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viernes, 8 de abril de 2016

¿Preparando las urnas para el 26 de junio?

La reunión ‘a tres’ entre PSOE, Podemos y Ciudadanos ha fracasado tras el primer encuentro. Parece lo previsible después de que Podemos y Ciudadanos hubieran escenificado sus diferencias y subrayado sus desacuerdos en los días previos en vez de apostar por un discurso conciliador que diera alguna oportunidad al acuerdo. Sin embargo, no es de extrañar que escogieran este tono agresivo, ya que a ambas formaciones no les interesa llegar a ningún acuerdo tripartito.

Albert Rivera le dijo a Pablo Iglesias en una intervención en el Congreso de los Diputados el día antes de la reunión a tres: “A ver si es verdad que usted defiende los derechos humanos en todo el mundo, donde tiene gente que le financia su partido”. Iglesias, por su parte, respondió que resultaría “muy difícil” conformar un gobierno del cambio con “intolerantes” que “querían negar la tarjeta sanitaria a personas que sólo estaban huyendo de la pobreza”. Un cruce dialéctico muy duro que hacía presagiar el fracaso del pacto y aparentemente extraño entre dos partidos que comparten el discurso de la primacía de la necesidad del cambio frente al PP y de llegar a acuerdos en la ‘nueva política’. ¿Qué ha pasado? Pues que la opinión pública no ha quedado congelada ni mucho menos desde que votó el pasado mes de diciembre.

Según el sondeo de Metroscopia publicado el 7 de abril, el mismo día de la reunión, si se repitieran las elecciones el próximo 26 de junio el gran vencedor sería Ciudadanos. La formación de Albert Rivera conseguiría el 17,7% de los votos, casi cuatro puntos más que en las elecciones del 20 de diciembre. Sus interlocutores de la reunión ‘a tres’ serían los damnificados: El PSOE perdería dos puntos y pasaría al 20,1% y Podemos se dejaría casi cuatro puntos en el camino pasando al 17%, por debajo de Ciudadanos que sería la tercera fuerza política. El PP, por su parte, se mantendría igual que en diciembre, incluso subiría un 0,3% hasta llegar al 29%.



Esta tendencia electoral al alza de Ciudadanos frente a una bajada de Podemos y el estancamiento de PP y de PSOE es compartida por otras encuestas publicadas en los últimos días. Por ejemplo Celeste Tel publicó el pasado 6 de abril que Ciudadanos podría sumar hasta siete escaños, el PP dos, el PSOE se quedaría igual o perdería uno, mientras que Podemos podría perder hasta ocho diputados. Otra encuesta, de JM&A publicada el mismo día, incluso se aventura a pronosticar una subida de 21 diputados naranjas en caso de repetición electoral.

Ciudadanos en mejor posición
Pero esta tendencia se mueve y cada día que pasa parece que aumentan las expectativas de los de Albert Rivera. La encuesta de Metroscopia ofrece un vistazo más detenido a lo que pasa y explica que, de todas las fuerzas políticas, Ciudadanos es la que se encuentra en mejor situación de cara a la repetición electoral. Según su análisis “el partido naranja combina su capacidad para retener a sus votantes de diciembre (un 79% de ellos repetiría ahora su voto) con la de ser el partido que mayor número de electores parece lograr atraer desde otras opciones políticas”.

Los otros miembros de la reunión ‘a tres’ no comparten un pronóstico tan halagüeño. Según Metroscopia, “Podemos es, hoy por hoy, el partido que cuenta con una menor fidelidad de voto: 64%”, y el PSOE “sufre fugas en todas las direcciones: sobre todo hacia Ciudadanos (10%) pero también hacia el PP (4%), Unidad Popular (3%) y Podemos (3%)”, además de tener el electorado con la menor determinación de volver a las urnas en caso de repetir los comicios.

Es decir, Ciudadanos estaría viviendo un momento dulce en el que cada día que pasa aumentan sus posibilidades de convertirse en un actor político mucho más influyente si se repitieran las elecciones. Tan influyente que, si esta tendencia se mantuviese, incluso podría facilitar al PP un Gobierno siguiendo sus condiciones, un escenario mucho más cómodo que un imprevisible tripartito con PSOE y Podemos. Ciudadanos ni siquiera necesitaría entrar en el Ejecutivo y sufrir así el desgaste de ser la ‘muleta’ del PP. Con un pacto de investidura y la negociación individual de cada ley, también con la oposición, pondría al Parlamento en el centro del debate y con ello al propio Albert Rivera, que cada año podría revisar su apoyo al PP con motivo de la aprobación de los Presupuestos Generales. Es el modelo que Ciudadanos ya está aplicando en la Comunidad de Madrid, donde vota con la oposición en muchas ocasiones, pero mantiene su apoyo al Gobierno conservador en las votaciones cruciales.

Con este escenario, ¿qué necesidad tiene Ciudadanos de fomentar su participación en las reuniones ‘a tres’? Incluso, ¿qué necesidad tiene de mantener su acuerdo programático con el PSOE?

Sigue la lucha por la hegemonía en la izquierda
Los socialistas son los grandes perdedores tras el fracaso de la reunión. Con Ciudadanos y Podemos amarrados con un acuerdo en el que Pedro Sánchez sería presidente, el PSOE podía reclamar la centralidad política y jugar el papel de mediador entre la izquierda y el centro. Ahora tendrá que elegir hacia qué lado lanzar su primer discurso preelectoral, es decir, señalar al culpable de impedir el ‘Gobierno del cambio’, y según la primera reacción parece que el señalado es Podemos, que no deja de ser el principal competidor de los socialistas en las urnas.

Pablo Iglesias, por su parte, no ha renunciado a su objetivo estratégico de superar al PSOE como partido hegemónico de la izquierda. No es solamente una cuestión de número de votos y de escaños. Podemos aspira a superar al PSOE como referente de la izquierda en un sentido amplio: en el discurso, en la movilización, incluso en la simbología. Si el triunfo del PSOE fue el símbolo del fin del franquismo, el triunfo de Podemos sobre el PSOE debe ser el triunfo de los indignados sobre el ‘sistema de 1978’. Y para ello Pablo Iglesias necesita no aparecer como la muleta del PSOE.

