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sábado, 25 de noviembre de 2017

Socialdemócratas alemanes: del “no es no” a Merkel al “veremos”

Martin Schulz, líder del SPD
Alemania se encuentra ante una crisis política inédita en su historia democrática: la imposibilidad de formar un gobierno de mayoría presidido por Angela Merkel, podría conducir al primer gobierno en minoría de la República Federal Alemana, o a la repetición de las elecciones. Pero también se está abriendo poco a poco una puerta que parecía cerrada a cal y canto: la tercera gran coalición desde 2005. Del tajante y contundente “no es no” de Martin Schulz, el secretario general y candidato de los socialdemócratas, se ha pasado a un “veremos” en los últimos días.

Alemania no está acostumbrada a su actualidad política. Durante casi 70 años, desde la fundación de la República Federa en 1949, el sistema político se había caracterizado por su estabilidad y su previsibilidad: siembre han gobernado los democratacristianos de la CDU, con excepción de los años 70, en los que fue el turno de los socialdemócratas de la SPD. En todos los casos, con excepción de algún gobierno con mayoría absoluta al comienzo con Konrad Adenauer al frente, los gobiernos eran de coalición con el pequeño partido liberal FDP. Era tal la influencia de este pequeño partido bisagra que la pregunta no era si iba a participar en el Gobierno, sino con qué partido: ¿CDU o SPD?

Esta pregunta se ha mantenido vigente hasta hace poco, e incluso ha sobrevivido a la progresiva fragmentación política alemana, primero con la aparición de los Verdes tras las protestas antinucleares de los años 80, y después con la de los poscomunistas de Alemania del este del PDS (hoy llamado Die Linke) tras la reunificación en los años 90. De hecho, recientemente la FDP ha sido socio de Angela Merkel en la legislatura entre 2009 y 2013. Sin embargo, sus líderes han roto recientemente la tradición progubernamental de su partido y han provocado una crisis sin precedentes.

El líder del FDP, Christian Lindner, ha protagonizado por sorpresa una “espantá” de su partido levantándose de la mesa de negociaciones en la que se estaba debatiendo un proyecto arriesgado: una coalición “jamaicana”, por los colores de la bandera de ese país que coinciden con los de los partidos políticos protagonistas: negro (CDU), amarillo (FDP) y los Verdes. Eran los tres únicos partidos que, a priori, no se negaban a sentarse a negociar, y, además, entre los tres superaban la mayoría absoluta con 393 escaños. Es decir, tras la negativa tajante del SPD a volver a pactar, a Merkel solamente le quedaban FDP y Verdes, ya que se niega a hablar con Die Linke y AfD.

Los analistas políticos coinciden en que, si había algún candidato para abandonar esta coalición ‘antinatura’, ese era el partido de los Verdes con sus 67 diputados.  Por eso la huida de los liberales y sus 80 escaños ha provocado estupor, aunque también los ha puesto en el centro de la agenda mediática y eso les ha puesto de moda: según las últimas encuestas, su intención de voto estaría en el 12%, la mejor cifra desde hace ocho años. Un porcentaje muy interesante para los liberales alemanes, que en las elecciones de 2013 no consiguieron superar el 5% de los votos y se pasaron por ello una legislatura completa fuera del parlamento alemán, el Bundestag.

Precisamente la composición actual del Bundestag tras las elecciones del pasado 24 de septiembre es la causa de esta crisis. Por primera vez en décadas, la fragmentación política en el parlamento hace imposible un gobierno de mayoría con una coalición simple de dos partidos, a no ser que se trate de una gran coalición. A los partidos habituales (CDU, SPD, Verdes, Die Linke), se han sumado FDP (tras su vuelta al superar esta vez sí el 5%) y la ultraderecha populista de AfD. Son seis partidos que se reparten los escaños y que obligan a pactos complicados para llegar a acuerdos, y más después de que los socialdemócratas rechazaran de plano y sin ambages reeditar la gran coalición después de las elecciones. Ese rechazo fue el origen de las negociaciones de ‘Jamaica’. Ahora que han fracasado, ¿qué pasará?


Toda la presión para el SPD

SPD como partido más votado en las 
circunscripciones electorales alemanas: 
Arriba en 2005 y abajo en 2017
El SPD cosechó el pasado 24 de septiembre el peor resultado de su historia desde 1949: el 20,5% de los votos y 153 diputados. En la noche electoral, el candidato y secretario general, Martin Schulz, descartó categóricamente que los socialdemócratas fueran a revalidar una nueva gran coalición con Merkel. Las elecciones acababan de poner fin a la segunda (la primera se produjo entre 2005 y 2009), y cada vez que el SPD se aliaba con la derecha para garantizar la gobernabilidad de Alemania, perdían votos y credibilidad: Entre la primera y la segunda gran coalición, el SPD ha perdido más de 6,5 millones de votos, por lo que a nadie se le escapa que pactar con Merkel no sienta bien al principal partido de la izquierda alemana. Martin Schulz anunció por ello que el SPD pasaría a la oposición, y el entonces portavoz parlamentario, Thomas Oppermann, afirmó que el SPD buscaría una “mayor polarización con la CDU”.

