Mostrando entradas con la etiqueta PP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PP. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de abril de 2018

De bastión a cloaca: el PP de Madrid


Hace diez años la Comunidad de Madrid era el bastión del PP. En pleno auge de la era Zapatero, Madrid era un lugar seguro para los conservadores. Esperanza Aguirre en el Gobierno regional y Alberto Ruiz Gallardón en el Ayuntamiento de la capital (y dos legislaturas antes, en la Puerta del Sol), ganaban por mayorías absolutas, y, sobre todo Aguirre, encabezaba la oposición al Gobierno socialista en La Moncloa. Eran tiempos felices para ese partido en la región madrileña. Controlado por una bicefalia de facto de Ignacio González, con un mando absoluto de la administración, y de Francisco Granados, con el mismo dominio sobre el partido, Esperanza Aguirre, la única por encima de sus dos príncipes enfrentados, era quien asumía el poder total y absoluto. Podía incluso permitirse el lujo de ignorar a la oposición, minimizar hasta prácticamente hacer desaparecer, el control parlamentario de la Asamblea de Madrid. Aguirre sonreía y los medios locales y regionales aplaudían. El dinero corría a raudales. Y los votos se multiplicaban: casi 1,35 millones en octubre de 2003; casi 1,6 millones en 2007 y casi 1,55 millones en 2011.

Los tiempos han cambiado, y mucho, desde entonces. Las últimas encuestas (Celeste Tel, abril 2018) destronan al PP y le sitúan como segunda fuerza política (24,3%) a muy escasa distancia del nuevo favorito, Ciudadanos (25,7%), y del tercero en discordia, el PSOE (23,9%). Un desastre. Un cataclismo que fulminaría la enorme ventaja cuantitativa de los populares en la Comunidad de Madrid, que pasarían de tener 67 diputados en el Parlamento regional en 2007, el año del máximo esplendor, a 34 en 2019. La mitad. Esta es la espada de Damocles que pende sobre las cabezas del PP en estos días. Y el escenario no es optimista.





Del tamayazo al escándalo del máster

Diez años después de ser el bastión del PP en España, la Comunidad de Madrid se ha convertido en su cloaca. Esperanza Aguirre comenzó su reinado en 2003 gracias a un suceso sospechoso, el llamado ‘tamayazo’. Muchos pensaron entonces que, tarde o temprano, este escándalo acabaría alcanzando a sus mayores beneficiarios. Pero 15 años después, los escándalos que han asediado primero, y minado lentamente al PP madrileño hasta carcomerlo se llaman Gürtel, Púnica y Lezo. Corrupción. Supuesto enriquecimiento personal y del partido, aprovechando los años del poder intocable. Un supuesto saqueo de las arcas públicas, acompañado de privilegios personales y una forma de gobernar y entender la política que tenía más en común con el feudalismo medieval que con una sociedad democrática.

Esta forma de entender la vida es la que ha acabado con la figura que el PP había elegido como cortafuegos de este declive. Cristina Cifuentes, una cortesana más del reinado aguirrista de la segunda mitad de los años 2000, fue la elegida para visualizar una supuesta regeneración y distanciamiento del PP con respecto a los desmanes del poder absoluto que estaban siendo investigados por la Justicia. Cifuentes fue escogida, señalada y aupada al trono. Pero a cambio tuvo que apostatar y acusar a sus antiguos compañeros.

Cifuentes se erigió como el “azote de la corrupción”, Granados y González fueron detenidos, y Aguirre tuvo que dimitir de todos sus cargos. La nueva reina parecía todopoderosa, pero un año antes de las elecciones, el llamado ‘fuego amigo’, según Cifuentes, se ha cobrado su pieza. En muchos medios de comunicación se apunta a una venganza de los antiguos compañeros de la corte de Aguirre, que habrían filtrado los pecados de Cifuentes. Al final estas faltas son las que han acabado con ella. No ha sido un gran caso de corrupción, como los que acosan a sus predecesores, o un escándalo electoral. Han sido dos ejemplos de como se ejercían los privilegios sin rubor: un máster supuestamente falsificado y regalado por parte de una universidad pública en 2012, y un hurto en un supermercado en 2011, que acabó sin denuncia en comisaría a instancia, al parecer, de la propia policía. Una manera de entender el poder que la sociedad ya no perdona.



Ciudadanos, un socio ¿cómodo?

Las elecciones de 2015, el estreno de Cifuentes como la gran salvadora del PP madrileño, demostraron que los conservadores se movían en terreno complicado en su feudo: consiguieron poco más de un millón de votos. Uno de cada tres votantes del PP en 2007, el año álgido, había dejado de escoger a esta marca. Adiós a la mayoría absoluta.

La nueva realidad se llamaba pacto. Y el único partido dispuesto a firmarlo se llamaba Ciudadanos. Parecía un socio cómodo. Por un lado, con un discurso crítico, incluso fiscalizador, de las políticas del PP. Pero leal en las votaciones clave. Ciudadanos parecía la muleta perfecta. Con unos 383.000 votos en 2015, podía jugar el papel de atraer el voto desencantado con el PP, pero sin salir de la esfera de influencia de la derecha. Un voto a Ciudadanos parecía un voto en diferido al PP. Pero eso también ha cambiado.

Ahora la que parecía la muleta del PP aspira a intercambiar los papeles en Madrid. Todo el escándalo de Cifuentes debe observarse bajo ese prisma. Todas las miradas y jugadas políticas han estado enfocadas a esperar a ver qué hacía Ciudadanos. La izquierda lo tenía fácil. El PSOE presentó una moción de censura a Cifuentes, apoyada por un Podemos débil y dividido, una medida que se podría llamar ‘win-win’: colocaba la presión sobre Ciudadanos. Si el partido naranja apoyaba la moción, el PSOE gobernaría. Si no lo hacía, los socialistas empezarían a utilizar el mensaje de que Ciudadanos no ha dejado de ser la muleta del PP ni en los momento más avergonzantes de los conservadores, tratando así de frenar el discurso de novedad, regeneración y seriedad de los naranjas, y cortando de paso así el trasvase de votos del PSOE a los de Rivera, e incluso tratando de atraer nuevo votante asqueado con el apoyo de Ciudadanos a un PP podrido.

Cifuentes, por su parte, nunca quiso dimitir. Y como escudo trató de utilizar las mismas debilidades de Ciudadanos que había identificado el PSOE, pero desde el ángulo opuesto: si apoyaban la moción de censura, le estarían regalando el gobierno regional a la “izquierda radical” de PSOE y Podemos. Esto espantaría a muchos votantes de derechas que así, aunque fuera con la nariz tapada, seguirían apoyando al PP. Y si no apoyaban la moción, el PP seguiría gobernando. Esta era también la fórmula favorita de Rajoy y del PP nacional. Comenzaron distanciándose de Cifuentes, pero tras la Convención Nacional en Sevilla, parecía que aceptaban la estrategia de Cifuentes para poner en un dilema a Ciudadanos. Pero las filtraciones, posibles venganzas y guerras internas, han precipitado la salida de la ya ex presidenta y facilitado la posición de Ciudadanos, que nunca quiso apoyar la moción de censura, pero no podía seguir apuntalando un gobierno de Cristina Cifuentes. Ahora seguirá gobernando el PP, pero con otra persona al frente. ¿Pero quién?

El PP de Madrid tiene un problema, y por extensión también lo tiene el PP nacional. Madrid está dejando de ser su bastión. A un año de las elecciones municipales y autonómicas, no tienen un candidato o candidata claro para el Ayuntamiento de Madrid, y ahora tampoco tienen cabeza de lista para la Comunidad. Se trata de una elección muy complicada, cuyo primer capítulo será saber cómo acabará el drama Cifuentes: ¿dejará también de forma ‘voluntaria’ la presidencia regional del PP, un puesto oscuro pero clave, con capacidad de confeccionar las listas electorales?



