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viernes, 1 de noviembre de 2013

LA CONSTANCIA DEL MENSAJE DE ESQUERRA

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) lo tiene claro desde hace mucho tiempo y así lo traslada en su mensaje: busca la independencia catalana y se presenta como un partido que defiende la justicia social. Independencia y estado social, un mensaje sólido que esta formación lleva defendiendo sin cambios ni virages desde hace más de diez años cuando dio el salto de ser un partido minoritario a socio de gobierno de la Generalitat. Hoy es otra vez el partido que sostiene al gobierno y el que mayor intención de voto atesora. Es la consecuencia de una constancia en el mensaje prácticamente inédita en el sistema de partidos español.    



Hace 14 años ERC era un partido minoritario. En las elecciones catalanas de 1999 consiguió 271.173 votos, el 8,67% del total. Era la cuarta formación política con 12 escaños en el Parlament. Cuatro años después pegó el gran salto. En 2003 consiguió 544.324 votos, el 16,5%, duplicando su resultado anterior y pasando a ser la tercera fuerza política. Desde entonces no ha perdido fuelle (excepto en 2010, cuando bajó al 7% con sólo 10 diputados tras salir de su experiencia en la Generalitat). En las elecciones catalanas de 2012, ERC alcanzó hasta ahora su mejor posición. Aunque con 498.124 votos, el 13,70%, consiguió menos que en 2003, fue suficiente para ser la segunda fuerza política catalana con 21 diputados. Pero el ascenso no se ha frenado todavía. Según una encuesta de GESOP publicada por El Periódico el pasado mes de octubre, ERC sería el partido más votado de Cataluña con entre 36 y 38 escaños, superando a CiU que conseguiría entre 31 y 32 escaños. Es el único partido en ascenso. ¿Por qué?

Según las últimas encuestas, más de la mitad de los catalanes está a favor de la independencia. ¿Es como consecuencia del impacto del mensaje de ERC? ¿Es consecuencia de otras variables? ¿Es una suma de varias circunstancias? Probablemente esto último. Sin embargo, este auge del sentimiento independentista está marcando la agenda política catalana pidiendo un referéndum sobre la continuidad de Cataluña en España, lo que ha llegado incluso a desafiar el actual marco normativo territorial español de una manera desconocida desde que Lluís Companys proclamó la república catalana en 1934. Todos los partidos catalanes han tenido que ajustar sus discursos y programas a esta nueva realidad, excepto ERC que ya lo incluía en su agenda, lo que, seguramente, le confiere a este partido una credibilidad independentista y nacionalista entre el electorado de la que carecen las demás fuerzas políticas.  

ERC es uno de los pocos partidos que ha mantenido la constancia en su mensaje, tanto en el gobierno como en la oposición. Ese mensaje es muy sencillo: quieren la independencia y un estado que defienda la justicia social. Nacionalismo y socialismo, los dos mensajes aparentemente contradictorios que ofrecían CiU y PSC se aúnan en ERC en una mezcla muy eficaz.


2003: España vs Cataluña

La vertiente nacionalista/independentista del mensaje de Esquerra ya se refería en 2003 a la presunta "explotación española" de las riquezas catalanas, lo que habría tenido como consecuencia una situación económica de Cataluña muy por detrás de sus posibilidades con respecto a lo que podría conseguir si fuera independiente. Es decir, hace una década ERC ya decía lo que el actual gobierno de CiU lleva diciendo desde hace pocos años y lo que ya es una percepción ampliamente compartida en la sociedad catalana. Es un mensaje sencillo y eficaz, que poco a poco y debido a su constancia, ha calado y ahora marca la agenda política.

