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jueves, 26 de abril de 2018

De bastión a cloaca: el PP de Madrid


Hace diez años la Comunidad de Madrid era el bastión del PP. En pleno auge de la era Zapatero, Madrid era un lugar seguro para los conservadores. Esperanza Aguirre en el Gobierno regional y Alberto Ruiz Gallardón en el Ayuntamiento de la capital (y dos legislaturas antes, en la Puerta del Sol), ganaban por mayorías absolutas, y, sobre todo Aguirre, encabezaba la oposición al Gobierno socialista en La Moncloa. Eran tiempos felices para ese partido en la región madrileña. Controlado por una bicefalia de facto de Ignacio González, con un mando absoluto de la administración, y de Francisco Granados, con el mismo dominio sobre el partido, Esperanza Aguirre, la única por encima de sus dos príncipes enfrentados, era quien asumía el poder total y absoluto. Podía incluso permitirse el lujo de ignorar a la oposición, minimizar hasta prácticamente hacer desaparecer, el control parlamentario de la Asamblea de Madrid. Aguirre sonreía y los medios locales y regionales aplaudían. El dinero corría a raudales. Y los votos se multiplicaban: casi 1,35 millones en octubre de 2003; casi 1,6 millones en 2007 y casi 1,55 millones en 2011.

Los tiempos han cambiado, y mucho, desde entonces. Las últimas encuestas (Celeste Tel, abril 2018) destronan al PP y le sitúan como segunda fuerza política (24,3%) a muy escasa distancia del nuevo favorito, Ciudadanos (25,7%), y del tercero en discordia, el PSOE (23,9%). Un desastre. Un cataclismo que fulminaría la enorme ventaja cuantitativa de los populares en la Comunidad de Madrid, que pasarían de tener 67 diputados en el Parlamento regional en 2007, el año del máximo esplendor, a 34 en 2019. La mitad. Esta es la espada de Damocles que pende sobre las cabezas del PP en estos días. Y el escenario no es optimista.





Del tamayazo al escándalo del máster

Diez años después de ser el bastión del PP en España, la Comunidad de Madrid se ha convertido en su cloaca. Esperanza Aguirre comenzó su reinado en 2003 gracias a un suceso sospechoso, el llamado ‘tamayazo’. Muchos pensaron entonces que, tarde o temprano, este escándalo acabaría alcanzando a sus mayores beneficiarios. Pero 15 años después, los escándalos que han asediado primero, y minado lentamente al PP madrileño hasta carcomerlo se llaman Gürtel, Púnica y Lezo. Corrupción. Supuesto enriquecimiento personal y del partido, aprovechando los años del poder intocable. Un supuesto saqueo de las arcas públicas, acompañado de privilegios personales y una forma de gobernar y entender la política que tenía más en común con el feudalismo medieval que con una sociedad democrática.

Esta forma de entender la vida es la que ha acabado con la figura que el PP había elegido como cortafuegos de este declive. Cristina Cifuentes, una cortesana más del reinado aguirrista de la segunda mitad de los años 2000, fue la elegida para visualizar una supuesta regeneración y distanciamiento del PP con respecto a los desmanes del poder absoluto que estaban siendo investigados por la Justicia. Cifuentes fue escogida, señalada y aupada al trono. Pero a cambio tuvo que apostatar y acusar a sus antiguos compañeros.

Cifuentes se erigió como el “azote de la corrupción”, Granados y González fueron detenidos, y Aguirre tuvo que dimitir de todos sus cargos. La nueva reina parecía todopoderosa, pero un año antes de las elecciones, el llamado ‘fuego amigo’, según Cifuentes, se ha cobrado su pieza. En muchos medios de comunicación se apunta a una venganza de los antiguos compañeros de la corte de Aguirre, que habrían filtrado los pecados de Cifuentes. Al final estas faltas son las que han acabado con ella. No ha sido un gran caso de corrupción, como los que acosan a sus predecesores, o un escándalo electoral. Han sido dos ejemplos de como se ejercían los privilegios sin rubor: un máster supuestamente falsificado y regalado por parte de una universidad pública en 2012, y un hurto en un supermercado en 2011, que acabó sin denuncia en comisaría a instancia, al parecer, de la propia policía. Una manera de entender el poder que la sociedad ya no perdona.



Ciudadanos, un socio ¿cómodo?

Las elecciones de 2015, el estreno de Cifuentes como la gran salvadora del PP madrileño, demostraron que los conservadores se movían en terreno complicado en su feudo: consiguieron poco más de un millón de votos. Uno de cada tres votantes del PP en 2007, el año álgido, había dejado de escoger a esta marca. Adiós a la mayoría absoluta.

La nueva realidad se llamaba pacto. Y el único partido dispuesto a firmarlo se llamaba Ciudadanos. Parecía un socio cómodo. Por un lado, con un discurso crítico, incluso fiscalizador, de las políticas del PP. Pero leal en las votaciones clave. Ciudadanos parecía la muleta perfecta. Con unos 383.000 votos en 2015, podía jugar el papel de atraer el voto desencantado con el PP, pero sin salir de la esfera de influencia de la derecha. Un voto a Ciudadanos parecía un voto en diferido al PP. Pero eso también ha cambiado.

