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domingo, 6 de septiembre de 2015

España y el color rojo de los mapas

Nave abandonada en Villacañas, Toledo.
Villacañas no esconde su drama. En la misma entrada a esta pequeña ciudad de poco más de 10.000 habitantes situada en la profundidad de la provincia de Toledo, el visitante se encuentra de bruces con su realidad. Una larga y recta carretera flanqueada durante centenares de metros por incontables naves industriales que muestran lo que debería ser una intensa actividad económica. Pero esta visión engaña, es el pasado. Las naves están en su mayor parte desiertas. Muy pocas mantienen a duras penas un halo de vida, pero otras muchas, la mayoría, están vacías, prácticamente abandonadas. Son el testigo silencioso de otra época, no muy lejana, de cuando Villacañas era una referencia y producía centenares de miles de puertas. Las que necesitaba el ‘boom’ del ladrillo para equipar los miles de pisos que se construyeron durante los años de la burbuja inmobiliaria a lo largo y ancho del país.

Hoy Villacañas es una ciudad en crisis. Uno de cada tres vecinos en edad de trabajar está en el paro. En total el desempleo afecta a 1.434 personas, el 33,27%. Hace tres años era aún peor: entonces casi la mitad de la población con capacidad de trabajar no lo hacía, unas 1.925 personas, el 43,70%. Sin embargo, no muchos años atrás el panorama era bien diferente. Prácticamente no había paro. En 2006 solamente 358 vecinos no tenían trabajo, el 6%. Técnicamente había pleno empleo. Eran tiempos de bienestar.

Esa época de vacas gordas tenía su lado siniestro. Atraídos por la facilidad de cobrar una nómina bastante respetable sin necesidad tocar ni un libro, muchos jóvenes dejaron de lado los estudios para empezar a trabajar. Hoy bastantes de estos jóvenes de ayer son personas de mediana edad sin formación y sin empleo, y lo que es peor, con malas expectativas de encontrar un trabajo que no sea precario.

El abandono escolar masivo es un problema que afecta a demasiadas regiones españolas. Villacañas ha sido utilizado repetidamente por los medios de comunicación como paradigma de ese abandono y de las consecuencias nefastas que tiene a largo plazo para la sociedad. En Castilla la Mancha, la comunidad autónoma de Villacañas, la cifra de abandono más reciente hecha pública, la de la EPA del pasado mes de abril, dice que uno de cada cinco chavales entre 18 y 24 años, el 21,5%, deja de estudiar más allá de los ciclos educativos obligatorios. No es la peor cifra. En La Rioja (21,9%), Canarias (22,9%), Comunidad Valenciana (23,5%), Extremadura (23,8%), Murcia (23,9%), Andalucía (26,6%) y Baleares (30,8%) la superan configurando un mapa muy preocupante.

Para poder percibir el impacto del abandono escolar en España en su dimensión real hay que dar un paso atrás y ampliar la perspectiva. Comparar lo que pasa en este país con la realidad de nuestro entorno. La Unión Europea ha publicado una serie de mapas a través del proyecto ESPON2013, la red de observación en materia de desarrollo y cohesión territorial, que merecen ser tenidos en cuenta, aunque la visión es aterradora.

Si el color rojo significa intensidad, en este mapa la Península Ibérica está representada completamente en rojo, con la excepción de Euskadi y de Navarra. Pero no es un rojo uniforme. Existen diferentes grados de color rojo que representan distintos porcentajes de abandono escolar. Y el rojo adquiere un tono prácticamente burdeos en la zona centro-sur, en Extremadura, Andalucía, Murcia y en Castilla la Mancha. Un color que no tiene casi equivalente en ningún otro país del mapa, con la excepción de Turquía.

El abandono escolar en Europa 2010 (fuente: ESPON)


Este mapa tiene sus consecuencias que también se pueden captar de un vistazo en otro mapa, esta vez el del paro en Europa. Aquí el rojo vuelve a ser el color de las malas noticias, y España vuelve a ser de color rojo, prácticamente en solitario solamente acompañada por los Balcanes. El nefasto significado del burdeos también coincide con el del mapa anterior y golpea a las regiones del centro-sur español, al que en esta ocasión se suma el Levante.

El paro en Europa 2013 (fuente: ESPON)


Los mapas hablan y nos enseñan que la misma mitad de España es rojo burdeos en abandono escolar y en desempleo, con una intensidad que apenas se puede encontrar en el resto de Europa. Abandono escolar y paro, dos mapas pero los mismos colores en los mismos lugares.

