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domingo, 11 de febrero de 2018

¿Gobierno o coherencia?: El dilema de la socialdemocracia alemana

Los socialdemócratas alemanes del SPD están viviendo una paradoja: mientras más éxito tienen a la hora de negociar su peso e influencia en el gobierno federal de Alemania, más profunda es su crisis de interna, que amenaza incluso con romper este partido centenario. Se enfrentan a una cuestión que no ha dejado nunca de ser central en los partidos de las democracias parlamentarias: ¿Se debe participar en el gobierno cada vez que se tenga oportunidad para hacerlo para poder aplicar así, aunque sea en parte, el programa político? O, en cambio, ¿debe ser prioritario preservar la coherencia ideológica para no perder apoyos en la sociedad a la que se quiere representar?

En las últimas semanas el SPD ha dado el visto bueno (por la mínima) en un congreso extraordinario a abrir negociaciones con la CDU de Merkel para reeditar una nueva gran coalición. En esas negociaciones, los socialdemócratas han logrado arrebatar a los conservadores el ministerio de Finanzas, el más importante y estratégico, el mismo desde el cual Merkel y Wolfgang Schäuble dictaron la austeridad a Europa durante lo peor de la crisis del Euro. Una jugada maestra, teniendo en cuenta que el SPD consigue así una plataforma de influencia política de primera mano mucho mayor que desde los ministerios tradicionalmente destinados al socio menor de las coaliciones de gobierno, como Exteriores o los de carácter social. En Alemania se hace política con el dinero, por eso el Ministerio de Finanzas es todo un éxito para un partido que en cada cita electoral no deja de perder votos y escaños, pero parece capaz de aumentar su poder en la mesa de negociaciones ante una Angela Merkel impotente y necesitada de socios a toda costa para poder gobernar.

Pero en vez de provocar alegría entre los socialdemócratas, -que en las últimas elecciones cosecharon el peor resultado para el SPD desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- este éxito negociador ha causado estupor entre las bases, sobre todo la decisión del candidato y jefe del partido, Martin Schulz, de querer asumir la cartera de Asuntos Exteriores. La causa está en la hemeroteca: el pasado mes de septiembre, justo después de las últimas elecciones, Schulz aseguró públicamente que el SPD no reeditaría una nueva gran coalición y que él, personalmente, nunca entraría a formar parte de un gobierno presidido por Merkel. En ese momento era consecuente con su discurso electoral. Cinco meses después las circunstancias han dado un giro de 180º, y ha sido tal el enfado de las bases del SPD y de algunos dirigentes (entre ellos su ex amigo y ex secretario general del SPD, Sigmar Gabriel, actual ministro de Exteriores y que quiere seguir siéndolo), que Schulz ha tenido que renunciar públicamente a ser ministro. Ha sido poco después de renunciar a la jefatura del SPD, por lo que a Schulz ya no le queda nada.

Del milagro Schulz al peor resultado

Hace un año Martin Schulz estaba lanzado. Las encuestas situaban la intención de voto del SPD en torno al 30% y las bases estaban encantadas. En enero de 2017 fue designado candidato a la cancillería, y en marzo fue elegido secretario general del partido por el 100% de los delegados de un congreso extraordinario. La gran esperanza del SPD comenzó una campaña electoral basada en criticar la acción de gobierno de Merkel centrándose en la denuncia del aumento de los índices de desigualdad en la sociedad alemana. Schulz buscaba resucitar el antiguo binomio político derecha-izquierda para situar al SPD como alternativa a Merkel. Pero fracasó: en Alemania acabó triunfando el discurso transversal de Merkel, y los votantes que no aceptaron la visión oficial de un país próspero e integrador sin desigualdades, abrazaron la lógica populista de ‘arriba-abajo’, ‘ellos’ contra ‘nosotros’, y se pasaron en masa a la ultraderecha del AfD que consiguió 94 diputados.

El SPD quedó descolgado y con el peor resultado electoral de la democracia moderna alemana, el 20,5% y 153 escaños, que son 40 diputados menos que en 2013. Este dato es la confirmación de una caída libre del SPD en las elecciones federales: en 2013 el 25,7%; en 2009 el 23%; en 2005 el 34,2%; en 2002 el 38,5%; en 1998 el 40,9%. Es decir, en los últimos veinte años, el SPD ha perdido la mitad de sus votantes. Pero, mientras ha ido perdiendo votos, solamente ha dejado de gobernar cuatro años: entre 2009 y 2013. El resto del tiempo ha habido ministros y ministras socialdemócratas, dos legislaturas (2005-2009 y 2013-2017) bajo el mando de Merkel.

Un debate duro

El debate interno en el SPD es duro: ¿Debe el partido aprovechar cualquier oportunidad para participar en el gobierno y aplicar así el programa político, aunque sea al precio de colaborar con Merkel? Aunque sea al precio de perder apoyos sociales. O, por otro lado, ¿debe el SPD priorizar su coherencia ideológica y su lealtad a esos apoyos sociales, aunque eso suponga no entrar en el gobierno y, en este caso, provocar nuevas elecciones con un resultado incierto?

El SPD está partido en dos y sin liderazgo tras las renuncias de Schulz. Su sucesora designada al frente del partido, Andrea Nahles, carece de credibilidad para muchos sectores, ya que comenzó su carrera en el sector más izquierdista de la socialdemocracia, para acabar abrazando las tesis más posibilistas y ser hoy la mayor defensora de la gran coalición. Debido a sus virajes, Nahles representa el tipo de personaje político que muchos militantes y votantes del SPD (y de otros partidos) no entienden y que refuerza la postura de los contrarios a la gran coalición que buscan coherencia ideológica desde la oposición. Esta postura está encabezada por el líder de las juventudes, las Jusos, Kevin Kühnert, que se ha convertido en la imagen del No a la GroKo (Grosse Koalition).

