibís".
  

Una semana después, Bárcenas anunció una querella contra el diario El País, que había publicado los papeles que presuntamente probaban la existencia de una caja B en el PP administrada por él. En un comunicado distribuido ese día, Bárcenas afirmó que "jamás en los muchos años de servicio que tuve el honor de desempeñar en el Partido Popular consentí, auspicié ni ejecuté actuación alguna que pudiera suponer un incumplimiento de la Ley ni de los estrictos principios éticos del Partido". 

Bárcenas mantuvo esta versión ante el juez Pablo Ruz que investiga el caso y al que mintió indicando la falsedad de los papeles y negando que fueran suyos. Como le relató más tarde a Pedro J. Ramírez, incluso llegó a falsificar su propia letra en la prueba caligráfica a la que fue sometido para comprobar la autoría de los papeles manuscritos con la contabilidad B del PP. No quería que reconocieran su letra.

Los papeles son falsos, no hay sobresueldos provenientes de dinero de sobornos. No hay escándalo y los millones en Suiza son fruto de su pericia en los negocios. Este era el mensaje oficial de Luis Bárcenas y el que el PP repetía hasta la saciedad.

Bárcenas estaba en línea con el PP, que, como se denunció poco después, aún le mantuvo secretamente en nómina de unos 21.000 euros brutos al mes hasta enero de 2013 y con un despacho en la sede central de la Calle Génova, a pesar de que ya no tenía cargo orgánico alguno desde julio de 2009. Cuando se supo, la secretaria general del PP y presidenta de Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal, tuvo que dar entonces explicaciones a la prensa sobre la famosa y bochornosa “indemnización en diferido”.

El PP mantenía y cubría las espaldas de Bárcenas, y éste correspondía con su silencio y disciplina. “Un acto de lealtad” del ex tesorero del PP, como se lo explicó meses después a Pedro J. Ramírez. Una lealtad que duró hasta que entró en prisión el pasado 27 de junio.


Bárcenas el “traidor”
El 10 de julio todo había cambiado. El abogado Miguel Durán, letrado de Pablo Crespo, ex secretario de organización del PP de Galicia e imputado por el caso Gürtel, visitó al ex tesorero del PP en la cárcel y afirmó que “Bárcenas se ha ratificado en todas las acusaciones y tiene suficiente información para hacer caer al Gobierno actual. El motivo por el que no lo dijo cuando declaró ante el juez es que ha estado muy presionado a la hora de ratificar los papeles. En la cárcel, está entristecido, cabreado, pero no lo vi deprimido. Se siente maltratado por su gente”.

¿Qué ha ocurrido? Los papeles que hace medio año Bárcenas calificó de falsos y por los que se querelló contra El País, ahora los reconoce como suyos y verdaderos. Eso sí, esta recuperación repentina de la memoria la hace a través de El Mundo, la herramienta periodística que ha elegido para ejercer su venganza. La entrevista concedida a Pedro J. Ramírez se antoja sólo el principio. Bárcenas no se muerde la lengua y ya ha destapado públicamente algún episodio comprometedor en el que el presidente del Gobierno estaría involucrado.

El director de El Mundo describe en su artículo una reunión entre Bárcenas y Javier Arenas en la que habría estado presente el propio Mariano Rajoy: Ante el estupor de Arenas y Rajoy, Bárcenas describió entonces el cobro de una comisión de 200.000 euros por encargo del PP de Castilla-La Mancha a cambio de la adjudicación de una contrata municipal en Toledo a una empresa de construcción y servicios cuyo polémico presidente aparece en la lista de donantes del partido. Cuando Bárcenas les mostró documentos acreditativos de la operación, Rajoy se echó literalmente las manos a la cabeza y –siempre según los recuerdos del ex tesorero– exclamó: «¡Por Dios, Luis, cómo puedes tener estos papeles!»”. 


Se estrecha el cerco a Rajoy
El objetivo de Bárcenas es el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, al que señala como uno de los beneficiario del escándalo de los sobresueldos y conocedor de las irregularidades y sobornos en el entorno del PP. Se siente traicionado por él y le está presionando para conseguir un trato favorable que le evite una condena. ¿Qué consecuencias políticas tendrá este escándalo?


