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lunes, 2 de enero de 2017

El PSOE en crisis: más poder con menos votos

El Partido Socialista comienza 2017 en crisis, pero paradójicamente, mientras ha ido perdiendo apoyos electorales en las últimas citas en las urnas, ha visto como se ha ampliado su influencia y poder en las instituciones: después de la debacle de 2011, en 2015 consiguió recuperar varios gobiernos autonómicos y muchos grandes municipios perdidos, y tras el intenso año 2016 y la celebración de dos elecciones generales consecutivas, tiene capacidad para influir decisivamente en la agenda de La Moncloa. El PSOE en crisis está consiguiendo más con menos.

El PSOE está en crisis. Así lo dicen los números. Las últimas encuestas revelan que los socialistas sufren por mantenerse alrededor del 20% en intención de voto, cuando hace tan solo unos años, en las elecciones generales de 2008, el 43,87% de los votantes eligieron una papeleta del PSOE. Esta sangría en los resultados ha sido la que ha provocado una crisis de liderazgo que persiste en la cúpula del partido desde que el ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, declinara presentarse a las elecciones generales de 2011. Desde entonces, en cinco años los socialistas han tenido dos candidatos, dos secretarios generales y una gestora que debe organizar un nuevo congreso que dará paso a un liderazgo en 2017. En ese proceso, el PSOE ha perdido casi seis millones de votantes y, lo que es más grave, la imagen de partido ganador, teniendo que pugnar ahora por el protagonismo en la oposición con los partidos emergentes.

Sondeo de Sigma Dos, enero 2017.
Sin embargo, aunque parezca paradójico, en esos mismos cinco años el PSOE ha visto cómo, a pesar de perder la mitad de sus votantes, ha recuperado un importantísimo poder institucional y, lo que es crucial en el nuevo sistema de partidos, se ha situado en una posición envidiable en el centro del tablero político que le otorga una influencia fundamental en las agendas gubernamentales, con capacidad de diálogo a su derecha y a su izquierda.

Este fenómeno es muy evidente a nivel local. En las elecciones municipales de 2015 el PSOE recibió 5.603.823 votos que se tradujeron en un total de 20.823 concejales y concejalas. En las municipales de 2011 los socialistas consiguieron 6.276.087 votos y 21.767 ediles. El contraste con 2007 es aún más fuerte, ya que ese año salieron elegidos 24.029 ediles socialistas con 7.760.865 votos. Es decir, en cuatro años, el PSOE perdió a nivel municipal más de un millón de votos y más de tres mil ediles. Sin embargo, a pesar de que los resultados globales en 2015 son peores, el resultado en clave de poder es mucho más positivo: En las municipales de 2011 el PSOE perdió 19 alcaldías en las capitales de provincia (entre ellas Barcelona y Sevilla) y solamente mantuvo el poder en cuatro: Toledo, Cuenca, Soria y Zaragoza. Cuatro años después, los socialistas gobiernan en 19 capitales y grandes ciudades gracias a coaliciones y acuerdos con otras formaciones políticas, y son socios fundamentales de gobierno en otras siete, entre ellas Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza.

Poder autonómico y legislativo

A nivel autonómico ocurre algo parecido. En las elecciones autonómicas de mayo de 2011 el PSOE obtuvo en total 256 diputados en los parlamentos regionales que se sometían a las elecciones (todos excepto Andalucía, Euskadi, Galicia y Cataluña). Fue una debacle que hizo perder al PSOE en sus feudos regionales como Extremadura y Castilla la Mancha, quedando reducidos los gobiernos autonómicos socialistas de seis a dos: Asturias y Andalucía. Cuatro años después, en mayo de 2015, los socialistas consiguieron un total de 225 diputados autonómicos, es decir 31 menos que en 2011. Sin embargo se hicieron con el gobierno de seis comunidades gracias a coaliciones o acuerdos con otros partidos: Extremadura, Castilla la Mancha, Baleares, Asturias, Aragón y la Comunidad Valenciana, además del gobierno de Andalucía que ya había defendido con éxito en las urnas unos meses antes. Por lo tanto, el PSOE terminó el año 2015 con siete gobiernos autonómicos, uno más que en el año 2007 y siendo el socio fundamental en dos más: Canarias y Cantabria.


Otro ejemplo más reciente a nivel autonómico. En las elecciones vascas del pasado 25 de septiembre de 2016 los socialistas bajaron de los 16 escaños alcanzados en 2012 (casi 212.000 votos) a 9 (poco más de 126.000 papeletas). Son siete diputados y unos 86.000 votos menos que hace cuatro años. Sin embargo, el PSE-EE ha conseguido no solamente influir en el Gobierno vasco, sino participar directamente en tres consejerías. Los socialistas han vuelto así a Ajuria Enea después de que en 2009 consiguieran ganar las elecciones con 25 escaños y 318.000 votos. Esta vez han perdido casi dos tercios de sus apoyos de hace siete años, pero vuelven a jugar un papel fundamental en la política vasca.

Por último, a nivel de las elecciones generales, la sangría de votos y de escaños socialistas es más flagrante: Si en 2008 votaron al PSOE 11,2 millones de españoles y los socialistas consiguieron 169 diputados en el Congreso, en 2011 fueron solamente siete millones los que eligieron al PSOE y su Grupo Parlamentario menguó hasta 110 representantes. Los socialistas perdieron el Gobierno y pasaron a la oposición frente a una mayoría absoluta del PP de 186 diputados, lo que le permitió aprobar una serie de leyes y medidas que provocaron el espanto de una oposición absolutamente impotente en el parlamento.

En las elecciones de junio de 2016, la repetición de los comicios debido a la imposibilidad de formar Gobierno tras las elecciones de diciembre de 2015, los socialistas perdieron aún más votos y escaños: solamente votaron al PSOE 5,4 millones de españoles (unos 2,6 millones menos que en 2011 y 5,8 millones menos que en 2008). El resultado fueron 85 diputados, 25 menos que en la debacle de 2011, y casi la mitad que los conseguidos en 2008. Sin embargo, a pesar de contar con menos escaños que hace cuatro años, el PSOE tiene ahora la capacidad de influir notablemente en la agenda del Gobierno del PP, al que ha permitido formarse debido a su abstención en la investidura. El PP necesita al PSOE, y éste ya está empezando a abordar la derogación o el cambio de las leyes y medidas polémicas aprobadas en solitario por el PP en la pasada legislatura cuando los socialistas, con más diputados que ahora, no podían impedirlo: LOMCE, Ley Mordaza, Reforma Laboral, etc.

Mayor flexibilidad

A modo de conclusión se puede afirmar que el PSOE está sufriendo una grave crisis cuantitativa desde 2011, perdiendo votos y representantes de forma constante en cada cita electoral, ya sea local, autonómica o nacional. Sin embargo, a pesar de esta sangría, el PSOE ha sido capaz de recuperar desde 2015, e incluso superar, el poder institucional que tenía cuando ostentaba el Gobierno central entre 2004 y 2011. Es decir, está compensando la crisis cuantitativa con éxitos cualitativos. La causa es el cambio sustancial que está viviendo el sistema de partidos español, que ha pasado de un bipartidismo imperfecto a nivel nacional a un sistema multipartidista. Esto ha permitido repartir los votos y los escaños de manera diferente a la anterior etapa, haciendo casi imposible alcanzar una mayoría absoluta que era la premisa del PP para gobernar y que condenaba al ostracismo al partido de la oposición.