En el congreso extraordinario del pasado 21 de enero que aprobó las negociaciones con Merkel, el No consiguió casi la mitad de los votos de los delegados. El resultado final de las negociaciones tendrá que ser ratificado por los militantes, y Kühnert y los suyos confían en que las bases den un portazo a la GroKo. Un dato les infunde ánimos: desde el 1 de enero hasta el pasado 6 de febrero, la fecha tope para poder inscribirse como militantes y poder participar en la votación, se han dado de alta 24.339 personas, lo que aumenta el número de militantes del SPD a 463.723, el más alto de todos los partidos en Alemania. Los contrarios a la GroKo dicen que la inmensa mayoría se ha apuntado para decir No.


La votación será por correo, y los resultados se conocerán presumiblemente el 3-4 de marzo. Los militantes del SPD podrán decidir si su partido puede jugar un papel fundamental en la política de Europa a través del ministerio clave de Finanzas, pero con la condición de hacerlo de la mano de Merkel y de la derecha conservadora. O, en cambio, cierra la puerta a la GroKo recuperando así credibilidad entre sus seguidores, pero a cambio de provocar previsiblemente unas nuevas elecciones con resultado incierto. Las últimas encuestas ya sitúan al SPD con una intención de voto del 18%. 

sábado, 18 de junio de 2016

El contexto europeo del PSOE

La campaña electoral del 26 J está marcada por la expectativa del llamado ‘sorpasso’ de Unidos Podemos al PSOE. Las encuestas preelectorales, sobre todo el barómetro del CIS, dan por hecho el adelantamiento de la alianza electoral de Podemos, IU y las mareas a los socialistas. Así, según el CIS, los socialistas lograrían el 21,2% de los votos, mientras que Unidos Podemos se haría con el 25,6%.

Según estos datos, los socialistas solamente bajarían menos de un punto con respecto a las elecciones del 20 de diciembre. Teniendo en cuenta que en las elecciones de 2011 el PSOE consiguió el 28,73% de los votos y en 2008 el 43,87%, esta cifra es considerada un fracaso grave para el PSOE y su dirección, y podría tener consecuencias nefastas para el futuro de Pedro Sánchez y de su equipo por perder la segunda posición y no ser capaces de hacerse con el liderazgo de la política española.

Sin embargo, si se abre un poco la perspectiva y se tiene en cuenta el entorno europeo de España, la situación del PSOE no es muy diferente a la de otros partidos socialdemócratas o socialistas muy parecidos en su ideología, estructura, historia e incluso contexto. Sin entrar en las causas, aquí solamente se facilitan las últimas cifras de sondeos y resultados electorales de los principales ‘partidos hermanos’ europeos del PSOE.

-       Alemania, SPD: La última vez que gobernaron los socialdemócratas alemanes desde la cancillería de Berlín fue en el año 2005. Gerhard Schröder gobernó el país entre 1998 y 2005, y desde entonces el SPD no ha vuelto a ganar unas elecciones federales, aunque ha participado dos veces en gobiernos de gran coalición entre 2005 y 2009, y desde 2013. Aunque gobierna un número importante de estados federales y alcaldías importantes, los socialdemócratas alemanes no han dejado de bajar en sus resultados electorales federales. Desde la primera derrota en 2005, con el 34,2% de los votos, bajaron hasta el 23% en 2009 y el 25,7% en 2013. Los últimos sondeos de junio de 2016 dicen que la caída no ha terminado y sitúan la intención de voto en el 21%.

-       Francia, PS: Los socialistas franceses ganaron la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2012 con el 28,6% de los votos. Prácticamente desde entonces, el presidente socialista Françoise Hollande no ha dejado de perder popularidad y los socialistas se están batiendo en retirada en la mayoría de las elecciones. En las regionales de diciembre de 2015, la coalición de izquierda en la que se integró el PS alcanzó un total del 23,12% de los votos en unos comicios marcados por el temor al auge del Frente Nacional, que consiguió el 27,73%. Las expectativas no mejoran para los socialistas, que sin embargo gobiernan en importantes instituciones y municipios como París, y a un año de las elecciones presidenciales, las encuestas sitúan la intención de voto para Hollande solamente en el 14% en la primera vuelta frente al 28% del Frente Nacional y más del 20% la derecha tradicional, por lo que el PS quedaría fuera de la segunda vuelta.

-       Reino Unido, Labour: Los laboristas británicos han apostado claramente por apoyar la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea en un referéndum que las encuestas dan por perdido a una semana de celebrarse (47% para quedarse y 53% para el ‘brexit’). Una derrota en las urnas supondría un duro golpe para el primer ministro conservador David Cameron, pero también para los laboristas ya que no habrían podido proporcionar una capacidad de movilización suficiente. Comparado con los socialistas españoles, franceses y los socialdemócratas alemanes, la cifra cosechada en las últimas elecciones generales de mayo de 2015, es algo mejor con el 30,4%. Sin embargo, el sistema electoral mayoritario en el que solamente el diputado más votado es el que recibe el acta de cada distrito, hizo que los conservadores consiguieran una ventaja de 99 escaños en la Cámara de los Comunes con respecto a los laboristas. A pesar de la impresionante victoria de la Alcaldía de Londres en mayo de 2016, los laboristas siguen perdiendo poco a poco posiciones y en Escocia, que siempre había sido un granero de votos, pasaron a tercera fuerza política en el parlamento regional, el peor resultado escocés en un siglo. A pesar de la elección de Jeremy Corbyn como nuevo líder en septiembre de 2015 y de su ‘giro a la izquierda’, las encuestas siguen situando a los laboristas en torno al 30% de la intención de voto, más o menos la misma cifra que en las generales de 2015.