El cerco que está tejiendo Bárcenas en torno a Rajoy comienza a estrecharse mientras las reacciones de los antiguos compañeros del ex tesorero no se han dejado esperar. María Dolores de Cospedal, por ejemplo, ha anunciado que los abogados del partido "ya tienen encomendado el ejercicio de acciones judiciales" contra Bárcenas por calumnias. Los miembros del Gobierno apoyan públicamente a su presidente mientras el propio Rajoy guarda silencio.

 

No hay desbandada ni sálvese quien pueda en las filas conservadoras excepto por parte de la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. Como si ella nunca hubiera estado salpicada por casos de corrupción y de financiación ilegal como los casos Gürtel o Fundescam, exige a Rajoy que “si ha habido irregularidades hay que reconocerlas”. Un disparo a la línea de flotación del argumentario oficial que en el cuartel general del PP en Génova han respondido con la misma fuerza: “A lo mejor se refiere al PP de Madrid”. La guerra entre sectores enfrentados en el partido ha comenzado. No hay tregua y Aguirre quiere aprovechar la debilidad de su contrincante. Rajoy tiene un poderoso enemigo interno que debilita su defensa. Pero no es lo único que se empieza a desmoronar en la estructura de su defensa.  

Mientras, en la sede de Génova se insiste en desmentir la existencia de una caja B y el origen ilegal del dinero de los sobresueldos a altos cargos del partido. El argumento es que el Tribunal de Cuentas no habría detectado nada irregular. Sin embargo, este tribunal solamente fiscaliza la documentación que se le entrega voluntariamente. ¿Y desde cuándo se entrega voluntariamente las pruebas de una caja B ilegal? Además, hay que tener en cuenta que los miembros del Tribunal de Cuentas son nombrados por los partidos políticos en función de su mayoría en el Congreso, por lo que el PP controla este organismo gracias a su mayoría absoluta.

¿Es el Tribunal de Cuentas el organismo más indicado para investigar este escándalo de manera objetiva? Para el PP sí hasta que chocó con los repentinos avances de la investigación judicial. Bárcenas reconoce que sí existe una “caja B” y pocos días después un informe de una unidad de la Intervención General del Estado adscrita a la Fiscalía Anticorrupción acredita que efectivamente existe una contabilidad B en el PP. ¿Casualidad?


¿Qué puede temer Rajoy?
Este es el escenario al que se enfrenta Rajoy: Un partido dividido y una oposición interna mordaz, una investigación oficial que avanza imparable y paralela a las instituciones controladas por el PP, y un ex tesorero con gran cantidad de información muy comprometedora que se siente traicionado y amenaza con morir matando.


Sin embargo, el PP mantiene una actitud desafiante. El portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso, Rafael Hernando, afirmó en una entrevista en RNE un día después de que El Mundo publicara la entrevista a Bárcenas que "lo que tenga que decir, lo diga en los tribunales" porque el PP "no tiene miedo de que tire de la manta". "Bárcenas está en prisión por mentir al juez, al fiscal y a Hacienda. Durante mucho tiempo mintió al partido y a los dirigentes del partido amasando una fortuna cuyo origen se desconoce, mientras ostentaba un cargo de enorme responsabilidad. Espero que lo esclarezcan los tribunales. A mi Bárcenas me ha engañado, defraudado, me ha llenado de vergüenza y a la mayoría de los militantes del PP también". Todo un desafío al ex tesorero que seguramente servirá para echar más leña al fuego.

¿Qué puede contar Bárcenas? Pablo Crespo, ex secretario de organización del PP de Galicia, afirmó en una entrevista al periódico La Opinión de la Coruña que “Me consta que hay dirigentes muy nerviosos porque se han puesto muy estupendos hablando de la corrupción, pero que tire la primera piedra el que esté libre de pecado”.

Crespo debe saberlo bien. Se le imputa ser el “número dos” de la trama Gürtel, una red de corrupción que presuntamente se aprovechaba del gobierno del PP en determinadas comunidades autónomas (sobre todo en Madrid y en Valencia) para enriquecerse a base de contratos públicos amañados. Parte de ese dinero habría recaído en las arcas del PP para pagar actos públicos y campañas electorales. Uno de los nombres que apareció en la investigación de este caso –que comenzó el juez Garzón antes de ser expulsado de la magistratura- es el de Luis Bárcenas.