Volviendo a Villacañas y a sus naves industriales abandonadas, no es la primera vez que esta zona de España sufre una fuerte depresión. Hace un siglo, el periodista y escritor Azorín publicaba artículos recordando que los pueblos del interior de Castilla, que en esos días se presentaban prácticamente abandonados, habían vivido tiempos mejores. Azorín hablaba de grandes iglesias abandonadas y de enormes palacios en ruinas, testigos mudos de un pasado de esplendor.

Azorín escribió entonces que Castilla “no fue una civilización duradera, basada en la agricultura, la industria y el comercio; fue un florecimiento circunstancial; la industria y el comercio (sederías, pañerías, boneterías, guanterías) vivían a la sombra de este súbito renacimiento, y se deshicieron de un golpe, rápidamente, en cuanto los motivos del engrandecimiento cesaron”.  


Un párrafo que bien podría aplicarse a la triste realidad actual. 

sábado, 14 de diciembre de 2013

¿La democracia no es para pobres?

Un estudio de la Fundación Bertelsmann indica que la abstención electoral se dispara en los distritos más humildes, mientras que la participación en las votaciones es muy alta en los más pudientes. ¿Quiere decir que los ricos votan y participan en democracia y los pobres se quedan en casa? ¿Qué implicaciones puede tener para el futuro?

La Fundación Bertelsmann ha publicado un estudio basado en los datos de las últimas elecciones federales alemanas del pasado 22 de septiembre. La conclusión no puede ser más clara: la abstención electoral es mucho más alta en los lugares de menos renta, más paro y menos nivel educativo que en los distritos más ricos, con mayor tasa de empleo y un nivel educativo más alto.

El estudio enciende todas las alarmas y vincula la creciente precarización laboral en Alemania con el aumento de la abstención electoral en los últimos años. En la última cita electoral federal del pasado mes de septiembre, la abstención fue del 28,5% y en la cita anterior, en 2009, lo fue del 29,2%. En cambio, hace 30 años la abstención en Alemania era de un tercio con respecto a la de ahora: del 10,9% en 1983 y del 11,4% en 1980, por poner dos ejemplos de hace una generación. ¿Ha ido bajando la participación electoral a medida que se iban destruyendo las condiciones de prosperidad y seguridad laboral y se iba abriendo paso la precarización en el mercado de trabajo?

Evolución de la abstención en Alemania hasta 2009.

Parece que así es. Según el último Informe Social de 2013 publicado el pasado 27 de noviembre por la Oficina Federal de Estadística de Alemania, el porcentaje de población en riesgo de caer en la pobreza aumentó en los últimos años y creció del 15,2% de 2007 hasta el 16,1% en 2011. Este empobrecimiento de la sociedad ha ido de la mano de la precarización laboral. Así, el número de personas sin contratos a tiempo completo o con empleos temporales creció hasta alcanzar prácticamente a un cuarto de la población (22%), afectando especialmente a las mujeres (33%), los jóvenes entre 15 y 24 años (33%) y aquellos que carecen de titulación (37%).

Es decir, los alemanes se han ido empobreciendo en los últimos años, lo que ha podido influir en una bajada importante de la participación en las elecciones. Coincide con la tesis del estudio de Bertelsmann, que indica que en los distritos con mayor abstención electoral en Alemania se dan las siguientes pautas:

  •           Hay casi diez veces más personas que podrían clasificarse entre los sectores sociales más precarizados (un 67%) que en los de menor abstención electoral (sólo un 7%).
  •         Hay cinco veces más personas sin empleo (14,7%) que en los distritos de menor abstención (3%).
  •       Hay casi el doble de personas sin graduado escolar (15,2%) y más de la mitad  de personas sin bachillerato (18,2%) que en los distritos de mayor participación electoral.
  •      La media de renta anual familiar es de 35.000 euros, un tercio por debajo de los distritos donde más se vota, que es de 52.000 euros.


Una de las conclusiones a la que llega el estudio es que “el paro perjudica a la democracia”. Otra es que mientras mayor sea el nivel educativo, mayor es la participación en las elecciones. Por lo tanto, mientras mayor sea la tasa de desempleo y la de fracaso escolar, menor será el interés en participar en democracia y mayor la abstención. ¿Estas conclusiones son aplicables a España?


¿Se puede aplicar a España?