Sin embargo, tras el fracaso de las negociaciones de la coalición ‘Jamaica’, la presión ha pasado al tejado de la SPD. Merkel ha afirmado que se niega rotundamente a gobernar en minoría, y no descarta convocar de nuevo elecciones si no se llega a ningún acuerdo: una amenaza clara a los socialdemócratas, pasándoles la pelota de la responsabilidad de la estabilidad del país, y de unas nuevas elecciones en las que la ultraderecha del AfD incluso podría aumentar los votos.

Un actor fundamental en esta maniobra es el presidente federal, Frank-Walter Steinmeier. Es socialdemócrata y ha sido ministro de Asuntos Exteriores en los dos gobiernos de gran coalición con Merkel, además de candidato del SPD en las elecciones de 2009. Steinmeier ha apelado a la responsabilidad de Schulz para participar en una ronda de conversaciones con la CDU, en principio sin ningún tipo de compromiso, “sólo para sondear”. Pero a nadie se le escapa que este socialdemócrata ha puesto muy difícil decir “no” al secretario general de su partido.

Schulz ha aceptado participar e incluso no se cierra ya a formar gobierno con Merkel, aunque, de cara al congreso del SPD que se celebrará en pocas semanas, trata de blindarse y ha anunciado que, en todo caso, serán los militantes los que decidirán si hay una nueva gran coalición o no. La tormenta ya ha estallado en el seno del SPD y las Juventudes ya han anunciado su rechazo más absoluto a la gran coalición, mientras que los barones, los presidentes de los Länder del SPD, están a favor.

En dos meses, el SPD ha pasado del “no es no” al “veremos”. Incluso se han formulado algunas exigencias a Merkel de cara a un futuro gobierno, como si una tercera gran coalición ya fuera posible y solamente se tratase de negociar los flecos. ¿Habrá una tercera Grosse Koalition?

jueves, 28 de septiembre de 2017

Los mapas de las elecciones alemanas


El pasado 24 de septiembre se produjo un cambio sustancial en el sistema político alemán. No sólo se fraccionó un poco más el sistema de partidos, dando entrada a la sexta formación política en el parlamento federal (Bundestag), sino que esta está formada por una amalgama de personas que tienen en común un discurso populista, nacionalista y xenófobo. Es la primera vez que la ultraderecha desembarca con fuerza en el parlamento alemán desde 1945, pero este dato viene acompañado de otro también histórico: el hundimiento electoral del histórico SPD, uno de los pilares fundamentales de la República Federal Alemana tras la Segunda Guerra Mundial.



Alemania es un país con muchas diferencias internas que tienen su expresión en la política y que se pueden visualizar en su geografía. ¿Dónde se ha votado a qué partido? ¿Por qué? Los mapas electorales pueden ayudar a comprender lo que está pasando en Alemania.

La situación económica: La geografía de la situación económica alemana es muy desequilibrada. En el mapa de la capacidad adquisitiva en 2017, se percibe como el territorio de la antigua RDA destaca prácticamente en su conjunto como una zona bastante más pobre (amarillo) que el territorio de la antigua zona occidental, que acapara las zonas de mayor riqueza (rojo, morado y azul). En el oeste se concentran la mayoría de grandes ciudades con una mayor población y capacidad de desarrollo (Hamburgo, Múnich, Colonia, Frankfurt) así como la presencia de industria (por ejemplo, de automoción, química, tecnológica, etc), que en el este, con menos población y es, en su mayoría de carácter más rural.



Este desequilibrio territorial se plasma también en la distribución del paro: el este sufre una mayor concentración de desempleados que la zona occidental del país. En resumen, existe una importante brecha económica entre el este y el oeste de Alemania. ¿Ha tenido consecuencias en el voto?










El cuadro general: La CDU de Merkel ha ganado las elecciones y es el partido más votado con diferencia: el 32,9% a bastante distancia del segundo, el SPD, con el 20,5%, y el tercero, la ultraderecha AfD, con el 12,6%. Merkel ha vencido en la mayoría de los distritos electorales (color negro). El SPD (rojo) solamente se mantiene en el centro y en la zona industrial del Ruhr, su último bastión, junto al centro de Hamburgo. La AfD ha logrado ser la fuerza más votada en la mitad de los distritos del Land de Sajonia, una zona que podría calificarse de “este profundo”.