Mientras tanto, el tiempo pasa y vendrán nuevas encuestas. La última de Metroscopia para El País publicada el 26 de abril: El PP pasa al tercer puesto, con una estimación de solamente 25 diputados, 23 menos que Ciudadanos y ocho menos que el PSOE. Muy lejos de otros tiempos no tan lejanos.
 



domingo, 30 de octubre de 2016

El desierto se extiende en España

Los cambios demográficos en 2031
Dos noticias publicadas con pocos días de diferencia advierten que el futuro de España podría estar marcado por la desertización. Por un lado, el INE afirma que en el año 2031 el noroeste español (Galicia, Asturias y Castilla y León) habrá perdido población de forma significativa. Por otro lado, los investigadores alertan de que el cambio climático amenaza con convertir a finales del S. XXI el sur del país en un desierto que sería la continuación del Sáhara. Despoblación y desertización, dos retos que marcarán la agenda política, económica y social del futuro de España.


El INE ha calculado el futuro de la demografía española hasta el año 2031 y sus conclusiones son: el tercio noroeste español perderá aún más población y los grandes focos demográficos se centrarán en el litoral mediterráneo y en el entorno de Madrid. En concreto, las comunidades autónomas de Galicia, Asturias y Castilla y León seguirán perdiendo habitantes poco a poco en un proceso que lleva ya muchos años en marcha y que comenzó durante el desarrollismo económico del franquismo. Hoy es la falta de inmigración y una tasa de natalidad muy baja las causas fundamentales de la pérdida de habitantes en vez de la emigración masiva de los años 60 y 70 del S. XX. Será una muerte lenta en la que la población anciana no será sustituida por generaciones posteriores y que afecta con mayor virulencia a las provincias ya de por sí muy poco pobladas. Así, según el INE la provincia de Zamora perderá en 2031 hasta un 17% de su población, Ávila un 13,1%, Orense un 12,6% y Asturias un 11,6%, por poner algunos ejemplos.

Por otro lado, son pocas las provincias que verán aumentar su población y casi todas tienen un elemento en común: están en el litoral mediterráneo. Las Islas Baleares (+7,7%), Málaga (6,7%), Almería (6,2%), Murcia (+1,3%), Alicante (+0,7%) o Barcelona (+1,3%) crecerán. También lo harán las Islas Canarias y Madrid, que pasará a acercarse a los siete millones de habitantes. En una clara confirmación futura del carácter fundamental de la industria del turismo en la economía española, ya que el aumento de la población se deberá ante todo a la inmigración por motivos de empleo en el sector servicios y también de una generación de ancianos que se trasladará allí en su jubilación, la costa mediterránea y el centro peninsular se consolidarán como los ejes sobre los que gravitará el país. El resto (con la excepción vasca) estará al margen de la agenda.

Lo explicó el periodista Enric Juliana en su artículo “Lo que nos dice la demografía” publicado en La Vanguardia el 5 de julio de 2015 tras la publicación de un mapa que estudia la evolución de la dinámica poblacional europea entre 2001 y 2011 (ver imagen): “España se está desplazando al Mediterráneo”. (…) “En España, la nueva línea de tensión es Oeste-Este. Puesto que la población ha crecido gracias a la inmigración y no a la natalidad, los rojos y los azules intensos nos muestran donde están el dinamismo y la depresión económica. Han crecido el Gran Madrid, toda la costa mediterránea, con fuerza en Catalunya, Baleares y Valencia, y el corredor del Ebro. La España del Oeste se despuebla y envejece”. En 2016 el INE confirma estas conclusiones y las proyecta hacia 2031 vaticinando un grave desequilibrio demográfico en el país.

Por otro lado, a la amenaza de desertización demográfica en el tercio noroccidental se suma el peligro del cambio climático. Según ha publicado el Diario El País el pasado 28 de octubre, el investigador del Centro Europeo de Investigación y de Enseñanza de Geociencias Ambientales Joel Guiot advierte: “Aunque se cumplan los objetivos del acuerdo de París, los paisajes mediterráneos cambiarán, los biomas más secos avanzarán hacia el norte”. “La estrecha franja verde del norte de África desaparecerá engullida por el desierto. Los bosques de hoja caduca quedarán arrinconados en las cumbres más altas. Y un tercio de España será tan árido como lo es hoy el desierto de Tabernas, en Almería, si no se reducen las emisiones de CO2”, afirma el artículo. Una desertización que tendrá, sin duda, grandes consecuencias demográficas provocando movimientos migratorios que añadirán al tercio sur español, Andalucía fundamentalmente, al territorio en proceso de despoblación, sobre todo en su zona interior.

Resultados electorales por municipios 26J 2016
Con dos tercios de España amenazados por la desertización solamente quedará viva una tercera parte del territorio donde se concentrará la población y, por consiguiente, la actividad económica, política y social del país. La franja del litoral mediterráneo y Madrid serán los ejes de España. El mapa político estará muy influido por esta evolución que afectará, sobre todo, a los dos partidos tradicionales que son los que hoy siguen manteniendo el poder en esas zonas. Incluso se podría decir que las zonas afectadas por la desertización del futuro son las que hoy ejercen una mayor influencia política sobre el resto del país a través del Partido Popular y del PSOE: El PP ha perdido su capacidad que tenía en 2011 de ganar por mayoría absoluta excepto en Galicia y en Castilla y León, las dos comunidades más afectadas por la pérdida de población en 2031. Asturias, la tercera comunidad, está gobernada por el PSOE, cuyo feudo de Andalucía se verá directamente golpeado por el cambio climático (ver imagen).

Los mapas de hoy nos revelan que las fuerzas políticas emergentes (Podemos y Ciudadanos principalmente) se nutren fundamentalmente de votos en los lugares en los que se produce crecimiento demográfico: Madrid y la costa mediterránea (ver imagen 3). El periodista Enric Juliana lo comentó en su artículo “El mapa del 20D muestra que la España del cambio está en el litoral” publicado el 22 de diciembre de 2015 sobre los resultados electorales de las generales celebradas dos días antes: “En pocas palabras, la adhesión a los dos partidos clásicos tiende a hundirse en la España con mayor dinamismo económico, en las grandes ciudades, evaporándose en el País Vasco y en la inflamada Catalunya. El bipartidismo, por el contrario, aguanta bien en la España interior, sobre todo en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, la vieja Castilla, y en las dos provincias más envejecidas de Galicia (Lugo y Ourense)”. (...) “Hay una España que desea cambios, quizá de manera dispersa y contradictoria. Y hay otra España que prefiere quedarse como está, o cambios muy seguros, timbrados por las fuerzas políticas tradicionales. No es difícil adivinar que en la España metropolitana se concentran las nuevas generaciones fuertemente decepcionadas por el derrumbe de las expectativas sociolaborales provocado por la crisis económica. En la segunda hay más población mayor”.

La población mayor ya ejerce hoy una clara importancia en los resultados electorales. El PP, vencedor en las últimas tres citas electorales españolas a nivel nacional, es el líder indiscutible entre el electorado mayor de 65 años. En cambio, Podemos lo es en la franja hasta los 45 años. Es decir, existe entre los dos partidos una clara brecha generacional que apunta a ser también territorial en la siguiente generación. Según el estudio del INE que advierte sobre la despoblación del noroeste, también se prevé la intensidad del envejecimiento de la población. De mantenerse la situación actual, la pérdida se concentrará en el tramo de edad entre 30 y 49 años, que se reduciría en 4,2 millones en los 15 próximos años (un 28,5 %) y en 6 millones hasta 2066 (40,1 %). En 15 años años habrá más mayores de 65 años a costa de personas entre los 30 y los 50 años, justamente la franja que hoy vota mayoritariamente a Podemos. ¿Lo seguirá haciendo en el futuro? Si es así, Podemos tendrá la hegemonía política.

