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viernes, 18 de diciembre de 2015

Los vídeos electorales de la campaña 2015: Gana la emoción

Las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 son las primeras en la reciente historia democrática de España en las que más de dos partidos tienen capacidad de influir decisivamente en la formación del Gobierno de la Nación y en la labor legislativa del próximo Congreso de los Diputados. Hasta el último momento las encuestas han señalado un escenario muy reñido, lo que ha forzado a los partidos a poner en marcha la maquinaria de comunicación con los contenidos más emocionales de las últimas campañas.


Partido Popular: No hagas experimentos

El vídeo electoral del PP apela a un mensaje sencillo: "La cosa marcha, cuesta, pero marcha. No lo pongas en peligro votando cosas raras". Como buen vídeo del partido en el Gobierno que espera ser reelegido, pone en valor los éxitos alcanzados durante la legislatura y promete aumentarlos. Apela al esfuerzo, la constancia y la seriedad. Valores emocionales que vinculan con la marca PP y en los que no aparece en ningún momento el rostro del candidato.






PSOE: Resistir es vencer

Este vídeo electoral tiene un muy alto ingrediente emocional. Busca la movilización del voto tradicionalmente socialista a través del relato "resistir es vencer". Frente a encuestas que vaticinan un desastre electoral, este vídeo presenta un escenario de futuro en el que el PSOE logra vencer a pesar de todo y cumplir sus promesas electorales llenando de orgullo a sus votantes. Su objetivo: poner la piel de gallina y retener a los votantes socialistas. 






Podemos: Los dos Pablos Iglesias piden el voto a los socialistas 

El vídeo de Podemos tiene un doble objetivo: presentar a esta formación como libre de toda mácula frente a los partidos tradicionales y, sobre todo, como la alternativa al PSOE. Está dirigido directamente a los votantes socialistas decepcionados con la intención de atraer su voto apelando a los principios fundadores del socialismo y para ello utiliza el nombre de Pablo Iglesias, aprovechando la confusión entre los nombres del líder de Podemos y del fundador del PSOE. 





Ciudadanos: Albert Rivera y la ilusión

El vídeo de Ciudadanos es un reflejo de los dos ejes de su campaña: la figura de Albert Rivera y el elemento emocional de la ilusión. No se presentan propuestas concretas, sino mensajes generalistas basados en la esperanza y la emoción articulados en torno a la figura del candidato. Dirigido a los votantes que buscan algo nuevo pero sin compromisos.





Unidad Popular/Izquierda Unida: la verdadera izquierda

Este vídeo electoral quiere presentar a UP/IU como la defensora de las esencias de la izquierda, sin concesiones ideológicas. Reconoce que parte con menor apoyo en las encuestas y trata de convertir esta circunstancia en un valor con el relato: creéis que somos pocos los que defendemos la verdadera esencia de la izquierda, pero en las elecciones demostraremos que no es así. Un claro mensaje a Podemos.  





UPyD: el partido contra la corrupción


Es el vídeo más clásico de todos. La lucha contra la corrupción se ha convertido en el principal mensaje de este spot y en el elemento diferenciador de UPyD con respecto al resto de partidos, apelando al papel de la formación magenta en las denuncias en el caso Bankia. Un intento de retener votantes en su fuga a Ciudadanos.


domingo, 16 de noviembre de 2014

La crisis en España, ¿el fin de una era política?

El 9 de noviembre de 2014 1,8 millones de catalanes votaron a favor de la independencia. Al mismo tiempo, las encuestas del CIS, Metroscopia y de la Fundación Sistema sitúan a Podemos entre las tres principales fuerzas políticas junto a PSOE y PP. España está viviendo un terremoto político. ¿Por qué? Muchas voces aseguran que se debe a que las instituciones y los partidos están sufriendo un enorme desgaste por culpa de las crisis que se traduce en desafección y desconfianza entre cada vez más ciudadanos. Según el politólogo y sociólogo Ignacio Sotelo esta desafección es fruto de una transformación socioeconómica a nivel global, cuyas consecuencias podrían estar poniendo fin al ciclo político en España nacido en la transición.

La primera mitad del mes de noviembre de 2014 ha sido testigo de una serie de hechos que podrían interpretarse como un terremoto político en España, en el sentido de que se han movido los cimientos sobre los que se ha sostenido el sistema político español desde la transición. En el transcurso de una sola semana, dos elementos fundamentales de la política española que parecían inamovibles hace tan sólo una década, han demostrado no ser tan inmutables y han abierto un periodo de incertidumbre sobre el futuro político del país.

Por un lado, el pasado 9 de noviembre más de dos millones de personas, más de un tercio del censo electoral catalán, se tomaron la molestia de participar en una consulta sobre la futura relación de Cataluña con España a pesar de que era evidente que los resultados no serían vinculantes legalmente. Alrededor de 1,8 millones de personas, el 81% de los participantes, votaron a favor de la independencia. Este resultado refleja que la opción que aboga abiertamente por la ruptura con España, aunque no cuenta con un apoyo superior al 50% entre la población catalana, sí ha conseguido convertirse en una fuerza muy importante. Es un fenómeno que ha explotado en la última década, ya que en junio de 2005 solamente el 13,6% de los catalanes se mostraban favorables a un estado independiente frente al 49,4% de 2014 (según los sondeos del "Centre d'Estudis d'Opinió" de la Generalitat de Cataluña).

Al auge del independentismo se suma la quiebra del llamado bipartidismo. El pasado 5 de noviembre el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó un barómetro que incluía la intención de voto en España para las próximas elecciones generales. Según sus conclusiones, el partido más votado sería el PP con el 27,5%, seguido por PSOE (23,9%) y Podemos (22,5%). Independientemente de la ‘cocina’ añadida a los resultados de la encuesta y de los apoyos concretos que otorga a cada partido, la tendencia electoral que muestra es clara: llega una tercera fuerza que iguala a PP y PSOE en proyección electoral.

Esta tendencia se ha visto confirmada por otras encuestas como la de Metroscopia publicada el pasado 2 de noviembre, que da a Podemos el 27,7% de intención de voto, por encima de PSOE (26,2%) y PP (20,7%), y la encuesta de la Fundación Sistema, que sitúa al PSOE como el partido con mayor intención de voto (31%), seguido de Podemos (21%) y PP (20%).


