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domingo, 5 de octubre de 2014

¿Lucharán soldados chinos en Oriente Medio?

La geopolítica de la energía está cambiando. Los EEUU ya no son el país que más petróleo consume del mundo ni depende de las reservas en Oriente Medio. Ahora son los países asiáticos los que necesitan que el crudo fluya sin problemas desde los pozos árabes hasta sus economías en crecimiento. ¿Supondrá este cambio que EEUU se apartará de los eternos conflictos en esa zona del planeta, y que será sustituida por las potencias asiáticas emergentes que necesitan asegurar el suministro? Dentro de unos años, ¿patrullarán soldados chinos en Oriente Medio?

Hace una década los EEUU se encontraban inmersos en plena ocupación de Irak. Miles de soldados norteamericanos patrullaban las principales ciudades y carreteras iraquíes y la insurgencia iba ganando cada día más fuerza. La hostilidad de la población local aumentaba mientras los militares eran incapaces de hacer frente a una espiral de violencia que costó la vida a 189.000 iraquíes y a casi 4.500 soldados estadounidenses hasta la retirada en 2010.

Además de las pérdidas humanas, en total la guerra costó aproximadamente 1,3 billones de euros, según las estimaciones del estudio 'Los costes de las guerras', elaborado por el Instituto de Estudios Internacional Watson de la Universidad de Brown. Se trata de una cantidad desorbitada que solamente podría justificarse con un interés geopolítico y estratégico muy fuerte por parte de EEUU en la zona. Y ese interés ha tenido una causa económica concreta, al margen de otras consideraciones culturales, políticas o diplomáticas, que no es otro que asegurar el suministro de petróleo desde la zona del Golfo Pérsico a la economía estadounidense.


La autosuficiencia energética de los EEUU

El presidente Roosevelt y el rey Saud en 1945.
La presencia de los EEUU en la zona se remonta a 1945, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt tomó un “desvío” hacia Arabia Saudí desde la Conferencia de Yalta para reunirse con el rey Abdelaziz bin Saud. Desde entonces los EEUU y los saudíes han sido estrechos colaboradores y aliados, ayudándose mutuamente garantizando el flujo de crudo para la economía estadounidense por un lado, y apoyando la estabilidad del régimen monárquico y despótico por otro. Pero el precio para los EEUU había sido verse cada vez más involucrados en la zona más convulsa del planeta.

Pero la situación está cambiando. Los EEUU están dejando de ser una potencia energéticamente dependiente y se están acercando a marchas forzadas a la autosuficiencia, incluso con capacidad de exportación de petróleo y gas natural tras satisfacer su propia demanda. La clave está en la técnica del “fracking”, muy criticada por los ecologistas por sus nefastas consecuencias para el equilibrio medioambiental. Sin embargo, esta técnica ha hecho rentable la explotación de yacimientos antes cerrados, lo que permite a los EEUU dejar de depender de las reservas en otros lugares del mundo, y en concreto de Oriente Medio.

Mohan Malik
Por ejemplo, según Mohan Malik, profesor en el Centro Asia-Pacífico de Estudios sobre la Seguridad en Honolulú (EEUU), “ciertos cálculos indican que Estados Unidos podría sobrepasar a Arabia Saudí como mayor productor mundial de petróleo ya en 2017 y podría empezar a exportar más petróleo y gas del que importa para 2025” (Publicado en el artículo “El nuevo mapa mundial de la energía”, publicado en Vanguardia Dossier “La geopolítica de la energía”).     

Uno de los estudios que demuestran esta tendencia de los EEUU a la autosuficiencia energética a medio plazo es el “BP Energy Outlook”, que analiza y hace la proyección del mapa mundial de la energía para el año 2035. Según el informe dedicado a los EEUU, en 2035 habrá alcanzado ya esa autosuficiencia energética gracias a que poco a poco su economía dejará de depender del petróleo (pasará del actual 36% del total de su demanda energética al 29% en 2035) a cambio de aumentar la demanda de gas natural (del 30% actual al 35%), de la que los EEUU es el máximo productor mundial. También aumentará el uso de energías renovables del actual 2% al 8% en 2035. Por otro lado, mientras baja la demanda interna, la producción de petróleo en los EEUU aumentará en un 37% y la de gas natural en un 45%, lo que permitirá el uso interno de su propia producción e incluso crear un excedente suficiente para la exportación.

Es decir, según estos datos, los EEUU han dejado de ser un país mayoritariamente importador de energía para conseguir no solamente la autosuficiencia energética, sino también un excedente que le permite exportar. “En términos conceptuales, se dibuja un nuevo mapa mundial de la energía dominado por un creciente mercado consumidor de energía en Asia y un creciente mercado productor en Estados Unidos”, asegura al respecto Mohan Malik.


Asia necesita más energía

Al mismo tiempo, en Asia las economías en auge están aumentando espectacularmente su dependencia energética a medida que los EEUU se alejan de ella. Las economías de China, Corea del Sur, India y Japón presionan cada vez con más fuerza por conseguir más recursos energéticos para mantener el crecimiento. El profesor Malik recuerda que estos países “consumen en conjunto más de la mitad del petróleo total mundial”, y la tendencia es que aumentarán su demanda, sobre todo China e India, los dos gigantes asiáticos en auge.

Según el estudio de BP “Energy Outlook 2035”, en 20 años China será el mayor importador de energía del mundo, aumentando su demanda actual del 15% actual al 20%. En concreto, China superará a los EEUU como el mayor consumidor mundial de petróleo en 2027 y a Rusia como el segundo mayor consumidor mundial de gas natural en 2025, solamente superado por los estadounidenses. Por ello, la dependencia de China con respecto al petróleo aumentará del 57% en 2012 al 76% en 2035, mientras que su dependencia de gas natural se incrementará del 25% actual al 41% en 2035. Por su parte, India, a medida que su economía ha ido creciendo, también lo ha ido haciendo su dependencia energética. En concreto, el estudio de BP indica que en 2035 su consumo de energía habrá aumentado en un 132%. En consecuencia las importaciones de petróleo aumentarán en 2035 en un 169% y las de gas en un 573%.

