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viernes, 23 de agosto de 2013

EGIPTO AL BORDE DEL DESASTRE



En las últimas semanas el país árabe más poblado del mundo ha sufrido una serie de acontecimientos que lo han colocado al borde de la guerra civil y prácticamente han borrado del mapa los cambios producidos hace dos años por la primavera árabe: el ejército ha vuelto al poder, los islamistas vuelven a ser perseguidos y el ex dictador Mubarak ha salido de la cárcel. Sin embargo hay a quien esto le interesa: Egipto vuelve a ser el socio estratégico fiable de Occidente e Israel después de un año de impredecible gobierno islamista.



Hace casi dos meses que el presidente egipcio, el islamista Mohamed Morsi, ha sido depuesto por los militares en un golpe de estado. El ejército se justifica afirmando que los islamistas de los Hermanos Musulmanes trataron durante su breve gobierno de un año poner los fundamentos de un nuevo régimen basado en principios religiosos, atentando así contra los derechos de la mitad del país que no les había votado. Por su parte, los islamistas se han lanzado a la calle para exigir su vuelta al poder conseguido por las urnas, lo que a su vez está siendo reprimido de manera sangrienta por los militares causando ya más de un millar de muertes.


El ejército utiliza estos disturbios para legitimarse en el poder no sólo de cara al interior sino también del exterior. Dice estar luchando contra “terroristas” que quieren desestabilizar el país y contra radicales. Pero son precisamente sus acciones represivas las que están provocando la aparición y la acción de esos radicales que aspiran a sustituir a los Hermanos Musulmanes al frente del islamismo egipcio. Es la puesta en práctica de la clásica fórmula acción-represión-acción, en la que ambas partes se retroalimentan para justificar sus acciones.


El discurso “antiterrorista” está siendo utilizado para justificar la detención de los líderes de los Hermanos Musulmanes, el desmantelamiento y futura prohibición de su organización, y para revertir todos los cambios políticos producidos en Egipto desde febrero de 2011. Dos años y medio después de los sucesos de la Plaza de Tahir, el ex dictador Mubarak ha salido de la cárcel –aunque sigue alejado del poder-, ha vuelto el estado de sitio, la oposición vuelve a estar proscrita y el ejército vuelve a ser prácticamente el único gobernante después de que la mayoría de las fuerzas políticas laicas le hayan dado la espalda. Es como si la primavera árabe egipcia no se hubiera producido. 

Y es que, en realidad, como escribe el periodista Javier Martín, el ejército nunca dejó realmente el poder que ahora trata de afianzar frente a unos islamistas que amenazaban con cambiar las cosas. Los islamistas, que no fueron precisamente los más activos durante la primavera árabe, se ganaron muchos enemigos porque el Gobierno Morsi ponía en riesgo el estatus quo de la zona del Canal de Suez y las relaciones con Israel, y también ponía en peligro los privilegios de los militares tras más de 60 años. La consecuencia fue el golpe.

El ejército y la lucha contra el islamismo


El ejército egipcio se considera el guardián de los valores de modernización y progreso del país. Esto es así desde los años 50 cuando un grupo de oficiales expulsó al último rey e impuso una república que, al mando del carismático coronel Nasser, se alineó en la órbita de la URSS en plena guerra fría enfrentándose así a su pasado como colonia británica. Egipto no era el único país árabe que apostó por esta vía: Siria, Libia, Argelia, Yemen o Irak también estuvieron –o como en el caso sirio sigue estándolo aunque en plena guerra civil- gobernados por regímenes republicanos laicos que contrastaban con las monarquías absolutas y muy conservadoras que apoyaron y apoyan a EEUU (Arabia Saudí, Jordania, las monarquías del Golfo, Marruecos, etc…).

El mundo árabe estaba dividido entre los dos grandes bloques de la guerra fría, pero todos tenían un enemigo común: Israel. Se lucharon hasta cuatro guerras entre árabes e israelíes entre 1948 y 1973. En todas ellas Egipto jugó un papel de liderazgo árabe, asumiendo Nasser el papel de abanderado del panarabismo socialista –la idea de unificación árabe- y de principal enemigo de Israel, el socio fundamental de los EEUU en la región y pilar de Washington en la zona.


