Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Sánchez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Sánchez. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de junio de 2017

Pedro Sánchez y las primarias del PSOE, o ¿la victoria de la emoción?


La victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE, ¿es la victoria de la emoción a través de un relato?: La historia de un líder injustamente expulsado de palacio por una confabulación de sus lugartenientes que traicionan su confianza, y que meses después, reciben un justo castigo con el retorno de la víctima al poder. ¿Hasta qué punto este relato y las emociones que despierta ha sido fundamental para los resultados de las primarias? El sociólogo Manuel Castells explica que “el componente emocional de la cognición política condiciona la eficacia del procesamiento de la información relativa a asuntos y candidatos. (…) La racionalidad por sí sola no determina la toma de decisiones; es un proceso de la información a un segundo nivel que depende de las emociones activadas”.

El pasado 21 de mayo Pedro Sánchez ganó las primarias del PSOE. Lo hizo de manera contundente, con una mayoría absoluta del 50,26% y 74.805 votos. Por el otro lado, su principal oponente, la líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, pudo contabilizar 59.392 votos, el 39,90% del total. El tercero en liza, Patxi López, quedó a bastante distancia de los dos primeros; consiguió el 9,84% de los votos, un total de 14.652.

López fue el primer candidato en presentarse públicamente. Lo hizo el 15 de enero, un día después del Comité Federal que fijó las fechas del 39 Congreso para los días 17 y 18 de junio. Por delante quedaban seis meses, y prácticamente todos los colaboradores y ‘barones’ territoriales que habían apoyado a Pedro Sánchez durante su primera etapa como secretario general se aliaron en esta candidatura. Todos tenían en común haber sido expulsados del núcleo dirigente del PSOE tras el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 en el cual Pedro Sánchez y los líderes territoriales encabezados por Susana Díaz se enfrentaron abiertamente por el poder, con el desenlace de la dimisión de Sánchez y su retirada de Ferraz.

Parecía que esa retirada del liderazgo del PSOE también iba a serlo de la política, sobre todo, tras su renuncia al acta de diputado en el Congreso. Todo apuntaba a un enfrentamiento entre un Patxi López que aglutinaría el ‘aparato’ afín a Sánchez, y Susana Díaz y los líderes territoriales y sus propios y poderosos ‘aparatos’. Sin embargo, dos semanas después de la presentación de la candidatura de Patxi López, Pedro Sánchez sorprendió al anunciar su propia candidatura en un acto en Dos Hermanas, Sevilla.

En un principio parecía que la ausencia de cuadros experimentados y de ‘aparato’ con capacidad de crear y mantener una campaña sobre el terreno, iba a condenar a Sánchez al papel de comparsa. Sin embargo, pronto se vio que no iba a ser así. Los actos públicos se llenaban, y poco a poco se fue creando una expectativa en torno a la candidatura que le fue dando cuerpo con cada vez más militantes y simpatizantes apoyando y colaborando, al margen de los mensajes que recibían de otras instancias del PSOE, hasta el punto de crear lo que el diario El País llamó una “estructura paralela” con capacidad para recoger avales, organizar mítines y movilizar el voto ¿Cómo fue esto posible?

La clave está en la emoción

El sociólogo Manuel Castells explica en su libro ‘Comunicación y poder’ que “el componente emocional de la cognición política condiciona la eficacia del procesamiento de la información relativa a asuntos y candidatos”. Es decir, frente al tradicional ‘contar apoyos’ de los procesos internos de los partidos, Sánchez se centró en movilizar el componente emocional de los militantes del PSOE, una estrategia que ha empezado a cobrar sentido desde que el sistema de elección del liderazgo a través de delegados ha sido sustituido por el voto directo de la militancia, y, por lo tanto, funcionan los mismos mecanismos de una campaña electoral tradicional.

¿Y cómo activó Sánchez el componente emocional? Aprovechando el relato que sus contrincantes le habían servido en bandeja: La historia de un líder injustamente expulsado de palacio por una confabulación de sus lugartenientes que traicionan su confianza. El Comité Federal del 1 de octubre se convirtió en protagonista de las primarias frente a cualquier otra consideración o propuesta. Patxi López trató sin éxito de fijar el marco del discurso en el ‘día después’ del congreso, superando lo ocurrido en el Comité Federal y apelando a la confraternización frente al conflicto. Ese discurso no interesaba, no era atractivo para la mayoría de la militancia que buscaba integrar sus sentimientos en un relato, y esos sentimientos pedían venganza. Y tampoco lo consiguió Susana Díaz, que se presentaba con el eslogan ‘100% PSOE’, tratando de apropiarse de las esencias del partido, aunque sin especificar en qué consisten.