El lugar donde las potencias asiáticas van a buscar la energía que necesitan para sus economías es el lugar donde se produce la mayoría de ésta: Oriente Medio. Por ejemplo, un análisis de la agencia U.S. Energy Information Administration (EIA) afirma que en 2013 China importó el 52% del petróleo de Oriente Medio, una cantidad que cada año va en aumento, teniendo en cuenta que esta zona sigue siendo la mayor productora de crudo del mundo y lo seguirá siendo en 2035 según el informe “World Energy Outlook 2013”, esta vez realizado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

Por lo tanto, a medida que los EEUU van consiguiendo la autosuficiencia energética para su economía, las potencias asiáticas van dependiendo cada vez más de la capacidad de exportación de los países del Golfo Pérsico. Y sobre todo, las economías de China e India dependerán cada vez más de los acontecimientos políticos en Oriente Medio para recibir sus flujos energéticos. Como escribe el profesor Malik, “somos testigos de una loca carrera, de una especie de búsqueda del tesoro para controlar los recursos energéticos por parte de China, India y Japón, sobre todo en aquellos países y regiones que quedan fuera del control de las principales empresas occidentales por razones políticas”.


¿Mandarán algún día China o India soldados a Oriente Medio?

Esas “razones políticas” de las que habla Malik son hoy, entre otras, la guerra civil en Libia, y la inestabilidad en Argelia y en el Sahel provocada por grupos salafistas. Pero sobre todo, la expansión del Estado Islámico en Siria e Irak. El conflicto civil sirio ha traspasado la frontera iraquí y ha llegado a la frontera turca, y se está convirtiendo en una guerra a mayor escala entre suníes y chiíes, apoyados respectivamente por Arabia Saudí e Irán con unas consecuencias y un final impredecibles.

La economía de los EEUU ya no necesita que su ejército intervenga militarmente en la zona como la que se produjo tras la invasión de Kuwait por Sadam Hussein en 1990 o en el propio Irak entre 2003 y 2010 (fechas que coinciden con la mayor tasa de importación de petróleo de la historia de los EEUU). Esto podría explicar la actual intervención limitada a ataques aéreos ordenada por el presidente Obama, que se niega a enviar soldados de tierra, prefiriendo armar a milicias locales.

La mayor importación de petróleo de EEUU coincide con la guerra de Irak.

Pero las grandes potencias asiáticas sí necesitan garantías de estabilidad en Oriente Medio para no poner en peligro su crecimiento. Por ejemplo, según datos de la agencia U.S. Energy Information Administration, en 2013 China importó en 2013 el 8% de su petróleo de Irak, el 8% de Irán, el 19% de Arabia Saudí, y otro 16% de otros estados del Golfo Pérsico. Es decir, en 2013 China importó la mitad del petróleo de una zona políticamente muy inestable e impredecible, no precisamente los mejores ingredientes para asegurar el crecimiento económico del futuro.  


En este sentido, el profesor Malik afirma que el fin de la dependencia energética de los EEUU con respecto a Oriente Medio “ha impulsado a algunos analistas y autoridades del Golfo Pérsico a especular sobre el futuro post-estadounidense y tratar de encontrar nuevos socios seguros para llenar el vacío, posiblemente los poderes militares asiáticos en auge, como China e India. Ambos han costeado incrementos de dos dígitos en gastos de defensa”. Según datos del prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), India y China encabezan el “top 20” de los estados importadores de armas entre 2009 y 2013. Solamente India, por ejemplo, ha importado el 14% del total de las armas vendidas en todo el mundo durante ese periodo de tiempo.

¿Supondrá esto que en caso de retirada de los EEUU de Oriente Medio serán China e India las próximas potencias que intervengan en la zona para asegurar sus suministros energéticos e intervenir en los mercados?

Para el profesor Malik la retirada de los EEUU de Oriente Medio no debería darse por hecha a pesar de alcanzar la autosuficiencia energética. “El mero hecho de que sus amigos y aliados sigan dependiendo enormemente del petróleo de Oriente Medio exige que Washington siga comprometido en la región”, afirma. Sin embargo, deja una puerta abierta a la posibilidad de la retirada estadounidense del avispero: “En caso de que los Estados Unidos se retirara de la zona, China ampliaría sin duda sus vínculos con los productores de energía y concluiría pactos de petróleo por seguridad en la región”.

¿Es posible que más pronto que tarde llegue el día en el que soldados chinos o indios patrullen en Oriente Medio e incluso que se enfrenten con los yihadistas para asegurar el petróleo con destino a su país?  

Artículo disponible en Ssociologos.com

lunes, 5 de mayo de 2014

Asia empuja una nueva carrera armamentística mundial

India es un país de récords: es el segundo más poblado del planeta, una de las economías emergentes más pujantes y el que más armas importó a nivel global entre 2009 y 2013, el 14% del total de todo el mundo. Son datos del prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), que revelan una tendencia preocupante: la venta de armas convencionales en todo el mundo está creciendo y el gasto en armamento se ha duplicado debido, sobre todo, a Asia.  

Cada año el SIPRI publica los datos sobre el volumen de la venta de armas en el mundo, y las cifras de 2013 confirman una tendencia que se viene observando desde hace algunos años: Los países europeos occidentales y los EEUU ya no conservan su poderío en el suministro armamentístico mundial. Aunque los EEUU siguen siendo, de lejos, la mayor industria de armas del planeta, otras potencias de los llamados países emergentes se acercan poco a poco.