Crece el hastío

Antes de la aparición del auge del independentismo catalán y de Podemos hace tiempo que se había estado percibiendo otro fenómeno fundamental para comprender lo que está pasando. La encuesta de Metroscopia revela un enorme hastío por parte del electorado y señala este sentimiento como la principal causa del apoyo a Podemos. Así, en respuesta a la pregunta por las causas del apoyo a esta formación política, el 67% de sus simpatizantes encuestados respondieron que se debe “sobre todo al desencanto y decepción con los demás partidos” en un contexto en el que el 91% de considera que la situación política española es “mala o muy mala”.


Por su parte el barómetro del CIS confirma este hastío popular: el 80,5% de los encuestados valora la situación política de España como mala o muy mala, y el 92,6% considera que esta situación política es igual o peor que hace un año. Los encuestados no son muy optimistas, ya que el 75,4% cree que la situación política será igual o peor dentro de un año. En ese contexto de enfado y pesimismo se explica que entre los principales problemas señalados por el CIS destaquen en segundo lugar “la corrupción y el fraude” (por debajo del paro) y “los/las políticos/as en general, la política y los partidos” en cuarto lugar.

A la mala estimación de la situación política le acompaña una pésima valoración de las instituciones. En el barómetro del CIS del pasado mes de abril de 2014 se preguntaba directamente por la valoración de las diferentes instituciones del Estado, y en una escala entre 0 (ninguna confianza) y 10 (mucha confianza), los resultados eran bastante elocuentes: los partidos políticos (1,89), el Gobierno (2,45), los sindicatos (2,51), el Parlamento (2,63), las organizaciones empresariales (2,94) y los parlamentos autonómicos (2,99) no superaban los tres puntos de confianza.

Para comparar, en el barómetro del CIS de octubre de 2006, antes de que comenzara la crisis económica, la desconfianza en los partidos políticos era menor (3,41), así como en los sindicatos (4,22) y en las organizaciones empresariales (4,31). También era mayor la confianza en el Gobierno (4,60), el Parlamento (4,52) y en los parlamentos autonómicos (4,90). En general, en octubre de 2006 un 50,1% de los españoles decía sentirse satisfecho o muy satisfecho con el funcionamiento de la democracia en España frente a un 45,1% que decía sentirse poco o nada satisfecho.    

Es decir, las instituciones que tradicionalmente han dirigido la vida política, económica y social española desde la transición sufren un desgaste y una creciente falta de apoyo entre la población desde el inicio de la crisis económica. Mientras tanto, está emergiendo una fuerza política de reciente creación que en pocos meses se está abriendo un hueco entre una ciudadanía que desconfía de las instituciones, y el independentismo se está fortaleciendo en Cataluña de manera espectacular. ¿Por qué?


La sociedad está cambiando

El sociólogo y politólogo Ignacio Sotelo hace un análisis sobre esta transformación en su ensayo  “España a la salida de la crisis” (editorial Icaria Amtrazyt), y sitúa el punto de partida en la crisis económica: “En tres décadas el neoliberalismo triunfante desemboca en una crisis de grandes dimensiones que ha terminado por consolidar un nuevo tipo de capitalismo, el financiero, con el que el poder pasa de las compañías industriales a los grandes consorcios financieros de inversión. Es el acontecimiento que señala la salida de la crisis, inaugurando una nueva época”.



Este proceso ha sido descrito por el también sociólogo Zygmunt Bauman como “modernidad líquida”, en la que ya nada es estable y fijo. El capital financiero puede literalmente volar de un lugar a otro del planeta globalizado sin sufrir prácticamente ningún obstáculo y utilizando a placer la mano de obra que necesita de forma coyuntural, es decir, temporal. La consecuencia es que “no va a volver el tipo de trabajo de jornada completa para toda la vida en la misma empresa”, afirma Sotelo.

Pero no solamente hay temporalidad, sino que también se ha instalado la precariedad e incluso la exclusión laboral de una parte muy importante de la fuerza de trabajo. En España el paro se ha estabilizado en torno al 25%, afectando sobre todo a la mano de obra no cualificada que tendrá muy difícil volver a encontrar un empleo a largo plazo. Esto supone un problema estratégico, ya que “el tema central de esta nueva etapa del capitalismo es cómo sostener una población no empleable, que ni siquiera se necesita como ‘ejército de reserva’”.  No se trata de un asunto baladí, ya que “cambios de tanto peso en el mercado de trabajo traen consigo una transformación radical del orden socioeconómico”, escribe Sotelo.

Es decir, la hegemonía del capitalismo financiero sobre los otros tipos de capitalismo desarrollados hasta el momento (comercial e industrial), está cambiando el mundo: “Las consecuencias sociales y económicas no pueden ya ser ignoradas: disminución, cuando no, desaparición de los puestos de trabajo que no exijan una alta cualificación, descenso de los salarios. Desmontaje progresivo del Estado social, proletarización de las clases medias, rápido aumento de la desigualdad social, concentrada la riqueza en cada vez menos manos”, escribe Sotelo.

Eso ya está sucediendo. Un informe reciente de la ONG Oxfam afirma que la riqueza de los tres españoles más acaudalados duplica a la del 20% de la población más pobre y que las veinte personas más ricas en España poseen una fortuna similar a los ingresos del 30% más pobre de la población (casi 14 millones de personas).

¿El cambio en la sociedad está afectando a la legitimidad política?

El politólogo, jurista y político italiano Gaetano Mosca, escribió hace más de un siglo sobre la manera que tiene la clase política de perder su legitimidad ante los gobernados. Mosca explicó que “la base jurídica y moral sobre la que se apoya el poder de la clase política en todas las sociedades, es la que llamamos fórmula política”. Se trata de una serie de valores, discursos y comportamientos por parte de la clase política que dan respuesta a la “necesidad, tan universalmente experimentada, de gobernar y sentirse gobernado, no en base a la fuerza material e intelectual, sino a un principio moral”. Es decir, “la fórmula política debe fundarse sobre las creencias y sentimientos más fuertes, específicos del grupo social en el cual está en vigencia”.