De todas formas, Susana Díaz lo tenía muy difícil ante la campaña de Pedro Sánchez, que decidió que el principal sentimiento que debía activar debía ser la ira. Manuel Castells destaca la importancia de la ira en la movilización emocional del electorado: “La ira es una respuesta a un acontecimiento negativo que contradice un deseo (en este caso el Comité Federal del 1 de octubre). La ira aumenta con la percepción de una acción injusta y con la identificación del agente responsable de la acción” (es decir, Susana Díaz). Y subraya: “Cuando esa ira se dirige hacia un candidato que antes nos gustaba, se produce la aversión”. Es decir, la campaña de Pedro Sánchez jugó sobre todo la carta del ‘antisusanimo’ para ganar.

Y en esto, los medios de comunicación jugaron un papel fundamental.

   
El papel de los medios

Dice Manuel Castells que medios y política se retroalimentan: los políticos necesitan a los medios para trasladar su mensaje a los votantes. Pero, por otro lado, los medios necesitan a los políticos para que les abran las puertas para acceder a una audiencia controlada emocionalmente por ellos, y acceder así a ese segmento y poder desarrollar su negocio en él. Esto es así porque los medios “se dirigen a audiencias específicas, interesadas en confirmar sus opiniones más que en informarse en otras fuentes”, asegura Castells, que en este sentido recuerda que para los medios “no se trata simplemente de conseguir una cuota de audiencia, sino de conseguir la audiencia objetivo. Ésta es la lógica fundamental del modelo de comunicación partidista”. Y la mayoría de los medios se dieron cuenta desde el primer momento de la fuerza del relato ‘sanchista’, y como afirma Castells, “los marcos de las noticias, una vez construidos, retroalimentan a las élites políticas”.

Pero, ¿por qué los medios eligieron el relato de Pedro Sánchez? Christian Salmon, el autor del libro de referencia en comunicación política, “Storytelling”, explica en el ensayo “La ceremonia caníbal. Sobre la performance política” que, debido a la revolución tecnológica, las personas están sometidas a una “sobrecarga de la información” en sus rutinas. Esto también afecta a la comunicación política, que utiliza los mismos medios de comunicación para llegar al cliente-votante que las empresas. En este caso, el político compite con todo un despliegue de programas, historias e imágenes de entre las que tiene que lograr ser visible para poder ser identificado y posteriormente votado. Para conseguirlo ya no sirven los antiguos discursos ni las antiguas técnicas de movilización política.

Ahora recurren a la técnica del relato, cuyo fin no es tanto informar a los ciudadanos como llamar su atención y retenerla mediante el entretenimiento. Los ciudadanos-espectadores “fingimos interesarnos por la crisis, la deuda, el paro, cuando en realidad estamos sedientos de historias, de héroes y de villanos”, asegura Salmon.    “Queremos relatos íntimos, sorpresas, golpes de efecto. Lo último just in time. Sin tiempos muertos. Emoción en flujo continuo”. La emoción es la clave del relato, no la ideología o el programa político. 

El relato, según Salmon, “permite no solo captar la atención como lo hacen el logo, la imagen de marca, sino también fidelizar a las audiencias, guiar y retener las atenciones gracias a auténticos engranajes narrativos”. Y eso en política significa llegar al poder o mantenerse en él.   


Es decir, el relato de Pedro Sánchez era tan fuerte y eficaz que siempre estaba en el primer puesto de la agenda mediática, aunque el propio Sánchez apenas ofreciera entrevistas ni ruedas de prensa. Su relato funcionaba solo, y los medios de comunicación lo necesitaban para aprovechar las primarias del PSOE para hacer de ellas un acontecimiento mediático y          que generara amplias audiencias, … e ingresos por publicidad.

viernes, 8 de abril de 2016

¿Preparando las urnas para el 26 de junio?

La reunión ‘a tres’ entre PSOE, Podemos y Ciudadanos ha fracasado tras el primer encuentro. Parece lo previsible después de que Podemos y Ciudadanos hubieran escenificado sus diferencias y subrayado sus desacuerdos en los días previos en vez de apostar por un discurso conciliador que diera alguna oportunidad al acuerdo. Sin embargo, no es de extrañar que escogieran este tono agresivo, ya que a ambas formaciones no les interesa llegar a ningún acuerdo tripartito.