Para Podemos resulta fundamental que Ciudadanos se marche de las conversaciones y que el PSOE dependa exclusivamente de ellos para tener alguna oportunidad de gobernar. Solamente así Pablo Iglesias podría presionar de tal forma a los socialistas, que la única manera de que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa sería cediendo y demostrando públicamente que depende de Podemos. La formación morada conseguiría así una influencia definitiva sobre el PSOE y la hegemonía cultural en la izquierda, aún teniendo menos diputados. Juega a su favor que Pedro Sánchez sabe que si finalmente se repiten las elecciones, en las filas socialistas serían muchos los que pondrían en duda su idoneidad para volver a liderar el proyecto el 26 de junio y podría ser el fin definitivo a sus aspiraciones políticas.

La única posibilidad de evitar volver a las urnas está por lo tanto en un hipotético pacto PSOE-Podemos que pueda arrastrar a alguna formación menor. Será una partida de póquer hasta el final. Puede que incluso parecida al fatigoso proceso de formación de Gobierno en Cataluña, donde se evitó la repetición de las elecciones literalmente en el último minuto.


Sánchez e Iglesias saben que, según las encuestas, el tiempo va en su contra si se tuvieran que repetir las elecciones, pero ninguno quiere ceder ante el otro en pleno combate por la hegemonía en la izquierda. Ciudadanos, por su parte, ha perdido el interés y se prepara ya para volver a las urnas y salir de ellas con más fuerza. Solamente busca una excusa para salir de las conversaciones de manera que no se le acuse de no querer alcanzar soluciones. El PP, mientras tanto, espera.  

domingo, 26 de abril de 2015

Al PP se le "mueren" los votantes, Ciudadanos llega al rescate

El Partido Popular tiene un problema. De acuerdo al barómetro de intención del voto del CIS publicado en enero, el partido genovita se hace viejo y su mayor franja de votantes se sitúa en el tramo de 65 años en adelante. En extremo opuesto, también es la formación que reúne una menor cantidad de voto joven en la entre 18 y 34 años. Da igual tomar la respuesta espontánea o la que conjuga el voto con la simpatía declarada por los encuestados. Mientras el PSOE y Podemos son más transversales, los de Mariano Rajoy están abocados o renovarse o perder apoyo según envejezca su electorado. La situación, como es lógico, empeora con el paso de los años: en 2011, el apoyo de los primeros votantes superaba el 30%.

La brecha entre los partidos tradicionales con los electores noveles va más allá de la corbata y la edad de los líderes políticos. La conexión con la cultura de la Transición desaparece entre las nuevas generaciones. Las viejas estructuras se doblegan bajo el peso de la corrupción. Pero el problema real es el lenguaje y las formas. Y ahí es donde entra Ciudadanos.

Pese a compartir la inmensa mayoría de su ideario político con el PP, Albert Rivera es savia nueva. Treintañero, preparado, seguro de sí mismo, solvente y capaz, el catalán mantiene la compostura cuando Rajoy tartamudea y siente temblar su párpado izquierdo –señal, dicen las malas lenguas de que miente-. Uno puede hablar de renovación sin perder credibilidad. El otro, no.

Rivera es un producto de marketing bien estudiado capaz de ser el buen colega, el novio agradable, el yerno perfecto y el nieto amoroso. La transversalidad social convertida en opción política. De poco sirve que el PP haya contraatacado con ‘cachorros’ jóvenes como Borja Semper o Pablo Casado, cada vez más presentes en los medios de comunicación. El carné azul pesa demasiado.

Querido enemigo

Ciudadanos es hoy, a la vez, el mejor amigo y el peor enemigo del PP. Y, sin embargo, es una doble tabla de salvación: la del votante conservado que ha dejado de verse representado por el puro de Mariano Rajoy o el descaro aristocrático de Esperanza Aguirre y, lo que es más importante, la de los gobiernos autonómicos y municipales del partido.

Los resultados de las elecciones andaluzas apuntan a que Génova tendrá un serio problema en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 24 de mayo. El PP perdió en marzo uno de cada tres votos conseguidos en 2012: 1.064.168 andaluces votaron a Juan Manuel Moreno Bonilla frente a 1.570.833 que respaldaron a Javier Arenas hace tres años. Medio millón de votos menos. La mitad de ellos, unos 223.000, han ido a parar a Ciudadanos, según Metroscopia.
Fuente: Metroscopia


El partido que hasta hace poco limitaba su proyección electoral a Cataluña, ha conseguido entrar en el Parlamento andaluz con nueve escaños y 369.000 votos. ¿Es el descalabro del PP en Andalucía el que ha hecho posible la aparición de Ciudadanos en la comunidad autónoma más grande y poblada de España o ha sido al revés? ¿Se debe el descalabro del PP a la aventura de Ciudadanos fuera de Cataluña?

Simbiosis

La demoscopia demuestra la existencia de una relación simbiótica entre ambas formaciones y cómo Ciudadanos aprovecha la existencia del caladero ajeno para hacerse fuerte.

El barómetro de Metroscopia de enero ya le daba un 8,1% de intención de voto a nivel nacional, cifra que ha ido aumentando: 12,2% en febrero y 18,4% en marzo, prácticamente empatado con el PP (18,6%). La mayoría de los institutos de medición registran un ascenso meteórico y una entrada en tromba en el Congreso de los Diputados: myWord le daba un 19% de intención de voto a principios de marzo; Simple Lógica un 18%. El desembarco en las autonomías también promete: Sigma Dos le otorgaba de15 a 16 escaños en la Comunidad Valenciana o 22-23 diputados en Madrid. Además, sería la llave para gobernar los ayuntamientos de las dos capitales. Un golpe perfecto.

En paralelo, el PP continúa su cuesta abajo. De ganar las elecciones generales de noviembre de 2011 con el 44,62% de los votos, hoy las encuestas más optimistas le conceden prácticamente la mitad de la intención de voto a nivel nacional.

Ambas formaciones están atrapadas por una vorágine mediática de sondeos que refuerzan la moral de la formación naranja y debilita la de los populares, poniendo en práctica una versión acelerada de la espiral del silencio, según la cual el votante busca los grupos más fuertes y esconde su pertenencia a los aparentemente más débiles por simple instinto de supervivencia social. La popularidad proporciona más visibilidad y por lo tanto más expectativas de éxito al grupo en auge. El débil, en cambio, desaparece poco a poco de la escena. Es el mismo proceso que se daba entre los votantes socialistas y Podemos hasta hace tan solo unas semanas.