Echando un rápido vistazo a las últimas cifras, y sin pretensiones empíricas ni científicas, parece que las conclusiones del estudio sí son aplicables a nuestro país. Las últimas elecciones a nivel nacional fueron las generales del 20 de noviembre de 2011, en las que se produjo una abstención del 28,31%, un nivel muy parecido al alemán del pasado septiembre pero con una tasa de paro muy superior, rozando el 23% en ese momento mientras que el desempleo en Alemania en el mes de sus elecciones era de solamente el 6,6%.

Datos: Ministerio del Interior.

El estudio de la Fundación Bertelsmann se hizo comparando diferentes distritos electorales alemanes, y las mayores diferencias se encontraron entre barrios de las grandes ciudades como Berlín, Múnich, Hamburgo o Colonia, comparando sus niveles de participación electoral y otras variables como la tasa de paro. Si se observan las cifras de Madrid, por ejemplo, las conclusiones del estudio vuelven a ser válidas.

Por ejemplo, echando un rápido vistazo al mapa electoral de los barrios madrileños en noviembre de 2011, destaca que el barrio con mayor abstención electoral era el de San Cristóbal, en el distrito de Villaverde, con el 39,16%, seguido por el de Orcasur, en Usera, con el 38,67%. En ambos casos la abstención superaba en diez puntos a la abstención a nivel nacional, y en ambos casos esta abstención coincidía con barrios con una tasa de paro muy alta. En San Cristóbal, el paro en noviembre de 2011 era del 25,1%, mientras que en Orcasur afectaba al 22,81% de la población.

Por otro lado, la menor abstención en las elecciones se produjo en los barrios de Niño Jesús, en el distrito de Retiro, con un 16,72%, y en el barrio de Fuentelarreina, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, con un 16,89%. En Niño Jesús el paro en noviembre de 2011 era del 8,25%, mientras que en Fuentelarreina el desempleo solo afectaba al 7,29% de la población.

Siguiendo las pautas del estudio de la Fundación Bertelsmann, si se tiene en cuenta el nivel de renta per cápita, los distritos de Villaverde y Usera están entre los más desfavorecidos. La media anual de ingresos en Usera era en 2009 (últimos datos estadísticos disponibles) inferior a 18.400 euros, y en Villaverde menor de 21.200 euros. En cambio, en el distrito de Retiro la renta per cápita anual era de más de 24.000 euros y en Fuencarral – El Pardo era superior a 21.200. La falta de datos específicos por barrios distorsiona las cifras, ya que en el distrito de Fuencarral – El Pardo, por ejemplo, se dan grandes desequilibrios entre los diferentes barrios que componen el distrito y que afectan a la media de la renta per cápita.  

Por último, y teniendo en cuenta la variable del nivel de estudios de la población para explicar la abstención, los datos de Madrid también avalan las conclusiones del estudio. Así, según estadísticas municipales de 2012, el distrito de Villaverde es de los que tiene menor población con estudios superiores (no más del 14,77%). Usera se encuentra en el siguiente escalón, con no más del 28,3% de su población con un título superior. Al otro lado se encuentran los distritos de Retiro y Fuencarral –El Pardo con una horquilla entre el 42% y el 55,5% de su población con estudios superiores.

Es decir, efectivamente en los resultados electorales de noviembre de 2011 en Madrid se cumplen las pautas del estudio de la Fundación Bertelsmann: Los dos barrios con mayor abstención estaban entre los de mayor tasa de paro, menor renta per cápita y menor nivel medio de estudios de la capital de España. Por otro lado, la población de los dos barrios con mayor participación electoral estaba entre la que tenía menos parados, más renta y mayor nivel de estudios.  


España, ¿condenada a sufrir una gran abstención electoral?

Teniendo en cuenta estas conclusiones y la actual situación de crisis económica y de afección a las instituciones, ¿qué futuro le espera a la participación electoral en España?

Observando las variables utilizadas por el estudio para explicar la abstención, en España todas ellas han crecido mucho en los últimos años. La tasa de paro a nivel nacional ha ido aumentando hasta situarse en el actual 26,7%, casi cuatro puntos más que en noviembre de 2011. El nivel de renta de los españoles también ha bajado. Según datos recientes publicados por Eurostat, el PIB por habitante en 2012 se quedó en el 96% de la media europea, retrocediendo a una situación de hace 14 años. Y por último, la tasa de abandono escolar en 2012 era del 28,8%, el doble que la media europea, que era del 14,5%, según Eurostat.

Datos del CIS.