Por lo tanto, y aplicando este concepto de Mosca, si la fórmula política se transforma o lo hace la sociedad sobre la que descansa (dando paso a un grado de desigualdad social cada vez más amplio, por ejemplo), la clase política pierde la legitimidad de gobernar que había tenido antes. ¿Es esto lo que está pasando en España?     
Ignacio Sotelo
La creciente desigualdad social, unida al creciente empobrecimiento de las capas sociales medias y trabajadoras (otro ejemplo: Cáritas ha informado que en 2013 atendió a 2,5 millones de personas en riesgo de exclusión social, 600.000 más que en 2012), provocaría incertidumbre y temor, y también supondría un duro golpe para la legitimidad del sistema político, según Ignacio Sotelo. Y, en consecuencia, “el distanciamiento crítico del capitalismo alcanza al régimen político que lo sustenta, la democracia representativa, poniendo en tela de juicio el orden político establecido”. La señal más evidente de que esto está ocurriendo en España sería “el distanciamiento creciente de los ciudadanos, no de la política, sino de los políticos”, escribe Sotelo.

Llegado a este punto, Sotelo se pregunta si se “¿acaba el ciclo de la transición?”. Identifica hasta cinco ciclos políticos diferentes en España desde la guerra contra Napoleón en 1808: el régimen absolutista de Fernando VII, el periodo liberal de Isabel II, la restauración borbónica entre 1875 y 1923 (hasta ahora el ciclo más duradero), el régimen de Franco y finalmente el periodo que comenzó con la Constitución de 1978. ¿Es cierto que está llegando a su fin?   

El hastío que una parte importante de los ciudadanos siente hacia el sistema político español y que se expresa en un auge espectacular de Podemos y del independentismo catalán, cuyos discursos se basan precisamente en la ruptura de ese sistema, podrían interpretarse en clave de fin de ciclo. Sin embargo, no hay que olvidar que los apoyos a Podemos y al independentismo en Cataluña no son mayoritarios en el sentido de superar el 50%. Las encuestas dan a Podemos, como mucho, una intención de voto del 25% del electorado mientras que el 75% restante apoyaría a otras fuerzas políticas que no plantean discursos rupturistas. Lo mismo ocurre en Cataluña, donde el independentismo se ha convertido en una fuerza muy importante a tener en cuenta, pero no es la opción de la mayoría de la población, al menos de una mayoría clara.

Teniendo en cuenta esta situación se podría concluir que la sociedad española, al igual que el resto del mundo, está sufriendo una transformación en el modelo socioeconómico que tiene consecuencias en la política. Una parte muy importante de la sociedad considera agotada la legitimidad de las instituciones políticas del Estado y de sus representantes y apoya opciones que pretenden romper ese marco. Sin embargo, hay muchas más que continúan apoyando las opciones políticas tradicionales, a pesar de que también les afecta la transformación socioeconómica. 

Lo cierto es que en España no existe, hoy por hoy, una mayoría clara que ponga en práctica una ruptura del sistema político. Pero tampoco existe una mayoría que haga innecesarios los cambios en ese sistema. ¿Qué puede pasar?

Sotelo es pesimista. Según él, “lo probable es que en los próximos años, pese a los muchos discursos retóricos sobre la necesidad de cambios profundos, presenciemos el desmoronamiento del orden institucional, que desemboque en un nuevo periodo de inestabilidad, en el que todo puede pasar, como ha ocurrido otras veces en nuestra historia”.   


 Artículo disponible en Ssociólogos.com


domingo, 19 de octubre de 2014

La izquierda fragmentada, ¿podrá derrotar al PP?

El ciclo político en España está cambiando. Tras el giro espectacular a la derecha del año 2011 que proporcionó al PP mayorías absolutas en casi todas las comunidades autónomas, las principales ciudades del país y finalmente en el Congreso de los Diputados, la tendencia política vuelve a girar hacia la izquierda. Las encuestas revelan una caída importante en la intención de voto al PP y un auge de las opciones de izquierda. Sin embargo, estas se presentan fragmentadas y divididas sin un claro liderazgo por parte de ninguna de ellas. Para arrebatar el poder al PP, los socialistas, IU y Podemos tendrán que pactar y superar muchas diferencias ahora mismo aparentemente irreconciliables. ¿Podrá ponerse de acuerdo para derrotar al PP?

En las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2011 el Partido Popular ganó la mayoría de los gobiernos autonómicos y las alcaldías de las ciudades más importantes del país. Seis meses después, en noviembre de 2011, el PP vivió un momento dulce en las elecciones generales en las que cosechó 10,8 millones de votos, el 44,6% del total. Esto le proporcionó una mayoría absoluta histórica en el Congreso de los Diputados de 186 escaños. En 2015 y 2016 se volverá a celebrar un intenso periodo electoral en España, pero es bastante probable que el PP no vaya a repetir esos resultados.

Las encuestas publicadas más recientemente hablan de un cambio de tendencia en España, de un giro hacia la izquierda de la mayoría del electorado. Sin embargo, esto no significa que esos votos vayan directamente al principal rival del PP, el Partido Socialista. A diferencia de anteriores cambios de ciclo político, en los que la pérdida de votos de uno de los partidos grandes beneficiaba automáticamente a su rival (fenómeno conocido como ‘balancín electoral’), esta vez el voto de la izquierda se está fragmentando en tres opciones diferentes: PSOE, Izquierda Unida, y la recién llegada Podemos. Según las encuestas, entre las tres superan en votos al PP en la mayoría de las plazas, como puede observarse en las siguientes encuestas publicadas después del verano:

  •    Andalucía: La Cadena Ser publicó el pasado 4 de septiembre un barómetro sobre el clima político en Andalucía, cuyas elecciones autonómicas están previstas para 2016. Según esta encuesta, el PSOE ganaría las elecciones con un 31,2% de los votos y el PP se quedaría en segunda posición con el 28,3%. Estos resultados supondrían un notable descenso de apoyos para ambos partidos con respecto a las últimas elecciones en 2012, ya que los socialistas perderían 8,3 puntos y los populares 12,4. Por su parte, IU, el actual socio de gobierno del PSOE andaluz, tendría el 8,8% de los votos. Es decir, la actual coalición de gobierno solamente conseguiría el 40% de los votos, por lo que necesitaría el apoyo de Podemos para asegurarse la mayoría absoluta. Podemos se estrenaría en el Parlamento andaluz como tercera fuerza política y el 18,1% de los votos.