Estas repúblicas árabes laicas, además de su antisionismo, se caracterizaban por reprimir duramente cualquier tipo de oposición islamista que comenzó a surgir a partir de los años 70 y sobre todo los 80. En Egipto, que desde la Edad Media ha sido cuna de pensamiento teológico islámico, los Hermanos Musulmanes –islamistas moderados- fueron cuanto menos reprimidos y controlados, mientras que otras corrientes islamistas más radicales eran abiertamente combatidas y perseguidas. La lucha contra los islamistas radicales se había convertido en la principal fuente de legitimidad de la dictadura militar egipcia, sobre todo después de que miembros de la Yihad Islámica consiguieran asesinar en 1981 al presidente Sadat, al que acusaron de traidor por firmar la paz con Israel en 1979.

EEUU, Israel y el Canal de Suez

La Paz de Camp David fue precisamente el viraje diplomático fundamental de Egipto y un acontecimiento clave en Oriente Próximo. Una vez fallecido Nasser y con el apoyo de los EEUU, Egipto dejó de ser un cliente de la URSS y se pasó al bando occidental. A cambio, firmó la paz con Israel, recuperó la Península del Sinaí (perdida en la guerra contra Israel de 1967) y aceptó recibir ayuda militar estadounidense por valor multimillonario hasta convertirse en uno de los mayores receptores del mundo, sólo después de Israel. Así, desde 1998 Egipto ha recibido más de 20.000 millones de dólares para su ejército. Un precio muy alto para los EEUU a cambio de comprar la paz de Egipto con su socio israelí y para garantizar el acceso por el Canal de Suez.

Firma de la Paz de Camp David e 1979.
El Canal de Suez es un punto estratégico geopolítico de primer orden que Washington desea mantener bajo control. Unos 58 barcos lo usan a diario porque permite recortar en miles de kilómetros las rutas entre el Golfo Pérsico y Europa y América. Estas rutas son cruciales para los petroleros con destino a Occidente y para el paso de la flota de combate estadounidense a las zonas de riesgo. Y ese riesgo se llama Irán, el gran enemigo estratégico de los EEUU en la zona. Precisamente el gobierno depuesto de Morsi permitió en 2012 el paso de barcos de guerra iraníes por el Canal, así como el paso de petróleo iraní, un gesto de claro desafío a los intereses de los EEUU e Israel.

En resumen: EEUU necesita en Egipto un régimen amigo que le garantice el paso sin problemas por el Canal de Suez de sus barcos y recursos, y que mantenga la paz con Israel. Ese estatus quo que funcionó durante más de veinte años se puso en riesgo tras la primavera árabe. El gobierno islamista de Morsi no garantizaba mantener la paz con Israel ya que no escondía su apoyo a Hamás en la franja de Gaza, y no había garantía de que no fuera a utilizar el Canal de Suez como prenda para futuras negociaciones sobre otras cuestiones estratégicas, sobre todo con respecto al conflicto con Irán. Después del golpe de estado este escenario ha desaparecido. El primer ministro israelí Netanhayu, agradecido, ya ha pedido el apoyo internacional al gobierno provisional de El Cairo. Sin embargo, los militares tienen un grave problema de legitimidad internacional.

Portaaviones de EEUU en el Canal de Suez.
El año 2013 no es 1979, no hay guerra fría y las democracias occidentales sufren un fuerte desgaste de imagen política interna desde el inicio de la crisis económica. La represión sangrienta de los militares en Egipto ha provocado consternación en la opinión pública occidental, lo que condiciona la acción de sus gobiernos. La Unión Europea ya ha anunciado que limitará la exportación de armas a Egipto y estudia congelar la ayuda al desarrollo. Los EEUU, por su parte, estudian no enviar los 1.300 millones de dólares de ayuda militar correspondientes a este año, aunque la administración Obama sigue sin definir lo que pasa como golpe de estado, ya que si lo hiciera, tendría que retirar la ayuda automáticamente. Es decir, Europa y los EEUU se distancian públicamente de los militares.