El votante de derechas ha encontrado por primera vez una válvula de escape hacia la que canalizar su decepción. Antes de ello, casi tres millones de votantes habituales o recientes del PP optaron por la abstención. Ni Vox ni UPyD les convencieron.

La paradoja

El 24 de mayo muchos votantes del PP se pasarán a Ciudadanos y el PP perderá sus mayorías absolutas en muchos municipios y comunidades autónomas. Y ahí es donde Albert Rivera se hará fuerte, pero también débil en su discurso centrista: el sesgo conservador aumenta y el 21,7% de los encuestados por el CIS ya le identifica con el centro derecha.

El PP no tiene aliados naturales. Hasta la fecha la soledad del PP en el mapa político le obligaba a ganar siempre por mayoría absoluta si quería. Ni los partidos nacionalistas ni los diferentes partidos en la izquierda cuentan a priori como posibles socios de gobierno en ayuntamientos, comunidades autónomas y en el Congreso de los Diputados.

Begoña Villacís, candidata de la formación naranja en el Ayuntamiento de Madrid, ya ha anunciado públicamente que pactará con el partido más votado. Su jefe de filas matizó que no entrarán en los gobiernos. La opción inteligente sin mayoría absoluta es facilitar la investidura apelando a la estabilidad y condicionar las políticas de Gobierno desde fuera, siendo el PP el que asuma el desgaste.

El PP está perdiendo votantes, se está desangrando. Pero esos votos no van a caer en el vacío, ya que el voto a Ciudadanos se transformará en un voto indirecto al PP, que salvará así gran parte de sus feudos.

Si la tendencia se mantiene, los años del poder omnímodo se han acabado. El rey ha muerto. Viva el rey.

Artículo escrito en colaboración con Ángel Calleja.

Disponible en la web "Las Malas Noticias"

domingo, 16 de noviembre de 2014

La crisis en España, ¿el fin de una era política?

El 9 de noviembre de 2014 1,8 millones de catalanes votaron a favor de la independencia. Al mismo tiempo, las encuestas del CIS, Metroscopia y de la Fundación Sistema sitúan a Podemos entre las tres principales fuerzas políticas junto a PSOE y PP. España está viviendo un terremoto político. ¿Por qué? Muchas voces aseguran que se debe a que las instituciones y los partidos están sufriendo un enorme desgaste por culpa de las crisis que se traduce en desafección y desconfianza entre cada vez más ciudadanos. Según el politólogo y sociólogo Ignacio Sotelo esta desafección es fruto de una transformación socioeconómica a nivel global, cuyas consecuencias podrían estar poniendo fin al ciclo político en España nacido en la transición.

La primera mitad del mes de noviembre de 2014 ha sido testigo de una serie de hechos que podrían interpretarse como un terremoto político en España, en el sentido de que se han movido los cimientos sobre los que se ha sostenido el sistema político español desde la transición. En el transcurso de una sola semana, dos elementos fundamentales de la política española que parecían inamovibles hace tan sólo una década, han demostrado no ser tan inmutables y han abierto un periodo de incertidumbre sobre el futuro político del país.

Por un lado, el pasado 9 de noviembre más de dos millones de personas, más de un tercio del censo electoral catalán, se tomaron la molestia de participar en una consulta sobre la futura relación de Cataluña con España a pesar de que era evidente que los resultados no serían vinculantes legalmente. Alrededor de 1,8 millones de personas, el 81% de los participantes, votaron a favor de la independencia. Este resultado refleja que la opción que aboga abiertamente por la ruptura con España, aunque no cuenta con un apoyo superior al 50% entre la población catalana, sí ha conseguido convertirse en una fuerza muy importante. Es un fenómeno que ha explotado en la última década, ya que en junio de 2005 solamente el 13,6% de los catalanes se mostraban favorables a un estado independiente frente al 49,4% de 2014 (según los sondeos del "Centre d'Estudis d'Opinió" de la Generalitat de Cataluña).

Al auge del independentismo se suma la quiebra del llamado bipartidismo. El pasado 5 de noviembre el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó un barómetro que incluía la intención de voto en España para las próximas elecciones generales. Según sus conclusiones, el partido más votado sería el PP con el 27,5%, seguido por PSOE (23,9%) y Podemos (22,5%). Independientemente de la ‘cocina’ añadida a los resultados de la encuesta y de los apoyos concretos que otorga a cada partido, la tendencia electoral que muestra es clara: llega una tercera fuerza que iguala a PP y PSOE en proyección electoral.

Esta tendencia se ha visto confirmada por otras encuestas como la de Metroscopia publicada el pasado 2 de noviembre, que da a Podemos el 27,7% de intención de voto, por encima de PSOE (26,2%) y PP (20,7%), y la encuesta de la Fundación Sistema, que sitúa al PSOE como el partido con mayor intención de voto (31%), seguido de Podemos (21%) y PP (20%).


Crece el hastío

Antes de la aparición del auge del independentismo catalán y de Podemos hace tiempo que se había estado percibiendo otro fenómeno fundamental para comprender lo que está pasando. La encuesta de Metroscopia revela un enorme hastío por parte del electorado y señala este sentimiento como la principal causa del apoyo a Podemos. Así, en respuesta a la pregunta por las causas del apoyo a esta formación política, el 67% de sus simpatizantes encuestados respondieron que se debe “sobre todo al desencanto y decepción con los demás partidos” en un contexto en el que el 91% de considera que la situación política española es “mala o muy mala”.


Por su parte el barómetro del CIS confirma este hastío popular: el 80,5% de los encuestados valora la situación política de España como mala o muy mala, y el 92,6% considera que esta situación política es igual o peor que hace un año. Los encuestados no son muy optimistas, ya que el 75,4% cree que la situación política será igual o peor dentro de un año. En ese contexto de enfado y pesimismo se explica que entre los principales problemas señalados por el CIS destaquen en segundo lugar “la corrupción y el fraude” (por debajo del paro) y “los/las políticos/as en general, la política y los partidos” en cuarto lugar.