A priori las proyecciones demográficas y medioambientales en España pintan un futuro complicado para el PP y el PSOE y un escenario muy favorable para Podemos: los lugares donde hoy son electoralmente fuertes coinciden con los lugares que concentrarán la vida política, económica y social de España (prácticamente la vida en un país casi desertizado), y la generación que hoy les vota tendrá la hegemonía demográfica indiscutible.


Sin embargo, vivimos en tiempos de cambios constantes y las predicciones se basan en las variables de hoy. ¿Qué pasará mañana? 

miércoles, 8 de junio de 2016

Los vídeos electorales de la precampaña, ¡todos a por Podemos!

Los vídeos de PP, PSOE y Ciudadanos de la precampaña electoral del 26J tienen todos un mensaje común: la culpa de la repetición de las elecciones y de la inestabilidad política en España es de Podemos. Estos tres partidos pugnan por un perfil de votante que busca una característica con la que tratan de identificarse: la estabilidad y la moderación, incluso la moderación en el cambio político, frente al mensaje del cambio radical. Podemos reacciona aceptando un relato que polariza la contienda política entre ellos y el resto. Una polarización que le beneficia:  



Partido Popular: No a las líneas rojas y estabilidad



No a las líneas rojas, no a los cambios radicales y no a los experimentos. Aunque el eslogan es positivo (A Favor), el mensaje contiene una importante carga defensiva frente a las "líneas rojas" en clara alusión a la expresión utilizada por Pablo Iglesias durante las negociaciones fracasadas tras las elecciones del pasado mes de diciembre. El PP se presenta como el partido positivo frente a unas líneas rojas (Podemos) que sólo ponen trabas.



PSOE: La culpa es de Podemos




Un vídeo largo, de algo más de cuatro minutos para explicar que el próximo 26 de junio volverán a celebrarse elecciones por culpa de Podemos. Se pone en valor el acuerdo alcanzado con Ciudadanos tras las elecciones de diciembre y se asume el liderazgo y el protagonismo para desbancar al PP del Gobierno. Igual que en el vídeo anterior, el eslogan es positivo ("Un Sí por el cambio"), funciona como reacción a una supuesta actitud negativa por parte de Podemos para conseguir el cambio.




Ciudadanos: "El de la coleta es un vago"



El vídeo preelectoral de Ciudadanos tiene un mensaje que se refleja indirectamente pero que es clarísimo: Si hay elecciones otra vez el próximo 26 de junio es por culpa de la intransigencia de Podemos. Un hombre caracterizado con coleta y perilla, con una clara alusión a Pablo Iglesias, aparece como un personaje egoísta, inmaduro e incluso ridículo que es retratado como un vago oportunista que busca vivir del cuento mientras los sufridos ciudadanos le observan con desdén y desconfianza. El mensaje es claro: El cambio y la nueva política son necesarios, pero no se debe apostar por Podemos.



Podemos: Desafiante




El vídeo preelectoral de Podemos es una clara respuesta a los tres anteriores. Es muy corto, 39 segundos, y su contenido no es programático ni tampoco aparece Pablo Iglesias ni ningún otro dirigente conocido. El protagonismo es un boxeador vestido con la máscara de Darth Vader en actitud desafiante, como aceptando el envite. El vídeo no es defensivo ni contiene un discurso explicativo sobre la repetición de las elecciones. Es más, es el único vídeo en el que la repetición electoral es valorada de forma positiva, como una nueva oportunidad.

viernes, 22 de enero de 2016

¿Es el fin de las aspiraciones de Pedro Sánchez?

La política española ha vivido el pasado viernes 22 de enero un giro que podría ser definitivo. En pocas horas, dos anuncios espectaculares han hecho trizas la estrategia del PSOE para tratar de convertir a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno y han transformado la gran ventaja estratégica de los socialistas de su posición central entre las fuerzas políticas en un problema.

La semana previa los acontecimientos señalaban a una ligera ventaja de los socialistas en la dura lucha por la investidura. El sorprendente acuerdo con Ciudadanos que hizo posible la presidencia de Patxi López en el Congreso de los Diputados era el aviso de que podía conseguirse algo mucho más importante si este acuerdo se repetía de cara a la investidura. Con el SÍ de Ciudadanos el PSOE superaría los escaños del PP y pondría a Podemos y a sus confluencias en la situación incómoda de tener que elegir entre apoyar un gobierno alternativo a Rajoy (ya sea votando a favor o absteniéndose) o votar en contra.

El resultado hubiera sido brillante para Pedro Sánchez: una derrota del PP y su parálisis temporal con una crisis interna importante en torno al liderazgo; la escenificación de Podemos como el miembro menor de la izquierda frente a un PSOE gobernante; la demostración ante la Unión Europea y los poderes económicos y empresariales de que es capaz de llegar a acuerdos con Ciudadanos y el centro político moderado; y, sobre todo, la victoria incuestionable sobre sus barones territoriales que se oponen abiertamente a su liderazgo.

Esta estrategia tenía un primer acto, y es que Rajoy debía presentar el primero su candidatura a la investidura y perderla. Aunque fuera con los votos favorables de Ciudadanos, pero esta sesión hubiera escenificado el NO de los socialistas y hubiera legitimado la posterior candidatura de Pedro Sánchez como líder del segundo partido más votado, sobre todo ante el importantísimo Comité Federal del PSOE del 30 de enero, que es el que debe dar luz verde a Sánchez en sus políticas de pactos.

Sin embargo, las cosas han venido de otra manera. Los rivales del PSOE no se han quedado dormidos y han trastocado todos estos planes.

Golpes de efecto

El primer golpe de efecto lo dio Pablo Iglesias tras su entrevista con el Rey, cuando anunció ante la sorpresa general que estaba dispuesto a apoyar la presidencia de Pedro Sánchez a cambio de participar en un gobierno de coalición en el que el propio Iglesias se recomendaba como vicepresidente. La reacción de los barones y de otros muchos influyentes socialistas contrarios a cualquier pacto con Podemos no se hizo esperar y respondieron enojados y ofendidos en contra de la oferta de Iglesias. El ambiente en el PSOE a ocho días del Comité Federal volvía a calentarse.

Pero a esta primera bomba informativa le siguió pocas horas después una segunda explosión espectacular. Mariano Rajoy anunció también tras su entrevista con el Rey que no iba a presentar su candidatura a la investidura, a pesar de que Felipe VI se lo había propuesto formalmente al tratarse del líder del partido más votado en las elecciones. Poco después el propio Rajoy matizó sus palabras y explicó que seguía aspirando a la Presidencia del Gobierno, pero que no se presentaría a la investidura hasta conseguir la mayoría que le diera la victoria.

La estrategia del PSOE se ha hecho añicos. Ahora todos los focos están sobre Pedro Sánchez y no sobre Rajoy, y las preguntas son: ¿Se presentará ahora el líder socialista el primero a la sesión de investidura? Y ¿aceptará la oferta de Podemos?

‘Vía Crucis’ del PSOE

La que iba a ser una semana cómoda y triunfal del PSOE con la derrota de Rajoy en el Congreso se ha convertido en un más que probable ‘Vía Crucis’ de cara al Comité Federal del 30 de enero. Los barones y muchos miembros de este órgano no apoyarían con toda seguridad el pacto con Podemos, lo que abriría una dura confrontación entre los partidarios de negociar con Pablo Iglesias y los que no lo están. Se antoja casi imposible para Pedro Sánchez conseguir en este ambiente una mayoría absoluta (por no hablar de unanimidad) en el máximo órgano socialista entre congresos que legitime su candidatura a la investidura con el apoyo de Podemos.