Pero ya han salido voces que anuncian que, a pesar de los anuncios occidentales, los militares egipcios no sufrirán verdaderas consecuencias económicas: Arabia Saudí, el principal aliado árabe de los EEUU y dependiente del Canal de Suez para sus exportaciones de petróleo, dice que enviará ayudas para compensar lo que Egipto deje de percibir y evitar así que el régimen de El Cairo se quede sin ayudas. Obama no puede invertir dinero en el régimen militar sin exponerse a duras críticas y destrozar su imagen de líder democrático mundial. Por lo tanto surge la pregunta: ¿juega Arabia Saudí el papel de intermediario de EEUU? ¿Seguirán pagando así los EEUU de manera indirecta el precio del Canal de Suez y la paz con Israel?     

Un momento propicio para los islamistas radicales

Una variable que puede poner en peligro el objetivo de estabilidad perseguido por el golpe en Egipto es el resurgimiento del islamismo radical como oposición al ejército. Los Hermanos Musulmanes apostaron por la vía democrática para llegar al poder y transformar el país siguiendo sus preceptos religiosos. Sin embargo, tras el golpe militar sus líderes están siendo detenidos y su organización perseguida, por lo que el islamismo egipcio fácilmente puede caer bajo control de los extremistas una vez demostrado que la vía pacífica de los Hermanos Musulmanes no es factible.


Es el momento de los radicales y en Egipto existe una larga presencia de islamismo radical que ya se enfrentó con las armas a la dictadura de Mubarak. Decenas de turistas occidentales fueron asesinados en la década de los 90 víctimas de atentados terroristas, y miles de islamistas radicales fueron encarcelados y ejecutados. Existía una verdadera base radical, de la que el máximo exponente es el actual líder de Al Queda y antiguo número dos de Bin Laden, el egipcio Al Zawahiri, que huyó de Egipto para unirse a la Yihad mundial.

A pesar de la muerte de Bin Laden hace ya más de dos años, Al Queda se ha hecho fuerte en lugares en los que falla el control estatal y militar, como en el desierto del Sáhara y el Sahel en África, o aprovechando los huecos que dejan los conflictos armados, como pasó en Irak y ocurre ahora en Siria. El desierto de Libia, lugar de retirada de los combatientes de Al Queda expulsados de Malí a principios de este año, hace frontera con Egipto. No sería complicado hacer pasar armas y combatientes por el desierto al país del Nilo para luchar contra el ejército egipcio y comenzar una guerra civil como ya ocurrió en Argelia en 1992.

Muchos analistas destacan la similitud entre la situación de Argelia hace dos décadas y el actual conflicto en Egipto. En ambos casos el ejército contaba con una larga tradición de dictadura laica frente a un islamismo que ganó las primeras elecciones libres tras una transición democrática. Y en ambos casos el ejército intervino para expulsar a los islamistas del poder legítimo con el pretexto de salvar la democracia de elementos radicales y “terroristas”. También en ambos casos existen amplios intereses geoestratégicos occidentales (en Argelia el gas y su relación con Francia). En Argelia el golpe desembocó en una sangrienta guerra civil, y en Egipto ese paso está todavía por producirse.


Es cierto que, como dice Miguel Ángel Bastenier, el terreno de Egipto, llano y con la vida básicamente restringida al valle del Nilo, es menos propicio para una guerra de guerrillas como la argelina, donde el terreno es montañoso y difícil. Sin embargo, ya se están dando los primeros casos de golpes de mano y emboscadas propios de una guerra civil. Por ejemplo, hace unos días 24 policías egipcios fueron asesinados por un comando islamista en la Península del Sinaí, un territorio justo entre el Canal de Suez e Israel, precisamente las dos piezas del tablero mundial que están determinando el destino de Egipto.   

miércoles, 11 de julio de 2012

Siria, el poder del agua

“El agua es el elemento y principio de las cosas” (Tales de Mileto). En Oriente Próximo el agua es fundamental y explica en gran parte las causas del eterno conflicto que sufre esa tierra desde hace décadas. Generalmente se le achaca a la religión, pero ésta solamente se da donde viven seres humanos, y éstos sólo pueden sobrevivir allí donde hay agua. Donde ésta es escasa su control se convierte en una cuestión de superviviencia y, por tanto, de poder.