Ahora la que parecía la muleta del PP aspira a intercambiar los papeles en Madrid. Todo el escándalo de Cifuentes debe observarse bajo ese prisma. Todas las miradas y jugadas políticas han estado enfocadas a esperar a ver qué hacía Ciudadanos. La izquierda lo tenía fácil. El PSOE presentó una moción de censura a Cifuentes, apoyada por un Podemos débil y dividido, una medida que se podría llamar ‘win-win’: colocaba la presión sobre Ciudadanos. Si el partido naranja apoyaba la moción, el PSOE gobernaría. Si no lo hacía, los socialistas empezarían a utilizar el mensaje de que Ciudadanos no ha dejado de ser la muleta del PP ni en los momento más avergonzantes de los conservadores, tratando así de frenar el discurso de novedad, regeneración y seriedad de los naranjas, y cortando de paso así el trasvase de votos del PSOE a los de Rivera, e incluso tratando de atraer nuevo votante asqueado con el apoyo de Ciudadanos a un PP podrido.

Cifuentes, por su parte, nunca quiso dimitir. Y como escudo trató de utilizar las mismas debilidades de Ciudadanos que había identificado el PSOE, pero desde el ángulo opuesto: si apoyaban la moción de censura, le estarían regalando el gobierno regional a la “izquierda radical” de PSOE y Podemos. Esto espantaría a muchos votantes de derechas que así, aunque fuera con la nariz tapada, seguirían apoyando al PP. Y si no apoyaban la moción, el PP seguiría gobernando. Esta era también la fórmula favorita de Rajoy y del PP nacional. Comenzaron distanciándose de Cifuentes, pero tras la Convención Nacional en Sevilla, parecía que aceptaban la estrategia de Cifuentes para poner en un dilema a Ciudadanos. Pero las filtraciones, posibles venganzas y guerras internas, han precipitado la salida de la ya ex presidenta y facilitado la posición de Ciudadanos, que nunca quiso apoyar la moción de censura, pero no podía seguir apuntalando un gobierno de Cristina Cifuentes. Ahora seguirá gobernando el PP, pero con otra persona al frente. ¿Pero quién?

El PP de Madrid tiene un problema, y por extensión también lo tiene el PP nacional. Madrid está dejando de ser su bastión. A un año de las elecciones municipales y autonómicas, no tienen un candidato o candidata claro para el Ayuntamiento de Madrid, y ahora tampoco tienen cabeza de lista para la Comunidad. Se trata de una elección muy complicada, cuyo primer capítulo será saber cómo acabará el drama Cifuentes: ¿dejará también de forma ‘voluntaria’ la presidencia regional del PP, un puesto oscuro pero clave, con capacidad de confeccionar las listas electorales?



Mientras tanto, el tiempo pasa y vendrán nuevas encuestas. La última de Metroscopia para El País publicada el 26 de abril: El PP pasa al tercer puesto, con una estimación de solamente 25 diputados, 23 menos que Ciudadanos y ocho menos que el PSOE. Muy lejos de otros tiempos no tan lejanos.
 



miércoles, 8 de junio de 2016

Los vídeos electorales de la precampaña, ¡todos a por Podemos!

Los vídeos de PP, PSOE y Ciudadanos de la precampaña electoral del 26J tienen todos un mensaje común: la culpa de la repetición de las elecciones y de la inestabilidad política en España es de Podemos. Estos tres partidos pugnan por un perfil de votante que busca una característica con la que tratan de identificarse: la estabilidad y la moderación, incluso la moderación en el cambio político, frente al mensaje del cambio radical. Podemos reacciona aceptando un relato que polariza la contienda política entre ellos y el resto. Una polarización que le beneficia:  



Partido Popular: No a las líneas rojas y estabilidad



No a las líneas rojas, no a los cambios radicales y no a los experimentos. Aunque el eslogan es positivo (A Favor), el mensaje contiene una importante carga defensiva frente a las "líneas rojas" en clara alusión a la expresión utilizada por Pablo Iglesias durante las negociaciones fracasadas tras las elecciones del pasado mes de diciembre. El PP se presenta como el partido positivo frente a unas líneas rojas (Podemos) que sólo ponen trabas.



PSOE: La culpa es de Podemos




Un vídeo largo, de algo más de cuatro minutos para explicar que el próximo 26 de junio volverán a celebrarse elecciones por culpa de Podemos. Se pone en valor el acuerdo alcanzado con Ciudadanos tras las elecciones de diciembre y se asume el liderazgo y el protagonismo para desbancar al PP del Gobierno. Igual que en el vídeo anterior, el eslogan es positivo ("Un Sí por el cambio"), funciona como reacción a una supuesta actitud negativa por parte de Podemos para conseguir el cambio.




Ciudadanos: "El de la coleta es un vago"



El vídeo preelectoral de Ciudadanos tiene un mensaje que se refleja indirectamente pero que es clarísimo: Si hay elecciones otra vez el próximo 26 de junio es por culpa de la intransigencia de Podemos. Un hombre caracterizado con coleta y perilla, con una clara alusión a Pablo Iglesias, aparece como un personaje egoísta, inmaduro e incluso ridículo que es retratado como un vago oportunista que busca vivir del cuento mientras los sufridos ciudadanos le observan con desdén y desconfianza. El mensaje es claro: El cambio y la nueva política son necesarios, pero no se debe apostar por Podemos.