Hoy se puede conseguir más con menos. En 2015 y 2016 el PP ha superado al PSOE en prácticamente todas las citas electorales (excepto en Andalucía y en Euskadi), pero ha visto menguado su poder institucional de manera notable, mientras que los socialistas han llegado a multitud de alcaldías y gobiernos autonómicos porque han tenido la capacidad de alcanzar acuerdos con los nuevos partidos, tanto con Podemos como con Ciudadanos, mientras que el PP carece de esa flexibilidad con ambos. Hoy es el PP el que, a pesar de ganar, está en la oposición, como ocurre en el Ayuntamiento de Madrid, o en los parlamentos de Castilla la Mancha, Comunidad Valenciana, aragón, Baleares, etc.


El PSOE se enfrenta en 2017 al reto de elegir su liderazgo, pero también de redefinir su perfil en el sistema de partidos español. La época de las grandes mayorías y de los apoyos masivos han terminado y los socialistas ya no repetirán más sus resultados espectaculares e históricos de los años 80, 90 y 2000. Sin embargo, el éxito cuantitativo ha dado paso al cualitativo. Puede conseguir más con menos. Sobre todo porque el PSOE es el único partido con capacidad de negociar y alcanzar acuerdos con todos los demás. 

sábado, 18 de junio de 2016

El contexto europeo del PSOE

La campaña electoral del 26 J está marcada por la expectativa del llamado ‘sorpasso’ de Unidos Podemos al PSOE. Las encuestas preelectorales, sobre todo el barómetro del CIS, dan por hecho el adelantamiento de la alianza electoral de Podemos, IU y las mareas a los socialistas. Así, según el CIS, los socialistas lograrían el 21,2% de los votos, mientras que Unidos Podemos se haría con el 25,6%.

Según estos datos, los socialistas solamente bajarían menos de un punto con respecto a las elecciones del 20 de diciembre. Teniendo en cuenta que en las elecciones de 2011 el PSOE consiguió el 28,73% de los votos y en 2008 el 43,87%, esta cifra es considerada un fracaso grave para el PSOE y su dirección, y podría tener consecuencias nefastas para el futuro de Pedro Sánchez y de su equipo por perder la segunda posición y no ser capaces de hacerse con el liderazgo de la política española.

Sin embargo, si se abre un poco la perspectiva y se tiene en cuenta el entorno europeo de España, la situación del PSOE no es muy diferente a la de otros partidos socialdemócratas o socialistas muy parecidos en su ideología, estructura, historia e incluso contexto. Sin entrar en las causas, aquí solamente se facilitan las últimas cifras de sondeos y resultados electorales de los principales ‘partidos hermanos’ europeos del PSOE.

-       Alemania, SPD: La última vez que gobernaron los socialdemócratas alemanes desde la cancillería de Berlín fue en el año 2005. Gerhard Schröder gobernó el país entre 1998 y 2005, y desde entonces el SPD no ha vuelto a ganar unas elecciones federales, aunque ha participado dos veces en gobiernos de gran coalición entre 2005 y 2009, y desde 2013. Aunque gobierna un número importante de estados federales y alcaldías importantes, los socialdemócratas alemanes no han dejado de bajar en sus resultados electorales federales. Desde la primera derrota en 2005, con el 34,2% de los votos, bajaron hasta el 23% en 2009 y el 25,7% en 2013. Los últimos sondeos de junio de 2016 dicen que la caída no ha terminado y sitúan la intención de voto en el 21%.

-       Francia, PS: Los socialistas franceses ganaron la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2012 con el 28,6% de los votos. Prácticamente desde entonces, el presidente socialista Françoise Hollande no ha dejado de perder popularidad y los socialistas se están batiendo en retirada en la mayoría de las elecciones. En las regionales de diciembre de 2015, la coalición de izquierda en la que se integró el PS alcanzó un total del 23,12% de los votos en unos comicios marcados por el temor al auge del Frente Nacional, que consiguió el 27,73%. Las expectativas no mejoran para los socialistas, que sin embargo gobiernan en importantes instituciones y municipios como París, y a un año de las elecciones presidenciales, las encuestas sitúan la intención de voto para Hollande solamente en el 14% en la primera vuelta frente al 28% del Frente Nacional y más del 20% la derecha tradicional, por lo que el PS quedaría fuera de la segunda vuelta.

-       Reino Unido, Labour: Los laboristas británicos han apostado claramente por apoyar la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea en un referéndum que las encuestas dan por perdido a una semana de celebrarse (47% para quedarse y 53% para el ‘brexit’). Una derrota en las urnas supondría un duro golpe para el primer ministro conservador David Cameron, pero también para los laboristas ya que no habrían podido proporcionar una capacidad de movilización suficiente. Comparado con los socialistas españoles, franceses y los socialdemócratas alemanes, la cifra cosechada en las últimas elecciones generales de mayo de 2015, es algo mejor con el 30,4%. Sin embargo, el sistema electoral mayoritario en el que solamente el diputado más votado es el que recibe el acta de cada distrito, hizo que los conservadores consiguieran una ventaja de 99 escaños en la Cámara de los Comunes con respecto a los laboristas. A pesar de la impresionante victoria de la Alcaldía de Londres en mayo de 2016, los laboristas siguen perdiendo poco a poco posiciones y en Escocia, que siempre había sido un granero de votos, pasaron a tercera fuerza política en el parlamento regional, el peor resultado escocés en un siglo. A pesar de la elección de Jeremy Corbyn como nuevo líder en septiembre de 2015 y de su ‘giro a la izquierda’, las encuestas siguen situando a los laboristas en torno al 30% de la intención de voto, más o menos la misma cifra que en las generales de 2015.

-       Italia, Partido Democrático: Italia es podría ser la gran excepción al panorama complicado de la socialdemocracia europea. Si en las elecciones de 2013 consiguió el 25,4% de los votos, las encuestas a principio de este año situaban la intención de voto en el 33%. Sin embargo, ya existen algunos puntos negros. Según la tabla de popularidad de líderes políticos del mes de junio elaborada por la Asociación de Comunicación Política (ACOP), el primer ministro Matteo Renzi solamente contaría con una aprobación del 28%, dos puntos por debajo incluso de Mariano Rajoy. Una cifra en constante caída ya que en mayo era del 33% mientras que en mayo de 2014 todavía era del 59%. Las elecciones municipales están siendo una prueba de fuego para Renzi y el Partido Democrático y las alcaldías de las principales ciudades como Roma, Milán y Turín tendrán que dirimirse en una segunda vuelta contra la derecha de Forza Italia o el Movimiento Cinco Estrellas.


La situación del socialismo español es muy difícil pero no es muy diferente al del resto de partidos socialistas o socialdemócratas de su entorno europeo. En todos los casos se combina una fuerte presencia municipal y regional (el PSOE gobierna en siete comunidades autónomas) con una cada vez más débil fuerza en los parlamentos nacionales. ¿Se está transformando el socialismo europeo en una fuerza localista y regional en plena fase de pérdida de soberanía nacional de los estados? 

miércoles, 8 de junio de 2016

Los vídeos electorales de la precampaña, ¡todos a por Podemos!