-       Italia, Partido Democrático: Italia es podría ser la gran excepción al panorama complicado de la socialdemocracia europea. Si en las elecciones de 2013 consiguió el 25,4% de los votos, las encuestas a principio de este año situaban la intención de voto en el 33%. Sin embargo, ya existen algunos puntos negros. Según la tabla de popularidad de líderes políticos del mes de junio elaborada por la Asociación de Comunicación Política (ACOP), el primer ministro Matteo Renzi solamente contaría con una aprobación del 28%, dos puntos por debajo incluso de Mariano Rajoy. Una cifra en constante caída ya que en mayo era del 33% mientras que en mayo de 2014 todavía era del 59%. Las elecciones municipales están siendo una prueba de fuego para Renzi y el Partido Democrático y las alcaldías de las principales ciudades como Roma, Milán y Turín tendrán que dirimirse en una segunda vuelta contra la derecha de Forza Italia o el Movimiento Cinco Estrellas.


La situación del socialismo español es muy difícil pero no es muy diferente al del resto de partidos socialistas o socialdemócratas de su entorno europeo. En todos los casos se combina una fuerte presencia municipal y regional (el PSOE gobierna en siete comunidades autónomas) con una cada vez más débil fuerza en los parlamentos nacionales. ¿Se está transformando el socialismo europeo en una fuerza localista y regional en plena fase de pérdida de soberanía nacional de los estados? 

sábado, 14 de septiembre de 2013

PRECARIEDAD LABORAL, LO QUE QUEDARÁ DE LA CRISIS

Un buen día en el futuro el Gobierno, los actores sociales (sobre todo los empresarios) y los medios de comunicación decidirán que la crisis ha terminado. Lo harán basándose en los datos del paro de ese momento, más bajos que los actuales. Dirán que se ha creado de nuevo empleo y que la maquinaria económica vuelve a tirar porque la gente podrá volver a consumir. La rueda volverá a moverse, pero, ¿a qué precio? Y ¿qué tipo de empleo nos espera? - Publicado en MBC Times

El pasado 3 de septiembre el Ministerio de Empleo y Seguridad Social publicó los datos del paro registrado del mes de agosto de 2013: Por primera vez en 13 años bajó el desempleo en ese mes – ¡aunque sólo en 31 personas a nivel nacional! -, siguiendo una tendencia que también se dio en julio. El paro está bajando. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de 2013, la tasa de paro es ya del 26,26%, con casi 6 millones de desempleados, más de 200.000 menos que en el primer trimestre del año.

El Gobierno de Mariano Rajoy no esconde su entusiasmo. La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, insistió repetidas veces en rueda de prensa que se trata del “mejor mes de agosto desde el año 2000”. “Todos los meses han sido mejores que los meses del año 2012 y si las cosas siguen así, al final el año que viene tendrá un comportamiento mejor en términos de desempleo", aseguró. El paro baja en España, pero, como matizó el Instituto Nacional de Estadística (INE) a finales de julio, se trata exclusivamente por las contrataciones temporales propias del turismo y de los trabajos agrícolas, el llamado “efecto verano”. Así pues, ¿qué trabajo se está creando?

Según los mismos datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, de los 1.043.166 contratos de trabajo firmados en agosto, sólo 62.454 lo fueron por tiempo indefinido. O dicho de otra manera, 980.712 contratos firmados fueron temporales, de ellos 343.565 temporales a tiempo parcial, es decir, los más precarios de los precarios. El pasado mes de julio fue parecido: De los 1.507.341 contratos firmados en ese mes, sólo 96.338 fueron a indefinidos, y el resto, 1.411.003, lo fueron temporales.


Los sindicatos advierten sobre los efectos reales de estos datos en el mercado laboral. Se está creando empleo, pero al precio de empeorar drásticamente las condiciones de trabajo. En un comunicado publicado a finales de julio para valorar los datos de la EPA del segundo trimestre, UGT mostró su “preocupación por la fuerte reducción de la población activa que se está produciendo (349.100 personas en el último año), lo que a medio plazo supondrá una pérdida en la capacidad productiva de nuestro país; y porque el empleo que se crea es íntegramente temporal, destruyéndose de manera masiva empleo indefinido (se han perdido 434.900, en el último año)”. Asimismo, el sindicato destacó que “todo el empleo que se está destruyendo es a tiempo completo, que se está transformando parte del que se mantiene en empleo a tiempo parcial y que se está consolidando el porcentaje de desempleo de larga duración (solo 3.500 personas salieron del paro de larga duración en el segundo trimestre de 2013)”.

La crisis está empezando a entrar en su siguiente fase. De la destrucción masiva de empleo se está pasando a la creación –lenta e insegura- de puestos de trabajo. Pero se trata de empleo precario y temporal, con condiciones mucho peores para los trabajadores. La mayoría han perdido poder adquisitivo al rebajarse sus sueldos, también entre los que no han perdido sus empleos, y trabajan más horas que antes. Horas extras sin cobrar, sueldos mínimos, trabajo gratis, explotación laboral. Un reportaje del diario El País publicado el pasado 25 de agosto contaba la historia de una camarera de 42 años que había encontrado un empleo tras medio año en el paro. Cobraba 500 euros al mes y triplicaba las 20 horas semanales estipuladas en su contrato.

Sólo es uno de miles de casos de explotación en los que el Estatuto de los Trabajadores es simplemente ignorado. Semanas seguidas trabajando sin librar con contratos a tiempo parcial (y sueldos a tiempo parcial). También se han multiplicado los contratos por obra y servicio, en los que el trabajador sólo cobra por servicio prestado. Es decir, si cae enfermo no cobra.