Ese mensaje se veía reforzado por la presencia entonces del PP en el gobierno central. El mensaje nacionalista español del Gobierno de José María Aznar, muy eficaz para movilizar el voto en el interior del país, conseguía movilizar a su vez a sus contrarios en las regiones periféricas, poniendo en marcha una espiral de radicalización en las percepciones nacionalistas que, desde entonces, se han ido retroalimentando. ERC aprovechó esta circunstancia para movilizar así un voto de rechazo con el objetivo de capitalizarlo, lo que consiguió sobradamente si se observan los votos cosechados desde entonces.

A continuación dejo dos vídeos que son buenos ejemplos de esta identificación que hacía ERC de España=PP hace ya una década:
Espot de ERC en las elecciones municipales de 2003



Espot de ERC en las elecciones generales de 2004




La colaboración de ERC en el gobierno de la Generalitat entre 2003 y 2010, que coincidió prácticamente en el tiempo con un gobierno central socialista, no impidió que ERC siguiera insistiendo con su mensaje independentista. La presencia de presidentes socialistas en la Generalitat y en La Moncloa suavizaron bastante el conflicto centro-periferia en Cataluña, aunque no en el resto de España (por ejemplo en Madrid) debido a las resistencias por parte del PP al nuevo estatuto de autonomía de Cataluña promovido por el tripartito catalán (PSC, ICV y ERC) y tolerado por el Gobierno central de José Luis Rodríguez Zapatero. 

Es decir, en esa etapa ya no había oportunidad para ERC de movilizar a su electorado con un mensaje de defensa frente a un presunto "ataque" español a los intereses de Cataluña. Sin embargo, aún así ERC persistía en su mensaje en favor de la independencia, como demuestra este vídeo electoral de 2008:    





Después de las elecciones de 2011

La situación volvió a cambiar a partir de finales de 2011 con la abrumadora victoria electoral del PP y la crisis económica. Desde entonces ERC ha recuperado su discurso de conflicto España-Cataluña, al que ha añadido la dimensión social, muy demandada por la ciudadanía. Ahonda en la idea de que Cataluña sufre económicamente la "explotación" por parte de una España que le es hostil. Este mensaje es el mismo que hace una década y posiciona a ERC una vez más claramente a favor de la independencia, como lleva haciendo desde siempre. sin embargo, la diferencia es que esta vez presenta la independencia como una necesidad para el bienestar social de los catalanes.

Este mensaje, en el actual contexto demoscópico favorable a la independencia, sitúa a ERC en una situación mucho mejor con respecto a los partidos que tradicionalmente se han identificado fuera del discurso nacionalista, como el PP y el PSC. Pero a esto se une, además, la demanda de un mensaje de justicia social que diferencia a ERC de CiU dentro del campo nacionalista. Es decir, ERC es creíble como partido independentista y como partido defensor de la justicia social.

Estos son dos ejemplos recientes del mensaje ERC y que tanto está calando en la sociedad catalana:


Vídeo elecciones catalanas 2012



Campaña en junio de 2013, "¿Cómo te imaginas la república catalana?"




Independencia y justicia social son el eje del mensaje de ERC y probablemente la causa de su actual auge político. La diferencia con otros partidos que también presentan estos mensajes es que ERC es creíble ante el electorado porque defiende un mensaje que ya lleva repitiendo desde hace muchos años. Esa persistencia en el mensaje le ha permitido a ERC gozar de una percepción de coherencia entre la sociedad catalana de la que carecen las demás fuerzas políticas, cuya credibilidad está muy golpeada por la crisis, como ocurre en el resto del territorio español. 

Es decir, ERC vive ahora un momento dulce después de muchos años de duro y persistente trabajo de comunicación. Falta ahora conocer si ese trabajo acabará por tener éxito definitivamente y conducir al nacimiento de la República Catalana.

miércoles, 19 de junio de 2013

EL SOBERANISMO CATALÁN, ¿sentimiento o estratagema?

Cada 11 de septiembre los nacionalistas catalanes celebran la Diada. Rinden homenaje a los caídos en la defensa de Barcelona contra las tropas del rey Felipe V de Borbón en 1714 que murieron defendiendo la “independencia” de Cataluña contra un rey “invasor” que conquistó su tierra para imponer su voluntad, o eso es lo que cuentan. - Publicado en MBC Times.