Por ejemplo, entre los países exportadores, los EEUU encabezan el “Top 20” con el 29% del volumen total de armas vendidas en el mundo. Sin embargo, Rusia consolida su segunda plaza con un 27% de la venta de armas a escala global, con gran distancia respecto al tercer país en este ranking, Alemania, que ha movido un 7% del total del mercado mundial y China, el cuarto en la lista con el 6%.

La irrupción de China entre los primeros cuatro países exportadores de armas del mundo consolida un hecho histórico que se produjo hace ya un año, y es que esta potencia asiática ha desplazado a las potencias europeas tradicionales como son Francia (quinta con el 5% del total de armas vendidas) y el Reino Unido (sexta con el 4%). De hecho, según cálculos del SIPRI, China ha aumentado en más del 200% su volumen de exportación de armas entre los periodos 2004-2008 y 2009-2013.   


Por su parte, España también está en este “top 20”. Es el séptimo país exportador de armas del mundo con el 3% del volumen total de venta, casi el doble de lo que vendía hace diez años.     


¿Quién compra las armas?

Uno de los mejores clientes es India, el país que más armas ha importado del mundo en el último periodo. Según publica el SIPRI, “su volumen de las importaciones de grandes armas convencionales creció un 111% entre 2004-08 y 2009-13, y su proporción en el volumen internacional de importaciones de armas aumentó del 7% al 14%”. La mayoría de esas armas, el 75%, son rusas.

¿Para qué se están armando los indios? La respuesta está en su vecino y eterno rival, Pakistán, con el que mantiene una carrera armamentística que va más allá de la competición nuclear. Según el SIPRI, en el mismo periodo entre 2009 y 2014 “las importaciones de grandes armas por parte de Paquistán creció un 119%”. Este país es ya el tercero del mundo que más armas compra, el 5% del total mundial. Los principales suministradores de Pakistán son sus aliados tradicionales: los EEUU con el 27% del total de las armas compradas por Islamabad, pero sobre todo China, que ha suministrado el 54%.

Sin duda, el auge económico de India le está permitiendo afrontar un gasto mucho mayor en armas, para lo que invirtió en 2012 el 2,5% de su PIB, lo que a su vez provoca la reacción de su vecino, que hace dos años gastó en armas el 2,7% de su producto interior. En comparación, España gastó ese año el 0,8% y Alemania el 1,4%. Los EEUU gastaron el 4,4%.


Aumenta el gasto mundial en armamento

La carrera armamentística en el subcontinente asiático no es la única en Asia. Según los datos del SIPRI, solamente seis de los “Top 20” importadores de armas del mundo entre 2009 y 2013 no son asiáticos. Este continente está incrementando la compra de armas a medida que sus economías están creciendo, sobre todo en China –la segunda importadora mundial- y en India. Tal es el aumento de los suministros de armas en Asia  que ya representan el 47% del volumen mundial, frente al 40% en el periodo anterior entre 2004 y 2008. En comparación, Europa ha bajado su volumen de compra de armas del 21% al 14% actual en un periodo marcado por la crisis económica.



La subida del gasto armamentístico asiático es determinante para explicar la tendencia al alza en la venta mundial de armas convencionales. Esta tendencia fue creciendo a lo largo del S. XX, sobre todo en la llamada “Segunda Guerra Fría” hasta 1980, cuando los EEUU y la URSS aumentaron sus arsenales convencionales para tratar de romper el empate nuclear. Esta tendencia al alza comenzó a descender en la segunda mitad de los años 80, coincidiendo con la perestroika de Gorbachov, y continúo tras la desaparición de la URSS y el fin de la Guerra Fría.

Los años 90 del S. XX continuaron esta tendencia a la baja hasta el año 2004, cuando el volumen de venta de armas convencionales a nivel mundial comenzó a subir otra vez de manera acusada. Ese cambio de tendencia tiene su reflejo en el incremento espectacular del gasto militar a nivel global: Según el SIPRI, si en 1999 el gasto en todo el mundo era de alrededor 1123 billones de dólares, en 2012 el gasto se había casi duplicado con 2037 billones de dólares.    



Asia se está armando de manera espectacular desde la última década, coincidiendo con su auge económico mientras la crisis financiera azotaba Europa y los EEUU. Hoy es el continente en el que más armas convencionales se importan, lo que ha incrementado notablemente el volumen mundial, dando la vuelta a la tendencia a la baja que imperaba desde el fin de la Guerra Fría.


La pregunta que surge es, ¿cómo influirá esta carrera armamentística en el desarrollo de los muchos y variados conflictos del enorme continente asiático?   

martes, 18 de marzo de 2014

India, los ultranacionalistas al asalto del poder

El próximo 7 de abril comienzan las elecciones en la India, el estado donde más personas del mundo tienen derecho a votar: 814,5 millones. Allí se enfrentan dos bloques ideológicos antagónicos: la Alianza Unida Progresista y la Alianza Democrática Nacional. Este último está dominado por el Bharatiya Janata Party (BJP), un partido ultranacionalista y ultraconservador defensor de una versión radical del hinduismo que no duda en enfrentar a la mayoría hindú con la minoría musulmana. Su candidato, Narendra Modi, ha sido acusado de instigar una matanza de musulmanes en el año 2002. Según las encuestas será el ganador de las elecciones. ¿Se avecina un futuro de radicalización política y de posibles enfrentamientos sectarios en esta potencia económica y nuclear?

La India, el segundo estado más habitado del planeta con más de 1.200 millones de personas y una de las potencias económicas globales emergentes del grupo de los BRICS, elegirá su nuevo parlamento dentro de un mes. Debido a la complejidad de su sociedad y a los problemas de infraestructura, el periodo de votación se alargará desde el 7 de abril hasta el 12 de mayo. Serán unas elecciones cruciales y costosísimas: Se estima que costarán más de dos billones de dólares, una cantidad que catapultará a estos comicios al ranking de las elecciones más caras de la historia solamente superadas por los siete billones de dólares que costaron las elecciones presidenciales de los EEUU en 2012. 