  •  Ayuntamiento de Madrid: El diario ABC publicó el pasado 15 de septiembre una encuesta tras la renuncia de Ana Botella a presentarse a la Alcaldía de la capital. Según este estudio, el PP ganaría pero perdería la mayoría absoluta con el 42,1% de los votos, frente a Podemos (15,1%), PSOE (14,4%), UPyD (10,4%), IU (7,7%) y Ciudadanos (5,3%). Aunque el PP podría intentar un pacto con UPyD y/o Ciudadanos (ambas formaciones incluso podrían presentarse juntas) para conseguir así una mayoría de gobierno, toda la izquierda no tendría más remedio que llegar a un acuerdo para arrebatar la Alcaldía al PP

  • Comunidad Valenciana: El diario El País publicó el pasado 9 de octubre una encuesta de Metroscopia sobre el futuro político de la Comunidad Valenciana en la que se refleja perfectamente la actual tendencia: el PP sería el partido más votado, con cerca de un 30% de los votos, pero perdería 23 escaños de los logrados en las últimas elecciones y se colocaría con 32 escaños a 18 de la mayoría absoluta. Esta podría ser posible con un pacto entre las diferentes opciones de la izquierda valenciana: PSPV (29 escaños), Podemos (17 escaños), Compromís (14 diputados) y Esquerra Unida (7 diputados).

  • Congreso de los Diputados (1): El pasado 31 de agosto, el diario El Mundo publicó una encuesta de Sigma Dos que atribuye al PP la mayoría de los votos en el Congreso de los Diputados (30,1%), pero lejos de la mayoría absoluta. La conjunción de PSOE (22,3%), Podemos (21,2%) e IU (4,1%) podría garantizar una mayoría de izquierdas en la Cámara baja.   


  • Congreso de los Diputados (2): Finalmente, el diario El País publicó el pasado 5 de octubre un barómetro de Metroscopia en el que reflejaba la intención directa de voto más simpatía sobre el total del censo de electores (y no sobre el total de los que finalmente votan). Esta encuesta llega a la conclusión de que el PSOE (20,7%) supera al PP (15,9%), pero necesitaría el apoyo, o al menos la aquiescencia de Podemos (14,3%) y de IU (6,2%) para gobernar España.  



Las elecciones municipales son diferentes

En los casos arriba mencionados la tendencia electoral señala una clara pérdida de votos por parte del PP y un aumento de los mismos en la izquierda, pero fragmentada principalmente entre PSOE, Podemos e IU. Ninguno de los tres logra una hegemonía clara en el campo progresista y necesitaría de los otros dos para gobernar. En este escenario, PSOE e IU han demostrado que saben gobernar juntos en caso de necesidad, pero la gran incógnita es Podemos, que no mantiene buenas relaciones con los otros dos partidos.

Este análisis de pactos se refiere a las elecciones autonómicas y a las generales, ya que el análisis de las municipales es más complicado e incluye una serie de variables diferentes a las otras citas electorales. Por un lado está la posible reforma electoral impulsada por el Gobierno de Rajoy, que prevé la elección directa de los alcaldes a doble vuelta entre los dos partidos más votados, rompiendo así el principio de proporcionalidad actual. Esto daría la alcaldía al partido más votado en cada municipio y sin necesidad de alcanzar la mayoría absoluta, lo que beneficiaría claramente al PP debido a la fragmentación en la izquierda.

Por otro lado, Podemos ha anunciado que no se presentará como marca en solitario a las elecciones municipales, aunque no descarta hacerlo dentro de plataformas electorales locales. Esta es la misma estrategia de IU, que está apostando por las plataformas ‘Ganemos’ (que también cuentan con la presencia de otras formaciones más pequeñas como Equo) en las que dejaría abierta la puerta a Podemos. Esta estrategia simplificará sensiblemente el panorama de siglas de la izquierda que se presentarán a las municipales, pero tendrá como consecuencia previsible una lucha por la hegemonía dentro de Ganemos entre Podemos e IU. El ganador de esa lucha tendría que decidir tras las elecciones si acepta pactar gobiernos locales con el PSOE.


IU y Podemos, malas relaciones

Cayo Lara y Alberto Garzón
Teniendo en cuenta el actual grado de fragmentación en la izquierda política española, la gran pregunta que se plantea es si está en condiciones y si las diferentes organizaciones tienen voluntad de llegar a acuerdos para reemplazar al PP en los diferentes gobiernos.

Las relaciones entre PSOE, Podemos e IU no son buenas. Por un lado existe un debate (por no decir enfrentamiento) abierto en el seno de IU sobre la estrategia a seguir con respecto a Podemos. Muchos militantes y cargos están a favor de la integración entre las dos formaciones, pero también existen muchas resistencias, sobre todo en Madrid donde la plataforma ‘Somos IU’ apuesta por la independencia de su organización que ve en peligro ante la avalancha de Podemos, donde tampoco dan carta blanca a una hipotética fusión con IU e incluso a la hora de llegar a pactos puntuales como Ganemos.

En este sentido, el pasado 1 de junio el dirigente de Podemos, el profesor de Ciencias Políticas Juan Carlos Monedero, afirmó en una entrevista al diario Público que "hay un sector de Izquierda Unida que se ha hecho régimen" y que sus responsables van a intentar construir otra vez "una sopa de siglas".  "En la campaña (a las elecciones europeas) hemos hablado de la obligación de construir un frente amplio. Y un frente amplio no es una suma de siglas. Traicionaríamos a la militancia si nos juntáramos las cúpulas de diferentes partidos y pactáramos una lista electoral. Eso sería un fraude a la ciudadanía y no lo vamos a hacer".


Podemos y PSOE, la lucha por la hegemonía

Por otro lado, las relaciones entre Podemos y el PSOE son bastante mejorables. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, afirmó el pasado 21 de septiembre en una entrevista en televisión que "el populismo ha encontrado su expresión institucional en Podemos. (…) No quiero que se aprovechen de la indignación y se propongan cosas irreales”. Días antes, en el Comité Federal del PSOE, el mismo Sánchez aseguró que “hay un partido que se frota las manos ante el auge del populismo" en referencia al PP frente a Podemos.

Pedro Sánchez
La estrategia socialista pasa por recuperar al mayor número de votantes de Podemos (en gran número ex votantes del PSOE), presentando a esta formación como una opción que ofrece "soluciones falsas a problemas reales" (19 de septiembre), y recuperar así la hegemonía en la izquierda. Para no entorpecer esta estrategia, el PSOE no ha descartado ningún escenario futuro de pacto, excepto con el PP, cerrando así la puerta a una posible gran coalición entre los dos grandes partidos y obligando a estudiar a fondo todas las opciones que puede ofrecer un acuerdo con las otras izquierdas políticas.   