El voto a la ultraderecha: La AfD ha conseguido 94 diputados y el 12,6% de los votos a nivel federal, más de 5 millones. La distribución de esos votos (en azul oscuro las circunscripciones con un 15,5% o más de votos) se concentra en determinadas zonas del país que coinciden prácticamente con los territorios de menor capacidad adquisitiva y de mayor desempleo (ver arriba). La AfD se ha convertido en un partido muy votado en el este del país, sobre todo en el Land de Sajonia, donde han superado el 20% en todas las circunscripciones, ganando en cinco. En el oeste tienen alguna presencia importante en el este de Baviera (precisamente la zona menos pudiente). Coincide que todas las zonas con mayor voto de AfD son predominantemente rurales.




El voto a Merkel: De la misma manera que el voto a la AfD coincide en el territorio con las zonas más deprimidas económicamente, el voto a los conservadores es mayor donde el poder adquisitivo es más alto: en Baviera (Múnich y sur), en Baden Württemberg (Stuttgart), en el Palatinado, y también en las zonas rurales y muy conservadoras del norte. Antes del comienzo del fraccionamiento del sistema de partidos en los años 80, el voto confesional era muy importante en Alemania. Las zonas predominantemente católicas (el sur y Renania) votaban a la CDU, mientras que las protestantes del norte y del centro a la SPD (además de las zonas obreras de las grandes ciudades). Tras la reunificación en 1990, la incorporación del este, totalmente protestante, preveía un arsenal de votos a la SPD, lo que fue así hasta hace unos años.




El declive socialdemócrata: Con un 20,5% de los votos a nivel federal, el SPD se enfrenta a su peor resultado electoral. Este descalabro es consecuencia de su práctica desaparición de amplias zonas de Alemania, sobre todo en el este y el sur. Las circunscripciones con más de un 26% de votos socialdemócratas (rojo oscuro), se limitan a la franja central de la Baja Sajonia y el norte de Hesse, y sobre todo, a la zona industrial del Ruhr y Hamburgo, los últimos bastiones de un SPD que hasta hace no mucho ganaba las elecciones en Alemania del este. El voto socialdemócrata es pues, sobre todo, occidental y urbano, ya que el Ruhr y Hamburgo suponen una concentración notable de población. También conserva un último resquicio del voto confesional, con las zonas rurales protestantes de la Baja Sajonia y Hesse. 




La gobernabilidad de Alemania, un asunto ‘occidental’: La revista Der Spiegel ha elaborado este mapa en el que se muestra el territorio donde los partidos que formarían la llamada coalición ‘Jamaica’ son los más votados. Se trata de la CDU de Merkel (representada con el color negro), la FDP liberal (amarilla) y los Grüne (verdes). Estos tres partidos cuentan con un sólido apoyo en el oeste del país, pero no existen prácticamente en el este, especialmente los casos de FDP y los verdes. Si finalmente se llegase a esta coalición (que es la única alternativa a una gran coalición que el SPD ya ha anunciado que no reeditará), la mayoría del voto del este de Alemania no estaría representado en el nuevo gobierno.


Al desequilibrio económico de Alemania entre este y oeste se sumaría probablemente una sensación de falta de representación política que, sin duda, tendría consecuencias en el voto a la AfD.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Alemania ha cambiado

"Recupera tu país", cartel electoral de AfD.
La ultraderecha AfD ha conseguido 94 diputados en el Bundestag. Solamente este dato indica la enorme importancia de las elecciones del pasado 24 de septiembre después de las cuales Alemania ya no es la misma, aunque Merkel ha vuelto a ganar. Es la cuarta vez consecutiva e igualará a Helmut Kohl como la persona que durante más tiempo ha gobernado el país tras la Segunda Guerra Mundial. Pero su victoria es casi pírrica, ya que deberá hacer un verdadero malabarismo político para poder formar gobierno. Los socialdemócratas, por su parte, están en plena caída libre en sintonía con la crisis de la izquierda en Europa. Los dos grandes partidos que han configurado la política alemana desde 1945 han resultado tocados, y ha surgido con fuerza un fantasma que muchos ya daban por enterrado en Alemania.

Los resultados de las elecciones en Alemania han abierto las puertas al parlamento federal, el Bundestag, a un partido de corte populista y de ultraderecha: Alternativa para Alemania, AfD. Nació con el objetivo de protestar contra la política alemana de salvar el Euro y no consiguió por décimas entrar en el parlamento en las elecciones de 2013. Cuatro años después, y tras añadir a su acervo programático anti Euro un discurso claramente xenófobo, nacionalista y antisistema, le han votado el 12,6% de los electores, lo que suponen 94 diputados.

