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lunes, 5 de marzo de 2012

LA ‘BOLCHEVIZACIÓN’ DEL PARTIDO SOCIALISTA DE MADRID

"La organización está bien, pero el control es mejor." Lenin

El pasado fin de semana, entre los días 2 y 4 de marzo de 2012, se dio un paso decisivo en lo que podría calificarse como proceso de ‘bolchevización’ del Partido Socialista de Madrid (PSM) liderado por Tomás Gómez. Éste revalidó por tercera vez su cargo como secretario general del partido, aunque al precio de ir perdiendo paulatinamente apoyos en la organización hasta encontrarse con un sólido 40% de militantes que rechazan su gestión por diferentes motivos, el principal de ellos por su manera de conducir el partido tanto en la sociedad como entre los propios militantes.

Es precisamente la ‘bolchevización’ del PSM lo que ha provocado esta elevada tasa de rechazo a Gómez entre los militantes madrileños, pero a la vez ha provocado también la radicalización del mensaje y del comportamiento de un sector del partido que acepta sin rechistar las nuevas reglas del juego en el socialismo madrileño. Si es que se puede llamar socialismo a lo que se está dirigiendo desde la Plaza de Callao de Madrid.

Califico el proceso que está viviendo el PSM de ‘bolchevización’ porque este fue el nombre que se le dio al proceso de estalinización de los partidos comunistas en los años 20 y 30 del pasado siglo. Este proceso se caracterizó por la purga de los elementos críticos con las direcciones, por un discurso ultraradical de extrema izquierda dirigido ante todo contra los socialdemócratas y por un culto a la personalidad de los líderes incompatible con una cultura democrática y crítica.

En fin, este proceso, basándose en el sistema leninista del centralismo democrático –las decisiones se toman arriba y son entusiásticamente refrendadas y aplicadas por la base-, hace tiempo que se está llevando a cabo en el PSM. Puede parecer exagerado e inapropiado comparar los acontecimientos actuales con lo ocurrido en los partidos comunistas hace casi un siglo. Sin embargo, si nos detenemos un segundo y analizamos detenidamente lo que ocurre y, sobre todo, quién lo dirige, podríamos encontrar ciertos y preocupantes paralelismos.

La penetración comunista
Adolfo Piñedo
En los pasados años 80 y 90 el comunismo español se fue deshaciendo en una continua serie de escisiones y luchas internas que fue desangrando sus fuerzas poco a poco. Muchos de los comunistas de entonces, que por razones varias no encontraron acomodo en Izquierda Unida, acabaron recalando en el PSOE. De estas personas cabe destacar a dos que juegan un papel muy importante en el actual PSM a parte de José Andrés Torres Mora, ex miembro de la ejecutiva federal del PSOE y ‘chaconista’ que apoya intelectualmente a Tomás Gómez, e individuos como Maru Menéndez, hija de un militar franquista condenado por su participación en el 23-F y cuya familia sigue siendo, aún hoy, referente en la extrema derecha.

Enrique Cascallana
Adolfo Piñedo, secretario general del PCE de Madrid en los años 80 y dirigente de CCOO, fue expulsado del PCE por su apoyo a Santiago Carrillo. Entró en el PSOE en 1991 y durante 20 años fue diputado regional. Ahora es el nuevo secretario de Ideas y Programas de la ejecutiva del PSM, es decir, se confirma con un cargo orgánico la gran influencia ideológica y discursiva de Piñedo en la dirección del partido madrileño. La otra persona con un pasado comunista en la dirección del PSM es el ex alcalde de Alcorcón y actual senador Enrique Cascallana, nuevo secretario de Comunicación, una ‘cartera’ estratégica de la ejecutiva.

Ambos se educaron políticamente en el PCE –al igual que el propio Tomás Gómez que comenzó militando en las Juventudes Comunistas- un partido especialmente férreo respecto a la disciplina de sus militantes y no precisamente democrático en su manera de imponer las decisiones a sus bases. Influyen en el discurso y en las formas. Y ahora estas prácticas alejadas de la cultura política socialdemócrata se están imponiendo en el PSM.

Miedo entre compañeros
Muchos militantes socialistas sienten miedo por expresar sus opiniones libremente en las agrupaciones, se denuncian presiones y persecuciones. Una sentencia judicial reciente acredita que hubo despidos a trabajadores por motivos políticos. Existe una política de acoso y amedrentamiento a los críticos en las redes sociales, e incluso amenazas abiertas y sin ambajes a los militantes críticos con Gómez en su feudo de Parla. Tampoco se permite la ‘vida’ política a los disidentes, a los que se aparta sistemáticamente de los cargos públicos y orgánicos.