Por su parte, Podemos se considera antagonista del Partido Socialista. Son múltiples los mensajes por parte de los dirigentes de Podemos equiparando al PSOE con el PP y posicionando a ambos partidos como élite a derrotar. Es por ello que Podemos descarta públicamente cualquier acercamiento o negociación postelectoral con el PSOE, al menos por el momento. En este sentido, el dirigente de Podemos, Luis Alegre, aseguró el pasado 13 de septiembre ante los medios de comunicación que "es más previsible encontrarnos con un pacto de Estado entre el PP y el PSOE para taparse mutuamente los casos de corrupción y para evitar que terminen con causas jurídicas”, que un pacto con los socialistas.

Pero las opciones siguen abiertas. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, a diferencia del resto de dirigentes de su formación, nunca ha cerrado definitivamente la puerta a los socialistas. El pasado 30 de mayo afirmó a ElPlural.com que “les doy el beneficio de la duda. Nosotros no somos sectarios”. 

Pablo Iglesias
La estrategia de Podemos está dirigida a fortalecer su imagen y a presentarse como el partido hegemónico de la izquierda fragmentada. Su aspiración es terminar con la fragmentación de la izquierda a su favor: provocar la gibarización del PSOE y la absorción de IU, y desde esa posición de fuerza imponer sus condiciones. El pasado 6 de octubre, el diario El Mundo publicó un artículo en el que atribuía a Pablo Iglesias la frase: “Después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista tendrá que elegir entre hacer presidente a Mariano Rajoy (lo que el PSOE ya ha descartado públicamente) o a mí”. Según El Mundo, Iglesias habría afirmado que esto llevaría al PSOE a una situación sin salida, ya que “si apoyan la investidura de Rajoy será su perdición. Y si apoyan la nuestra también será su perdición”, al perder definitivamente la hegemonía de la izquierda a favor de Podemos.
    
Sin embargo, Podemos se encuentra en una encrucijada parecida. Según las encuestas, a pesar de su despegue sensacional en la intención de voto a nivel nacional, autonómico y municipal, no consigue un apoyo mayoritario claro y parece que podría estancarse en las previsiones actuales, prácticamente igual o un poco inferior al PSOE. Ninguna de las dos fuerzas sería superior a la otra y ambas deberían pactar en casi igualdad de condiciones. Y en esas circunstancias Podemos se enfrentaría a un dilema serio.

Según el CIS, gran parte de sus seguidores son antiguos votantes socialistas, unos 400.000 de los 1,2 millones que eligieron a Podemos en las últimas elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Están desencantados con el PSOE pero, sobre todo, son contrarios a que el PP siga gobernando en sus ciudades, comunidades autónomas y por supuesto en La Moncloa. ¿Cómo reaccionarían si Podemos se niega a pactar con el PSOE y el PP siguiera gobernando en su ciudad, comunidad o en España? Por otro lado, el discurso de la ‘casta’ ha calado profundamente en otro amplio sector de votantes de Podemos, sobre todo entre los más activos miembros de los círculos locales. ¿Aceptarían un pacto con el PSOE?

En todo caso, si Podemos no logra un resultado contundente que le coloque en una posición de hegemonía que le permita elegir escenario, es muy posible que sufra un desgaste muy fuerte de parte de su electorado por no poder cumplir con sus expectativas y sentirse engañados.      

Tanto PSOE como Podemos quieren liderar la izquierda y presentarse ante el otro con una posición de fuerza. El PSOE aspira a recuperar la hegemonía clara en la izquierda y vaciar a Podemos de votantes, mientras que Podemos aspira a convertir al PSOE en una fuerza residual. Ambas formaciones son rivales por el mismo espacio y ambas aspiran a liderar el cambio de tendencia político en España. ¿Quién se impondrá? Y ¿podrán ponerse de acuerdo y arrebatar el poder al PP?

Artículo disponible en Ssociologos.com

viernes, 30 de mayo de 2014

El voto protesta que no fue a los (habituales) partidos protesta: IU y UPyD

Los resultados de las últimas elecciones europeas en España han confirmado una tendencia que se veía venir desde hace tiempo, y es que los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, están perdiendo apoyos a millares. Sin embargo, en vez de caer en manos de los partidos minoritarios que han ido creciendo en los últimos años a costa de esta sangría y que ya son habituales en los sondeos de intención de voto (IU y UPyD), han ido a la abstención y sobre todo a Podemos, que con cinco eurodiputados ha sido la gran sorpresa de estas elecciones.

Durante la campaña electoral de las elecciones europeas ninguno de los sondeos publicados logró acertar el resultado final. Por ejemplo, el barómetro preelectoral del CIS pronosticaba una ligera victoria del PP con 20-21 escaños; el PSOE 18-19; IU cinco; UPyD tres y Podemos uno.

Tampoco anduvieron más acertados los sondeos publicados por los medios de comunicación. Por ejemplo, la encuesta de Metroscopia para El País hablaba de un empate entre PP y PSOE con 19 escaños; seis para Izquierda Plural (IU); dos para UPyD y uno para Podemos, que conseguiría un 2,4% de los votos. Sigma Dos predijo para El Mundo que el PP ganaría las elecciones con 20-21 diputados; el PSOE sería segundo con 18-19; le seguiría Izquierda Plural con seis y UPyD con cuatro. Podemos solamente conseguiría el 1,2% de los votos y se quedaría sin representación. Por su parte, el sondeo de GAD3 para ABC pronosticaba otra victoria conservadora con 21-22 escaños para el PP; 17-18 para el PSOE; cinco para Izquierda Plural y tres para UPyD. Podemos conseguiría entre uno y dos con el 3,5% de los votos.  


Así se preveía que iba a ser el resultado:
Encuesta preelectoral del CIS. Gráfico de El País.

Así fue el resultado electoral:
Gráfico del Diario de Navarra.