Podemos: Desafiante




El vídeo preelectoral de Podemos es una clara respuesta a los tres anteriores. Es muy corto, 39 segundos, y su contenido no es programático ni tampoco aparece Pablo Iglesias ni ningún otro dirigente conocido. El protagonismo es un boxeador vestido con la máscara de Darth Vader en actitud desafiante, como aceptando el envite. El vídeo no es defensivo ni contiene un discurso explicativo sobre la repetición de las elecciones. Es más, es el único vídeo en el que la repetición electoral es valorada de forma positiva, como una nueva oportunidad.

viernes, 8 de abril de 2016

¿Preparando las urnas para el 26 de junio?

La reunión ‘a tres’ entre PSOE, Podemos y Ciudadanos ha fracasado tras el primer encuentro. Parece lo previsible después de que Podemos y Ciudadanos hubieran escenificado sus diferencias y subrayado sus desacuerdos en los días previos en vez de apostar por un discurso conciliador que diera alguna oportunidad al acuerdo. Sin embargo, no es de extrañar que escogieran este tono agresivo, ya que a ambas formaciones no les interesa llegar a ningún acuerdo tripartito.

Albert Rivera le dijo a Pablo Iglesias en una intervención en el Congreso de los Diputados el día antes de la reunión a tres: “A ver si es verdad que usted defiende los derechos humanos en todo el mundo, donde tiene gente que le financia su partido”. Iglesias, por su parte, respondió que resultaría “muy difícil” conformar un gobierno del cambio con “intolerantes” que “querían negar la tarjeta sanitaria a personas que sólo estaban huyendo de la pobreza”. Un cruce dialéctico muy duro que hacía presagiar el fracaso del pacto y aparentemente extraño entre dos partidos que comparten el discurso de la primacía de la necesidad del cambio frente al PP y de llegar a acuerdos en la ‘nueva política’. ¿Qué ha pasado? Pues que la opinión pública no ha quedado congelada ni mucho menos desde que votó el pasado mes de diciembre.

Según el sondeo de Metroscopia publicado el 7 de abril, el mismo día de la reunión, si se repitieran las elecciones el próximo 26 de junio el gran vencedor sería Ciudadanos. La formación de Albert Rivera conseguiría el 17,7% de los votos, casi cuatro puntos más que en las elecciones del 20 de diciembre. Sus interlocutores de la reunión ‘a tres’ serían los damnificados: El PSOE perdería dos puntos y pasaría al 20,1% y Podemos se dejaría casi cuatro puntos en el camino pasando al 17%, por debajo de Ciudadanos que sería la tercera fuerza política. El PP, por su parte, se mantendría igual que en diciembre, incluso subiría un 0,3% hasta llegar al 29%.



Esta tendencia electoral al alza de Ciudadanos frente a una bajada de Podemos y el estancamiento de PP y de PSOE es compartida por otras encuestas publicadas en los últimos días. Por ejemplo Celeste Tel publicó el pasado 6 de abril que Ciudadanos podría sumar hasta siete escaños, el PP dos, el PSOE se quedaría igual o perdería uno, mientras que Podemos podría perder hasta ocho diputados. Otra encuesta, de JM&A publicada el mismo día, incluso se aventura a pronosticar una subida de 21 diputados naranjas en caso de repetición electoral.

Ciudadanos en mejor posición
Pero esta tendencia se mueve y cada día que pasa parece que aumentan las expectativas de los de Albert Rivera. La encuesta de Metroscopia ofrece un vistazo más detenido a lo que pasa y explica que, de todas las fuerzas políticas, Ciudadanos es la que se encuentra en mejor situación de cara a la repetición electoral. Según su análisis “el partido naranja combina su capacidad para retener a sus votantes de diciembre (un 79% de ellos repetiría ahora su voto) con la de ser el partido que mayor número de electores parece lograr atraer desde otras opciones políticas”.

Los otros miembros de la reunión ‘a tres’ no comparten un pronóstico tan halagüeño. Según Metroscopia, “Podemos es, hoy por hoy, el partido que cuenta con una menor fidelidad de voto: 64%”, y el PSOE “sufre fugas en todas las direcciones: sobre todo hacia Ciudadanos (10%) pero también hacia el PP (4%), Unidad Popular (3%) y Podemos (3%)”, además de tener el electorado con la menor determinación de volver a las urnas en caso de repetir los comicios.

Es decir, Ciudadanos estaría viviendo un momento dulce en el que cada día que pasa aumentan sus posibilidades de convertirse en un actor político mucho más influyente si se repitieran las elecciones. Tan influyente que, si esta tendencia se mantuviese, incluso podría facilitar al PP un Gobierno siguiendo sus condiciones, un escenario mucho más cómodo que un imprevisible tripartito con PSOE y Podemos. Ciudadanos ni siquiera necesitaría entrar en el Ejecutivo y sufrir así el desgaste de ser la ‘muleta’ del PP. Con un pacto de investidura y la negociación individual de cada ley, también con la oposición, pondría al Parlamento en el centro del debate y con ello al propio Albert Rivera, que cada año podría revisar su apoyo al PP con motivo de la aprobación de los Presupuestos Generales. Es el modelo que Ciudadanos ya está aplicando en la Comunidad de Madrid, donde vota con la oposición en muchas ocasiones, pero mantiene su apoyo al Gobierno conservador en las votaciones cruciales.