Son métodos de disciplina interna propios de un partido autoritario como el PCE estalinista en el que se educaron gente como Gómez, Piñedo y Cascallana y que son apoyados de manera entusiasta por muchos militantes sin pasado comunista pero tampoco con una cultura socialdemócrata, que se caracteriza, ante todo, por el respeto a la democracia dentro y fuera del partido.

Pero la persecución y la amenaza va más allá de la ‘caza al disidente’. No mostrar suficientemente la lealtad al líder puede tener sus consecuencias, ya que se ha adoptado una actitud patrimonialista del partido. Es decir, el PSM es Tomás Gómez, y no ser leal a Gómez significa no serlo al partido. Igual que Stalin, Mao, etc…

No es casual que en el pasado 12º Congreso del PSM los delegados y periodistas que acudían a acreditarse fueran obsequiados con un ejemplar de un periódico gratuito en cuya portada Tomás Gómez era retratado como un gladiador que luchaba “sólo contra el aparato” como decía el titular. Una imagen muy parecida al famoso cartel de Invictus de las pasadas elecciones autonómicas.

Este culto a la personalidad ha desatado una competición por demostrar quién es más ‘tomasista’, lo que provoca que algunos dirigentes se pasen de la raya proclamando las bondades de “nuestro querido compañero y líder nacional”, como afirmó recientemente en un acto público la actual secretaria de Igualdad del PSM, Carmen Toledano. Un discurso que no chirriaría en Corea del Norte, ni la portada del periódico tampoco. Los gritos semihistéricos de ‘presidente, presidente’ que vociferaban los seguidores de Gómez en los pasillos del congreso buscando atemorizar a sus rivales van en esa línea.

Un líder nacional
Ser líder nacional es el objetivo de Tomás Gómez. No porque crea tener un proyecto para España, es que es la salida natural para alguien en constante huida hacia delante. Del Ayuntamiento de Parla tenía que salir deprisa antes de que se sustanciara la enorme quiebra de sus arcas. Ahora el PSM como organización tampoco da para más: económica y electoralmente en quiebra Gómez necesita elevarse de esa realidad para seguir políticamente vivo.

Como un Napoleón que necesita la guerra y las constantes victorias militares para mantener su trono, Gómez ya tiene un nuevo enemigo contra el que dirigir a sus huestes: Ferraz dirigido por su enemigo Alfredo Pérez Rubalcaba y, según él, origen de todos los males que azotan a la izquierda española. Su excusa es que el PSOE federal ‘no es suficientemente de izquierdas’. Es cuestión de muy poco tiempo que comiencen los ataques y los reproches en toda regla contra Rubalcaba. El objetivo está marcado: presentarse a las primarias ‘francesas’ para optar a candidato a la Presidencia del Gobierno de España.

Mientras tanto en el PP se frotan las manos. En Génova esperan impacientes a que Tomás Gómez arremeta contra Ferraz y comience la guerra civil en el PSOE que le debilite en su política de recortes del Estado del Bienestar. Esperanza Aguirre, a través de su consejero Javier Fernández-Lasquetty, también ha felicitado a Gómez, recordándole, eso sí, que él es un experto en ganar congresos socialistas y en perder elecciones con el PP, “por mucho”, subrayó.   


viernes, 9 de diciembre de 2011

EL SILENCIO DE RAJOY, ¿ESTRATEGIA O NECESIDAD?

El pasado 6 de diciembre en la recepción en el Congreso de los Diputados por motivo de la festividad de la Constitución, los medios de comunicación coincidían en señalar a un Alberto Ruiz-Gallardón “visiblemente nervioso”. Especulaban que podría deberse a la incertidumbre sobre su posible participación en el futuro Gobierno de España, cuya composición sigue siendo uno de los secretos mejor guardados del presidente electo, Mariano Rajoy. Los medios de comunicación subrayaban así su impotencia a la hora de conocer los nombres de las personas que acompañarán a Rajoy en el Consejo de Ministros. Existen muchas especulaciones, pero ninguna confirmación. Por lo tanto, y a escasos días de la formación del nuevo Ejecutivo, el propio silencio de Rajoy se ha convertido en objeto de análisis. ¿Se debe a una estrategia o a una necesidad?

El todavía presidente en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, seguía una política de comunicación muy diferente. Además de no rehuir las cámaras ni los micrófonos cuando todavía era presidente electo, se fueron filtrando los nombres de los futuros ministros, de manera que no hubo sitio para sorpresas el día de la formación del Gobierno. Los socialistas más eminentes no tuvieron que sufrir demasiado tiempo esperando una llamada a su móvil. El proceso transcurrió relativamente deprisa.
 