Desde la Transición, la Diada ha sido la fecha tradicional de reivindicación de un nacionalismo que, a diferencia de por ejemplo el vasco, siempre mantuvo una línea de cooperación con el Estado español a pesar del discurso “invasor-invadido” de su fiesta. La Diada era un ritual que el nacionalismo catalán celebraba cada año con más o menos entusiasmo. No solía congregar a más que unos cientos de habituales y se había convertido en una rutina. Sin embargo, en la Diada del año pasado, el 11 de septiembre de 2012, se escenificó un ritual diferente. No sólo se presentaron las habituales representaciones de la élite nacionalista. Decenas de miles de personas colapsaron las calles de Barcelona al grito de independencia y contra la permanencia catalana en España.

El ambiente se ha radicalizado, ha traspasado el umbral de lo minoritario a lo masivo. Según el último barómetro del CIS del pasado mes de mayo, un tercio de los catalanes apoya la independencia, mientras que sólo un 12,1% entiende Cataluña como una región española. De pronto, la independencia de Cataluña se ha convertido en una idea respetada y apoyada por muchos. ¿Qué ha pasado?

El nuevo rumbo de CiU
El nacionalismo catalán tradicional, conservador y mayoritario representado por CiU se ha embarcado en un viaje que es nuevo para él. Tradicionalmente, la burguesía catalana ha estado plenamente integrada en la economía y en la política española. En época del presidente Jordi Pujol se decía que el objetivo del nacionalismo catalán era presionar para conseguir privilegios y poder con los cuales influir en la política de España en su conjunto. No se aspiraba a nada más. La independencia era folclore.


Era una diferencia nítida con respecto al otro nacionalismo periférico poderoso de España, el nacionalismo vasco, que nunca aceptó en ninguna de sus versiones (conservadora del PNV o radical de la Izquierda Abertzale) ni el Estatuto de Autonomía vasco ni la Constitución. Es cierto que de manera diferente y utilizando métodos en absoluto comparables, ya que el PNV siempre optó por la vía institucional y pacífica frente al terrorismo de ETA. Sin embargo, el nacionalismo vasco siempre mantuvo una equidistancia con respecto al Estado Español que el nacionalismo catalán nunca ha compartido, hasta ahora. 

El presidente de la Generalitat Artur Mas ha desafiado al Estado Español anunciando su determinación de consultar a los catalanes sobre la permanencia o no de Cataluña en España invocando el derecho de autodeterminación. Se justifica en el actual contexto de crisis económica argumentando que Cataluña no recibe nada de una España que la explota, que pertenecer a este país es un lastre, … y una imposición histórica que data de la derrota en 1714. Es un discurso independentista puro y duro.


La principal crítica que se le hace a este llamado “plan soberanista” es que se trata de una coartada. Según esta crítica, Mas y CiU se encontraron tras su victoria electoral de 2010 con un contexto de crisis económica en el que aplicaron recetas neoliberales de gestión. Estas medidas, como la privatización sanitaria, el copago, los recortes sociales, etc., se toparon con una gran resistencia popular que podía poner en peligro el liderazgo político de CiU poco después de volver al poder tras una década de oposición. La respuesta ha sido tapar esos problemas con un gran manto nacionalista que invoque la unidad nacional frente al “otro”.

Todos los partidos catalanes (excepto el PP y Ciutatans) aceptan este discurso y no denuncian esa presunta estratagema a pesar de que les perjudica, ya que mantiene en el poder a CiU. No tienen más remedio, ya que ellos mismos han experimentado una transformación catalanista que va más allá del regionalismo o autonomismo que habían defendido hasta hace poco.