Con este escenario, ¿qué necesidad tiene Ciudadanos de fomentar su participación en las reuniones ‘a tres’? Incluso, ¿qué necesidad tiene de mantener su acuerdo programático con el PSOE?

Sigue la lucha por la hegemonía en la izquierda
Los socialistas son los grandes perdedores tras el fracaso de la reunión. Con Ciudadanos y Podemos amarrados con un acuerdo en el que Pedro Sánchez sería presidente, el PSOE podía reclamar la centralidad política y jugar el papel de mediador entre la izquierda y el centro. Ahora tendrá que elegir hacia qué lado lanzar su primer discurso preelectoral, es decir, señalar al culpable de impedir el ‘Gobierno del cambio’, y según la primera reacción parece que el señalado es Podemos, que no deja de ser el principal competidor de los socialistas en las urnas.

Pablo Iglesias, por su parte, no ha renunciado a su objetivo estratégico de superar al PSOE como partido hegemónico de la izquierda. No es solamente una cuestión de número de votos y de escaños. Podemos aspira a superar al PSOE como referente de la izquierda en un sentido amplio: en el discurso, en la movilización, incluso en la simbología. Si el triunfo del PSOE fue el símbolo del fin del franquismo, el triunfo de Podemos sobre el PSOE debe ser el triunfo de los indignados sobre el ‘sistema de 1978’. Y para ello Pablo Iglesias necesita no aparecer como la muleta del PSOE.

Para Podemos resulta fundamental que Ciudadanos se marche de las conversaciones y que el PSOE dependa exclusivamente de ellos para tener alguna oportunidad de gobernar. Solamente así Pablo Iglesias podría presionar de tal forma a los socialistas, que la única manera de que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa sería cediendo y demostrando públicamente que depende de Podemos. La formación morada conseguiría así una influencia definitiva sobre el PSOE y la hegemonía cultural en la izquierda, aún teniendo menos diputados. Juega a su favor que Pedro Sánchez sabe que si finalmente se repiten las elecciones, en las filas socialistas serían muchos los que pondrían en duda su idoneidad para volver a liderar el proyecto el 26 de junio y podría ser el fin definitivo a sus aspiraciones políticas.

La única posibilidad de evitar volver a las urnas está por lo tanto en un hipotético pacto PSOE-Podemos que pueda arrastrar a alguna formación menor. Será una partida de póquer hasta el final. Puede que incluso parecida al fatigoso proceso de formación de Gobierno en Cataluña, donde se evitó la repetición de las elecciones literalmente en el último minuto.


Sánchez e Iglesias saben que, según las encuestas, el tiempo va en su contra si se tuvieran que repetir las elecciones, pero ninguno quiere ceder ante el otro en pleno combate por la hegemonía en la izquierda. Ciudadanos, por su parte, ha perdido el interés y se prepara ya para volver a las urnas y salir de ellas con más fuerza. Solamente busca una excusa para salir de las conversaciones de manera que no se le acuse de no querer alcanzar soluciones. El PP, mientras tanto, espera.  

viernes, 22 de enero de 2016

¿Es el fin de las aspiraciones de Pedro Sánchez?

La política española ha vivido el pasado viernes 22 de enero un giro que podría ser definitivo. En pocas horas, dos anuncios espectaculares han hecho trizas la estrategia del PSOE para tratar de convertir a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno y han transformado la gran ventaja estratégica de los socialistas de su posición central entre las fuerzas políticas en un problema.

La semana previa los acontecimientos señalaban a una ligera ventaja de los socialistas en la dura lucha por la investidura. El sorprendente acuerdo con Ciudadanos que hizo posible la presidencia de Patxi López en el Congreso de los Diputados era el aviso de que podía conseguirse algo mucho más importante si este acuerdo se repetía de cara a la investidura. Con el SÍ de Ciudadanos el PSOE superaría los escaños del PP y pondría a Podemos y a sus confluencias en la situación incómoda de tener que elegir entre apoyar un gobierno alternativo a Rajoy (ya sea votando a favor o absteniéndose) o votar en contra.

El resultado hubiera sido brillante para Pedro Sánchez: una derrota del PP y su parálisis temporal con una crisis interna importante en torno al liderazgo; la escenificación de Podemos como el miembro menor de la izquierda frente a un PSOE gobernante; la demostración ante la Unión Europea y los poderes económicos y empresariales de que es capaz de llegar a acuerdos con Ciudadanos y el centro político moderado; y, sobre todo, la victoria incuestionable sobre sus barones territoriales que se oponen abiertamente a su liderazgo.

Esta estrategia tenía un primer acto, y es que Rajoy debía presentar el primero su candidatura a la investidura y perderla. Aunque fuera con los votos favorables de Ciudadanos, pero esta sesión hubiera escenificado el NO de los socialistas y hubiera legitimado la posterior candidatura de Pedro Sánchez como líder del segundo partido más votado, sobre todo ante el importantísimo Comité Federal del PSOE del 30 de enero, que es el que debe dar luz verde a Sánchez en sus políticas de pactos.

Sin embargo, las cosas han venido de otra manera. Los rivales del PSOE no se han quedado dormidos y han trastocado todos estos planes.