A la mala estimación de la situación política le acompaña una pésima valoración de las instituciones. En el barómetro del CIS del pasado mes de abril de 2014 se preguntaba directamente por la valoración de las diferentes instituciones del Estado, y en una escala entre 0 (ninguna confianza) y 10 (mucha confianza), los resultados eran bastante elocuentes: los partidos políticos (1,89), el Gobierno (2,45), los sindicatos (2,51), el Parlamento (2,63), las organizaciones empresariales (2,94) y los parlamentos autonómicos (2,99) no superaban los tres puntos de confianza.

Para comparar, en el barómetro del CIS de octubre de 2006, antes de que comenzara la crisis económica, la desconfianza en los partidos políticos era menor (3,41), así como en los sindicatos (4,22) y en las organizaciones empresariales (4,31). También era mayor la confianza en el Gobierno (4,60), el Parlamento (4,52) y en los parlamentos autonómicos (4,90). En general, en octubre de 2006 un 50,1% de los españoles decía sentirse satisfecho o muy satisfecho con el funcionamiento de la democracia en España frente a un 45,1% que decía sentirse poco o nada satisfecho.    

Es decir, las instituciones que tradicionalmente han dirigido la vida política, económica y social española desde la transición sufren un desgaste y una creciente falta de apoyo entre la población desde el inicio de la crisis económica. Mientras tanto, está emergiendo una fuerza política de reciente creación que en pocos meses se está abriendo un hueco entre una ciudadanía que desconfía de las instituciones, y el independentismo se está fortaleciendo en Cataluña de manera espectacular. ¿Por qué?


La sociedad está cambiando

El sociólogo y politólogo Ignacio Sotelo hace un análisis sobre esta transformación en su ensayo  “España a la salida de la crisis” (editorial Icaria Amtrazyt), y sitúa el punto de partida en la crisis económica: “En tres décadas el neoliberalismo triunfante desemboca en una crisis de grandes dimensiones que ha terminado por consolidar un nuevo tipo de capitalismo, el financiero, con el que el poder pasa de las compañías industriales a los grandes consorcios financieros de inversión. Es el acontecimiento que señala la salida de la crisis, inaugurando una nueva época”.



Este proceso ha sido descrito por el también sociólogo Zygmunt Bauman como “modernidad líquida”, en la que ya nada es estable y fijo. El capital financiero puede literalmente volar de un lugar a otro del planeta globalizado sin sufrir prácticamente ningún obstáculo y utilizando a placer la mano de obra que necesita de forma coyuntural, es decir, temporal. La consecuencia es que “no va a volver el tipo de trabajo de jornada completa para toda la vida en la misma empresa”, afirma Sotelo.

Pero no solamente hay temporalidad, sino que también se ha instalado la precariedad e incluso la exclusión laboral de una parte muy importante de la fuerza de trabajo. En España el paro se ha estabilizado en torno al 25%, afectando sobre todo a la mano de obra no cualificada que tendrá muy difícil volver a encontrar un empleo a largo plazo. Esto supone un problema estratégico, ya que “el tema central de esta nueva etapa del capitalismo es cómo sostener una población no empleable, que ni siquiera se necesita como ‘ejército de reserva’”.  No se trata de un asunto baladí, ya que “cambios de tanto peso en el mercado de trabajo traen consigo una transformación radical del orden socioeconómico”, escribe Sotelo.

Es decir, la hegemonía del capitalismo financiero sobre los otros tipos de capitalismo desarrollados hasta el momento (comercial e industrial), está cambiando el mundo: “Las consecuencias sociales y económicas no pueden ya ser ignoradas: disminución, cuando no, desaparición de los puestos de trabajo que no exijan una alta cualificación, descenso de los salarios. Desmontaje progresivo del Estado social, proletarización de las clases medias, rápido aumento de la desigualdad social, concentrada la riqueza en cada vez menos manos”, escribe Sotelo.

Eso ya está sucediendo. Un informe reciente de la ONG Oxfam afirma que la riqueza de los tres españoles más acaudalados duplica a la del 20% de la población más pobre y que las veinte personas más ricas en España poseen una fortuna similar a los ingresos del 30% más pobre de la población (casi 14 millones de personas).

¿El cambio en la sociedad está afectando a la legitimidad política?

El politólogo, jurista y político italiano Gaetano Mosca, escribió hace más de un siglo sobre la manera que tiene la clase política de perder su legitimidad ante los gobernados. Mosca explicó que “la base jurídica y moral sobre la que se apoya el poder de la clase política en todas las sociedades, es la que llamamos fórmula política”. Se trata de una serie de valores, discursos y comportamientos por parte de la clase política que dan respuesta a la “necesidad, tan universalmente experimentada, de gobernar y sentirse gobernado, no en base a la fuerza material e intelectual, sino a un principio moral”. Es decir, “la fórmula política debe fundarse sobre las creencias y sentimientos más fuertes, específicos del grupo social en el cual está en vigencia”.

Por lo tanto, y aplicando este concepto de Mosca, si la fórmula política se transforma o lo hace la sociedad sobre la que descansa (dando paso a un grado de desigualdad social cada vez más amplio, por ejemplo), la clase política pierde la legitimidad de gobernar que había tenido antes. ¿Es esto lo que está pasando en España?     
Ignacio Sotelo
La creciente desigualdad social, unida al creciente empobrecimiento de las capas sociales medias y trabajadoras (otro ejemplo: Cáritas ha informado que en 2013 atendió a 2,5 millones de personas en riesgo de exclusión social, 600.000 más que en 2012), provocaría incertidumbre y temor, y también supondría un duro golpe para la legitimidad del sistema político, según Ignacio Sotelo. Y, en consecuencia, “el distanciamiento crítico del capitalismo alcanza al régimen político que lo sustenta, la democracia representativa, poniendo en tela de juicio el orden político establecido”. La señal más evidente de que esto está ocurriendo en España sería “el distanciamiento creciente de los ciudadanos, no de la política, sino de los políticos”, escribe Sotelo.

Llegado a este punto, Sotelo se pregunta si se “¿acaba el ciclo de la transición?”. Identifica hasta cinco ciclos políticos diferentes en España desde la guerra contra Napoleón en 1808: el régimen absolutista de Fernando VII, el periodo liberal de Isabel II, la restauración borbónica entre 1875 y 1923 (hasta ahora el ciclo más duradero), el régimen de Franco y finalmente el periodo que comenzó con la Constitución de 1978. ¿Es cierto que está llegando a su fin?   