Albert Rivera le dijo a Pablo Iglesias en una intervención en el Congreso de los Diputados el día antes de la reunión a tres: “A ver si es verdad que usted defiende los derechos humanos en todo el mundo, donde tiene gente que le financia su partido”. Iglesias, por su parte, respondió que resultaría “muy difícil” conformar un gobierno del cambio con “intolerantes” que “querían negar la tarjeta sanitaria a personas que sólo estaban huyendo de la pobreza”. Un cruce dialéctico muy duro que hacía presagiar el fracaso del pacto y aparentemente extraño entre dos partidos que comparten el discurso de la primacía de la necesidad del cambio frente al PP y de llegar a acuerdos en la ‘nueva política’. ¿Qué ha pasado? Pues que la opinión pública no ha quedado congelada ni mucho menos desde que votó el pasado mes de diciembre.

Según el sondeo de Metroscopia publicado el 7 de abril, el mismo día de la reunión, si se repitieran las elecciones el próximo 26 de junio el gran vencedor sería Ciudadanos. La formación de Albert Rivera conseguiría el 17,7% de los votos, casi cuatro puntos más que en las elecciones del 20 de diciembre. Sus interlocutores de la reunión ‘a tres’ serían los damnificados: El PSOE perdería dos puntos y pasaría al 20,1% y Podemos se dejaría casi cuatro puntos en el camino pasando al 17%, por debajo de Ciudadanos que sería la tercera fuerza política. El PP, por su parte, se mantendría igual que en diciembre, incluso subiría un 0,3% hasta llegar al 29%.



Esta tendencia electoral al alza de Ciudadanos frente a una bajada de Podemos y el estancamiento de PP y de PSOE es compartida por otras encuestas publicadas en los últimos días. Por ejemplo Celeste Tel publicó el pasado 6 de abril que Ciudadanos podría sumar hasta siete escaños, el PP dos, el PSOE se quedaría igual o perdería uno, mientras que Podemos podría perder hasta ocho diputados. Otra encuesta, de JM&A publicada el mismo día, incluso se aventura a pronosticar una subida de 21 diputados naranjas en caso de repetición electoral.

Ciudadanos en mejor posición
Pero esta tendencia se mueve y cada día que pasa parece que aumentan las expectativas de los de Albert Rivera. La encuesta de Metroscopia ofrece un vistazo más detenido a lo que pasa y explica que, de todas las fuerzas políticas, Ciudadanos es la que se encuentra en mejor situación de cara a la repetición electoral. Según su análisis “el partido naranja combina su capacidad para retener a sus votantes de diciembre (un 79% de ellos repetiría ahora su voto) con la de ser el partido que mayor número de electores parece lograr atraer desde otras opciones políticas”.

Los otros miembros de la reunión ‘a tres’ no comparten un pronóstico tan halagüeño. Según Metroscopia, “Podemos es, hoy por hoy, el partido que cuenta con una menor fidelidad de voto: 64%”, y el PSOE “sufre fugas en todas las direcciones: sobre todo hacia Ciudadanos (10%) pero también hacia el PP (4%), Unidad Popular (3%) y Podemos (3%)”, además de tener el electorado con la menor determinación de volver a las urnas en caso de repetir los comicios.

Es decir, Ciudadanos estaría viviendo un momento dulce en el que cada día que pasa aumentan sus posibilidades de convertirse en un actor político mucho más influyente si se repitieran las elecciones. Tan influyente que, si esta tendencia se mantuviese, incluso podría facilitar al PP un Gobierno siguiendo sus condiciones, un escenario mucho más cómodo que un imprevisible tripartito con PSOE y Podemos. Ciudadanos ni siquiera necesitaría entrar en el Ejecutivo y sufrir así el desgaste de ser la ‘muleta’ del PP. Con un pacto de investidura y la negociación individual de cada ley, también con la oposición, pondría al Parlamento en el centro del debate y con ello al propio Albert Rivera, que cada año podría revisar su apoyo al PP con motivo de la aprobación de los Presupuestos Generales. Es el modelo que Ciudadanos ya está aplicando en la Comunidad de Madrid, donde vota con la oposición en muchas ocasiones, pero mantiene su apoyo al Gobierno conservador en las votaciones cruciales.

Con este escenario, ¿qué necesidad tiene Ciudadanos de fomentar su participación en las reuniones ‘a tres’? Incluso, ¿qué necesidad tiene de mantener su acuerdo programático con el PSOE?