Al final, el 25 de mayo ninguno de estos pronósticos se cumplió: el PP ganó, pero con solamente 16 escaños; el PSOE fue segundo con 14; Izquierda Plural es tercera fuerza con seis; Podemos es cuarta fuerza política con cinco escaños y UPyD consiguió cuatro. La participación fue baja en comparación con las citas electorales nacionales o municipales, de un 45,84%, pero no tanto como se pronosticó en un principio (se temían hasta cinco puntos menos). Fue incluso un poco superior a las elecciones de 2009, cuando todavía no se daba el actual escenario político ni económico. Es decir, el 25 de mayo de 2014 votó casi el mismo número de personas que hace cinco años, pero entre 2009 y 2014 tanto el PP como el PSOE han perdido más de dos millones de votantes cada uno. ¿A dónde han ido esos votos?

“Si habitualmente en las europeas el voto de centro se suele abstener, en esta ocasión ha sido el votante conservador el que se ha quedado en casa y se ha fragmentado la izquierda”, explica el presidente de la consultora GAD3, Narciso Michavila, en un artículo publicado en ABC tras las elecciones. Es decir, el votante del PP decidió finalmente castigar a su partido quedándose en casa y no depositando un voto protesta a favor del partido surgido con ese fin, Vox, ni eligiendo a otras formaciones a la caza del descontento conservador, como UPyD.

Esta formación consiguió el 6,5% de los votos, bastante más que el 2,85% de 2009 y en concordancia con las estimaciones preelectorales, pero muy por debajo de las expectativas de crecimiento de esta formación, que según los sondeos de intención de voto (para las elecciones nacionales) llegó a superar el 13% el mes de febrero de 2013.

Y en el caso del votante del PSOE desencantado, un número importante ha ido a parar a Izquierda Unida, que ha conseguido triplicar sus resultados con respecto a 2009. Sin embargo, el que podría haber sido un crecimiento todavía más fuerte de esta formación se ha visto frenado por la aparición de Podemos, que en muchos lugares incluso ha logrado superar a IU como fuerza política más votada.

Como por ejemplo en la Comunidad de Madrid, donde ha conseguido el 11,28% de las papeletas frente al 10,51% de IU: En esta región Podemos ha superado a IU en Madrid capital, y en ciudades de más de 100.000 habitantes como Alcobendas, Alcalá de Henares, Getafe, e incluso en su feudo regional de Rivas Vaciamadrid, donde Podemos es la fuerza más votada.


¿Quiénes son los votantes de Podemos?

El doctor en Ciencias Políticas José Fernández-Albertos analiza en un artículo publicado en eldiario.es algunas claves de su éxito electoral, que se podrían resumir en los siguientes puntos:
  •  Logró la activación del votante de izquierdas que en principio iba a la abstención. Esto explicaría que finalmente la abstención no fuera tan elevada como se predijo.
  •  Es un voto de los castigados por la crisis, ya que es mayor en aquellos lugares donde ésta ha golpeado más y menor donde el nivel socioeconómico es mayor y la crisis ha tenido menos incidencia.
  •  Es un voto más joven que el del resto de partidos, es decir, de personas que se sienten menos vinculadas a las formaciones tradicionales.
  •  Es un voto de ex votantes del PSOE y de IU casi a partes iguales.


Es decir, el votante de Podemos sería un votante de izquierdas desencantado con las formaciones clásicas de este espectro ideológico, no solamente con el PSOE sino también con Izquierda Unida, y que no se plantea votar a UPyD a pesar de que esta formación se presenta como la superación del bipartidismo.


Frustración en IU y UPyD

Al final, los partidos minoritarios que aspiran desde 2011 a quebrar el bipartidismo, IU y UPyD, han visto cómo en las elecciones en las que podrían haber conseguido un salto cuantitativo muy importante, éste se ha frustrado por la aparición de Podemos.

UPyD no ha logrado captar más votantes socialistas desencantados de los que ya había conseguido en 2011, ni tampoco ha logrado crecer a expensas del PP. IU incluso ha perdido posiciones en muchas plazas a costa de Podemos, lo que ha impedido a IU sobrepasar su techo del 10%.

Esto explica la frustración que reflejan las declaraciones de Rosa Díez por un lado (“Los partidos populistas han llegado”), y la resignación de Cayo Lara, que, empujado por una parte importante de su partido, ha ofrecido a Podemos “confluir” en sus políticas, cuando tan sólo unos meses antes el propio Lara y la cúpula de Podemos tuvieron un conflicto por las listas de IU al Parlamento Europeo.

En esta reflexión no se trata de analizar las causas del desplome de PP y PSOE (análisis que ya se han producido y se seguirán produciendo en abundancia). Tampoco se busca encontrar las causas de por qué UPyD e IU han sido incapaces de capitalizar esta caída, a pesar de que en los últimos tres años su estrategia era precisamente explotar el gran enfado social con el llamado bipartidismo para lograr más votos.



El objetivo de esta reflexión es plantear una serie de preguntas que todavía esperan respuesta: ¿Consideran los votantes de Podemos que IU y UPyD en el fondo son iguales que PP y PSOE a pesar de su discurso antibipartidista? ¿Han llegado IU y UPyD a su techo electoral? ¿Estamos ante un voto protesta clásico como el que se suele dar en las elecciones europeas?, o el éxito de Podemos ¿es el reflejo de un agotamiento creciente de la legitimidad democrática de los partidos habituales, incluidos IU y UPyD?


Una última pregunta que surge obligatoriamente es si Podemos ha llegado para quedarse y qué repercusiones tendrá en el sistema político español, que el pasado 25 de mayo sufrió el segundo terremoto en lo que llevamos de crisis desde de la aparición del movimiento 15 M en 2011. Esto plantea la cuestión de fondo, y es si la decadencia de PP y PSOE será duradera o no. ¿Ha cambiado para siempre el sistema de partidos español?     

Artículo disponible en el blog Ssociólogos

miércoles, 13 de febrero de 2013

PP Y PSOE, SE ROMPE EL BALANCÍN ELECTORAL II

(Con datos actualizados de las últimas encuestas de Metroscopia, GESOP y el Barómetro del CIS de enero)

El año 2013 comienza con una incógnita que preocupa a los grandes partidos políticos. El gran desgaste que está sufriendo el PP en el Gobierno no está siendo recogido por el PSOE. ¿A dónde van los electores que ahora no confían en ambas formaciones? ¿A los partidos emergentes de IU y UPyD? ¿A la abstención?, o ¿volverán a alguno de los grandes en las siguientes citas electorales?