Todo esto lo ha hecho posible la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Rajoy en febrero de 2012, que permite lo que los empresarios llaman “flexibilizar” el mercado de trabajo. Se facilita el despido rebajando sustancialmente (o incluso eliminando) las indemnizaciones y se permite la contratación temporal casi sin restricciones. Se ha creado así un contexto perfecto a la medida de las necesidades de la patronal y del empresariado con la excusa de que hay que crear empleo a toda costa, aunque sea destruyendo los derechos de los trabajadores, que viven atemorizados por la amenaza constante a perder su empleo, o por el terror que implica no encontrar uno.

Trabajar por menos
Este miedo hace que también se acepte trabajar por menos. De acuerdo con los datos del INE, entre 2010 y 2012, los costes laborales unitarios han caído casi un 7%. En lo referido al coste laboral total por trabajador y mes, en el cuarto trimestre del año pasado bajó el 3,2%. Y entre enero y marzo de 2013 se ha reducido un 1,4% hasta los 2.480,22 euros.  Por su parte, el Banco de España en su boletín económico de julio-agosto, subraya que en términos de los indicadores más amplios de coste laboral, ha habido una “notable moderación salarial”. Finalmente, según los datos de Eurostat, el coste laboral en España es uno de los que más ha bajado, con Portugal e Irlanda, de Europa. En concreto ha caído 5,1 puntos entre 2010 y 2012, frente al incremento de 4,8 puntos de la UE-27.

Esto ha provocado un incremento muy notable de las diferencias sociales. Según un estudio de la Fundación 1º de Mayo (ligada al sindicato CCOO) publicado a principios de junio, se denuncia que España es el segundo país de la Unión Europea que presenta mayores desigualdades sociales, sólo superada por Letonia. Según datos de Eurostat (la agencia de estadística europea), el índice de la desigualdad (el índice de Gini) aumentó en España 2,1 puntos (del 31,8% al 33,9%) entre 2005 y 2010, mientras que la media de la Unión se redujo en una décima pasando del 30,6% al 30,5%. Esta diferencia está vinculada a la evolución de la desigualdad de los ingresos. Según estos datos, en España la relación entre el 20% de la población que más ingresa y el 20% que menos ingresa ha variado de un índice de 5,5 al 6,9 entre 2005 y 2010, mientras que en el resto de la UE ha permanecido en el 5. 

Traducido al mundo real, un empleado español con un suelo medio necesita trabajar ininterrumpidamente siete días para ganar lo mismo que recibe el director general de su empresa en sólo una hora, según un estudio publicado por la revista The Economist también el pasado mes de junio. Y si el empleado se encuentra en el tramo de salarios más bajos, la diferencia se dispara: tendrá que emplearse a fondo durante tres semanas seguidas para ingresar la cantidad que recibe su máximo jefe en apenas sesenta minutos.

Sin embargo, y a pesar de que han bajado los costes laborales (véase los sueldos) en los últimos años y se ha “flexibilizado” el mercado de trabajo (véase la reforma laboral), el Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió a España a principios del pasado mes de agosto mayores esfuerzos, con una bajada adicional de los sueldos del 10% y una subida del IVA. Esta receta fue secundada con entusiasmo por el vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn, que en su blog personal llegó a advertir incluso que “aquellos actores que lo rechacen frontalmente cargarían sobre sus hombros con la enorme responsabilidad de los costes sociales y humanos". ¿Por qué piden el FMI y Ollie Rehn que sigan bajando los sueldos y además se suban los impuestos?

La receta neoliberal para salir de la crisis
Muchos expertos y economistas han escrito kilómetros de líneas sobre los orígenes de la crisis y de las maneras que hay para combatirla. José V. Sevilla, ex Secretario de Estado de Hacienda en el primer gobierno socialista en 1982, cuenta en su libro “El declive de la socialdemocracia” que hay dos maneras de combatir la crisis. Resumiendo, viene a decir que se puede invertir en modernizar las empresas para mejorar su valor añadido y su competitividad, o se puede rebajar sus costes de producción para que puedan ser más competitivas, tocando fundamentalmente los sueldos de los trabajadores a la baja.


La primera opción es más segura en sus resultados, es la que, por ejemplo, se llevó a cabo en Alemania en los últimos años 90 y principios de la década del 2000. Así las empresas alemanas mantuvieron su liderazgo mundial en exportaciones, lo que le permite a Alemania hoy seguir siendo el gigante económico europeo, aunque también se tocaron bastante los sueldos y los derechos laborales para bajar los costes de producción. El inconveniente de esta vía es que es lenta y hace falta capital para invertir.

En España se ha escogido la segunda vía. Los bancos –profundamente afectados por la crisis del ladrillo- no tienen dinero que prestar, a pesar de los miles de millones de euros de dinero público. Y también porque la bajada de costes de producción tiene unos efectos más rápidos en el tiempo, pero a costa de mantener a las empresas anticuadas y con el único factor competitivo en el precio, y no en la calidad del producto, lo que a la larga provocará otra vez su desfase y falta de competitividad en el mercado internacional. Un ejemplo de esta tendencia cortoplacista: España se encuentra hoy en el puesto número 18 de Europa en inversión I+D+I con un 0,8% del PIB, lejos del 2% que gasta la media de la Unión Europea.

Para poder llevar a cabo la bajada de los costes de producción hacen falta una serie de factores fundamentales, entre los que destacan el apoyo político e ideológico a este camino, en este caso del Gobierno del Partido Popular, que ha diseñado y puesto en funcionamiento una reforma laboral que crea un marco legal que precisamente permite la bajada de los sueldos y el empeoramiento de las condiciones de los trabajadores. Así se bajan los costes mientras se aumentan las horas de producción. Es decir, se produce más por menos, o lo que es lo mismo, se trabaja más por menos.