En Oriente Próximo el agua potable se encuentra repartida básicamente entre tres grandes ríos con sus afluentes: el Jordán, el Tigris y el Eufrates. Sus aguas recorren países como Turquía, Siria, Irak, Jordania e Israel. Como ya ocurría en la Antigüedad, sus aguas son imprescindibles para la vida en la zona, por lo que su control se ha convertido en la verdadera lucha por el poder en la zona.

En 1967 Israel atacó a sus vecinos árabes en una guerra relámpago, la ‘Guerra de los Seis Días’ que amplió sus fronteras hasta el río Jordán (Cisjordania) y los Altos del Golán, en Siria, todavía hoy territorios que cuentan con el estatus de ocupados y que son reivindicados por palestinos y sirios, no solamente por razones nacionalistas o religiosas (como ocurre con Jerusalén), sino porque es el único agua potable de la zona.

Río Jordán.
Los Altos del Golán son las fuentes del Jordán, y ese río se mantiene controlado por el ejército israelí y colonos judíos. Según la ONU, Israel consigue el 67% del agua que consume de fuera de los territorios que le corresponden desde la partición en 1948. Además, no se trata solamente de proporcionar agua suficiente para un alto nivel de vida a la población israelí, el agua es también un arma para controlar a la población palestina, como el racionamiento  denunciado por Amnistía Internacional en octubre de 2009.  

Es decir, Israel mantiene su posición de fuerza en los territorios ocupados básicamente para controlar los acuíferos necesarios para mantener su nivel de desarrollo económico. Para conseguirlo no quiere o puede compartir el agua con sus vecinos palestinos, que exigen desesperadamente poder acceder al líquido vital para poder construir su independencia. Israel lo rechaza y trata de conseguir así dos objetivos: garantizar su propio suministro y controlar políticamente a los palestinos.

Por otra parte, el control de los Altos del Golán se explica oficialmente para evitar ataques sirios al norte de Israel, cuando en realidad así se controla la cuenca del Jordán. En 1967 Israel ocupó y se atrincheró en esa zona sin intención de retirarse, lo que ha provocado –entre otras razones- que el conflicto con Siria se mantuviera vivo mientras sí se negociaban tratados de paz con los vecinos egipcio y jordano. Es por ello que a Israel le obsesiona la guerra civil que está sufriendo Siria, ya que su desenlace puede romper el estatus quo que pervive en la zona desde hace 45 años.


Siria, la guardiana del agua

Altos del Golán.
Siria es un país clave en Oriente Próximo que, a pesar de su aridez, tiene contacto directo con todos los principales acuíferos de la zona, ya que además del Jordán, también lo tiene con los ríos Eufrates y Tigris. Ambos nacen en Turquía y atraviesan el norte de Siria antes de adentrarse en Irak. Ambos ríos son fundamentales para la vida en lo que los antiguos llamaban Mesopotamia, por lo que el control de su cauce  puede convertirse en un factor político fundamental: por ejemplo, la construcción de una presa en Turquía puede controlar el nivel del agua en el resto del recorrido de los ríos y por ello influir directamente en la vida de Siria e Irak. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo.

Desde hace décadas Turquía está construyendo un enorme sistema de presas para conseguir energía conocido por sus siglas como GAP y que afecta, sobre todo, al Eufrates. Precisamente el Eufrates es fundamental para Siria, ya que si este país cuenta con 33.700 millones de metros cúbicos de agua potable en superficie, 26.000 millones son de ese río. Las presas turcas pueden controlar la cantidad de agua que reciben los sirios, y con ello, tienen el poder. Esto explica la animadversión entre Siria y Turquía que en los últimos días ha estado escalando hasta llegar a la concentración de tropas turcas en la frontera siria.

Pero al igual que Turquía controla el agua que fluye hacia Siria e Irak, Siria también lo puede hacer con respecto al caudal que fluye hacia su vecino iraquí, teniendo en sus manos el abastecimiento de agua en esta zona tan sensible políticamente.
Río Eufrates.