Con este resultado se consolida una evolución que comenzó precisamente tras la fallida entrada parlamentaria en las anteriores elecciones. Desde entonces todas las citas electorales locales y regionales han sido un paseo triunfal para este partido, que desde su fundación no deja de crecer a pesar de sus constantes y endémicas crisis de liderazgo. La AfD ya está en todos los parlamentos regionales y ahora también controla casi una séptima parte del Bundestag, lo que demuestra que a sus electores les da igual quién lidera el partido en cada momento.

¿Quién vota a AfD?

¿Quiénes son esos electores? Según los datos poselectorales, la mayoría son hombres, de Alemania del este (donde incluso han conseguido ser el partido más votado en tres circunscripciones de Sajonia), trabajadores y parados. No es un partido de viejos ni de jóvenes, sino que le votan en su mayor parte gente de entre los 25 y 59 años, especialmente en la franja entre los 35 y 44 años, donde son el 16% del total. Hay menos gente de esa edad que vota a los Verdes, a los liberales del FDP y a la Izquierda, y el mismo número que vota a la SPD. Solamente les supera la CDU de Merkel, que gana en todas las franjas de edad.

Trasvase de votos a AfD.
Pero lo realmente interesante es el trasvase del voto a la AfD según el instituto Infratest Dimap. No es un origen predominantemente conservador, como se podría creer en un principio. La CDU cristianodemócrata ha perdido un millón de votos que en 2013 apostaron por Merkel y que esta vez lo han hecho por la AfD. Pero también la izquierda ha visto como un millón de sus electores de 2013 han elegido esta vez a la ultraderecha: 500.000 ex votantes del SPD, 430.000 de Die Linke (Izquierda) y 40.000 de los Verdes. Es decir, dos millones de ex votantes de los partidos tradicionales alemanes de 2013, tanto de rechas como de izquierda, se han pasado al AfD. A ellos hay que sumar otro millón de abstencionistas que se han movilizado y han elegido a la ultraderecha populista. Es, claramente, un voto protesta tras doce años de gobiernos de Merkel, ocho de ellos en coalición con los socialdemócratas del SPD.

Schulz, el perdedor

Precisamente el SPD es el gran perdedor de estas elecciones. Aunque mantiene la segunda plaza como partido más votado, ya solamente lo han hecho el 20,5% de los electores. Es un 5,2% menos que en 2013, y entonces ya se advertía sobre el mal resultado cosechado. Esta vez los socialdemócratas apostaron fuerte al poner al frente a Martin Schulz, un político con carisma bregado tras años al frente del Parlamento Europeo.

Fuga de votos de SPD.
La candidatura de Schulz no ha evitado el desastre, que se ha manifestado en una pérdida de 40 escaños en el Bundestag y de 1,7 millones de votos. Como ya se ha señalado, 500.000 de esos votos han ido a la AfD, pero también se han perdido 430.000 en favor de los liberales del FDP, 400.000 para los Verdes y 380.000 para Die Linke. Curiosamente, el trasvase de votos con la CDU sale a 20.000 votos en favor del SPD. Es decir, los votantes socialdemócratas de 2013 descontentos se han marchado a todas las fuerzas políticas casi por igual: ha sido una huida hacia todas direcciones, lo que supone una muy mala noticia para el futuro del SPD ya que no existe un solo competidor en el cual concentrarse para recuperar el voto.

Todos los análisis coinciden en culpabilizar a los años de la gran coalición de este desastre, lo que ha provocado que Martin Schulz haya anunciado en la misma noche electoral que ya no habrá más pactos con Merkel. Esto ha provocado una situación difícil para la canciller que tendrá que hacer malabarismos.

“Jamaica”

La palabra más repetida en Alemania tras el 24 de septiembre es “Jamaica”. Así llaman a la única coalición de partidos que puede salvar la gobernabilidad de Merkel. El nombre viene de los colores de los partidos: negro (CDU), amarillo (FDP) y verde (de los Grüne, Verdes). Es la única suma, a parte de la gran coalición, que garantizaría a Merkel una mayoría absoluta para gobernar: 393 diputados, 38 más de los 355 de la mayoría. Existen casos en la política local y regional de coaliciones de este tipo, sin embargo, sigue siendo un escenario muy volátil.