El hastío que una parte importante de los ciudadanos siente hacia el sistema político español y que se expresa en un auge espectacular de Podemos y del independentismo catalán, cuyos discursos se basan precisamente en la ruptura de ese sistema, podrían interpretarse en clave de fin de ciclo. Sin embargo, no hay que olvidar que los apoyos a Podemos y al independentismo en Cataluña no son mayoritarios en el sentido de superar el 50%. Las encuestas dan a Podemos, como mucho, una intención de voto del 25% del electorado mientras que el 75% restante apoyaría a otras fuerzas políticas que no plantean discursos rupturistas. Lo mismo ocurre en Cataluña, donde el independentismo se ha convertido en una fuerza muy importante a tener en cuenta, pero no es la opción de la mayoría de la población, al menos de una mayoría clara.

Teniendo en cuenta esta situación se podría concluir que la sociedad española, al igual que el resto del mundo, está sufriendo una transformación en el modelo socioeconómico que tiene consecuencias en la política. Una parte muy importante de la sociedad considera agotada la legitimidad de las instituciones políticas del Estado y de sus representantes y apoya opciones que pretenden romper ese marco. Sin embargo, hay muchas más que continúan apoyando las opciones políticas tradicionales, a pesar de que también les afecta la transformación socioeconómica. 

Lo cierto es que en España no existe, hoy por hoy, una mayoría clara que ponga en práctica una ruptura del sistema político. Pero tampoco existe una mayoría que haga innecesarios los cambios en ese sistema. ¿Qué puede pasar?

Sotelo es pesimista. Según él, “lo probable es que en los próximos años, pese a los muchos discursos retóricos sobre la necesidad de cambios profundos, presenciemos el desmoronamiento del orden institucional, que desemboque en un nuevo periodo de inestabilidad, en el que todo puede pasar, como ha ocurrido otras veces en nuestra historia”.   


 Artículo disponible en Ssociólogos.com


jueves, 12 de junio de 2014

¿Por qué los votantes abandonan al PSOE para marcharse a Podemos?

En las pasadas elecciones al Parlamento Europeo la pequeña formación política Podemos logró cinco escaños, es decir, más de 1,2 millones de votos en toda España. Dos semanas después, el “efecto Podemos” sigue aumentando y con él las previsiones de un éxito arrollador para la nueva formación: según un barómetro publicado por El Periódico el pasado 8 de junio, en el caso de que se celebraran elecciones generales, Podemos lograría hasta 58 escaños en el Congreso de los Diputados, situándose como tercera fuerza política y lo haría a costa de PSOE e IU. ¿Qué ha pasado para que una formación nueva y sin experiencia arrebate decenas de miles de votos a los partidos tradicionales? La clave está en el storytelling, y sobre todo en la diferencia de percepción de los mensajes: lo importante es ser verosímil.


Según el barómetro publicado el pasado 8 de junio en El Periódico y elaborado por GESOP, Podemos lograría 58 escaños en el Congreso de los Diputados, el 15% del total de los votos. Solamente tendría por delante al PP con hasta 127 diputados y el PSOE, con hasta 89. Muy por detrás se situarían IU (15-17) y UPyD (13-14). El PP ganaría las elecciones y la izquierda quedaría fraccionada entre dos grandes formaciones, PSOE y Podemos, mientras que el crecimiento de IU y UPyD se quedaría paralizado.

Publicado en El Periódico del 8 de junio 2014.

Sin embargo, lo más interesante de este barómetro sería que Podemos se sitúa en una posición de gran influencia para poder aspirar a poner en peligro la hegemonía del PSOE en la izquierda precisamente gracias a los propios votantes socialistas, que según este estudio estarían abandonando el PSOE en masa para pasarse a Podemos. ¿Por qué?

Este barómetro se publicó tan sólo dos semanas después de excelente y sorprendente resultado cosechado por Podemos en las elecciones europeas, con cinco escaños en el Parlamento Europeo y 1,2 millones de votos. Desde entonces se está produciendo un auténtico ‘boom’ de popularidad que va mucho más allá de lo meramente político. Podemos es un claro caso de fenómeno mediático, cuya popularidad va en aumento.  


Podemos se nutre de votantes socialistas

El instituto Metroscopia ha publicado en El País un interesante estudio sobre el votante de Podemos en las elecciones del pasado 25 de mayo. Según este perfil, el 66% es mayor de 35 años; el 50% tiene empleo; el 22% está en el paro; el 15% es estudiante; el 9% está jubilado y el 4% realiza trabajos domésticos. Es decir, la mayoría tiene empleo y es de mediana edad.

Este estudio hace también un buceo interesante en los orígenes electorales de estos votantes:
-       ¿Qué votó en las europeas de 2009?: PP: 4.5%; PSOE: 33.6%; IU: 17.2%; UPyD: 2.2%; No tenía edad 11.2%.
-       ¿Qué votó en las Elecciones Generales de 2011?: PP: 5.2%; PSOE: 29.9%; IU: 26.1%; UPyD: 5.2%; Otros/blanco 15.6%.

Es decir, en gran medida se trata de electorado socialista descontento que ha optado por Podemos antes que el PSOE, además de un número considerable de votantes de IU. Teniendo en cuenta que tradicionalmente en las elecciones europeas los votantes suelen tomarse licencias y castigar con su voto a los partidos tradicionales, ¿podrán recuperar el PSOE e IU a sus votantes? Metroscopia indica que IU sí pero el PSOE no:

-       ¿Qué votarán en las próximas Elecciones Generales?: PSOE: 4.5%; IU: 25.4%; UPyD: 4.5%; PODEMOS: 51.5%; Sin decidir: 6.7%.

Por último, según Metroscopia el 60% de quienes votaron a Podemos dice que dudaba entre varios partidos y finalmente optó por el más afín. ¿Por qué decenas de miles de ex votantes socialistas decidieron cambiar su voto?  ¿Por qué dicen que prefieren seguir confiando en Podemos y no volver al PSOE?

Fuente: Metroscopia, gráfico publicado en El País.