Los vídeos de PP, PSOE y Ciudadanos de la precampaña electoral del 26J tienen todos un mensaje común: la culpa de la repetición de las elecciones y de la inestabilidad política en España es de Podemos. Estos tres partidos pugnan por un perfil de votante que busca una característica con la que tratan de identificarse: la estabilidad y la moderación, incluso la moderación en el cambio político, frente al mensaje del cambio radical. Podemos reacciona aceptando un relato que polariza la contienda política entre ellos y el resto. Una polarización que le beneficia:  



Partido Popular: No a las líneas rojas y estabilidad



No a las líneas rojas, no a los cambios radicales y no a los experimentos. Aunque el eslogan es positivo (A Favor), el mensaje contiene una importante carga defensiva frente a las "líneas rojas" en clara alusión a la expresión utilizada por Pablo Iglesias durante las negociaciones fracasadas tras las elecciones del pasado mes de diciembre. El PP se presenta como el partido positivo frente a unas líneas rojas (Podemos) que sólo ponen trabas.



PSOE: La culpa es de Podemos




Un vídeo largo, de algo más de cuatro minutos para explicar que el próximo 26 de junio volverán a celebrarse elecciones por culpa de Podemos. Se pone en valor el acuerdo alcanzado con Ciudadanos tras las elecciones de diciembre y se asume el liderazgo y el protagonismo para desbancar al PP del Gobierno. Igual que en el vídeo anterior, el eslogan es positivo ("Un Sí por el cambio"), funciona como reacción a una supuesta actitud negativa por parte de Podemos para conseguir el cambio.




Ciudadanos: "El de la coleta es un vago"



El vídeo preelectoral de Ciudadanos tiene un mensaje que se refleja indirectamente pero que es clarísimo: Si hay elecciones otra vez el próximo 26 de junio es por culpa de la intransigencia de Podemos. Un hombre caracterizado con coleta y perilla, con una clara alusión a Pablo Iglesias, aparece como un personaje egoísta, inmaduro e incluso ridículo que es retratado como un vago oportunista que busca vivir del cuento mientras los sufridos ciudadanos le observan con desdén y desconfianza. El mensaje es claro: El cambio y la nueva política son necesarios, pero no se debe apostar por Podemos.



Podemos: Desafiante




El vídeo preelectoral de Podemos es una clara respuesta a los tres anteriores. Es muy corto, 39 segundos, y su contenido no es programático ni tampoco aparece Pablo Iglesias ni ningún otro dirigente conocido. El protagonismo es un boxeador vestido con la máscara de Darth Vader en actitud desafiante, como aceptando el envite. El vídeo no es defensivo ni contiene un discurso explicativo sobre la repetición de las elecciones. Es más, es el único vídeo en el que la repetición electoral es valorada de forma positiva, como una nueva oportunidad.

viernes, 8 de abril de 2016

¿Preparando las urnas para el 26 de junio?

La reunión ‘a tres’ entre PSOE, Podemos y Ciudadanos ha fracasado tras el primer encuentro. Parece lo previsible después de que Podemos y Ciudadanos hubieran escenificado sus diferencias y subrayado sus desacuerdos en los días previos en vez de apostar por un discurso conciliador que diera alguna oportunidad al acuerdo. Sin embargo, no es de extrañar que escogieran este tono agresivo, ya que a ambas formaciones no les interesa llegar a ningún acuerdo tripartito.

Albert Rivera le dijo a Pablo Iglesias en una intervención en el Congreso de los Diputados el día antes de la reunión a tres: “A ver si es verdad que usted defiende los derechos humanos en todo el mundo, donde tiene gente que le financia su partido”. Iglesias, por su parte, respondió que resultaría “muy difícil” conformar un gobierno del cambio con “intolerantes” que “querían negar la tarjeta sanitaria a personas que sólo estaban huyendo de la pobreza”. Un cruce dialéctico muy duro que hacía presagiar el fracaso del pacto y aparentemente extraño entre dos partidos que comparten el discurso de la primacía de la necesidad del cambio frente al PP y de llegar a acuerdos en la ‘nueva política’. ¿Qué ha pasado? Pues que la opinión pública no ha quedado congelada ni mucho menos desde que votó el pasado mes de diciembre.

Según el sondeo de Metroscopia publicado el 7 de abril, el mismo día de la reunión, si se repitieran las elecciones el próximo 26 de junio el gran vencedor sería Ciudadanos. La formación de Albert Rivera conseguiría el 17,7% de los votos, casi cuatro puntos más que en las elecciones del 20 de diciembre. Sus interlocutores de la reunión ‘a tres’ serían los damnificados: El PSOE perdería dos puntos y pasaría al 20,1% y Podemos se dejaría casi cuatro puntos en el camino pasando al 17%, por debajo de Ciudadanos que sería la tercera fuerza política. El PP, por su parte, se mantendría igual que en diciembre, incluso subiría un 0,3% hasta llegar al 29%.



Esta tendencia electoral al alza de Ciudadanos frente a una bajada de Podemos y el estancamiento de PP y de PSOE es compartida por otras encuestas publicadas en los últimos días. Por ejemplo Celeste Tel publicó el pasado 6 de abril que Ciudadanos podría sumar hasta siete escaños, el PP dos, el PSOE se quedaría igual o perdería uno, mientras que Podemos podría perder hasta ocho diputados. Otra encuesta, de JM&A publicada el mismo día, incluso se aventura a pronosticar una subida de 21 diputados naranjas en caso de repetición electoral.

Ciudadanos en mejor posición
Pero esta tendencia se mueve y cada día que pasa parece que aumentan las expectativas de los de Albert Rivera. La encuesta de Metroscopia ofrece un vistazo más detenido a lo que pasa y explica que, de todas las fuerzas políticas, Ciudadanos es la que se encuentra en mejor situación de cara a la repetición electoral. Según su análisis “el partido naranja combina su capacidad para retener a sus votantes de diciembre (un 79% de ellos repetiría ahora su voto) con la de ser el partido que mayor número de electores parece lograr atraer desde otras opciones políticas”.

Los otros miembros de la reunión ‘a tres’ no comparten un pronóstico tan halagüeño. Según Metroscopia, “Podemos es, hoy por hoy, el partido que cuenta con una menor fidelidad de voto: 64%”, y el PSOE “sufre fugas en todas las direcciones: sobre todo hacia Ciudadanos (10%) pero también hacia el PP (4%), Unidad Popular (3%) y Podemos (3%)”, además de tener el electorado con la menor determinación de volver a las urnas en caso de repetir los comicios.

Es decir, Ciudadanos estaría viviendo un momento dulce en el que cada día que pasa aumentan sus posibilidades de convertirse en un actor político mucho más influyente si se repitieran las elecciones. Tan influyente que, si esta tendencia se mantuviese, incluso podría facilitar al PP un Gobierno siguiendo sus condiciones, un escenario mucho más cómodo que un imprevisible tripartito con PSOE y Podemos. Ciudadanos ni siquiera necesitaría entrar en el Ejecutivo y sufrir así el desgaste de ser la ‘muleta’ del PP. Con un pacto de investidura y la negociación individual de cada ley, también con la oposición, pondría al Parlamento en el centro del debate y con ello al propio Albert Rivera, que cada año podría revisar su apoyo al PP con motivo de la aprobación de los Presupuestos Generales. Es el modelo que Ciudadanos ya está aplicando en la Comunidad de Madrid, donde vota con la oposición en muchas ocasiones, pero mantiene su apoyo al Gobierno conservador en las votaciones cruciales.

Con este escenario, ¿qué necesidad tiene Ciudadanos de fomentar su participación en las reuniones ‘a tres’? Incluso, ¿qué necesidad tiene de mantener su acuerdo programático con el PSOE?