Siria está en plena guerra civil y existe una enorme incertidumbre sobre su futuro. Israel, su vecina del sur, ve como su percepción de aislamiento e incluso de asedio se refuerza con los cambios provocados por la ‘Primavera Árabe’, ya que en Egipto el régimen de los militares –aliado de los EEUU y socio de Israel- está tambaleándose con la victoria electoral islamista. El futuro de Siria es fundamental para Israel, ya que, entre otras cuestiones, afecta a su ocupación de los Altos del Golán y con ello a su abastecimiento de agua. Del desenlace de la lucha en Siria puede depender el futuro de Israel.

En Siria se enfrentan el régimen laico y también militar de Bashar Al Assad con su propio pueblo, políticamente indefinido. Aunque el móvil que ha provocado la insurrección sea la voluntad de democracia, resulta lógico pensar que los mayores beneficiados de esta revuelta sean en un futuro los islamistas, los únicos que han mantenido una estructura y organización política opositora a los regímenes dictatoriales, ya sea en Siria, Egipto o en Libia. Los islamistas son los herederos políticos de los nacionalistas pan árabes de los años 50 y 60, es decir, carecen a priori de intereses comunes con Occidente por lo que no son controlables por los EEUU y sus aliados. Esto les hace peligrosos a  sus ojos.  

Así pues, en Siria no se lucha ni por petróleo ni por gas. Nos se trata de un país que tenga recursos energéticos que sean explotados por otras potencias. Pero sí es fundamental como pieza central del puzle geopolítico de Oriente Próximo, ya que de sus aguas dependen los demás países que sí son fundamentales en las grandes estrategias políticas, militares y económicas.

lunes, 25 de junio de 2012

EL PODER DEL CANAL DE SUEZ


Portaaviones de EEUU en el Canal de Suez.
Egipto es un país peculiar. Completamente dominado por su posición geográfica entre África y Asia y totalmente dependiente del Nilo, el río más largo del mundo. Durante milenios albergó la civilización más sofisticada y misteriosa, y hoy es el país árabe más poblado y poderoso. Pero sobre todo, desde 1869 es el guardián del atajo más rentable del mundo y el cordón umbilical que une Europa con el resto de Asia y su petróleo: el Canal de Suez.


Desde finales del S.XIX el Canal de Suez ha determinado el destino de Egipto, que durante siglos quedó degradado a una provincia semiautónoma y adormilada del Imperio Otomano. De pronto volvió a ocupar la prioridad estratégica mundial, ya que esta insigne obra de ingeniería desarrollada por el ingeniero francés Lesseps de sólo 163 kilómetros de largo ahorra tener que navegar miles de kilómetros para bordear el continente africano. Así, más de 21.400 barcos lo usaron en 2008, por ejemplo, una media de más de 58 buques al día. El Canal se ha convertido en básico para la economía egipcia, de Oriente Próximo y de Occidente. Tiempo y dinero.


Hoy Egipto se encuentra sumido en un proceso político confuso pero crucial en el que la masa popular exige libertades democráticas ante un ejército que no está por la labor de permitirlo. Una cosa es entregar al ex presidente y dictador Mubarak como cabeza de turco, y otra es ceder el poder legal y legítimamente conseguido en las urnas a los islamistas. Y es que los militares tienen grandes aliados que les respaldan: EEUU e Israel. La causa, el Canal de Suez y el miedo. Tiempo y dinero.



La efímera independencia

Primero fueron los británicos los que se hicieron con su control. Gracias al Canal, su imperio en la India se acercaba semanas a la metrópoli. Egipto fue convertido en un estado títere británico y en una base militar. Durante la segunda Guerra Mundial fue el objetivo de italianos y alemanes que no pudieron conquistarlo. Pero despertaron un sentimiento de independencia y de oposición a los ocupantes que desembocó años después en un golpe de estado militar que expulsó al rey y llevó a Egipto a desarrollar su propia agenda independiente por primera vez desde la época de los faraones. El protagonista de esta aventura era un militar: Nasser.
El presidente Nasser.