Es, sin duda, una gran victoria táctica de Pablo Iglesias. Por un lado, si Sánchez consiguiera un SÍ del Comité Federal a pactar con Podemos, se abriría un proceso de negociación con el partido morado cuyos resultados son hoy por hoy imprevisibles, ya que una coalición de partidos para formar gobierno como ha ofrecido Iglesias haría saltar muchas chispas en el seno del socialismo que no olvida que Podemos tiene como objetivo estratégico hacerse con la hegemonía en la izquierda. Por otro lado, en el caso de que el PSOE dijera NO a un pacto con Podemos, Iglesias no tardaría ni un segundo en afirmar que los socialistas no quieren el cambio y que Podemos es la única alternativa real de izquierdas, con el claro objetivo de atraer a más votantes socialistas a sus filas en una posible repetición de las elecciones.

Con el movimiento de Iglesias se ha invertido la situación: de ser Podemos el que tendría que posicionarse ante un eventual pacto PSOE-Ciudadanos contra el PP, ahora es el PSOE el que tiene que posicionarse, y cualquiera de las decisiones que tome conllevan un desgaste.  

Rajoy, por su parte, espera pacientemente este desgaste del PSOE y, de la misma manera que Sánchez esperaba un suicidio político de Rajoy en el Congreso, ahora es el presidente en funciones el que espera que sea su rival el que se inmole en la Cámara. El PP sigue jugando la baza del pacto con Ciudadanos y el apoyo (o abstención) del PSOE, por lo que un fracaso y/o eventual dimisión o derrota de Pedro Sánchez sería fundamental, ya que un nuevo liderazgo socialista podría permitir un nuevo gobierno de Rajoy. Los socialistas tendrían que elegir entre la peste o el cólera: mantener el NO a Rajoy y provocar unas nuevas elecciones en las que, con bastante seguridad, pagarían ante sus votantes su negativa a aprovechar la oferta de Podemos para echar al PP del Gobierno, o apoyar a Rajoy.


En resumen: en un solo día los que parecía que iban perdiendo han provocado un giro en los acontecimientos que puede poner fin a las aspiraciones de Pedro Sánchez de convertirse en presidente del Gobierno. ¿Podrá contraatacar con otro golpe de efecto?

viernes, 18 de diciembre de 2015

Los vídeos electorales de la campaña 2015: Gana la emoción

Las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 son las primeras en la reciente historia democrática de España en las que más de dos partidos tienen capacidad de influir decisivamente en la formación del Gobierno de la Nación y en la labor legislativa del próximo Congreso de los Diputados. Hasta el último momento las encuestas han señalado un escenario muy reñido, lo que ha forzado a los partidos a poner en marcha la maquinaria de comunicación con los contenidos más emocionales de las últimas campañas.


Partido Popular: No hagas experimentos

El vídeo electoral del PP apela a un mensaje sencillo: "La cosa marcha, cuesta, pero marcha. No lo pongas en peligro votando cosas raras". Como buen vídeo del partido en el Gobierno que espera ser reelegido, pone en valor los éxitos alcanzados durante la legislatura y promete aumentarlos. Apela al esfuerzo, la constancia y la seriedad. Valores emocionales que vinculan con la marca PP y en los que no aparece en ningún momento el rostro del candidato.






PSOE: Resistir es vencer

Este vídeo electoral tiene un muy alto ingrediente emocional. Busca la movilización del voto tradicionalmente socialista a través del relato "resistir es vencer". Frente a encuestas que vaticinan un desastre electoral, este vídeo presenta un escenario de futuro en el que el PSOE logra vencer a pesar de todo y cumplir sus promesas electorales llenando de orgullo a sus votantes. Su objetivo: poner la piel de gallina y retener a los votantes socialistas. 






Podemos: Los dos Pablos Iglesias piden el voto a los socialistas 

El vídeo de Podemos tiene un doble objetivo: presentar a esta formación como libre de toda mácula frente a los partidos tradicionales y, sobre todo, como la alternativa al PSOE. Está dirigido directamente a los votantes socialistas decepcionados con la intención de atraer su voto apelando a los principios fundadores del socialismo y para ello utiliza el nombre de Pablo Iglesias, aprovechando la confusión entre los nombres del líder de Podemos y del fundador del PSOE. 





Ciudadanos: Albert Rivera y la ilusión

El vídeo de Ciudadanos es un reflejo de los dos ejes de su campaña: la figura de Albert Rivera y el elemento emocional de la ilusión. No se presentan propuestas concretas, sino mensajes generalistas basados en la esperanza y la emoción articulados en torno a la figura del candidato. Dirigido a los votantes que buscan algo nuevo pero sin compromisos.





Unidad Popular/Izquierda Unida: la verdadera izquierda

Este vídeo electoral quiere presentar a UP/IU como la defensora de las esencias de la izquierda, sin concesiones ideológicas. Reconoce que parte con menor apoyo en las encuestas y trata de convertir esta circunstancia en un valor con el relato: creéis que somos pocos los que defendemos la verdadera esencia de la izquierda, pero en las elecciones demostraremos que no es así. Un claro mensaje a Podemos.  





UPyD: el partido contra la corrupción


Es el vídeo más clásico de todos. La lucha contra la corrupción se ha convertido en el principal mensaje de este spot y en el elemento diferenciador de UPyD con respecto al resto de partidos, apelando al papel de la formación magenta en las denuncias en el caso Bankia. Un intento de retener votantes en su fuga a Ciudadanos.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Podemos y Ciudadanos, ¿cambio político o muletas de PP y PSOE?

Las próximas elecciones generales del 20 de diciembre certificarán el fin del bipartidismo imperfecto que ha estado dominando el sistema de partidos español en las últimas décadas. Con la llegada de Podemos y de Ciudadanos se pone fin a las posibilidades reales de conseguir una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y también se quiebra el llamado balancín electoral, aquel fenómeno por el que las debilidades y crisis de uno de los partidos dominantes automáticamente beneficiaba en votos a su rival. Sin embargo, ¿la aparición de Podemos y de Ciudadanos cambiará el color del nuevo gobierno? ¿O simplemente serán muletas que apoyen a los dos grandes?


En las elecciones autonómicas de 2011 el PSOE perdió aproximadamente 1,5 millones de votos con respecto a 2007. Fue un resultado desastroso para el partido que perdió mucho poder institucional y dejó de gobernar en comunidades donde lo había estado haciendo desde el principio del Estado de las autonomías, como en Extremadura y en Castilla la Mancha. En las elecciones autonómicas de 2015 el resultado cuantitativo fue aún peor, con casi 700.000 votos menos que en 2011. Sin embargo, el PSOE ha logrado no solamente recuperar el gobierno de Extremadura y de Castilla la Mancha, sino que también ha vuelto a gobernar en la Comunidad Valenciana, Aragón, Baleares, y a apoyar gobiernos en Cantabria y en Canarias. Es decir, con más de dos millones menos de votos los socialistas han recuperado su poder autonómico de 2007. ¿Cómo es posible?

A diferencia de 2007, los socialistas no han conseguido una mayoría absoluta o contundente en ninguna de estas autonomías, pero sí controlan los gobiernos. Lo hacen gracias a acuerdos con otras fuerzas políticas que, por su parte, han recibido un enorme apoyo en su primera aparición electoral a nivel nacional. Podemos y Ciudadanos sumaron más de tres millones de votos en las elecciones autonómicas (1,7 Podemos y 1,4 Ciudadanos), bastante menos que los seis millones del PP y los 5,6 millones del PSOE, pero han sido clave para permitir que estos partidos sigan gobernando.