Golpes de efecto

El primer golpe de efecto lo dio Pablo Iglesias tras su entrevista con el Rey, cuando anunció ante la sorpresa general que estaba dispuesto a apoyar la presidencia de Pedro Sánchez a cambio de participar en un gobierno de coalición en el que el propio Iglesias se recomendaba como vicepresidente. La reacción de los barones y de otros muchos influyentes socialistas contrarios a cualquier pacto con Podemos no se hizo esperar y respondieron enojados y ofendidos en contra de la oferta de Iglesias. El ambiente en el PSOE a ocho días del Comité Federal volvía a calentarse.

Pero a esta primera bomba informativa le siguió pocas horas después una segunda explosión espectacular. Mariano Rajoy anunció también tras su entrevista con el Rey que no iba a presentar su candidatura a la investidura, a pesar de que Felipe VI se lo había propuesto formalmente al tratarse del líder del partido más votado en las elecciones. Poco después el propio Rajoy matizó sus palabras y explicó que seguía aspirando a la Presidencia del Gobierno, pero que no se presentaría a la investidura hasta conseguir la mayoría que le diera la victoria.

La estrategia del PSOE se ha hecho añicos. Ahora todos los focos están sobre Pedro Sánchez y no sobre Rajoy, y las preguntas son: ¿Se presentará ahora el líder socialista el primero a la sesión de investidura? Y ¿aceptará la oferta de Podemos?

‘Vía Crucis’ del PSOE

La que iba a ser una semana cómoda y triunfal del PSOE con la derrota de Rajoy en el Congreso se ha convertido en un más que probable ‘Vía Crucis’ de cara al Comité Federal del 30 de enero. Los barones y muchos miembros de este órgano no apoyarían con toda seguridad el pacto con Podemos, lo que abriría una dura confrontación entre los partidarios de negociar con Pablo Iglesias y los que no lo están. Se antoja casi imposible para Pedro Sánchez conseguir en este ambiente una mayoría absoluta (por no hablar de unanimidad) en el máximo órgano socialista entre congresos que legitime su candidatura a la investidura con el apoyo de Podemos.

Es, sin duda, una gran victoria táctica de Pablo Iglesias. Por un lado, si Sánchez consiguiera un SÍ del Comité Federal a pactar con Podemos, se abriría un proceso de negociación con el partido morado cuyos resultados son hoy por hoy imprevisibles, ya que una coalición de partidos para formar gobierno como ha ofrecido Iglesias haría saltar muchas chispas en el seno del socialismo que no olvida que Podemos tiene como objetivo estratégico hacerse con la hegemonía en la izquierda. Por otro lado, en el caso de que el PSOE dijera NO a un pacto con Podemos, Iglesias no tardaría ni un segundo en afirmar que los socialistas no quieren el cambio y que Podemos es la única alternativa real de izquierdas, con el claro objetivo de atraer a más votantes socialistas a sus filas en una posible repetición de las elecciones.

Con el movimiento de Iglesias se ha invertido la situación: de ser Podemos el que tendría que posicionarse ante un eventual pacto PSOE-Ciudadanos contra el PP, ahora es el PSOE el que tiene que posicionarse, y cualquiera de las decisiones que tome conllevan un desgaste.  

Rajoy, por su parte, espera pacientemente este desgaste del PSOE y, de la misma manera que Sánchez esperaba un suicidio político de Rajoy en el Congreso, ahora es el presidente en funciones el que espera que sea su rival el que se inmole en la Cámara. El PP sigue jugando la baza del pacto con Ciudadanos y el apoyo (o abstención) del PSOE, por lo que un fracaso y/o eventual dimisión o derrota de Pedro Sánchez sería fundamental, ya que un nuevo liderazgo socialista podría permitir un nuevo gobierno de Rajoy. Los socialistas tendrían que elegir entre la peste o el cólera: mantener el NO a Rajoy y provocar unas nuevas elecciones en las que, con bastante seguridad, pagarían ante sus votantes su negativa a aprovechar la oferta de Podemos para echar al PP del Gobierno, o apoyar a Rajoy.


En resumen: en un solo día los que parecía que iban perdiendo han provocado un giro en los acontecimientos que puede poner fin a las aspiraciones de Pedro Sánchez de convertirse en presidente del Gobierno. ¿Podrá contraatacar con otro golpe de efecto?

viernes, 18 de diciembre de 2015

Los vídeos electorales de la campaña 2015: Gana la emoción

Las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 son las primeras en la reciente historia democrática de España en las que más de dos partidos tienen capacidad de influir decisivamente en la formación del Gobierno de la Nación y en la labor legislativa del próximo Congreso de los Diputados. Hasta el último momento las encuestas han señalado un escenario muy reñido, lo que ha forzado a los partidos a poner en marcha la maquinaria de comunicación con los contenidos más emocionales de las últimas campañas.


Partido Popular: No hagas experimentos

El vídeo electoral del PP apela a un mensaje sencillo: "La cosa marcha, cuesta, pero marcha. No lo pongas en peligro votando cosas raras". Como buen vídeo del partido en el Gobierno que espera ser reelegido, pone en valor los éxitos alcanzados durante la legislatura y promete aumentarlos. Apela al esfuerzo, la constancia y la seriedad. Valores emocionales que vinculan con la marca PP y en los que no aparece en ningún momento el rostro del candidato.






PSOE: Resistir es vencer

Este vídeo electoral tiene un muy alto ingrediente emocional. Busca la movilización del voto tradicionalmente socialista a través del relato "resistir es vencer". Frente a encuestas que vaticinan un desastre electoral, este vídeo presenta un escenario de futuro en el que el PSOE logra vencer a pesar de todo y cumplir sus promesas electorales llenando de orgullo a sus votantes. Su objetivo: poner la piel de gallina y retener a los votantes socialistas. 