Los expertos hablan del ‘efecto balancín’ para explicar el comportamiento electoral de los españoles desde la Transición. Tradicionalmente, cuando un gobierno estaba quemado, se votaba en contra de su gestión y automáticamente el principal partido de la oposición se beneficiaba de ello. Es decir, cuanto peor le iba al partido en el poder, mejor le iba a su oponente. Sin embargo, según los datos de las últimas encuestas, la espectacular bajada de apoyos al PP no está beneficiando a un PSOE que no consigue remontar. Parece que el balancín se está rompiendo. 


El 20 de noviembre de 2011 el PP ganó las elecciones generales con una mayoría absoluta del 44,6% y el PSOE pasó a la oposición con un 28,8%. Un año después el desgaste del PP es evidente. Según las encuestas de Metroscopia (para El país) y GESOP (para El Periódico) publicadas el pasado 3 de febrero, y según el Barómetro del CIS del mes de enero publicado el pasado 6 de febrero, la bajada ha sido espectacular:


Metroscopia
 

Según Metroscopia, que basa sus datos partiendo de una participación del 53%, de la más baja registrada y tiene en cuenta el estado de opinión generado por el ‘caso Bárcenas’, el PP baja a un 23,9% de intención de voto, colocándose prácticamente igual que el PSOE, al que machacó en las elecciones generales de noviembre de 2011 con casi cuatro millones de votos de diferencia. Según la encuesta de GESOP esto se traduciría en la pérdida de 50 escaños por el PP que solamente le sacaría una decena de diputados a un PSOE que en la actualidad sufre una diferencia de 76 diputados en el Congreso.


Por su parte, el CIS es más benévolo con el PP (la encuesta se hizo antes de que estallara el ‘caso Bárcenas’), al que otorga unas expectativas de voto del 35%. Pero son nueve puntos menos que su resultado en las generales.

 

El PSOE no se beneficia del desgaste

En el pasado estos datos habrían significado automáticamente una buena noticia para el principal partido de la oposición, el PSOE. El llamado ‘efecto balancín’ habría llevado el voto descontento con el PP hacia la influencia socialista. No es un secreto que, por ejemplo, las elecciones de 1996 no las ganó Aznar sino que las perdió Felipe González (por los casos de corrupción, Roldán y Filesa), y que en 2004 no venció Zapatero, sino que perdió el PP por haber mentido en su gestión del 11-M (además de sucesos anteriores como el hundimiento del Prestige o el accidente del Yak 42).


Sin embargo, esta vez la pérdida de apoyos al PP no significa que vayan al PSOE. Los datos son elocuentes. Así, según el CIS, el PSOE tendría un respaldo del 30,2 %, casi dos puntos más que en octubre y que en las elecciones de 2011. Ganaría dos puntos, pero el PP perdería nueve. Hay siete puntos de diferencia que no pasan a los socialistas. Metroscopia habla de un 23,5% de intención de voto para el PSOE –empate con el PP- y GESOP de una subida de sólo una decena de escaños en el Grupo Socialista del Congreso.
 

Los datos son pues elocuentes: el PP se hunde y el PSOE se estanca o sube muy levemente. La pregunta entonces es, ¿a dónde van los votos que huyen del PP? La respuesta fácil sería hacia los partidos emergentes, en especial IU y UPyD a nivel nacional. Habrá que comprobarlo con datos.

 

El auge de los partidos ‘medianos’

En las generales de noviembre de 2011 Izquierda Unida consiguió el 6,9% de los votos y UPyD el 4,7%. Las encuestas actuales hablan, efectivamente, de una fuerte subida en ambos casos, tanta que ya comienza difícil referirse a ellos como partidos “pequeños”.


Izquierda Unida llegaría en torno al 15% de la intención de voto según Metroscopia,  y según GESOP podría doblar su número de escaños en el Congreso de los Diputados llegando a 22-25. El Barómetro del CIS es más moderado y afirma que obtendría el 9,4 % de los votos,  2,48 puntos más que en los comicios de 2011.


Con respecto a UPyD, según Metroscopia la intención de voto es del 13,6% (con una participación del 53%, hay que recordar). Es una subida espectacular que confirma una tendencia ascendente y que, según GESOP, podría hoy proporcionarle a esta formación entre 23 y 26 diputados en el Congreso donde sólo tiene cinco. Además, su líder Rosa Díez es la mejor valorada de los dirigentes políticos, según Metroscopia. El CIS, más comedido, dice que UPyD aumentaría 2,11 puntos respecto a las generales y obtendría el 6,8 % de los votos.

 

En el escenario más optimista para ambas formaciones, el de Metroscopia, el crecimiento conjunto sumaría casi un 18% de los votos y el PP habría perdido 20,7 puntos desde 2011. ¿Significa esto que los que votaron al PP ahora pasan a IU y a UPyD? Dudoso, sobre todo en el caso de Izquierda Unida, cuya política explícitamente de izquierdas para desmarcarse del PSOE haría muy extraño un cambio tan radical en el voto tan sólo un año después de apoyar a la derecha.


Por el otro lado, según los datos más moderados del CIS ambas formaciones solamente aumentarían conjuntamente en un 4,6%. Si el PSOE, como mucho, sólo aumenta en un 2% según el CIS pero el PP baja un 9%, ¿a dónde van los votos restantes?

 
Los ciudadanos, desencantados

La abstención puede ser el lugar natural de estos votantes en un clima en el que la política y los partidos son percibidos con cada vez mayor hostilidad por parte de los ciudadanos. El CIS muestra que un 21,5% de los encuestados tiene decidido que se abstendría y otro 19,7% no sabe o no contesta.


Este Barómetro del CIS revela que una amplia mayoría de encuestados se refiere a la situación política actual como mala o muy mala (77,4%) e igual o peor que hace un año (90%). Son datos espectaculares que se rematan con una percepción muy negativa del futuro, ya que un 76,7% de los encuestados asegura que la situación política será igual o peor dentro de un año. Nada bueno para los partidos de la oposición que pretenden conseguir el cambio en el gobierno.


