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lunes, 1 de octubre de 2012

LAS REDES SOCIALES Y EL 25-S


El pasado 25 de septiembre miles de personas rodearon el Congreso de los Diputados en Madrid. Lo hicieron convocados por una plataforma virtual a través de internet. Sin líderes ni una organización política que encauzara esa fuerza ni que hiciera de portavoz, ¿qué hizo posible el éxito de esta convocatoria?


A principios de agosto de este año y al calor de las movilizaciones del mes de julio contra los recortes presupuestarios del Gobierno de España, un grupo de personas desconocidas anunció una “marcha para rodear el Congreso de los Diputados” el 25 de septiembre. Se hacían llamar ‘Coordinadora 25-S’ y la matriz de su acción estaba en un blog casero donde se colgaban los mensajes y las adhesiones a la propuesta.


Enseguida las redes sociales, sobre todo Twitter y Facebook, multiplicaron el alcance de esta convocatoria lo que provocó, a su vez, que los medios de comunicación tradicionales informaran sobre ello aumentando así su impacto. En pocos días esta convocatoria había traspasado el umbral de la marginalidad para situarse en el centro de la agenda política.


Aunque al principio los partidos y sindicatos trataron de deslegitimar esta acción, la atención mediática y política tuvo como consecuencia un efecto cascada, ya que muchas organizaciones minoritarias especialmente entre la izquierda, algunas con representación parlamentaria, se adhirieron a la convocatoria obligados por la marea. Si no lo hacían, pensaban, quedarían fuera de la dinámica de la protesta y por lo tanto fuera de la agenda de la lucha contra las políticas del Gobierno. Tenían que estar allí si querían conservar su legitimidad representativa, aunque no lideraran ni encauzaran. Esto hizo aumentar más aún el impacto de la convocatoria.


Al final se había conseguido algo inaudito. Ya no era una organización política o un movimiento social el que convocaba y cuya fuerza y/o prestigio garantizaba el éxito de la protesta. Ahora quien marcaba agenda era una coordinadora virtual, de individuos sin prestigio ni carisma reconocido, quien ponía la fecha y la hora. Y nada más. La protesta ya tenía una dinámica propia.


La policía, ciega, perdida y frustrada

El éxito fue espectacular. Miles de personas el día 25 de septiembre y repetición de la convocatoria cuatro días más tarde, el 29 de septiembre, con igual o mayor éxito. La Delegación del Gobierno de Madrid estuvo totalmente perdida. Desde el principio invocó amenazas de índole legal para desanimar y atemorizar a los posibles manifestantes (es un delito penal, es anticonstitucional), y al fracasar en ese intento reprimió las protestas con una fuerza brutal y, a juicio de muchos, desmesurada y equivocada.

 
Esta represión no era más que reflejo de la incapacidad y la impotencia de la policía de luchar contra un adversario virtual, intangible. Había mucha masa, pero ningún líder a quien apresar y a quien aplicar un castigo ejemplarizante. La consecuencia fue la frustración convertida en violencia. Esta represión ciega, en vez de convertirse en un elemento disuasorio para el día 29 de septiembre, se convirtió en la causa de su convocatoria y en la razón de la presencia de muchas personas que desafiaron así el miedo que la policía quería instalar como único argumento para evitar la protesta.
 
 
La argumentación y el debate para desanimar a los manifestantes eran imposibles: No había nadie, ningún líder ni portavoz, que representara a los “indignados” con quien se pudiera canalizar el debate.

 

Sin líderes ni portavoces

Desde un punto de vista estrictamente organizativo –independientemente del contenido y del discurso de la protesta- el 25S y 29S marcan un momento fundamental. Suponen el anacronismo definitivo de las antiguas fórmulas de convocatoria y la consagración de las nuevas tecnologías y de las redes sociales como elementos de uso político de primera magnitud consolidando un medio que ya fue fundamental en el movimiento del 15-M, la matriz ideológica -que no organizativa- de las últimas protestas.

 
Lo que comenzó en España como el rudimentario “Pásalo” por SMS los días posteriores al 11M en 2004, ahora es una cascada de información no controlada y al margen de los medios de comunicación tradicionales. Para la convocatoria de la acción política ya no es necesaria una organización estructurada y disciplinada que controle canales de información, ya sean políticos o informativos, y que tenga recursos para ello.


