Mientras EEUU en particular y
Occidente en general recortan sus gastos en armamento debido a la crisis
económica, los países de las economías en crecimiento se rearman. “Estamos
viendo lo que puede ser el comienzo de un cambio en el equilibrio del gasto militar
mundial de los países occidentales ricos hacia las regiones emergentes” (Dr. Sam Perlo-Freeman,
director del Programa de Gasto Militar
y Producción de Armas del SIPRI).
El pasado 15
de abril el prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI)
publicó su informe sobre el gasto militar mundial en 2012. Los resultados son
bastante elocuentes: mientras que los EEUU y los estados de la Unión Europea y
OTAN han retrocedido en el gasto en armamento, las potencias emergentes como
Rusia y China, dos miembros de los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China
y Sudáfrica), han aumentado el suyo significativamente.
A pesar de
todo, los EEUU siguen liderando el gasto de armamento en el mundo con 668.841 millones de dólares en 2012 (el 4,4% del PIB), frente a 711.402 millones de dólares en 2011. Es un
6% menos, lo que se explica por la paulatina retirada de EEUU de los diferentes
escenarios bélicos abiertos por el anterior presidente George W. Bush en
Afganistán e Irak. El actual presidente, Barack Obama, está realizando una
política de fuertes recortes en el gasto militar que, según el SIPRI, se
llevarán a cabo este año 2013.
Con respecto
a Europa, según datos del instituto sueco, las políticas de austeridad y
recortes han afectado a 18 de los 31 países de la UE o de la OTAN, que en su
conjunto han rebajado su gasto militar en un 10% desde el comienzo de la crisis
en 2008. Así, por ejemplo, Francia gastó en 2012 62.582 millones de dólares (el 2,3% de su PIB) en
gasto militar, casi 200 millones de dólares menos que en 2011; el Reino Unido
gastó 59.795 millones de dólares (el 2,5% de su PIB), unos 490 millones de
dólares menos que el año anterior; y Alemania gastó 45.785 millones de dólares
en su ejército (el 1,4% de su PIB), casi 3.000 millones de dólares menos que el
año anterior. España, por su parte, presupuestó en Defensa 12.185 millones de
dólares (el 0,8% del PIB) en 2012, 1.805 millones de dólares menos que en 2011.
Es decir,
las principales potencias de Occidente, las que están sufriendo la crisis
económica, están recortando sus gastos en Defensa de manera significativa. Sin
embargo, según recuerda el Dr. Sam Perlo-Freeman,
director delPrograma de Gasto Militar y Producción de Armas del
SIPRI, “los EE.UU.y sus aliados continúan
siendo los responsables de la gran
mayoría del gasto militarmundial. Los
miembros de la OTAN juntos gastaron un billón de dólares.”
Por su
parte, China y Rusia están utilizando su crecimiento económico para
fortalecerse también en el plano militar. Por ejemplo, y según datos del SIPRI,
China gastó en 2012 157.603 millones de dólares en Defensa, un 2,2% de su PIB.
Son 11.449 millones de dólares, es decir, un 7,8% más que en 2011. Con estas
cifras China se ha consolidado como la segunda potencia en gasto militar del
mundo, sólo por detrás de los EEUU. Su presencia en el mercado internacional de
armamento también se ha incrementado. Ya en marzo de este año el SIPRI publicó
otro informe en el que destacaba que China se había colocado en el “top five”
de los exportadores de armas convencionales del mundo superando al Reino Unido.
Por su
parte, Rusia también ha incrementado significativamente su gasto militar el año
pasado aunque al precio de un mayor esfuerzo real para su economía, ya que los
90.646 millones de dólares gastados en 2012 suponen el 4,4% de su PIB, el mismo
porcentaje de la economía que invierten los EEUU en Defensa. Son 12.316
millones de dólares más de gasto en el ejército ruso que en 2011.
El resto de
países del BRICS no incrementaron significativamente sus gastos militares en
2012 con respecto al año anterior, pero aún así mantienen unos presupuestos de
Defensa muy altos: India gastó 48.255
millones de dólares (el 2,5% de su PIB) y Brasil 36.751
millones (el 1,5%). Sólo Sudáfrica mantiene una cifra relativamente modesta
con 4.470 millones de dólares, el 1,1%
de su PIB.