Fuga de votos de CDU.
CDU y FDP son socios naturales. Durante los años de Kohl fue la eterna coalición de gobierno. Después, entre 2009 y 2013 repitieron con Merkel al frente, pero hace cuatro años el FDP no entró en el Bundestag por no alcanzar por poco el 5% de los votos necesario para tener representación parlamentaria. Ahora han vuelto y con fuerza: 80 diputados y el 10,7% de los votos. Pero no son suficientes para gobernar con la CDU entre los dos. El Partido de Merkel ha sido el más votado, con el 32,9% de los votos, pero son un 8,6% menos que en 2013, lo que se traduce en una pérdida de 65 escaños. Paradójicamente, la mayoría de los votos perdidos, 1,3 millones, han ido a parar a la FDP, pero los que faltan son el millón de votos que se han marchado con la AfD.

Ese hueco lo deberían cerrar los Verdes para que Merkel pueda gobernar sin contar con una nueva gran coalición, lo que devuelve a este partido otra vez al centro de la agenda mediática alemana tras su año milagroso de 2012, cuando las encuestas le daban la opción incluso de adelantar al SPD en intención de voto y ganaron las elecciones en el Land muy conservador del suroeste, Baden Württemberg. Desde entonces el entusiasmo por los Verdes se ha congelado, y se han mantenido en un firme, pero inamovible 8 y pico: 8,4 en 2013 y 8,9 en 2017.

La pregunta ahora es si están dispuestos a dejar gobernar a Merkel. Aunque con el tiempo los Verdes han apostado por una política de corte casi exclusivamente medioambiental, dejando en un segundo plano su agenda social, sigue siendo muy difícil para muchos ecologistas hacer tratos con la derecha. El origen izquierdista de los Verdes les ha hecho durante años el socio de gobierno natural con el SPD, pero en los últimos años se han repetido casos de coaliciones con la CDU. Ahora se trata de decidir si quieren dar el salto a nivel federal, lo que sin duda abrirá un debate interno muy profundo en el seno del partido, lo cual puede afectar incluso a su cohesión interna y a su futuro, de la misma forma que afectó el debate por el apoyo al bombardeo de Kosovo en 1999, cuando su líder carismático, Joschka Fischer, era ministro de asuntos exteriores en un gobierno con el SPD.

Merkel no tiene fácil formar gobierno. Y tampoco lo tendrá con la AfD en los escaños de la oposición. Uno de los líderes de la ultraderecha, el ex CDU Alexander Gauland, afirmó que su objetivo a partir de ahora será “cazar” a Merkel, una expresión que adelanta el discurso que la ultraderecha puede empezar a utilizar en el Bundestag y que dista mucho de la cordialidad parlamentaria.

La CDU ha ganado, pero ha sufrido una gran herida, el SPD se está desangrando, los pequeños partidos se han congelado en torno al 8%, y la ultraderecha, con un discurso radical y ofensivo, se ha convertido en el tercer partido más votado. La política alemana ha cambiado. ¿Afectará a Europa?



lunes, 17 de julio de 2017

Elecciones en Alemania: ¿seguirá Merkel?

El próximo 24 de septiembre se celebrarán elecciones generales en Alemania. La canciller Angela Merkel, del partido democristiano CDU, se volverá a presentar para gobernar una nueva legislatura al frente de la República Federal Alemana. En caso de ganar, sería ya su cuarta legislatura como canciller y, al llegar al año 2021, podría igualar en número de años en el cargo al recientemente fallecido Helmut Kohl, y con opciones de seguir presentándose. Merkel podría batir los récords de años como canciller. Y por el momento los números parece que le acompañan.

Las últimas encuestas de intención de voto son muy optimistas para los conservadores alemanes, que han recuperado terreno ante sus dos principales adversarios: los socialdemócratas del SPD (adversarios históricos por el control del Gobierno) y los populistas de ultraderecha de Alternativa por Alemania (AfD) (adversarios en la movilización del voto de derechas). Según el último barómetro publicado el pasado 9 de julio por la cadena de televisión pública ZDF, la CDU de Merkel (que también sumaría a sus ‘hermanos’ bávaros de la CSU), conseguiría el 40% de los votos. El SPD tendría que contentarse con un 24% y la AfD con el 7%. En el orden de intención de voto seguiría la izquierda de Die Linke con el 9%; los verdes (Grüne) con el 8%; y los liberales del FDP con el 8%.

Barómetro para ZDF, julio 2017


Este último dato resultaría fundamental para las aspiraciones de Angela Merkel, ya que supondría que el socio natural de los democristianos, el FDP, superaría la barrera electoral del 5% y volvería a entrar en el Bundestag (el parlamento alemán). En las elecciones de 2013 este pequeño pero histórico partido consiguió solamente el 4,8% y no logró representación parlamentaria por primera vez en su historia. Las consecuencias para el sistema político alemán fueron muy importantes, ya que, a pesar de que el partido de Merkel alcanzó el 41,5% de los votos, necesitó un nuevo socio y, ante el riesgo de inestabilidad de un Gobierno en minoría, se resucitó la gran coalición con la SPD, la segunda vez en poco tiempo después de la legislatura 2005-2009. Pero con los datos actuales, según los cuales la intención de voto de situaría en el 40% (según casi todos los institutos demoscópicos), Merkel volvería a gobernar y lo haría con los liberales.  