Sigue la lucha por la hegemonía en la izquierda
Los socialistas son los grandes perdedores tras el fracaso de la reunión. Con Ciudadanos y Podemos amarrados con un acuerdo en el que Pedro Sánchez sería presidente, el PSOE podía reclamar la centralidad política y jugar el papel de mediador entre la izquierda y el centro. Ahora tendrá que elegir hacia qué lado lanzar su primer discurso preelectoral, es decir, señalar al culpable de impedir el ‘Gobierno del cambio’, y según la primera reacción parece que el señalado es Podemos, que no deja de ser el principal competidor de los socialistas en las urnas.

Pablo Iglesias, por su parte, no ha renunciado a su objetivo estratégico de superar al PSOE como partido hegemónico de la izquierda. No es solamente una cuestión de número de votos y de escaños. Podemos aspira a superar al PSOE como referente de la izquierda en un sentido amplio: en el discurso, en la movilización, incluso en la simbología. Si el triunfo del PSOE fue el símbolo del fin del franquismo, el triunfo de Podemos sobre el PSOE debe ser el triunfo de los indignados sobre el ‘sistema de 1978’. Y para ello Pablo Iglesias necesita no aparecer como la muleta del PSOE.

Para Podemos resulta fundamental que Ciudadanos se marche de las conversaciones y que el PSOE dependa exclusivamente de ellos para tener alguna oportunidad de gobernar. Solamente así Pablo Iglesias podría presionar de tal forma a los socialistas, que la única manera de que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa sería cediendo y demostrando públicamente que depende de Podemos. La formación morada conseguiría así una influencia definitiva sobre el PSOE y la hegemonía cultural en la izquierda, aún teniendo menos diputados. Juega a su favor que Pedro Sánchez sabe que si finalmente se repiten las elecciones, en las filas socialistas serían muchos los que pondrían en duda su idoneidad para volver a liderar el proyecto el 26 de junio y podría ser el fin definitivo a sus aspiraciones políticas.

La única posibilidad de evitar volver a las urnas está por lo tanto en un hipotético pacto PSOE-Podemos que pueda arrastrar a alguna formación menor. Será una partida de póquer hasta el final. Puede que incluso parecida al fatigoso proceso de formación de Gobierno en Cataluña, donde se evitó la repetición de las elecciones literalmente en el último minuto.


Sánchez e Iglesias saben que, según las encuestas, el tiempo va en su contra si se tuvieran que repetir las elecciones, pero ninguno quiere ceder ante el otro en pleno combate por la hegemonía en la izquierda. Ciudadanos, por su parte, ha perdido el interés y se prepara ya para volver a las urnas y salir de ellas con más fuerza. Solamente busca una excusa para salir de las conversaciones de manera que no se le acuse de no querer alcanzar soluciones. El PP, mientras tanto, espera.  

lunes, 16 de noviembre de 2015

Podemos y Ciudadanos, ¿cambio político o muletas de PP y PSOE?

Las próximas elecciones generales del 20 de diciembre certificarán el fin del bipartidismo imperfecto que ha estado dominando el sistema de partidos español en las últimas décadas. Con la llegada de Podemos y de Ciudadanos se pone fin a las posibilidades reales de conseguir una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y también se quiebra el llamado balancín electoral, aquel fenómeno por el que las debilidades y crisis de uno de los partidos dominantes automáticamente beneficiaba en votos a su rival. Sin embargo, ¿la aparición de Podemos y de Ciudadanos cambiará el color del nuevo gobierno? ¿O simplemente serán muletas que apoyen a los dos grandes?


En las elecciones autonómicas de 2011 el PSOE perdió aproximadamente 1,5 millones de votos con respecto a 2007. Fue un resultado desastroso para el partido que perdió mucho poder institucional y dejó de gobernar en comunidades donde lo había estado haciendo desde el principio del Estado de las autonomías, como en Extremadura y en Castilla la Mancha. En las elecciones autonómicas de 2015 el resultado cuantitativo fue aún peor, con casi 700.000 votos menos que en 2011. Sin embargo, el PSOE ha logrado no solamente recuperar el gobierno de Extremadura y de Castilla la Mancha, sino que también ha vuelto a gobernar en la Comunidad Valenciana, Aragón, Baleares, y a apoyar gobiernos en Cantabria y en Canarias. Es decir, con más de dos millones menos de votos los socialistas han recuperado su poder autonómico de 2007. ¿Cómo es posible?

A diferencia de 2007, los socialistas no han conseguido una mayoría absoluta o contundente en ninguna de estas autonomías, pero sí controlan los gobiernos. Lo hacen gracias a acuerdos con otras fuerzas políticas que, por su parte, han recibido un enorme apoyo en su primera aparición electoral a nivel nacional. Podemos y Ciudadanos sumaron más de tres millones de votos en las elecciones autonómicas (1,7 Podemos y 1,4 Ciudadanos), bastante menos que los seis millones del PP y los 5,6 millones del PSOE, pero han sido clave para permitir que estos partidos sigan gobernando.

Las tres crisis de España

La crisis que sufre España desde hace años está provocando un terremoto político sin precedentes en la actual etapa constitucional del país. El periodista Enric Juliana habla de una “triple crisis”: una profunda crisis económica, una profunda crisis territorial (Cataluña) y una profunda crisis de legitimidad y credibilidad institucional. Estas crisis estarían transformando la realidad política e institucional española y habrían facilitado la aparición y, sobre todo, el éxito de los llamados partidos emergentes.

Según el politólogo noruego Stein Rokkan (1921-1979), los partidos políticos van surgiendo según los conflictos que aparecen en la sociedad. Los partidos serían la expresión de ese conflicto y de su encauce institucional. Por ejemplo: los partidos socialistas surgieron como consecuencia de la lucha del movimiento obrero, mientras que los democratacristianos lo hicieron durante la lucha Iglesia-Estado. Los verdes son consecuencia del aumento de la concienciación medioambiental y los partidos nacionalistas lo son del conflicto centro-periferia, etc. Según esta teoría, Podemos y Ciudadanos serían la consecuencia política de la profunda crisis de legitimidad y credibilidad política e institucional que señala Juliana, y por lo tanto habrían llegado para quedarse, de la misma forma que lo hicieron los socialistas hace un siglo o los verdes en Europa hace 30 años.

Por lo tanto se podrá aventurar que el bipartidismo imperfecto que había en España desde la Transición (es decir, dos partidos dominantes acompañados de otros más pequeños) se ha terminado. Con él también se habría esfumado el fenómeno conocido como ‘balancín electoral’, que quiere decir que cuando PP o PSOE sufrían un desgaste o una crisis, automáticamente la pérdida de votos en uno se traducía en un aumento de votos en el otro.

Ahora los votantes descontentos con los dos grandes partidos tienen otras marcas a las que votar. La empresa demoscópica Sigma Dos calcula que en las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, un 30% de los electores del PP de 2012 se pasó a Ciudadanos. Por su parte, Metroscopia calculó que el 30% de los votos de Podemos en las elecciones europeas de 2014 eran antiguos votantes socialistas. En ambos casos es muy difícil que los votantes vuelvan a sus antiguos partidos, ya que en muchos casos sus apoyos a PP y a PSOE se debían, sencillamente, a que no había nada más y se limitaban a votar al que más se acercaba a sus preferencias, ahora cubiertas por la nueva oferta electoral.