Las tres crisis de España

La crisis que sufre España desde hace años está provocando un terremoto político sin precedentes en la actual etapa constitucional del país. El periodista Enric Juliana habla de una “triple crisis”: una profunda crisis económica, una profunda crisis territorial (Cataluña) y una profunda crisis de legitimidad y credibilidad institucional. Estas crisis estarían transformando la realidad política e institucional española y habrían facilitado la aparición y, sobre todo, el éxito de los llamados partidos emergentes.

Según el politólogo noruego Stein Rokkan (1921-1979), los partidos políticos van surgiendo según los conflictos que aparecen en la sociedad. Los partidos serían la expresión de ese conflicto y de su encauce institucional. Por ejemplo: los partidos socialistas surgieron como consecuencia de la lucha del movimiento obrero, mientras que los democratacristianos lo hicieron durante la lucha Iglesia-Estado. Los verdes son consecuencia del aumento de la concienciación medioambiental y los partidos nacionalistas lo son del conflicto centro-periferia, etc. Según esta teoría, Podemos y Ciudadanos serían la consecuencia política de la profunda crisis de legitimidad y credibilidad política e institucional que señala Juliana, y por lo tanto habrían llegado para quedarse, de la misma forma que lo hicieron los socialistas hace un siglo o los verdes en Europa hace 30 años.

Por lo tanto se podrá aventurar que el bipartidismo imperfecto que había en España desde la Transición (es decir, dos partidos dominantes acompañados de otros más pequeños) se ha terminado. Con él también se habría esfumado el fenómeno conocido como ‘balancín electoral’, que quiere decir que cuando PP o PSOE sufrían un desgaste o una crisis, automáticamente la pérdida de votos en uno se traducía en un aumento de votos en el otro.

Ahora los votantes descontentos con los dos grandes partidos tienen otras marcas a las que votar. La empresa demoscópica Sigma Dos calcula que en las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, un 30% de los electores del PP de 2012 se pasó a Ciudadanos. Por su parte, Metroscopia calculó que el 30% de los votos de Podemos en las elecciones europeas de 2014 eran antiguos votantes socialistas. En ambos casos es muy difícil que los votantes vuelvan a sus antiguos partidos, ya que en muchos casos sus apoyos a PP y a PSOE se debían, sencillamente, a que no había nada más y se limitaban a votar al que más se acercaba a sus preferencias, ahora cubiertas por la nueva oferta electoral.

Sin posibilidades de gobernar

Sin embargo, la fuga de votantes socialistas y del PP a Podemos y a Ciudadanos no significa que los partidos emergentes hayan crecido tanto que tengan posibilidades reales de disputar a los dos grandes el protagonismo. Ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera se presentarán previsiblemente a la investidura para ser Presidente del Gobierno, al menos con posibilidades de ganar. Esta posibilidad sigue reservada a Mariano Rajoy o a Pedro Sánchez, que lideran los partidos con el mayor número de votos y a los que las encuestas siguen otorgando el mayor apoyo, tanto en votos como en escaños: La ley electoral prima a los dos primeros partidos de cada circunscripción, por lo que la composición del Congreso de los Diputados será previsiblemente con una mayoría socialista y del PP.

La aportación de Podemos y de Ciudadanos al nuevo sistema de partidos español no es por lo tanto una nueva sigla al frente de los gobiernos, sino la obligación de pactar y negociar para llegar a ellos. Solamente el partido con mayor capacidad de negociación y flexibilidad podrá formar gobierno, y en esta búsqueda de parejas de baile, el PSOE y Ciudadanos tienen mayores posibilidades al no encontrarse escorados en el espectro ideológico.

PP y Podemos están cada uno escorados, el primero a la derecha y el segundo a la izquierda. En cambio, PSOE y Ciudadanos se encuentran más centrados y por lo tanto tienen más posibilidades de encontrar socio que los otros dos. Por ejemplo, el PSOE puede negociar con Ciudadanos y/o con Podemos, mientras que el PP solamente lo puede hacer con Ciudadanos. Es decir, Pedro Sánchez podrá sumar a sus diputados los de Podemos y/o los de Ciudadanos para ser presidente del Gobierno, mientras que Rajoy solamente tendrá posibilidades de repetir en La Moncloa si sus diputados sumados a los de Albert Rivera son mayoría, y si el propio Rivera tiene voluntad de llegar a un acuerdo con el PP y no con el PSOE.

En resumen, Podemos y Ciudadanos son la expresión política de la crisis institucional en España y han llegado para quedarse, pero sin fuerza electoral suficiente como para imponer un cambio radical en la composición de los gobiernos autonómicos (aunque sí municipales) y nacional. El cambio político que han provocado estos partidos emergentes es cualitativo al obligar a los dos partidos grandes a negociar para mantenerse o llegar al poder.


Al PP y al PSOE ahora les cuesta más seguir gobernando, pero ni Podemos ni Ciudadanos tienen capacidad para impedirlo. Hoy por hoy son las muletas de los dos grandes, a no ser que tras el 20 de diciembre rompan con otra tradición política española y exijan formar parte del nuevo gobierno y compartir asientos en el Consejo de Ministros. 

Artículo disponible en Ssociólogos.com 

domingo, 16 de noviembre de 2014

La crisis en España, ¿el fin de una era política?

El 9 de noviembre de 2014 1,8 millones de catalanes votaron a favor de la independencia. Al mismo tiempo, las encuestas del CIS, Metroscopia y de la Fundación Sistema sitúan a Podemos entre las tres principales fuerzas políticas junto a PSOE y PP. España está viviendo un terremoto político. ¿Por qué? Muchas voces aseguran que se debe a que las instituciones y los partidos están sufriendo un enorme desgaste por culpa de las crisis que se traduce en desafección y desconfianza entre cada vez más ciudadanos. Según el politólogo y sociólogo Ignacio Sotelo esta desafección es fruto de una transformación socioeconómica a nivel global, cuyas consecuencias podrían estar poniendo fin al ciclo político en España nacido en la transición.

La primera mitad del mes de noviembre de 2014 ha sido testigo de una serie de hechos que podrían interpretarse como un terremoto político en España, en el sentido de que se han movido los cimientos sobre los que se ha sostenido el sistema político español desde la transición. En el transcurso de una sola semana, dos elementos fundamentales de la política española que parecían inamovibles hace tan sólo una década, han demostrado no ser tan inmutables y han abierto un periodo de incertidumbre sobre el futuro político del país.

Por un lado, el pasado 9 de noviembre más de dos millones de personas, más de un tercio del censo electoral catalán, se tomaron la molestia de participar en una consulta sobre la futura relación de Cataluña con España a pesar de que era evidente que los resultados no serían vinculantes legalmente. Alrededor de 1,8 millones de personas, el 81% de los participantes, votaron a favor de la independencia. Este resultado refleja que la opción que aboga abiertamente por la ruptura con España, aunque no cuenta con un apoyo superior al 50% entre la población catalana, sí ha conseguido convertirse en una fuerza muy importante. Es un fenómeno que ha explotado en la última década, ya que en junio de 2005 solamente el 13,6% de los catalanes se mostraban favorables a un estado independiente frente al 49,4% de 2014 (según los sondeos del "Centre d'Estudis d'Opinió" de la Generalitat de Cataluña).

Al auge del independentismo se suma la quiebra del llamado bipartidismo. El pasado 5 de noviembre el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó un barómetro que incluía la intención de voto en España para las próximas elecciones generales. Según sus conclusiones, el partido más votado sería el PP con el 27,5%, seguido por PSOE (23,9%) y Podemos (22,5%). Independientemente de la ‘cocina’ añadida a los resultados de la encuesta y de los apoyos concretos que otorga a cada partido, la tendencia electoral que muestra es clara: llega una tercera fuerza que iguala a PP y PSOE en proyección electoral.