Las consecuencias se han reflejado en un aumento de la intención de abstenerse en las urnas. Las últimas encuestas sobre intención de voto reflejan una enorme desafección por la política y unos niveles de abstención muy altos. Por ejemplo, en el Barómetro del CIS del pasado mes de octubre, un 28,7% de los encuestados respondió que no votaría sumando la intención de voto y la simpatía. En el Barómetro del pasado mes de julio era un 29,3%.

Sin embargo, hay otras encuestas que prevén una abstención masiva. Un sondeo de marzo de 2013 de la empresa Simple Lógica, socia de Gallup en España, preveía en ese momento que menos de la mitad de los votantes, el 48,3%, participaría en una elecciones generales. O dicho de otra manera, la abstención sería del 51,7%, una cifra que batiría todos los récords.

¿Puede pasar? ¿Se sentirán los ciudadanos cada vez más ajenos respecto a la democracia a medida que empeore su nivel de vida? 


sábado, 14 de septiembre de 2013

PRECARIEDAD LABORAL, LO QUE QUEDARÁ DE LA CRISIS

Un buen día en el futuro el Gobierno, los actores sociales (sobre todo los empresarios) y los medios de comunicación decidirán que la crisis ha terminado. Lo harán basándose en los datos del paro de ese momento, más bajos que los actuales. Dirán que se ha creado de nuevo empleo y que la maquinaria económica vuelve a tirar porque la gente podrá volver a consumir. La rueda volverá a moverse, pero, ¿a qué precio? Y ¿qué tipo de empleo nos espera? - Publicado en MBC Times

El pasado 3 de septiembre el Ministerio de Empleo y Seguridad Social publicó los datos del paro registrado del mes de agosto de 2013: Por primera vez en 13 años bajó el desempleo en ese mes – ¡aunque sólo en 31 personas a nivel nacional! -, siguiendo una tendencia que también se dio en julio. El paro está bajando. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de 2013, la tasa de paro es ya del 26,26%, con casi 6 millones de desempleados, más de 200.000 menos que en el primer trimestre del año.

El Gobierno de Mariano Rajoy no esconde su entusiasmo. La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, insistió repetidas veces en rueda de prensa que se trata del “mejor mes de agosto desde el año 2000”. “Todos los meses han sido mejores que los meses del año 2012 y si las cosas siguen así, al final el año que viene tendrá un comportamiento mejor en términos de desempleo", aseguró. El paro baja en España, pero, como matizó el Instituto Nacional de Estadística (INE) a finales de julio, se trata exclusivamente por las contrataciones temporales propias del turismo y de los trabajos agrícolas, el llamado “efecto verano”. Así pues, ¿qué trabajo se está creando?

Según los mismos datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, de los 1.043.166 contratos de trabajo firmados en agosto, sólo 62.454 lo fueron por tiempo indefinido. O dicho de otra manera, 980.712 contratos firmados fueron temporales, de ellos 343.565 temporales a tiempo parcial, es decir, los más precarios de los precarios. El pasado mes de julio fue parecido: De los 1.507.341 contratos firmados en ese mes, sólo 96.338 fueron a indefinidos, y el resto, 1.411.003, lo fueron temporales.


Los sindicatos advierten sobre los efectos reales de estos datos en el mercado laboral. Se está creando empleo, pero al precio de empeorar drásticamente las condiciones de trabajo. En un comunicado publicado a finales de julio para valorar los datos de la EPA del segundo trimestre, UGT mostró su “preocupación por la fuerte reducción de la población activa que se está produciendo (349.100 personas en el último año), lo que a medio plazo supondrá una pérdida en la capacidad productiva de nuestro país; y porque el empleo que se crea es íntegramente temporal, destruyéndose de manera masiva empleo indefinido (se han perdido 434.900, en el último año)”. Asimismo, el sindicato destacó que “todo el empleo que se está destruyendo es a tiempo completo, que se está transformando parte del que se mantiene en empleo a tiempo parcial y que se está consolidando el porcentaje de desempleo de larga duración (solo 3.500 personas salieron del paro de larga duración en el segundo trimestre de 2013)”.

La crisis está empezando a entrar en su siguiente fase. De la destrucción masiva de empleo se está pasando a la creación –lenta e insegura- de puestos de trabajo. Pero se trata de empleo precario y temporal, con condiciones mucho peores para los trabajadores. La mayoría han perdido poder adquisitivo al rebajarse sus sueldos, también entre los que no han perdido sus empleos, y trabajan más horas que antes. Horas extras sin cobrar, sueldos mínimos, trabajo gratis, explotación laboral. Un reportaje del diario El País publicado el pasado 25 de agosto contaba la historia de una camarera de 42 años que había encontrado un empleo tras medio año en el paro. Cobraba 500 euros al mes y triplicaba las 20 horas semanales estipuladas en su contrato.