¿Va el caso Bárcenas mucho más allá del simple enriquecimiento personal del ex tesorero? ¿Se aprovecharon los dirigentes del PP para llenarse los bolsillos? Pero parece que este caso es mucho más que un simple ejercicio de latrocinio. ¿Pagó el PP sus campañas electorales con dinero negro? ¿Ese dinero provenía de sobornos como le ha revelado Bárcenas a El Mundo? Y si fuera así, ¿qué empresarios sobornaron al PP y, sobre todo, qué consiguieron a cambio?


Luis Bárcenas tiene la clave para destapar lo que podría ser todo un sistema de financiación ilegal y de clientelismo del PP a costa de las instituciones públicas. Un escándalo sin precedentes que afectaría al partido en el gobierno y con el mayor poder institucional en la historia de la democracia reciente en España. Rajoy tiene razones para sentirse preocupado. Pero a Bárcenas sólo le mueve salvar su pellejo.   

martes, 18 de septiembre de 2012

¿QUIÉN DEBE TEMER A ESPERANZA AGUIRRE?



Cuando Esperanza Aguirre dimitió de su puesto como presidenta de la Comunidad de Madrid pasó al mito. En un acto meditado y con un discurso potente y bien armado, la ex presidenta anunció que deja la política. Sin embargo, hay muchas razones para sospechar que no será así y que Aguirre ha pasado a un nivel superior de la escena política española. La pregunta que surge ahora es ¿quién debe temer a Esperanza Aguirre?


Fue un acto de apariencia improvisada pero muy estudiado. El mismo día en el que iba a realizarse una entrevista en directo en TVE al líder de la oposición Alfredo Pérez Rubalcaba, Aguirre convocó una rueda de prensa por sorpresa y con urgencia sin especificar por qué. Un golpe de efecto muy eficaz y manido por los servicios de comunicación de la Puerta del Sol y que crean una expectación en los medios de comunicación que rara vez se decepciona.


El lunes 17 de septiembre de 2012 la noticia estuvo a la altura. Esperanza Aguirre anunció su dimisión por razones personales y su retirada de la política. Aunque enseguida se especuló y se le preguntó si su enfermedad tenía algo que ver en su decisión –ella lo negó-, cada vez hay menos personas que comienzan a sospechar que Aguirre realmente no deja la política, simplemente pasa a un siguiente nivel.


El anuncio fue un acto de liberación para Aguirre, ya que se deshace de la pesada mochila del Gobierno regional de Madrid. Si este cargo le había servido como catapulta para su carrera política y como ariete contra el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, una vez que Mariano Rajoy ganó las elecciones nacionales en noviembre del año pasado, el sillón presidencial se había convertido en un lastre para su siguiente misión: ser la portavoz de los críticos del PP con la gestión del presidente del Gobierno.
 

La cuestión de ETA

Esa crítica ya ha comenzado el pasado verano con la cuestión sobre la excarcelación del preso de ETA Josu Uribetxebarria Bolinaga. Mientras el sector ‘duro’ del PP se oponía a esta medida –entre ellos el ex ministro Jaime Mayor Oreja y Esperanza Aguirre- el Gobierno advirtió que estaba obligado a acatar la decisión de los tribunales. Comenzó así la primera trifulca en el seno del PP sobre la cuestión más difícil para Rayo en clave interna: la gestión del fin de ETA.


El adelanto de las elecciones vascas al próximo 21 de octubre garantizan que la cuestión de ETA se sume a los muchos frentes mediáticos abiertos para el Gobierno, ya de por sí cada vez más debilitado debido a la crisis económica. Y es que el sector ‘duro’ o anti Rajoy no puede atacar a su líder por sus políticas económicas y reformas, todas de un estricto corte neoliberal, y por ello tendrá que hacerlo a través de las cesiones que, inevitablemente, se tendrán que hacer frente al mundo abertzale para garantizar la paz. Tampoco hay que olvidar el órdago lanzado por el nacionalismo catalán. Y aquí entra Aguirre.