Podemos: Los dos Pablos Iglesias piden el voto a los socialistas 

El vídeo de Podemos tiene un doble objetivo: presentar a esta formación como libre de toda mácula frente a los partidos tradicionales y, sobre todo, como la alternativa al PSOE. Está dirigido directamente a los votantes socialistas decepcionados con la intención de atraer su voto apelando a los principios fundadores del socialismo y para ello utiliza el nombre de Pablo Iglesias, aprovechando la confusión entre los nombres del líder de Podemos y del fundador del PSOE. 





Ciudadanos: Albert Rivera y la ilusión

El vídeo de Ciudadanos es un reflejo de los dos ejes de su campaña: la figura de Albert Rivera y el elemento emocional de la ilusión. No se presentan propuestas concretas, sino mensajes generalistas basados en la esperanza y la emoción articulados en torno a la figura del candidato. Dirigido a los votantes que buscan algo nuevo pero sin compromisos.





Unidad Popular/Izquierda Unida: la verdadera izquierda

Este vídeo electoral quiere presentar a UP/IU como la defensora de las esencias de la izquierda, sin concesiones ideológicas. Reconoce que parte con menor apoyo en las encuestas y trata de convertir esta circunstancia en un valor con el relato: creéis que somos pocos los que defendemos la verdadera esencia de la izquierda, pero en las elecciones demostraremos que no es así. Un claro mensaje a Podemos.  





UPyD: el partido contra la corrupción


Es el vídeo más clásico de todos. La lucha contra la corrupción se ha convertido en el principal mensaje de este spot y en el elemento diferenciador de UPyD con respecto al resto de partidos, apelando al papel de la formación magenta en las denuncias en el caso Bankia. Un intento de retener votantes en su fuga a Ciudadanos.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Podemos y Ciudadanos, ¿cambio político o muletas de PP y PSOE?

Las próximas elecciones generales del 20 de diciembre certificarán el fin del bipartidismo imperfecto que ha estado dominando el sistema de partidos español en las últimas décadas. Con la llegada de Podemos y de Ciudadanos se pone fin a las posibilidades reales de conseguir una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y también se quiebra el llamado balancín electoral, aquel fenómeno por el que las debilidades y crisis de uno de los partidos dominantes automáticamente beneficiaba en votos a su rival. Sin embargo, ¿la aparición de Podemos y de Ciudadanos cambiará el color del nuevo gobierno? ¿O simplemente serán muletas que apoyen a los dos grandes?


En las elecciones autonómicas de 2011 el PSOE perdió aproximadamente 1,5 millones de votos con respecto a 2007. Fue un resultado desastroso para el partido que perdió mucho poder institucional y dejó de gobernar en comunidades donde lo había estado haciendo desde el principio del Estado de las autonomías, como en Extremadura y en Castilla la Mancha. En las elecciones autonómicas de 2015 el resultado cuantitativo fue aún peor, con casi 700.000 votos menos que en 2011. Sin embargo, el PSOE ha logrado no solamente recuperar el gobierno de Extremadura y de Castilla la Mancha, sino que también ha vuelto a gobernar en la Comunidad Valenciana, Aragón, Baleares, y a apoyar gobiernos en Cantabria y en Canarias. Es decir, con más de dos millones menos de votos los socialistas han recuperado su poder autonómico de 2007. ¿Cómo es posible?

A diferencia de 2007, los socialistas no han conseguido una mayoría absoluta o contundente en ninguna de estas autonomías, pero sí controlan los gobiernos. Lo hacen gracias a acuerdos con otras fuerzas políticas que, por su parte, han recibido un enorme apoyo en su primera aparición electoral a nivel nacional. Podemos y Ciudadanos sumaron más de tres millones de votos en las elecciones autonómicas (1,7 Podemos y 1,4 Ciudadanos), bastante menos que los seis millones del PP y los 5,6 millones del PSOE, pero han sido clave para permitir que estos partidos sigan gobernando.

Las tres crisis de España

La crisis que sufre España desde hace años está provocando un terremoto político sin precedentes en la actual etapa constitucional del país. El periodista Enric Juliana habla de una “triple crisis”: una profunda crisis económica, una profunda crisis territorial (Cataluña) y una profunda crisis de legitimidad y credibilidad institucional. Estas crisis estarían transformando la realidad política e institucional española y habrían facilitado la aparición y, sobre todo, el éxito de los llamados partidos emergentes.

Según el politólogo noruego Stein Rokkan (1921-1979), los partidos políticos van surgiendo según los conflictos que aparecen en la sociedad. Los partidos serían la expresión de ese conflicto y de su encauce institucional. Por ejemplo: los partidos socialistas surgieron como consecuencia de la lucha del movimiento obrero, mientras que los democratacristianos lo hicieron durante la lucha Iglesia-Estado. Los verdes son consecuencia del aumento de la concienciación medioambiental y los partidos nacionalistas lo son del conflicto centro-periferia, etc. Según esta teoría, Podemos y Ciudadanos serían la consecuencia política de la profunda crisis de legitimidad y credibilidad política e institucional que señala Juliana, y por lo tanto habrían llegado para quedarse, de la misma forma que lo hicieron los socialistas hace un siglo o los verdes en Europa hace 30 años.