Sin posibilidades de gobernar

Sin embargo, la fuga de votantes socialistas y del PP a Podemos y a Ciudadanos no significa que los partidos emergentes hayan crecido tanto que tengan posibilidades reales de disputar a los dos grandes el protagonismo. Ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera se presentarán previsiblemente a la investidura para ser Presidente del Gobierno, al menos con posibilidades de ganar. Esta posibilidad sigue reservada a Mariano Rajoy o a Pedro Sánchez, que lideran los partidos con el mayor número de votos y a los que las encuestas siguen otorgando el mayor apoyo, tanto en votos como en escaños: La ley electoral prima a los dos primeros partidos de cada circunscripción, por lo que la composición del Congreso de los Diputados será previsiblemente con una mayoría socialista y del PP.

La aportación de Podemos y de Ciudadanos al nuevo sistema de partidos español no es por lo tanto una nueva sigla al frente de los gobiernos, sino la obligación de pactar y negociar para llegar a ellos. Solamente el partido con mayor capacidad de negociación y flexibilidad podrá formar gobierno, y en esta búsqueda de parejas de baile, el PSOE y Ciudadanos tienen mayores posibilidades al no encontrarse escorados en el espectro ideológico.

PP y Podemos están cada uno escorados, el primero a la derecha y el segundo a la izquierda. En cambio, PSOE y Ciudadanos se encuentran más centrados y por lo tanto tienen más posibilidades de encontrar socio que los otros dos. Por ejemplo, el PSOE puede negociar con Ciudadanos y/o con Podemos, mientras que el PP solamente lo puede hacer con Ciudadanos. Es decir, Pedro Sánchez podrá sumar a sus diputados los de Podemos y/o los de Ciudadanos para ser presidente del Gobierno, mientras que Rajoy solamente tendrá posibilidades de repetir en La Moncloa si sus diputados sumados a los de Albert Rivera son mayoría, y si el propio Rivera tiene voluntad de llegar a un acuerdo con el PP y no con el PSOE.

En resumen, Podemos y Ciudadanos son la expresión política de la crisis institucional en España y han llegado para quedarse, pero sin fuerza electoral suficiente como para imponer un cambio radical en la composición de los gobiernos autonómicos (aunque sí municipales) y nacional. El cambio político que han provocado estos partidos emergentes es cualitativo al obligar a los dos partidos grandes a negociar para mantenerse o llegar al poder.


Al PP y al PSOE ahora les cuesta más seguir gobernando, pero ni Podemos ni Ciudadanos tienen capacidad para impedirlo. Hoy por hoy son las muletas de los dos grandes, a no ser que tras el 20 de diciembre rompan con otra tradición política española y exijan formar parte del nuevo gobierno y compartir asientos en el Consejo de Ministros. 

Artículo disponible en Ssociólogos.com 

miércoles, 8 de julio de 2015

La vorágine electoral después del verano

España está de elecciones. Lleva así desde que empezó 2015 y seguirá así hasta que se hayan celebrado las generales, las que de verdad importan. Las elecciones andaluzas, las municipales y autonómicas y las catalanas solamente se perciben para muchos como meros sondeos (muy detallados y caros) para medir el ambiente antes de la batalla decisiva.

Los principales actores ya se están preparando. El PSOE tiene candidato oficial tras un proceso exprés con bandera gigante incluida. Pedro Sánchez encabezará la lista del PSOE al Congreso de los Diputados en Madrid sin necesidad de pelea interna (al menos visible). Ciudadanos también tiene candidato-marca, Albert Rivera (¿quién si no?) y Podemos, que ya ha convocado un proceso de primarias que ha provocado algunas críticas internas por su supuesto caudillismo, no tardará en presentar a Pablo Iglesias como su estandarte electoral (¿volverán a imprimir su cara en las papeletas como hicieron en las Europeas?). Por parte del PP nadie duda de que el candidato será el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aunque las voces críticas con su figura dentro de su propia casa empiezan a ser cada vez más fuertes y contundentes.

Todos tienen el mismo objetivo: ganar. Aunque esto no signifique exactamente lo mismo en cada caso. Porque si Rajoy no es capaz de revalidar la mayoría absoluta, o al menos de conseguir una mayoría clara, habrá perdido y sus enemigos en el PP saldrán a por él. Porque si el PP consigue apuntalar su poder sin necesidad de una muleta, Ciudadanos y Albert Rivera habrán fracasado al no poder convertirse en un actor político decisivo. Porque si Podemos no consigue superar en votos al PSOE no conseguirá cumplir su objetivo estratégico de hacerse con la hegemonía en la izquierda española. Y porque si el PSOE no supera a Podemos, Pedro Sánchez no será presidente del Gobierno.

Los primeros datos que ofrecen las encuestas dicen que todo está al rojo vivo. La encuesta de Invymark del mes de junio para La Sexta habla de una victoria mínima del PP que en realidad sería una derrota: el 25.9% de intención de voto. Necesitaría una muleta que podría ser Ciudadanos, pero según el sondeo aún así no sería suficiente: Los de Rivera solamente llegarían al 13,2%. PP y C’s no sumarían más que el 39,1% frente al 46% de la suma de PSOE y Podemos. Pero esa suma es complicada, porque Pedro Sánchez y Pablo Iglesias empatarían cada uno con el 23%.

Si fuera por las preferencias del público, Pedro Sánchez sería el presidente. Siempre según esta encuesta que dice que un 31,1% de españoles le prefiere a él frente a un 20,1% que elegiría antes a Pablo Iglesias. Pero como el sistema político español no es presidencialista cuentan las marcas. Y no estaría claro cual de los dos, Podemos o PSOE, aceptaría ser el socio menor en caso de un empate técnico en el mundo político de la izquierda.

Barómetro de Metroscopia, julio 2015.

El último sondeo de Metroscopia publicado en El País abunda en el mismo escenario: un empate virtual entre PSOE (22,5%) y Podemos (21,5%) con un margen de erros de más menos 3,2 puntos. El PP, por su parte, conseguiría el 23%, lo que, sumado al 15% que conseguiría Ciudadanos no le permitiría gobernar. 

La carrera ya ha empezado. Todos deben necesariamente sumar para despegarse de sus rivales. Al final del camino, ¿conseguirá el PP una amplia mayoría?, ¿quién se hará finalmente con la hegemonía de la izquierda? y ¿quién se presentará al debate de investidura?


Empiezan las ofertas electoralistas

Junto al posicionamiento de los líderes, estamos siendo testigos de las primeras promesas y medidas electorales. Parte del PP parece que está pasando a un discurso algo más progresista ante la ola de izquierdismo que vive el país. Así, por ejemplo, Cristina Cifuentes, la flamante presidenta de la Comunidad de Madrid, y Jesús Posada, el presidente del Congreso de los Diputados, han izado la bandera del arco iris en la semana del Orgullo Gay. Por otro lado, el presidente del Gobierno ha adelantado una bajada del IRPF mientras insiste en que la recuperación económica es una realidad. Rajoy sigue confiando en que los bolsillos, o mejor dicho la expectativa de aumentar sus contenidos, determinen buena parte de los votos y le permitan repetir en La Moncloa.

El PSOE, por su parte, se aferra en que esa expectativa no cuaje entre el electorado y basa su discurso en la denuncia de la desigualdad que está causando la crisis entre los españoles. Mientras los socialistas denuncian la cara amarga del capitalismo, y para cortocircuitar denuncias de radicalismos ideológicos, lo hacen reivindicando los símbolos del Estado y con ello una imagen de centralidad. Es el eterno viaje al centro que nunca se deja de emprender en vísperas electorales.