Esta tendencia se ha visto confirmada por otras encuestas como la de Metroscopia publicada el pasado 2 de noviembre, que da a Podemos el 27,7% de intención de voto, por encima de PSOE (26,2%) y PP (20,7%), y la encuesta de la Fundación Sistema, que sitúa al PSOE como el partido con mayor intención de voto (31%), seguido de Podemos (21%) y PP (20%).


Crece el hastío

Antes de la aparición del auge del independentismo catalán y de Podemos hace tiempo que se había estado percibiendo otro fenómeno fundamental para comprender lo que está pasando. La encuesta de Metroscopia revela un enorme hastío por parte del electorado y señala este sentimiento como la principal causa del apoyo a Podemos. Así, en respuesta a la pregunta por las causas del apoyo a esta formación política, el 67% de sus simpatizantes encuestados respondieron que se debe “sobre todo al desencanto y decepción con los demás partidos” en un contexto en el que el 91% de considera que la situación política española es “mala o muy mala”.


Por su parte el barómetro del CIS confirma este hastío popular: el 80,5% de los encuestados valora la situación política de España como mala o muy mala, y el 92,6% considera que esta situación política es igual o peor que hace un año. Los encuestados no son muy optimistas, ya que el 75,4% cree que la situación política será igual o peor dentro de un año. En ese contexto de enfado y pesimismo se explica que entre los principales problemas señalados por el CIS destaquen en segundo lugar “la corrupción y el fraude” (por debajo del paro) y “los/las políticos/as en general, la política y los partidos” en cuarto lugar.

A la mala estimación de la situación política le acompaña una pésima valoración de las instituciones. En el barómetro del CIS del pasado mes de abril de 2014 se preguntaba directamente por la valoración de las diferentes instituciones del Estado, y en una escala entre 0 (ninguna confianza) y 10 (mucha confianza), los resultados eran bastante elocuentes: los partidos políticos (1,89), el Gobierno (2,45), los sindicatos (2,51), el Parlamento (2,63), las organizaciones empresariales (2,94) y los parlamentos autonómicos (2,99) no superaban los tres puntos de confianza.

Para comparar, en el barómetro del CIS de octubre de 2006, antes de que comenzara la crisis económica, la desconfianza en los partidos políticos era menor (3,41), así como en los sindicatos (4,22) y en las organizaciones empresariales (4,31). También era mayor la confianza en el Gobierno (4,60), el Parlamento (4,52) y en los parlamentos autonómicos (4,90). En general, en octubre de 2006 un 50,1% de los españoles decía sentirse satisfecho o muy satisfecho con el funcionamiento de la democracia en España frente a un 45,1% que decía sentirse poco o nada satisfecho.    

Es decir, las instituciones que tradicionalmente han dirigido la vida política, económica y social española desde la transición sufren un desgaste y una creciente falta de apoyo entre la población desde el inicio de la crisis económica. Mientras tanto, está emergiendo una fuerza política de reciente creación que en pocos meses se está abriendo un hueco entre una ciudadanía que desconfía de las instituciones, y el independentismo se está fortaleciendo en Cataluña de manera espectacular. ¿Por qué?


La sociedad está cambiando

El sociólogo y politólogo Ignacio Sotelo hace un análisis sobre esta transformación en su ensayo  “España a la salida de la crisis” (editorial Icaria Amtrazyt), y sitúa el punto de partida en la crisis económica: “En tres décadas el neoliberalismo triunfante desemboca en una crisis de grandes dimensiones que ha terminado por consolidar un nuevo tipo de capitalismo, el financiero, con el que el poder pasa de las compañías industriales a los grandes consorcios financieros de inversión. Es el acontecimiento que señala la salida de la crisis, inaugurando una nueva época”.



Este proceso ha sido descrito por el también sociólogo Zygmunt Bauman como “modernidad líquida”, en la que ya nada es estable y fijo. El capital financiero puede literalmente volar de un lugar a otro del planeta globalizado sin sufrir prácticamente ningún obstáculo y utilizando a placer la mano de obra que necesita de forma coyuntural, es decir, temporal. La consecuencia es que “no va a volver el tipo de trabajo de jornada completa para toda la vida en la misma empresa”, afirma Sotelo.

Pero no solamente hay temporalidad, sino que también se ha instalado la precariedad e incluso la exclusión laboral de una parte muy importante de la fuerza de trabajo. En España el paro se ha estabilizado en torno al 25%, afectando sobre todo a la mano de obra no cualificada que tendrá muy difícil volver a encontrar un empleo a largo plazo. Esto supone un problema estratégico, ya que “el tema central de esta nueva etapa del capitalismo es cómo sostener una población no empleable, que ni siquiera se necesita como ‘ejército de reserva’”.  No se trata de un asunto baladí, ya que “cambios de tanto peso en el mercado de trabajo traen consigo una transformación radical del orden socioeconómico”, escribe Sotelo.

Es decir, la hegemonía del capitalismo financiero sobre los otros tipos de capitalismo desarrollados hasta el momento (comercial e industrial), está cambiando el mundo: “Las consecuencias sociales y económicas no pueden ya ser ignoradas: disminución, cuando no, desaparición de los puestos de trabajo que no exijan una alta cualificación, descenso de los salarios. Desmontaje progresivo del Estado social, proletarización de las clases medias, rápido aumento de la desigualdad social, concentrada la riqueza en cada vez menos manos”, escribe Sotelo.

Eso ya está sucediendo. Un informe reciente de la ONG Oxfam afirma que la riqueza de los tres españoles más acaudalados duplica a la del 20% de la población más pobre y que las veinte personas más ricas en España poseen una fortuna similar a los ingresos del 30% más pobre de la población (casi 14 millones de personas).

¿El cambio en la sociedad está afectando a la legitimidad política?

El politólogo, jurista y político italiano Gaetano Mosca, escribió hace más de un siglo sobre la manera que tiene la clase política de perder su legitimidad ante los gobernados. Mosca explicó que “la base jurídica y moral sobre la que se apoya el poder de la clase política en todas las sociedades, es la que llamamos fórmula política”. Se trata de una serie de valores, discursos y comportamientos por parte de la clase política que dan respuesta a la “necesidad, tan universalmente experimentada, de gobernar y sentirse gobernado, no en base a la fuerza material e intelectual, sino a un principio moral”. Es decir, “la fórmula política debe fundarse sobre las creencias y sentimientos más fuertes, específicos del grupo social en el cual está en vigencia”.

Por lo tanto, y aplicando este concepto de Mosca, si la fórmula política se transforma o lo hace la sociedad sobre la que descansa (dando paso a un grado de desigualdad social cada vez más amplio, por ejemplo), la clase política pierde la legitimidad de gobernar que había tenido antes. ¿Es esto lo que está pasando en España?     
Ignacio Sotelo
La creciente desigualdad social, unida al creciente empobrecimiento de las capas sociales medias y trabajadoras (otro ejemplo: Cáritas ha informado que en 2013 atendió a 2,5 millones de personas en riesgo de exclusión social, 600.000 más que en 2012), provocaría incertidumbre y temor, y también supondría un duro golpe para la legitimidad del sistema político, según Ignacio Sotelo. Y, en consecuencia, “el distanciamiento crítico del capitalismo alcanza al régimen político que lo sustenta, la democracia representativa, poniendo en tela de juicio el orden político establecido”. La señal más evidente de que esto está ocurriendo en España sería “el distanciamiento creciente de los ciudadanos, no de la política, sino de los políticos”, escribe Sotelo.

Llegado a este punto, Sotelo se pregunta si se “¿acaba el ciclo de la transición?”. Identifica hasta cinco ciclos políticos diferentes en España desde la guerra contra Napoleón en 1808: el régimen absolutista de Fernando VII, el periodo liberal de Isabel II, la restauración borbónica entre 1875 y 1923 (hasta ahora el ciclo más duradero), el régimen de Franco y finalmente el periodo que comenzó con la Constitución de 1978. ¿Es cierto que está llegando a su fin?   