Por lo tanto se podrá aventurar que el bipartidismo imperfecto que había en España desde la Transición (es decir, dos partidos dominantes acompañados de otros más pequeños) se ha terminado. Con él también se habría esfumado el fenómeno conocido como ‘balancín electoral’, que quiere decir que cuando PP o PSOE sufrían un desgaste o una crisis, automáticamente la pérdida de votos en uno se traducía en un aumento de votos en el otro.

Ahora los votantes descontentos con los dos grandes partidos tienen otras marcas a las que votar. La empresa demoscópica Sigma Dos calcula que en las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, un 30% de los electores del PP de 2012 se pasó a Ciudadanos. Por su parte, Metroscopia calculó que el 30% de los votos de Podemos en las elecciones europeas de 2014 eran antiguos votantes socialistas. En ambos casos es muy difícil que los votantes vuelvan a sus antiguos partidos, ya que en muchos casos sus apoyos a PP y a PSOE se debían, sencillamente, a que no había nada más y se limitaban a votar al que más se acercaba a sus preferencias, ahora cubiertas por la nueva oferta electoral.

Sin posibilidades de gobernar

Sin embargo, la fuga de votantes socialistas y del PP a Podemos y a Ciudadanos no significa que los partidos emergentes hayan crecido tanto que tengan posibilidades reales de disputar a los dos grandes el protagonismo. Ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera se presentarán previsiblemente a la investidura para ser Presidente del Gobierno, al menos con posibilidades de ganar. Esta posibilidad sigue reservada a Mariano Rajoy o a Pedro Sánchez, que lideran los partidos con el mayor número de votos y a los que las encuestas siguen otorgando el mayor apoyo, tanto en votos como en escaños: La ley electoral prima a los dos primeros partidos de cada circunscripción, por lo que la composición del Congreso de los Diputados será previsiblemente con una mayoría socialista y del PP.

La aportación de Podemos y de Ciudadanos al nuevo sistema de partidos español no es por lo tanto una nueva sigla al frente de los gobiernos, sino la obligación de pactar y negociar para llegar a ellos. Solamente el partido con mayor capacidad de negociación y flexibilidad podrá formar gobierno, y en esta búsqueda de parejas de baile, el PSOE y Ciudadanos tienen mayores posibilidades al no encontrarse escorados en el espectro ideológico.

PP y Podemos están cada uno escorados, el primero a la derecha y el segundo a la izquierda. En cambio, PSOE y Ciudadanos se encuentran más centrados y por lo tanto tienen más posibilidades de encontrar socio que los otros dos. Por ejemplo, el PSOE puede negociar con Ciudadanos y/o con Podemos, mientras que el PP solamente lo puede hacer con Ciudadanos. Es decir, Pedro Sánchez podrá sumar a sus diputados los de Podemos y/o los de Ciudadanos para ser presidente del Gobierno, mientras que Rajoy solamente tendrá posibilidades de repetir en La Moncloa si sus diputados sumados a los de Albert Rivera son mayoría, y si el propio Rivera tiene voluntad de llegar a un acuerdo con el PP y no con el PSOE.

En resumen, Podemos y Ciudadanos son la expresión política de la crisis institucional en España y han llegado para quedarse, pero sin fuerza electoral suficiente como para imponer un cambio radical en la composición de los gobiernos autonómicos (aunque sí municipales) y nacional. El cambio político que han provocado estos partidos emergentes es cualitativo al obligar a los dos partidos grandes a negociar para mantenerse o llegar al poder.


Al PP y al PSOE ahora les cuesta más seguir gobernando, pero ni Podemos ni Ciudadanos tienen capacidad para impedirlo. Hoy por hoy son las muletas de los dos grandes, a no ser que tras el 20 de diciembre rompan con otra tradición política española y exijan formar parte del nuevo gobierno y compartir asientos en el Consejo de Ministros. 

Artículo disponible en Ssociólogos.com 

domingo, 26 de abril de 2015

Al PP se le "mueren" los votantes, Ciudadanos llega al rescate

El Partido Popular tiene un problema. De acuerdo al barómetro de intención del voto del CIS publicado en enero, el partido genovita se hace viejo y su mayor franja de votantes se sitúa en el tramo de 65 años en adelante. En extremo opuesto, también es la formación que reúne una menor cantidad de voto joven en la entre 18 y 34 años. Da igual tomar la respuesta espontánea o la que conjuga el voto con la simpatía declarada por los encuestados. Mientras el PSOE y Podemos son más transversales, los de Mariano Rajoy están abocados o renovarse o perder apoyo según envejezca su electorado. La situación, como es lógico, empeora con el paso de los años: en 2011, el apoyo de los primeros votantes superaba el 30%.

La brecha entre los partidos tradicionales con los electores noveles va más allá de la corbata y la edad de los líderes políticos. La conexión con la cultura de la Transición desaparece entre las nuevas generaciones. Las viejas estructuras se doblegan bajo el peso de la corrupción. Pero el problema real es el lenguaje y las formas. Y ahí es donde entra Ciudadanos.

Pese a compartir la inmensa mayoría de su ideario político con el PP, Albert Rivera es savia nueva. Treintañero, preparado, seguro de sí mismo, solvente y capaz, el catalán mantiene la compostura cuando Rajoy tartamudea y siente temblar su párpado izquierdo –señal, dicen las malas lenguas de que miente-. Uno puede hablar de renovación sin perder credibilidad. El otro, no.