Sigue la lucha por la hegemonía en la izquierda
Los socialistas son los grandes perdedores tras el fracaso de la reunión. Con Ciudadanos y Podemos amarrados con un acuerdo en el que Pedro Sánchez sería presidente, el PSOE podía reclamar la centralidad política y jugar el papel de mediador entre la izquierda y el centro. Ahora tendrá que elegir hacia qué lado lanzar su primer discurso preelectoral, es decir, señalar al culpable de impedir el ‘Gobierno del cambio’, y según la primera reacción parece que el señalado es Podemos, que no deja de ser el principal competidor de los socialistas en las urnas.

Pablo Iglesias, por su parte, no ha renunciado a su objetivo estratégico de superar al PSOE como partido hegemónico de la izquierda. No es solamente una cuestión de número de votos y de escaños. Podemos aspira a superar al PSOE como referente de la izquierda en un sentido amplio: en el discurso, en la movilización, incluso en la simbología. Si el triunfo del PSOE fue el símbolo del fin del franquismo, el triunfo de Podemos sobre el PSOE debe ser el triunfo de los indignados sobre el ‘sistema de 1978’. Y para ello Pablo Iglesias necesita no aparecer como la muleta del PSOE.

Para Podemos resulta fundamental que Ciudadanos se marche de las conversaciones y que el PSOE dependa exclusivamente de ellos para tener alguna oportunidad de gobernar. Solamente así Pablo Iglesias podría presionar de tal forma a los socialistas, que la única manera de que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa sería cediendo y demostrando públicamente que depende de Podemos. La formación morada conseguiría así una influencia definitiva sobre el PSOE y la hegemonía cultural en la izquierda, aún teniendo menos diputados. Juega a su favor que Pedro Sánchez sabe que si finalmente se repiten las elecciones, en las filas socialistas serían muchos los que pondrían en duda su idoneidad para volver a liderar el proyecto el 26 de junio y podría ser el fin definitivo a sus aspiraciones políticas.

La única posibilidad de evitar volver a las urnas está por lo tanto en un hipotético pacto PSOE-Podemos que pueda arrastrar a alguna formación menor. Será una partida de póquer hasta el final. Puede que incluso parecida al fatigoso proceso de formación de Gobierno en Cataluña, donde se evitó la repetición de las elecciones literalmente en el último minuto.


Sánchez e Iglesias saben que, según las encuestas, el tiempo va en su contra si se tuvieran que repetir las elecciones, pero ninguno quiere ceder ante el otro en pleno combate por la hegemonía en la izquierda. Ciudadanos, por su parte, ha perdido el interés y se prepara ya para volver a las urnas y salir de ellas con más fuerza. Solamente busca una excusa para salir de las conversaciones de manera que no se le acuse de no querer alcanzar soluciones. El PP, mientras tanto, espera.  

viernes, 22 de enero de 2016

¿Es el fin de las aspiraciones de Pedro Sánchez?

La política española ha vivido el pasado viernes 22 de enero un giro que podría ser definitivo. En pocas horas, dos anuncios espectaculares han hecho trizas la estrategia del PSOE para tratar de convertir a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno y han transformado la gran ventaja estratégica de los socialistas de su posición central entre las fuerzas políticas en un problema.

La semana previa los acontecimientos señalaban a una ligera ventaja de los socialistas en la dura lucha por la investidura. El sorprendente acuerdo con Ciudadanos que hizo posible la presidencia de Patxi López en el Congreso de los Diputados era el aviso de que podía conseguirse algo mucho más importante si este acuerdo se repetía de cara a la investidura. Con el SÍ de Ciudadanos el PSOE superaría los escaños del PP y pondría a Podemos y a sus confluencias en la situación incómoda de tener que elegir entre apoyar un gobierno alternativo a Rajoy (ya sea votando a favor o absteniéndose) o votar en contra.

El resultado hubiera sido brillante para Pedro Sánchez: una derrota del PP y su parálisis temporal con una crisis interna importante en torno al liderazgo; la escenificación de Podemos como el miembro menor de la izquierda frente a un PSOE gobernante; la demostración ante la Unión Europea y los poderes económicos y empresariales de que es capaz de llegar a acuerdos con Ciudadanos y el centro político moderado; y, sobre todo, la victoria incuestionable sobre sus barones territoriales que se oponen abiertamente a su liderazgo.