En Occidente cundió el pánico: Nasser se hizo con el control del Canal de Suez. En un mundo europeo y estadounidense que había apostado por la sociedad de consumo como motor económico, el suministro de petróleo para hacer funcionar a los coches particulares era cada vez más importante. Y el Canal de Suez abarataba los costes. Por ello en 1956 Francia e Inglaterra, los antiguos colonizadores, se inventaron una guerra con ayuda de Israel para reconquistar el Canal. Fracasaron, pero el aviso ya estaba dado. Egipto se echó en manos de la URSS, que le ayudó con armas contra el enemigo israelí y en construir la presa de Assuán, la verdadera revolución industrial egipcia.


Pero a medida que la política económica de Egipto fracasaba, Nasser se fue volcando cada vez más en su papel de líder árabe internacional contra Israel, hasta que fue aplastado en la Guerra de los Seis Días, en 1967. Israel conquistó la Península de Sinaí y ocupó la orilla oriental del Canal de Suez. Se barruntaba un cambio. La derrota había sido total. El heredero de Nasser, otro militar, Sadat, invadió Israel en 1973 y cuando también fue aplastado, negoció con su enemigo la paz.



Egipto vuelve al redil

Primero a escondidas, pero finalmente con la firma pública en Camp Davis con el patrocinio de EEUU. Egipto recuperaba el Sinaí y el control del Canal de Suez a cambio de abandonar a la URSS y de aliarse con EEUU. Occidente consiguió así asegurarse el control del Canal de Suez, Israel un flanco seguro y el régimen militar egipcio el apoyo occidental para mantenerse en el poder una vez perdido el apoyo popular. La consecuencia fue la venganza: un soldado asesinó a Sadat en pleno desfile en 1981.

Blindado estadounidense vendido a Egipto.

Le sucedió Hosni Mubarak, el presidente depuesto por los militares en 2011 y juzgado recientemente después de que el pueblo egipcio saliera a la calle a exigir libertad, trabajo y una vida mejor. Mubarak continuó una dictadura cruel apoyada por Occidente y dirigida a asegurar el Canal, mantener la paz con Israel y aplastar al nuevo enemigo común: el islamismo. EEUU ha ayudado con armas para el ejército, convirtiendo a Egipto en el segundo receptor de armamento en Oriente Próximo después de Israel. Pero a cambio de dinero, claro: más de 4.000 millones de dólares solamente en 2011, un 2% del PIB egipcio, según el instituto SIPRI. Amnistía Internacional denuncia que este trasiego de armas incluso continuó durante los sucesos de la Plaza de Tahir en El Cairo. Armas que iban para el ejército de Mubarak.


Egipto, sus barriadas pobres, han sido germen de islamistas radicales. Pero también de una organización moderada y masiva: los Hermanos Musulmanes, los vencedores de las recientes elecciones. Aunque se autodenominan como moderados, no están controlados por Occidente, por lo que en EEUU y en Israel existe miedo e incertidumbre sobre el futuro del Canal de Suez y de la frontera con el Sinaí.


¿Serán un nuevo Nasser? ¿Querrán usar el Canal para financiar su economía o para extorsionar a Occidente? El gobierno israelí de Netanyahu se siente rodeado de enemigos, una vez más. Irán por un lado y ahora posiblemente Egipto si los Hermanos Musulmanes llegan al poder. Sólo los militares egipcios, los mismos contra los que los israelíes lucharon en 1948, 1956, 1967 y 1973, cuentan hoy con su confianza.


Y existen precedentes. En 1992 Argelia, gran exportadora de gas a Europa, sobre todo a España, celebró elecciones libres tras la caída de la URSS –de la que Argelia había sido cliente. El resultado fue una victoria masiva de los islamistas moderados del FIS. Hubo un golpe de estado militar y una guerra civil sangrienta.  

lunes, 16 de enero de 2012

¿SOPLAN VIENTOS DE GUERRA CONTRA IRÁN?