Sin embargo, el estilo de Rajoy es completamente contrario. No es que solamente no se da ninguna pista sobre los futuros miembros del Gobierno, sino que Rajoy mantuvo silencio absoluto sobre cualquier tema desde la noche electoral del 20 de noviembre hasta la fiesta de la Constitución. Sus colaboradores más estrechos trataban de calmar a los periodistas, que ya comenzaban a criticar esta actitud como falta de transparencia.

El silencio como estrategia
Podría tratarse de una estrategia, de una manera de preparar a los medios ante lo que será seguramente un estilo de comunicación completamente nuevo, más escueto y menos permeable a las demandas periodísticas. Si el silencio de Rajoy es una estrategia, podría estar ‘educando’ a los medios y dando a entender que la agenda política la marca el Gobierno, y no los periodistas. Uno de los errores estratégicos que se achaca al Gobierno de Zapatero es que era demasiado dependiente de la agenda mediática y que esa actitud llegó incluso a mediatizar su labor de Gobierno. Es decir, que gobernaba a golpe de titular.

Si el silencio de Rajoy es una estrategia de comunicación está por ver si será capaz de dictar la agenda en vez de ser su esclavo. Todos los políticos pretenden conseguir este objetivo cuando llegan al poder pero terminan dependiendo de la opinión publicada, por el momento el elemento más importante y decisivo para conformar la opinión pública. Es como si una cadena de televisión privada lanzase una programación siguiendo un estilo propio y con la intención de mantenerlo al margen de su audiencia. Al final acaba por transigir.

El silencio como necesidad
Sin embargo, cabe la posibilidad de que el silencio de Rajoy se deba a una necesidad. Aunque el PP cuenta hoy con el mayor poder institucional de la democracia española, la victoria no ha proporcionado a sus filas la unidad en torno al líder que se podría suponer. El sector más conservador o de derechas, encabezado por Esperanza Aguirre, está comenzando a atrincherarse en la Puerta del Sol ante la enorme fuerza adquirida por Rajoy y sus colaboradores, entre ellos el alcalde de Madrid Ruiz-Gallardón, ‘enemigo íntimo’ de la presidenta regional. Dicen los periodistas que la reciente sustitución de Francisco Granados al frente del PP madrileño por el vicepresidente Ignacio González se debe interpretar en estas coordenadas.

Rajoy no olvida que en 2008 Aguirre encabezó la oposición a su reelección como líder del PP, y ahora ella teme represalias. Y es que Rajoy cuenta a partir de ahora con la administración pública central, la mejor herramienta para comprar o renovar voluntades. Si juega bien sus bazas podría utilizar este mecanismo para vaciar de poder a sus contrincantes, aunque calculando bien para no ofender a sus partidarios de primera hora. No sería justo, podrían pensar, que se recompensase de la misma manera a un fiel seguidor que a un rival.

¿Se debe a esto el silencio de Rajoy? ¿Estará configurando el Gobierno de España con el objetivo de conseguir la paz interna en el PP? En todo caso esto solamente podrá comprobarse cuando se sepan los nombres del futuro Gobierno. Hasta entonces, silencio.    

lunes, 7 de noviembre de 2011

EL PARTIDO POPULAR, EL JANO DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA

Como siempre antes de unas elecciones los partidos políticos tratan de escenificar una imagen de unidad y de organización sin fisuras de cara al electorado. Pero es de dominio público que en el Partido Popular existen dos grandes corrientes que no solamente se enfrentan por el poder orgánico y/o institucional, sino que representan diferentes formas de entender el papel de un partido conservador. Como el dios romano Jano, el PP tiene dos caras diferentes. ¿Qué consecuencias puede tener tras las elecciones del próximo 20-N?

Dos ejemplos sobre la tensión interna en el PP y en la órbita de la derecha española: El pasado 20 de octubre la banda terrorista ETA anunciaba el “cese definitivo” de su actividad terrorista. El presidente nacional del PP y candidato a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, lo calificó de “gran noticia”. Sin embargo, no todos en el PP siguieron este discurso. Así, mientras la mayoría de la clase política española celebraba este anuncio histórico, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, trató de restarle importancia afirmando que “los comunicados de ETA tienen credibilidad cero” y acusó al Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero de “romper todos los consensos desde la Transición”. Como ella, otros cargos del PP, como Jaime Mayor Oreja –caracterizado por sus ataques mordaces al Gobierno y de acusarle de estar en sintonía con ETA- secundaron las palabras de Aguirre.