Pero esta cita electoral no será solamente importante por sus dimensiones. En ella se decide entre dos opciones antagonistas surgidas de la polarización política de los últimos años. Por un lado se presentan las fuerzas progresistas de la Alianza Unida Progresista (United Progressive Alliance) dominada por el histórico Partido Nacional del Congreso. Es el mismo partido que, liderado por Ghandi, llevó a la India a la independencia en 1947 y que ha estado gobernando el país casi sin interrupción desde entonces. Su cabeza de lista es Rahul Gandhi, continuador de la dinastía que ha estado dirigiendo los destinos de India desde su independencia. El Partido Nacional del Congreso sigue siendo hoy el partido del Gobierno, pero se enfrenta a un rival muy decidido que pone en riesgo su continuidad en el poder.

Narendra Modi
Se trata de las fuerzas ultraconservadoras de la Alianza Democrática Nacional (National Democratic Alliance), liderada a su vez por el partido Bharatiya Janata Party (BJP), que traducido al castellano significa Partido Popular Indio. El BJP ya gobernó la India entre 1998 y 2004, pero entonces le faltó la estabilidad interna y el liderazgo necesario para consolidarse en el poder.

Esta estabilidad y este liderazgo parece que lo han encontrado en la figura de Narendra Modi, el presidente del estado federal de Gujarat, al oeste de la India. Modi es un personaje controvertido por sus declaraciones y su radicalismo hinduista. Pero sobre todo, le persigue la sombra de la matanza de febrero de 2002 en su estado de Gujarat, cuando un estallido de violencia religiosa provocó casi 2.000 muertos, la mayoría musulmanes, mientras la policía se limitaba a mirar de forma pasiva. Desde entonces se ha acusado a Modi de, al menos, haber permitido la matanza, por no decir que fue él y su política sectaria la que la provocó.


Antiguos fantasmas

La violencia de Gujarat en 2002 despertó antiguos fantasmas que ni mucho menos dormían profundamente. En 1947, el año de la independencia, se produjo también la división de la antigua colonia británica en los estados actuales de India y Pakistán. Esta división se realizó con el argumento de que era imposible la convivencia entre hindúes y musulmanes en un mismo país. Sin embargo, en vez de garantizar la estabilidad, la división no pudo impedir que se produjera el mayor éxodo de la historia contemporánea con más de 16 millones desplazados y más de un millón de personas asesinadas en el tránsito debido a la violencia religiosa. Desde entonces, la sombra del odio y de la intolerancia ha estado planeando sobre India incansablemente y también ha condicionado sus relaciones con Pakistán.

Fieles hinduistas en el Ganges
Debido a este pasado violento y al mosaico de etnias, religiones y culturas que conviven en India, el estado ha optado por no reconocer a ninguna religión como oficial o principal, a pesar de que el hinduismo es con gran diferencia la mayoritaria.  La convivencia es complicada en un país con más de 1.200 millones de habitantes, 14 idiomas oficiales y cuatro grandes grupos religiosos: el hinduismo (80,5% de la población), el Islam (13,4%) –India es el estado con el tercer mayor número de musulmanes del mundo-, el cristianismo (2,3%) y el sikhismo (1,9%).

Sin embargo, y aunque la India es un estado laico, las religiones siguen jugando un papel fundamental. El estado no ha sido capaz de crear una identidad mayoritaria basada en la lealtad a las instituciones o a la nación. Por ello cada individuo está etiquetado de alguna que otra forma por su pertenencia a alguno de los grupos religiosos. Más que una opción religiosa personal, estos grupos todavía marcan unas pautas culturales y sociales muy fuertes de las que el individuo no puede sustraerse. Crean identidad en un país en el que sus habitantes hablan diferentes idiomas, y es precisamente en esa identidad donde radica el principal desafío a la viabilidad del Estado indio. Y más cuando existe una seria amenaza contra la convivencia entre las religiones.


La intolerancia religiosa como arma política

Esta amenaza es principalmente la intolerancia basada en criterios religiosos, lo que en India se llama ‘comunalism’. Sigue viva desde 1947 y constituye un instrumento político muy potente y a la vez muy peligroso que hoy está siendo utilizado por algunas organizaciones que ponen en peligro el delicadísimo equilibrio de la convivencia en aras de conseguir mayor rédito político.

Es el caso del discurso sectario que está catapultando al BJP y a su líder hacia el poder. El BJP basa su ideología en el nacionalismo cultural llamado “Hindutva”. Aunque insiste en que este concepto es en esencia nacionalista y no religioso, construye este nacionalismo en torno a la religión hindú. Es decir, según el BJP solamente se es indio si se pertenece a esta religión y no por poseer la nacionalidad, lo que dejaría fuera de la comunidad nacional al 20% de la población, más de 240 millones de personas.

Militantes del "Hindutva"
El BJP no solamente excluye, también ataca frontalmente a las minorías, sobre todo a los 150 millones de musulmanes a los que identifica como partidarios de Pakistán y prácticamente como a terroristas. La historia de la India está marcada por siglos de dominación musulmana y los ultranacionalistas tergiversan el pasado para justificar los ataques contra sus compatriotas musulmanes a los que niegan la identidad india.

Por ejemplo, hoy los templos y mezquitas en India parecen en estado de emergencia. En todos ellos la policía monta guardia y cachea a los fieles ante el riesgo de atentados terroristas. Es una situación de amenaza constante que en cualquier momento puede estallar, literalmente. Y es que los templos hindúes y las mezquitas en muchos casos conviven en casi el mismo terreno porque durante las conquistas musulmanas a partir del S. XII, sobre todo en el norte de India, los sultanes ordenaron demoler los antiguos templos hindúes para construir sobre sus cimientos las nuevas mezquitas de los conquistadores. Hoy este episodio de la historia está siendo utilizado por los extremistas para argumentar su odio hacia el Islam y para exigir la demolición de las mezquitas, lo que a su vez moviliza a los musulmanes.