Rivera es un producto de marketing bien estudiado capaz de ser el buen colega, el novio agradable, el yerno perfecto y el nieto amoroso. La transversalidad social convertida en opción política. De poco sirve que el PP haya contraatacado con ‘cachorros’ jóvenes como Borja Semper o Pablo Casado, cada vez más presentes en los medios de comunicación. El carné azul pesa demasiado.

Querido enemigo

Ciudadanos es hoy, a la vez, el mejor amigo y el peor enemigo del PP. Y, sin embargo, es una doble tabla de salvación: la del votante conservado que ha dejado de verse representado por el puro de Mariano Rajoy o el descaro aristocrático de Esperanza Aguirre y, lo que es más importante, la de los gobiernos autonómicos y municipales del partido.

Los resultados de las elecciones andaluzas apuntan a que Génova tendrá un serio problema en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 24 de mayo. El PP perdió en marzo uno de cada tres votos conseguidos en 2012: 1.064.168 andaluces votaron a Juan Manuel Moreno Bonilla frente a 1.570.833 que respaldaron a Javier Arenas hace tres años. Medio millón de votos menos. La mitad de ellos, unos 223.000, han ido a parar a Ciudadanos, según Metroscopia.
Fuente: Metroscopia


El partido que hasta hace poco limitaba su proyección electoral a Cataluña, ha conseguido entrar en el Parlamento andaluz con nueve escaños y 369.000 votos. ¿Es el descalabro del PP en Andalucía el que ha hecho posible la aparición de Ciudadanos en la comunidad autónoma más grande y poblada de España o ha sido al revés? ¿Se debe el descalabro del PP a la aventura de Ciudadanos fuera de Cataluña?

Simbiosis

La demoscopia demuestra la existencia de una relación simbiótica entre ambas formaciones y cómo Ciudadanos aprovecha la existencia del caladero ajeno para hacerse fuerte.

El barómetro de Metroscopia de enero ya le daba un 8,1% de intención de voto a nivel nacional, cifra que ha ido aumentando: 12,2% en febrero y 18,4% en marzo, prácticamente empatado con el PP (18,6%). La mayoría de los institutos de medición registran un ascenso meteórico y una entrada en tromba en el Congreso de los Diputados: myWord le daba un 19% de intención de voto a principios de marzo; Simple Lógica un 18%. El desembarco en las autonomías también promete: Sigma Dos le otorgaba de15 a 16 escaños en la Comunidad Valenciana o 22-23 diputados en Madrid. Además, sería la llave para gobernar los ayuntamientos de las dos capitales. Un golpe perfecto.

En paralelo, el PP continúa su cuesta abajo. De ganar las elecciones generales de noviembre de 2011 con el 44,62% de los votos, hoy las encuestas más optimistas le conceden prácticamente la mitad de la intención de voto a nivel nacional.

Ambas formaciones están atrapadas por una vorágine mediática de sondeos que refuerzan la moral de la formación naranja y debilita la de los populares, poniendo en práctica una versión acelerada de la espiral del silencio, según la cual el votante busca los grupos más fuertes y esconde su pertenencia a los aparentemente más débiles por simple instinto de supervivencia social. La popularidad proporciona más visibilidad y por lo tanto más expectativas de éxito al grupo en auge. El débil, en cambio, desaparece poco a poco de la escena. Es el mismo proceso que se daba entre los votantes socialistas y Podemos hasta hace tan solo unas semanas.

El votante de derechas ha encontrado por primera vez una válvula de escape hacia la que canalizar su decepción. Antes de ello, casi tres millones de votantes habituales o recientes del PP optaron por la abstención. Ni Vox ni UPyD les convencieron.

La paradoja

El 24 de mayo muchos votantes del PP se pasarán a Ciudadanos y el PP perderá sus mayorías absolutas en muchos municipios y comunidades autónomas. Y ahí es donde Albert Rivera se hará fuerte, pero también débil en su discurso centrista: el sesgo conservador aumenta y el 21,7% de los encuestados por el CIS ya le identifica con el centro derecha.

El PP no tiene aliados naturales. Hasta la fecha la soledad del PP en el mapa político le obligaba a ganar siempre por mayoría absoluta si quería. Ni los partidos nacionalistas ni los diferentes partidos en la izquierda cuentan a priori como posibles socios de gobierno en ayuntamientos, comunidades autónomas y en el Congreso de los Diputados.

Begoña Villacís, candidata de la formación naranja en el Ayuntamiento de Madrid, ya ha anunciado públicamente que pactará con el partido más votado. Su jefe de filas matizó que no entrarán en los gobiernos. La opción inteligente sin mayoría absoluta es facilitar la investidura apelando a la estabilidad y condicionar las políticas de Gobierno desde fuera, siendo el PP el que asuma el desgaste.

El PP está perdiendo votantes, se está desangrando. Pero esos votos no van a caer en el vacío, ya que el voto a Ciudadanos se transformará en un voto indirecto al PP, que salvará así gran parte de sus feudos.

Si la tendencia se mantiene, los años del poder omnímodo se han acabado. El rey ha muerto. Viva el rey.

Artículo escrito en colaboración con Ángel Calleja.

Disponible en la web "Las Malas Noticias"