Por otro lado, el 16 de enero de 2010 el canal Intereconomía emitió una entrevista de Carlos Dávila a FedericoJiménez Losantos. En ella, el locutor de EsRadio y vicepresidente de la web Libertad Digital, acusó al presidente nacional del PP, Mariano Rajoy, de ser responsable de su despido de la cadena Cope. En concreto, Losantos dijo que hubo “presiones de tres niveles: la del Rey, la del Gobierno y la de Mariano Rajoy”. Más adelante en la entrevista, Losantos fue más duro todavía con el líder del PP: “Rajoy lo peor. Yo que he pedido el voto para Mariano Rajoy y he pedido perdón por ello. El PP ahora es el PPOE. Está repitiendo exactamente el molde de 17 taifas del PSOE”.

Estos son ejemplos de personas que integran la facción “liberal” del PP. Defienden la misma ideología que el Partido Republicano en los EEUU, es decir, la mínima intervención pública en la vida de los ciudadanos y las menores trabas a la iniciativa privada en los asuntos económicos. Las consecuencias prácticas en la Comunidad de Madrid son la creciente externalización de los servicios públicos, ofertados cada vez más por empresas privadas, tanto en el ámbito de la educación, como en la sanidad y los servicios sociales. A esta concepción ultraliberal en lo económico se suma una ideología muy tradicionalista y conservadora en lo social. Aguirre ha sido la primera en oponerse muy duramente a las leyes del Gobierno socialista en materia de educación (Educación para la Ciudadanía), la interrupción voluntaria del embarazo, las bodas entre homosexuales, etc. Esto también se aplica a la reacción ante las reformas de los estatutos de autonomía, sobre todo el catalán, en cuya crítica y denuncia Aguirre fue protagonista y de alguna manera obligó a Rajoy a actuar.

Por el contrario, la facción contraria encabezada por Mariano Rajoy y a la que pertenece el archienemigo de Aguirre y mano derecha de Rajoy, el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón, o no se ha pronunciado directamente en contra de estas leyes –al menos no lo ha hecho con la misma fiereza que Aguirre- o ha escenificado su apoyo indirecto a estas normas, por ejemplo con respecto a las bodas entre homosexuales. Esta es una corriente más liberal en lo social dentro del PP. Quizás sus protagonistas no estén de acuerdo personalmente con estos asuntos, pero saben que la sociedad española en su mayoría los apoya y lo respeta. Esta cara del PP es la más parecida a la de los partidos conservadores en otros países europeos, con una larga tradición de vinculación con el Estado social. En Alemania, por ejemplo, éste se debe a la CDU de Adenauer en los años 50 y 60, y sigue vigente tras años de gobierno conservador.

¿Cómo se desarrollará este conflicto con el PP en la Moncloa?

Lo que por el momento es un conflicto interno de un partido político puede tener consecuencias para la sociedad a partir del próximo 20 de noviembre si el PP, como es previsible, gana las elecciones generales.  Dependerá de qué tipo de mayoría consigue. Si es absoluta, como se prevé, Rajoy “reinaría” en solitario, lo que estabilizaría enormemente su liderazgo tanto interno como con respecto a otros partidos, teniendo en cuenta que este resultado dejaría al PSOE fuera de combate y enfrascado en conflictos internos durante un tiempo.

La única oposición real a Rajoy sería interna, la de la corriente ultraliberal y, sobre todo, partiría de los medios de comunicación de extrema derecha que, en el caso de la Comunidad de Madrid al menos, deben sus frecuencias de emisión al reparto llevado a cabo por Esperanza Aguirre en el verano de 2005.

Como ejemplo, resulta muy interesante la buena sintonía que existe entre Federico Jiménez Losantos y Esperanza Aguirre –a la que debe la concesión de la frecuencia para EsRadio-, es decir, entre los sectores más radicales de la derecha mediática y la presidenta madrileña. Este apoyo podría manifestarse en constantes presiones a Rajoy y a su equipo de gobierno, y seguramente no dudarían en buscar situaciones incómodas al nuevo gobierno del PP, que tendría que tomar posiciones claras en algunos asuntos heredados del Gobierno de Zapatero y muy sensibles para el electorado conservador del PP. Por ejemplo las bodas homosexuales, el Estatuto de Cataluña, y sobre todo el fin de ETA. Rajoy tendría que definirse entre soluciones “de mayoría” de estos asuntos, es decir, acatar la voluntad de la mayoría de la sociedad, o inclinarse ante las expectativas de su electorado más conservador azuzado por los medios radicales.

En todo caso, las dos caras del PP son consecuencia del proceso de aglutinamiento de la derecha española en un partido político y es la expresión de los conflictos y diferentes posturas dentro de este campo. Lo que hace diferente este conflicto interno al de otros partidos, es que en este caso uno de los bandos cuenta con un apoyo mediático muy ruidoso y eficaz, y cuenta con una gran capacidad de presión interna. Las consecuencias que esto pudiera tener para todos los españoles podrá observarse en los próximos meses, si no ocurre ninguna sorpresa.