En los últimos días las noticias sobre Irán se suceden, y no precisamente en un tono optimista. Un joven científico que trabajaba en el proyecto nuclear iraní murió en Teherán víctima de un atentado, la flota de EEUU protagoniza las mayores maniobras militares en la historia del Estrecho de Ormuz, Occidente presiona para estrangular la exportación de crudo iraní y el presidente Mahmud Ahmadineyad de gira por América latina para firmar alianzas estratégicas con Venezuela y Cuba, los rivales regionales de EEUU. Todos estos acontecimientos se han sucedido en los últimos días. No pasa jornada en la que no tengamos conocimiento de otro suceso que hace temer que en 2012 algo grave pasará en Oriente Medio. La última, un últimatum del presidente Obama a Irán. ¿Soplan vientos de guerra contra Irán?  

La rivalidad entre Irán y EE UU se remonta a 1979, a la revolución que derrocó el régimen del Sha e instauró la República Islámica liderada por los ayatolás. Desde entonces son bastantes los episodios violentos sucedidos entre ambos estados, comenzando por el asalto y secuestro del personal de la embajada estadounidense en Teherán, la llamada crisis de los rehenes, que duró 444 días entre finales de 1979 y enero de 1981. En 1980 un Sadam Hussein aliado de Occidente invadió Irán y provocó una horrible guerra de ocho años, y en 1988 un misil de EEUU derribó un avión comercial iraní matando a sus 290 ocupantes. Fueron hechos dramáticos que configuraron la imagen de ambos bandos y crearon una trinchera que perdura hasta hoy.

Irán está rodeada de enemigos. EEUU, y por extensión Occidente, no son los únicos. En la región de Oriente Medio destaca, sobre todos los demás, Israel. Los ayatolás no cesan de exigir la destrucción del estado hebreo, lo que se ha convertido en uno de los discursos fundamentales de la revolución islámica. Israel, por su parte, teme a Irán y exige a sus aliados que eliminen cualquier amenaza que pueda partir desde ese país. Pero Irán también tiene enemigos entre los musulmanes. En concreto, la confesión chiita iraní es muy mal vista por los sunitas de Arabia Saudí, donde además se profesa una variante bastante radical del Islam, la wahabita. Ambas corrientes se llevan enfrentando desde casi los inicios del Islam, a lo que habría que sumar los lógicos conflictos entre las dos potencias predominantes del Golfo Pérsico, ambas importantísimas exportadoras de petróleo.

Pánico nuclear en Israel
Radio de acción de los misiles iraníes.
Este círculo de enemigos hace que los líderes iraníes se sientan rodeados y amenazados, el ingrediente psicológico necesario para intentar conseguir el arma definitiva que podría disuadir a los demás de atacar: la bomba nuclear. EEUU e Israel denuncian que Irán lleva años investigando para hacerse con armamento nuclear, lo que en el caso de Israel produce algo parecido al pánico ya que se encuentra dentro del radio de acción de los misiles iraníes.

Evitar que llegue a tener este armamento es el objetivo estratégico principal de Occidente e Israel, que no dudan en aplicar métodos de dudosa legalidad como son los atentados ‘selectivos’ de personal vinculado al proyecto nuclear y obstaculizar así su progreso.

Israel incluso ha amenazado varias veces con ataques aéreos unilaterales contra las plantas iraníes si EEUU y Europa no toman medidas contundentes. Las consecuencias de este ataque podrían ser muy graves, y seguramente se produciría una escalada que fácilmente podría descontrolarse ya que, no hay que olvidar, Irán controla a los grupos terroristas de Hizbolá en Líbano y Hamás en Gaza. Ambos grupos llevan años luchando contra Israel, combate que el estado hebreo interpreta como una guerra encubierta con Irán.

Una de las medidas de presión sería el embargo de las exportaciones de petróleo iraní. Precisamente el llamado oro negro es, sin duda, el elemento estratégico fundamental de la zona. Irán es el tercer exportador mundial de crudo, la mayoría con destino a Asia. Allí tiene alguno de los clientes más poderosos del mundo, como China, que importa el 10% de las exportaciones iraníes para satisfacer su creciente demanda de combustible.