El hastío que una parte importante de los ciudadanos siente hacia el sistema político español y que se expresa en un auge espectacular de Podemos y del independentismo catalán, cuyos discursos se basan precisamente en la ruptura de ese sistema, podrían interpretarse en clave de fin de ciclo. Sin embargo, no hay que olvidar que los apoyos a Podemos y al independentismo en Cataluña no son mayoritarios en el sentido de superar el 50%. Las encuestas dan a Podemos, como mucho, una intención de voto del 25% del electorado mientras que el 75% restante apoyaría a otras fuerzas políticas que no plantean discursos rupturistas. Lo mismo ocurre en Cataluña, donde el independentismo se ha convertido en una fuerza muy importante a tener en cuenta, pero no es la opción de la mayoría de la población, al menos de una mayoría clara.

Teniendo en cuenta esta situación se podría concluir que la sociedad española, al igual que el resto del mundo, está sufriendo una transformación en el modelo socioeconómico que tiene consecuencias en la política. Una parte muy importante de la sociedad considera agotada la legitimidad de las instituciones políticas del Estado y de sus representantes y apoya opciones que pretenden romper ese marco. Sin embargo, hay muchas más que continúan apoyando las opciones políticas tradicionales, a pesar de que también les afecta la transformación socioeconómica. 

Lo cierto es que en España no existe, hoy por hoy, una mayoría clara que ponga en práctica una ruptura del sistema político. Pero tampoco existe una mayoría que haga innecesarios los cambios en ese sistema. ¿Qué puede pasar?

Sotelo es pesimista. Según él, “lo probable es que en los próximos años, pese a los muchos discursos retóricos sobre la necesidad de cambios profundos, presenciemos el desmoronamiento del orden institucional, que desemboque en un nuevo periodo de inestabilidad, en el que todo puede pasar, como ha ocurrido otras veces en nuestra historia”.   


 Artículo disponible en Ssociólogos.com


domingo, 19 de octubre de 2014

La izquierda fragmentada, ¿podrá derrotar al PP?

El ciclo político en España está cambiando. Tras el giro espectacular a la derecha del año 2011 que proporcionó al PP mayorías absolutas en casi todas las comunidades autónomas, las principales ciudades del país y finalmente en el Congreso de los Diputados, la tendencia política vuelve a girar hacia la izquierda. Las encuestas revelan una caída importante en la intención de voto al PP y un auge de las opciones de izquierda. Sin embargo, estas se presentan fragmentadas y divididas sin un claro liderazgo por parte de ninguna de ellas. Para arrebatar el poder al PP, los socialistas, IU y Podemos tendrán que pactar y superar muchas diferencias ahora mismo aparentemente irreconciliables. ¿Podrá ponerse de acuerdo para derrotar al PP?

En las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2011 el Partido Popular ganó la mayoría de los gobiernos autonómicos y las alcaldías de las ciudades más importantes del país. Seis meses después, en noviembre de 2011, el PP vivió un momento dulce en las elecciones generales en las que cosechó 10,8 millones de votos, el 44,6% del total. Esto le proporcionó una mayoría absoluta histórica en el Congreso de los Diputados de 186 escaños. En 2015 y 2016 se volverá a celebrar un intenso periodo electoral en España, pero es bastante probable que el PP no vaya a repetir esos resultados.

Las encuestas publicadas más recientemente hablan de un cambio de tendencia en España, de un giro hacia la izquierda de la mayoría del electorado. Sin embargo, esto no significa que esos votos vayan directamente al principal rival del PP, el Partido Socialista. A diferencia de anteriores cambios de ciclo político, en los que la pérdida de votos de uno de los partidos grandes beneficiaba automáticamente a su rival (fenómeno conocido como ‘balancín electoral’), esta vez el voto de la izquierda se está fragmentando en tres opciones diferentes: PSOE, Izquierda Unida, y la recién llegada Podemos. Según las encuestas, entre las tres superan en votos al PP en la mayoría de las plazas, como puede observarse en las siguientes encuestas publicadas después del verano:

  •    Andalucía: La Cadena Ser publicó el pasado 4 de septiembre un barómetro sobre el clima político en Andalucía, cuyas elecciones autonómicas están previstas para 2016. Según esta encuesta, el PSOE ganaría las elecciones con un 31,2% de los votos y el PP se quedaría en segunda posición con el 28,3%. Estos resultados supondrían un notable descenso de apoyos para ambos partidos con respecto a las últimas elecciones en 2012, ya que los socialistas perderían 8,3 puntos y los populares 12,4. Por su parte, IU, el actual socio de gobierno del PSOE andaluz, tendría el 8,8% de los votos. Es decir, la actual coalición de gobierno solamente conseguiría el 40% de los votos, por lo que necesitaría el apoyo de Podemos para asegurarse la mayoría absoluta. Podemos se estrenaría en el Parlamento andaluz como tercera fuerza política y el 18,1% de los votos.

  •  Ayuntamiento de Madrid: El diario ABC publicó el pasado 15 de septiembre una encuesta tras la renuncia de Ana Botella a presentarse a la Alcaldía de la capital. Según este estudio, el PP ganaría pero perdería la mayoría absoluta con el 42,1% de los votos, frente a Podemos (15,1%), PSOE (14,4%), UPyD (10,4%), IU (7,7%) y Ciudadanos (5,3%). Aunque el PP podría intentar un pacto con UPyD y/o Ciudadanos (ambas formaciones incluso podrían presentarse juntas) para conseguir así una mayoría de gobierno, toda la izquierda no tendría más remedio que llegar a un acuerdo para arrebatar la Alcaldía al PP. 

  • Comunidad Valenciana: El diario El País publicó el pasado 9 de octubre una encuesta de Metroscopia sobre el futuro político de la Comunidad Valenciana en la que se refleja perfectamente la actual tendencia: el PP sería el partido más votado, con cerca de un 30% de los votos, pero perdería 23 escaños de los logrados en las últimas elecciones y se colocaría con 32 escaños a 18 de la mayoría absoluta. Esta podría ser posible con un pacto entre las diferentes opciones de la izquierda valenciana: PSPV (29 escaños), Podemos (17 escaños), Compromís (14 diputados) y Esquerra Unida (7 diputados).

  • Congreso de los Diputados (1): El pasado 31 de agosto, el diario El Mundo publicó una encuesta de Sigma Dos que atribuye al PP la mayoría de los votos en el Congreso de los Diputados (30,1%), pero lejos de la mayoría absoluta. La conjunción de PSOE (22,3%), Podemos (21,2%) e IU (4,1%) podría garantizar una mayoría de izquierdas en la Cámara baja.   


  • Congreso de los Diputados (2): Finalmente, el diario El País publicó el pasado 5 de octubre un barómetro de Metroscopia en el que reflejaba la intención directa de voto más simpatía sobre el total del censo de electores (y no sobre el total de los que finalmente votan). Esta encuesta llega a la conclusión de que el PSOE (20,7%) supera al PP (15,9%), pero necesitaría el apoyo, o al menos la aquiescencia de Podemos (14,3%) y de IU (6,2%) para gobernar España.  



Las elecciones municipales son diferentes

En los casos arriba mencionados la tendencia electoral señala una clara pérdida de votos por parte del PP y un aumento de los mismos en la izquierda, pero fragmentada principalmente entre PSOE, Podemos e IU. Ninguno de los tres logra una hegemonía clara en el campo progresista y necesitaría de los otros dos para gobernar. En este escenario, PSOE e IU han demostrado que saben gobernar juntos en caso de necesidad, pero la gran incógnita es Podemos, que no mantiene buenas relaciones con los otros dos partidos.