¿Hacia un mundo multipolar?
Con estas
cifras está claro que la hegemonía militar de Occidente está comenzando a ceder
frente a una cada vez más fuerte inversión por parte de los países emergentes. Pero
es, por el momento, nada más que el síntoma del inicio de un proceso. Occidente
sigue siendo, hoy por hoy, el bloque económico, político, militar y cultural
hegemónico en el mundo. Pero ya hay una tendencia a que esa hegemonía se vaya
perdiendo poco a poco a favor de un mayor protagonismo en otros lugares del
mundo.
Los países emergentes, los llamados BRICS, están creciendo
económicamente de tal manera y en contraste con la crisis que sufre Occidente,
que incluso están comenzando a poner en duda instituciones internacionales
propias de la dominación occidental de las relaciones internacionales, como por
ejemplo el Banco Mundial y el FMI. Los BRICS propusieron el pasado mes de marzo
crear un banco propio para el desarrollo de los países del Tercer Mundo, lo que
permitiría una vía de desarrollo de estos estados al margen de las recetas y de
los intereses de Occidente. Toda una declaración de independencia de los BRICS y,
sobre todo, de autoestima gracias a los recursos a los que tienen acceso gracias
a su crecimiento económico. A estos recursos económicos se está sumando,
paulatinamente, el poder militar.
Por lo tanto, parece que los procesos de crecimiento
económico y de redistribución de la riqueza a escala global están provocando
que, poco a poco, nos estemos alejando del escenario de poder unipolar
internacional con unos EEUU hegemónicos en el plano militar, para ir acercándonos
a un escenario multipolar con diferentes potencias regionales hegemónicas en su
entorno, pero no lo suficientemente fuertes como para imponerse sobre el resto.
El
7 de octubre de 2001, hace ya once años, los EEUU y sus aliados invadieron Afganistán
y dieron comienzo a un nuevo capítulo de la guerra que lleva asolando el país
desde 1979. Iban a derrocar a un gobierno fundamentalista, apresar a Bin Laden y
a reconstruir uno de los estados más pobres y peligroso del planeta. Sin
embargo, Afganistán ha derivado en una guerra de guerrillas, emboscadas y
recuentos de cadáveres, especialmente de civiles y de soldados de la OTAN. Es
una victoria imposible que ya tiene fecha de caducidad en 2014 y que
a la opinión pública no le interesa.
En 2010 el periodista estadounidense
Sebastian Junger publicó el libro “War” (Guerra) en el que describía su
experiencia junto a una unidad del ejército de los EEUU en un recóndito valle
afgano. Entre junio de 2007 y junio de 2008 Junger acompañó a los soldados en
sus misiones en el Valle del Korengal, en la frontera con Pakistán. Allí no se
construían escuelas ni carreteras.
Un soldado en el valle del Korengal.
Mientras el mundo
miraba hacia Irak y a la resistencia contra la ocupación de los EEUU, en
Afganistán se mataba y se moría. Pero lejos del foco de la mirada de la opinión
pública. El propio Junger cuenta que este vacío informativo no era por la censura.
De hecho, no fue censurado mientras recogía material y escribía su libro. El
ejército norteamericano tiene sus mecanismos de control y sus oficinas de prensa, como todas
las instituciones públicas y empresas privadas, pero al parecer no ejercieron
presión alguna sobre Junger.
La imagen que se nos
está dando, o intentando dar, sobre la misión que los soldados llevan a cabo
allí poco o nada tiene que ver con la realidad. La misión de la OTAN, bautizada
como ISAF (International Security Assistance Force) –en la que España colabora
actualmente con 1481 soldados- comenzó como un clásico caso de Peacebuilding,
las misiones que hasta ese momento llevaban a cabo los cascos azules y las
agencias de la ONU en lugares asolados por la guerra con el objetivo de “construir
la paz”: básicamente crear la infraestructura económica, política y social
necesaria para construir un estado viable, a la par que se derrotaba a las
fuerzas que se oponían a ese esfuerzo.