Sin embargo, para poder aplicar este empeoramiento de las condiciones de trabajo, es fundamental haber debilitado previamente la posición de los sindicatos. Esta es una labor que los neoliberales y la derecha política han ido llevando a cabo en los últimos años con notable éxito social dañando la imagen de los sindicatos entre los trabajadores. Así, desde que comenzó la crisis en 2008, en España hay medio millón menos de afiliados a la UGT y a CC OO. Según un informe de la “Fundación 1 de Mayo” de CCOO fechado en mayo de 2012, en España sólo el 19% de los trabajadores está afiliado a algún sindicato. De cara al futuro el horizonte parece todavía más negro, ya que entre los jóvenes menores de 30 años la afiliación es de menos del 10%, mientras que se mantiene en cotas también bajas de entorno al 20% entre los mayores de 45 años.

A los sindicatos débiles se suma una tasa de paro muy alta, de más del 26%, lo que pone en ventaja al empresario a la hora de elegir a los trabajadores e imponer las condiciones. El enorme número de parados interesa a la patronal. Es lo que Karl Marx denominó en “El Capital” como el “ejército de reserva” de trabajadores siempre disponibles y sumisos a las condiciones de los patronos, lo que mantiene los sueldos bajos y las condiciones de trabajo precarias, es decir, los costes de producción bajos. Este es el camino elegido para sacar a España de la crisis y el señalado por el FMI.

La guerra contra la socialdemocracia
No es casualidad que se haya elegido este camino. Desde los años 80 los neoliberales y la derecha política llevan desempeñando una lucha sin cuartel contra el modelo socialdemócrata que imperaba en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y gracias al cual se consiguió el crecimiento económico y la mejora del nivel de vida más espectacular en la historia del continente. Esa mejora del nivel de vida benefició sobre todo a la clase trabajadora, ya que el crecimiento se gestionó basándose en criterios redistributivos de la riqueza.

Esa redistribución se realizó creando el Estado del Bienestar, que proporcionaba servicios públicos a toda la población, ya sea fomentando la igualdad de oportunidades mediante una educación pública o la igualdad en la atención en la sanidad. Pero sobre todo, el Estado del Bienestar proporcionaba por primera vez a todos los ciudadanos un sistema de pensiones públicos que hacía posible el concepto de jubilación, y una seguridad de cara al desempleo mediante un sistema de prestaciones.

Este entramado social se financiaba vía impuestos, y aquí era donde radicaba esencialmente el concepto de redistribución de la renta. La base del sistema socialdemócrata está en un sistema fiscal basado en la proporcionalidad de la renta, es decir, se paga en función de la riqueza de cada cual. Ese principio lleva siendo golpeado por los neoliberales desde hace más de 30 años. Ellos defienden la recaudación a través de impuestos indirectos, por ejemplo el IVA, una tasa fija que se pone sobre el precio de un producto. Todos sus consumidores lo pagan igual, sean ricos o pobres. Un millonario paga el mismo IVA que un desempleado de larga duración, por ejemplo.

El FMI o la Comisión Europea, baluartes del neoliberalismo, defienden siempre la subida del IVA y no del IRPF. Así es como se explica que el FMI pida la subida de este impuesto mientras a la vez pide la bajada del 10% de los sueldos: Para compensar los ingresos fiscales que el Estado deja de percibir vía IRPF, ya que si los contribuyentes cobran menos sueldo, pagan menos IRPF.

Por lo tanto, se va eliminando el concepto de redistribución socialdemócrata vía impuestos que se sustituye por el auge de los impuestos indirectos y tasas que pagan todos por igual aprovechando la debilidad (ideológica y política) de los partidos socialistas, lo que también tiene consecuencias fundamentales en la financiación de los servicios públicos y del Estado del Bienestar.

El catedrático de Sociología Ignacio Sotelo explica en su libro “El Estado Social” que el Estado del Bienestar sólo se puede financiar con el pleno empleo. Las pensiones, las prestaciones de los parados, la sanidad, la educación, etc…, necesitan dinero y ese llega vía impuestos. Con una tasa de paro alta los desempleados pagan menos impuestos y se convierten en receptores de dinero público. El sistema público cuenta con menos medios y más demanda, y acaba por sufrir las consecuencias. En España el 26% de parados está sirviendo al PP como excusa para pasar a la privatización de los servicios públicos, como la sanidad en Madrid, o para empezar a reformar el sistema de pensiones que algunos “expertos” ya están señalando como “insostenible”. También está sirviendo de excusa para debilitar a los sindicatos y eliminar así derechos laborales y bajar los salarios.


Es decir, la alta tasa de paro sirve para legitimar el marco legal necesario que permite a la derecha neoliberal desmantelar el sistema de protección social de origen socialdemócrata, y a los grandes empresarios aumentar sus beneficios a costa de sus trabajadores. Por lo tanto, en el futuro y si no se remedia, cuando los efectos de la crisis vayan disminuyendo en intensidad, seguramente se mantendrá una tasa de paro alta durante años. Será una cifra que permita a la economía funcionar de nuevo y reactivar el consumo, pero a la vez mantener la tensión entre los trabajadores, que ante el miedo al desempleo aceptarán un mercado laboral precarizado de sueldos bajos y largas horas de trabajo para mantener la competitividad de a sus empresas y los beneficios altos de sus jefes.  

Publicado en MBC Times

viernes, 20 de julio de 2012

NUNCA FUE MÁS NECESARIO SER DE IZQUIERDAS


La ofensiva del capitalismo ha llegado a España. Con la excusa de la crisis, la derecha está desmantelando el frágil Estado Social construido por los gobiernos socialistas en los años 80 y destruyendo derechos sociales y laborales que costará mucho tiempo y esfuerzo recuperar. Copago sanitario, educación pública precaria, Ley de Dependencia muerta, prestación de desempleo y pensiones en peligro, etc… Está naciendo la ley de la selva, la del más fuerte. Y en ese mundo sólo prevalecerán los más ricos. Por eso es importante resistir. 