La clave está en las historias que cuentan ambas formaciones para convencer a sus votantes. Se trata de tener el mejor “storytelling” y, sobre todo, el más verosímil. Como explica el escritor francés Chsristian Salmon: “Para atraer inversores (en este caso votantes), hay que ser un buen storyteller. Las historias son primordiales para dar sentido a las cifras. Ofrecen el contexto y cautivan la imaginación de la gente”.




La historia de Podemos: un drama que afecta a una minoría pero que resulta verosímil

El siguiente vídeo es un excelente resumen de la historia que utilizó Podemos en su éxito electoral:


El vídeo de Podemos resume en algo menos de tres minutos todo su “storytelling”. No tiene nada que ver con Europa o con unas elecciones europeas: unos especuladores se preparan para hacerse con un edificio y expulsar a sus habitantes que representan a diferentes segmentos de la sociedad. Por un lado está una anciana que sufre una situación de pobreza debido a la escasez de su pensión; una familia con hijos que sufre el paro y no llega a fin de mes; una pareja de mujeres, una de las cuales debe emigrar a América para trabajar; y un joven estudiante que finalmente se rebela, une a todos los vecinos y logra expulsar a los especuladores y evitar los desahucios. Apela a la unión y rebelión de los ciudadanos corrientes frente al poder y pone en valor la resistencia y la lucha contra lo establecido. La moraleja es el propio nombre de la organización: “Podemos”.

Sin embargo, los datos desmienten que se trate de una situación extrema que pueda afectar personalmente a los votantes de Podemos. Según el Banco de España el número de desahucios registrados en el país en 2013 afectó a casi 40.000 personas. Por su parte, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) asegura que entre julio de 2008 y finales de 2012 el número de desahucios llegó a los 171.110. En total más de 210.000 desahucios en cinco años, un número muy alto y muy preocupante que, sin embargo, no llega ni de lejos a afectar directamente a los más de 1,2 millones de votantes de Podemos.

Es decir, evidentemente la inmensa mayoría de los votantes de Podemos no son víctimas directas de los desahucios, pero sí empatizan con ellas y “compran” el discurso de la resistencia frente al miedo a ser expulsado del hogar. Ese temor podría interpretarse más allá como el miedo a perder el estatus y el nivel de vida conseguido en los últimos años antes de la crisis. No se debe olvidar que la mayoría de los votantes tienen más de 35 años. En todo caso, independientemente de que no apele a una “verdad” que sufra directamente la inmensa mayoría de los votantes, existe una identificación con la historia que cuenta Podemos. Aunque la mayoría no sufre directamente el riesgo de un desahucio ni la situación que se describe en el vídeo, se trata de un mensaje verosímil que logra conectar con ellos.


La historia del PSOE: una verdad que afecta a millones pero que resulta inverosímil

El siguiente vídeo es un ejemplo del “storytelling” del PSOE en la campaña de las europeas:


El vídeo en el que el PSOE expone su “storytelling” es en clave europea. El PSOE comienza el vídeo con imágenes en blanco y negro de ciudades europeas mientras relata una serie de datos sobre las consecuencias de la gestión neoliberal de los conservadores al frente de las instituciones comunitarias de la UE. Es el clásico discurso de denuncia de destrucción del Estado del Bienestar por parte de los conservadores, y de llamada de movilización a las urnas para frenar este proceso mediante una mayoría socialdemócrata en el Parlamento Europeo.

El mensaje del PSOE se basa en datos reales que afectan a la inmensa mayoría de los ciudadanos: 27 millones de parados en Europa; un 25% de paro juvenil; 120 millones de europeos en o por debajo del umbral de la pobreza; un rescate bancario con un coste de 1,6 billones de euros para los contribuyentes europeos; recortes de las políticas sociales; etc. Para cambiar esta situación, los socialistas prometen “una Europa que progrese, que proteja y que funcione”. La prioridad sería “la creación de empleo, la economía productiva, el sentimiento de pertenencia europeo y el respeto por las personas”. También subraya su compromiso con la democratización de las instituciones europeas y celebra que estas sean las primeras elecciones en las que se puede influir en el nombramiento del presidente de la Comisión Europea.  

Un “storytelling” basado en datos verdaderos que afectan a millones de personas a las que se pide el voto para cambiar la gestión conservadora por una progresista. Sin embargo, es un mensaje que no ha calado porque no es verosímil para los votantes a los que iba dirigido y que finalmente optaron por Podemos. Se creyeron la primera parte del mensaje, en la que se exponen los problemas y las consecuencias de la política neoliberal, pero no lo hicieron con la segunda en la que los socialistas se presentaban como la solución. Simplemente no se creyeron que los socialistas fueran a solucionar sus problemas y prefirieron apostar por Podemos. ¿Por qué?


El objetivo: Crear un universo narrativo creíble

El escritor francés Christian Salmon lo explica claramente en su libro “Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear las mentes”: El objetivo del marketing narrativo ya no es simplemente convencer al consumidor de que compre un producto, sino sumergirlo en un universo narrativo, meterlo en un universo creíble. Ya no se trata de seducir o convencer, sino de producir un efecto de creencia”.

Mucho antes de la creación de Podemos ya circulaba una historia con mucho éxito entre la ciudadanía, sobre todo a partir del movimiento 15 M en 2011: el “storytelling” del bipartidismo como culpable de la crisis y, sobre todo, como defensor de una clase privilegiada que basa su alto nivel de vida en la explotación, la corrupción y la manipulación de la mayoría de los ciudadanos.

Políticamente esta historia supuso primero el colapso electoral del PSOE en mayo y en noviembre de 2011 (y una mayoría absoluta espectacular del PP), y a medida que el PP iba aplicando políticas neoliberales y de austeridad extrema, también iba afectando a la intención de voto de los conservadores. Los grandes ganadores de esta situación parecían ser los partidos minoritarios IU y UPyD, que iban subiendo como la espuma en las encuestas de intención de voto, y en pocos meses el llamado bipartidismo se estaba quebrando a favor de una redistribución del voto entre otros partidos más pequeños.

La “historia del bipartidismo culpable de la crisis” no surgió en un día ni consiguió alojarse en las mentes de los ciudadanos de un día para otro. Salmon explica que “el storytelling es una operación más compleja de lo que se podría creer a primera vista: no se trata sólo de contar historias, sino también de compartir un conjunto de creencias capaces de suscitar la adhesión o orientar los flujos de emociones; en resumen, de crear un mito colectivo constrictivo”.