Una contradicción demasiado
fuerte
Pero con el tiempo esta
misión se fue topando con cada vez más resistencias. Y es que la contradicción
entre construir una escuela mientras se apunta con un fusil a los padres de los
alumnos es demasiado fuerte.
Habitantes del valle del Korengal.
Cuenta Junger en su
libro cómo durante una operación a gran escala del ejército de los EEUU en el Valle
del Korengal, un comandante estadounidense trataba de convencer a los
dirigentes locales para que dejaran de apoyar a la insurgencia talibán y se
convirtieran en aliados. Les explicó que los
norteamericanos tenían la “orden” y la “voluntad” de llevarles el progreso a
sus casas. Carreteras, canalizaciones, electricidad, escuelas, etc. En cambio,
los talibanes solamente les ofrecían cinco dólares a sus hijos para que se
jugaran la vida atacando a los soldados estadounidenses. Los talibanes ofrecían
una miseria por sus vidas.
El argumento era bueno
y el comandante confiaba en sus posibilidades. Sin embargo, cuando los
dirigentes locales se reunieron de nuevo para discutir sus opciones una vez escuchado
al oficial, le declararon la yihad a
los estadounidenses. ¿Qué había pasado? Mientras el oficial estaba hablando, se
había entablado un duro combate en el exterior que acabó con el bombardeo de
una zona del valle que provocó 15 muertos.
Los EEUU no pueden
ganar esa guerra porque no pueden vencer su gran contradicción. La guerrilla
les obliga a actuar armados todo el tiempo, lo que les resta credibilidad en
sus esfuerzos de construcción de la paz. Además, cada baja de los EEUU es un
argumento en contra de la guerra así como el enorme coste que supone mantener a
miles de soldados a miles de kilómetros.
Enseguida surge la
inevitable comparación con Vietnam. Sin embargo, existen importantes diferencias
entre los soldados norteamericanos de entonces y de ahora y entre la percepción
que se tiene de ellos en su patria. Ya no son reclutas obligados a servir en el
ejército y empujados a la selva. Ahora son profesionales que acuden a la guerra
conscientemente, aunque es cierto que en muchos casos empujados por la falta de
alternativas reales para ganarse la vida. Es decir, no existe el argumento de
la injusticia que supone mandar a tus hijos a una guerra absurda. Ahora van
mercenarios.
¿Una sociedad desinformada o
apática?
Es el caso también de
los soldados de los ejércitos europeos que sirven en Afganistán. Por ejemplo, en la
sociedad española apenas existe conciencia sobre la presencia de
soldados españoles en esa guerra y de su participación en la misma. También es
cierto que apenas existe información publicada que explique realmente lo que
está sucediendo en esas tierras tan lejanas.
Esta información en España solamente
llega de manera esporádica y generalmente cuando se ha producido alguna muerte
en combate. Y en esos casos siempre la fuente de información es el Ejército.
Los medios de comunicación no envían a reporteros y los free lance no van a
Afganistán. ¿Miedo, autocensura, falta de interés? De todo un poco. Siempre es
más fácil -y barato- utilizar la nota de prensa facilitada por la ISAF y sus
imágenes. De hecho, la ISAF cuenta con una potente oficina de prensa que incluso
ofrece puestos vacantes para periodistas civiles interesados.
Algo absolutamente
impensable en la Guerra de Vietnam, después de la cual el ejército de los EEUU
culpó a la prensa por su derrota con el argumento de que iban ganando la guerra
hasta que las noticias sesgadas (sin censura) en la televisión pusieron en
contra al pueblo americano y se forzó la retirada. Una excusa, sin duda, pero
que ha mutado en los últimos años en una estrecha colaboración entre los medios
y el ejército –lo peor para una información libre y objetiva.