Es decir, ya no se necesita a militantes para repartir octavillas ni pegar carteles, ni se necesitan octavillas ni carteles. Tampoco se necesita el dinero para comprarlos ni a periódicos, radios ni televisiones para multiplicar el impacto del mensaje. Las redes sociales han roto la barrera de acceso a los medios de comunicación y destruido el monopolio de los mismos en manos de las organizaciones políticas y empresariales, democratizando la manipulación de la información.


Ya no se necesita pues a un partido o a un sindicato para llevar a miles de personas a la calle. Es más, ahora son los miles de manifestantes los que llevan a (algunos) partidos a la calle, como es el caso de algunos miembros de IU. Es el mismo problema al que se enfrentan los medios de comunicación tradicionales. La llegada de internet y de las redes sociales como herramientas ha roto el monopolio de los medios en manos de organizaciones con recursos y empresas. Si antes se necesitaba dinero para crear un periódico y ser leído, ahora sólo se necesita abrir un blog en internet. Es gratis y es lo que utilizaron los convocantes del 25S.

Tampoco hay que olvidar la labor de las redes sociales en la denuncia y documentación de la represión policial. Miles de fotografías y videos colgados en la red testimoniaron la violencia y destruyeron la legitimidad de estos actos. Se adelantaron a los medios tradicionales, que acabaron recogiendo esas denuncias y multiplicando su efecto (por ejemplo las cargas en Atocha o el hostelero del Paseo del Prado). Ya no es posible la manipulación de la información de los hechos, al menos de la manera tradicional, aunque la Delegación del Gobierno insistió en los viejos e inútiles métodos al prohibir el 29S la presencia de las televisiones en Neptuno. Había miles de móviles para reemplazar a las cámaras.   


Las redes sociales e internet suponen el cambio de paradigma de nuestro tiempo, con un impacto parecido al de la aparición de la imprenta de Gutenberg en el S. XV. Las trabas al acceso de la información van desapareciendo y en el caso de la movilización política ya han demostrado su fuerza, aunque es cierto que para ello el contexto social y político debe ser propicio (“las condiciones objetivas”, según Lenin).


Pero las redes no dejan de ser continente al que hay que dotar de contenido. Y ese, en el caso de las protestas del 25S y 29S, todavía está por definir.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿ESTÁ MURIENDO LA HUELGA?

La huelga es un derecho constitucional y una de las armas más importantes de los sindicatos a la hora de presionar para conseguir sus objetivos en una negociación. Es un instrumento totalmente normalizado en una sociedad democrática –a diferencia de sus primeros tiempos a finales del siglo XIX y durante las dictaduras totalitarias del siglo XX, incluida la soviética- y seguramente que todo/as hemos participado en alguna. Sin embargo, su utilidad real últimamente se está poniendo en entredicho. ¿Está muriendo la huelga como instrumento de presión?

Las huelgas más conocidas y que afectan a más personas suelen ser aquellas convocadas en los servicios públicos. Es la culminación de las medidas de presión ideadas por los sindicatos para negociar con la administración pública, contando con que el desgaste que sufre el gobierno de turno ante los electores le obligará a actuar rápidamente y de manera favorable a sus intereses. Sin embargo, algunas de las huelgas y protestas más intensas desarrolladas en España en los últimos años, y que han tenido lugar en la Comunidad de Madrid, se han mostrado como un fracaso a la hora de conseguir algún beneficio para los trabajadores. Es más, han terminado desgastando más a los sindicatos que al Gobierno regional, que además consiguió salir reforzado.

Por ejemplo, en las navidades de 2007 los sindicatos de los servicios de limpieza del metro convocaron una huelga, lo que provocó que las estaciones del interurbano estuvieran llenas de basura durante días. Pero lejos de querer negociar y de temer algún perjuicio a su imagen por mantener el metro sucio en Navidad, la presidenta regional Esperanza Aguirre contraatacó culpabilizando a los sindicatos y endureciendo el clima de la negociación haciendo imposible llegar a un acuerdo. Consiguió darle la vuelta al problema siendo ahora los sindicatos los que tenían que mantener la huelga para no salir derrotados, con el consiguiente desgaste de su imagen y discurso, y con la dificultad añadida de que los trabajadores no cobraban las jornadas de protesta. Al final ganó Aguirre.