Han hecho falta meses de constantes informaciones periodísticas (sobre todo en televisión) y de creación de consensos y de procesos de deslegitimación de las instituciones para que finalmente se lograra crear ese mito colectivo. Solamente faltaba que alguien lograra estructurarlo y crear los conceptos necesarios y, sobre todo, fabricar un hilo narrativo coherente y fácil de entender y comunicar. Podemos lo ha conseguido al simplificar el mensaje de “nosotros, la gente normal, contra la casta, los privilegiados”.

El éxito de este hilo narrativo ha sido arrollador. Como dijo el gurú del storytelling Steve Denning, citado por Salmon: “Cuando veo cómo unas historias bien atadas pueden penetrar fácilmente en las mentes, hasta yo me sorprendo de la propensión del ser humano a absorber historias”

La lección es clara: si no comunicas con historias, no comunicas. Es lo que Salmon explicó como el espíritu de nuestra época, calificado de posmoderno y que privilegiaría, tras el reflujo de los grandes relatos, las anécdotas, el espejismo de pequeñas historias que ilustran la competencia feroz de los valores y vectores de legitimación”.

Lemas de Podemos que resumen su relato.
Podemos presentó una historia clara, con buenos y malos, fácil de entender y sin matices. El PSOE, por el contrario, presentó una lista de datos de los que hizo su propia interpretación. Simplemente obvió el “storytelling” del bipartidismo (por ejemplo en el debate entre Elena Valenciano y Miguel Arias Cañete se pactó no hablar de la corrupción) y con ello ignoró el riesgo de que se percibiera al PSOE como parte del problema en vez de la solución.

Es decir, el PSOE realizó su campaña enarbolando su papel tradicional de partido hegemónico en la izquierda cuando, al mismo tiempo, según Metroscopia, los votantes de Podemos situaban al PSOE en el 5,4 de la escala izquierda derecha (de 0 más a la izquierda a 10 más a la derecha). Creen que el PSOE es un partido de centro-derecha y por lo tanto alejado de la defensa del Estado del Bienestar y de las políticas socialdemócratas clásicas. Así pues, al presentarse como el defensor de las políticas de izquierda, el PSOE resultaba inverosímil para los votantes de Podemos que en cambio sí creían en los mensajes de esta formación a la cual sitúan en el 3,7 de la escala ideológica, en la izquierda e incluso un poco más centrada que IU a la que posicionan en el 3,4. 


El futuro: ¿Puede Podemos mantener su “storytelling” y el PSOE cambiar el suyo?

Christian Salmon cita en su libro al profesor David Boje: Las historias pueden ser prisiones. Una vez inscritos en historias, con unos personajes y una intriga, estamos implicados con otros que esperan que reaccionemos, hablemos y evolucionemos de una cierta manera”. 

Resulta difícil romper el universo narrativo en el que se posiciona a los diferentes actores. El PSOE tendrá que recurrir a una serie de toma de medidas espectaculares y muy mediáticas, y esperar a que sean aceptadas como verosímiles entre el electorado antes de poder aspirar a preservar su hegemonía en la izquierda.

Por su parte, Podemos necesitará alimentar constantemente su “storytelling” si no quiere decepcionar a sus votantes ávidos de historias que les emocionen y movilicen. Acabarán por tener que recurrir a lo que Salmon denomina la “Estrategia de Sherezade”. Podría resumirse así: basándose en “Los cuentos de las mil y una noches”, Sherezade es el personaje protagonista condenado a muerte por el sultán al que debe contar una historia nueva cada noche para sobrevivir. Podemos tendrá que ir adaptando su “storytelling” a la demanda de su público constantemente para poder sobrevivir, creando nuevas historias y adaptando la actual.

Resumen del relato anti-bipartidista.
El futuro no será fácil ni para el PSOE ni para Podemos, ya que, por ejemplo, Salmon cita en su libro a unos expertos cuando dice que “toda organización es un sistema inmunitario cuya meta, como el de todo organismo, es preservar cierto status quo. (…) Los estudios sobre el cambio confirman la aversión de los individuos y las organizaciones hacia el cambio”.

Si no logra realizar profundas transformaciones y, sobre todo, parecer creíble en ello, el PSOE perderá su posición hegemónica en la izquierda. Y por otro lado, si no logra sorprender constantemente, es posible que Podemos entre en una espiral en la que decepcione a sus votantes y les parezca “viejo” e incluso “régimen” como ellos denominan a las demás formaciones políticas. Es lo que le ha pasado a IU y a UPyD en cierta medida con respecto a elecciones anteriores en las que estos partidos fueron la sorpresa. El pasado 25 de mayo ya eran “viejos y más de lo mismo” para muchos votantes de Podemos.  

Artículo disponible en el blog Ssociólogos.com

miércoles, 13 de febrero de 2013

PP Y PSOE, SE ROMPE EL BALANCÍN ELECTORAL II

(Con datos actualizados de las últimas encuestas de Metroscopia, GESOP y el Barómetro del CIS de enero)

El año 2013 comienza con una incógnita que preocupa a los grandes partidos políticos. El gran desgaste que está sufriendo el PP en el Gobierno no está siendo recogido por el PSOE. ¿A dónde van los electores que ahora no confían en ambas formaciones? ¿A los partidos emergentes de IU y UPyD? ¿A la abstención?, o ¿volverán a alguno de los grandes en las siguientes citas electorales?


Los expertos hablan del ‘efecto balancín’ para explicar el comportamiento electoral de los españoles desde la Transición. Tradicionalmente, cuando un gobierno estaba quemado, se votaba en contra de su gestión y automáticamente el principal partido de la oposición se beneficiaba de ello. Es decir, cuanto peor le iba al partido en el poder, mejor le iba a su oponente. Sin embargo, según los datos de las últimas encuestas, la espectacular bajada de apoyos al PP no está beneficiando a un PSOE que no consigue remontar. Parece que el balancín se está rompiendo. 