Al final la OTAN
perderá la guerra de Afganistán y se tendrá que retirar sin cumplir sus
objetivos y con la opinión pública en contra. Según el Pew Research Center,un think tank de estadounidense que investiga los estados de opinión en el mundo, con respecto a Afganistán en octubre de 2011, un 68% de alemanes se posicionaba en contra de la participación de su país y un 70% creía que la guerra estaba perdida, una percepción que aumentaba hasta el 71% entre los británicos, de los que el 57% quería que sus soldados regrsaran inmediatamente al Reino Unido. El mismo porcentaje se daba entre los ciudadanos de EEUU que también creían que sus soldados deben volver a casa.
Pero la gran aliada de los talibán no es la oposición a la guerra de
los votantes, es la crisis económica. Entre 2002 y 2013 la guerra solamente en
Afganistán –no contar la de Irak- le habrá costado a los EEUU más de 641
billones de dólares según una estimación del CSIS (Center for Strategic & International Studies). Demasiado dinero para no alcanzar ningún resultado.
Así, por ejemplo, en abril de 2010, tras años de defensa, millones de dólares gastados en munición y 42 muertos, los soldados de los EEUU abandonaron el Valle del Korengal. Los talibanes ocuparon inmediatamente sus antiguas posiciones que se habían mantenido para nada (ver video).
El
presidente de los EEUU, Barack Obama, ha amenazado o advertido –según se mire-
al gobierno sirio de que el uso de armas químicas le haría, textualmente, “cambiar
mis cálculos” sobre el conflicto que lleva ya año y medio asolando el país de
Oriente Próximo. Estas palabras coinciden en un momento en el que los soldados
de El Asad se están recuperando. ¿Significa esto que, al igual que pasó en
Libia, la OTAN no descarta intervenir militarmente en la zona en ayuda de los
rebeldes?
“Se lo hemos dejado muy
claro al régimen de El Asad y a otros actores en la región. Para nosotros se
llegaría a un límite si empezamos a ver movimiento o uso de armas químicas. Eso
haría cambiar mis cálculos”. Barack Obama ha movido ficha en la guerra civil enSiria, la primera vez que desde marzo del año pasado comenzara con las primeras
protestas contra el régimen de El Asad. La pregunta que surge es si estas
declaraciones son el preludio de una espiral diplomática que desembocará en la
intervención de Occidente en Siria en ayuda de los rebeldes.
El Consejo de Seguridad de la ONU.
En caso de producirse
esta intervención, deberá hacerse inevitablemente al margen del mandato de la
ONU, ya que Rusia y China –ambos con derecho a veto- llevan meses impidiendo
que el Consejo de seguridad condene o apruebe acciones reales contra el Asad.
Sin embargo, la historia reciente demuestra que a los EEUU les importa poco
contar con mandato de Naciones Unidas para encabezar ataques: en 1999 los
bombardeos de Yugoslavia y en 2003 la invasión de Irak no contaron con la
legitimidad del Derecho internacional. Prevaleció el de las armas.
El guión parece ya
establecido y muy familiar. Los medios occidentales llevan semanas alertando
sobre el supuesto peligro del uso de armas químicas –en Irak fueron de
destrucción masiva- por parte de un régimen aparentemente arrinconado y
condenado a sucumbir. Sería, advierten, un intento desesperado por vencer a los
rebeldes. Sin embargo, parece que el ejército de El Asad está recomponiendo su situación militar en Damasco y en Alepo después de los desastres de hace un
mes, entre ellos el espectacular atentado que decapitó la cúpula militar. Y
está recuperando el terreno perdido sin armas químicas.
¿Ayuda a los rebeldes?
Es precisamente en este
momento en el que El Asad está recuperándose en el plano militar que surge el
aparente peligro químico sirio y las amenazas de Obama. ¿Coincidencia? Hace tan
sólo un año y medio, casi a la par que comenzaba la insurrección en Siria, la
OTAN comenzó a apoyar desde el aire a los rebeldes de Libia que estaban siendo
derrotados poco a poco por Gadafi. Aunque esta vez legitimada por la ONU. Meses
después empresas francesas y británicas pugnaban por lucrativos contratos
petrolíferos y gasísiticos con las nuevas autoridades de Trípoli a las que
habían ayudado a llegar al poder.
Oriente Próximo y Medio.