Este análisis de pactos se refiere a las elecciones autonómicas y a las generales, ya que el análisis de las municipales es más complicado e incluye una serie de variables diferentes a las otras citas electorales. Por un lado está la posible reforma electoral impulsada por el Gobierno de Rajoy, que prevé la elección directa de los alcaldes a doble vuelta entre los dos partidos más votados, rompiendo así el principio de proporcionalidad actual. Esto daría la alcaldía al partido más votado en cada municipio y sin necesidad de alcanzar la mayoría absoluta, lo que beneficiaría claramente al PP debido a la fragmentación en la izquierda.

Por otro lado, Podemos ha anunciado que no se presentará como marca en solitario a las elecciones municipales, aunque no descarta hacerlo dentro de plataformas electorales locales. Esta es la misma estrategia de IU, que está apostando por las plataformas ‘Ganemos’ (que también cuentan con la presencia de otras formaciones más pequeñas como Equo) en las que dejaría abierta la puerta a Podemos. Esta estrategia simplificará sensiblemente el panorama de siglas de la izquierda que se presentarán a las municipales, pero tendrá como consecuencia previsible una lucha por la hegemonía dentro de Ganemos entre Podemos e IU. El ganador de esa lucha tendría que decidir tras las elecciones si acepta pactar gobiernos locales con el PSOE.


IU y Podemos, malas relaciones

Cayo Lara y Alberto Garzón
Teniendo en cuenta el actual grado de fragmentación en la izquierda política española, la gran pregunta que se plantea es si está en condiciones y si las diferentes organizaciones tienen voluntad de llegar a acuerdos para reemplazar al PP en los diferentes gobiernos.

Las relaciones entre PSOE, Podemos e IU no son buenas. Por un lado existe un debate (por no decir enfrentamiento) abierto en el seno de IU sobre la estrategia a seguir con respecto a Podemos. Muchos militantes y cargos están a favor de la integración entre las dos formaciones, pero también existen muchas resistencias, sobre todo en Madrid donde la plataforma ‘Somos IU’ apuesta por la independencia de su organización que ve en peligro ante la avalancha de Podemos, donde tampoco dan carta blanca a una hipotética fusión con IU e incluso a la hora de llegar a pactos puntuales como Ganemos.

En este sentido, el pasado 1 de junio el dirigente de Podemos, el profesor de Ciencias Políticas Juan Carlos Monedero, afirmó en una entrevista al diario Público que "hay un sector de Izquierda Unida que se ha hecho régimen" y que sus responsables van a intentar construir otra vez "una sopa de siglas".  "En la campaña (a las elecciones europeas) hemos hablado de la obligación de construir un frente amplio. Y un frente amplio no es una suma de siglas. Traicionaríamos a la militancia si nos juntáramos las cúpulas de diferentes partidos y pactáramos una lista electoral. Eso sería un fraude a la ciudadanía y no lo vamos a hacer".


Podemos y PSOE, la lucha por la hegemonía

Por otro lado, las relaciones entre Podemos y el PSOE son bastante mejorables. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, afirmó el pasado 21 de septiembre en una entrevista en televisión que "el populismo ha encontrado su expresión institucional en Podemos. (…) No quiero que se aprovechen de la indignación y se propongan cosas irreales”. Días antes, en el Comité Federal del PSOE, el mismo Sánchez aseguró que “hay un partido que se frota las manos ante el auge del populismo" en referencia al PP frente a Podemos.

Pedro Sánchez
La estrategia socialista pasa por recuperar al mayor número de votantes de Podemos (en gran número ex votantes del PSOE), presentando a esta formación como una opción que ofrece "soluciones falsas a problemas reales" (19 de septiembre), y recuperar así la hegemonía en la izquierda. Para no entorpecer esta estrategia, el PSOE no ha descartado ningún escenario futuro de pacto, excepto con el PP, cerrando así la puerta a una posible gran coalición entre los dos grandes partidos y obligando a estudiar a fondo todas las opciones que puede ofrecer un acuerdo con las otras izquierdas políticas.   

Por su parte, Podemos se considera antagonista del Partido Socialista. Son múltiples los mensajes por parte de los dirigentes de Podemos equiparando al PSOE con el PP y posicionando a ambos partidos como élite a derrotar. Es por ello que Podemos descarta públicamente cualquier acercamiento o negociación postelectoral con el PSOE, al menos por el momento. En este sentido, el dirigente de Podemos, Luis Alegre, aseguró el pasado 13 de septiembre ante los medios de comunicación que "es más previsible encontrarnos con un pacto de Estado entre el PP y el PSOE para taparse mutuamente los casos de corrupción y para evitar que terminen con causas jurídicas”, que un pacto con los socialistas.

Pero las opciones siguen abiertas. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, a diferencia del resto de dirigentes de su formación, nunca ha cerrado definitivamente la puerta a los socialistas. El pasado 30 de mayo afirmó a ElPlural.com que “les doy el beneficio de la duda. Nosotros no somos sectarios”. 

Pablo Iglesias
La estrategia de Podemos está dirigida a fortalecer su imagen y a presentarse como el partido hegemónico de la izquierda fragmentada. Su aspiración es terminar con la fragmentación de la izquierda a su favor: provocar la gibarización del PSOE y la absorción de IU, y desde esa posición de fuerza imponer sus condiciones. El pasado 6 de octubre, el diario El Mundo publicó un artículo en el que atribuía a Pablo Iglesias la frase: “Después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista tendrá que elegir entre hacer presidente a Mariano Rajoy (lo que el PSOE ya ha descartado públicamente) o a mí”. Según El Mundo, Iglesias habría afirmado que esto llevaría al PSOE a una situación sin salida, ya que “si apoyan la investidura de Rajoy será su perdición. Y si apoyan la nuestra también será su perdición”, al perder definitivamente la hegemonía de la izquierda a favor de Podemos.
    
Sin embargo, Podemos se encuentra en una encrucijada parecida. Según las encuestas, a pesar de su despegue sensacional en la intención de voto a nivel nacional, autonómico y municipal, no consigue un apoyo mayoritario claro y parece que podría estancarse en las previsiones actuales, prácticamente igual o un poco inferior al PSOE. Ninguna de las dos fuerzas sería superior a la otra y ambas deberían pactar en casi igualdad de condiciones. Y en esas circunstancias Podemos se enfrentaría a un dilema serio.

Según el CIS, gran parte de sus seguidores son antiguos votantes socialistas, unos 400.000 de los 1,2 millones que eligieron a Podemos en las últimas elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Están desencantados con el PSOE pero, sobre todo, son contrarios a que el PP siga gobernando en sus ciudades, comunidades autónomas y por supuesto en La Moncloa. ¿Cómo reaccionarían si Podemos se niega a pactar con el PSOE y el PP siguiera gobernando en su ciudad, comunidad o en España? Por otro lado, el discurso de la ‘casta’ ha calado profundamente en otro amplio sector de votantes de Podemos, sobre todo entre los más activos miembros de los círculos locales. ¿Aceptarían un pacto con el PSOE?

En todo caso, si Podemos no logra un resultado contundente que le coloque en una posición de hegemonía que le permita elegir escenario, es muy posible que sufra un desgaste muy fuerte de parte de su electorado por no poder cumplir con sus expectativas y sentirse engañados.      

Tanto PSOE como Podemos quieren liderar la izquierda y presentarse ante el otro con una posición de fuerza. El PSOE aspira a recuperar la hegemonía clara en la izquierda y vaciar a Podemos de votantes, mientras que Podemos aspira a convertir al PSOE en una fuerza residual. Ambas formaciones son rivales por el mismo espacio y ambas aspiran a liderar el cambio de tendencia político en España. ¿Quién se impondrá? Y ¿podrán ponerse de acuerdo y arrebatar el poder al PP?

Artículo disponible en Ssociologos.com