Esta estrategia tenía un primer acto, y es que Rajoy debía presentar el primero su candidatura a la investidura y perderla. Aunque fuera con los votos favorables de Ciudadanos, pero esta sesión hubiera escenificado el NO de los socialistas y hubiera legitimado la posterior candidatura de Pedro Sánchez como líder del segundo partido más votado, sobre todo ante el importantísimo Comité Federal del PSOE del 30 de enero, que es el que debe dar luz verde a Sánchez en sus políticas de pactos.

Sin embargo, las cosas han venido de otra manera. Los rivales del PSOE no se han quedado dormidos y han trastocado todos estos planes.

Golpes de efecto

El primer golpe de efecto lo dio Pablo Iglesias tras su entrevista con el Rey, cuando anunció ante la sorpresa general que estaba dispuesto a apoyar la presidencia de Pedro Sánchez a cambio de participar en un gobierno de coalición en el que el propio Iglesias se recomendaba como vicepresidente. La reacción de los barones y de otros muchos influyentes socialistas contrarios a cualquier pacto con Podemos no se hizo esperar y respondieron enojados y ofendidos en contra de la oferta de Iglesias. El ambiente en el PSOE a ocho días del Comité Federal volvía a calentarse.

Pero a esta primera bomba informativa le siguió pocas horas después una segunda explosión espectacular. Mariano Rajoy anunció también tras su entrevista con el Rey que no iba a presentar su candidatura a la investidura, a pesar de que Felipe VI se lo había propuesto formalmente al tratarse del líder del partido más votado en las elecciones. Poco después el propio Rajoy matizó sus palabras y explicó que seguía aspirando a la Presidencia del Gobierno, pero que no se presentaría a la investidura hasta conseguir la mayoría que le diera la victoria.

La estrategia del PSOE se ha hecho añicos. Ahora todos los focos están sobre Pedro Sánchez y no sobre Rajoy, y las preguntas son: ¿Se presentará ahora el líder socialista el primero a la sesión de investidura? Y ¿aceptará la oferta de Podemos?

‘Vía Crucis’ del PSOE

La que iba a ser una semana cómoda y triunfal del PSOE con la derrota de Rajoy en el Congreso se ha convertido en un más que probable ‘Vía Crucis’ de cara al Comité Federal del 30 de enero. Los barones y muchos miembros de este órgano no apoyarían con toda seguridad el pacto con Podemos, lo que abriría una dura confrontación entre los partidarios de negociar con Pablo Iglesias y los que no lo están. Se antoja casi imposible para Pedro Sánchez conseguir en este ambiente una mayoría absoluta (por no hablar de unanimidad) en el máximo órgano socialista entre congresos que legitime su candidatura a la investidura con el apoyo de Podemos.

Es, sin duda, una gran victoria táctica de Pablo Iglesias. Por un lado, si Sánchez consiguiera un SÍ del Comité Federal a pactar con Podemos, se abriría un proceso de negociación con el partido morado cuyos resultados son hoy por hoy imprevisibles, ya que una coalición de partidos para formar gobierno como ha ofrecido Iglesias haría saltar muchas chispas en el seno del socialismo que no olvida que Podemos tiene como objetivo estratégico hacerse con la hegemonía en la izquierda. Por otro lado, en el caso de que el PSOE dijera NO a un pacto con Podemos, Iglesias no tardaría ni un segundo en afirmar que los socialistas no quieren el cambio y que Podemos es la única alternativa real de izquierdas, con el claro objetivo de atraer a más votantes socialistas a sus filas en una posible repetición de las elecciones.

Con el movimiento de Iglesias se ha invertido la situación: de ser Podemos el que tendría que posicionarse ante un eventual pacto PSOE-Ciudadanos contra el PP, ahora es el PSOE el que tiene que posicionarse, y cualquiera de las decisiones que tome conllevan un desgaste.  

Rajoy, por su parte, espera pacientemente este desgaste del PSOE y, de la misma manera que Sánchez esperaba un suicidio político de Rajoy en el Congreso, ahora es el presidente en funciones el que espera que sea su rival el que se inmole en la Cámara. El PP sigue jugando la baza del pacto con Ciudadanos y el apoyo (o abstención) del PSOE, por lo que un fracaso y/o eventual dimisión o derrota de Pedro Sánchez sería fundamental, ya que un nuevo liderazgo socialista podría permitir un nuevo gobierno de Rajoy. Los socialistas tendrían que elegir entre la peste o el cólera: mantener el NO a Rajoy y provocar unas nuevas elecciones en las que, con bastante seguridad, pagarían ante sus votantes su negativa a aprovechar la oferta de Podemos para echar al PP del Gobierno, o apoyar a Rajoy.