Sin embargo, en Siria
la situación es bastante más sensible. Carece de materias primas, pero es geopolíticamente vital. Tiene frontera con todos los actores de Oriente Medio: Turquía, Irak, Jordania,
Líbano e Israel. Durante décadas ha sido uno de los abanderados en la lucha por
la liberación de Palestina –al menos en su discurso-, aliado de la URSS y
hostil a la hegemonía de los EEUU en la zona que ahora tienen la oportunidad de
librarse de este molesto actor. Con Sadam Hussein muerto y Jordania en buenas
relaciones con Israel, el fin del régimen de El Asad podría ser una manera de
abrir el “frente norte” de Israel.
Los “nuevos cálculos
Obama” podrían pasar por que tras el fin de El Asad se establecería un gobierno
sirio que podría prescindir de su soberanía sobre los Altos del Golán –vital para
el abastecimiento de agua israelí- y dejar de apoyar a los chiíes de Hezbolá en
Líbano. Esto último sería fundamental para que Israel dejara de sentirse
amenazada por Irán y dejara de presionar para intervenir militarmente en el
país persa para impedir su programa nuclear. Militarmente no es lo mismo intervenir
en la pequeña Siria que en el inmenso Irán, y además no haría falta mandar
soldados: bastaría con armar debidamente y ofrecer cobertura aérea a los
rebeldes. Como en Libia.
Los riesgos
Pero estos cálculos
tienen un lado arriesgado. ¿Cómo reaccionarán Rusia y China? Ambas potencias ya
han advertido que “no consentirán” una acción unilateral de la OTAN en Siria al
margen de la ONU. No dicen, por supuesto, en qué consistiría su reacción, pero
no hay que olvidar que Rusia controla la energía que necesita la Unión Europea
para vivir y que China está financiando gran parte de su economía maltrecha por
la crisis. Dos argumentos de peso que deberían dar de qué penar a los
ministerios europeos.
No es que Rusia ni
China sean unos ciegos seguidores del Derecho Internacional basado en la
legitimidad de la ONU, pero es que en Siria se juegan su prestigio y algo más.
Si la OTAN ataca Siria, los EEUU entrarían en el único país de Oriente Medio en
el que carecen de influencia. Sería la conquista definitiva del tablero por
parte de los americanos que, una vez más, impondrían su voluntad a través de
las armas.
Bashar El Asad.
En este sentido, surge
una nueva cuestión: ¿Pueden los EEUU permitirse atacar Siria? Acaban de sufrir
una derrota humillante en Irak, y en Afganistán están gestionando la siguiente.
El coste económico sería importante, por ello necesitaría de la participación
de sus socios europeos en la OTAN para dividirse en coste del ataque. Esto es
problemático por la influencia de China y Rusia en las economías europeas y,
simplemente, porque Europa no está para grandes gastos militares para favorecer
a su aliado.
A EEUU sí le interesa
intervenir porque así reforzaría su presencia en la zona, vital ante un futuro incierto con respecto a Irán: Teherán tendría un aliado menos. Y sobre todo,
para cerrar el anillo en torno al gran aliado y pieza geopolítica y económica
fundamental de los EEUU en la zona y en el mundo: Arabia Saudí. Según el New York Times, los EEUU han incrementado considerablemente su importación de
petróleo del Golfo Pérsico y se trata de protegerlo.
En EEUU llevan tiempo
preparando el escenario de una posible intervención al margen de un mandato de
la ONU. El prestigioso e importante Think Tank “Council on Foreign Relations”
ya publicó el pasado 19 de julio un artículo en el que defendía que la ONU no
debía tener el monopolio de la legitimidad internacional y que esta podía,
perfectamente, ser ejercida por la OTAN. ¿Una premonición?
Sin embargo, el
elemento que escapa del posible 'cálculo’ de Obama y que es fundamental es el
carácter de los rebeldes sirios. ¿Quiénes son? ¿Qué buscan? ¿Cómo gobernarían?
Por el momento las noticias desde los territorios controlados por ello son
contradictorias: por un lado se habla de personas que al hilo de la primavera
árabe quieren vivir en libertad y en un país democrático, pero por otro se
habla de fundamentalistas islámicos que imponen la Sharía y cometen crímenes de
guerra.