El 20 de noviembre de 2011 el PP ganó las elecciones generales con una mayoría absoluta del 44,6% y el PSOE pasó a la oposición con un 28,8%. Un año después el desgaste del PP es evidente. Según las encuestas de Metroscopia (para El país) y GESOP (para El Periódico) publicadas el pasado 3 de febrero, y según el Barómetro del CIS del mes de enero publicado el pasado 6 de febrero, la bajada ha sido espectacular:


Metroscopia
 

Según Metroscopia, que basa sus datos partiendo de una participación del 53%, de la más baja registrada y tiene en cuenta el estado de opinión generado por el ‘caso Bárcenas’, el PP baja a un 23,9% de intención de voto, colocándose prácticamente igual que el PSOE, al que machacó en las elecciones generales de noviembre de 2011 con casi cuatro millones de votos de diferencia. Según la encuesta de GESOP esto se traduciría en la pérdida de 50 escaños por el PP que solamente le sacaría una decena de diputados a un PSOE que en la actualidad sufre una diferencia de 76 diputados en el Congreso.


Por su parte, el CIS es más benévolo con el PP (la encuesta se hizo antes de que estallara el ‘caso Bárcenas’), al que otorga unas expectativas de voto del 35%. Pero son nueve puntos menos que su resultado en las generales.

 

El PSOE no se beneficia del desgaste

En el pasado estos datos habrían significado automáticamente una buena noticia para el principal partido de la oposición, el PSOE. El llamado ‘efecto balancín’ habría llevado el voto descontento con el PP hacia la influencia socialista. No es un secreto que, por ejemplo, las elecciones de 1996 no las ganó Aznar sino que las perdió Felipe González (por los casos de corrupción, Roldán y Filesa), y que en 2004 no venció Zapatero, sino que perdió el PP por haber mentido en su gestión del 11-M (además de sucesos anteriores como el hundimiento del Prestige o el accidente del Yak 42).


Sin embargo, esta vez la pérdida de apoyos al PP no significa que vayan al PSOE. Los datos son elocuentes. Así, según el CIS, el PSOE tendría un respaldo del 30,2 %, casi dos puntos más que en octubre y que en las elecciones de 2011. Ganaría dos puntos, pero el PP perdería nueve. Hay siete puntos de diferencia que no pasan a los socialistas. Metroscopia habla de un 23,5% de intención de voto para el PSOE –empate con el PP- y GESOP de una subida de sólo una decena de escaños en el Grupo Socialista del Congreso.
 

Los datos son pues elocuentes: el PP se hunde y el PSOE se estanca o sube muy levemente. La pregunta entonces es, ¿a dónde van los votos que huyen del PP? La respuesta fácil sería hacia los partidos emergentes, en especial IU y UPyD a nivel nacional. Habrá que comprobarlo con datos.

 

El auge de los partidos ‘medianos’

En las generales de noviembre de 2011 Izquierda Unida consiguió el 6,9% de los votos y UPyD el 4,7%. Las encuestas actuales hablan, efectivamente, de una fuerte subida en ambos casos, tanta que ya comienza difícil referirse a ellos como partidos “pequeños”.


Izquierda Unida llegaría en torno al 15% de la intención de voto según Metroscopia,  y según GESOP podría doblar su número de escaños en el Congreso de los Diputados llegando a 22-25. El Barómetro del CIS es más moderado y afirma que obtendría el 9,4 % de los votos,  2,48 puntos más que en los comicios de 2011.


Con respecto a UPyD, según Metroscopia la intención de voto es del 13,6% (con una participación del 53%, hay que recordar). Es una subida espectacular que confirma una tendencia ascendente y que, según GESOP, podría hoy proporcionarle a esta formación entre 23 y 26 diputados en el Congreso donde sólo tiene cinco. Además, su líder Rosa Díez es la mejor valorada de los dirigentes políticos, según Metroscopia. El CIS, más comedido, dice que UPyD aumentaría 2,11 puntos respecto a las generales y obtendría el 6,8 % de los votos.

 

En el escenario más optimista para ambas formaciones, el de Metroscopia, el crecimiento conjunto sumaría casi un 18% de los votos y el PP habría perdido 20,7 puntos desde 2011. ¿Significa esto que los que votaron al PP ahora pasan a IU y a UPyD? Dudoso, sobre todo en el caso de Izquierda Unida, cuya política explícitamente de izquierdas para desmarcarse del PSOE haría muy extraño un cambio tan radical en el voto tan sólo un año después de apoyar a la derecha.


Por el otro lado, según los datos más moderados del CIS ambas formaciones solamente aumentarían conjuntamente en un 4,6%. Si el PSOE, como mucho, sólo aumenta en un 2% según el CIS pero el PP baja un 9%, ¿a dónde van los votos restantes?

 
Los ciudadanos, desencantados

La abstención puede ser el lugar natural de estos votantes en un clima en el que la política y los partidos son percibidos con cada vez mayor hostilidad por parte de los ciudadanos. El CIS muestra que un 21,5% de los encuestados tiene decidido que se abstendría y otro 19,7% no sabe o no contesta.


Este Barómetro del CIS revela que una amplia mayoría de encuestados se refiere a la situación política actual como mala o muy mala (77,4%) e igual o peor que hace un año (90%). Son datos espectaculares que se rematan con una percepción muy negativa del futuro, ya que un 76,7% de los encuestados asegura que la situación política será igual o peor dentro de un año. Nada bueno para los partidos de la oposición que pretenden conseguir el cambio en el gobierno.


Una de las causas de este sentimiento es la nefasta percepción que se tiene de los partidos y de los políticos, que ya son calificados como el tercer problema de los españoles detrás del paro y la economía. Un factor que, sin duda, ha contribuido a minar el prestigio del sistema de partidos es el de la corrupción, que en esta encuesta se sitúa en el cuarto lugar en el ranking de preocupaciones con tendencia a crecer teniendo en cuenta que este barómetro se realizó antes de que se hiciera público el ‘Caso Bárcenas’.


El balancín electoral se ha roto. La crisis está cambiando el sistema político que valía en España desde la Transición. El PP y el PSOE están perdiendo apoyos. Un nuevo partido, UPyD, se está consolidando y otros como IU, que parecían hace poco desahuciados, están recuperando terreno con rapidez. A nivel regional otras fuerzas con un mensaje radical como Amaiur o ERC también crecen a expensas de los partidos nacionalistas tradicionales.


¿Es una tendencia pasajera o se consolidará? Habrá que esperar hasta la siguiente cita electoral en junio de 2014 para el parlamento Europeo para comprobarlo.