Sólo es uno de miles de casos de explotación en los que el Estatuto de los Trabajadores es simplemente ignorado. Semanas seguidas trabajando sin librar con contratos a tiempo parcial (y sueldos a tiempo parcial). También se han multiplicado los contratos por obra y servicio, en los que el trabajador sólo cobra por servicio prestado. Es decir, si cae enfermo no cobra.

Todo esto lo ha hecho posible la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Rajoy en febrero de 2012, que permite lo que los empresarios llaman “flexibilizar” el mercado de trabajo. Se facilita el despido rebajando sustancialmente (o incluso eliminando) las indemnizaciones y se permite la contratación temporal casi sin restricciones. Se ha creado así un contexto perfecto a la medida de las necesidades de la patronal y del empresariado con la excusa de que hay que crear empleo a toda costa, aunque sea destruyendo los derechos de los trabajadores, que viven atemorizados por la amenaza constante a perder su empleo, o por el terror que implica no encontrar uno.

Trabajar por menos
Este miedo hace que también se acepte trabajar por menos. De acuerdo con los datos del INE, entre 2010 y 2012, los costes laborales unitarios han caído casi un 7%. En lo referido al coste laboral total por trabajador y mes, en el cuarto trimestre del año pasado bajó el 3,2%. Y entre enero y marzo de 2013 se ha reducido un 1,4% hasta los 2.480,22 euros.  Por su parte, el Banco de España en su boletín económico de julio-agosto, subraya que en términos de los indicadores más amplios de coste laboral, ha habido una “notable moderación salarial”. Finalmente, según los datos de Eurostat, el coste laboral en España es uno de los que más ha bajado, con Portugal e Irlanda, de Europa. En concreto ha caído 5,1 puntos entre 2010 y 2012, frente al incremento de 4,8 puntos de la UE-27.

Esto ha provocado un incremento muy notable de las diferencias sociales. Según un estudio de la Fundación 1º de Mayo (ligada al sindicato CCOO) publicado a principios de junio, se denuncia que España es el segundo país de la Unión Europea que presenta mayores desigualdades sociales, sólo superada por Letonia. Según datos de Eurostat (la agencia de estadística europea), el índice de la desigualdad (el índice de Gini) aumentó en España 2,1 puntos (del 31,8% al 33,9%) entre 2005 y 2010, mientras que la media de la Unión se redujo en una décima pasando del 30,6% al 30,5%. Esta diferencia está vinculada a la evolución de la desigualdad de los ingresos. Según estos datos, en España la relación entre el 20% de la población que más ingresa y el 20% que menos ingresa ha variado de un índice de 5,5 al 6,9 entre 2005 y 2010, mientras que en el resto de la UE ha permanecido en el 5. 

Traducido al mundo real, un empleado español con un suelo medio necesita trabajar ininterrumpidamente siete días para ganar lo mismo que recibe el director general de su empresa en sólo una hora, según un estudio publicado por la revista The Economist también el pasado mes de junio. Y si el empleado se encuentra en el tramo de salarios más bajos, la diferencia se dispara: tendrá que emplearse a fondo durante tres semanas seguidas para ingresar la cantidad que recibe su máximo jefe en apenas sesenta minutos.

Sin embargo, y a pesar de que han bajado los costes laborales (véase los sueldos) en los últimos años y se ha “flexibilizado” el mercado de trabajo (véase la reforma laboral), el Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió a España a principios del pasado mes de agosto mayores esfuerzos, con una bajada adicional de los sueldos del 10% y una subida del IVA. Esta receta fue secundada con entusiasmo por el vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn, que en su blog personal llegó a advertir incluso que “aquellos actores que lo rechacen frontalmente cargarían sobre sus hombros con la enorme responsabilidad de los costes sociales y humanos". ¿Por qué piden el FMI y Ollie Rehn que sigan bajando los sueldos y además se suban los impuestos?

La receta neoliberal para salir de la crisis
Muchos expertos y economistas han escrito kilómetros de líneas sobre los orígenes de la crisis y de las maneras que hay para combatirla. José V. Sevilla, ex Secretario de Estado de Hacienda en el primer gobierno socialista en 1982, cuenta en su libro “El declive de la socialdemocracia” que hay dos maneras de combatir la crisis. Resumiendo, viene a decir que se puede invertir en modernizar las empresas para mejorar su valor añadido y su competitividad, o se puede rebajar sus costes de producción para que puedan ser más competitivas, tocando fundamentalmente los sueldos de los trabajadores a la baja.