¿Este es el socio con
el que cuenta Obama para el futuro de Siria?
Los
EEUU y con ellos la OTAN abandonarán Afganistán. La crisis económica que hace
insostenible para muchos países continuar sus misiones allí –entre ellos
España- y, sobre todo, la imposibilidad de derrotar a la guerrilla talibán y
construir un estado democrático y viable, obligan a un repliegue que se parece
mucho en el fondo a la hasta ahora mayor derrota de los EEUU en su historia:
Vietnam. Sin embargo, si entonces los medios de comunicación trasladaron a los
hogares norteamericanos la barbarie de la guerra y provocaron, de alguna
manera, la oposición a la guerra, en Afganistán la derrota se debe
exclusivamente a una cuestión estadística y de coste, ya que los ciudadanos
solemos ignorar exactamente lo que ocurre allí.
El 30 de abril de 1975
una masa atemorizada trataba de penetrar en la embajada de los EEUU en Saigón,
Vietnam del Sur, para subir a un helicóptero y salvar el pellejo. Muy pocos lo
consiguieron y la mayoría, que habían servido durante años al ejército o a los
servicios secretos estadounidenses, cayeron presos de los norvietnamitas. Las
imágenes de los helicópteros huyendo de los tejados de Saigón conforman desde
entonces el símbolo de la derrota y el fracaso de los EEUU en una región del
planeta que llegó a albergar a más de 500.000 soldados norteamericanos en su
lucha contra los comunistas y que costó miles de millones de dólares y el
aborto del plan de implantar en los EEUU su primer embrión de Estado del
bienestar.
Casi 40 años después de
Vietnam, y tras la retirada de Irak, los EEUU y sus aliados occidentales están
preparando el terreno para abandonar Afganistán el escenario donde comenzó la
famosa ‘Guerra contra el terror’ de George W. Bush, una ficción militarmente
complicada pero políticamente muy rentable tras los atentados del 11 S de 2001.
Los atentados talibanes
se multiplican así como su poder entre la población rural. EEUU y la OTAN
dejarán atrás un gobierno débil, un estado inexistente y fragmentado entre
multitud de etnias y tribus, y sobre todo, una guerrilla talibán fuerte. Es
decir, tras más de una década de intervención, centenares de soldados
occidentales y miles de afganos muertos, y miles de millones de dólares
invertidos, no se ha conseguido alcanzar el objetivo estratégico por el que se
decidió intervenir en esa tierra lejana. Como en Vietnam, EEUU se enfrenta a
otra derrota en un escenario regional.
‘Operación Libertad
Duradera’
Recordemos: el 7 de
octubre de 2001 los EEUU y sus aliados de la OTAN comenzaron la llamada
‘Operación Libertad Duradera’ con el objetivo de desalojar del poder en
Afganistán al gobierno talibán, un grupo de fundamentalistas islámicos
wahabitas protegidos por Pakistán que daban cobijo a Bin Laden. La explicación
que se dio a la ciudadanía parecía plausible: derrocar a un régimen totalitario
y destruir a Al Qeda. Además, para evitar que en un futuro otros posibles Bin
Laden y talibanes volvieran a hacerse fuertes en este territorio, Occidente se
comprometía a pagar miles de millones de euros y a enviar tropas de mantenimiento
de la paz para construir un país nuevo. Tendría un sistema democrático,
infraestructuras y servicios públicos como la educación. EEUU no fue solo, sus
aliados de la OTAN se unieron a la campaña, generalmente como tropas de
ocupación, mientras que los norteamericanos luchaban.