El nacionalismo atrapó al Tripartito
Es el caso de los partidos de izquierda integrantes del antiguo Tripartito, la coalición de gobierno de Cataluña entre 2003 y 2010, que incluía a los socialistas del PSC, a Iniciativa per Catalunya Verds (los herederos del comunismo catalán) y a los independentistas de Esquerra Republicana. Era una coalición muy complicada, con más diferencias que cosas en común. Por ejemplo, los socialistas representan tradicionalmente un proyecto amplio, con vocación de mayoría y representativo entre amplios sectores sociales. Por otro lado, Esquerra Republicana aspira a la independencia de Cataluña. Son dos discursos absolutamente incompatibles.

Entonces se explicó que la sensibilidad social era predominante en los programas de todos los partidos gobernantes y que esta faceta iba a ser la que guiara su gestión. Se pensaba que el independentismo de Esquerra iba a atenuarse con el paso del tiempo e incluso a ceder ante la “Realpolitik” de la gestión. Sin embargo, una década después los partidos del antiguo Tripartito compiten por presentarse como el más nacionalista, o al menos aspiran a ser aceptados en la comunidad nacionalista como uno más.


Esto ha provocado graves desgarros internos y externos en el PSC. Obligado a adoptar un discurso nacionalista que no le es propio, se encuentra enfrentado con el PSOE a nivel nacional y dividido en su seno. No en vano el PSC ha sido el partido que representaba a las amplias capas sociales de emigrantes de otros lugares de España que marcharon a trabajar a Cataluña en los años 60 y 70 y sin ninguna tradición nacionalista catalana. Sin embargo, con el tiempo esa generación ha dado paso a sus hijos, ya catalanoparlantes y estrechamente vinculados emocionalmente a Cataluña.

¿A quién representa el PSC? ¿A los “nuevos catalanes”? ¿A sus padres de Extremadura o Andalucía? Esta disyuntiva ha metido a los socialistas en un laberinto que le obliga a apoyar la estrategia soberanista de Mas para no perder credibilidad entre el electorado recientemente “catalanizado”. Sin embargo, lo hace a costa de enfrentarse con los intereses del PSOE que no puede apoyar esa deriva si no es a costa de graves daños en su imagen que no está dispuesto a sufrir. Por eso el PSC ha optado por defender la tesis federalista del PSOE para no tener que romper con su matriz. La consecuencia es que el PSC ni es nacionalista ni deja de serlo, o lo que es lo mismo, está perdiendo la carrera por situarse en el podio nacionalista catalán, lo que tiene como consecuencia un grave castigo en las urnas.

El socio minoritario del antiguo Tripartito, Iniciativa per Catalunya Verds, también ha apostado por el discurso nacionalista profundamente autonomista. Ha hecho suya la exigencia de celebrar una consulta popular sobre el derecho de autodeterminación y se postula como un partido cada vez más nacionalista en el que el discurso social y medioambiental juega un papel cada vez menos relevante.

¿Cómo es posible que tanto el PSC como Iniciativa, que partían como sólidos adalides de la defensa del discurso de izquierdas en el Tripartito, hayan asumido el discurso nacionalista a remolque de su entonces socio minoritario de Esquerra Republicana? La respuesta está en la evolución de esta formación en las últimas dos décadas, que corre paralela al crecimiento de la importancia del discurso soberanista en Cataluña.

Esquerra Republicana, de paria a protagonista
Hace veinte años ERC era una formación marginal que vivía de glorias pasadas de la época de la Guerra Civil y de la mítica presidencia de Lluís Companys. En las elecciones generales de 1993, hace ahora dos décadas, ERC consiguió 189.632 votos, el 5,1% del total, y consiguió ser la quinta fuerza política en Cataluña. El despegue comenzó una década después. En las elecciones autonómicas de 2003 y bajo el liderazgo de Carod Rovira, consiguió 544.324 votos, el 16,5% del total, catapultando a ERC al tercer puesto entre los partidos más votados en Cataluña. El cénit se alcanzó un año después, en las elecciones generales de 2004 cuando alcanzó 652.196 votos, el 15,89% del total.