   
Sin embargo, la evolución de la intención de voto de la CDU no siempre ha sido optimista en los últimos meses. En el primer trimestre de 2017 los números no salían para Merkel. Según una encuesta de Emnid publicada el pasado 4 de marzo, CDU/CSU y SPD empataban con un 33% de intención de voto. Forsa publicó otra encuesta el 8 de marzo que daba a CDU/CSU un 33% y a SPD un 32%, unos datos que se repetían en todos los principales institutos demoscópicos del país, y que suponían una subida muy importante para los socialdemócratas, que solamente habían cosechado un 25,7% de votos en las elecciones de 2013. La causa era el llamado ‘efecto Schulz’ por la designación del ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, como candidato del SPD.


Auge y desplome del SPD en las encuestas

Martin Schulz

Al menos eso decían las encuestas en el mes de marzo. Una coalición de SPD, Grüne y Linke sumaban un 47% (GMS), 48,5% (Allensbach), 49% (Emnid), 46% (Forsa) o 47% (Infratest Dimap). En todos esos casos la suma de CDU/CSU y FDP no superaba el 40%, por lo que una mayoría de izquierdas parecía posible en el Bundestag, lo que, a su vez, empezó a dar alas a los partidarios de este pacto, sobre todo en el seno de SPD y Die Linke, dos partidos enfrentados a nivel federal, aunque ya comparten desde hace tiempo coaliciones de gobierno a nivel de los Länder, sobre todo en el este. La izquierda era optimista y el SPD parecía una excepción en la crisis global de la socialdemocracia.

Pero con el paso de los meses el ‘efecto Schulz’ se ha evaporado. Ni siquiera ha servido a los socialdemócratas para incrementar o mantener sus cuotas de poder en los Länder. El 26 de marzo, una semana después de la proclamación de la candidatura de Schulz, el SPD cosechó unos resultados muy decepcionantes en el Land del Sarre, y el 7 de mayo incluso sufrió una importante derrota en Renania del Norte Westfalia, el Land más poblado de Alemania y la hasta entonces joya de la corona socialdemócrata. Se trataba de una tendencia general, ya que a finales de mayo el SPD retrocedía a una intención de voto en torno al 26% - 25%.

Evolución de la popularidad de Merkel y Schulz
En cuanto a la popularidad de los candidatos, hubo unas semanas en los pasados febrero y marzo que Martin Schulz superaba a Merkel. Sin embargo, esa tendencia se ha invertido, y según el barómetro de la cadena pública de televisión ZDF, el 1 de junio Merkel casi doblaba a Schulz en popularidad: un 59% frente a un 31%. Además, según la web Statista, ante la pregunta “¿Debería jugar un papel importante en el futuro?”, un 67% de los encuestados considera que Merkel sí debería jugar un papel importante en el futuro de Alemania, frente a un 45% que opina lo mismo de Martin Schulz. Siendo aún más concretos, en otra encuesta del mismo portal Statista, el 48% de los encuestados prefiere que el Gobierno federal siga en manos de la CDU, mientras que solamente un 32% quiere un cambio al SPD.

Las causas de este ‘desinflamiento’ del SPD, y sobre todo del retorno de los apoyos a Merkel, son muchas y variables. Por ejemplo, Alemania va bien: el paro es estructural, del 5,5% (junio 2017) y la economía sigue creciendo a un ritmo constante. Merkel, además, ha reaccionado ante el principal argumento de ataque a su gestión: la crisis de los refugiados.


Los refugiados y la ultraderecha

En el verano de 2015 Merkel reaccionó ante una enorme avalancha de refugiados de la cuenca sur y este del Mediterráneo abriendo las fronteras de Alemania, que desde entonces ha acogido a más de un millón de personas. Aunque en un primer momento fue aplaudida, el ambiente entre la sociedad alemana ha ido cambiando paulatinamente en contra de esta política aperturista, una tendencia que se ha visto reflejada en una encuesta de la Fundación Bertelsmann de abril de 2017, según la cual un 54% de alemanes teme que la llegada masiva de refugiados ponga en peligro los servicios públicos debido a la enorme demanda.