El discurso del BJP es claramente radical y sectario. Sin embargo, lo realmente inquietante es el atractivo de este mensaje entre la población, sobre todo entre los más humildes, harta de la corrupción y de la ineficacia del Partido Nacional del Congreso: Segúntodas las últimas encuestas, el BJP sería el más votado con una diferencia de casi 100 escaños con respecto al Partido Nacional del Congreso, y por lo tanto Modi sería el próximo presidente del país.




Encuestas que dan el doble de escaños a Modi respecto a su rival.


Posibles consecuencias de una victoria ultranacionalista

Las consecuencias de esta victoria pueden ser arriesgadas para la estabilidad de la zona y para la propia India ya que, en caso de un triunfo electoral contundente, el BJP y, sobre todo sus seguidores, se sentirán libres para poder aplicar su política al país y a sus relaciones internacionales.

Los baluartes del BJP
A nivel interno, el discurso sectario que enfrenta a los hindúes con los musulmanes obligaría al BJP a aplicar este sectarismo en las relaciones entre las minorías a riesgo de perder credibilidad entre sus votantes. Es decir, al radicalizar el mensaje y polarizar la vida política, el BJP acabará por ser rehén de su propio discurso y se le exigirá mano dura con los supuestos “terroristas” islamistas so pena de perder a largo plazo terreno ante organizaciones hinduistas aún más radicales.

El liderazgo de Modi puede ser decisivo en el futuro de la convivencia: si realmente es un radical y la matanza de Gujarat en 2002 tiene su firma, llegarían malos tiempos para la minoría musulmana. En cambio si el poder terminara por moderarlo, su “autoridad” dentro del campo radical le permitiría cierta libertad de acción entre los suyos y podría aplicar una política basada en el pragmatismo, incluida la decisión de no llevar a cabo ninguna política discriminatoria contra las minorías. En sus manos está decidir qué camino tomará

En el campo de las relaciones internacionales, una victoria del BJP no tendría a priori consecuencias en el crecimiento económico de India y en su papel en el club de los BRICS, ya que fue precisamente en su mandato entre 1998 y 2004 cuando se sentaron las bases de su actual pujanza a nivel global.

Sin embargo, sí podría tener consecuencias serias en las relaciones con Pakistán. Gran parte del mensaje excluyente del BJP se basa en el miedo al vecino musulmán, por lo que las malas relaciones están aseguradas al menos a corto plazo. No es precisamente un escenario recomendable para una región en la que India y Pakistán cuentan con armas nucleares, y en la que los vecinos no ayudan a la estabilidad. Al este de Pakistán están un Afganistán en eterna guerra civil y un Irán aislado de la comunidad internacional, y al noroeste China, aliada de Pakistán y rival regional -aunque hoy algo menos- de India.

Tampoco hay que olvidar que Asia es un continente en el que la compra de armas se está multiplicando en la última década. El continente más poblado de la Tierra está inmersa en una carrera armamentística en la que la India participa de manera destacada: Según datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) en 2012 ocupó el octavo puesto mundial en gasto armamentístico, triplicando su gasto militar (47.735 millones de dólares, el 2,5% de su PIB) con respecto al año 2000, cuando gastó 14.440 millones de dólares (entonces el 3,1% de su PIB).

Atentados de Bombay, 2008
La clave de las relaciones de la india con Pakistán será, como siempre, el conflicto de Cachemira, una guerra congelada desde 1947 en la que los dos países reivindican la soberanía de este principado montañoso con mayoría de población musulmana. Las trincheras siguen en activo y los fusiles de ambos bandos continúan apuntándose sin descanso. Aunque ambos bandos no se disparan, India acusa a Pakistán de infiltrar grupos terroristas en su retaguardia. Los atentados de grupos islamistas contra las tropas indias son una rutina en Cachemira, interrumpida por ataques ocasionales pero muy sangrientos contra las principales ciudades del subcontinente, como por ejemplo en 2008 en Bombay.

Estos atentados han tenido una gran responsabilidad en el crecimiento de la desconfianza y la radicalización de las relaciones entre hindúes y musulmanes, y explican en parte el atractivo del discurso del BJP entre la población. Si este partido llega al poder a partir de mayo, los terroristas islamistas tendrán enfrente a un gobierno que estará obligado a responder con fuerza a un nuevo ataque, una ocasión de oro para cualquier grupo radical que desee tirar una cerilla en el bidón inflamable que es el subcontinente indio, donde un partido ultranacionalista y ultraconservador está a punto de llegar al poder.   
  




miércoles, 20 de marzo de 2013

CHINA HACE NEGOCIO CON LA ESCALADA ENTRE INDIA Y PAKISTÁN


El pasado 18 de marzo el prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) anunció que China ha desbancado al Reino Unido en el grupo de mayores exportadores de armas convencionales del mundo. China ocupa ahora el quinto puesto, una posición que se ve reforzada por un aumento constante en el gasto armamentístico en los últimos años y, sobre todo, se ha hecho posible debido a la compra de armas de su aliado tradicional Pakistán, en plena carrera armamentística con India.

El Reino Unido ha sido desbancado por China como uno de los mayores exportadores de armas del mundo. Todo un símbolo del cambio revolucionario que están experimentando las relaciones internacionales en las últimas décadas. China ya no es el enorme estado dormido que fue vencido en el S.XIX por la moderna máquina militar europea propia de la Revolución Industrial. Los tiempos de las Guerras del Opio han pasado definitivamente. Ahora la economía de China no solamente continúa creciendo espectacularmente cada año –a pesar de un cierto retroceso en 2012-, sino que también lo hace su capacidad armamentística.