La primera opción es más segura en sus resultados, es la que, por ejemplo, se llevó a cabo en Alemania en los últimos años 90 y principios de la década del 2000. Así las empresas alemanas mantuvieron su liderazgo mundial en exportaciones, lo que le permite a Alemania hoy seguir siendo el gigante económico europeo, aunque también se tocaron bastante los sueldos y los derechos laborales para bajar los costes de producción. El inconveniente de esta vía es que es lenta y hace falta capital para invertir.

En España se ha escogido la segunda vía. Los bancos –profundamente afectados por la crisis del ladrillo- no tienen dinero que prestar, a pesar de los miles de millones de euros de dinero público. Y también porque la bajada de costes de producción tiene unos efectos más rápidos en el tiempo, pero a costa de mantener a las empresas anticuadas y con el único factor competitivo en el precio, y no en la calidad del producto, lo que a la larga provocará otra vez su desfase y falta de competitividad en el mercado internacional. Un ejemplo de esta tendencia cortoplacista: España se encuentra hoy en el puesto número 18 de Europa en inversión I+D+I con un 0,8% del PIB, lejos del 2% que gasta la media de la Unión Europea.

Para poder llevar a cabo la bajada de los costes de producción hacen falta una serie de factores fundamentales, entre los que destacan el apoyo político e ideológico a este camino, en este caso del Gobierno del Partido Popular, que ha diseñado y puesto en funcionamiento una reforma laboral que crea un marco legal que precisamente permite la bajada de los sueldos y el empeoramiento de las condiciones de los trabajadores. Así se bajan los costes mientras se aumentan las horas de producción. Es decir, se produce más por menos, o lo que es lo mismo, se trabaja más por menos.


Sin embargo, para poder aplicar este empeoramiento de las condiciones de trabajo, es fundamental haber debilitado previamente la posición de los sindicatos. Esta es una labor que los neoliberales y la derecha política han ido llevando a cabo en los últimos años con notable éxito social dañando la imagen de los sindicatos entre los trabajadores. Así, desde que comenzó la crisis en 2008, en España hay medio millón menos de afiliados a la UGT y a CC OO. Según un informe de la “Fundación 1 de Mayo” de CCOO fechado en mayo de 2012, en España sólo el 19% de los trabajadores está afiliado a algún sindicato. De cara al futuro el horizonte parece todavía más negro, ya que entre los jóvenes menores de 30 años la afiliación es de menos del 10%, mientras que se mantiene en cotas también bajas de entorno al 20% entre los mayores de 45 años.

A los sindicatos débiles se suma una tasa de paro muy alta, de más del 26%, lo que pone en ventaja al empresario a la hora de elegir a los trabajadores e imponer las condiciones. El enorme número de parados interesa a la patronal. Es lo que Karl Marx denominó en “El Capital” como el “ejército de reserva” de trabajadores siempre disponibles y sumisos a las condiciones de los patronos, lo que mantiene los sueldos bajos y las condiciones de trabajo precarias, es decir, los costes de producción bajos. Este es el camino elegido para sacar a España de la crisis y el señalado por el FMI.

La guerra contra la socialdemocracia
No es casualidad que se haya elegido este camino. Desde los años 80 los neoliberales y la derecha política llevan desempeñando una lucha sin cuartel contra el modelo socialdemócrata que imperaba en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y gracias al cual se consiguió el crecimiento económico y la mejora del nivel de vida más espectacular en la historia del continente. Esa mejora del nivel de vida benefició sobre todo a la clase trabajadora, ya que el crecimiento se gestionó basándose en criterios redistributivos de la riqueza.

Esa redistribución se realizó creando el Estado del Bienestar, que proporcionaba servicios públicos a toda la población, ya sea fomentando la igualdad de oportunidades mediante una educación pública o la igualdad en la atención en la sanidad. Pero sobre todo, el Estado del Bienestar proporcionaba por primera vez a todos los ciudadanos un sistema de pensiones públicos que hacía posible el concepto de jubilación, y una seguridad de cara al desempleo mediante un sistema de prestaciones.