Si no quiere desgastar su imagen y su legitimidad dentro del partido, Aguirre no podía encabezar la oposición a Rajoy al frente de una administración pública obligada a aplicar las leyes redactas en la Moncloa. Aguirre no podía acompañar su insumisión en el discurso con una insumisión política y legislativa como hizo con José Luis Rodríguez Zapatero, cuyas normas eran sistemáticamente recurridas. Una vez libre del cargo de presidenta y en el limbo del mito de la derecha española, Aguirre es hoy más peligrosa para Rajoy.    


Un enfrentamiento sin tregua

Francisco Granados.
Es para todos conocido el enfrentamiento y la animadversión que Aguirre siente por Mariano Rajoy y sus aliados, sobre todo el ex alcalde de Madrid y actual ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón. Aguirre encabezó en 2008 a los críticos con la continuidad de Rajoy al frente del PP tras perder las elecciones de ese año y pagó por ello. Rajoy ganó el congreso y apartó a sus críticos de los máximos cargos orgánicos nacionales del PP –entre ellos a Ignacio González, el sucesor de Aguirre- y apostó claramente por los rivales de la presidenta madrileña.


Aguirre respondió atrincherándose en el PP de Madrid, apartando y marginando a los partidarios de Rajoy en el partido regional, entre ellos quien fue vicepresidente regional y consejero Alfredo Prada. Es más, en torno a esas fechas conflictivas de junio de 2008 -cuando se celebró el congreso del PP- se produjo el turbio episodio de los espionajes a miembros del PP fieles a Rajoy con personal adscrito a la Comunidad de Madrid. Aunque la Justicia ha dado carpetazo al caso, las sospechas recayeron en Francisco Granados, entonces un fiel de Aguirre, que habría ordenado el espionaje a Alfredo Prada y al entonces ‘número dos’ de Gallardón, Manuel Cobo.


Sin riesgos en Madrid

Precisamente Granados e Ignacio González protagonizaron durante años un enconado enfrentamiento interno en el seno del PP y del gobierno madrileño por el favor de Aguirre. Ambos querían ser sus sucesores, pero ganó González. Granados se pasó al bando de Rajoy y fue apartado del Gobierno primero y de la Secretaría General del PP de Madrid después a favor de González. Esto ocurrió justo después de las elecciones generales de noviembre. El debate sucesorio estaba cerrado. Ya había un único delfín y Aguirre podía alejarse del mando directo de Madrid sin el riesgo de que provocara un vacío de poder y una guerra civil.

Ignacio González.
Otro elemento a favor de la dimisión de Aguirre es que, al igual que Ignacio González no tiene nada que temer de su propio partido en Madrid, tampoco tiene que tener ningún miedo de la oposición. El Partido Socialista de Madrid, dividido y menguado tras cada cita electoral, no es ninguna amenaza para que el sucesor de Aguirre –apenas conocido y sin el carisma de su jefa- mantenga el poder. El secretario general de los socialistas de Madrid y su portavoz en el Parlamento regional, Tomás Gómez, ha llevado al partido prácticamente a la ruina, a la división y está ahora más pendiente de enfrentarse con el PSOE federal para pelear por su supervivencia política que de hacer oposición. De hecho, la dimisión de Aguirre le cogió totalmente por sorpresa, sin discurso y sin una posición clara al respecto, a pesar de que era un escenario muy probable. Nada que temer pues desde la izquierda.


La pregunta que surge ahora es ¿qué hará Rajoy si Aguirre ataca? Y, ¿cuándo se producirá ese ataque? No tardará mucho ya que las elecciones vascas y gallegas están a la vuelta de la esquina. Será un buen momento para examinar la capacidad electoral del PP –en cierta manera tocada tras los fracasos en Andalucía y Asturias- y sin duda los críticos con Rajoy estarán al quite para atacar a su líder si los resultados no son los esperados. Y seguramente Esperanza Aguirre tendrá un papel protagonista. Y es que no dejará nunca de ser la ‘Presidenta’ para sus fieles seguidores.