De eso sabe mucho Podemos, que en su camino hacia la “transversalidad” ya ha tenido que vivir las primeras disensiones internas de un sector que considera que se están traicionando las esencias asamblearias y de izquierdas. Pablo Iglesias tiene claro que la razón de ser y la clave del éxito de Podemos se basa en que permanezcan intactos su imagen y su discurso irreverentes y diferentes frente a los partidos tradicionales, pero a la vez necesita centrar esa misma imagen y ese mismo discurso para atraer al mayor número de votantes del PSOE, fundamentalmente, y ganar así su batalla por la hegemonía de la izquierda. Parece la cuadratura del círculo: ¿se puede ser un rebelde de centro?

Ese es el objetivo de Albert Rivera y de Ciudadanos. Las elecciones municipales y autonómicas del pasado mes de mayo no han supuesto una explosión impresionante de votos a la formación naranja teniendo en cuenta su proyección demoscópica, pero sí la ha puesto en el centro del tablero. Igual que los pactos postelectorales han situado a Podemos en la izquierda con el PSOE como único socio posible, ocupando así el espacio de IU, Ciudadanos juega a dos bandas. Con menos votos, está desempeñando un papel más destacado en la gobernabilidad de ciudades y autonomías importantes, y lo hace sin  hacer ascos a ni al PP, al que permite gobernar en la Comunidad de Madrid, ni al PSOE, al que permite hacerlo en Andalucía.

Sin embargo, tanta centralidad puede resultar complicada para los electores acostumbrados a la confrontación entre derecha e izquierda. Aunque puede resultar práctico no casarse con nadie, también puede restar votos. Los de Rivera se entienden como los luchadores por una España sin corrupción y comprometida con la llamada regeneración democrática, aunque sin especificar exactamente qué supone eso. La pregunta que tendrán que responder a su electorado será si el juego a dos bandas realmente supone una mayor democracia y menos corrupción, o si es simplemente mercantilismo.


Cada voto contará y para ello ninguno de los actores implicados dudará en movilizar todas sus fuerzas y discursos para alcanzar su objetivo. Si la situación política y mediática en España ya es convulsa, después del verano nos espera la vorágine, o lo que es lo mismo, una “pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos”, como lo define la RAE.

domingo, 26 de abril de 2015

Al PP se le "mueren" los votantes, Ciudadanos llega al rescate

El Partido Popular tiene un problema. De acuerdo al barómetro de intención del voto del CIS publicado en enero, el partido genovita se hace viejo y su mayor franja de votantes se sitúa en el tramo de 65 años en adelante. En extremo opuesto, también es la formación que reúne una menor cantidad de voto joven en la entre 18 y 34 años. Da igual tomar la respuesta espontánea o la que conjuga el voto con la simpatía declarada por los encuestados. Mientras el PSOE y Podemos son más transversales, los de Mariano Rajoy están abocados o renovarse o perder apoyo según envejezca su electorado. La situación, como es lógico, empeora con el paso de los años: en 2011, el apoyo de los primeros votantes superaba el 30%.

La brecha entre los partidos tradicionales con los electores noveles va más allá de la corbata y la edad de los líderes políticos. La conexión con la cultura de la Transición desaparece entre las nuevas generaciones. Las viejas estructuras se doblegan bajo el peso de la corrupción. Pero el problema real es el lenguaje y las formas. Y ahí es donde entra Ciudadanos.

Pese a compartir la inmensa mayoría de su ideario político con el PP, Albert Rivera es savia nueva. Treintañero, preparado, seguro de sí mismo, solvente y capaz, el catalán mantiene la compostura cuando Rajoy tartamudea y siente temblar su párpado izquierdo –señal, dicen las malas lenguas de que miente-. Uno puede hablar de renovación sin perder credibilidad. El otro, no.

Rivera es un producto de marketing bien estudiado capaz de ser el buen colega, el novio agradable, el yerno perfecto y el nieto amoroso. La transversalidad social convertida en opción política. De poco sirve que el PP haya contraatacado con ‘cachorros’ jóvenes como Borja Semper o Pablo Casado, cada vez más presentes en los medios de comunicación. El carné azul pesa demasiado.

Querido enemigo

Ciudadanos es hoy, a la vez, el mejor amigo y el peor enemigo del PP. Y, sin embargo, es una doble tabla de salvación: la del votante conservado que ha dejado de verse representado por el puro de Mariano Rajoy o el descaro aristocrático de Esperanza Aguirre y, lo que es más importante, la de los gobiernos autonómicos y municipales del partido.

Los resultados de las elecciones andaluzas apuntan a que Génova tendrá un serio problema en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 24 de mayo. El PP perdió en marzo uno de cada tres votos conseguidos en 2012: 1.064.168 andaluces votaron a Juan Manuel Moreno Bonilla frente a 1.570.833 que respaldaron a Javier Arenas hace tres años. Medio millón de votos menos. La mitad de ellos, unos 223.000, han ido a parar a Ciudadanos, según Metroscopia.
Fuente: Metroscopia


El partido que hasta hace poco limitaba su proyección electoral a Cataluña, ha conseguido entrar en el Parlamento andaluz con nueve escaños y 369.000 votos. ¿Es el descalabro del PP en Andalucía el que ha hecho posible la aparición de Ciudadanos en la comunidad autónoma más grande y poblada de España o ha sido al revés? ¿Se debe el descalabro del PP a la aventura de Ciudadanos fuera de Cataluña?

Simbiosis

La demoscopia demuestra la existencia de una relación simbiótica entre ambas formaciones y cómo Ciudadanos aprovecha la existencia del caladero ajeno para hacerse fuerte.

El barómetro de Metroscopia de enero ya le daba un 8,1% de intención de voto a nivel nacional, cifra que ha ido aumentando: 12,2% en febrero y 18,4% en marzo, prácticamente empatado con el PP (18,6%). La mayoría de los institutos de medición registran un ascenso meteórico y una entrada en tromba en el Congreso de los Diputados: myWord le daba un 19% de intención de voto a principios de marzo; Simple Lógica un 18%. El desembarco en las autonomías también promete: Sigma Dos le otorgaba de15 a 16 escaños en la Comunidad Valenciana o 22-23 diputados en Madrid. Además, sería la llave para gobernar los ayuntamientos de las dos capitales. Un golpe perfecto.

En paralelo, el PP continúa su cuesta abajo. De ganar las elecciones generales de noviembre de 2011 con el 44,62% de los votos, hoy las encuestas más optimistas le conceden prácticamente la mitad de la intención de voto a nivel nacional.

Ambas formaciones están atrapadas por una vorágine mediática de sondeos que refuerzan la moral de la formación naranja y debilita la de los populares, poniendo en práctica una versión acelerada de la espiral del silencio, según la cual el votante busca los grupos más fuertes y esconde su pertenencia a los aparentemente más débiles por simple instinto de supervivencia social. La popularidad proporciona más visibilidad y por lo tanto más expectativas de éxito al grupo en auge. El débil, en cambio, desaparece poco a poco de la escena. Es el mismo proceso que se daba entre los votantes socialistas y Podemos hasta hace tan solo unas semanas.

El votante de derechas ha encontrado por primera vez una válvula de escape hacia la que canalizar su decepción. Antes de ello, casi tres millones de votantes habituales o recientes del PP optaron por la abstención. Ni Vox ni UPyD les convencieron.