Según datos del SIPRI –siempre estimados debido a la opacidad gubernamental-, en 2011 (año del último dato) China gastó 143 billones de dólares (93 billones, según datos oficiales) en armas. Se trata de un aumento espectacular desde 2002, año en el que gastó 47,8 billones de dólares. Se trata de un incremento del 300% del gasto militar que ha convertido a China en el segundo país en gasto militar del mundo, sólo detrás de los EEUU, cuando en 2002 era el quinto. De hecho, China es hoy el segundo país que más armas importa del mundo (un 6% del total), sólo por detrás de India.    

Fuente: SIPRI
Pero este gasto militar se está convirtiendo también en un negocio rentable, ya que China se ha convertido en el quinto país exportador de armamento convencional con el 5% del volumen total de exportaciones globales, por detrás de EEUU (30%), Rusia (26%), Alemania (7%) y Francia (6%). Los chinos han logrado desbancar al Reino Unido del Top Five mundial y supone la primera vez de que una potencia asiática se coloca entre la élite de los vendedores de armas, un negocio multimillonario. De hecho, el volumen de las exportaciones de armas chinas ha crecido un 162% desde 2003.

Estos datos son más que reveladores sobre la situación geopolítica en Asia. ¿Quién compra las armas chinas?

Carrera armamentística en el subcontinente indio

Según el SIPRI, el mayor comprador de armas chinas es Pakistán, que en el periodo 2008 – 2012 se ha consolidado como el tercer mayor consumidor de armas del mundo, con un total del 5% de las compras globales. Pakistán es un aliado tradicional de China frente a India que, hay que recordar, es el mayor comprador de armas del mundo, con un volumen del 12% del total global. Se está produciendo una verdadera carrera armamentística en el subcontinente indio.
 
Por ejemplo, Pakistán ha aumentado en 1.000 millones de dólares el gasto militar: si en 2001 presupuestó 4.487 millones de dólares, en 2011 se gastó 5.685 millones. Una respuesta contundente para un país pobre pero que compite con un enemigo poderoso: India gastó en 2011 la friolera de 44.282 millones de dólares en armas, una escalada impresionante en una década, ya que en 2001 gastó 26.741 millones.

Pakistán está tratando de mantener el ritmo de la carrera armamentística con India. Pero lo tiene muy difícil, ya que India pertenece al selecto grupo de las economías emergentes apodadas BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con un crecimiento de su economía de en torno al 9% y 8% entre 2010 y 2011  (aunque se ha enfriado a valores entre 5% y 6% en los últimos meses), frente  a un crecimiento de la economía pakistaní del 3,7% de su PIB en 2012. Es decir, India tiene bastante más dinero para gastar en armamento que su vecino, a lo que hay que sumar en  torno a 1.000 millones de habitantes más (1.200 millones de indios frente a 200 millones de pakistaníes).
  
Es decir, los recursos indios son bastante superiores a los de un Pakistán que se siente acorralado, y más después de que su vecino Afganistán firmara hace un año y medio un tratado estratégico con India. Pakistán –cuyo gobierno apoyó a los talibanes en su subida al poder en Afganistán en los años 90 y que se cree que sigue apoyándolos- cuenta con su vecino occidental como “hinterland” estratégico en caso de guerra convencional con India. Es lógico, teniendo en cuenta que Pakistán se basa prácticamente en el valle del Indo, difícilmente defendible ante un hipotético ataque del ejército de la India.

Pero el gobierno afgano ahora es aliado de India –por el más que evidente apoyo pakistaní a sus enemigos talibanes-, lo que está incrementando la sensación de asedio de Pakistán que apuesta cada vez más por el poder de persuasión de su arsenal nuclear para evitar un posible ataque.

Las aguas bajan turbias en el subcontinente indio desde 1947, el año de la independencia de India y Pakistán. Desde entonces, una serie de guerras y el enfrentamiento por Cachemira han hecho muy difícil el entendimiento entre ambos países. La carrera armamentística demuestra que todavía queda conflicto a largo plazo.  

martes, 20 de noviembre de 2012

INDIA, ¿PELIGRA LA CONVIVENCIA?

Cuando se habla de India y de su espectacular crecimiento económico hay que hablar de su gente. Hoy supera los 1.200 millones de habitantes y va camino de adelantar a China como el estado más poblado del mundo a finales de la presente década. Solamente este dato indica que India es más que un simple país, es un continente con 14 idiomas oficiales, diferentes culturas y religiones. Todo un ejemplo de diversidad y de convivencia que durante 65 años ha funcionado razonablemente bien. Sin embargo, se están levantando sombras que ponen en peligro este respeto y que incluso podrían poner en duda la viabilidad de este enorme país.   
 

Cuando India se independizó en la medianoche del 14 de agosto de 1947 sus dirigentes lo tenían claro: tenía que ser un estado secular. Ninguna religión debía imperar sobre las demás para que el proyecto del nuevo país independiente fuera viable después de que el Reino Unido decidiera partir su colonia en dos nuevos estados: India y Pakistán. Los padres de la independencia, Gandhi y Nehru, conocían muy bien a sus compatriotas, y los siglos de dominación extranjera basada en criterios religiosos –los mogoles y los británicos- habían impedido la integración de la sociedad y levantado barreras entre las comunidades religiosas. Así pues, el nuevo estado tenía que ser secular para evitar que un grupo religioso se alzara sobre el resto y hacer posible así un futuro para el nuevo país.
 

El éxodo de 1947.

Sin embargo, esta medida no pudo impedir que se produjera el mayor éxodo de la historia contemporánea y que 16 millones de musulmanes e hindúes huyeran al Pakistán musulmán o a India y que muriera más de un millón de personas en el tránsito debido a la violencia religiosa. Desde entonces, la sombra del odio y de la intolerancia ha estado planeando sobre India incansablemente.
 