En resumen: en un solo día los que parecía que iban perdiendo han provocado un giro en los acontecimientos que puede poner fin a las aspiraciones de Pedro Sánchez de convertirse en presidente del Gobierno. ¿Podrá contraatacar con otro golpe de efecto?

sábado, 16 de enero de 2016

Pedro Sánchez Presidente del Gobierno. ¿Un desenlace imposible?

La actual composición del Congreso de los Diputados ha abierto la caja de pandora de los pactos. De ser un parlamento que en los últimos 30 años ha funcionado al albur del poder ejecutivo como consecuencia de las mayorías absolutas o simples que permitían al partido más votado controlar las instituciones, hoy un puzle de muy difícil combinación marca el trabajo parlamentario. El primero y más importante y urgente de ellos la investidura del nuevo Presidente del Gobierno.

En los medios, en los análisis y en las tertulias se habla de dos bloques ideológicos, incluso de tres. Estarían representados por PP y Ciudadanos (derecha); PSOE, Podemos (y sus mareas) e IU (izquierda); y los nacionalistas, una amalgama heterogénea que incluye tanto a los conservadores del PNV, a izquierdas independentistas como Bildu o Esquerra Republicana, a conservadores independentistas como Democracia y Libertad (la antigua CiU), y a la diputada de Coalición Canaria.

Este esquema por afinidades ideológicas se ha impuesto en el imaginario colectivo de aquellos que aspiran a comprender este escenario altamente confuso. Sin embargo, para disgusto de los amantes de la simplificación, es un esquema que no se ajusta a la realidad, o mejor dicho, la realidad no tiene por qué ajustarse a él.

Comenzando por el bloque de la derecha. ¿Es homogéneo? ¿Supone esta asignación ideológica que PP y Ciudadanos están obligados a entenderse en exclusiva y a ser socios porque comparten ideario y rechazar la negociación con otros? Lo mismo podría decirse del bloque de la izquierda, en el que la desavenencia es lo único que hasta el momento ha caracterizado la comunicación entre PSOE y Podemos, lo que aleja el llamado ‘pacto a la portuguesa’ a pesar de que ambos comparten buena parte del perfil de su electorado.

Por el momento los hechos han demostrado que los supuestos bloques ideológicos no deben servir como guía para comprender la realidad política española, ya que el primer acuerdo firme y con consecuencias prácticas ha sido al que han llegado PSOE y Ciudadanos para nombrar al socialista Patxi López presidente del Congreso, con la abstención del PP y los votos en contra de Podemos. Es decir, un miembro del bloque de derechas y un miembro del bloque de izquierdas han conseguido llegar a un acuerdo sin el apoyo de sus ‘compañeros’ ideológicos. ¿Y si este acuerdo fuera el primer paso hacia un pacto mucho más relevante?

Los números frente a la ideología

Para ser Presidente del Congreso hacen falta más votos a favor que en contra. Se trata de una cuestión de pura aritmética y no ideológica. En el Congreso de los Diputados hay 350 parlamentarios. Para elegir al Presidente del Gobierno en una primera vuelta son necesarios 176 votos como mínimo, es decir, la mayoría absoluta. Como esa cifra se antoja imposible por la actual composición de la Cámara, se pasaría a una segunda vuelta de votación en la que ya solamente es necesaria una mayoría simple, y esa es la cuestión clave.



A partir de aquí sigue la mera especulación.

El PP presentaría a Mariano Rajoy en una primera vuelta que fracasaría ya que, a priori solamente conseguiría los votos positivos propios, 123 (122 si Gómez de la Serna no vota), más los 40 de Ciudadanos si seguimos apostando por la solidaridad entre los bloques ideológicos. En total serían 163 votos, 13 menos de la mayoría absoluta y 24 menos de la suma de los votos de PSOE, Podemos y los nacionalistas, 187 votos que presumiblemente dirían ‘No’ a un nuevo gobierno del PP. En total 163 ‘síes’ frente a 187 ‘noes’ para Rajoy.

Se pasaría a una segunda fase. Patxi López podría presentar al rey la candidatura a la investidura del líder del PSOE, Pedro Sánchez. Con 90 diputados, 33 menos que el PP, podría parecer una operación condenada al fracaso. Sin embargo, si se activara de nuevo el acuerdo que ha permitido al PSOE presidir el Congreso, esos 90 diputados del PSOE podrían contar con el apoyo de los 40 de Ciudadanos, es decir, 130 votos para Pedro Sánchez contra 123 del PP que seguramente votarían ‘No’.