Desde el principio, los sectores más conservadores de la política alemana se pusieron a trabajar en contra de la política de acogida de Merkel, que fue utilizada como el principal argumento para desgastar a la canciller. Muchos políticos de la CDU, pero sobre todo los bávaros de la CSU, se rebelaron contra la canciller. Sin embargo, si hubo un partido que se beneficiaba del malestar entre la derecha, ese era la AfD.

Alternativa para Alemania se fundó en la víspera de las elecciones federales de 2013 y a punto estuvo de entrar en el Bundestag con un 4,7% de los votos. Alcanzó popularidad a raíz de la crisis financiera de Grecia, y comenzó a cosechar éxitos electorales en los Länder, donde en muchos casos alcanzó cifras de votos superiores al 10%. Pero fue la crisis de los refugiados la que empezó a poner a este partido populista de ultraderecha en la agenda política nacional: si en septiembre de 2015 (el mes de la apertura de las fronteras de Alemania) la CDU/CSU tenía una intención de voto del 42% y la AfD de solamente el 3,5% según Allensbach, en mayo de 2016 la AfD había subido hasta el 12,5% (+ 9) y la CDU/CSU se había desplomado al 33,5% (-8,5).

La subida de la AfD el mismo año de los éxitos del populismo de derechas (Ukip con el Brexit, Trump, la ultraderecha austriaca, etc.), puso a Europa en vilo, ya que en 2017 las elecciones de Francia y Alemania podían continuar la senda del éxito de este movimiento. En Francia el Frente Nacional consiguió pasar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales para ser aplastados por Macron, y en Alemania sus amigos de la AfD se han ido desinflando poco a poco: en junio de 2017 la intención de voto era de solo el 6,5% (-6 con respecto a mayo de 2016). ¿Por qué?

La respuesta puede ser muy simple: porque la poderosísima personalidad de Merkel ha sido capaz de absorber todas las respuestas a todos los conflictos en la sociedad alemana. Por ejemplo, mientras dirigentes destacados de los conservadores alemanes exigen una cifra tope de refugiados en Alemania, la propia Merkel asegura que mientras ella sea canciller ese tope no existirá. Es decir, tanto los detractores como los defensores de la llegada de refugiados encuentran argumentos en el seno de la CDU sin necesidad de buscar otros partidos.

Otro ejemplo muy reciente: mientras que Merkel decidió abstenerse en la votación de la ley de matrimonio que permite las bodas entre personas del mismo sexo, muchos diputados de CDU y CSU dividieron su voto a favor y en contra. Es decir, los debates que ocupan y preocupan a los alemanes se producen en el seno del mismo partido de Merkel, que ha dejado de lado su etiqueta de democristiano y se ha convertido en completamente transversal. Fuera del debate quedan sus adversarios, tanto el SPD y la AfD, que son incapaces de movilizar a los alemanes en contra del hiperliderazgo de Merkel.



lunes, 5 de diciembre de 2016

Elecciones en Alemania 2017: la estabilidad de Europa a examen


Tras el año 2016, el año del Brexit, de Trump y del No en Italia, 2017 se presenta fundamental para medir la fuerza de la ola populista que acecha a Europa. Tras las elecciones presidenciales en Francia, en septiembre de 2017 se celebrarán elecciones federales en Alemania, el país fundamental para la estabilidad de Europa. Merkel se volverá a presentar en un contexto político muy diferente al que le ha estado acompañando en sus pasadas citas electorales: el ascenso de un partido populista de extrema derecha que se nutre de los votantes que hasta hace poco consideraban a la canciller la “Mutti” (madre) de Alemania.

El pasado 1 de diciembre la canciller alemana y presidenta del partido cristianodemócrata CDU se sometió a las preguntas de sus afiliados por videoconferencia. En vez de encontrarse con loas a su gestión por parte de sus militantes tras once años de gobierno y una situación económica y política envidiable en medio de un continente azotado por las crisis, Merkel tuvo que escuchar muchos reproches, todos ellos relacionados con su política de acogida de refugiados. Todos repetían el mismo argumento: se han abierto las fronteras de manera irresponsable para dejar entrar en Alemania a cientos de miles de personas sin ningún control.

Estos reproches se produjeron poco antes del congreso de la CDU que ha sancionado una nueva candidatura de Merkel a las elecciones federales que se celebrarán en septiembre de 2017. A pesar de las muestras de unidad y de lealtad a la canciller y líder “ad eternum” del partido (que ha sido reelegida una vez más por casi el 90% de los delegados) ya se muestran algunas críticas relacionadas con su gestión de la crisis de los refugiados. En este sentido, la ‘número dos’ de la CDU a nivel federal, Julia Klöckner, afirmó recientemente en una entrevista a la revista Der Spiegel que desde el partido se había “esperado demasiada comprensión” por parte de los militantes con respecto a la llegada masiva de refugiados. Otro alto cargo de la CDU, Thomas Strobl, aseguró en una entrevista al periódico Die Zeit que habría que endurecer la política con respecto a los refugiados, y en concreto no dudar en expulsarlos de manera masiva, incluso a los que se encuentren enfermos. Declaraciones previas a un congreso en el que la élite de la CDU teme un distanciamiento de la base que no se identifica con la “Willkommenskultur” (cultura de la bienvenida) que propugna Merkel, y que está encontrando refugio en otra formación política en pleno auge.