Al principio los planes
parecían ir bien. Los talibanes fueron aplastados y sustituidos en el poder por
la coalición llamada Alianza del Norte –un nombre inventado por los medios de
EEUU- y Al Qeda tuvo que abandonar sus bases y dispersarse. Sin embargo, ya
desde el principio se plantó la semilla del fracaso. El miedo de los gobiernos
a las imágenes de soldados muertos en la guerra llevó al uso de mercenarios y
de soldados afganos para las operaciones militares, lo que hizo posible la huida de los objetivos esenciales de la guerra –Bin Laden y los jefes
talibanes- mediante sobornos. Sin embargo, la situación parecía tranquila,
Karzai –un hombre de la CIA- se afianzó en el poder y la ‘reconstrucción’ podía
comenzar. Pero la realidad era otra. Escondido tras el telón mediático de la
Guerra de Irak, la guerra en Afganistán comenzó a ser cada vez más cruenta.
En noviembre de 2010, y
según datos de la propia OTAN, los EEUU tenían 90.000 soldados destinados en
Afganistán junto a otros 40.000 militares aliados, entre ellos más de 1.500
españoles. Los talibanes habían resurgido con fuerza, la sociedad fuera de los
núcleos urbanos estaba fuera del control gubernamental y de los soldados, y se
multiplicaban los combates: emboscadas de los talibanes con el objetivo de
causar bajas a la OTAN y provocar un goteo que desemboque en la retirada. Y lo
han conseguido.
El General David Petraeus.
Cuando el presidente de
los EEUU anunció en enero de 2009, nada más jurar su cargo, que se retirarían
las tropas de Irak y que se concentrarían en Afganistán. La experiencia iraquí
estaba amortizada, política y militarmente. Pero aún quedaba Afganistán, una
misión que contaba con los consensos internacionales necesarios y que no se
podía perder. Para ello Obama nombró en junio de 2010 al general David Petraeus
comandante en jefe de sus tropas en Afganistán con el objetivo de repetir su ‘hazaña’ de Irak de negociar y dividir a los insurgentes, bajar la intensidad de las
emboscadas y permitir la retirada del ejército con un riesgo bajo de
inestabilidad. Pero un año después fue relevado de nuevo –a través de un
ascenso como nuevo director de la CIA. El general no tenía claro que pudiera
vencer: “El éxito en Afganistán es frágil y reversible”, afirmó en marzo de
2011.
En julio de 2012, y
según datos de http://icasualties.org/oef/, los EEUU han sufrido ya más de 2.000 muertos
en Afganistán (España 34). Además, según datos de junio de 2011, Washington ha
gastado en esta guerra un billón de dólares desde 2001, unos 10.000 millones al
mes. Muertos, heridos, gastos millonarios y a cambio los talibanes golpeando
con fuerza, como demuestran los últimos atentados. Insostenible.
Gráfico de icasualities.org
Por ello el presidente
Obama anunció la retirada gradual de las tropas de los EEUU de Afganistán, con
el objetivo de que en 2014 sean las tropas del gobierno afgano quienes se
responsabilicen de las operaciones contra los talibanes. Es la ‘vietnamización’
de la guerra de Afganistán, o también interpretable como el reconocimiento
implícito de la derrota de Occidente.
Nuevo capítulo afgano: entra India
vs. Pakistán
Los EEUU tienen la
ventaja de que los medios de comunicación apenas están sobre el terreno y que
la crisis económica, sobre todo en Europa, está tapando todo lo demás. Pero no
pueden evitar que a la hora de hacer balance éste sea claro: una derrota en toda
regla. Afganistán no está mejor que en 2001 y se deja atrás a un gobierno débil
que sólo controla las ciudades, el campo es talibán. Como les ocurrió a los
soviéticos entre 1979 y 1988, y acabaron huyendo.
Afganistán seguirá
siendo un país sumamente empobrecido e inestable tras la retirada, pero lo
grave no es sólo eso. Pakistán continúa apoyando a los talibanes para conseguir
un gobierno amigo a sus espaldas frente a su gran rival, India, que ha
entrado en este escenario por la puerta grande aliándose con el actual gobierno
afgano. De hecho, serán instructores indios los que entrenen a los
gubernamentales tras la retirada occidental.
Es decir, miles de
millones de dólares malgastados y miles de muertos después, Occidente se
marchará de Afganistán dejando paso a un nuevo conflicto, esta vez uniendo los
intereses de las dos potencias nucleares del sur de Asia: India y Pakistán. Un
escenario muy peligroso.