La paradoja

El 24 de mayo muchos votantes del PP se pasarán a Ciudadanos y el PP perderá sus mayorías absolutas en muchos municipios y comunidades autónomas. Y ahí es donde Albert Rivera se hará fuerte, pero también débil en su discurso centrista: el sesgo conservador aumenta y el 21,7% de los encuestados por el CIS ya le identifica con el centro derecha.

El PP no tiene aliados naturales. Hasta la fecha la soledad del PP en el mapa político le obligaba a ganar siempre por mayoría absoluta si quería. Ni los partidos nacionalistas ni los diferentes partidos en la izquierda cuentan a priori como posibles socios de gobierno en ayuntamientos, comunidades autónomas y en el Congreso de los Diputados.

Begoña Villacís, candidata de la formación naranja en el Ayuntamiento de Madrid, ya ha anunciado públicamente que pactará con el partido más votado. Su jefe de filas matizó que no entrarán en los gobiernos. La opción inteligente sin mayoría absoluta es facilitar la investidura apelando a la estabilidad y condicionar las políticas de Gobierno desde fuera, siendo el PP el que asuma el desgaste.

El PP está perdiendo votantes, se está desangrando. Pero esos votos no van a caer en el vacío, ya que el voto a Ciudadanos se transformará en un voto indirecto al PP, que salvará así gran parte de sus feudos.

Si la tendencia se mantiene, los años del poder omnímodo se han acabado. El rey ha muerto. Viva el rey.

Artículo escrito en colaboración con Ángel Calleja.

Disponible en la web "Las Malas Noticias"

domingo, 19 de octubre de 2014

La izquierda fragmentada, ¿podrá derrotar al PP?

El ciclo político en España está cambiando. Tras el giro espectacular a la derecha del año 2011 que proporcionó al PP mayorías absolutas en casi todas las comunidades autónomas, las principales ciudades del país y finalmente en el Congreso de los Diputados, la tendencia política vuelve a girar hacia la izquierda. Las encuestas revelan una caída importante en la intención de voto al PP y un auge de las opciones de izquierda. Sin embargo, estas se presentan fragmentadas y divididas sin un claro liderazgo por parte de ninguna de ellas. Para arrebatar el poder al PP, los socialistas, IU y Podemos tendrán que pactar y superar muchas diferencias ahora mismo aparentemente irreconciliables. ¿Podrá ponerse de acuerdo para derrotar al PP?

En las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2011 el Partido Popular ganó la mayoría de los gobiernos autonómicos y las alcaldías de las ciudades más importantes del país. Seis meses después, en noviembre de 2011, el PP vivió un momento dulce en las elecciones generales en las que cosechó 10,8 millones de votos, el 44,6% del total. Esto le proporcionó una mayoría absoluta histórica en el Congreso de los Diputados de 186 escaños. En 2015 y 2016 se volverá a celebrar un intenso periodo electoral en España, pero es bastante probable que el PP no vaya a repetir esos resultados.

Las encuestas publicadas más recientemente hablan de un cambio de tendencia en España, de un giro hacia la izquierda de la mayoría del electorado. Sin embargo, esto no significa que esos votos vayan directamente al principal rival del PP, el Partido Socialista. A diferencia de anteriores cambios de ciclo político, en los que la pérdida de votos de uno de los partidos grandes beneficiaba automáticamente a su rival (fenómeno conocido como ‘balancín electoral’), esta vez el voto de la izquierda se está fragmentando en tres opciones diferentes: PSOE, Izquierda Unida, y la recién llegada Podemos. Según las encuestas, entre las tres superan en votos al PP en la mayoría de las plazas, como puede observarse en las siguientes encuestas publicadas después del verano:

  •    Andalucía: La Cadena Ser publicó el pasado 4 de septiembre un barómetro sobre el clima político en Andalucía, cuyas elecciones autonómicas están previstas para 2016. Según esta encuesta, el PSOE ganaría las elecciones con un 31,2% de los votos y el PP se quedaría en segunda posición con el 28,3%. Estos resultados supondrían un notable descenso de apoyos para ambos partidos con respecto a las últimas elecciones en 2012, ya que los socialistas perderían 8,3 puntos y los populares 12,4. Por su parte, IU, el actual socio de gobierno del PSOE andaluz, tendría el 8,8% de los votos. Es decir, la actual coalición de gobierno solamente conseguiría el 40% de los votos, por lo que necesitaría el apoyo de Podemos para asegurarse la mayoría absoluta. Podemos se estrenaría en el Parlamento andaluz como tercera fuerza política y el 18,1% de los votos.

  •  Ayuntamiento de Madrid: El diario ABC publicó el pasado 15 de septiembre una encuesta tras la renuncia de Ana Botella a presentarse a la Alcaldía de la capital. Según este estudio, el PP ganaría pero perdería la mayoría absoluta con el 42,1% de los votos, frente a Podemos (15,1%), PSOE (14,4%), UPyD (10,4%), IU (7,7%) y Ciudadanos (5,3%). Aunque el PP podría intentar un pacto con UPyD y/o Ciudadanos (ambas formaciones incluso podrían presentarse juntas) para conseguir así una mayoría de gobierno, toda la izquierda no tendría más remedio que llegar a un acuerdo para arrebatar la Alcaldía al PP. 

  • Comunidad Valenciana: El diario El País publicó el pasado 9 de octubre una encuesta de Metroscopia sobre el futuro político de la Comunidad Valenciana en la que se refleja perfectamente la actual tendencia: el PP sería el partido más votado, con cerca de un 30% de los votos, pero perdería 23 escaños de los logrados en las últimas elecciones y se colocaría con 32 escaños a 18 de la mayoría absoluta. Esta podría ser posible con un pacto entre las diferentes opciones de la izquierda valenciana: PSPV (29 escaños), Podemos (17 escaños), Compromís (14 diputados) y Esquerra Unida (7 diputados).

  • Congreso de los Diputados (1): El pasado 31 de agosto, el diario El Mundo publicó una encuesta de Sigma Dos que atribuye al PP la mayoría de los votos en el Congreso de los Diputados (30,1%), pero lejos de la mayoría absoluta. La conjunción de PSOE (22,3%), Podemos (21,2%) e IU (4,1%) podría garantizar una mayoría de izquierdas en la Cámara baja.   


  • Congreso de los Diputados (2): Finalmente, el diario El País publicó el pasado 5 de octubre un barómetro de Metroscopia en el que reflejaba la intención directa de voto más simpatía sobre el total del censo de electores (y no sobre el total de los que finalmente votan). Esta encuesta llega a la conclusión de que el PSOE (20,7%) supera al PP (15,9%), pero necesitaría el apoyo, o al menos la aquiescencia de Podemos (14,3%) y de IU (6,2%) para gobernar España.  



Las elecciones municipales son diferentes

En los casos arriba mencionados la tendencia electoral señala una clara pérdida de votos por parte del PP y un aumento de los mismos en la izquierda, pero fragmentada principalmente entre PSOE, Podemos e IU. Ninguno de los tres logra una hegemonía clara en el campo progresista y necesitaría de los otros dos para gobernar. En este escenario, PSOE e IU han demostrado que saben gobernar juntos en caso de necesidad, pero la gran incógnita es Podemos, que no mantiene buenas relaciones con los otros dos partidos.

Este análisis de pactos se refiere a las elecciones autonómicas y a las generales, ya que el análisis de las municipales es más complicado e incluye una serie de variables diferentes a las otras citas electorales. Por un lado está la posible reforma electoral impulsada por el Gobierno de Rajoy, que prevé la elección directa de los alcaldes a doble vuelta entre los dos partidos más votados, rompiendo así el principio de proporcionalidad actual. Esto daría la alcaldía al partido más votado en cada municipio y sin necesidad de alcanzar la mayoría absoluta, lo que beneficiaría claramente al PP debido a la fragmentación en la izquierda.