La ‘huelga salvaje’ de Metro
Otro ejemplo. A finales de junio de 2010 los trabajadores de Metro convocaron una huelga sin respetar los servicios mínimos -abusivos- para protestar contra los recortes aprobados por el Gobierno de Aguirre ignorando el convenio colectivo. Los hechos fueron muy parecidos a los señalados arriba. La ciudad de Madrid se paralizó durante días y Aguirre estuvo más ágil y se adueñó de la iniciativa mediática desde el primer momento al calificar la huelga de “salvaje” y de restar razón y legitimidad a los sindicatos. Ofreció a los ciudadanos enfadados un culpable. Por mucho que los sindicatos y la izquierda trataran de responsabilizar a Aguirre, ella ya había ganado la batalla mediática y los sindicatos se vieron acorralados: si desconvocaban la huelga sin conseguir nada a cambio perderían apoyos entre los trabajadores; en cambio si la mantenían, sufrirían un duro desgaste social y por cada día que pasaba sin resultados, también perderían apoyos, ya que muchos trabajadores no podían permitirse pasar un número indefinido de días sin cobrar. Al final, también ganó Aguirre.

Por último, la comunidad educativa (profesores, padres y alumnos) encadenan protestas y huelgas contra los recortes educativos del Gobierno madrileño. Las jornadas de huelga y de manifestaciones se suceden, pero al igual que en los ejemplos anteriores, Aguirre no toma ninguna medida excepto la de dar la batalla mediática tratando de desgastar a sus contrarios con ayuda del tiempo. Y es que llegan los exámenes y las jornadas de huelga están poniendo en riesgo que los alumnos puedan estudiar el temario establecido en tiempo y forma, lo que podría tener consecuencias en su rendimiento escolar, un factor evidentemente desmovilizador para padres y alumnos y que puede dividir el movimiento de protesta sin que Aguirre haya tomado medida alguna de las reivindicadas. Podría ser una nueva victoria para la presidenta madrileña con consecuencias nefastas para el movimiento sindical en el ámbito educativo.

Estos ejemplos se circunscriben a la Comunidad de Madrid y tienen como protagonista a su presidenta Esperanza Aguirre, que tanto disfruta comparándose con Margaret Thatcher, la “Dama de Hierro” que también ganó el pulso a los sindicatos en los años 80 poniendo fin a su influencia y posibilitando así la aplicación de sus políticas neoliberales. Pero el éxito de Aguirre no se debe tanto a su postura intransigente como a la falta de efectividad y de representatividad sindical, así como a su falta de capacidad de adaptarse a los problemas del presente.

Bajada masiva de la afiliación sindical
Los sindicatos españoles evidentemente nada han aprendido de la historia, ya que mantienen los mismos principios y sistemas de protesta y de movilización de las últimas décadas, y eso a pesar de que la sociedad y el mundo laboral han cambiado radicalmente. La consecuencia es que desde que comenzó la crisis económica en 2008 hay medio millón menos de afiliados a la UGT y a CC OO, según datos del Ministerio de Trabajo, a pesar de que este es un momento histórico en el que la afiliación debería crecer.

De cara al futuro el horizonte parece todavía más negro, ya que entre los jóvenes menores de 30 años la afiliación es de menos del 10%, mientras que se mantiene en cuotas también bajas de entorno al 20% entre los mayores de 45 años.

Los sindicatos no han sabido adaptarse a la precariedad laboral, a la llegada de la inmigración -y a la ocupación de los puestos de trabajo sin cualificación por esta mano de obra-, a la bajada de los salarios, y en los últimos años, al aumento masivo del desempleo. Es decir, el actual marco laboral inestable, precario e individualizado pone en riesgo la existencia misma de los sindicatos, que no están diseñados para esta realidad sino para representar a trabajadores con empleos estables.

Es por ello que el único bastión que les queda a las centrales sindicales son los trabajadores de los servicios públicos. Por eso resulta fatal su desgaste ante Aguirre y el fracaso de la huelga como último método de presión, ya que si no funciona la huelga ¿qué puede funcionar?

Cuanto antes se pongan en práctica métodos de movilización y de protesta más eficaces, antes se podrá tratar de frenar el constante recorte del Estado social y de su calidad. Para ello hace falta discurso, recursos y capacidad de innovación, algo muy difícil para unas centrales sindicales altamente burocratizadas. Mientras tanto, los empresarios ya han pedido limitar el derecho a la huelga.