Este entramado social se financiaba vía impuestos, y aquí era donde radicaba esencialmente el concepto de redistribución de la renta. La base del sistema socialdemócrata está en un sistema fiscal basado en la proporcionalidad de la renta, es decir, se paga en función de la riqueza de cada cual. Ese principio lleva siendo golpeado por los neoliberales desde hace más de 30 años. Ellos defienden la recaudación a través de impuestos indirectos, por ejemplo el IVA, una tasa fija que se pone sobre el precio de un producto. Todos sus consumidores lo pagan igual, sean ricos o pobres. Un millonario paga el mismo IVA que un desempleado de larga duración, por ejemplo.

El FMI o la Comisión Europea, baluartes del neoliberalismo, defienden siempre la subida del IVA y no del IRPF. Así es como se explica que el FMI pida la subida de este impuesto mientras a la vez pide la bajada del 10% de los sueldos: Para compensar los ingresos fiscales que el Estado deja de percibir vía IRPF, ya que si los contribuyentes cobran menos sueldo, pagan menos IRPF.

Por lo tanto, se va eliminando el concepto de redistribución socialdemócrata vía impuestos que se sustituye por el auge de los impuestos indirectos y tasas que pagan todos por igual aprovechando la debilidad (ideológica y política) de los partidos socialistas, lo que también tiene consecuencias fundamentales en la financiación de los servicios públicos y del Estado del Bienestar.

El catedrático de Sociología Ignacio Sotelo explica en su libro “El Estado Social” que el Estado del Bienestar sólo se puede financiar con el pleno empleo. Las pensiones, las prestaciones de los parados, la sanidad, la educación, etc…, necesitan dinero y ese llega vía impuestos. Con una tasa de paro alta los desempleados pagan menos impuestos y se convierten en receptores de dinero público. El sistema público cuenta con menos medios y más demanda, y acaba por sufrir las consecuencias. En España el 26% de parados está sirviendo al PP como excusa para pasar a la privatización de los servicios públicos, como la sanidad en Madrid, o para empezar a reformar el sistema de pensiones que algunos “expertos” ya están señalando como “insostenible”. También está sirviendo de excusa para debilitar a los sindicatos y eliminar así derechos laborales y bajar los salarios.


Es decir, la alta tasa de paro sirve para legitimar el marco legal necesario que permite a la derecha neoliberal desmantelar el sistema de protección social de origen socialdemócrata, y a los grandes empresarios aumentar sus beneficios a costa de sus trabajadores. Por lo tanto, en el futuro y si no se remedia, cuando los efectos de la crisis vayan disminuyendo en intensidad, seguramente se mantendrá una tasa de paro alta durante años. Será una cifra que permita a la economía funcionar de nuevo y reactivar el consumo, pero a la vez mantener la tensión entre los trabajadores, que ante el miedo al desempleo aceptarán un mercado laboral precarizado de sueldos bajos y largas horas de trabajo para mantener la competitividad de a sus empresas y los beneficios altos de sus jefes.  

Publicado en MBC Times

miércoles, 28 de marzo de 2012

ANDALUCÍA Y ASTURIAS, ¿EL FIN DEL PRINCIPIO?

“No sé si esto es el principio del fin, pero seguro que es el fin del principio”. Winston Churchill.

El pasado 25 de marzo surgió la sorpresa en las elecciones al parlamento autonómico de Andalucía. Lo que encuestas y analistas preveían como una mayoría absoluta más del PP, ha acabado por ser la primera derrota política de Mariano Rajoy en su etapa de presidente del Gobierno. A ello hay que sumar la cita electoral de Asturias, un territorio donde el PP –que presumiblemente participará en el gobierno regional aunque sea apoyándolo desde el parlamento- ha cedido definitivamente su hegemonía sobre la derecha a Francisco Álvarez Cascos, el histórico del PP defenestrado por Rajoy. Ante estos resultados sorprendentes cabe preguntarse la siguiente cuestión: ¿Estamos ante el principio del fin del ciclo de hegemonía del PP en España?

La muy potente crisis económica y financiera que arrasa España con unos datos de desempleo espectaculares: febrero de 2012 dejó una tasa del 23,30% siendo España el país de la UE con mayor paro, solamente seguido por Grecia con una tasa del 19,90%. Las entidades financieras, en concreto el BBVA, prevén un crecimiento de estas cifras hasta llegar a un 25% en 2013. Es decir, aún queda un largo y doloroso camino a pesar de las promesas electorales del PP el pasado noviembre que subrayaba claramente en sus carteles: “El empleo lo primero”.