Por otro lado, Podemos ha anunciado que no se presentará como marca en solitario a las elecciones municipales, aunque no descarta hacerlo dentro de plataformas electorales locales. Esta es la misma estrategia de IU, que está apostando por las plataformas ‘Ganemos’ (que también cuentan con la presencia de otras formaciones más pequeñas como Equo) en las que dejaría abierta la puerta a Podemos. Esta estrategia simplificará sensiblemente el panorama de siglas de la izquierda que se presentarán a las municipales, pero tendrá como consecuencia previsible una lucha por la hegemonía dentro de Ganemos entre Podemos e IU. El ganador de esa lucha tendría que decidir tras las elecciones si acepta pactar gobiernos locales con el PSOE.


IU y Podemos, malas relaciones

Cayo Lara y Alberto Garzón
Teniendo en cuenta el actual grado de fragmentación en la izquierda política española, la gran pregunta que se plantea es si está en condiciones y si las diferentes organizaciones tienen voluntad de llegar a acuerdos para reemplazar al PP en los diferentes gobiernos.

Las relaciones entre PSOE, Podemos e IU no son buenas. Por un lado existe un debate (por no decir enfrentamiento) abierto en el seno de IU sobre la estrategia a seguir con respecto a Podemos. Muchos militantes y cargos están a favor de la integración entre las dos formaciones, pero también existen muchas resistencias, sobre todo en Madrid donde la plataforma ‘Somos IU’ apuesta por la independencia de su organización que ve en peligro ante la avalancha de Podemos, donde tampoco dan carta blanca a una hipotética fusión con IU e incluso a la hora de llegar a pactos puntuales como Ganemos.

En este sentido, el pasado 1 de junio el dirigente de Podemos, el profesor de Ciencias Políticas Juan Carlos Monedero, afirmó en una entrevista al diario Público que "hay un sector de Izquierda Unida que se ha hecho régimen" y que sus responsables van a intentar construir otra vez "una sopa de siglas".  "En la campaña (a las elecciones europeas) hemos hablado de la obligación de construir un frente amplio. Y un frente amplio no es una suma de siglas. Traicionaríamos a la militancia si nos juntáramos las cúpulas de diferentes partidos y pactáramos una lista electoral. Eso sería un fraude a la ciudadanía y no lo vamos a hacer".


Podemos y PSOE, la lucha por la hegemonía

Por otro lado, las relaciones entre Podemos y el PSOE son bastante mejorables. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, afirmó el pasado 21 de septiembre en una entrevista en televisión que "el populismo ha encontrado su expresión institucional en Podemos. (…) No quiero que se aprovechen de la indignación y se propongan cosas irreales”. Días antes, en el Comité Federal del PSOE, el mismo Sánchez aseguró que “hay un partido que se frota las manos ante el auge del populismo" en referencia al PP frente a Podemos.

Pedro Sánchez
La estrategia socialista pasa por recuperar al mayor número de votantes de Podemos (en gran número ex votantes del PSOE), presentando a esta formación como una opción que ofrece "soluciones falsas a problemas reales" (19 de septiembre), y recuperar así la hegemonía en la izquierda. Para no entorpecer esta estrategia, el PSOE no ha descartado ningún escenario futuro de pacto, excepto con el PP, cerrando así la puerta a una posible gran coalición entre los dos grandes partidos y obligando a estudiar a fondo todas las opciones que puede ofrecer un acuerdo con las otras izquierdas políticas.   

Por su parte, Podemos se considera antagonista del Partido Socialista. Son múltiples los mensajes por parte de los dirigentes de Podemos equiparando al PSOE con el PP y posicionando a ambos partidos como élite a derrotar. Es por ello que Podemos descarta públicamente cualquier acercamiento o negociación postelectoral con el PSOE, al menos por el momento. En este sentido, el dirigente de Podemos, Luis Alegre, aseguró el pasado 13 de septiembre ante los medios de comunicación que "es más previsible encontrarnos con un pacto de Estado entre el PP y el PSOE para taparse mutuamente los casos de corrupción y para evitar que terminen con causas jurídicas”, que un pacto con los socialistas.

Pero las opciones siguen abiertas. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, a diferencia del resto de dirigentes de su formación, nunca ha cerrado definitivamente la puerta a los socialistas. El pasado 30 de mayo afirmó a ElPlural.com que “les doy el beneficio de la duda. Nosotros no somos sectarios”. 

Pablo Iglesias
La estrategia de Podemos está dirigida a fortalecer su imagen y a presentarse como el partido hegemónico de la izquierda fragmentada. Su aspiración es terminar con la fragmentación de la izquierda a su favor: provocar la gibarización del PSOE y la absorción de IU, y desde esa posición de fuerza imponer sus condiciones. El pasado 6 de octubre, el diario El Mundo publicó un artículo en el que atribuía a Pablo Iglesias la frase: “Después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista tendrá que elegir entre hacer presidente a Mariano Rajoy (lo que el PSOE ya ha descartado públicamente) o a mí”. Según El Mundo, Iglesias habría afirmado que esto llevaría al PSOE a una situación sin salida, ya que “si apoyan la investidura de Rajoy será su perdición. Y si apoyan la nuestra también será su perdición”, al perder definitivamente la hegemonía de la izquierda a favor de Podemos.
    
Sin embargo, Podemos se encuentra en una encrucijada parecida. Según las encuestas, a pesar de su despegue sensacional en la intención de voto a nivel nacional, autonómico y municipal, no consigue un apoyo mayoritario claro y parece que podría estancarse en las previsiones actuales, prácticamente igual o un poco inferior al PSOE. Ninguna de las dos fuerzas sería superior a la otra y ambas deberían pactar en casi igualdad de condiciones. Y en esas circunstancias Podemos se enfrentaría a un dilema serio.

Según el CIS, gran parte de sus seguidores son antiguos votantes socialistas, unos 400.000 de los 1,2 millones que eligieron a Podemos en las últimas elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Están desencantados con el PSOE pero, sobre todo, son contrarios a que el PP siga gobernando en sus ciudades, comunidades autónomas y por supuesto en La Moncloa. ¿Cómo reaccionarían si Podemos se niega a pactar con el PSOE y el PP siguiera gobernando en su ciudad, comunidad o en España? Por otro lado, el discurso de la ‘casta’ ha calado profundamente en otro amplio sector de votantes de Podemos, sobre todo entre los más activos miembros de los círculos locales. ¿Aceptarían un pacto con el PSOE?

En todo caso, si Podemos no logra un resultado contundente que le coloque en una posición de hegemonía que le permita elegir escenario, es muy posible que sufra un desgaste muy fuerte de parte de su electorado por no poder cumplir con sus expectativas y sentirse engañados.      

Tanto PSOE como Podemos quieren liderar la izquierda y presentarse ante el otro con una posición de fuerza. El PSOE aspira a recuperar la hegemonía clara en la izquierda y vaciar a Podemos de votantes, mientras que Podemos aspira a convertir al PSOE en una fuerza residual. Ambas formaciones son rivales por el mismo espacio y ambas aspiran a liderar el cambio de tendencia político en España. ¿Quién se impondrá? Y ¿podrán ponerse de acuerdo y arrebatar el poder al PP?

Artículo disponible en Ssociologos.com