La crisis es una excusa porque el PP aplica unos recortes –ajustes como lo llaman ellos- que reducen la capacidad de adquisitiva de los trabajadores eliminando pagas a los funcionarios, bajando las prestaciones de desempleo, facilitando el despido y subiendo los impuestos indirectos. Se llega así a la paradoja de que nunca hemos pagado más impuestos y recibido menos servicios públicos que ahora. Esto impide el consumo y el endeudamiento, y esto es lo que mata a las empresas, al menos a las pequeñas y medianas. A la crisis por la crisis.
 

Es una ofensiva de los más poderosos que nunca han aceptado que los trabajadores alcancen un nivel de prosperidad humilde pero estable. No creen en la igualdad de oportunidades, la base del Estado de Bienestar y de la socialdemocracia. Es más, la socialdemocracia es el gran enemigo del capital. Es para ellos en el siglo XXI lo que el comunismo en el XX: el gran rival que hay que eliminar una vez que ha cumplido su papel histórico de integrar a los trabajadores en el sistema capitalista tras la Segunda Guerra Mundial. Y para ello la derecha ha utilizado todos los medios, empezando por los propagandísticos, que han calado con fuerza entre las personas a las que más afecta esta ofensiva. Ya se perciben los primeros efectos.


Hoy los sindicatos y los partidos socialistas están desacreditados. Los trabajadores no les encuentran creíbles porque su discurso parece el de los empresarios. Además, la imagen que se tiene de estas organizaciones es de una casta de privilegiados ajenos a la realidad y a los problemas de la gente común. Es a estas organizaciones de izquierda a las que se dirigen cuando dicen que sobran políticos y que cuestan mucho dinero. Habría que eliminarlos, dicen. Como en la dictadura


Desgraciadamente en parte la crítica a los partidos y sindicatos tiene algo de razón, ya que los partidos socialistas se han convertido en organizaciones opacas y burocratizadas que no atraen a militar en ellas y los sindicatos se han replegado a un segmento minoritario y ‘aristocrático’ de la clase trabajadora abandonando al resto. Los políticos socialistas aparecen en igualdad con los de la derecha y por ello su discurso parece sospechoso y nada creíble. Falta un discurso coherente, valiente y, sobre todo, propio. 


Una percepción interesada
Esta percepción, sin embargo, es interesada y peligrosa. Se callan los privilegios de los capitalistas y empresarios millonarios, como si sus fortunas estuvieran limpias de polvo y paja y no fueran fruto de la explotación inmisericorde de los trabajadores. Todos son iguales, la frase más peligrosa para el socialismo, ha cuajado. Cuando el PP aplica los recortes más duros de la historia de la democracia española, las manifestaciones de indignación también afectan a la sede socialista. Es una maniobra interesada, porque si bien la derecha sobrevivirá a estas explosiones de rabia, el PSOE puede sufrir definitivamente un descalabro que no sería otro que dejar de ser la organización que representa los intereses de la clase trabajadora en España. La consecuencia no podría ser más terrible: la absoluta desnudez de los trabajadores ante los patronos. La ley de la selva.


Estos se están dispersando entre IU –los que menos-, UPyD y su revisionismo nacionalista y de derechas, y el movimiento 15-M, una amalgama de individuos y organizaciones minoritarias con un mínimo crítico en común, pero casi ningún argumento constructivo compartido. Intentan penetrar las fortificaciones de la policía alrededor del Congreso de los Diputados a pesar de que dentro ya hay representantes suyos a los que, sin embargo, no les reconocen su voz.

Es imprescindible recuperar esa voz. Tanto dentro de las instituciones como en la calle. Los socialistas somos los representantes de los trabajadores y tenemos que identificar a nuestros enemigos, al igual que ellos nos han identificado a nosotros.


Tenemos que resistir esta ofensiva con nuestra voz y nuestros actos. Más democracia, más ideas, más socialismo. Volver a conectar con nuestra gente, dejar de ser una élite sindical y política. Denunciar las injusticias, luchar contra ellas y usar la democracia y sus instituciones para defender los intereses de la mayoría frente a una minoría poderosa. Y por ello es importante, vital, recuperar el Partido para los trabajadores.


El colectivo de militantes y simpatizantes socialistas Más Izquierda Madrid quiere recuperar la credibilidad de los socialistas, denunciando los atropellos de la derecha y apoyando las causas que resisten a esta ofensiva y miran hacia el futuro. Porque el socialismo no puede ser solamente una serie de frases huecas ni el instrumento demagógico para satisfacer el ego de unos pocos a costa de la identidad de todos nosotros.


Como dijo recientemente un destacado dirigente socialista, “nunca ha sido más difícil ser de izquierdas, pero nunca ha sido más necesario”. Creo que tiene razón.

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿COMIENZA LA CUENTA ATRÁS PARA MERKEL?


El pasado 13 de mayo la canciller alemana y líder del partido conservador CDU sufrió una derrota espectacular en el Bundesland más poblado e importante de Alemania, Renania del Norte – Westfalia (Nordrhein-Westfalen). De un empate técnico en 2010 del 34% con su gran rival, los socialdemócratas del SPD, la CDU fue barrida este año perdiendo más del 8% de los apoyos electorales. La SPD, por su parte, aumentó en un 4,7% sus apoyos y fue la clara vencedora de las elecciones. Después de la victoria socialista en Francia y las victorias regionales del SPD, ¿está comenzando la cuenta atrás de Angela Merkel?



Con alrededor de 17,8 millones de habitantes de los casi 82 millones de Alemania, el Land de Renania del Norte es el más poblado (con una densidad de 523 habitantes por kilómetro cuadrado) y más urbanizado del país. Allí se encuentran 29 de las 80 ciudades de más de 50.000 habitantes alemanas, como por ejemplo Colonia, Düsseldorf, Dortmund o Essen, todos ellos importantes centros industriales y económicos de la locomotora de Europa.