Una de las causas de este sentimiento es la nefasta percepción que se tiene de los partidos y de los políticos, que ya son calificados como el tercer problema de los españoles detrás del paro y la economía. Un factor que, sin duda, ha contribuido a minar el prestigio del sistema de partidos es el de la corrupción, que en esta encuesta se sitúa en el cuarto lugar en el ranking de preocupaciones con tendencia a crecer teniendo en cuenta que este barómetro se realizó antes de que se hiciera público el ‘Caso Bárcenas’.


El balancín electoral se ha roto. La crisis está cambiando el sistema político que valía en España desde la Transición. El PP y el PSOE están perdiendo apoyos. Un nuevo partido, UPyD, se está consolidando y otros como IU, que parecían hace poco desahuciados, están recuperando terreno con rapidez. A nivel regional otras fuerzas con un mensaje radical como Amaiur o ERC también crecen a expensas de los partidos nacionalistas tradicionales.


¿Es una tendencia pasajera o se consolidará? Habrá que esperar hasta la siguiente cita electoral en junio de 2014 para el parlamento Europeo para comprobarlo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

IZQUIERDA UNIDA, SE IMPONE EL TRAUMA

Cayo Lara en la X Asamblea Federal de IU.
En la pasada Asamblea Federal de Izquierda Unida se aprobó un discurso radical, con la promesa del socialismo en el siglo XXI. Para ello esperan aprovecharse de la corriente de opinión crítica con el sistema de partidos tradicional y de la pésima imagen de un PSOE en horas bajas. Pero al mismo tiempo, mientras critica la “traición” de los socialistas a la clase trabajadora y justificándose en este discurso, IU no duda en mantener un gobierno autonómico en Extremadura gobernado por la derecha.  


Izquierda Unida heredó un trauma mucho antes incluso de nacer. Es un trauma que le ha traspasado su padre, el Partido Comunista de España. Nacido de una escisión del PSOE en los años 20, el PCE ha estado luchando contra los socialistas por la hegemonía en la izquierda española desde entonces con una suerte, generalmente, adversa. Excepto algunos momentos estelares como en la Guerra Civil o durante la última fase de la dictadura franquista, el PCE no pudo disputarle el mando de las políticas de izquierda al PSOE.


Es más, desde las primeras elecciones en la actual democracia, en 1977, el PCE ha ido cayendo en una espiral decadente que iban alimentando sus propias fuerzas autodestructivas. Era, y sigue siendo, normal que en el ámbito del PCE se produzcan escisiones y expulsiones. Fueron tantas, que al final hay más veteranos comunistas en otros partidos que en el propio PCE.


Para tratar de frenar esta espiral se creó Izquierda Unida en 1986, una coalición de partidos minúsculos en torno al PCE que, sin embargo, no ha podido cumplir su misión de arrebatarle el protagonismo de la izquierda a los socialistas. Hasta ahora, piensan muchos como su líder Cayo Lara.


IU como alternativa al PSOE

En la pasada X Asamblea Federal de IU celebrada el 16 de diciembre, Lara fue reelegido con casi el 85% de los votos de los delegados y, lo que resulta más llamativo, se aprobó también y esta vez por el 99%, un documento de acción estratégica que es, cuanto menos, extremadamente ambicioso.

Delegados de IU en la X Asamblea Federal.
Según dice la llamada “Declaración de Madrid”, el objetivo es, ni más ni menos, adelantar al PSOE y arrebatarle por fin la hegemonía de la izquierda. IU se quiere presentar como una “alternativa real” de gobierno frente al “orden neoliberal” del PP y, por supuesto, del PSOE, el gran enemigo de IU en la X Asamblea federal.


Y es que en IU ven que ha llegado el momento de acabar con su gran enemigo histórico, los socialistas. Cayo Lara personifica el viraje de IU desde las elecciones generales de 2008 en contra de los pactos con el PSOE, causa de todos los males en Izquierda Unida según los que se consideran los más puros defensores de la esencia de la izquierda. La gestión del anterior gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y sus reformas han arrojado combustible a la caldera de IU, que se agarra a este argumento para igualar a PSOE y PP como representantes de los partidos que han provocado la crisis. Y por el momento parece que, electoralmente, les va bien. Hace un año consiguió ocho escaños en el Congreso de los Diputados frente al único representante que consiguió en 2008. Pero saben a poco y Cayo Lara quiere más.


Extremadura: la gran contradicción

Sin embargo, en la lucha por crecer, IU comete una serie de errores que le llevan a la contradicción. Para ganarle al PSOE tendrá que disputarle su electorado, y allí ya no podrá únicamente atacar a los socialistas. Para ser creíble necesita liderar la oposición a las políticas del Partido Popular. Sin embargo, IU pretende nadar y guardar la ropa.


El líder de IU de Extremadura, Pedro Escobar.
En Extremadura gobierna el PP con el apoyo tácito de Izquierda Unida. Esta opción ha sido revalidada recientemente en la asamblea regional con más del 70% de los votos. Allí se justifican en que no pueden apoyar a un PSOE que ha gobernado la región durante décadas, ya que esto iría en contra de su discurso del cambio. Pero el cambio esta vez significa apoyar a la misma derecha que dice combatir. Cayo Lara sabe que esa contradicción es un lastre, pero su autoridad pincha en un hueso. En Extremadura IU sigue apoyando al PP y desde la dirección central no se hace nada para evitarlo porque no puede o no quiere.


En resumen, Izquierda Unida quiere aprovechar la crisis y, sobre todo, la marea de la opinión pública desfavorable a los partidos mayoritarios para crecer. Al pescar en el mismo caladero de votos que el PSOE, enfoca su discurso agresivo y sus ataques a los socialistas. Sin embargo, al atacar al PSOE le allana el camino a la derecha, deslegitimándose así como alternativa de izquierdas.

 
IU no tiene salida. Si ataca al PSOE beneficia al PP y desgasta su imagen de partido de izquierdas. Si pacta con los socialistas y se convierte en su socio minoritario a nivel local y regional (lo que de hecho sigue siendo en la gran mayoría de municipios gobernados por la izquierda y en Andalucía y Asturias, a pesar del discurso radical de Lara), está condenada a ser siempre el partido pequeño.


Han elegido hacerle oposición a los socialistas a pesar de que esto significa aumentar la ventaja política de la derecha, por lo que votar a IU se está convirtiendo en una manera indirecta de fortalecer al PP. Pero ese cálculo parece dar igual a la dirección de IU. El trauma que persigue al PCE y ahora a IU desde hace casi un siglo, se ha impuesto.