Los amigos de Irán
Hay quien expresa la teoría de que el conflicto por Irán sería la primera guerra por sustitución entre EEUU y China en el siglo XXI, la primera confrontación entre la superpotencia mundial y la potencia emergente. EEUU querría dominar el Oriente Medio por completo para cerrar así una fuente de exportación de energía para China e influir así en su crecimiento económico. En este sentido, EEUU lleva desde hace más de una década tratando de asegurar su propio abastecimiento de petróleo, lo que para muchos supone la verdadera causa de la guerra y ocupación de Irak.

Irak, por su parte, es otro escenario del conflicto de EEUU con Irán. Una de las consecuencias de la presencia estadounidense en ese país ha sido la llegada al poder de los chiíes tras décadas de dominación suní. Esta llegada al poder no ha sido ni mucho menos pacífica, ya que ha desatado una enorme oleada de violencia entre ambas facciones provocada por venganzas y miedos. De hecho, una de las estrategias de Al Queda en Irak fue la escalada del terror entre los chiíes para provocar una guerra civil.

Esto ha provocado un caldo de cultivo anti suní entre los chiíes iraquíes –fácilmente desviable contra Arabia Saudí- y antiestadounidense por su prolongada ocupación del país. No hay que olvidar que los ayatolás cuentan con un gran prestigio e influencia entre la élite gubernamental de Bagdad, lo que les convierte en aliados naturales de Irán en caso de conflicto. Y tampoco hay que olvidar que ya no quedan soldados de EEUU en Irak que pudieran frenar el hipotético apoyo chií a Irán en caso de guerra.

Sin embargo, donde Irán ha conseguido un golpe de efecto internacional y con un claro mensaje antiestadounidense ha sido en América latina. Recientemente Mahmud Ahmadineyad ha realizado una gira por Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador donde se ha sumado a la retórica antiimperialista de estos países señalando a EEUU como el opresor de la zona. Pero la verdadera intención de Irán es encontrar nuevos socios en la zona para superar las crecientes sanciones internacionales por su programa nuclear.

Armas nucleares, odio religioso, enfrentamiento geoestratégico y lucha por el petróleo. Los ingredientes del conflicto son muchos y muy peligrosos. Y no se circunscriben a Irán. Este país tiene amigos y algunos muy poderosos. China es uno de ellos, aunque sea por interés. También lo es Rusia, que quiere buenas relaciones con Irán para mantener la estabilidad de su zona de influencia en el Cáucaso, que es la mayor zona de producción de petróleo y gas de la zona y cuyo suministro a través de oleoductos y gaseoductos –construidos en la era soviética- está controlado por Moscú ya que pasan por Rusia. Para ello necesita a Irán que a cambio se beneficia de numerosos programas de intercambio tecnológico que también incluyen el programa nuclear.

Medidas contra el programa nuclear iraní
Los avances en este programa están encendiendo todas las alarmas en Occidente que ya está tomando medidas, probablemente para tratar de calmar a Israel y evitar un ataque por su cuenta. La flota estadounidense está en el Estrecho de Ormuz, el lugar por donde salen todos los petroleros del Golfo Pérsico con destino al mundo entero. Oficialmente la flota está participando en unas maniobras militares, pero se encuentra en una posición perfecta para iniciar un ataque. Además, no hay que olvidar que el ejército de EEUU sigue estacionado en Afganistán, con frontera con Irán.

Washington también está muy activo en el frente diplomático, donde ha conseguido convencer a Japón e incluso a China para que reduzcan sus importaciones de petróleo iraní, y se cuenta con que la Unión Europea próximamente anuncie un embargo.

Irán, por su parte, tampoco espera pasivo un posible ataque. El pasado mes de diciembre anunció haber derribado un avión espía de EEUU sobre su territorio y a principios de enero amenazó con cerrar el Estrecho de Ormuz y paralizar así el suministro de petróleo internacional.

Y mientras tanto su programa nuclear sigue avanzando con la idea desesperada de que si es capaz de ensayar con éxito una detonación nuclear en poco tiempo podrá evitar un ataque. Pero EEUU podría atacar pronto precisamente para evitar ese ensayo.