Tradicionalmente esta zona siempre ha sido el corazón económico de Alemania. Ya desde finales del S.XIX la llamada cuenca del Ruhr era la mayor mina de carbón del país y como eso era lo que necesitaban las fábricas para funcionar, era también el mayor centro industrial del centro de Europa. Esto hizo que allí se concentraran centenares de miles de trabajadores con sus familias, lo que electoralmente convirtió la zona en un feudo de la izquierda alemana. Lo fue durante un siglo hasta que la derecha ganó en 2005.



Renania del Norte, cuna de cambios

El SPD estaba sufriendo en ese momento enormemente en credibilidad y apoyos electorales debido a las reformas sociales del entonces canciller Gerhard Schröder, unas reformas muy parecidas a las llevadas a cabo ahora por muchos estados europeos. La derrota socialdemócrata en Renania del Norte precipitó entonces la caída de Schröder, pero no significó la derrota absoluta del SPD en las elecciones federales de ese año 2005, ya que la CDU de Merkel no consiguió vencer de manera clara, lo que provocó una gran coalición que gobernó Alemania hasta 2009, año en el que los conservadores y sus aliados liberales arrasaron en las urnas.

Militantes socialdemócratas alemanes.


Entonces, al igual que ahora, la derrota del partido en el gobierno alemán en las elecciones regionales de Renania del Norte significa un punto de inflexión psicológico, además de político, ya que está en juego la gobernabilidad del país.



En Alemania la Constitución ha reservado a la Cámara Alta un papel territorial para subrayar la composición federal del estado. Es decir, los Länder están representados en el Bundesrat según la proporcionalidad de su población y son los que ratifican o no las leyes que llegan desde la Cámara Baja, el Bundestag. Merkel y la CDU tienen mayoría en el Bundestag, pero no la tienen en el Bundesrat, donde el SPD es ya desde su victoria en Renania del Norte, el partido más poderoso. Por lo tanto, el SPD tiene poder de vetar las leyes de Merkel. A diferencia de España, el Bundestag no puede aprobarlas en una segunda vuelta. Merkel necesita una mayoría en el Bundesrat para gobernar, y ya no la tiene. Este escenario fue el que obligó a Schröder a adelantar las elecciones en 2005, pero ahora Merkel no se lo plantea. ¿Por qué?



Angela Merkel debería estar sufriendo un momento político muy delicado. Con el SPD creciendo en votos, con la gobernabilidad tocada y con la ruptura de la alianza ideológica con Francia tras la victoria de Hollande, la canciller alemana debería sentirse acorralada. Sin embargo, tiene un elemento a su favor muy importante. El SPD carece de liderazgo que pueda capitalizar este momento.



Las consecuencias de la catástrofe

En las elecciones de septiembre de 2009 el SPD sufrió un batacazo electoral histórico. De ser un partido de gobierno pasó a cosechar solamente un 23% de los votos, más de un 11% menos que en 2005 cuando ya perdió bastantes apoyos. Fue un tsunami en todos los sentidos que golpeó los cimientos de la socialdemocracia. La izquierda alemana se atomizó entre varios partidos (los Verdes, Linke, etc…) y la decepción entre el electorado de izquierdas fue brutal. El SPD había perdido su credibilidad ideológica al apoyar desde la gran coalición una política conservadora y de recortes del Estado Social.

La troika del SPD: Steinbrück, Gabriel y Steinmeier.


Parecía que el partido sufriría las consecuencias de esta derrota histórica en forma de una guerra civil encarnizada entre los diferentes sectores, pero sus líderes lograron impedir la lucha fracticida y llegaron a un acuerdo de reparto del poder. El secretario general es desde noviembre de 2009 Sigmar Gabriel, ex ministro de medio ambiente y ex presidente del Land de Baja Sajonia, la patria de Schröder. Le acompañaron en la troika dirigente del partido la líder del ala izquierdista, Andrea Nahles, como secretaria de Organización, y el candidato de 2009 y ex ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier, como portavoz del Grupo Parlamentario en el Bundestag.



Fue un pacto de último momento y con el objeto de no romper al SPD en su momento histórico más peligroso desde la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de salvar el barco a cambio de repartir los papeles entre personajes de gran ambición y peso político. La calve de este acuerdo estaba en la debilidad del partido: ya que el poder parecía lejano, no tenía sentido pelearse por él. Por ello la cuestión del candidato, la llamada ‘K-Frage’, se mantuvo abierta para evitar enfrentamientos. Pero la crisis económica está acelerando los ciclos políticos y desgastando a los gobiernos a un ritmo nunca visto en la posguerra europea. Merkel está a tiro y el SPD no tiene líder que lo aproveche.

La vencedora en Renania del Norte: Hannelore Kraft.


Existen dos posibilidades: la primera es que alguno de los dirigentes del SPD antes mencionados, a los que habría que sumar al ex ministro de finanzas y ex presidente de Renania del Norte, Peer Steinbrück, se arriesgue y rompa el armisticio interno dando un paso adelante postulándose como candidato. La segunda sería mantener el pacto de no agresión y buscar un nombre nuevo de consenso que capitalice el desgaste de la CDU. Dentro de esta última opción suena el nombre de la ganadora de Renania del Norte, Hannelore Kraft. Tiene una buena imagen, es mujer y su nombre –que en alemán quiere decir ‘fuerza’- parece hecho a posta para una campaña de marketing.



El SPD se había acomodado para pasar varios años en la oposición tras su debacle electoral en 2009 y en menos de tres ya vuelve a acariciar el poder. El partido no está preparado y debe abrir un debate interno sobre quién debe liderar este proceso y, sobre todo, debe abrir un debate ideológico y de propuestas alternativas para sacar a Europa de la crisis.