Esta intolerancia basada en criterios religiosos –lo que en India se llama ‘comunalism’- resulta un instrumento político muy peligroso que hoy está siendo utilizado por algunas organizaciones que ponen en peligro la convivencia en aras de conseguir mayor rédito político.


Una mezcla de culturas y religiones

La gobernanza de India es todo un reto. Los más de 1.200 millones de indios tienen 14 idiomas oficiales y pertenecen en su mayoría a cuatro grandes grupos religiosos. Son el hinduismo (80,5%), el Islam (13,4%) –India es el estado con el segundo mayor número de musulmanes del mundo-, el cristianismo (2,3%) y el sikhismo (1,9%). (Datos del CIA World Factbook).

Musulmanes indios.
Aunque el estado es secular, cada individuo está etiquetado de alguna que otra forma por su pertenencia a alguno de estos grupos ya que, más que una opción religiosa personal, estos grupos todavía marcan unas pautas culturales y sociales muy fuertes de las que el individuo no puede sustraerse. Crean identidad en un país en el que sus habitantes hablan diferentes idiomas, y es precisamente en esa identidad donde radica el principal desafío a la viabilidad del Estado indio.


Gobernada durante la mayor parte de su existencia por el Partido del Congreso –continuación del movimiento independentista e impulsor de la Constitución secular y de sus principios democráticos- India ha visto crecer en las últimas décadas una alternativa a esta hegemonía en forma del partido Bharatiya Janata Party (BJP), que traducido significa Partido Popular Indio. El BJP, fundado en 1980, no duda en utilizar el hinduismo como ideología aglutinadora contra las demás religiones –en concreto el Islam- lo que pone en peligro no solamente el carácter secular del estado, sino la convivencia misma.


El BJP, tal y como explica en su página web, se considera un partido nacionalista y basa su ideología en el nacionalismo cultural llamado “Hindutva”. Aunque insiste en que este concepto es en esencia nacionalista y no religioso, construyen este nacionalismo en torno a la religión hindú. Es decir, según el BJP solamente se es indio sin ningún tipo de duda si se pertenece a esta religión, lo que deja fuera al 20% de la población, más de 240 millones de personas. Es un ataque directo al concepto de convivencia y secularismo establecido en la Constitución india que ya ha tenido sus consecuencias trágicas.


Odio y violencia religiosa

Gujarat, 2002.
El odio y la violencia religiosa desembocaron en febrero de 2002 en una masacre de en el estado de Gujarat, donde más de 1.000 personas fueron asesinadas. El presidente de este estado, Narendra Modi, es miembro del BJP y se le acusó de, cuanto menos, no tratar de impedir la masacre y de ordenar a la policía que no interviniese. Aunque se le ha exigido su dimisión reiteradamente, sigue en su puesto y en el BJP. Por su parte, la dirección del BJP –que en esas fechas gobernaba el estado-, nunca condenó claramente la masacre y de alguna manera responsabilizó a los musulmanes de haberla provocado.   


Aunque ha pasado una década y el sistema judicial y democrático indio supieron superar y afrontar este desafío directo a la convivencia, hoy los templos y mezquitas en India parecen en estado de emergencia. En todos ellos la policía monta guardia y cachea a los fieles ante el riesgo de atentados terroristas. Es una situación de riesgo constante que en cualquier momento puede estallar, literalmente. Y es que los templos hindúes y las mezquitas en muchos casos conviven en casi el mismo terreno: durante las conquistas musulmanas a partir del S. XII, sobre todo en el norte de India, los sultanes ordenaban demoler los antiguos templos hindúes para construir sobre sus cimientos las nuevas mezquitas de los conquistadores. Hoy este episodio de la historia está siendo utilizado por los extremistas para argumentar su odio hacia el Islam y para exigir la demolición de las mezquitas.


En 2014 habrá elecciones generales en India. Hoy gobierna el Partido del Congreso con un 27% de los votos y gracias a una coalición. El BJP está cerca, con un 19%, y aspira a recuperar el poder que ya tuvo entre 1998 y 2004 y durante el cual se produjo la masacre de Gujarat.  Y tiene posibilidades, ya que el descontento de los ciudadanos con el gobierno es grande.

Militantes del BJP.
Aunque el crecimiento económico está batiendo récords históricos en India –a pesar de cierta desaceleración en el último trimestre-, el beneficio de este ‘milagro’ no está alcanzando ni mucho menos a la mayoría de la población. Sobre todo en las áreas rurales, donde viven entre el 70 y el 75%, sigue sin haber agua corriente, luz y servicios básicos como sanidad o educación. Sin embargo sí hay conciencia de su necesidad, por lo que está creciendo el malestar por la incapacidad del gobierno de revertir parte de la nueva riqueza en estas infraestructuras sociales básicas. Un lastre que persigue a India desde antes de su independencia.


El BJP puede ser el gran beneficiario de este descontento que, además, podría acercar a cada vea más número de personas -escasamente o nada instruidas- a su visión nacionalista basada en criterios religiosos. El BJP ya gobierna en ocho de los 28 estados federales que, según la constitución, gozan de gran autonomía con respecto al centro político y donde, como ha sucedido en Gujarat, están poniendo en práctica su visión nacionalista del “Hindutva”. La pregunta es ¿hasta dónde están dispuestos a llegar en su visión excluyente de la sociedad? Y ¿están poniendo en peligro la esencia misma de la India y su riqueza tanto cultural como económica?      


Si te ha interesado esta entrada te recomiendo la lectura del libro "India, Democracia y violencia religiosa", editorial Paidós.

martes, 27 de diciembre de 2011

ASIA, EL POLVORÍN DEL MUNDO

Hace pocos días se conoció la noticia del fallecimiento del líder de Corea del Norte, el ‘querido líder’ Kim Jong Il. Siguiendo la tradición norcoreana lo previsto es que le suceda su hijo, Kim Jong-Un, el ‘brillante camarada’. Sería la tercera generación de la familia en el poder desde la fundación de ese estado por Kim il Sung en 1948 y la transformación definitiva de la República Popular de Corea en una autocracia hereditaria. Sin embargo, son muchas las voces de expertos que aseguran que el hermético estado totalitario puede sufrir una guerra encubierta por el poder que podría amenazar la seguridad del continente más grande y poblado del mundo.