Ni mucho menos sería suficiente para una investidura en una primera ronda porque faltarían 46 votos para la mayoría absoluta. Pero, ¿y en una segunda vuelta en la que sólo es necesaria una mayoría simple? PSOE y Ciudadanos superan al PP, y ¿qué harían Podemos y los nacionalistas?

Podemos cuenta con 42 diputados propios más otros 27 de las ‘mareas’ regionales. En total 69 diputados que tendrán que elegir si permiten un gobierno del PSOE o lo tumban directamente sumando sus votos negativos a los del PP. ¿Estaría dispuesto Pablo Iglesias a ponerse en el mismo lado de Rajoy contra el PSOE? Podemos también podría abstenerse, lo que con la abstención nacionalista sería suficiente para hacer de Pero Sánchez presidente con el siguiente resultado: a favor 130, en contra 123, abstención 97 (aunque seguramente algún diputado nacionalista votaría a favor, como la de Coalición Canaria que gobierna en las islas con el apoyo socialista).

Para llegar a este escenario deben darse muchas carambolas y se debe negociar mucho. Por ejemplo, Ciudadanos ha apoyado la presidencia del Congreso por parte del PSOE para que presida la Cámara un partido diferente al del Gobierno. ¿Cambiaría de parecer Albert Rivera para apoyar a Pedro Sánchez? ¿Qué papel jugaría Podemos? Y los 17 diputados nacionalistas catalanes que apoyan la llamada ‘desconexión’, ¿apoyarían al PSOE o al menos se abstendrían facilitando así la investidura de Pedro Sánchez?


Este sería un desenlace difícil, puede que improbable, pero no imposible.    

miércoles, 8 de julio de 2015

La vorágine electoral después del verano

España está de elecciones. Lleva así desde que empezó 2015 y seguirá así hasta que se hayan celebrado las generales, las que de verdad importan. Las elecciones andaluzas, las municipales y autonómicas y las catalanas solamente se perciben para muchos como meros sondeos (muy detallados y caros) para medir el ambiente antes de la batalla decisiva.

Los principales actores ya se están preparando. El PSOE tiene candidato oficial tras un proceso exprés con bandera gigante incluida. Pedro Sánchez encabezará la lista del PSOE al Congreso de los Diputados en Madrid sin necesidad de pelea interna (al menos visible). Ciudadanos también tiene candidato-marca, Albert Rivera (¿quién si no?) y Podemos, que ya ha convocado un proceso de primarias que ha provocado algunas críticas internas por su supuesto caudillismo, no tardará en presentar a Pablo Iglesias como su estandarte electoral (¿volverán a imprimir su cara en las papeletas como hicieron en las Europeas?). Por parte del PP nadie duda de que el candidato será el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aunque las voces críticas con su figura dentro de su propia casa empiezan a ser cada vez más fuertes y contundentes.

Todos tienen el mismo objetivo: ganar. Aunque esto no signifique exactamente lo mismo en cada caso. Porque si Rajoy no es capaz de revalidar la mayoría absoluta, o al menos de conseguir una mayoría clara, habrá perdido y sus enemigos en el PP saldrán a por él. Porque si el PP consigue apuntalar su poder sin necesidad de una muleta, Ciudadanos y Albert Rivera habrán fracasado al no poder convertirse en un actor político decisivo. Porque si Podemos no consigue superar en votos al PSOE no conseguirá cumplir su objetivo estratégico de hacerse con la hegemonía en la izquierda española. Y porque si el PSOE no supera a Podemos, Pedro Sánchez no será presidente del Gobierno.

Los primeros datos que ofrecen las encuestas dicen que todo está al rojo vivo. La encuesta de Invymark del mes de junio para La Sexta habla de una victoria mínima del PP que en realidad sería una derrota: el 25.9% de intención de voto. Necesitaría una muleta que podría ser Ciudadanos, pero según el sondeo aún así no sería suficiente: Los de Rivera solamente llegarían al 13,2%. PP y C’s no sumarían más que el 39,1% frente al 46% de la suma de PSOE y Podemos. Pero esa suma es complicada, porque Pedro Sánchez y Pablo Iglesias empatarían cada uno con el 23%.