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿SOBREVIVIRÁ LA SOCIALDEMOCRACIA A ESTA CRISIS?

El 6 de diciembre de 1923 ocurrió lo que hacía tiempo se estaba pergeñando. El antaño todopoderoso Partido Liberal británico fue derrotado en las elecciones generales, superado por algo más de 130.000 votos por el Partido Laborista. Los liberales ya no estaban en primera línea de la política. Eran los terceros, lo que en el sistema electoral británico –que busca el bipartidismo- supone la muerte.

Habían sido superados por un cambio social irresistible y muy veloz. Si en el S. XIX los liberales gobernaron el Imperio Británico con hombres tan ilustres como Palmerston o Gladstone, a principios del XX fueron barridos por un partido Laborista en auge y en sintonía con los nuevos tiempos.

La Primera Guerra Mundial lo había cambiado todo. Las democracias burguesas, que solamente permitían una participación política elitista que impedía la participación de los trabajadores, había tenido que dar paso a una democracia de masas. Era el justo premio a la sangre que la clase trabajadora había vertido en las trincheras. Como dijo Max Weber, había que compensar este sufrimiento en el Parlamento. Y con millones de obreros votando por primera vez había llegado el momento de la socialdemocracia, un momento que se consolidó tras la siguiente guerra, mucho más terrible, a partir de 1945.

También en Francia e incluso en la vencida Alemania los poderosos partidos socialdemócratas se convirtieron en pilares del Estado en la época de entreguerras, convirtiéndose en los referentes de las políticas progresistas frente a los conservadores. Los liberales, que antes de la guerra defendían ciertas políticas de progreso y sobre todo un sistema económico sin intervención alguna, habían sido barridos del mapa. Los horrores de la guerra habían acelerado el cambio en las sociedades y las políticas liberales parecían obsoletas, propias de otros tiempos.

Obsoletos y de otros tiempos
Casi un siglo después son los partidos socialdemócratas los que parecen obsoletos y propios de otros tiempos. La crisis financiera de 2008 ha dado paso a una crisis económica brutal que está poniendo a prueba la existencia de la Unión Europea y, sobre todo, la existencia del estado social, mal llamado estado del bienestar.

Este es el mayor logro histórico de la socialdemocracia, introducir la justicia social por ley y que durante casi tres generaciones las personas creyeran firmemente que la cobertura de los servicios básicos por el Estado era un derecho que no corría peligro. Sin embargo, cada día que la crisis sigue viva y mientras aumenta la cifra de desempleados, este sistema se ve arrastrado cada vez más al borde del abismo.

Los conservadores, que desde los años 70-80 se adueñaron del discurso económico liberal gracias a la Escuela de Chicago, llevan años preparando a los ciudadanos para el fin del estado social. Dicen que no es viable, que no hay dinero, que el gratis total no existe. Pero callan que este colapso económico es consecuencia de la aplicación de sus dogmas económicos. Este desastre es el que ha provocado los actuales índices de paro, y con millones de desempleados –es decir, con millones de cotizantes menos que pasan a recibir dinero del Estado en concepto de prestación social- efectivamente es muy difícil mantener los servicios públicos como se ha hecho hasta el momento. La consecuencia es el déficit y la deuda, y el colapso del sistema.

Pero la socialdemocracia está paralizada y muda. Sus ideas no han provocado esta crisis que puede matar a este movimiento político que, a mi juicio, representa mejor que cualquier otro la esencia de Europa. Pero no hay apenas resistencia al actual cambio social provocado por la crisis y que le ha costado millones de votos a los socialistas europeos. El único discurso es defensivo, si acaso, denunciando las políticas de la derecha. O peor, se aplican las políticas y recetas dictadas por los conservadores destruyendo la credibilidad de los partidos socialdemócratas. Nada que movilice al electorado, más bien lo contrario.

Los ciudadanos claman con fuerza por una reacción firme y una respuesta convincente y clara a la crisis, pero los partidos socialistas están mudos. Son como los liberales de principios del S. XX, que no pudieron adaptarse al nuevo siglo y a los cambios traumáticos que llegaron con él.

Cambios traumáticos
A principios del S. XXI los tiempos también están cambiando de manera traumática –aunque sin guerras hasta el momento- y los socialdemócratas no se están adaptando a ellos. Continúan aferrados a la defensa de un sistema de protección social que, hoy por hoy, resulta casi imposible de financiar. Y no porque no existan recursos, sino porque éstos están controlados por sectores hostiles al estado social.

Los llamados mercados -especuladores, multinacionales, agencias de calificación, entidades financieras, etc.- penalizan a los gobiernos socialistas hasta tal punto que hacen imposible la aplicación de sus políticas. Han hurtado al Estado su soberanía y actúan como agentes globales motivados por intereses puramente egoístas, sin ningún tipo de compromiso social a no ser que se entienda como tal percibir a los ciudadanos como meros consumidores.

Los mercados son hoy para los socialistas lo que los obreros para los liberales hace cien años. Han cambiado los escenarios. El Estado nacional, marco tradicional de aplicación del estado social, está muriendo por momentos. El sindicalismo basado en los obreros especializados está dejando de ser realista en un panorama laboral de precariedad y desempleo. Y una oposición exclusivamente institucional-nacional a la acción de los nuevos actores globales es inútil.

Los partidos socialdemócratas deben cambiar si quieren sobrevivir. Deben ser cambios profundos. Hay que pasar de la defensiva a la ofensiva, elaborando un nuevo ideario propio de los tiempos actuales. Pensar y actuar de forma global. Y sobre todo, apostar por los ciudadanos y la libertad, una palabra que los conservadores se han apropiado y que hay que recuperar.