En las elecciones de 2004 ERC consiguió el máximo número de votos de su historia. Coincidió con el cambio de Gobierno del PP al PSOE tras ocho años de gobierno de José María Aznar, una época que se caracterizó por “fabricar nacionalistas”, como señaló una diputada de Esquerra en una conversación privada en 2003. El discurso centralista y nacionalista español del PP, sus ataques a los nacionalismos periféricos en su segundo mandato entre 2000 y 2004, tuvo como consecuencia que miles de personas que apoyaban el regionalismo o el autonomismo pasaran a considerarse atacadas y a abrazar opciones nacionalistas más radicales, lo que en Cataluña redundó en beneficio de Esquerra Republicana.

ERC entró pues en el Tripartito como el socio menor, susceptible de ser asimilado por sus socios mayoritarios, pero al final el que acabó asimilando a los demás fue Esquerra que en todo momento mantuvo una posición independiente e independentista. Por ejemplo, en el debate sobre la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña celebrado en 2006, auspiciado por el PSOE a nivel nacional y el PSC a nivel regional, ERC dijo “no” por considerarlo insuficiente para sus aspiraciones independentistas. Mantuvo su coherencia a pesar de ser miembro del Tripartito.

Esquerra ha sobrevivido así a una década de gobierno Tripartito imponiendo su discurso nacionalista y saliendo muy fortalecida. Y eso tiene premio. Ahora es quien sostiene el nuevo gobierno conservador de CiU tras las elecciones del pasado mes de noviembre de 2012 en las que consiguió ascender a la segunda posición de partido más votado.  Fueron unas elecciones marcadas por una competición por ver quién era el más nacionalista, influidas por la convocatoria de la consulta popular sobre el futuro de Cataluña. Es decir, un escenario en el que ERC se encuentra no sólo muy cómodo, sino que lo tiene todo para ganar porque es la única formación política que defiende la independencia y el discurso soberanista desde el principio. Y eso le otorga una credibilidad ante el electorado de la que carecen los demás partidos.

El nacionalismo como medio y como fin
En resumen, se plantea si el nacionalismo catalán es un sentimiento o una estratagema. La respuesta es complicada y depende de a qué actor político se le plantea. Sin duda, para la mayoría de los partidos, incluido CiU, se trata de una estrategia para captar o mantener votos en un contexto cada vez más receptivo al discurso nacionalista radical y a las aspiraciones independentistas. Así es como PSC o Iniciativa per Catalunya no han tenido más remedio que entrar a saco en la carrera nacionalista, aunque con escasa credibilidad lo que se manifiesta en los resultados electorales, sobre todo en el caso del PSC que, además, sufre desgarros internos y en su relación con el PSOE.

Por otro lado, CiU y el presidente Artur Mas han optado por una deriva soberanista impropia de su discurso tradicional y culpan a España de todos los males de Cataluña y sugieren que la solución es la independencia. Es decir, es un ejemplo del uso del nacionalismo catalán como estratagema que, además, aviva los sentimientos.

Pero esa estratagema sólo ha tenido éxito porque previamente se ha experimentado una explosión del sentimiento nacionalista catalán durante la última década que ha impuesto su discurso a la agenda política catalana. Esa explosión ha sido como una ola que ha ido creciendo y en cuya cresta se ha situado ERC que ha ido evolucionando de ser un paria hace dos décadas, a ser la segunda fuerza política más votada en Cataluña.


Es decir, el nacionalismo catalán es una estratagema para camuflar otros fines políticos, como por ejemplo la supervivencia política de Artur Mas. Pero esa estratagema sólo es factible porque previamente se han desbordado los sentimientos. Cabe preguntarse si esos sentimientos se contentarán con la situación actual o, como sentimientos que son, desarrollarán una fuerza irracional que intente romper el actual marco político y nacional de Cataluña y España.