Si fuera por las preferencias del público, Pedro Sánchez sería el presidente. Siempre según esta encuesta que dice que un 31,1% de españoles le prefiere a él frente a un 20,1% que elegiría antes a Pablo Iglesias. Pero como el sistema político español no es presidencialista cuentan las marcas. Y no estaría claro cual de los dos, Podemos o PSOE, aceptaría ser el socio menor en caso de un empate técnico en el mundo político de la izquierda.

Barómetro de Metroscopia, julio 2015.

El último sondeo de Metroscopia publicado en El País abunda en el mismo escenario: un empate virtual entre PSOE (22,5%) y Podemos (21,5%) con un margen de erros de más menos 3,2 puntos. El PP, por su parte, conseguiría el 23%, lo que, sumado al 15% que conseguiría Ciudadanos no le permitiría gobernar. 

La carrera ya ha empezado. Todos deben necesariamente sumar para despegarse de sus rivales. Al final del camino, ¿conseguirá el PP una amplia mayoría?, ¿quién se hará finalmente con la hegemonía de la izquierda? y ¿quién se presentará al debate de investidura?


Empiezan las ofertas electoralistas

Junto al posicionamiento de los líderes, estamos siendo testigos de las primeras promesas y medidas electorales. Parte del PP parece que está pasando a un discurso algo más progresista ante la ola de izquierdismo que vive el país. Así, por ejemplo, Cristina Cifuentes, la flamante presidenta de la Comunidad de Madrid, y Jesús Posada, el presidente del Congreso de los Diputados, han izado la bandera del arco iris en la semana del Orgullo Gay. Por otro lado, el presidente del Gobierno ha adelantado una bajada del IRPF mientras insiste en que la recuperación económica es una realidad. Rajoy sigue confiando en que los bolsillos, o mejor dicho la expectativa de aumentar sus contenidos, determinen buena parte de los votos y le permitan repetir en La Moncloa.

El PSOE, por su parte, se aferra en que esa expectativa no cuaje entre el electorado y basa su discurso en la denuncia de la desigualdad que está causando la crisis entre los españoles. Mientras los socialistas denuncian la cara amarga del capitalismo, y para cortocircuitar denuncias de radicalismos ideológicos, lo hacen reivindicando los símbolos del Estado y con ello una imagen de centralidad. Es el eterno viaje al centro que nunca se deja de emprender en vísperas electorales.

De eso sabe mucho Podemos, que en su camino hacia la “transversalidad” ya ha tenido que vivir las primeras disensiones internas de un sector que considera que se están traicionando las esencias asamblearias y de izquierdas. Pablo Iglesias tiene claro que la razón de ser y la clave del éxito de Podemos se basa en que permanezcan intactos su imagen y su discurso irreverentes y diferentes frente a los partidos tradicionales, pero a la vez necesita centrar esa misma imagen y ese mismo discurso para atraer al mayor número de votantes del PSOE, fundamentalmente, y ganar así su batalla por la hegemonía de la izquierda. Parece la cuadratura del círculo: ¿se puede ser un rebelde de centro?

Ese es el objetivo de Albert Rivera y de Ciudadanos. Las elecciones municipales y autonómicas del pasado mes de mayo no han supuesto una explosión impresionante de votos a la formación naranja teniendo en cuenta su proyección demoscópica, pero sí la ha puesto en el centro del tablero. Igual que los pactos postelectorales han situado a Podemos en la izquierda con el PSOE como único socio posible, ocupando así el espacio de IU, Ciudadanos juega a dos bandas. Con menos votos, está desempeñando un papel más destacado en la gobernabilidad de ciudades y autonomías importantes, y lo hace sin  hacer ascos a ni al PP, al que permite gobernar en la Comunidad de Madrid, ni al PSOE, al que permite hacerlo en Andalucía.

Sin embargo, tanta centralidad puede resultar complicada para los electores acostumbrados a la confrontación entre derecha e izquierda. Aunque puede resultar práctico no casarse con nadie, también puede restar votos. Los de Rivera se entienden como los luchadores por una España sin corrupción y comprometida con la llamada regeneración democrática, aunque sin especificar exactamente qué supone eso. La pregunta que tendrán que responder a su electorado será si el juego a dos bandas realmente supone una mayor democracia y menos corrupción, o si es simplemente mercantilismo.


Cada voto contará y para ello ninguno de los actores implicados dudará en movilizar todas sus fuerzas y discursos para alcanzar su objetivo. Si la situación política y mediática en España ya es convulsa, después del verano nos espera la vorágine, o lo que es lo mismo, una “pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos”, como lo define la RAE.