Mariano Rajoy vinculó y sigue vinculando su legitimidad a la eficacia de su lucha contra la crisis, una eficacia que está empezando a ponerse en cuestión solamente cuatro meses después de su impresionante victoria electoral del 20 de noviembre de 2011. Sin embargo, el problema de hacer promesas sin la garantía de poder cumplirlas es que tarde o temprano se exigirán cuentas. Y en este caso los españoles tienen prisa, no pueden permitirse esta situación de crisis por más tiempo.

Esto es precisamente lo que ha ocurrido en Andalucía. Aunque el PP fue el partido más votado con 50 escaños, la izquierda formada por PSOE e IU suma 59. En total, el PP incluso perdió casi 200.000 votos con respecto a las últimas elecciones autonómicas en 2008, por lo que claramente se puede calificar el resultado del 25 de marzo de batacazo político, tanto en lo que se refiere a las cifras como, sobre todo, desde un punto de vista psicológico para la derecha española.

Posibles causas de la quiebra del avance del PP
A falta de un análisis empírico serio que analice las causas de este resultado, existen una serie de factores que señalan claramente por qué los andaluces y asturianos no acabaron por fiarse mayoritariamente del PP para gobernar su tierra.

Para comenzar, el Gobierno de España aprobó una reforma laboral con la promesa de que crearía empleo, aunque todas las medidas legales van encaminadas precisamente a facilitar el despido y aumentar todavía más la inseguridad e incertidumbre de los trabajadores con empleo y la desesperación de los parados. La reforma laboral no era lo que la mayoría de los españoles esperaban encontrarse con la promesa de “el empleo lo primero”. Rajoy lo sabía, incluso vaticinó enprivado/público la huelga general que se ha convocado, y por ello trató de retrasar su aprobación hasta después de la cita electoral andaluza –lo mismo que ha hecho con la presentación de los Presupuestos Generales del Estado-, pero la UE no entiende de lógicas electorales regionales, al menos las españolas, e impuso su aprobación en febrero.

Promesas incumplidas, o cumplidas de manera diferente a lo esperado, nula eficacia a corto plazo en la gestión anticrisis y la aparición de elementos de comportamiento propios de una derecha arrogante y beligerante –como su actitud ante las brutales cargas policiales contra los adolescentes de Valencia-, han jugado seguramente un papel importante a la hora de configurar la intención de voto en contra del PP. Pero a ello hay que unir un argumento más, uno de mucho peso: la memoria.

El legado de los ‘señoritos’
No se puede olvidar que tanto Andalucía como Asturias son dos de las regiones con mayor tradición obrerista de España y las que mayor represión política y social han sufrido históricamente por parte de la derecha, con permiso de Extremadura, y no solamente durante el franquismo. Los llamados señoritos, los dueños de la tierra andaluza, y la burguesía propietaria de las minas asturianas, coincidían en su afán de explotar a sus conciudadanos sin compasión ni freno. Andalucía y Asturias, dos de las tierras sin dudas más ricas de España han sido durante décadas dos regiones atrasadas y deprimidas, donde la explotación de sus riquezas no se traducía en la creación y redistribución de ventajas y mejora de la calidad de vida para la mayoría.

La explotación intensa de las personas, acompañada y posibilitada por una represión sin freno y de una arrogancia insoportable por parte de los poderosos, crearon una cultura política de sospecha hacia los herederos de estos ‘señoritos’. Es posible que la mayoría de la población en estas regiones desconfíe de la gestión socialista después de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, pero está claro que para ella lo importante no han sido las promesas de una vida mejor a través del cambio. No ha funcionado la estrategia del PP del cambio por el cambio, la misma que llevó a Aznar a La Moncloa en 1996 y a Rajoy en 2011.

La crisis es implacable y devora a quien ose ponerse cerca. Incluso en estados con economías bastante más fuertes y estables que la española, sus actuales gobiernos están tocados por su gestión de los acontecimientos. La canciller alemana Angela Merkel no tiene clara su reelección en 2013 y el actual presidente francés Nicolás Sarkozy ha partido hacia su reelección el próximo mes de abril con unas encuestas complicadas.

Teniendo en cuenta estos datos y los últimos acontecimientos, ¿se puede decir que la crisis ya está afectando al PP? Al menos, por el momento su racha de mayorías absolutas ya se ha terminado. Habrá que esperar para saber si el fin de su ofensiva es también el principio de su retirada. Parafraseando a Winston Churchill, “no sé si esto es el principio del fin, pero seguro que es el fin del principio”.