La crítica frontal a la política de acogida a los refugiados es precisamente el principal argumento del nuevo partido populista de orientación de extrema derecha Alternative für Deutschland (Alternativa por Alemania). Este partido se presentó por primera vez a unas elecciones en el año 2013 y no entró en el parlamento federal (Bundestag) por muy poco al rozar el límite legal del 5% necesario según la ley electoral alemana para tener representación. En ese momento su relato se centraba en la crítica al Euro y a los países del sur de Europa que, según la AfD, se aprovechan de la fortaleza económica de Alemania y de sus contribuyentes.

"La inmigración precisa reglas estrictas", cartel de AfD.
En los últimos tres años este partido ha sufrido ciertas transformaciones e incluso crisis de liderazgo hasta encontrar su hueco definitivo en el sistema de partidos alemán: es el partido protesta (Protestpartei) de la clase media de las zonas rurales y de las regiones con menos presencia porcentual de inmigrantes como son los Länder del este. Así, en las elecciones regionales celebradas en 2016 la AfD ha cosechado unos resultados increíblemente altos para una formación de reciente creación, llegando al 24% en Sajonia Anhalt o al 20,8% en Mecklenburgo Antepomerania. En el oeste más urbano y con mayor presencia de inmigrantes, la subida también ha sido importante, pero no llega a las cifras orientales: en las elecciones de Berlín llegaron al 13,5%, en el rico Baden Württemberg (sede de Mercedes y Porsche) al 15,1% y en Renania Palatinado al 12,6%.


Auge populista en las encuestas

A nivel federal la AfD también está en auge. Según el último sondeo publicado por el instituto Emnid el pasado 3 de diciembre, la intención de voto a la CDU es del 37%, mientras que a la AfD le votaría el 12%. Hace justo un año, el 5 de diciembre de 2015, Emnid daba a la CDU el mismo porcentaje, mientras que la AfD tenía el 8%.

La Alternativa para Alemania es, según estos sondeos, el único partido que ha aumentado significativamente en intención de voto en el último año. Los socialdemócratas del SPD tenían el 25% en diciembre de 2015 y ahora el 22%; los Verdes (Grüne) pasan del 10% al 11%, mientras que la izquierda (Die Linke) se queda estancada en el 10%.

Estos números añaden un problema al auge del populismo de extrema derecha en Alemania y es el de la gobernabilidad. La alternativa a la CDU en la actualidad es muy débil, ya que Grüne y Linke no suman más que el 20%, mientras que el SPD no parece capaz de superar su resultado electoral de 2013 del 25,7%, números que casi descartarían un gobierno alternativo de izquierdas. La CDU se mantendría como el partido mayoritario, pero la aparición de la AfD en el panorama de partidos alemán, ya de por sí muy fraccionado, añade una dificultad más, ya que limita las posibilidades de pactos para la formación de Merkel a la vez que le resta porcentaje de votos.

Hasta 2013 el aliado natural de la CDU eran los liberales de la FDP. Sin embargo, cayeron fulminados en las elecciones y desaparecieron del parlamento. Hoy las encuestas no garantizan un regreso a las instituciones de este pequeño partido, por lo que la CDU, que se va a alejando del 41,5% cosechado en la última cita electoral, necesita un socio diferente para mantenerse en el gobierno. Comienzan así las especulaciones: ¿Una nueva gran coalición a riesgo de que el SPD se precipite hacia una crisis que podría ser letal? ¿Un gobierno en minoría? ¿Una alianza inédita con los Grüne, cada día más pragmáticos? O incluso, ¿un giro espectacular pero muy improbable para abrazar al AfD?

Aunque hoy en día la presencia de la AfD en el Gobierno alemán está prácticamente descartada (existe un consenso de base entre el resto de partidos para no acercarse a los populistas), pase lo que pase su irrupción en el sistema de partidos está provocando que los resultados de las elecciones federales del próximo mes de septiembre se planteen desde un prisma de incertidumbre sobre la gobernabilidad del país, lo podría tener consecuencias sobre la estabilidad de una Unión Europea que no deja de recibir golpes.