La República Popular de Corea, también conocida como Corea del Norte, es uno de los países más militarizados de la Tierra. Aunque resulta difícil obtener cifras exactas de su ejército, se estima que está compuesto por 1,2 millones de soldados apoyados por cinco millones de reservistas. El gasto militar se estima entre un 25% y un 35% del total del presupuesto nacional. El ejército es la principal institución del país y la espina dorsal del Estado, encargado de todos los servicios esenciales para el régimen incluida la seguridad interna.
Kim Jong-Un, el 'brillante camarada'.

Corea del Norte es un enigma para los demás. Se ignoran los detalles tanto de su política doméstica como de sus relaciones con los demás países y por lo tanto sus pasos resultan muy difíciles de prever. Lo único que está claro es que su población sufre una escasez permanente de bienes básicos y que el régimen utiliza su agresividad -como el reciente bombardeo de unas islas surcoreanas sin previo aviso- y su enorme inversión militar -que ya le ha proporcionado la bomba atómica- para extorsionar divisas y mercancías a la comunidad internacional a cambio de paz.

Sin embargo, esta estrategia, absolutamente necesaria para la supervivencia de la dictadura, supone un juego constante con el riesgo, ya que en Pyongyang se fuerzan los acontecimientos sin saber en qué punto se romperá la cuerda. Pero lo verdaderamente peligroso de este juego es que Corea del Norte cuenta con el apoyo tácito de su único aliado y amigo en el mundo: la República Popular China.    
Cartel de la alianza chino-coreana.


China apoya el régimen de Pyongyang porque le interesa la existencia de Corea del Norte como Estado-tapón entre su frontera en el río Yalu y Corea del Sur, uno de los estados más prósperos de Asia y que cuenta con una guarnición de soldados de EE UU de casi 30.000 hombres. China no quiere compartir frontera con un estado que se encuentra en la órbita directa de occidente y bajo el paraguas militar norteamericano, su principal competidor en el mundo. Por eso mantiene vivo al régimen norcoreano que aprovecha esta protección china para actuar con impunidad ante la comunidad internacional.

China a las puertas de ser una potencia global
China está siendo una de los grandes triunfadoras de la crisis económica internacional. Sus índices de crecimiento continúan y ya está actuando como una gran potencia financiera con una gran influencia en regiones como la Unión Europea, África y América del Sur. Sus deseos empiezan a interpretarse como órdenes y este nuevo estatus, que supera ya el de una potencia regional, está siendo apoyado por un rearme considerable del Ejército de Liberación Popular chino. Según el SIPRI, en 2010 China ocupaba el segundo lugar en el mundo en gasto militar mundial con casi 119.000 millones de dólares solamente superada por los EE UU.
 
Esto supone más armas y más modernas para apoyar la política exterior China, que, no hay que olvidar, mantiene vivos una serie de conflictos con sus vecinos como la cuestión de Taiwan –isla reivindicada por China desde 1949-, las islas Spratly o conflictos fronterizos con Vietnam e India. Pero, sobre todo, supone una baza fundamental a la hora de garantizar rutas de abastecimiento de materias primas indispensables para mantener el alto crecimiento económico chino, como por ejemplo, el petróleo.

Aliados peligrosos
Corea del Norte, Birmania y Pakistán, tres de los estados más conflictivos e impredecibles del mundo, son los únicos aliados de China en Asia. Esto le permite –sobre todo en el caso de Birmania- el acceso al Océano Índico y a las rutas petrolíferas con Oriente Medio, pero al precio de mantener vivo al régimen dictatorial birmano, igual de hermético y brutal como el de Corea del Norte.

El caso de Pakistán es el de una alianza fraguada durante el conflicto entre China y la Unión Soviética a partir de los años 60 del siglo XX que ha sobrevivido hasta hoy. Pakistán, un estado muy débil azotado por el terrorismo islamista y la pobreza, mantiene armas nucleares -¿conseguidas con ayuda china?- en teoría para defenderse de su archienemigo de India, vecino incómodo de Pekín que mantiene ocupados varios territorios fronterizos indios desde hace 50 años. El aislamiento de Pakistán, que atraviesa el peor momento de sus relaciones con EE UU y que ha sido abandonado por su vecino Afganistán a favor de India, le hace depender todavía más de China.

Guardias fronterizos chino y pakistaní.
Las demás potencias asiáticas, sobre todo Japón e India, recelan del coloso de Pekín y de sus aliados. Por ejemplo, se especula que el nuevo líder de Corea del Norte, el joven e inexperto Kim Jong-Un, podría provocar una crisis internacional para afianzar su poder interno. Podría atreverse a hacerlo porque sabe que cuenta con el paraguas chino y por fuerza esta aventura estaría dirigida a sus vecinos, Corea del Sur o Japón, que ya han reclamado a China, junto a EE UU, que controle a su aliado. Por el momento Kim Jong-Un ya ha sido nombrado comandante supremo del ejército de Corea del Norte.

Un escenario muy arriesgado y nuclear
Una crisis internacional provocada por el régimen de Corea del Norte podría involucrar a los ejércitos más poderosos del mundo y no está claro hasta qué punto China estaría dispuesta a apoyar a su estado-tapón en una nueva aventura que podría colmar la paciencia de sus vecinos.

Lo que también resulta alarmante es que el actual tablero militar asiático incluye a seis estados con armas nucleares (EE UU, China, Rusia, India, Pakistán y Corea del Norte) sin contar la posible expansión del conflicto a Oriente Medio. Esta es la situación en Asia, el polvorín del mundo.